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A Gustavo Adolfo Bécquer
Con las mismas rimas de su único Soneto
“Céfiro dulce que vagando alado”, dedicado al colibrí.
Se propaga en el aire y no es alado,
se adhiere a las manos, ropa o flores
e impide gozar de gustos y de olores,
si contagia al hallarse en nuestro prado.
Ese maligno ente exige tal cuidado
pues desprecia pasiones, mata amores,
y si entra en ti, te abrasará a dolores.
Por eso, todo el orbe está angustiado.
Créeme, joven, si con mis ojos te vieras,
en primavera de rosa y claveles,
no te impediría hacer lo que quisieras.
Mas cuida no olvidarte como sueles
que si tu mascarilla no pusieras
podrías ser causa de otras muertes crueles.
22 de mayo de 2020

