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Magma en ebullición

13 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Como el resto de europeos afectados por la pejiguera del coronavirus, estoy alarmado. El 12 de marzo de 2020 (ayer) pasé el día escuchando noticias versando sobre este diminuto pasajero de nuestra nave cósmica, leí varios periódicos, me sumergí en múltiples cifras, comparaciones y proyecciones temporales de indocumentados, consejos y arrebatos verbales desde varias esquinas de la web global y el resultado final es que me intoxiqué.

Tengo una intoxicación media, que no necesita tratamiento por ahora, pero que puede acabar necesitándolo si continúa la escalada de despropósitos, enmiendas y recomendaciones de primero de parvulario inmunológico. Por eso, desde el mismo principio de este Comentario, aclaro que no voy a escribir sobre pandemia, sino sobre filosofía. Sobre filosofía vital, sobre ética, al fin y al cabo.

Si alguien prefiere estar conectado a la red verdaderamente viral, seguir atendiendo con creciente espanto a las cifras que ilustran con desmedido plácet el aumento de infectados, fallecidos, las previsiones de atascos hospitalarios, las premoniciones de subid al Armageddon, y quiere compartir las angustias de pacientes e impacientes, remojarse en rencillas entre partidos políticos exacerbadas por la tóxica oportunidad de criticar al que está en el gobierno, como cabría suponer, desbordado por las circunstancias imprevistas, adelante.

Le sugiero que busque otro lugar donde excitar su nerviosismo, replicar su miedo, aumentar su intranquilidad a base de profundizar en la ignorancia colectiva de cómo vérselas con un alienígena del que aún no conocemos su identidad, aunque le hayamos puesto nombre y que no sabemos aún cómo tratar, aunque haya miles de prestigiosos centros de investigación farmacológica, inmunológica y epidemiológica, quemándose las pestañas en una carrera loca contra el mal.

La filosofía que estoy inyectándome es la del estoicismo, y reconozco que he tomado las dosis básicas de un libro magnífico que, si no estuvieran cerradas las bibliotecas, aconsejaría aplicar de inmediato a los cerebros más calentados por la intoxicación: «Cómo ser un estoico» (Editorial Ariel) , del que es autor Massimo Pigliucci. Este filósofo italiano explica, en un lenguaje lleno de sentido común e inteligencia práctica, las consecuencias de sus hipotéticas conversaciones con Epicteto, uno de los maestros de estoicismo.

Utilicemos con inteligencia y prodigalidad lo que tenemos ahora, sin preocuparnos por el pasado y, sobre todo, sin que nuestros temores del ahora nos impidan razonar para lograr un futuro mejor, más solidario y eficiente. Y, si a pesar de nuestros mejores esfuerzos, no consiguiéramos nuestro propósito, no nos atormentemos: al fin y al cabo, somos solamente un corpúsculo insignificante en un inmenso magma de materia y energía del que seguimos ignorando casi todo.

Van dos muestras de la sabiduría de Epicteto pasada por la exprimidora jugosa de Pigliucci: «Deberíamos pasar por la vida igual que los generales romanos durante la celebración oficial de los triunfos en la Ciudad Eterna: co alguien que susurra continuamente en nuestro oído «Memento, homo» (Recuerda, hombre) » (pág. 198). «(…) debemos plantear como objetivo algo que esté realmente en nuestro poder y que ni siquiera el destino nos pueda robar: jugar el mejor partido que podamos, sin importar el resultado, o recuperar el mejor dossier de promoción posible antes de que se tome la decisión» (pág, 202)». A esa última actitud filosófica la denomina Epicteto-Pigliucci: «Cláusula de reserva».

Mi cláusula de reserva personal ante esta situación magmática, en la que todo parece apuntar a la responsabilidad hacia el pobre chino que se comió el pangolín (figura metafórica donde las halla), miremos al dedo de nuestra propia incapacidad para entendernos sin odios, ser solidarios sin mentiras, apoyar a tiempo la creación científica y técnica y reconocer que la globalización no supone beneficiar más a unos pocos para exprimir mejor a los que tienen menos (o mucho menos) , ni favorecer la implantación de individualismos miserables como defensa mezquina de nuestra pretendida superioridad.

