Estando en situación de recluidos, con todo el día por delante y un exceso de información disponible en el cómodo artilugio de las redes sociales, no es de extrañar que la pandemia vírica haya degenerado en una intoxicación indescifrable.
Han surgido como hongos en época de lluvias, variopintos personajes de toda catadura, que se entremezclan impúdicamente con las escasas voces que ofrecen sensatez en este maremágnum. Hay quienes se inventan historias truculentas, ofrecen panaceas y remedios para prevenir o curar el ataque del coronavirus y sus síntomas, y quienes, amparados en la autoridad que se supone a quien tiene o dice tener una cátedra universitaria, en la entrevista a un conocido coreano, checo o japonés (por un decir) investigando epidemias desde el año de la nana, nos lanzan desde terroríficas premoniciones hasta opiniones a favor o en contra de las actuaciones de este Gobierno anonadado.
Como, por gracia de misteriosos caminos de la difusión mediática, recibo cada día del orden de diez periódicos en mi buzón de correos, puedo afirmar sin lugar a dudas que pertenezco a la categoría de intoxicado grave. No se si saldré de esta crisis con tranquilidad, pues mi tensión emocional sube por momentos.
Con la intención de destrozar las teorías conspiranoicas (el virus fue creado en China, sola o en colaboración con Rusia y Corea del Norte; o se escapó de un experimento para guerra vírica que realizaba el Ejército norteamericano, etc.) Harry Sidebottom, especialista en Historia clásica, nos ilustra el EP del 11 de abril de 20120 («Epidemias: ¿qué podemos aprender de la Antigua Roma?») que los romanos creían en fantasías como iniciadoras de la peste, desde una causa divina o la mano oscura del Emperador Comodo, para concluir que no fue la peste la que provocó la caída de Roma. Pregunto yo: ¿y qué nos importará eso en esta situación desgraciada?
Por su parte, Natalia Junquera, en la edición del mismo periódico del día anterior, glosando «Verdades y mentiras en medio de la bronca» (se supone entre el PSOE y el PP), rebate la supuesta afirmación de Pablo Casado, quien habría expresado que desconocía la composición del equipo de expertos asesor del Comité de crisis, citando varios de sus componentes, a saber:
- Fernando Simón, director del centro de coordinación de alertas y emergencias
- Antoni Trilla, jefe de servicio de medicina preventiva y epidemiologia del Hospital Clinic de Barcelona
- Hermelinda Vanaclocha Luna, subdirectora general de epidemiologia , vigilancia de la salud y sanidad ambiental de la Generalitat valenciana
- Miguel Hernán, profesor de bioestadística y epidemiologia de la escuela de la salud publica de la Universidad de Harvard
- Inmaculada Casas Flecha, viróloga del centro nacional de microbiología del Instituto de salud Carlos III y directora del Centro nacional de gripe de la OMS en Madrid
- María Teresa Morena Casbas, directora de la Unidad de investigación en cuidados y servicios de salud del instituto de salud Carlos III, y
- Agustin Portela Morería, responsable del Laboratorio oficial de control de medicamentos de productos biológicos de la Agencia española de medicamentos.Leo que Miguel Hernán el 15 y 17 de marzo era «muy crítico» con las medidas españolas y que «por el retraso» «algunas medidas tendrán que mantenerse 18 meses».Otra opinión: «Cada mes necesitaremos al menos 100 millones de mascarillas médicas y guantes, 25 millones de respoiradores, y 2,5 millones de rests de diagnóstico declaró el médico etíope Tedros Adhanim Ghebreyesus, de la OMS, que «está trabajando con España (entre otros países) en estrategias para aliviar las medidas restrictivas de forma ágil y segura».
Antoni Trilla ha declarado, según recoge Marta Alcázar en Nius del día 10, que «el Gobiernono no nos ha consultado sobre la relajación del confinamiento».
Me parece, en suma, que ni los asesores del Gobierno lo son a tiempo y dedicación completa, ni el Gobierno sabe lo que debería hacer para quitarnos de encima esta plaga vírica, ni la Sanidad ha podido responder con eficacia a la pandemia, colapsados los medios y el personal sanitario ante un crecimiento exponencial y descontrolado de infectados. Ni, al día de hoy, sabemos cómo se propaga en realidad este coronavirus, qué posibilidades de convertirse en autoinmune tiene una persona y, por no hacerlo muy largo, por qué se ha dejado descansar en algunos médicos la tremenda responsabilidad de decidir a quién colocar un respirador, ingresar en la uci o a quién dejar morir sedado o no, ante la falta de material y medios.
Semana de Pasión, como nunca la habíamos vivido en estos predios.


