Al socaire

Blog personal de Angel Arias. La mayor parte de los contenidos son copy@left, aunque los dibujos, poemas y relatos tienen el copy@right del autor

  • Inicio
  • Sobre mí

Copyright © 2026

Usted está aquí: Inicio / Archivo de difusión

Sonetos desde el Hospital

20 septiembre, 2019 By amarias 2 comentarios

Ya tengo en mi poder los ejemplares de la edición Sonetos desde el Hospital. Me decidí a editar el libro yo mismo, recogiendo en él casi 130 sonetos y doce dibujos a todo color (incluido el de la portada, que reproduzco aquí, en una fotografía que realicé con el móvil y poca luz. Algunos de los sonetos ya fueron recogidos en este blog, pero la mayoría estaban inéditos. Recojo, a continuación, el primero de la recopilación, escrito cuando estaba aún convaleciente en el Hospital. Advierto, sin embargo, para quienes no agrade la temática hospitalaria, que pocos de los sonetos tienen que ver no con la enfermedad, sus cuidados o los estados de ánimo que provoca encontrarse más o menos delicado de salud.

A solas, desnudo y harto dolorido,
veo pasar el tiempo como un lujo
y si rompe el silencio algún sonido,
no aportará a la noche paz o embrujo.

Conteniendo ayes, mi magín estrujo
para escribir dos líneas con sentido
y tantas son las ganas con que empujo
el deseo de verme, aun yendo herido,

liberado de este cuarto de hospital
donde hago de paciente el cometido
que, sin reparar que me siente bien o mal,

por volver a mi sitio preferido,
soy capaz de ocultar que estoy fatal
y copiar de alguien sano el parecido.

El libro se vende a 10 euros, y por cada ejemplar vendido donaré 5 euros a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Como la edición consta de 1.000 ejemplares, si los vendiera todos, como espero, al final de este año o principios del siguiente haré la entrega de un cheque por la cantidad de 5.000 euros a la indicada Asociación.

Espero poder organizar una pasarela de pago para aquellos que quieran adquirirlo con entrega en su domicilio. De momento, puedo enviarlos contra reembolso o, si coincidimos en alguno de los recitales que estoy preparando, haceros la entrega directamente y así podré dedicároslo si lo deseáis.

Gracias por la difusión.

Publicado en: Personal, Poesía Etiquetado como: AECC, angel arias, angel manuel arias, difusión, donación, recital, sonetos, Sonetos desde el Hospital

Cuento de invierno: El cuentista

17 febrero, 2014 By amarias Deja un comentario

El cuentista se puso a reflexionar, como solía hacer con frecuencia -puntualicemos: no con «cierta» frecuencia, sino con mucha, alta y hasta desmesurada frecuencia, pues era persona de natural reflexivo, lo que, por otra parte, tratándose de un contador de cuentos no tiene porqué parecer extraordinario, sino, más bien, encajable en el grado medio con que se dedican a la reflexión los cuentistas que ni fu ni fa.

En aquella ocasión, la causa desencadenante había sido la recepción de un mensaje extraordinario -esto es, sin aviso previo ni antecedente o señal premonitoria por parte de su emisor, aunque no por ello habría de ser juzgado de insólito o impertinente- de una persona a la que el cuentista apreciaba personalmente.

El contenido esencial del mensaje era éste: «No merece la pena que malgastes tu tiempo, pues es evidente que lo que escribes no tiene ningún interés, ya que prácticamente nadie te lee».

Debe completarse la valoración del mensaje antedicho con una precisión: el emisor del mismo pertenecía al inmenso grupo de los que jamás habían leído nada de lo escrito por el cuentista.

Por demoledor que le pareciera el consejo, el cuentista no podía pasar por alto que no constituía óbice, cortapisa o dificultad para que entendiera que la concluyente afirmación que contenía, partía de una premisa mayor o principal correcta. Prácticamente nadie leía lo que, con tenacidad y recalcitrancia, escribía, casi todos los días.

La conclusión, sin embargo (que figuraba situada en primer lugar de la frase que analizamos, a modo de tesis o deducción del silogismo) apelaba a una cuestión subjetiva -y que, por tanto, solo podría valorarse cabalmente en el ámbito personal de los móviles del propio cuentista-: no merece la pena que malgastes tu tiempo.