—

(¡Ah! El dibujo corresponde a una de las láminas que incorporé a mi libro Sonetos desde el Hospital. El repartidor de cristales, es su título.

Como se han suprimido las presentaciones de Madrid y Avilés, para las que había reservado algunos ejemplares, si alguien desea adquirirlos, puedo enviárselos si se utiliza la conexión segura que incorporé a varios de mis Comentarios en este blog. Si estás interesado, no dudo que la encuentras buceando en mis pasadas entradas. Tenemos tiempo, …)

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: coronavirus, desorden, estoicismo, estoico, filosofía, gobierno, magma, Massimo Pigliucci, pangolín

Técnica y filosofía

14 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Desde hace varios (malos) planes de estudio, los ingenieros no estudian filosofía, por lo que se están quedando in albis sobre una cuestión, para mí, fundamental: técnica y filosofía forman parte de un tronco común, y no uno cualquiera: aquel por el que discurre la savia que justifica nuestra existencia.

Al referirme, de forma tan genérica, a «técnica» y «filosofía», debiera matizar de inmediato que me refiero a la historia que registra la evolución de estas dos maneras de avanzar en el saber. Desde allá donde tenemos noticia de la presencia de alguien identificable como «ser humano», ha quedado constancia de que unos pocos miles de congéneres se han preocupado, tanto de aprovechar la capacidad de descubrir métodos de hacer cosas -algunas se revelaron muy útiles para mejorar las condiciones de vida-, como la capacidad de imaginar que existían relaciones lógicas o, por lo menos, estadísticamente predecibles, entre los seres y los objetos.

Pues bien: nada me resulta más satisfactorio, a nivel intelectual, que encontrarme identificado -con las comprensibles distancias de calidad y resultados- con aquellos excelsos científicos que hicieron del método filosófico su mejor instrumento de trabajo, ya fuera en el laboratorio, en el taller o en la obra que se encontraron dirigiendo.

Recuperar el ansia de saber algo de lo que aún no se sabe, y conocer mejor lo que ya se cree saber, enlazando las piezas del rompecabezas revuelto que tenemos extendido ante nosotros, y en el que seguramente se nos han hurtado varias piezas esenciales -pero, ¿y i no fuera así?- es inexcusable. Para toda sociedad y, en particular, para el entorno que tenemos más próximo, y que se auto considera parte del mundo desarrollado.

Los técnicos, en especial, quienes se dedican a la investigación -no le pongo ningún adjetivo, ni siquiera la de «aplicada»- tienen en el análisis de la materia, un inmenso y atractivo campo de trabajo: desde la nanotecnología -y más adentro-  hasta el gran espacio fuera de la Tierra -y más allá-, en el que concretar las elucubraciones filosóficas sobre el cosmos y su fundamento.

Los filósofos más fecundos en aportar ideas de la formación de la razón y el ser, han tratado -no diría que por su parte. sino, junto a esos otros que consideramos investigadores de la materia- de explicar mejor por qué somos y de esta manera, y para qué somos y cómo podríamos aumentar nuestra sensación de conocer mejor lo que pasa por nosotros.

Hay, en efecto, una mística en este proceso de hacer evolucionar el saber, del que la mayor parte de la Humanidad, por obvias limitaciones, podemos ser únicamente aprendices de lo que otros descubran, seguidores de lo que los más sagaces propongan, devotos de quienes pongan más énfasis o más intensidad en participarnos sus credos.

No me cansaré jamás de estudiar lo que dicen los filósofos, ni dejaré de admirar lo que consiguen los que consiguen transmitir, con la técnica que se va dominando, que avanzamos en el camino de penetrar en el misterio de lo que estaba al margen de nosotros, para hacerlo nuestro.

