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Tsunamis de desolación y olas de solidaridad en Ucrania

14 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

A los diecisiete días de la invasión rusa de Ucrania, son muchas las derivas de este conflicto iniciado por el sátrapa Vladimir Putin y su equipo del Kremlin, Desde luego, el elemento sustancial de este baldón en la Historia de la Humanidad, es la agresión criminal de un Estado con ambiciones imperialistas a un Estado soberano, libre y con una calidad democrática muy superior a la del invasor.

Esta inconcecible vuelta a la barbarie esclavista sucede cuando creíamos -al menos, desde nuestras gafas de visión limitada occidental- que estábamos avanzando velozmente en un mundo globalizado, tecnológicamente muy capaz y en el que los derechos más básicos, aunque con algunas deficiencias, resultaban respetados por todas las naciones. Hoy lamentamos que ese juguete de autocomplacencia se nos ha ido por los aires.

La guerra en Ucrania sigue, porque la invasión no solo no cede, sino que la defensa de los ucranianos de su país se ha consolidado a niveles heroicos. La ayuda internacional en armamento y apoyo logístico ha aumentado, desde unos primeros momentos de indecisión y, aunque siguen existiendo graves reticencias para proporcionar desde los países de la OTAN dispositivos bélicos que puedan permitir un mejor equilibrio de fuerzas, el desequilibrio entre los dos bandos combatientes es notorio.

Es casi inexplicable, salvo por la intención perversa de machacar sistemáticamente cualquier oposición y dejar tierra quemada en Ucrania, que Rusia no se haya hecho ya con el control. Los avances de las fuerzas armadas rusas, cuando se observan sobre el terreno como una mancha de sangre, destrucción y dolor que se propaga por Ucrania, son tan angustiosamente lentos, tan devastadores, que no me atrevo a asignárselos (aunque quisiera) solo a la capacidad de resistencia, sacrificio y valor de los ucranianos; porque no puedo ignorar que el Estado asolado carecía de un Ejército de entidad y la inmensa mayoría de los que luchan del lado del invadido, hace un mes no sabían manejar un arma.

Una consecuencia tremenda del conflicto, que nos afecta a todos, y que, en olas de solidaridad y afecto, surgidas de forma espontánea, han avanzado por la Unión Europea, es la acogida a refugiados. Son ya más de tres millones de personas, básicamente mujeres, ancianos y niños, porque los hombres se han quedado en los frentes. A España también están llegando algunas de estas familias, que han perdido absolutamente todo. Polonia es, con distancia, el país que más refugiados ucranianos ha acogido, por proximidad al conflicto. Un conflicto que, por ese calculado incremento de presión sobre la OTAN del megalómano director de la invasión, está ya muy cerca de activar el  compromiso de defensa de la OTAN si se amenaza a un Estado de la Alianza.

El entusiasmo por ayudar, de dar salida al deseo de ofrecer cooperación desde el burladero de la guerra a los ucranianos, mezclada con la indignación y la rabia, no debería hacer olvidar que esa colaboración tiene que realizarse de forma ordenada. Muchos españoles han llevado víveres, ropa, material de primera necesidad y farmacos, a centros de recogida para Ucrania y no son pocos los ucranianos residentes aquí que, acompañados con frecuencia de españoles, han hecho o están haciendo los más de dos mil kilómetros (casi tres mil desde los puntos más distantes de la frontera polaca), para llevar esa ayuda a centros próximos a la zona de guerra para que se los hagan llegar directamente a los desplazados a la frontera de Polonia o a puntos del conflicto.

Han empezado a llegar familias rotas ucranias que lo han dejado todo atrás, salvo el dolor de haber sufrido el arranque brusco de la tranquilidad y tal vez de forma definitiva. Hay mucho frío en este invierno en la zona. Los desplazados han tenido que soportar, con las prendas de abrigo recogidas de manera veloz y el impulso desgarrado de su dolor, condiciones durísimas, inimaginables desde nuestros asientos de confort.

Las ONGs especializadas en ayuda humanitaria y, también, portavoces del Ministerio responsable de Migración y ayuda a refugiados, advierten de la necesidad de poner orden a estas entradas, de momento realizadas de manera no reglada, espontánea y con riesgo de entrar en caos. Los trabajadores sociales están tratando de dar cobertura afectiva, pero también orientación válidad a esos recién llegados.

Toman sus datos básicos, les dan el primer apoyo, se interesan sobre si cuentan con redes aquí en España y tratan de concretar sus necesidades. Tienen autorización para estar tres meses sin permiso de residencia, pero precisarán al cabo de ese tiempo, saber si cuentan con un trabajo con garantías de estabilidad, si los niños que les acompañan pueden ser escolarizados y, por supuesto, dónde residir. Si valoramos además que la gran mayoría no conocen el idioma, podemos darnos alguna cuenta de la dimensión del problema.

