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Señales desde el futuro

18 noviembre, 2021 By amarias 1 comentario

El ciego avance de la cuarta revolución -industrial, tecnológica, social-  está llevando a la sociedad humana, si un milagro de entendimiento global no lo remedia, hacia la masiva destrucción de la especie de homínidos que se llamó homo sapiens.(Se  cumple el aforismo: «stupidus dicentes se esse sapientes, stulti facti sunt”.)

Los síntomas apuntan que la destrucción provendrá del eficaz empleo de la inmensa capacidad armamentística, con los más variados y sofisticados equipos (drones, misiles, taques, buques, aviones dotados con máximo poder de destrucción).

Pero antes de que se produzca esa desgracia, que vendrá a confirmar que nuestra especie lleva en sí misma la capacidad de exterminio, tendrá lugar la división tricotómica de la sociedad global que abarcará múltiples aspectos, desde el intelectual al moral y, por supuesto, el tecnológico y económico.

Desde hace décadas se viene produciendo -últimamente de manera acelerada- el cambio del liderazgo mundial, en el que el papel que venían desempeñando, sin rivales, los Estados Unidos de Norteamérica, desde la segunda guerra mundial, ha pasado a contar con un émulo de musculatura creciente, China, que se benefició de manera muy efectiva de la apertura económica que se llamó la globalización de los mercados.

Los poco eficientes presidentes estadounidenses (el último con visión global y relevancia política real fue Bill Clinton), se han empeñado en mantener inútiles guerras de distracción de su declinante supremacía y, ya cuando todo estaba perdido, se han concentrado en el refugio del «América first», es decir, la autarquía en unos productos y la defensa arancelaria en otros.

No debemos dejar sin mencionar, en este rápido repaso de geopolítica para párvulos, que la Unión Europea, empeñada en ejercer un liderazgo moral -sobre todo, en lo ambiental y, en menor medida, en lo social, acuciada por las crecientes invasiones «pacíficas» de los migrantes de los países limítrofes- ha ido perdiendo capacidad negociadora. Ha visto también, para confirmar el dramatismo de la situación, que su supremacía tecnológica ha servido para que en el Oriente -desde China a India y Pakistán, pero sin olvidar a Japón- se estén produciendo, con tecnologías que en inicio fueron suyas, pero ejecutadas hoy con mano de obra mucho más barata, los bienes que sus ciudadanos se empeñan en comprar para agotar sus necesidades de consumo (desde automóviles a chupetes tecnológicos -móviles, cámaras fotográficas, ordenadores, etc.)

La tricotomía a la que me refiero, de manera enfática, es la división social cada vez más evidente entre:

1) el grupo selecto de tecnólogos, científicos e investigadores de primer nivel, junto con gestores y comerciales de mayor rango, trabajando para las grandes empresas multinacionales (farmacéuticas, de energía, agua, producción de microchips, materiales especiales (grafeno, aleaciones ligeras, cerámicas de alta resistencia, etc.) y en los centros universitarios y de desarrollo punteros; a ellos se deberá añadir el grupo de sanitarios altamente cualificados;

2) la masa de  trabajadores con cualificaciones intermedias (universitarias, de formación profesional, de artesanías diversas), en número creciente y con cualificaciones cada vez peores, así como la gran oferta de personal para servicios (camareros, empleados en hostelería, atención doméstica y a enfermos), así como actores, empleados en centros de diversión, etc., compitiendo duramente por la creciente oferta de mano de obra y con salarios cada vez menores y

3) el gran contingente de desempleados crónicos, jubilados, clases pasivas de todo tipo, enfermos dependientes del auxilio social, migrantes y refugiados, etc.