Es una historia fascinante, que a veces parece estar solo en sus comienzos y otras, que se está a punto de alcanzar el instante mágico, solemne en que todo se nos desvele, descorriendo la cortina que nos haga entender, a un tiempo, lo que somos y lo que podemos ser si nos desprendemos del nosotros.

Publicado en: Filosofía, Sociedad Etiquetado como: filosofía, técnica

No es un Cuento de invierno: El dilema de Luis Garicano Gabilondo

21 enero, 2014 By amarias2013 Deja un comentario

«El dilema de España» (Edit. Península), es el título del último libro de Luis Garicano Gabilondo, en el que este prestigiado economista expone su visión actualizada respecto a los problemas más acuciantes de nuestro país y algunas de las soluciones que se le antojan pertinentes.

El volumen fue presentado en sociedad en el foro de la Fundación Rafael del Pino (20 de enero de 2014), que se ha consagrado -desde hace ya varios años- como un lugar de privilegio para recibir información cualificada sobre lo que debería interesar a quienes se mueven por los escenarios de la política, la Universidad y la empresa. También es, por supuesto, un centro de enseñanzas prácticas para jóvenes profesionales y un lugar de concentración de algunas de las frustradas cabezas intelectuales de nuestro territorio, cercado coyunturalmente por el desánimo y la mediocridad.

Es Luis Garicano uno de nuestros eminentes exiliados: catedrático de la London School of Economics, analista documentado de la realidad económico-social, bloguero muy apreciado (http://www.nadaesgratis.es), con una doble licenciatura en derecho y en economía por la Universidad de Valladolid, y, entre muchos títulos, posiciones y premios, consejero de ese banco misceláneo que se llama actualmente Liberbank.

La lectura de los libros y artículos de Luis Garicano es entretenida y útil, porque es inteligente, ameno y directo. Me gustó también escucharlo (tiene, en el aspecto físico y el deje un aire a Carlos Sobera, el presentador televisivo): dispone de un verbo fácil, y un talante de los que no rehúyen ninguna pregunta.

En una puesta en escena estupenda, contando con el apoyo de las incisivas observaciones de Javier Díaz Giménez (http://javierdiazgimenez.com), Garicano expuso las ideas centrales de su libro que, dicho sea de paso, lleva ya dos ediciones cuando apenas si ha visto la luz de las librerías y, según anunció el editor, va camino de la tercera.

Cuando, para terminar el acto, Javier Díaz Giménez lanzó la pregunta pertinente, después del análisis, trasladando como dilema lo que inquieta a todo seguidor de un visionario, de un pensador: «Y ahora, ¿qué? ¿Cuál es la posición que vas a adoptar? ¿Vas a organizar un partido político, una plataforma que sirva de canalización a lo que expresas en el libro?», Garicano respondió, sin titubear:

«No me corresponde. Yo soy solo un intelectual. El trabajo de adoptar o descartar las propuestas que hago pertenece a los que se dedican a la política». (1)

Aviados estamos.
—-
(1) Algunas de las ideas expuestas por Luis Garicano en la presentación de su libro:

-Tenemos dos graves problemas: el abandono escolar y el deterioro de las instituciones.

-Las grandes innovaciones están agotadas. Lo que permitió crecer ha sido el capital humano y la protección de la innovación por las instituciones. Hay que regular y proteger, pero para que los que tengan ideas no corran el riesgo de que se las roben.

-Tres conocimientos necesarios para obtener éxito laboral: saber inglés a la perfección, saber construir argumentos de forma razonada; saber matemáticas.

-Los trabajos rutinarios (sean manuales o intelectuales) van desapareciendo, pues pueden ser realizados óptimamente por máquinas. Pero se mantendrán: los que correspondan a actividades interpersonales (profesor, enfermera, camarero,…) y los que exijan una componente abstracta o intelectual muy alta (citó como ejemplo, el abogado).

-La mayoría menos cualificada tendrá que dedicarse a complementar el trabajo de los excelentes.

-Las nuevas ideas no se consiguen por impulso de la Administración, y no hace falta ser inventor, sino detectar una oportunidad y desarrollarla (caso Zara, El Bulli, etc.)