No son refugiados, tienen el Estatuto de protección temporal, porque oficialmente se cree que la guera terminará pronto. Lo que no terminará en años, aunque la demencial agresión finalice, es el dolor y la desolación causados. Ni la necesidad de reflexionar con absoluta seriedad y profundidad por qué nos ha explotado esta bomba en nuestras manos.

Publicado en: Actualidad, Guerra en Ucrania, Rusia Etiquetado como: ayuda humanitaria, desplazados, Guerra en Ucrania, refugiados, Ucrania

Garbage, go home

14 marzo, 2016 By amarias Deja un comentario

Cada vez que paso por delante del edificio llamado de Telefónica, en la Plaza de Cibeles, en donde imagino que, entre inmersión e inmersión por los barrios periféricos de Madrid, tendrá su despacho para meditar con el resto de su think tank la alcaldesa Manuela Carmena, no puedo evitar mirar hacia un inmenso trapo blanco (algo ennegrecido por la intemperie y la contaminación) en el que se lee, en un idioma extraño para los españoles y para sus presuntos destinatarios: «Refugees, welcome».

Es el mismo mensaje que también veo, en una banderola similar, cuando me acerco a la sede de la Concejalía de mi distrito, en Ciudad Lineal.

Supongo que habrá varios distribuidos por la ciudad, por todas las ciudades de España y de la Unión Europea. Y me pregunto, a medida que pasa el tiempo, a quién va en realidad dedicada la frase, para quién está preparado esa alocución de bienvenida.

Desde luego, no para los más de un millón de desplazados por el conflicto sirio -de los cinco millones que han tenido que huir de sus hogares- que se agolpan, por lo que me cuentan periodistas desplazados al situ (utilizo adrede un término del gusto de los juristas que desearíamos que nuestros clientes creyeran que no hemos olvidado casi todo el latín), en campamentos miserables instalados en las fronteras de la Unión Europea con Turquía. Han llegado hasta aquí porque añoran ser admitidos en Grecia, y no para quedarse, para proseguir en su largo camino buscando acomodo en la tierra de sus ensueños, llamada Alemania, con ríos de leche y miel, y en la que reina una señora que tiene la mayor colección de chaquetas horteras del mundo, llamada Angela Merkel («te llamas, Angela, como yo, y me llamaría Clavel de ser tú Rosa» escribió un jovencísimo poeta que quería ser ingeniero algún día y que propendía a enamorarse).

Cuando me pregunto cuáles son las preocupaciones verdaderas de los dirigentes de los veintiocho países europeos que heredaron el proyecto de una casa común europea, si me detengo a pensar -hasta que amenaza con estallarme la cabeza- qué sucede con la idea del mundo globalizado y la responsabilidad asumida en no se qué documentos por no sé cuántos mandamenos, de reducir, hasta hacerla desaparecer, la miseria en todos los países de la Tierra, pienso mucho en la basura.

Los que nos dedicábamos a preparar ofertas a las comunidades sobre la recogida de sus residuos urbanos (aquellos que se producen en la vida doméstica), empleábamos algunas reglas del pulgar para hacer cálculos rápidos: 2 kg de producción de basura por persona y día, en ciudades de países desarrollados, 1 kg (o menos) en ciudades pobres del planeta. Un habitante de una ciudad con alto nivel de vida, por tanto, dejará en su contenedor, cuidadosamente embolsada, casi una tonelada al año de…mierda.

No nos quedemos ahí. Habrá que añadir otras basuras, más residuos, que puede que en alguna cantidad se reciclen, se vuelvan al mercado de nuestra economía circular hipotética, convertidos en firmes de carreteras, juguetes para niños pobres, memorias de sostenibilidad, etc. Una parte importante será destinada a países en infradesarrollo, a los vertederos de Accra (Ghana), por ejemplo; 25 kg/habitante año de basura electrónica occidental dan para sostener a miles de parias cuya mejora existencial depende de encontrar valor en el reciclado de lo ajeno.

Como el tiempo pasa y no veo a refugiados en nuestro entorno (los mismos pobres habituales, talonando las calles principales de nuestras ciudades, apostados a la salida/entrada de los supermercados, cines y cafeterías) propongo que se retiren de inmediato esos trapos con mensajes que carecen de sentido, y se conviertan en vendas para nuestros ojos.