Se trataba, pues, de una concatenación causa-efecto, siendo la variable de entrada (input) el tiempo del cuentista, y el resultado de la función, cualquiera que fuera su formulación matemática o intuitiva, que «no merecía la pena», sin precisión de sujeto, elemento o fórmula de evaluación   aplicados, aunque podría deducirse que a quien no habría de merecerle la pena era al propio cuentista, que era quien ponía, al fin y al cabo, la carne en el asador, esto es, su tiempo.

Especialmente intrigante resultaba al cuentista la existencia de una segunda hipótesis (subsumible como premisa menor en el razonamiento lógico empleado por su interlocutor), y que se convertía en la protagonista principal del pretendido aserto. Era su objetividad la que le parecía que podría ser puesta en entredicho, siempre que fuera posible medir el interés de un escrito, alocución o mensaje, en relación con algún otro baremo distinto al número de lectores o seguidores que pudieran  contabilizarse en un momento dado.

El cuentista encontró en el asunto materia suficiente para reflexionar, al menos durante algunos minutos, en relación con los términos «interés objetivo» y «formas de despertar la atención acerca de lo que se escribe», en el supuesto, claro está, de que el «interés subjetivo» de escribir estuviera claro, lo que aparcó de momento, para no complicarse la vida.

De acuerdo con esta intención previa, cuya catalogación entendía que a él solo correspondía hacer,  recogió algunos ejemplos de éxito ajeno, tomados de la vida misma.

Ejemplo Primero: Es conocido que muchos -o todos- los partidos políticos que se presentan a unas elecciones, ya sean  o particulares, para conseguir llenar los locales en donde sus representantes más cualificados -los que pretenden vivir de ese cuento, en suma- exponen sus ideas o programas (en el supuesto de que los tuvieran), apelan a incluir, como atractivo, o acicate, formando parte intrínseca del espectáculo, a cantantes o artistas de la farándula que, con su arte, adornan el momento, le dan publicidad y alegrarán al personal asistente, haciéndole pasar un buen rato.

El cuentista realizó algunas encuestas -limitadas, ya que no dispone de muchos medios- acerca del contenido que recordaban los asistentes a los que tuvo acceso, de aquellos mítines y reuniones multitudinarias.

Encontró que, con absoluta exactitud, los asistentes recordaban quién o quiénes habían aderezado el festival con sus representaciones folclóricas, pero no eran capaces de indicar en qué consistía ese programa político. Aún más, cuando se aventuraba el encuestado a elucubrar sobre el mismo,  lo que creía haber escuchado no coincidía en absoluto con lo que correspondía al programa del que se suponía había sido destinatario y objeto preferente del mítin, limitándose a expresar frases genéricas, que igual podían ser atribuibles al partido político A, a su opositor B, o al catecismo del Padre Astete.

Concluyó, entonces, el cuentista que -si bien podría aceptarse que el mítin o reunión analizados, habían tenido éxito de convocatoria, pues se había llenado el aforo- la capacidad del mismo para difundir un mensaje específico, distinto del hecho de pasarlo de forma más o menos divertida con el espectáculo- era objetivamente nula.

Ejemplo segundo.- Tomando como envidiable referencia la de aquellos competidores por la atención del deseable público que tenían éxito notabilísimo de audiencia o seguimiento -los llamados gurús de las ondas, que acostumbran a pontificar sobre todos los temas imaginables, recortando aquí, copiando allá, o elucubrando sobre la marcha hastacullá-, analizó dos cuestiones: a) el número y calidad de las adhesiones que suscitaban sus comentarios y b) el tiempo presuntamente  dedicado, a partir de las estadísticas disponibles- a leer esos mensajes.

Encontró que cualquier mensaje de los llamados gurús o conductores de opinión, en especial, los que se limitaban a indicar: «Feliz día» o «Os deseo que os vaya bien» obtenía cientos y hasta miles  de adhesiones inmediatas, concretadas en «Me gusta» o, más explícitamente: «Te deseo lo mismo».

En relación con mensajes más elaborados, cuya lectura, incluso rápida, hubiera consumido, al menos, de tres a cinco minutos, los registros evidenciaban que solo había merecido, salvo contadísimas excepciones atención durante un máximo de 3 segundos, supuesto, por lo demás, que los contadores fueran capaces de registrar tamaña precisión.