El 17 de noviembre de 2021 he tenido ocasión de asistir, en directo, a la presentación del libro «España, a ciencia cierta». Tuvo lugar en el auditorio de la Fundación Rafael del Pino. Después de un breve bosquejo sobre la intención del libro y de los resultados de la investigación (el estudio que lo cobija detecta diez tecnologías con mayor capacidad impulsora para España), el eficiente y laureado director de la Fundación, Vicente J. Montes Gan realizó dirigió un coloquio «amistoso» con sus autores, Javier García Martínez, Sonia A. Contera e Iñaki Berenguer.

No abrigo ninguna duda de que los diez sectores tecnológicos con desarrollo expuestos en el libro son, todos ellos, líneas magníficas de futuro actual e, incluso, del pasado más floreciente que apunta a hacer más eficiente ese futuro: la telemedicina y la nanomedicina, la realidad mixta (virtual y aumentada), los sensores provistos de chips para detectar enfermedades sin necesidad de desplazamiento al centro médico, la agricultura de precisión, la masiva aplicación de las matemáticas a la economía (con énfasis sobre el tratamiento de los big data), la cadena de valor del hidrógeno (su producción y uso generalizado), la supercomputación (en la que España, según dijeron los propios intervinientes, es ya una potencia mundial), etc. Quien quiera conocer los detalles, que compre el libro.

Me quiero detener, sin embargo, en comentar, con mis propias palabras, algunas de las frases que creo más relevantes del interesante coloquio.

  • Frustración de los científicos y tecnólogos españoles. Sonia (Contera) enfatizó, y varias veces, sobre la falta de identidad científica propia para España. Nuestro país no supo recuperar la identidad científica que poseía, y que se perdió con la guerra civil. No solo éso: existen muchos movimientos en el mundo anticientífico. Existen buenos científicos y técnicos españoles trabajando en prestigiosos centros académicos (y empresas) extranjeras, pero no tienen el acicate para trabajar en nuestro país, porque falta el ambiente, la atmósfera adecuada. Los autores del libro estuvieron de acuerdo que el científico no trabaja por dinero (al menos, hay que puntualizar, supongo, cuando ya ha tenido un razonable éxito económico y tiene un puesto de trabajo fijo), sino por la «satisfacción».
  • No existen caminos claros para la comercialización de la ciencia, que es clave para el desarrollo tecnológico. Iñaki (Berenguer) diferenció entre «hacer ciencia» y «comercializarla», que sería una habilidad diferente. En ese segundo aspecto, los investigadores y científicos españoles no son tan relevantes. Nos falta incluso, el impulso para el primer paso: que no se pongan trabas burocráticas, administrativas (y añado yo, incluso endógenas, surgidas de envidias en los propios centros de investigación y docencia).
  • La Universidad es, o debe ser, el gran polo de innovación y ciencia. Así sucede en los países más desarrollados. No es el caso de España, carencia dramática que debería corregirse de inmediato (la concreción del articulado es mío).
  • La identidad científica no se regala. Debe crearla el propio investigador, sin ayuda de nadie (o de muy pocos). Sonia puso el ejemplo de su personal periplo en Boston. «¿Española y mujer?» Nadie me ayudó; lo que ha llegado a ser lo consiguió por su propia dedicación y esfuerzo.
  • Asia va a dominar la ciencia del siglo XXI. Le ayuda, también, el sentimiento religioso del pueblo, el confucionismo, que favorece la visión colectiva, el apoyo recíproco en vías de un beneficio común. España es un país fragmentado, sin identidad como país. Esa situación constituye un grave perjuicio para el desarrollo tecnológico. Los distintos actores hablan lenguajes distintos.
  • La ciencia no crea desigualdad por ella misma, sino por el uso que se hace de ella. Falta liderazgo científico en España.
  • Es importante la diversidad en todos los órdenes, no solo de género. Eliminar la reacción, que es anticiencia y favorecer los equipos multidisciplinares, el trabajo en equipo, la selección de los mejores, estimulándolos y creando plataformas adecuadas de desarrollo y comunicación técnica y científica.
  • Hay que alinear objetivos e incentivos. Javier (García Martínez) es partidario de esa concordancia, aunque Iñaki y Sonia subrayaron que en sus centros no se habían identificado ni los objetivos ni los incentivos y ello no fue hándicap para el desarrollo ejemplar de la investigación.
  • España dispone de un clima excelente que debiera servir de atractivo para que los investigadores pasaran un tiempo en centros españoles. «El invierno es muy duro en Boston», señaló Iñaki. Debería analizarse con seriedad la eliminación de trabas administrativas para facilitar la doble residencia, suprimiendo o aliviando cargas fiscales a científicos españoles residentes en el extranjero.

