La canciller alemana Angela Merkel, anfitriona en Berlín de un circunstancialmente crecido Primer Ministro español -Mariano unter uns-, expresó su voluntad de ayudar al país amigo, envuelto en dificultades de tanta diversidad que podríamos calificar de «esféricas» -globale Schwierigkeiten-, con unas cariñosas palabras.
Sonó algo así: «Animamos a nuestras empresas alemanas en España a que contraten españoles y a nuestras empresas en Alemania a que se fijen en los técnicos cualificados españoles, especialmente, los jóvenes, cuando piensen en ampliar sus plantillas«. (Rueda de prensa posterior a la cumbre hispano-alemana del 4 de febrero de 2013, Berlín).
El presidente Rajoy debía tener la cabeza ocupada con la repetición mental de las expresiones tajantes con las que estaba decidido a reconocer, por fin, que no había tenido conocimiento de contabilidad paralela en su partido, que toda la información publicada por los periódicos controlados por la oposición política era una invención malintencionada, y que las siglas LB no correspondían a Luis Bárcenas, ex- tesorero del PP durante más de una década, ni tampoco a Lehman Brothers, sino a Lysoghenia Broth, el caldo de cultivo utilizado en los laboratorios para el crecimiento de las bacterias, con las que los envidiosos del buen hacer de su gobierno estaban contaminando la economía.
Si el presidente-primer ministro español hubiera tenido la cabeza despejada, hubiera rechazado con una sonrisa la ridícula oferta de cooperación, y, con sus más cuidadas palabras, hubiera expresado esta idea:
«Guárdese su ayuda, Sra. Merkel. Wir brauchen nicht so fortzuleben, wie wir gestern gelebt haben. Macht uns nur von dieser Anschauung los, und tausend Möglichkeiten laden uns zu neuem Leben ein.»
El prejuicio hispano es el inmovilismo. Pasamos más tiempo discutiendo lo mal que lo hemos hecho que lo que tenemos que hacer. Con o sin Alemania.
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(1) El título del Comentario es: «Apoyo alemán» y la frase con la que termino, tomada de C. Morgenstern, refleja lo siguiente: «No necesitamos seguir viviendo como hemos vivido hasta ayer. Liberémonos» (en el original, se dice, «libéranos») «de este prejuicio, y miles de posibilidades nos invitarán a una nueva vida».

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