Al socaire

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Coste de oportunidad de una vida humana

11 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

Que, a pesar de lo que nos digan las Declaraciones Universales de derechos humanos, de lo que se nos dogmatice en algunos textos tenidos por sagrados y se nos recuerde y repita como mantra a cada tres por cuatro, los seres humanos no poseemos idéntico valor ni igual aprecio (ni ante la ley, el mercado, las fuerzas dominantes o la historia), es una evidencia sin resquicios.

Que una misma vida humana tenga valor muy diferente, sin embargo, en razón de circunstancias completamente ajenas a la persona en cuestión, y, más particularmente, derivadas de la atención mediática que su singular circunstancia ha despertado en quienes la habían despreciado, y sin que por ello deje de ser mientras tanto y posteriormente, perfectamente anónima, merece una reflexión.

He tenido esta revelación, que juzgo inquietante, con ocasión del colapso de un edificio que parece había sido previamente declarado ruinoso, en Daca, capital de Bangladesh, Según los últimos «datos» (o lo que sea), han muerto más de mil personas, que trabajaban allí, y se dan por desaparecidos (eufemismo perverso) no se sabe cuántos.

Es obvio imaginar que la vida de los que se afanaban en esas irregulares encomiendas textiles, surgidas para servicio de los mercados occidentales, afanosos en mantener su bienestar a costa de lo que sea, y en absoluto inocentes en su consentimiento para que se continúen, con cambios semánticos, las viejas formas de explotación colonial, no valía nada. Para los que se beneficiaban de la situación esos operarios cuya existencia se valoraba en un euro diario eran solo un número, un pescador en barcas sin pescador, recordando la obra de teatro de Alejandro Casona.

Pero he aquí que, diecisiete días después del desastre, mientras se procedía al desescombro de la mole de hormigón, hierros y restos de cuerpos ya corruptos, se oyó la débil voz de una mujer, manifestando su existencia, su derecho a vivir, de la manera más simple y emotiva que pueda imaginarse. «Estoy aquí».

En ese momento, esa vida se convierte en un símbolo, y pasa a tener un valor incalculable. No para esa persona, no; ella volverá, sin duda, a su existencia anodina, anónima. Adquiere inmenso valor para los millones de espectadores occidentales que oueden mostrarse aliviados, redimidos, pensando que ese milagro mediático es fruto de la tecnología, y se agarran a esa salvación de una vida (casual, y aún más, producto de un accidente evitable), como signo de su expiación y vía de catarsis.

He podido incluso escuchar a uno de los responsables de la demolición (antes fue rescate, porque se pudieron extraer, vivos, cientos de sepultados, en los primeros días de la movilización), que «una sola vida justifica todos los esfuerzos que estamos haciendo«.

Tiempo de meditar, ¿no? ¿En qué momento empezamos a contar el valor incalculable de una vida? ¿Después de un accidente que despertó gran atención mediática, cuando la casualidad la salva de quedar sepultada?

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad Etiquetado como: Daca. Bangladesh, justificación, rescate, salvada, valor, vida

El pacto más urgente: La Ley antiocurrencias

10 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La palabra «ocurrencia» ha cobrado fuerza descalificadora en el reducido acervo verbal de nuestros (más bien, suyos) representantes políticos. En realidad, yo no le veo su carga negativa, pues de ideas inesperadas y repentinas, convertidas unas pocas veces en geniales, se han jalonado buena parte de los avances tecnológicos de nuestra especie, especialmente en lo que atañe a la subvariedad mediterránea, propicia al improntus más que al método.

Sin embargo, opino que, siendo útiles para experimentar con gaseosa, cuando se trata de ordenar la vida colectiva, las ocurrencias deberían estar proscritas. El buen orden sociológico exigiría que los que gobiernan no pensaran tanto en poner su nombre en las paginitas de la historia tal como les gustaría que se contara. En vez de convertirse, a la primera oportunidad, en padres adoptivos de medidas que supondrán supuestamente «cambios definitivos» de cualquier asunto, sacandode leyes de su chistera como magos en fiesta infantil de cumpleaños, deberían admitir que para modificar un rumbo solo haría falta ser piloto (o que te confíen el timón un ratito), pero para poder llegar a buen puerto, hay que apoyarse en los cartógrafos.