Publicado en: Actualidad, Economía, Investigación, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: Fundación Rafael del Pino, Iñaki Berenguer, Javier García Martínez, Sonia A. Contera, Tecnologías para impulsar España, Vicente J. Montes Gan

Libros que hubiéramos debido leer en 2015

28 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

KnowSquare 2016 Premios Librosangel alda KN 27enero 16

KnowSquare, la plataforma de conocimiento compartido que creó el ingeniero de minas Juan Fernández Aceytuno hace ya unos cuantos años, presentó el 27 de enero de 2016 la selección de 10 libros de empresa (entiéndase por «libro de empresa», por lo que deduzco, aquel que tiene por fundamento principal dar consejos a gentes interesadas en recibirlos) que fueron publicados en español en 2015.

También se otorgó el premio a la mejor trayectoria divulgadora de los valores empresariales (entiéndase por «valores empresariales» aquellos que proporcionan una visión integral de lo que debería conocerse de quienes piensan igual que nosotros) a la Fundación Rafael del Pino, que recogió -en presencia de su madre, viuda del ilustre ingeniero fundador de Ferrovial-, María del Pino, presidenta de la misma.

El Acto tuvo lugar en el Salón de Actos de Caixa Fórum, que resultó justo para acoger a los más de 250 admiradores del proyecto de la Plaza del Conocimiento, a quienes se regaló, a la entrada, uno de los libros seleccionados, obsequio de Correos, que presentó, en vídeo, su nuevo y atractivo look.

El libro que el jurado seleccionó como ganador -por unanimidad, según consta en el Acta de la Comisión evaluadora, compuesta de 26 miembros, que tuvieron ánimo para leer e enjuiciar los más de 120 candidatos que presentaron las Editoriales- fue: «De Cero A Uno «, de Peter Thiel, traducido por María Maestro Cuadrado y editado hace justamente un año por EDICIONES GESTION 2000, y que se vende por 18,9 euros (aunque también se puede bajar de internet por algo más de 12). (1)

No lei el libro premiado, pero me propongo leerlo, como también leeré Los placeres ocultos de la vida (de Theodore Zeldin) que fue el volumen que me encontré en la bolsa, junto con una tarjeta con una clave para disfrutar de una semana de acceso a KnowSquare, a cuyo Consejo Editorial pertenezco, casi desde el principio de la andadura. Algo me descubrirá, con tan sugerente título, el bueno de Zeldin, que nos regaló a los asistentes uno de sus consejos, en vivo y en directo: dialogad, benditos. Ya tengo en mi biblioteca otros libros del palestino-británico.

Tomé algunas fotografías desde mi asiento en la Sala y, aunque son de pésima calidad, recojo dos aquí: La que sitúo a la derecha pretende ser amistoso homenaje a Angel Alda, glosador de las cualidades del libro premiado, ya que -me reconoció- fue el promotor de su candidatura, y que cumple hoy años, según me ilustra Facebook. Así que, felicidades a todos los que participaron activamente en el éxito del evento con su tiempo, calidad y esfuerzo -muchos y muy buenos- y a él, especiales.

—–

(1) No confundir con el libro de idéntico título, escrito  por Paulen Bom y Marcheld Huber, que trata de pedagogía.