Porque cambiar la frasecita de marras que se convirtió en una ocurrencia despreciable por el transcurrir de las realidades, por la de «Garbage, go home», que reflejaría mejor nuestro poso de sentimiento colectivo, se me antoja demasiado fuerte para nuestros cerebros adormecidos, preocupados por cosas mucho más intrascendentes que evitar que se mueran unos coetáneos porque no tienen a dónde ir, ni saben a dónde desearían ir para que les acojan, porque se sienten guiados por burdos espejismos que les fuerzan a desear destinos imposibles. (1)

———

(1) También desearía que la expresión «Garbage, go home» (Basura, vuelve a tu hogar) sirva de reflexión para nuestros frenéticos impulsos de productores de basura, con especial mención -pero no solo- a la basura electrónica en que convertimos, cada año, los millones de aparatos que el consumismo nos lleva a sustituir cuando muchos aún tienen vida útil por delante.

Porque toda la basura, la verdadera basura -doméstica, de demoliciones, radioactiva, química, electrónica, etc.- , habría de volver a nuestro lado, para que todos los que presumimos de saber de qué van las cosas nos enteráramos, de una vez por todas, qué pasa con ella.

Publicado en: Actualidad, Europa, Sociedad Etiquetado como: Accra, basura, Ghana, go home, reciclado electrónico, refugees, refugiados, residuos, welcome

La mente embotada del emperador y la guerra de Siria

10 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Ya alguna otra vez me he referido a La nueva mente del emperador, el primero de los libros de Roger Penrose destinado a demostrar, con argumentos no aptos para todos los públicos, que no puede haber ningún artefacto que pueda competir con la mente humana en su capacidad de generación de algoritmos.

Es decir, en explicación para andar por casa y cuya torpe redacción es de mi exclusiva responsabilidad, aunque en algún momento se llegara a desvelar el truco de magia cósmica con el que se puso en evolución, por generación espontánea o capricho de un Hacedor metafísico, un punto gordo de sutil energía atiborrado de nanopartículas hacia una compleja diversidad de puntos de materia de los que la mayoría no están destinados a ser contemplados por nosotros, tendríamos pendiente de solución otro asunto, de mucho mayor interés para nosotros.

Tenemos, sí, montones de ecuaciones y fórmulas irrefutables que nos dicen ya mucho del comportamiento de la materia cuando fuerzas externas actúan sobre ella o cuando la obtenemos para observarla, en su propia quietud, bajo una lupa y medirla con una regla.

Estamos a punto, nos dicen, de encontrar el Primer Postulado a partir del cual lo sustancial de lo físico se desplegará como un manto de coherencia interna. Pero no tenemos casi nada avanzado en el estudio de la lógica que rige nuestro propio comportamiento, y no digamos, del colectivo humano, empeñado en un continuo proceso, y cada vez con mayor aceleración, de generación de ideas e interferencias sobre la energía y la materia, y de las que resultan especialmente perturbadoras sus dos categorías extremas: las geniales y las estúpidas.

La guerra de Siria pertenece, sin duda, a la esfera de las intervenciones destructivas de la especie humana sobre la materia. No es tan grave para ésta, porque la materia se puede reconstruir con ecuaciones y fórmulas que conocemos, en procesos que, como colectivo, dominamos. Así que se podrán poner en pie edificios parecidos, reparar carreteras y monumentos demolidos, fabricar armas incluso más eficaces, gases tipo sarin mucho más letales. No habrá problemas por ese lado.

Lo que no podremos jamás reconstruir será la vida de los miles de muertos en esa batalla por el poder sobre una parte ínfima de la materia, eliminar el dolor y el sacrificio de los miles de heridos, mutilados, refugiados, huídos, enloquecidos, desorientados… No lo podremos hacer aunque seamos millones los personajes que contemplamos, impávidos -no impotentes, impávidos- la desgracia de una parte de quienes llamamos, sin embargo, semejantes. Como lo son los de Irak, Afganistán, el Sahel,…

Una joven siria, perdida en algún lugar de Grecia, a la que había llegado atravesando Turquía desde su país en llamas, y que se encuentra, sin documentación, sin medios, sin familia, a punto de ser remitida a Túrquía, devuelta porque, ya se sabe, -lo oí de uno de sus jefes de Policía- Grecia tiene una grave crisis y no puede, además, conceder permiso de entrada a la Unión Europea a quien no reúna las condiciones legales, preguntaba: «¿Qué haceís por nosotros, más que tomar fotos? ¡Solo fotos!¡Fotos!».

La mente del emperador está embotada. Y con la mente en ese estado, las máquinas imaginadas por Turing cobran más sentido; somos reproducibles en gran medida, asquerosamente repetitivos en demasiados de nuestos comportamientos.

Publicado en: Actualidad, Economía, Internacional Etiquetado como: emperador, guerra, Penrose, refugiados, Siria, Turing

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