-El ladrillo está en el futuro de España, pero con valor añadido (Residencias geriátricas con todos los servicios, Hospitales para extranjeros, etc). No cree en la idea de modelo de crecimiento: hay que dejar que la gente se busque la vida…

-Es preciso rehacer la sociedad. El cambio es una exigencia social. Queremos tener un país normal.

-El futuro puede ser una Venezuela a la espera de su caballo blanco o convertirnos en la Dinamarca del Sur.

-Me sorprenden que las clases medias españolas, que han tenido una educación de exigencia alta, no la demanden para sus hijos.

-Hay que implantar la meritocracia y la rendición de cuentas. No puede ser que la excelencia de los funcionarios (jueces, profesores, etc) sea una cuestión de voluntad, y sin consecuencias que recompensen a los que lo hacen bien y sancionen al que no cumpla. Los incentivos funcionan.

-Se ha creado un muro entre los empleados temporales y los fijos. El contrato único es necesario para romperlo. En Inglaterra ha caído el pib tanto como en España, pero no ha tenido la drástica caída del empleo, porque no había ese muro, que hace que los empresarios prefieran contratar a alguien nuevo, en lugar de pasar a fijo al temporal.

-Dos elementos deben ser inamovibles de la Constitución: La Monarquía y la unidad de España.

-Cataluña independiente será viable, como lo es Estonia, o San Marino, o lo sería Valladolid. Lo que hay que preguntarse es si esa idea tiene pies y cabeza, y es lo que se debe decir a Cataluña. Juntos, ganamos todos.

Publicado en: Economía, Política Etiquetado como: dilema, Editorial Península, españa, filosofía, Fundación Rafael del Pino, Gabilondo, inglés, Javier Díaz Jiménez, Liberbank, Luis Garicano, matemáticas, Nada es gratis, Sobera

Cuento de otoño: La discípula que se enamoró de un profesor de Filosofía

27 septiembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Se han contado bastantes historias de alumnos que se enamoran de sus profesores, especialmente de jóvenes adolescentes femeninas que caen platónicamente rendidas ante las virtudes que imaginan en sus maestros. Las explicaciones científicas son terminantes, atribuyendo este fenómeno a una variante del síndrome del prisionero: cuando estás viendo horas y horas a un tipo aburrido contándote cuestiones que no entiendes, a algunos seres impresionables no les queda más remedio que suponer que tienen una aventura con él.

De entre las anécdotas amorosas, una de las que más me impresionaron es la de Hanna Arendt enamorándose de su profesor Martin Heidegger, con el que incluso llegó a mayores. Ella era, por entonces, una estudiante muy avanzada y él la utilizó, según cuentan los biógrafos, para probar con su alumna algunas de sus tesis sobre el ser y no ser, que, con todo, sigue siendo la cuestión.

Aunque no tuvieran la misma difusión, porque sus protagonistas permanecieron completamente anónimos, todos seguramente conocemos historias de profesores que se lían con alumnas y les dan buenas notas a cambio de ciertos favores extraacadémicos. Es menos común el caso del profesor o profesora que pide un favor académico a un alumno -por ejemplo, que le ayude a confeccionar el libro de texto obligatorio o a terminar una tesis doctoral inabarcable- y, a cambio, le paga en especies carnales o en viajes a Polutonia.

Había una vez una estudiante de lenguas orientales que se enamoró de un profesor de Filosofía. No coincidían en las aulas, esto es, el profesor no tenía a su enamorada como alumna. Ni siquiera pertenecían a la misma Universidad o centro académico. Es más, no vivían en el mismo país. Qué voy a decir, es que no eran ni coetáneos: el profesor hacía años que había fallecido cuando la alumna se enteró de su existencia.

