Al socaire

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La guerra en casa

23 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Al terminar el día 23 de marzo de 2022, mientras el Kremlin sigue bombardeando ciudades ucranianas sin piedad, con la rabia de quien había imaginado doblegar a su atacado tras una breve escaramuza victoriosa y se ha empeñado en una guerra de desgaste en la que el improvisado Ejército blaquiamarillo está demostrando una resistencia herorica (también se debe reconocer que estratégicamente inteligente), se puede decir que todo ha ido a peor.

Por una parte, casi cuatro millones de ucranianos -mujeres, ancianos, niños- están protagonizando una Egira inimaginable en el siglo XXI. Se trata de desplazados forzosos de sus lugares de origen, expulsados de sus hogares sin más compañía que su soledad, desnudos de todo apoyo, con el dolor añadido -si es que aún cupiera más dolor- de los varones en edad de combatir, que han quedado en el campo de batalla dispuestos a «resistir o morir».

La pandilla de secuaces de  Putin no ahorra amenazas contra la OTAN si se decidiera a intervenir de manera directa, prometiendo una catástrofe global, una guerra atómica. Las apariciones, cada vez más dramáticas, de Zelenski, desde un lugar ignoto, ante las Cámaras europeas, reclamando más ayuda y más compromiso, como quien ve que su barco está a punto de zozobrar pero no está dispuesto a abandonarlo por su voluntad, llenan de ecos angustiosos las pantallas de televisión, y los aplausos cerrados con los que es despedida la conexión, con los diputados y senadores puestos en pie, suena más bien a la despedida fúnebre de un héroe que se hubiera despeñado al intentar alcanzar una cumbre inexpugnable.

Mariúpol se ha convertido en una muestra terrible de la intención devastadora de Putin y su pandilla de desalmados, empeñadps en transformar una pacífica y próspera población ucraniana en un cementerio de desolación y terror. Con su tremendo y cruel bombardeo sistemático, lo que estos canallas, culpables de lesa humanidad sin necesidad de que nadie los lleve a ningún Tribunal Penal Internacional, pretenden es construir la conexión entre el Donbás y Crimea, dejando así meridianamente clara su intención de anexarse ese corredor bordeando el mar de Azov a la Rusia actual, como resultado satisfactorio para su invasión.

Los efectos de la guerra han llegado, cómo no, a España y, dada nuestra debilidad económica (aún no nos habíamos recuperado de la recesión post Covid), se están notando en sectores clave. La subida del precio de los carburantes, de los abonos y de los piensos, en particular, ha arrastrado la de muchas otras materias de primera necesidad. Los transportistas autónomos han sido los primeros en iniciar un paro indefinido, exigiendo una rebaja sustancial de los carburantes. Al ser mayoría en el sector, la paralización de aspectos sustanciales (recogida de la leche, carne con destino al matadero o la reposición de los anaqueles en los supermercados) se ha hecho notar rápidamente.

La facción socialista del Gobierno parece estar actuando con desorientación. No se entiende de otro modo el envío de una carta al rey de Marruecos, cuy contenido se ocultó incluso a sus socios de la coalición, por el que se deduce el abandono de la defensa a la autodeterminación  de los habitantes de las tierras del Sáhara Occidental, antigua colonia. Apelar, como se ha dicho después por el ministro Albares, a que así se termina un conflicto de casi cuarenta y cinco años y se atiende a las directrices de la OTAN (en realidad, del secretario de Estado norteamericano), es incomprensible.

Nos esperan momentos muy duros, pues las consecuencias de la guerra se harán aún más evidentes. Hay que atender, quizá, a centenares de miles de refugiados que deberemos acoger en nuestro país, y los efectos de retorno de las medidas contra Putin y los oligarcas rusos serán mayores. La falta de consenso entre los miembros del Gobierno en aspectos sustanciales (internacional, energía, sanidad, educación, impuestos) permite pronosticar momentos muy difíciles, tal vez, la disolución forzada del Congreso y convocatoria de nuevas elecciones. No puede ser más inoportuno el disenso, pero el debate en el Parlamento se ha convertido en un espectáculo repetitivo. Si no es posible un acuerdo de Estado entre los dos partidos mayoritarios (y espero que sigan siendo el PSOE y el PP). es preferible un gobierno de uno solo de estos grupos políticos y no una coalición contra natura.