Publicado en: Actualidad, Sin categoría Etiquetado como: Angel Alda, Ediciones Gestión, Fundación Rafael del Pino, Juan Fernández Aceytuno, KnowSquare, María del Pino, Peter Thiel, Premios, Theldin

No es un Cuento de invierno: El dilema de Luis Garicano Gabilondo

21 enero, 2014 By amarias2013 Deja un comentario

«El dilema de España» (Edit. Península), es el título del último libro de Luis Garicano Gabilondo, en el que este prestigiado economista expone su visión actualizada respecto a los problemas más acuciantes de nuestro país y algunas de las soluciones que se le antojan pertinentes.

El volumen fue presentado en sociedad en el foro de la Fundación Rafael del Pino (20 de enero de 2014), que se ha consagrado -desde hace ya varios años- como un lugar de privilegio para recibir información cualificada sobre lo que debería interesar a quienes se mueven por los escenarios de la política, la Universidad y la empresa. También es, por supuesto, un centro de enseñanzas prácticas para jóvenes profesionales y un lugar de concentración de algunas de las frustradas cabezas intelectuales de nuestro territorio, cercado coyunturalmente por el desánimo y la mediocridad.

Es Luis Garicano uno de nuestros eminentes exiliados: catedrático de la London School of Economics, analista documentado de la realidad económico-social, bloguero muy apreciado (http://www.nadaesgratis.es), con una doble licenciatura en derecho y en economía por la Universidad de Valladolid, y, entre muchos títulos, posiciones y premios, consejero de ese banco misceláneo que se llama actualmente Liberbank.

La lectura de los libros y artículos de Luis Garicano es entretenida y útil, porque es inteligente, ameno y directo. Me gustó también escucharlo (tiene, en el aspecto físico y el deje un aire a Carlos Sobera, el presentador televisivo): dispone de un verbo fácil, y un talante de los que no rehúyen ninguna pregunta.

En una puesta en escena estupenda, contando con el apoyo de las incisivas observaciones de Javier Díaz Giménez (http://javierdiazgimenez.com), Garicano expuso las ideas centrales de su libro que, dicho sea de paso, lleva ya dos ediciones cuando apenas si ha visto la luz de las librerías y, según anunció el editor, va camino de la tercera.

Cuando, para terminar el acto, Javier Díaz Giménez lanzó la pregunta pertinente, después del análisis, trasladando como dilema lo que inquieta a todo seguidor de un visionario, de un pensador: «Y ahora, ¿qué? ¿Cuál es la posición que vas a adoptar? ¿Vas a organizar un partido político, una plataforma que sirva de canalización a lo que expresas en el libro?», Garicano respondió, sin titubear:

«No me corresponde. Yo soy solo un intelectual. El trabajo de adoptar o descartar las propuestas que hago pertenece a los que se dedican a la política». (1)

Aviados estamos.
—-
(1) Algunas de las ideas expuestas por Luis Garicano en la presentación de su libro:

-Tenemos dos graves problemas: el abandono escolar y el deterioro de las instituciones.

-Las grandes innovaciones están agotadas. Lo que permitió crecer ha sido el capital humano y la protección de la innovación por las instituciones. Hay que regular y proteger, pero para que los que tengan ideas no corran el riesgo de que se las roben.

-Tres conocimientos necesarios para obtener éxito laboral: saber inglés a la perfección, saber construir argumentos de forma razonada; saber matemáticas.

-Los trabajos rutinarios (sean manuales o intelectuales) van desapareciendo, pues pueden ser realizados óptimamente por máquinas. Pero se mantendrán: los que correspondan a actividades interpersonales (profesor, enfermera, camarero,…) y los que exijan una componente abstracta o intelectual muy alta (citó como ejemplo, el abogado).

-La mayoría menos cualificada tendrá que dedicarse a complementar el trabajo de los excelentes.

-Las nuevas ideas no se consiguen por impulso de la Administración, y no hace falta ser inventor, sino detectar una oportunidad y desarrollarla (caso Zara, El Bulli, etc.)