La prudencia y el ejemplo de los que van más prósperos, debía servir de modelo para admitir que las mejores reformas -las más duraderas- son las que se han hecho a poquitos, avanzando sobre lo sustancial de lo ya andado. Así, , para que, pian pianito, se llega a tener una estructura de normas, leyes, costumbres y convenios que está asimilada por funcionarios, agentes sociales y público en general, convirtiéndose en referencia y orgullo, y ofreciendo eso que se suele llamar seguridad jurídica, que, para los legos, se traduce en que no te cambien el compás, y si el concurso de baile iba de tangos, no te digan que el premio será para los que mejor dancen estilo reguetón.

Un pacto antiocurrencias nos vendría de perillas, y hasta debería elevarse a rango constitucional. Se atajarían así los ardores renbovadores de cualquier ministruelo que pretenda, sin debate, o a despecho de la opinión expresada por los que saben más de qué va la cosa, modificar leyes de educación, de prestación de servicios, de suspensión de gestaciones, mejora de la sanidad pública, seguridad en la ejecución de obras, protección ambiental y de costas, creación de empresas, etc.

No va a ser así, expreso, desde mi pesimismo de experto. En lugar de acomodarnos nosotros a la realidad, por pequeño que sea el trozo que nos toque, queremos cambiarla, para acomodarla a nosotros. Cualquier jefecillo dedicará sus primeros esfuerzos en el cargo, no a saber lo que es urgente o lo que el anterior dejó pendiene, sino a hacerse pintar las paredes del despacho, comprar otros muebles (y tirar los que había), poner sus cuadros, y si tiene presupuesto (aunque la empresa o el servicio esté en la ruina), tirará tabiques y se pondrá un wáter con hygolet.

Las ocurrencias las pagamos muy caro, y no sirven más que para alentar las del siguiente, produciendo una cadena de despilfarros y fraudes. Dejemos, por una vez, al menos mientras dure la penuria, sin cambiar de sitio la cocina, la habitación principal donde está y resistamos a convertir la despensa en aseo de servicio. Vivamos en lo que tenemos y dediquemos todo el tiempo que se pueda a animar a los que saben y pueden, no en calentar los ánimos de los que solo hemos pedido que nos dejen trabajar en paz, sin zancadillas, trampas ni empujones.

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El bidé es inocente

9 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Estaba leyendo algo sobre las ventajas del bidé frente al papel higiénico para conseguir una limpieza más integral y económica después de ese acto natural por el que se expelen (a veces, no sin dolor) los desechos de la máquina térmica que llevamos integrada en el yo, cuando tuve una revelación de esas que podrían llamarse…escatológicas.

Ahorrando detalles que pueden resultar molestos a espíritus finos, y restringiéndonos a la función que he glosado en el primer párrafo de este comentario, papel higiénico y bidé ofrecen la solución al mismo problema.

Uno de ellos (el bidé) precisa de una inversión inicial (que puede llegar, incluída la conexión a la red de agua y saneamiento a los 300-400 euros, aunque se pueden encontrar de plástico portátiles, muy monos, por poco más de 10 euros), y el acceso al agua limpia, al menos de unos 20-30 litros/día, es decir, 9-10 m3/año, que cabe multplicar por 4 para una familia tipo ; calculando a 1 euro el m3, y una amortización del bidé (no gastaría más de 60 euros) a 10 años, se puede pensar en un gasto por unidad familiar del orden de los 40-50 euros/año.

La otra opción (el papel higiénico, ya que descartaremos, por encontrarnos en un análisis académico, la hoja de periódico, la de parra y el empleo estrafalario eventual de billetes de banco), no precisa inversión inicial y su uso cuantitativo específico depende de la meticulosidad (dicho sin segundas) del usario. Un precio aceptable por rollito es el de 0,25 euros, no siendo desproporcionado adivinar que la familia tipo no dejará de desembolsar anualmente los 40-50 euros.

He hecho el peinado y afinado de estos modestos cálculos a propósito para que las cantidades en unidades monetarias resultantes sean iguales. La elección, si se restringe el debate a términos económicos será simplemente cuestión de gustos.

Ah, pero si se atiende a los resultades, no hay como el bidé. Es algo que cualquiera sabe, sin necesidad de demostración. Es más, es lo que hacemos para limpiarnos las manos: usamos el agua, no el papel.