Vuelvo a Putin. La situación no puede prolongarse. No tiene sentido ver cómo el fuego de la resistencia ucraniana queda sepultado bajo las cenizas, las lágrimas, el dolor irrecuperable. Hay que lanzar un ultimátum al energúmeno que se aposentó en el Kremlin. Imagino que, con su gran potencia de geolocalización, tendrán perfectamente controlalda la situación del personaje desde el Pentágono. Ergo…

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Las otras batallas de Putin

18 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Hoy, viernes, 18 de marzo de 2022, está prevista una conversación telefónica entre el presidente chino, Xi JinPing y el norteamericano, Joe Biden, sobre la guerra. No ha trascendido gran cosa de los objetivos para esa reunión virtual que tratará de satisfacer el senecto líder demócrata y aún menos se sabe de lo que pueda expresar el oriental. Para calentar motores, Biden ha llamado «criminal de guerra» a Vladimir Putin, lo que desde el más allá del nuevo telón de acero que protege al Kremlin, se considera inaceptable.

Obviamente, la guerra en Ucrania se está deshaciendo en esquirlas de variado tamaño, y se puede llegar a creer que lo que menos importa ya es que jóvenes ucranianos y rusos se estén matando con armamento no muy sofisticado (según los cánones militares más avanzados, según dicen). Las cifras de muertos en el campo de los desencuentros son desconocidas: aquí y allá se ilustran los comentarios sobre la invasión con fotografías de algún cuerpo yacente, unos amasijos férreos y, sobre todo, decenas de personas huyendo con sus mínimos enseres a cuestas y el rostro del pánico, el cansancio o el dolor claramente expreso.

Dicen que Putin está enfermo (no de una deriva mental, de otras cosas) porque ha engordado bastante en los últimos dos años. Su cara hinchada refleja, según se especula, que está tomando cortisona; su mirada rigica, inexpresiva, no sería consecuencia de su intrínseca maldad, sino que proyecta su esfuerzo para contener el dolor. Además, ha sufrido el ataque de la Covid, porque la vacuna Sputnik no funciona mejor que un placebo y, al no estar plenamete curado y ser un aprensivo esférico, huye de cualquier acercamiento a persona alguna, ya sea Macron, su equipo de confianza, su preparador físico o cualquiera de sus amantes.

Biden estaría preparando un discurso breve (speech) sobre los costes de la guerra para enjaretárselo, si se deja, al experto en aprovechar la economía global que es JinPing. Supongo que se los habrá calculado un futuro Premio Nobel de Economía y se les dará oportuna difusión, para que todos nos enteremos, no solo de lo que vale un peine, sino una escaramuza de invasión de un país despistado, una guerra de desgaste entre dos fuerzas militares que no quieren hacerse mucho daño, una guerra de arrasamiento y destrucción masiva del Estado agredido, una escalada bélica localizada a Europa y, en fin, la tercera guerra mundial si China metre las narices.

Muy interesantes son los análisis sobre los daños colaterales. Los más visibles son la destrucción de inmuebles, infraestructuras y  armamento bélico. La recuperación de la economía dañada, la reconstrucción de lo destruído en la contienda, el volver a poner en pie las vías de producción, de transporte de bienes y hasta el consumo, es otro de los capítulos. Pero olvidar lo sucedido, restañar heridas sicológicas, reorganizar las relaciones internacionales, llevará mucho tiempo. La prueba la tenemos, por citar solo el ejemplo de los odios tribales, introducidos con la leche materna en los hijos, en la Historia de los pueblos. Ucrania y Rusia tienen ahí un cementerio de incomprensiones recíprocas, guerras sordas y expresas, sangre, dudas.