Tales anómalas circunstancias no impidieron la relación amorosa, si bien, como puede comprenderse, solo en dirección unilateral. Pero, cuanto más leía la estudiante los escritos que caían en sus manos de cuanto había elucubrado el profesor de filosofía, más rendida se sentía por la fuerza de sus palabras. Le temblaban las piernas repasando sus definiciones de conceptos inmensos, como la metafísica del bienestar, la felicidad como meta intelectual o los presupuestos de la ética contemplativa.

Por eso, sin poder resistir más la fuerza de los afectos, acudió a una vidente para que le pusiera en contacto con el maestro difunto.

-Toma, al irte a la cama, tres copas de Benedictine seguidas en las que hayas machacado dos lonchas de jengibre y recita los versos de la página 23 de la edición de bolsillo del libro rojo de Mao en su idioma original -le aconsejó la especialista.

-¿Y veré así, por fin, a mi amado profesor de filosofía? -preguntó el alma cándida.

-Sí, sin duda -fue la respuesta escueta-. A la mañana siguiente tendrás una sensación placentera.

-¿Cómo lo reconoceré? -inquirió, nuevamente, la jovencita- Jamás he visto una foto o retrato suyo. Solo lo conozco por lo que ha escrito.

-Lo sabrás -determinó la de la bola de cristal, mientras le señalaba una carta del tarot que representaba la papesa- por señales inequívocas. Podrás hablar con el cuanto quieras, y pedir que te aclare las dudas que tengas.

Dicho y hecho. La joven estudiante se empapó de Benedictine, durmió aquella noche placenteramente pero, a la mañana siguiente no se acordaba de nada. Pero de nada de nada. Ni siquiera de dónde había puesto el jengibre con el librito, lo que ya tiene castigo.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: amor, angel arias, cuentos de otoño, discípula, enamoramiento, favores académicos, filosofía, Hannah Arendt, Heidegger, lenguas orientales, profesor

Mi Diccionario desvergonzado (6): filosofía, jurado, gobernanza, water

27 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

filosofía: 1. Técnica de relajación, al alcance de todo el mundo, por la que se relativiza cualquier problema, y que, convertida en obsesión, puede llevar a escribir un libro de características infumables, salvo, según propia confesión, para los profesores universitarios de esta disciplina, que pretenden que su conocimiento es fundamental para entender porqué no entendemos nada de lo que nos pasa; sus practicantes son llamados vulgarmente: filósofo (a secas), cachondo mental (grado) y loco de atar (master). 2. Carrera universitaria que da acceso, con suerte y adecuada recomendación, a un empleo de colocador de mercancías en un supermercado. Véase: cachondo mental, loco de atar y profesor universitario.

Jurado: 1. Conjunto de personas reunidas para cenar, que acaban de conceder un Premio a una obra literaria que no han leído o a una aberración pictórica realizada por un familiar de uno de ellos, y que ha sido defendido por éste como obra maestra. 2. Fórmula legal de exonerar de culpabilidad a un delincuente por un grupo de legos en derecho; también es conocida la facilidad con la que el procedimiento incurre en vicios de derecho, sirviendo para anular la resolución adoptada. Véase: obra maestra, lego en derecho, delincuente.

Gobernanza: Maniobra de ocultación utilizada por las más variadas instituciones para tratar de convencer a ciudadanos, clientes e incautos en general, que lo están haciendo muy bien, haciendo lo que les conviene. No confundir con gobernanta, que era la señora que tenía las llaves de las residencias de señoritas y les apagaba la luz por las noches, para que pudieran hablar de sus cosas sin que se les viera el rostro enrojecido por el pudor. Véase: ciudadano, institución, incauto.

Water: (pronúnciese váter) 1. Lugar de retiro, único sitio en el que, si dispone de pestillo, cualquier persona puede hacer lo que le apetezca, incluídas la satisfacción de la mayoría de las necesidades espirituales y cualquiera de las corporales. 2. En el Africa subsahariana, sinónimo de agua, líquido muy valioso, cuya carencia provoca millones de muertos cada año. Véase: pestillo, Africa subsahariana.

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Literatura Etiquetado como: diccionario desvergonzado, filosofía, gobernanza, jurado, water

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