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La conjura de los sensatos

13 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

No descartemos que, parodiando a Groucho Marx (1), y ante lo que trasciende de las, sin duda, complejas negociaciones para formar/no formar Gobierno después de los resultados electorales del 20-D, en las que están ocupados tanto representantes políticos como, sobre todo, tertulianos y comentaristas mediáticos, un número no despreciable de ciudadanos se convenza de que «nunca ha de votarse a un partido político que muestre su programa antes de las elecciones».

A medida que nos vamos enterando de que hay líneas rojas que, según el líder negociador, no pueden traspasarse por «mandato electoral», no cabe sino convencerse de que nos aproximamos, paso a paso, esto es, cumpliendo los plazos y los eventos previstos constitucionalmente, a unas elecciones anticipadas.

Ni el PSOE habrá de pactar con Podemos (o viceversa) un Gobierno conjunto, porque la verdadera línea roja que no pueden traspasar sus dirigentes es aquella que produciría la confusión definitiva sobre los propósitos de hacerse con el electorado de izquierdas, y dejar a la otra formación como testimonial.

Ni el PP habrá de pactar con el PSOE (o viceversa) un Gobierno conjunto -al que, por supuesto, se adheriría con fruición, Ciudadanos-, porque la línea roja que tiene trazado el partido socialdemócrata es, justamente, ésta, conscientes sus dirigentes que perderían para siempre una parte de su electorado, que se desviaría, ya en oleada imparable, hacia Ciudadanos o Podemos, según su calentura emocional.

El ex Honorable Mas utilizó un artificio especial, cuya validez circunscribo solamente a la multifacética Catalunya -puesto que su utilización, comprando votos de la representación de contrario, que utilizó el PP de Madrid para robar la cartera al PSOE en las elecciones de 2003, ha quedado sancionada como execrable transfuguismo-, que supondría «corregir lo que las urnas no dieron» (2) , pactando que algunos parlamentarios electos cambien el mandato de las urnas por cualquier conveniencia extra-electoral.

En este contexto de permanente confusión, mientras la economía del país se deteriora a ojos vistas, y la incertidumbre añade sacos de arena sobre la imprescindible recuperación de actividades que nos pueda garantizar un futuro presentable, sigo creyendo que, en lugar de trazar líneas rojas que acabarán convirtiendo el tablero de negociación en un problema de contorno sin solución socio-matemática alguna, lo que agradeceríamos los votantes pasados y los que estarán llamados a votar en mayo (que incorporarán algunos cuantos jóvenes más y serán reducidos, principalmente, en unos cuantos ancianos menos) es que se nos fuera indicando si los programas electorales van a ofrecer alguna novedad.

Porque soy escéptico -por mi experiencia en la Universidad del tardofranquismo- respecto a la eficacia de organizar asambleas y debates multitudinarios, que provocarían discusiones inacabables respecto a los métodos adecuados para decidir lo que convendría hacer sin llegar a conclusión válida alguna. Es momento de sacrificar lo que apetecería hacer en beneficio de lo que sería posible, y de concentrarse en lo imprescindible en lugar de desparramarse en lo que podría parecer conveniente pero para lo que no se dispone de recursos suficientes.

En lugar de tanto repetir que «hay que escuchar al pueblo» o que «la mayoría opina que»  (ya habló el pueblo, y su mensaje es que no lo tiene claro, que está dividido entre ofertas que no le convencen del todo), va siendo hora de que los sensatos se conjuren y, aunando sus propuestas, pongan a los políticos a trabajar en lo que importa, marcando las prioridades generales y no las de liderazgos o partidos. (3)

Como ejemplo de lo que puede aplazarse, me refiero a las propuestas de modificar  la Constitución, y más concretamente, a la obstinada concentración, por varias vías, en la reforma del Título VIII (ése que sirve de referencia para el reparto competencial entre el Estado central y las autonomías, y cuya aplicación desorbitada ha dejado prácticamente sin competencias al primero, convertido en un pollo sin cabeza).

¡Si lo que habría que plantearse es la recuperación de cometidos y responsabilidades por parte de la centralidad del Estado, arrebatados -que no cedidos- por unos Parlamentos autonómicos que, por ánimo de emulación, ignorancia o afán protagonista de sus diputados, se han cargado, en la mayoría de los casos, con competencias que no pueden desarrollar adecuadamente!

Si existiera esa agrupación de sensatos -independientes, pero no sin ideas propias-, podríamos encontrar un camino entre los entregados sin fisuras al liberalismo económico y los fieles a la dictadura de los comités asamblearios, entre los inmolados a la libertad de cátedra y la crítica sistemática, entre los que se creen infalibles y los que dudan permanentemente,  entre los que aconsejan a los demás sobre lo que no harán jamás y los que se ciegan sin atender a ningún consejo…En fin, entre los que creen saber a donde hay que ir por ciencia infusa o análisis exotéricos y los que no tienen más referencia que los libros o se guían por lo que hicieron otros y les funcionó bien o les llevó al fracaso.