Estaba dándole vueltas a la aplicación práctica de estas aparentemente anodidas reflexiones, cuando comprendí el mensaje interior, como en una parábola: el objetivo (limpiarse el culo) es equivalente a la necesidad de desarrollar la economía; el papel higiénico es la opción neoliberal para cubrir ese objetivo (depender de un fabricante y crear antes la necesidad, adornándola de fragancias y texturas).

No, no el bidé no es la opción socialdemocráta, es, simplemente, la mejor, desde el punto de vista de comodidad, sanidad, eficacia y respeto ambiental. Es, sin duda alguna la que decidiría quien, con toda la información y dsponiendo de libertad, atendiera únicamente al objetivo sin dejarse emponzoñar por la publicidad o la costumbre.

El bidé, concluyo, es inocente; es solo una opción un instrumento, aunque, objetivamente, no tiene parangón. Muchos la desprecian, aún teniéndola enfrente, disponible: una inversión realizada inútil. Otros se sientan a su lado, y se lavan en él solo los pies, un uso ineficiente. Hay quien sigue creyendo, porque es lo que lo que dijeron de niño, que es para asuntos de mujeres y que se encuentra como mobiliario fijo en las habitaciones de alquiler por horas, un perjuicio malsano.

(Por cierto: producto de fabricación nacional, muy estimado entre los PIGS, y, por ende, despreciado en Alemania, en donde creo que incluso utilizan el papel de fumar -Frau Merkel me perdone, bitte um Entshuldigung- para cogérnoslas.)

Publicado en: Internacional, Medicina, Sociedad Etiquetado como: ahorro, bidé, instrumento, meublé, papel de fumar, papel higiénico, rentabilidad

Por las rutas de las profesiones

8 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

Hoy quiero referirme, nuevamente, al panorama de desorientación en el que está inmerso el mundo de las profesiones, al que amenaza, además, en lo que respecta a la ingeniería, una inminente Ley de Servicios Profesionales que pretende convertir en norma el capricho mental de un aprendiz de legislador, sin la menor idea de lo que es la ingeniería, que estipula como dogma de fe que los ingenieros pueden dedicarse, independientemente de su formación académica, a diseñar y construir cualquier artilugio -desde un barco de guerra a un túnel bajo el estrecho de Gibraltar-, siempre que respondan de la osadía con los polvos mágicos de su deontología ante el cliente y estén cubiertos, a su voluntad, por un segurcito de responsabilidad civil por si vienen mal dadas y un tsunami les echa a perder el involuto tecnológico.

Comprendo que un país al que le salen a borbotones las cifras de parados por los agujeros abiertos en su economía por los cuchillos de la improvisación y la insolidaridad y que los falsos fontaneros alemanes han pretendido restañar a golpes, no está de ánimo para oir de estas minucias, que parecen ayes corporativos y lamentos de tipos de corbata ansiosos por mantener sus prebendas históricas.

Aún menos, si hay temas que resultan más enjundiosos para animar una conversación con cafelito, como es el estar advertido de que los tesoreros del partido de Gobierno se ocupaban, no solo de recaudar dinero de los beneficiados por las adjudicaciones públicas, sino de repartirlo en sobresueldos entre los compas y, con el sobrante, hacer un capitalillo personal con el preparar el disfrute de una jubilación bien merecida. ¿Por qué no pensar que los ingenieros, como los políticos, son gentes que sirven para cualquier cosa, desde cambiar un plan de ordenación urbana para recalificar los terrenos de la abuela hasta decidir que un aeropuerto pueda servir como pista de prueba de coches de carreras?

Bien es cierto que, con la que están cayendo, hay mucho que hacer, aunque solo se emplee el tiempo en decidir qué hacer primero. Pero podrían sus señorías dedicar algún momento en las largas sesiones de los Congresos a analizar las razones por las que los jóvenes de nuestras flamantes camadas universitarias no encuentran aquí empleo y están dispuestos a irse a Alemania (o a donde sea) para no deprimirse aún más al ver que se van haciendo muy mayores; y todo ello, en lugar de aplaudir a los ministros del Estado del mismo signo cuando rivalizan en repetir las tonterías con esa sonrisa bufa que se les pone, de bachilleres que han calculado mal el número de copas que bebieron en la fiesta de fin de curso.