Putin está ganando la batalla de los media en su propio país y, hay que temerlo así, también en China. Suspendidas las comunicaciones con las emisoras de Occidente, la propaganda oficial explica hasta la saciedad las razones de su guerra: eliminar la tenaza de un gobierno nazi, antidemocrático y cruel sobre los ciudadanos rusos y los simpatizantes de la gran Rusia que viven en Ucrania. Su liberación, con rasgos de guerra santa desde la ortodoxia cristiana frente a judíos, católicos y musulmanes, es una obligación para el canciller ruso. No tiene ningún odio contra el hermano pueblo ucranio, de tan similares raíces eslavas; solo pretende que el gobierno ilegítimo de Volodomir Zelenski sea depuesto y sustituído por otro que no tenga la menor intención de agruparse jamás con la facción antirusa de los norteamericanos y unioeuroepos.

Claro está, las imágenes de la guerra que digieren los rusos en sus televisiones de Moscú, San Petesburgo, Kazán, Novosibirsk, …, no presentan a jóvenes rusos muertos junto a sus tanques, sino a victoriosos militares con la Z sobre sus casacas que esgrimen trofeos de guerra como si se tratara de un partido de rugby, no hablan de familias ucranianas huyendo de los bombardeos, sino que educados generales explican que se están controlando todas las resistencias del Ejército nazi, que Zelenski está huído y que los odiosos gobiernos europeos se obstinan en enviar armamento obsoleto a los engañados ucranianos, para prolongarles la agonía.

Confiemos en que la conversación entre los mandatarios chino y norteamericano se desarrolle en buenos términos, con palabras pacíficas, con intercambio de promesas y parabienes que no enfaden ni saquen más rabia interna al enemigo de los cosacos ucranios. Porque se trata de calcular los beneficios de la no-guerra, esto es, de la paz, que es lo que interesa a la inmensa mayoría.

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Me equivoqué. No volverá a suceder

16 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Mientras Vladimir Putin sigue manteniendo la presión sobre Ucrania, con bombardeos en varias de sus ciudades, en un escenario donde crece la desinformación y el exceso de interpretaciones interesadas, ha ido aumentando sin embargo la corriente de solidaridad y simpatía con el país invadido. Las siempre curiosas -una cóctel de lo interesante, lo emotivo y lo estrambótico- declaraciones del forzado antagonista en tales circunstancias, Volodomir Zelenski, son celebradas con la misma devoción que si se tratara de un demiurgo, convertido en un lider mundial del pensamiento positivo, revelado como orate genial que solo tuviera la visión volcada hacia el interior de sus deseos, dispuesto a inmolarse en la hoguera de su resistencia heroica.

Nadie cree, por supuesto, que el presidente ucraniano y sus esforzadas milicias de chicha y nabo sean capaces de ganar la guerra, aunque están demostrando ser capaces de resistir y ponérselo difícil al expansionista ruso. Nadie puede explicarse que el poderoso Ejército ruso, al que recordamos de exhibiciones armamentísticas llenas de equipos, lanzamisiles de cabeza nuclear y aviones hipersónicos con carga destructiva sin parangón, -si de veras hubiera querido involucrarse con plenitud en una guerra contra un enemigo tan menor-, no hubiera conseguido poner de rodillas cualquier resistencia del país invadido en cuestión de un par de días.

O bien Putin está conteniendo el uso pleno de su fuerza, reservándola para ocasiones más duras, si surgieran en la deriva de los acontecimientos, o calculó mal el tiro en esta ocasión.

He estado analizando, pues ha sido ampliamente difundida, la justificación ofrecida por los dos generales -Serggiy Knyazev y Andriy Kryschendo-, encargados de la defensa de la capital del porqué a los rusos les está costando tanto apuntillar al toro ucraniano, en el supuesto que (valga el símil) esto haya pretendido ser un remedo hiperbólico de una corrida de toros con el torero Putin dispuesto a cortar las dos orejas del Miura Zelensky y dar cvon ellas la vuelta al ruedo internacional.