-El ladrillo está en el futuro de España, pero con valor añadido (Residencias geriátricas con todos los servicios, Hospitales para extranjeros, etc). No cree en la idea de modelo de crecimiento: hay que dejar que la gente se busque la vida…

-Es preciso rehacer la sociedad. El cambio es una exigencia social. Queremos tener un país normal.

-El futuro puede ser una Venezuela a la espera de su caballo blanco o convertirnos en la Dinamarca del Sur.

-Me sorprenden que las clases medias españolas, que han tenido una educación de exigencia alta, no la demanden para sus hijos.

-Hay que implantar la meritocracia y la rendición de cuentas. No puede ser que la excelencia de los funcionarios (jueces, profesores, etc) sea una cuestión de voluntad, y sin consecuencias que recompensen a los que lo hacen bien y sancionen al que no cumpla. Los incentivos funcionan.

-Se ha creado un muro entre los empleados temporales y los fijos. El contrato único es necesario para romperlo. En Inglaterra ha caído el pib tanto como en España, pero no ha tenido la drástica caída del empleo, porque no había ese muro, que hace que los empresarios prefieran contratar a alguien nuevo, en lugar de pasar a fijo al temporal.

-Dos elementos deben ser inamovibles de la Constitución: La Monarquía y la unidad de España.

-Cataluña independiente será viable, como lo es Estonia, o San Marino, o lo sería Valladolid. Lo que hay que preguntarse es si esa idea tiene pies y cabeza, y es lo que se debe decir a Cataluña. Juntos, ganamos todos.

Publicado en: Economía, Política Etiquetado como: dilema, Editorial Península, españa, filosofía, Fundación Rafael del Pino, Gabilondo, inglés, Javier Díaz Jiménez, Liberbank, Luis Garicano, matemáticas, Nada es gratis, Sobera

Escapar de las fauces de las élites extractivas en las miasmas de la sociedad líquida

13 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

No es el título de un libro de autoayuda, ni de socioeconomía política, aunque hace referencia a una historia de terror, traición y desengaño. Es solo el título de este Comentario, y debe su curiosa redacción a la pretensión de combinar las ideas centrales del posicionamiento intelectual de dos observadores cualificados, pertrechados cada uno con su particular periscopio: César Molinas y Zygmunt Bauman.

El primero acaba de publicar su noveno libro, (1) «Qué hacer con España», y el 12 de junio de 2013 hizo una presentación del mismo, en el escenario de la Fundación Rafael F. del Pino, acompañado en los flancos por Manuel Conthe y Carles Casajuana.

Sorprende que el título no esté protegido por signos de interrogación. César Molina aborda en él, por tanto, respuestas, si bien la pretensión enciclopédica se ve restringida por el espacio disponible y, sin duda, por la imposibilidad de que una persona sola -a pesar de la indiscutible capacidad mental de Molina- tenga, hoy por hoy, todas las claves del mundo en su cabeza y, menos, si se desea aplicar la poción a un pequeño país plagado de heterodoxos.

Molinas es uno de estos últimos. Conthe lo llamó «humanista heterodoxo», y extrajo del propio libro la reflexión de que en tiempos de la Inquisición no había en España ningún heterodoxo importante y los que se quemaron eran de muy segunda división; para encontrar alguno de nivel y poder quemarlo, como le sucedió a Miguel Servet, había que salir al extranjero.

El esquema del libro, a tenor de la recensión realizada ayer(2), se acoge a la apreciación de que hay que hacer reformas insoslayables e inmediatas -tenían que haber sido iniciadas en 1993, con la firma de los acuerdos de Maastricht-. Y como España no puede devaluar la moneda -descarta Molinas salirse del euro, porque, parafraseando a Andrés Ortega, «dentro está frío, pero fuera está gélido»-, el ajuste «no va por precios, sino por cantidades: tenemos cuatro millones de parados más».