Sería igualmente de agradecer que, en el debate de ideas que permanentemente dice tener convocado la oposición (y coloco a todos en el mismo saco, a sabiendas), en vez de traslucir ocurrencias de parvulario en forma de programas alternativos que confirman la extensión homogénea de las incapacidades entre las ideologías, se analizaran las razones por las que conviene desmantelar, y de inmediato, este aparato monstruoso que come por un lado de la autonomía universitaria y por otro de la libertad de cátedra y que mantiene decenas de cabezas y cabezudos y es sustentadora de miles de rabiles hacedores de titulaciones y especialidades que en su mayoría carecen de aplicación en el mercado del trabajo.

Pues bien: en lugar de ir al fondo del asunto, alguien con negro sentido del humor ha decidido que lo adecuado es juntar las ramas del árbol del caos, atándolas por arriba, haciendo un ramillete con ellas, cubriéndolo todo con celofán y adornándolo de cintitas y bolas de colores, sin escuchar a los que le gritan que no, que no es así, ni es eso, y que el árbol de las profesiones también está enfermo y hay que atender a las raíces, pero para darle fuerza, no para quitársela convirtiéndolo en un objeto muerto más en el salón de los despropósitos.

Publicado en: Ingeniería, Universidad

Planificar en retirada

7 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

La intervención del secretario de Estado de la Energía del Gobierno de España, Alfredo Nadal Belda, con ocasión de la celebración del X Aniversario de la existencia de la cátedra Rafael Mariño en la Universidad de los electro-curas (Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 7 de mayo 2013) ha sido expcepcionalmente clarificadoora.

Pocas veces un político ha expresado con tanta claridad su filosofía respecto a la Planificación energética y, coherentemente con ella, lo que pretende hacer. Y, por ello, no resisto la tentación de trasladarla en sus elementos básicos:

-El déficit de tarifa debe ser eliminado, repartiendo equitativamente el resto antes de 2015. La solución coyuntural de cubrir parte del mismo, con cargo a los Presupestos del Estado, como se hizo en 2012 (4.000 Mill de €) no se repetirá.

-No habrá planificación energética desde el Estado, sino un marco regulatorio revisable, y se debería hacer su revisión tantas veces como sea necesario. Han de ser los agentes de mercado (las empresas privadas, en particular, y sus opciones de competitividad), las que decidan las posturas a tomar. El error del pasado es haber considerado al Gobierno omnisciente y con capacidad para prever el futuro a medio-largo plazo, lo que llevó a errores sustanciales (en el apoyo a la energía nuclear, a los ciclos combinados o a las energías renovables), equivocándose, en especial, por haber tomado decisiones demasiado tempranas o demasiado tardías. No hay planificacón posible de la política energética, sino necesidad de flexibilizar las políticas, generando un marco de referencia cómodo para los agentes, sin interferencias sustanciales.

Como ingeniero de minas, y al margen del juicio que me merece la posición de Nadal, yo llamaría a esta postura técnico-económica «explotación en retirada», abandonando a su suerte los macizos del sector energético para que sostengan la estructura geológica de su competitividad, mientras le sacamos socioeconómica rendimiento, ya que no volveremos a pasar por allí.

No hubo debate posterior, y por eso el Secretario se marchó «de rositas», salvo el par de banderillas a la porta gayola que le encasquetó César Dopazo (Unizar), al que correspondía hablar, en principio, sobre «La nueva generación a partir de los combustibles fósiles». «Hay que entender de las cosas para hablar de ellas», afirmó tajante, levantando algunas risas nerviosas entre el respetable.

No creo que el no tener idea de lo que se ha cocido en el sector sea una objeción que quepa hacer a Nadal. Salvo algunos pequeños errores en las cifras -muy disculpables, pues habló de memoria- reflejó un conocimiento serio de la situación.

Tenemos un inmenso exceso en términos de centro de producción energética, hemos financiado -sin recursos- la incorporación de nuevas fuentes «verdes» que no necesitábamos, y, sobre todo, que no podíamos pagar, abonandoo precios hasta nueve veces superiores a la tarifa, impulsamos la inversión en centros de producción redundantes, que no hemos permitido rentabilizar, con base en una previsión de incremento de consumo que no habría de cumplirse (caso sangrante, el de las centrales de ciclo combinado, que solo alcanzan un 15-20% del tiempo de operación) y no nos hemos preocupado de llevar a los usarios las consecuencias de estas alegrías, enmascarando la competitivad no ya del sector, sino de bastantes sectores industriales, que se beneficiaron de esa situación.