Concluyó, pues, que esos -en principio, tenidas por importantes y, por qué no, en algún caso, elaboradas elucubraciones de sus autores, cuya escritura podía haberles llevado un mínimo de entre veinte minutos a media hora- era consumido en menos tiempo que el que se emplea en sonarse la nariz o tirarse un p.

El cuentista, con este bagaje práctico, concluyó su análisis con esta determinación:

Haré lo que me parezca bien, sin importarme la trascendencia que consiga con mis elaboraciones. Al fin y al cabo, escribir cuentos me produce una satisfacción personal que no puedo conseguir de otra manera y, tal vez, alguien. que hoy ni siquiera conozco, conceda atención a lo que escribo, y le sirva para algo. Y, en todo caso, estoy muy agradecido de esas diez o veinte personas que me consta que me leen y, de vez en cuando, me comunican que les gusta lo que han leído.

Eso me basta, escribió el cuentista. Y escribió, aquel día, este nuevo cuento, para que, quien tenga ganas y tiempo de leerlo, disfrute o piense, aunque solo sea un instante, sobre lo que merece la pena y por qué .

FIN

 

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: cuentista, cuento, cuento de invierno, difusión, importancia, lector, partido político, premisa, programa, público

La fórmula de las Cenas Tertulia (Roundtable dinners)

2 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Durante cinco años, a principios del siglo XXI, en el restaurante AlNorte de Madrid celebramos más de cincuenta cenas-tertulia, en las que intervinieron más de trescientas personas de muy variados ámbitos.

La fórmula, desde la primera de ellas, fue siempre la misma. Reunir a un grupo de 20 a 30 personas, en una única gran mesa, mientras cenaban, para que hablaran sobre un tema conocido de antemano, sobre el que se habían enviado unas sugerencias de lo que podrían ser las cuestiones contretas a tratar.

Aunque con el tiempo se consolidaron como fijos una media docena de tertulianos, el resto de los que acudían cada mes a la convocatoria, no se conocían, en muchos casos, personalmente. Se apuntaban a la cena -que tenía lugar, en general, el primer lunes de mes- y se presentaban a las 21h en el restaurante.

Era entonces el momento de los saludos y el primer intercambio de cortesías, en una media hora que servía para dar tiempo a que los rezagados aparecieran. Resultaba curioso constatar que no pocos de los presentes, aunque estuvieran desempeñando parecidas funciones en organismos diferentes o trabajaran en empresas del sector o fueran miembros del claustro universitario (por exponer ejemplos reales), era la primera vez que se trataban directamente.

A las 21h30, todos estaban sentados, y habían sido estratégicamente colocados en la mesa, de forma que quienes tuvieran, en principio, más información o interés sobre los temas pudieran verse de frente y, en todo caso, que el moderador tuviera su situación controlada.

Entre los comensales había siempre (así se procuraba, al menos) una combinación de expertos en el tema, junto a simples interesados en él o curiosos. La concurrencia mezclaba ingenieros, sociólogos, médicos, abogados, gentes sin profesión conocida o virtuosos de otras disciplinas. Posiciones encontradas a veces, al principio; matizadas y comprendidas, al final, casi siempre.

Ninguno de los presentes estaba invitado a disfrutar «gratis» la cena, aunque algunos si lo eran a participar, porque el organizador entendía que era importante contar con su opinión. Nadie declinó jamás su asistencia y no se dió un solo caso en que, al acabar la cena, alguien se quejara.

Los platos que se servían formaban parte de la provocación a hablar, a intercambiar ideas: habían sido elegidos cuidadosamente, tanto en su descripción como en su contenido alimentario para que tuvieran relación con la materia que iba a ser objeto de discusión.

Pero la clave de las cenas tertulia a que me refiero era que no había un ponente, al que hubiera que escuuchar y hacer preguntas. Todos los asistentes lo eran. En una escala de opiniones que el moderador procuraba controlar, éste invitaba sucesivamente a los contertulios, con preguntas o afirmaciones concretas, a veces provocadoras, en otras, interfiriendo con su propia opinión, a que se manifestaran. Las intervenciones cruzadas eran frecuentes, aunque el tener que comer y hablar limitaba, con acierto, los pronunciamientos largos, obligando a que se condensaran.