Los mensajes de César Molinas son directos: «Los problemas vienen de la falta de adaptación a dos cambios»: la caída del mundo de Berlín (en donde se acaba la Historia y comenzamos un período posthistórico, en las que las antiguas certezas en las que se basaba el Estado-nación se diluyen, y ya no sabemos quienes somos «nosotros») y el ya expresado de la firma de Maastricht, cuyo mensaje era «ya no vais a poder seguir devaluando la peseta» y obligaba a flexibilizar los mercados.

Manuel Conthe -que asumió su parcela de protagonismo en la sesión, e hizo propaganda del casi-diario Expansión unas cuantas veces- atribuyó a Molinas la frase, incluída al parecer en el libro, «Hay que poner a los agentes sociales en su sitio» y la aplicó «sobre todo», a los sindicatos, que no son representantes de los ciudadanos, y habría que tratarlos igual que a una asociacion de fútbol…o a la Iglesia Católica (entiendo que en el sentido de que a esta histórica expresión del poder sería preciso equilibrarla con las asociaciones de balompié).

La clase política merece, por supuesto, un lugar especial entre las «élites extractivas», a las que se suman «mayorias extractivas» de las plusvalías generadas por el trabajo ajeno. Puso Molinas en el ejemplo de Marinaleda, en donde se ha montado una cooperativa agrícola, en la que, como no hay trabajo para todos, se trabaja por turnos de 21 días, para poder acogerse al paro de seis meses. «Con 40 días de trabajo anual se cobran 320 días de prestación por desempleo». Y se preguntó: ¿cuántas Marinaledas existen en España?.

No puedo pretender resumir un libro, que no he leído. Molinas proporciona motivos de reflexión más que suficientes, aunque para Casajuana, el otro asistente desde el púlpito al debate (y, en mi juicio personal, no siempre afortunado en lo que expresó), «Molinas es osado e inclemente, y se atreve a proponer reformas de las que algunas son imposibles, como la de la Universidad».

«No hay que mantener un Estado vigoroso, porque vamos hacia una sociedad más versátil, pero para sobrevivir hay que dar a los ciudadanos más conocimientos. Debemos, también, generar un sistema tributario compatible con la globalización, actuando sobre los hechos imponibles que no se pueden deslocalizar, como son los patrimonios inmobiliarios, que son, por esencia, impuestos de fraude cero».

En fin: «recuperar la credibilidad perdida», hacer el Plan Marshal del capital humano», «mejorar la competitividad y la exportación», (gastando dinero a fondo perdido en la formación), «bloquear las puertas giratorias para los funcionarios que se dediquen a la política», «partir de un presupuesto de base cero», ser conscientes de que «tenemos una democracia de alta calidad pero las instituciones funcionan mal» y «necesitamos un Plan a medio y largo plazo pero a corto necesitamos ayuda exterior», son algunos de los mensajes claros de Molinas.

La sociedad líquida no se ha enterado todavía. Los asistentes, como ya vengo indicando, formaban parte, me pareció otra vez, de ese grupo, que encuentro desplazado del poder fáctico y portador de experiencia e ideas muy serias, que escucha las verdades del barquero, compra libros, comenta lo mal que lo están haciendo otros, se cala el sombrero de su marginación, y luego, se van y…»no hubo nada».

—
(1) César Molina resaltó que es el primero de los suyos que no contiene fórmulas matemáticas ni teorías económicas. Utiliza otra herramienta, que se configura más adecuada para la disección de la realidad: el sentido común aplicado de forma inclemente.

(2) El libro (Editorial Deusto, 2013) se vende a 17,50 euros y había un tenderete con ejemplares junto a la puerta, en donde se agolparon algunos de los asistentes al acto. No lo compré, porque soy de los que consideran la compra de libros un acto íntimo. Además, no descarto que me lo regalen.

Publicado en: Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: César Molinas, élites destructivas, Fundación Rafael del Pino, heterodoxo, Qué hacer con España, sociedad líquida, Zymund Bauman

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