Esto es lo que hay. Las intervenciones del resto de los ponentes me parecieron, incidir en lo que, más o menos ya sabemos los que nos tenemos que ver con el sector: cada uno defiende lo suyo. Pero alguna vez alguien tiene que colocarse por encima del guirigay de intereses y, hacer lo que corresponde a un buen administrador: decir lo que hay y exponer las decisiones que corresponde tomar. Aunque nos duela.

Lo que no implica, desde luego, hacer oídos sordos a lo que los demás propongan, pero atendiendo a algo que no se puede estirar: los recursos conocidos, los medios disponibles, y sin abandonar la defensa de los intereses mayoritarios. Sin fantasías.

Publicado en: Derecho, Economía, Empresa Etiquetado como: Alberto Nadal, cátedra Rafael Mariño, Comillas, desfase, secretario de estado energá, tarifa eléctrica

Tecnopatanes

6 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

No me extrañaría que aún existiera algún patán ilustrado que, a pesar de lo que nos ha sucedido, siga pensando que «la tecnología siempre acude», y que lo importante es saber jugar con la maquinita esa del dinero, dándole más rápido al rabil del papel o, según el humor, reduciendo los cromos en circulación.

Debo admitir que, a diferencia de la mayoría de los que nos dan consejos, no tengo el culo pelado por razón de curarme las almorranas contra el asiento de ninguna prebenda, sino que tengo el currículum apalancado por haber recorrido medio mundo, y no precisamente de vacaciones ni por el gusto de volver con un título en inglés bajo el brazo. Y aunque tampoco ando escaso de plumas académicas, no me identifico con los pájaros que las llevan como signo de ostentación, sino como servidumbre permanente dimanada de un privilegio.

Tengo máximo respeto por la tecnología y por los que saben bien lo que se cuece en ella. Esto me conduce a recelar de los generalistas que nos quieren convencer con su labia comercial de las bondades de un aparato que no saben, en realidad, cómo funciona, como de los especialistas laureados que se han quemado las pestañas desde su primer trabajo como becarios hasta ver sus barbas encanecidas analizando la histéresis de los materiales cerámicos (cuando no hablan de lo suyo).

Necesitaríamos, para revisar este país con seriedad, saber mucho más de tecnología, y escuchar, con suma atención, a los técnicos que saben hacer alguna cosa muy bien y, por ello, pueden valorar si nos encontramos en ese campo entre los mejores del mundo o solo formamos parte de un montón o pelotón de seguidores.

Porque, con un simple análisis superficial comparativo entre lo que importamos y exportamos los españoles y, por ejemplo, los alemanes, queda al descubierto la diferencia entre saber dar valor añadido a un semiproducto, incluso ya de naturaleza muy acabada, para convertirlos en un Mercedes, un Audi o un BMW, o estar concentrados en competir en precio -pongo por caso- con las naranjas marroquíes, que, al fin y al cabo, para lo que sirven, es, como las nuestras, para hacer zumillos y tienen por consecuencia perniciosa pelearse por la poca agua del desierto.

No, no hace falta que me arrollen los optimistas crónicos: el ejemplo del automóvil y el de las naranjas son solo por concretar un poco: tengo miles muy parecidos. Lo importante, en mi opinión, es situar en cada proceso el lugar de la tecnología que poseemos y, por ello, saber si estamos utilizando la punta, el medio o solamente el rabo.

Publicado en: Economía, Empresa, Ingeniería, Sociedad Etiquetado como: académica, Audi, BMW, competitividad, especialista, exportción, generalista, importación, Mercedes, naranjas, plma, recelo, semiproducto, servidumbre, tecnología, tecnopatanes

Opciones de metamorfosis o síntomas de podredumbre

5 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

El estado de bienestar, si alguna vez existió en terrenos diferentes de la metáfora, se ha volatilizado, bombardeado tanto desde la cúpula como desde la base. La idea era bonita en el papel, pero no se contaba con su incompatibilidad afectiva con la economía de libre mercado y, mucho menos, con la ausencia perniciosa de solidaridad que empaña la credibilidad de los socio-demócratas.

Todavía hay quienes se acercan a la vitrina donde se le exhibe, envuelto en gasas y algodones que pretenden ocultar el alcance de sus profundas heridas, y se dejan convencer de que el gigante deforme está, en realidad, sufriendo una metamorofosis, y que saldrá de su crisálida, convertido en un producto sostenible.