La secuencia de servicio de los platos (aperitivos, entrada y principal, postre y café) era graduada por el moderador para que coincidiera, si era posible, con un cambio de ritmo en la tertulia, o con la opción de crear una nueva expectativa, o servir para disminuir, en su caso, la tensión que hubiera podido crearse.

A las dos horas de estar sentados en la mesa, la tertulia terminaba como tal. No había conclusiones. Tampoco el final oficial del encuentro suponía que los asistentes tuvieran que marcharse. Al contrario, en los últimos tres años, se abría paso a los juegos de magia, presentados con fino acierto, de acuerdo también con los temas tratados, por un contertulio que tenía esta afición como segunda profesión, y que duraban 20 a 30 minutos más, en un ambiente completamente relajado. (1)

Con las notas que había tomado durante la cena, el moderador realizaba la reseña, que se enviaba a los pocos días a los asistentes, para correcciones o modificaciones, antes de darle difusión en la web del restaurante.

Guardo esas reseñas como oro en paño. Son casi mil páginas de ideas, sugerencias, comentarios, y análisis de la sociedad española contemporánea, realizadas por quienes son sus verdaderos protagonistas; aunque en muchos casos, por circunstancias de la vida o por su misma modestia, puedan haber pasado por anónimos.

Pero eso ya sería otra historia.

—

(1) Este Comentario está redactado en tercera persona y pretendía evitar citar nombres. Pero no sería justo dejar de expresar que el mago era el ingeniero de montes Rafael Ceballos Jiménez. De menor importancia es indicar que el moderador y organizador de las cenas tertulias era yo.

Porque para lanzar una idea así sirve cualquiera. Pero para llevarla a cabo y mantenerla hace falta contar con contertulios inteligentes, sabios, nobles y sinceros, y de esos, por fortuna, conté en todas esas cenas-tertulia.

Razón por la cual somos muchos las que las añoramos hoy en día, y pensamos que es una fórmula estupenda para que en este país se hable, se escuche, se contrasten ideas, sobre todo, entre los que saben y los que tienen responsabilidades. Y lo hagan, mientras cenan, evitando confrontaciones estériles y, en especial, recurrir a lugares comunes, a referencias baldías. Necesitamos tranquilidad e ideas, para avanzar.

Publicado en: Economía, Sociedad Etiquetado como: acta, Ceballos, cenas-tertulia, difusión, discusión, entendimiento, fórmula, guión, magia, menú, moderador, provocación, round-tablel dinners, talk-show, tertulias

Entradas recientes

  • Homilía y lecturas del funeral de Angel Arias – Viernes 14 abril
  • Cuentos para Preadolescentes (12)
  • Cuentos para preadolescentes (11)
  • Cuentos para preadolescentes (10)
  • Cuentos para Preadolescentes (9)
  • Cuentos para preadolescentes (7 y 8)
  • Por unos cuidados más justos
  • Quincuagésima Segunda (y última) Crónica desde Gaigé
  • Quincuagésima primera Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para Preadolescentes (6)
  • Cuentos para preadolescentes (5)
  • Cuentos para preadolescentes (4)
  • Cuentos para Preadolescentes (3)
  • Quincuagésima Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para preadolescentes (2)

Categorías

  • Actualidad
  • Administraciones públcias
  • Administraciones públicas
  • Ambiente
  • Arte
  • Asturias
  • Aves
  • Cáncer
  • Cartas filípicas
  • Cataluña
  • China
  • Cuentos y otras creaciones literarias
  • Cultura
  • Defensa
  • Deporte
  • Derecho
  • Dibujos y pinturas
  • Diccionario desvergonzado
  • Economía
  • Educación
  • Ejército
  • Empleo
  • Empresa
  • Energía
  • España
  • Europa
  • Filosofía
  • Fisica
  • Geología
  • Guerra en Ucrania
  • Industria
  • Ingeniería
  • Internacional
  • Investigación
  • Linkweak
  • Literatura
  • Madrid
  • Medicina
  • mineria
  • Monarquía
  • Mujer
  • País de Gaigé
  • Personal
  • Poesía
  • Política
  • Religión
  • Restauración
  • Rusia
  • Sanidad
  • Seguridad
  • Sin categoría
  • Sindicatos
  • Sociedad
  • Tecnologías
  • Transporte
  • Turismo
  • Ucrania
  • Uncategorized
  • Universidad
  • Urbanismo
  • Venezuela