—

(1) Sé que no hace falta recordar la cita, pero para el caso de que este Comentario sea seguido por un lector ultramontano, me refiero a la frase: «Nunca pertenecería a un club que me admitiera como socio».

(2) En vernácula: «Allò que les urnes no ens va donar directament s’ha corregit mitjançant la negociació».

(3) ¿Cómo no hacer un guiño al inolvidable libro de John Kennedy Toole, «La conjura de los necios»?

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: acuerdo postelectoral, Artur Mas, Groucho Marx, Kennedy Toole, Pablo Iglesias, Podemos, programa, sensatos

On va? D’on ve Catalunya?

9 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

Hoy, 9 de enero de 2016, quienes desde Cataluña apoyan la separación de su territorio respecto al resto de España, en una actuación al margen de la Constitución y de las leyes, ven más cerca la consecución de esa independencia. En una operación en la que es imposible no ver la mano conductista del desprecio a las instituciones del Estado español, y a punto de terminar el plazo para votar el President de la Generalitat, se comunicó haberse logrado un pacto por el que el actual alcalde de Girona, Carles Puigdemont, obtendrá el número mínimo de apoyos para su investidura.

La comunicación puede que haya cogido por sorpresa a algunos, aunque desde que la CUP realizó una votación vinculante, cuyo resultado fue difundido el día 28 de diciembre (festividad de los Santos Inocentes), por la que 1515 compromisarios votaron a favor y un  número idéntico en contra, de apoyar al candidato Artur Mas, -de la estrambótica plataforma Junts Pel Sí-, todas las opciones quedaban abiertas.

Cuando Antonio Baños, portavoz de la agrupación tenida por antisistema, licenciado en ciencias exactas, y difusor radiofónico, con Toni Garrido, de los recovecos mágicos de las matemáticas, explicó el resultado, atribuyéndolo a que «la aritmética es diabólica», las probabilidades y la estadística descendieron a las profundidades tenebrosas donde reina Plutón, que, con solo ponerse el casco que le regalaron las Cíclopes, tiene la facultad de hacerse invisible a su antojo.

No dudo, pues, que mañana, a las cinco de la tarde, con la atención del resto de España (aún) puesto sobre el Parlament, Puigdemont pasará a ser Honorable y Mas, mártir del independentismo. Y no faltará quién, recordando el brete en el que se vio metido Felipe IV, allá por 1640, y cuya resolución fue confiada al Conde Duque de Olivares, lamente, una vez más, que el valido hubiera mandado concentrar las fuerzas militares en defender Cataluña contra los franceses, en lugar de dedicarse a sofocar la revuelta portuguesa, con lo que ahora tendríamos una Iberia más homogénea y los catalanes estarían negociando la salida de Francia, apoyándose, cómo no, en la revuelta de los Segadores.

Como se me da mal llevar la ironía hacia el sarcasmo, me detengo ahí, para expresar que el movimiento de ficha de la extraña familia de independentistas catalanes, obliga a jugar más fuerte de lo que se había tal vez imaginado, en este lado del tablero (que, en realidad, debiera ser, el de la Banca, en sentido real y figurado). Me parece que lo que hay que poner sobre la mesa desde la acción constitucional es un pacto de Gobierno que reúna al PP, PSOE y Ciudadanos (y los demás que quieran unirse), con un programa concreto que suponga una reforma constitucional en plazo corto, que nos alivie, para siempre, o al menos, por un buen período, de estos furores separatistas que les dan a algunos políticos catalanes cuando creen llegada su oportunidad de ocupar un hueco en los libros de Historia.

Companys, lo tuvo, desde luego. Sin llegar a tanto sacrificio, convendría dejar a Mas un par de líneas y concentrarse en generar cuanto antes una alianza de interlocución fuerte con el Gobierno catalán, para enterarse de una vez, si van, o vienen. Que, por cierto, distinguir entre un verbo y otro es dificultad que, aunque suele endosarse a la capacidad de los gallegos para disimular por dónde andan, es genuinamente catalana. Aquellos que han tenido que desentrañar si un catalán nos invita a ir a su casa o vendrá a la nuestra, sabrán de lo que hablo.

 

 

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: Artur Mas, autonomía, Catalunya, Companys, futuro, gobierno, independencia, Puigdemont

Ónde vais?

14 noviembre, 2014 By amarias 2 comentarios

Hace pocos días fue, según me enteré después, «el día del abuelo». No lo sabía cuando, encontrándome a la espera del autobús, un grupito de niños de entre cinco o seis años, dirigido por uno algo más atrevido, me increpó: «¡Abuelo, abuelo!» y el que llevaba la voz campante, incluso se interesaba por un detalle que me dejó perplejo: «¿Cuántos años tienes? ¿Ochenta? ¿Cien?»

