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Cuento de primavera: La oportunidad

28 marzo, 2014 By amarias 1 comentario

Como todas mañanas, hiciera frío o calor, fuera el tiempo ventoso o lloviera a cántaros, nevara o tronara, montó su caballete, mezcló en la paleta las combinaciones de colores salidos de los retorcidos tubos al óleo que atiborraban su maletín de madera de fresno, manchado por los residuos de múltiples jornadas, y se puso a pintar.

Hacía tiempo que había dejado de pintar lo que veía, para expresar otra cosa: su deseo de intervenir sobre el paisaje, modificar en el lienzo la apariencia de aquella naturaleza, mintiéndola -pero también, recreándola-. Su ideal sería que aquel conjunto de árboles, rocas, praderas, con caminos de tierra, iglesias y casuchas, desapareciera y solo quedara constancia, para un hipotético visitante de otro planeta, de lo que él había reconstruido, vertiendo sobre el lienzo su propia creación.

Porque allí, sobre pedazos de tela, en las urdimbres apelmazadas por el engrudo, había construido, día tras día, año tras año, miles de elucubraciones que sustituían, dándole otras dimensiones, el mundo que tenía ante sus ojos.

Lo vemos ahí, saliendo del umbral de lo que parece su casa, con los pantalones sucios y arrugados, y los zapatos convertidos en parte del polvo de los caminos que, tenaz y aplicadamente, siguiendo el mandato de su dueño, recorrieron -a diario -en realidad, siempre el mismo camino, que no conducía a ninguna parte, porque acababa siempre en un recodo que jamás había traspasado.  Hay un bastón apoyado en la pared, y una libreta cerrada, seguramente con más apuntes, sobre uno de los escalones.

Ese hombre, ya vencido por el tiempo, consciente de le que quedan pocos años de repetirse a sí mismo en la búsqueda de su propio paisaje, sonríe.

Acaba de atisbar su oportunidad. No es distinta de la de ayer y puede que no sea diferente de la de mañana. Pero la va a utilizar, como siempre, introduciendo en las líneas de ese paisaje que volcará sobre el lienzo, desmintiéndolo, sus ideas respecto a lo que, si hubiera sido Dios, habría sido su creación.

Cientos de visitantes pasan hoy, en el hoy del ahora, por el museo en donde se cobra una entrada por la oportunidad de ser testigos de su esfuerzo. Comentan, insensibles, pisoteando entre los vestigios de la destrucción de la serenidad de su autor. Una locura que ha dejado múltiples huellas, una introspección convertida en ariete contra la creación de Otro, superior, ajeno, magnífico.

La guía, sin que parezca percatarse de que camina entre cadáveres, de que se dirige a fantasmas, propaga un mensaje ininteligible que resbala sin piedad entre cerebros que están pensando en otras cosas:

-Aquí podemos observar como Cezánne entremezcla árboles, cielo, estanques y figuras humanas, haciéndolas participar de un mismo espacio, sin preocuparse por delimitar las zonas que corresponderían al aire, a la tierra, al agua o a los propios bañistas, de manera que todos parecen formar una unidad, integrados en una única naturaleza…

Uno de los oyentes, enarbolando su entrada, a la que no quiere abandonar, con los auriculares bien ajustados a las sienes, se cree de pronto iluminado para preguntar en voz demasiado alta:

-¿Por qué la mayor parte de estos cuadros no están acabados? ¿Se sabe por qué  este pintor no se tomaba la molestia de rematar lo que estaba haciendo?

Al salir a la calle, estaba, como siempre, la realidad externa, tan apetecible para quienes no tienen preocupaciones que ocultar. Recuerdo que el 22 de octubre de 1906, después de haber estado pintando bajo un aguacero, Paul moría de neumonía. Fue su última oportunidad de destruir un paisaje para crear el suyo.

FIN

–

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: Cezánne, cuentos, cuentos de primavera, entrada, exposición, Museo, oportunidad, preocupación, Thyssen-Bornemisza

Cuento de invierno: El laberinto de la verdad

25 febrero, 2014 By amarias Deja un comentario

Uno de las tareas más emocionantes que puede acometer un espeleólogo es aventurarse en la cueva de la verdad. Es una experiencia arriesgada, por lo que conviene prepararse adecuadamente, hacerlo bien pertrechado y, aunque la tentación de hacer el trayecto solo puede resultar casi irresistible, es de todo punto aconsejable ir acompañado.

Como es sabido, la cueva tiene múltiples entradas, que reciben diversos nombres, todos ellos asociados a la mentira. La más utilizada, que suele encontrarse casi siempre colapsada por curiosos y aficionados, es la entrada de la mentira piadosa.

El trayecto que puede seguirse desde esa entrada es corto, y conduce a una amplia sala, en donde hay múltiples testimonios de gentes con nombres famosos que han estado allí. El tiempo que el visitante pasa en esta dependencia es variable, y hay quien decide quedarse en ella toda su vida. Cuando se sale de vuelta al exterior, no son pocos los que experimentan una sensación de liberación, muy satisfactoria, por lo que cuentan.

Una de las entradas preferidas por los especialistas es la de la mentira a sabiendas, que, en realidad, se va reduciendo a medida que se avanza por ella, hasta llegar a un paso tan angosto que el tránsito a partir de ese momento, se hace imposible.

No se ha conseguido, hasta ahora, trazar el mapa completo de la cueva. Es más, se cree que lo que se conoce de ella es apenas un infinitésimo de su longitud. Las leyendas se superponen, como es lógico, con las realidades, y se cuentan historias terroríficas de personas que se han perdido en el laberinto de las galerías, y ya no salieron jamás. La tradición popular ha recogido esta situación, con su habitual desparpajo, apuntando que quienes no han conseguido volver sobre sus pasos para encontrar la salida que les sirvió de entrada, y han fallecido en el interior de inanición y desesperación, lo que han hecho es salir de la cueva de la verdad por la puerta de la locura.

La cueva es muy famosa y ha animado a algunos oportunistas a montar, en sus alrededores, sucedáneos de la misma, a modo de trenes de la bruja, para que los inocentes, los incautos y los confiados, tengan la impresión de haber estado en la de verdad, sin correr riesgo alguno.

Para ello, estos -diríamos- empresarios de variedades, generan situaciones ficticias, con las que crean la ilusión de verdad, apelando a la credulidad de los espectadores. Utilizan como base hechos bien conocidos, y los tergiversan con su industria, adornándolos con fantasías y oropeles, consiguiendo a menudo importantes efectos dramáticos, que los que han disfrutado del espectáculo suelen luego exagerar, contribuyendo a que se difunda el error de que es más interesante (y menos arriesgado) visitar esas seudocuevas de la verdad que atender a la visita de la cueva verdadera, que tantos peligros comporta.

Una de las entradas a la cueva de la verdad, solo reservada para los elegidos, es la de la mentira institucional. Se sabe muy poco de cómo se discurre por ella, aunque sí se han difundido sus efectos entre el público en general. Dicen los expertos que esa entrada conduce a un tramo excepcionalmente intrincado, que se vuelca sobre sí mismo como una serpiente, de forma que es muy difícil, sino imposible, saber dónde te hallas en cada momento.

Lo relevante es que, aunque la cueva se denomine de la verdad, el nombre es una fantasía, porque nadie ha encontrado la conexión entre las entradas, y no hay más forma de salir de ella que por donde se ha entrado. Al menos, esto es lo poco que se sabe, hasta ahora.

FIN

 

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: cuento, cuento de invierno, entrada, espeleología, mentira, sala, verdad

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