El equipo de expertos que se encarga de cambiarle los pañales y mantiene sus constantes vitales a base de continuas transfusiones de pasta, ha reconocido en declaraciones off the record, que la podredumbre de los tejidos es insoportable y que el estado de bienestar, tan pronto se le desconecten de los aparatos y subterfugios que lo conservan vivo, se convertirá en un cadáver más, un fracaso de la sociedad bienpensante.

No tengo dudas de que la culpa de esa derrota épica la tienen los socialistas, y, afinando más, los socialdemócratas, porque son los que se han tirado del carro que dejaron conducir a ecolojetas, ácratas, e izquierdosos; y, por si consigo atajar alguna mano antes de que llegue, escandalizada, a la cabeza, precisaré que no me refiero a los idearios, sino a la forma torpe, mentirosa, de ponerlos en práctica, sin valorar lo que hace falta para ir de excursiçon, además de contar con que haga buen tiempo.

Si el problema estuviera solo en votos, el castigo está siendo aplicado. Como resultado del mensaje confuso, al tambalearse el tenderete económico, los votantes de los partidos socalistas, cuando no se refugiaron en la apatía, se han desparramado, en estampida formal, tanto hacia la izquierda como hacia la derecha, abominando de una práctica que está contagiada de los mismos errores que el capitalismo neoliberal -contemporizar con los más ricos y atosigar a las clases medias-, y, aún más grave, porque afecta a la ética y a la credibilidad, emponzoñada por las garras de la corrupción que ha contaminado la sala en donde bullen sus dirigentes.

Si hay solución al despropósito, debiera de encontrarse en recuperar los objetivos centrales de lo que hemos venido llamando progreso y en sus ejes de desarrollo: recursos (humanos, financieros, naturales), tecnología (investigación, saber hacer, educaciación, eficiencia), y leal y solidaria distribución de los resultados.

Desde mi observatorio desengañado, diagnostico que los partidos llamados de izquierda ponen demasiado énfasis en la distribución de los resultados, en tanto que los partidos que se abrigan en la derecha, se centran, sobre todo, en los recursos. Se que es una simplificación, pero no escribo para discutir entre expertos, sino para compadecerme con inocentes.

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: distribución, estado de bienestar, inviabilidad, recursos, resultados, socialdemocracia, tecnología

Recursos

4 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Aprovechar los recursos que se tienen no es un consejo, sino una obviedad. Utilizarlos bien supone no despilfarrarlos, y administrar su empleo implica situar los que no se necesiten en este momento, invirtiéndolos en proyectos de futuro.

Especialmente, si por cualquier razón el panorama está habitado por las vacas flacas, los recursos disponibles no van a servir si los enterramos en el jardín, o dejamos que se vayan a Alemania. Porque no se hizo la luz para ponerla bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre toda la casa.

Es España tierra de pocos recursos minerales, y la mayoría de los que tenemos detectados, nos aparecen de forma dispersa, o han sido sobreexplotados.

El hierro y el carbón nos han dado más quebraderos de cabeza que impulsos al desarrollo, y siguen excavando, sobre todo el segundo, en nuestras preocupaciones colectivas, aunque ambos han propiciado algunas de las fortunas más fulgurantes de este país y de algún otro. Vivimos de cuando en cuando el fulgor de la recuperación del fuego de la franja pirítica, o de los yacimientos auríferos de la zona belmontina asturiana, o del gas natural, libre o enquistado, aunque todo lo que se diga en los papeles, hay que probarlo, lo que no siempre se deja.

Tenemos, en fin, piedras con valor ornamental, que han embellecido, sobre todo, casas centroeuropeas, y dejado algunas huellas difíciles de ocultar en paisajes muy hermosos, resultado visible que me gustaría atribuir, sin asomo de duda, solo a canteras piratas, como consuelo pírrico profesional.

Hay otros recursos mucho más importantes, en mi opinión, que no solo son renovables, sino que se pueden potenciar. Son los de los cerebros nacionales, a los que no solo hay que estimular, sino saber emplear allí donde puedan rendir mejor.

Y en eso, nuestra sociedad fracasa estrepitosamente. Ni aprovechamos la formación que hemos dado a los más jóvenes, ni sabemos seleccionar a los más diestros, ni estimulamos a los más creativos, ni apoyamos a los mejores, ni utilizamos la experiencia de los mayores, ni acertamos a juzgar sin filtros machistas la capacidad de las mujeres, ni premiamos a los más rentables. Ni siquiera somos capaces de apoyar a los que son apartados por haber destacado en la defensa de lo nuestro, admitiendo que el díscolo merece su castigo, y aplaudiendo al verdugo.