Miré al monitor que, cual gos d´atura homínido, trataba de ordenar aquella troupe de descarados para repartirles unos bocadillos que acarreaba en una caja de cartón de fondo desvencijado, esperando de él alguna reconvención al más vociferante, pero desvió la vista, dándome a entender que el asunto no iba con él.

Aunque no pude menos que recordar al pasaje bíblico donde se nos cuenta que los profetas Elías y Eliseo se toparon con unos mozalbetes que insultaban al primero -que sería poco después elevado al cielo en carro flamígero-, gritándole :»¡Sube, viejo calvo!», y que, según el relato, fueron castigados con el envío de dos osos que despedazaron en un momento a varios de aquellos deslenguados, debo reconocer que lo que en realidad me preocupó era sospechar que mi estado físico había sufrido un deterioro repentino y que, de resultas, aparentaba unos cuantos años más de los que ya soporto.

No estoy dispuesto a dejarme intimidar por cómo me vean niñatos que no son aún capaces de distinguir edades de envejecientes con la precisión con la que yo he aprendido a discernir, por tramos de seis meses a los párvulos. Me encuentro físicamente bien, y aunque no me vean tan joven los que incluso sacan un par de años a mis nietas mayores, me creo con capacidad aún bastante para seguir trabajando por mejorar algo lo que me rodea, haciendo lo que pueda dentro de lo que me dejen (1).

Por eso, y porque la madurez me ha dado la visión directa de unas décadas ilustrativas de la historia de España y del mundo, me siento, sino con autoridad, si con la necesidad, de advertir que el momento por el que está atravesando nuestro país es muy interesante, porque es extremadamente peligroso.

Tomando como referencia el tiempo que los media dedican a los temas, sacaríamos la conclusión de que los dos temas que más animan a unos cuantos españoles y preocupan a otros muchos españoles -no quiero ahora cuantificar la dimensión de ambos grupos- son: la propuesta de escisión independentista que ha calado entre muchos residentes en Cataluña y el avance de la agrupación Podemos, con un programa político que se va construyendo, en buena medida, sobre la marcha.

Por supuesto, ambos asuntos no son sino la lengua de la morrena del glaciar que empuja al mar de la inmediatez el hielo de la indiferencia con la que se tratan los problemas de los demás. No es nuevo para la Humanidad, ni para nuestro país, y hasta ahora, la generación de unos años de caos y destrucción le ha venido bien. De las cenizas y la sangre han surgido nuevas esperanzas, entre supervivientes que se han llevado las manos a la cabeza gritando «¿Qué hemos hecho?» (o dejado hacer) y aprovechados que se han aupado sobre las ruinas, para enriquecerse con la reconstrucción más sólida de lo destruido, utilizando la capacidad, no exenta de docilidad y esperanza de la mayoría de los que también sobrevivieron.

La actualidad nos ha puesto sobre la mesa del comedor a dos excelentes charlatanes: Mas e Iglesias, que, además, venden frascos de una medicina que hace un par de años no hubiéramos creído necesitar jamás pero ahora, a no pocos, les parece imprescindible. El nombre del producto es diferente, pero el contenido del frasco es el mismo: un placebo que no soluciona el problema de base, sino que lo complica.

A ambos líderes mediáticos, con la mirada puesta en el después y no en el ahora, creo que les viene de perlas el mensaje de advertencia que recoge esa canción asturiana, convertida en dicho popular muy socorrido: «Ónde vas, Pachín del alma, de alpargates y orbayando, non te metas por los praos, que vas ponéte pingando».

—

(1) Estoy pensando, al escribir esto, en el cuento guaraní que presenta a un diminuto colibrí que, mientras el bosque ardía, y ante la pasividad de los demás animales, volaba una y otra vez de un riachuelo al corazón del fuego, llevando cada vez en su pico una gota de agua. El jaguar, -¿o fue el oso?- que estaba quieto mientras el fuego amenazaba sus pies, justificaba su propia inactividad queriendo hacer ver al pajarillo que sus esfuerzos serían inútiles ante la magnitud de lo que pretendía: «Nada conseguirás», le dijo. A lo que el colibrí replicó. «Yo hago lo que puedo».

Tengo comprometido a mi amigo Rafael Ceballos -que nos lo transmitió cuando recibía, el 14 de noviembre de 2014, la medalla del Club Español de Medio Ambiente- mejorar el previsible final de esta historia de animalario, simulando que los animales del bosque se movilizan todos, recapacitando respecto al poder de que son capaces si actúan conjuntamente, y consiguen apagar el fuego. De momento, solo algunos luchan con las llamas y otros, hasta se diría que las aventan.

Publicado en: Actualidad, Cuentos y otras creaciones literarias, Cultura, Política Etiquetado como: anciano, Artur Mas, Ceballos, CEMA, charco, colibrí, Elías, Eliseo, gos d´atura, movilización, niños, Pablo Iglesias, Podemos, soluciones

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