Archivos

  • mayo 2023 (1)
  • marzo 2023 (1)
  • febrero 2023 (5)
  • enero 2023 (12)
  • diciembre 2022 (6)
  • noviembre 2022 (8)
  • octubre 2022 (8)
  • septiembre 2022 (6)
  • agosto 2022 (7)
  • julio 2022 (10)
  • junio 2022 (14)
  • mayo 2022 (10)
  • abril 2022 (15)
  • marzo 2022 (27)
  • febrero 2022 (15)
  • enero 2022 (7)
  • diciembre 2021 (13)
  • noviembre 2021 (12)
  • octubre 2021 (5)
  • septiembre 2021 (4)
  • agosto 2021 (6)
  • julio 2021 (7)
  • junio 2021 (6)
  • mayo 2021 (13)
  • abril 2021 (8)
  • marzo 2021 (11)
  • febrero 2021 (6)
  • enero 2021 (6)
  • diciembre 2020 (17)
  • noviembre 2020 (9)
  • octubre 2020 (5)
  • septiembre 2020 (5)
  • agosto 2020 (6)
  • julio 2020 (8)
  • junio 2020 (15)
  • mayo 2020 (26)
  • abril 2020 (35)
  • marzo 2020 (31)
  • febrero 2020 (9)
  • enero 2020 (3)
  • diciembre 2019 (11)
  • noviembre 2019 (8)
  • octubre 2019 (7)
  • septiembre 2019 (8)
  • agosto 2019 (4)
  • julio 2019 (9)
  • junio 2019 (6)
  • mayo 2019 (9)
  • abril 2019 (8)
  • marzo 2019 (11)
  • febrero 2019 (8)
  • enero 2019 (7)
  • diciembre 2018 (8)
  • noviembre 2018 (6)
  • octubre 2018 (5)
  • septiembre 2018 (2)
  • agosto 2018 (3)
  • julio 2018 (5)
  • junio 2018 (9)
  • mayo 2018 (4)
  • abril 2018 (2)
  • marzo 2018 (8)
  • febrero 2018 (5)
  • enero 2018 (10)
  • diciembre 2017 (14)
  • noviembre 2017 (4)
  • octubre 2017 (12)
  • septiembre 2017 (10)
  • agosto 2017 (5)
  • julio 2017 (7)
  • junio 2017 (8)
  • mayo 2017 (11)
  • abril 2017 (3)
  • marzo 2017 (12)
  • febrero 2017 (13)
  • enero 2017 (12)
  • diciembre 2016 (14)
  • noviembre 2016 (8)
  • octubre 2016 (11)
  • septiembre 2016 (3)
  • agosto 2016 (5)
  • julio 2016 (5)
  • junio 2016 (10)
  • mayo 2016 (7)
  • abril 2016 (13)
  • marzo 2016 (25)
  • febrero 2016 (13)
  • enero 2016 (12)
  • diciembre 2015 (15)
  • noviembre 2015 (5)
  • octubre 2015 (5)
  • septiembre 2015 (12)
  • agosto 2015 (1)
  • julio 2015 (6)
  • junio 2015 (9)
  • mayo 2015 (16)
  • abril 2015 (14)
  • marzo 2015 (16)
  • febrero 2015 (10)
  • enero 2015 (16)
  • diciembre 2014 (24)
  • noviembre 2014 (6)
  • octubre 2014 (14)
  • septiembre 2014 (15)
  • agosto 2014 (7)
  • julio 2014 (28)
  • junio 2014 (23)
  • mayo 2014 (27)
  • abril 2014 (28)
  • marzo 2014 (21)
  • febrero 2014 (20)
  • enero 2014 (22)
  • diciembre 2013 (20)
  • noviembre 2013 (24)
  • octubre 2013 (29)
  • septiembre 2013 (28)
  • agosto 2013 (3)
  • julio 2013 (36)
  • junio 2013 (35)
  • mayo 2013 (28)
  • abril 2013 (32)
  • marzo 2013 (30)
  • febrero 2013 (28)
  • enero 2013 (35)
  • diciembre 2012 (3)
julio 2026
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
« May