En el caso de los escasos recursos naturales, hay movimientos ecologistas -supongo que siempre bien intencionados, pero pocas veces bien informados de los problemas reales que tenemos que solventar- actúan de controladores de la hipotética avidez del capital, eterno fagocitador de paisajes. Puedo entender sus razones, aunque discuta de sus oportunidades.

En el caso de los recursos humanos, atribuyo la persistente incuria de nuestra sociedad a las fuerzas del mal. Como no creo en los demonios, y he visto cómo se las gastan, teniendo que sufrir en mis propias carnes algunas dentelladas, he puesto nombres y apellidos a muchos causantes de este despilfarro. No actúan por móviles ecológicos, quiá, sino como auténtica plaga depredadora de cualquier alternativa que amenace su injustificable posición dominante.

Publicado en: Economía, Sanidad Etiquetado como: actuaciones, aprovechamiento, despilfarro, economía, recursos, rentabiilidad

Ilusionar desde las trincheras o desde los despachos

3 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Deben quedar ya pocos intelectuales de despacho, de esos que han pasado su vida entre papeles escritos por otros y traduciéndolos a sus lenguajes peculiares para poner sobre el producto del plagio su nombre y su rimbombante titulatio, que no nos hayan ilustrado sobre «lo que hay que hacer» para salir de la crisis.

Tenemos, gracias a esa febril actividad que no sé quién les ha demandado, multitud de recetas para que «quien corresponda», pueda elegir como le plazca, justificando así desde que está haciendo lo que hay que hacer, o que no queda otra, o que no hay que hacer nada que despierte al monstruo de las galletas, es decir, el tipo desalmado que da las bofetadas a los que mean fuera del tiesto.

No se oyen, en cambio, voces de los que están en las trincheras, y no porque no griten, sino porque no se les da cancha.

En las trincheras no están, aunque pretendan con sus aparatosos trajes de camuflaje que vienen de allí, quienes se sientan a la cabeza de Consejos de Administración que miran las cuentas de resultados agrupadas por miles (siendo la unidad representada en la columna, los millones), y se autoconceden bonus de escándalo general porque, al parecer, están dedicados día y noche a aportar valor a sus accionistas, búsqueda que admitimos puede ser ingrata porque siempre nos enseñaron que el dinero era miedoso, pero que no tiene por qué costarnos a los demás el menor quebradero de cabeza: una democracia sana no paga ni a corruptores ni a corruptos.

De las trincheras no vienen, tampoco -y siento más pudor cuando esto escribo-, los prebostes sindicalistas que, alardeando de estrategas, preparan una huelga general con la idea obsesiva de que el despido libre es pernicioso o repiten el estribillo del izquierdismo infantil de que el pérfido capital engaña sistemáticamente a los probos trabajadores, porque hace tiempo que han dejado de contrastar, desde sus regaladas posiciones, sus limpérrimas extremidades de liberados -solo eventualmente empañadas con extrasueldos y prebendas-, con las manos llenas de grasa de los que tienen que pelearse con una máquina de la que no se ven salir piezas mecanizadas, sino, con algo de imaginación, bocadillos para los hijos.

De las trincheras, a decir verdad, vuelven pocos, porque no tienen tiempo para dar mensajes y allá van pocos periodistas sin fronteras ni bozales en la boca, porque, como no les pagan el pato, no les trae cuenta la faena.

Los que combaten en los frentes de la economía real, no pocas veces en tricheras desconectadas de los otros, sin consignas, ni estrategias globales, mandos ni zarandajas, están solamente empeñados en sacar adelante su proyecto -uno solo, sí, que ya les basta-, al que han entregado sus pocos dineros y su esfuerzo total, y concentran su mensaje de ilusión en los que tienen más cerca, a los empleados cuya nómina han tenido no pocas veces que adelantar de su propio bolsillo, desgalitándose porque no les pagan los que deben, no deben los que quieren, no quieren los que pueden.

Cuando los que dicen lo que habría que hacer, sin otra experiencia que la de haber leído mucho de lo que escribieron otros como ellos, comprendan que para ilusionar hay que andar entre trincheras, y dejen el sitio a que esos exploradores de la realidad nos cuenten lo que pasa en la batalla por la supervivencia y nos propongan sus soluciones concretas, y las incorporemos de inmediato a las medidas a tomar, no nos preocupará resolver el dilema gordiano de si es mejor apoyar lo privado o lo público, exportar más o impulsar el consumo interno, reducir la deuda o invertir en completar infraestructuras, conservar la estructura industrial o moverse más hacia los servicios…

Crearemos solidaridad, que vaya si la necesitamos, y que crece, ntural y salvaje, entre los que viven la historia en directo. No consejos de quienes tenen secos los calzones.

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Abusones

2 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Missbraucher, eso es lo que son. Abusadores de una posición dominante. Habíamos admitido, sin rechistar, que eran los mejores y más rápidos en recuperarse de dos guerras mundiales (haciendo abstracción de que ellos mismos las habían puesto en marcha), admirábamos su capacidad para inventar artefactos letalmente destructivos (que luego los norteamericanos sabían convertír en máquinas generadoras de dólares para sus guerras -generalmente, pacíficas-); estábamos emocionados con su destreza para poner orden en la filosofía, el derecho, la técnica y hasta la religión católica, en enciclopedias que costaba mucho traducir y que siempre nos fue imposible entender (no nos importaba que nos estuvieran utilizando como putzfrauen o gastarbeiter para que tuvieran tiempo en el que ejercer su incuestionable superior creatividad, resultado de la combinación feliz de la raza aria y el tinte de pelo, la comida porcina y los quesos y cerebros holandeses y suizos).

Estábamos convencidos de que nuestro servilismo algo baboso, nuestra admiración rendida oficialmente sin luchar, nos reservaría algún lugar de preferencia desde el que recoger las migajas de la mesa en donde se estaban comiendo, como siempre han hecho los señores, junto a sus amigotes, los frutos principales del huerto colectivo.

Al menos, nos creíamos que nos estaban dejando el hueco de ser los campeones del mundo, los mejores indiscutibles en ese juego de pelota que inventaron, según se murmura,  los sodomitas ingleses para tener alguna excusa para tocarse las piernas y darse abrazos fuera de las saunas.

Estábamos orgullosos de tener los dos mejores equipos del Universo, uno por cada capital de las dos principales nacionalidades que coexisten en la tierra que los astures conquistaron a los moros (los tatarabuelos de los que volvieron, unos siglos más tarde, a ayudar a la reimplantación de la servil devoción hispano a lo germánico).

Pues el sueño quedó roto el 1 de mayo de 2013, mientras unos cuantos nostálgicos de los horteras uniformes goyescos se preparaban para recordar una fecha en la que les hicimos no se qué diabluras a los franceses (o más bien, nos las hicieron ellos a nosotros).

El Bayern de Munich le colocó 7 goles (3+4) a nuestro equipo mejor en la Liga del BBVA, el Barça, y lo trituró como quien saca aceite de una avellana. No hacía falta completar la ecuación, pero un día antes el Borusia de Dortmund (que es como decir el Avilés C.F.) demostró su capacidad de resistencia frente al Real Madrid, al que había colocado suficientes banderillas en el lomo cuando lo tuvo enfrente por primera vez entre los suyos.

Missbraucher, abusones. No hacía falta dejarnos en la estacada sin esta ilusión infantil por la que nos habíamos hecho a la idea de que técnica y organizativamente éramos un desastre en el mundo real, pero en el jueguecito del balón éramos imbatibles.

Ahora todo el mundo sabe que sois los mejores en todo, y que lo nuestro era la fantasía del lisiado. Como el perro al que el amo le da una patada en el trasero, nos preguntarmos, en la esquina de las lamentaciones,  qué habremos hecho mal. ¡Si no estamos haciendo nada más que lo que nos mandáis!.

(P.S. ¡Oh, fuerzas del mal! ¿Era necesario obligar a nuestro Rey, enfermo y agotado como está, a sentarse al lado del presidente del Borussia, para trasladarle, dicen algunos, en propia mano, la factura de no sé qué falsa princesa despechada? ¿No podíais habérsela enviado por email, como otras veces?)

Publicado en: Deporte, Europa Etiquetado como: abusones, Bayern, Borussia, derrota, Dortmund, fútbo, gastarbeiter, missbraucher, putzfrau, servilismo

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