Kiev es una ciudad extensa, abrazada por el río Dnieper y centenares de arroyos y afluentes, que provocan que existan muchas zonas pantanosas, de turba infranqueable. Los ucranianos han destruído los puentes que daban acceso a la ciudad y para los noveles soldados invasores, construir nuevos pasos sobre esas ciénagas no es sencillo, pues los francotiradores apostados en lugares estratégicos están allí y en cualquier parte, para abatirlos sin piedad.

Ucrania necesita, dice y repite Zelenski, fuerza aérea para desnivelar la guerra y apurar la victoria hacia su lado, el de los buenos. La OTAN no está por la labor de dárselA y solo le suministra, al principio a cuentagotas y ahora se diría que a tutiplén, armas defensivas (concepto que, dicho sea de paso, se me escapa, pues ignoro por qué la cualidad de un arma no es intrínseca sin depnder del criterio de quién la maneje).

Voces autorizadas de la Corte Penal Internacional apuntan a que, dado el conocimiento que se tiene de que los invasores han bombardeado hospitales y lugares donde se resguardaban niños y mujeres, llevarán a varios de los mandamases de este despropósiro bélico a juicio por crímenes de lesa humanidad.  Macron, siempre optimista, reclama que las conversaciones que  mantiene con Putin -telefónicas, lástima, pues nos vendría bien aprovechar un acercamiento físico de fuerza amiga para contaminar con plutonio el lado de la mesa en donde se sentara el dictador-van consiguiendo, casi en su sola opinión autorizada, efectos positivos.

El prestigioso diario norteamericano Washington Post, deseando contribuir a la consecución de la paz, ha publicado que existen quince puntos que, si fueran aceptados por el presidente ucraniano, provocarían el inmediato cese del hostigamiento. No ha trascendido el contenido de ese memorial de posible entendimiento, pero sí el desmentido tanto por parte rusa como ucraniana de que tal documento exista, aunque parece que las negociaciones por la paz sí que son ciertas, misteriosas, con interlocutores de ambos bandos no identificados y mediadores desde varios lados del interés porque esto pare.

Incluso algún erudito en estos temas delicados, después de analizar varias opciones, ha apuntado que Putin se contentaría con que se declarara´independiente al Donbass y que la Ucrania reducida se comprometiera a no entrar jamás en la Alianza Atlántica.

Siguen muriendo soldados rusos y ucranianos en suelo de Ucrania. Las fuerzas invasoras  siguen asesinando civiles, destruyendo edificios, bombardeando fábricas, amenazando con cortes de energía. Siguen huyendo personas de los desastres de la guerra. Más de tres millones han buscado refugio en Polonia, Turquía, Hungría,…hasta en Bielorusia. Una columna de necesidad llega hasta España donde se movilizan miles de voluntarios para recoger víveres, enseres, medicinas, ropas de abrigo y tratar de acercárselas a los que, de golpe, han sido desposeídos de lo más elemental.

Ojalá mi crónica de mañana sea para escribir que la guerra ha terminado. Presumo que no será así, sin embargo. Y, como tuve ocasión de comentar en un grupo de amigos interesados en polemizar sobre la guerra, la tercera guerra mundial empezó hace bastantes años. Es hija de la globalización, y heredera de la ambición por el dominio económico que rige los destinos de la Humanidad desde que el mundo es mundo.

No tengo ninguna esperanza de que Putin, imitando con descaro a nuestro Emérito cuando volvía -roto- de cazar elefantes con su concubina, nos obsequie con una muestra de autoflagelación, interpretada aquí como el más calamitoso de los ridículos: «Me equivoqué. No volvera a suceder».

El Rey de antes quiso hacerlo mejor, abdicó cuando no se lo pedía nada y se metió en un pozo de equivocaciones aún más profundo y ya sin la protección del cargo impune. Puede que Putin llegue a la convicción de que, esta vez, se equivocó al calibrar las fuerzas de Ucrania y creer que el mundo occidental dejaría solo a la doncella desdichada, facilitándole así repetir la historia de Crimea. Lo volvió a intentar.

Si no se le hace asumir plenamente la derrota, lo volverá a intentar. Puede que mejor.

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¿Qué quiere Vladimir Putin?

15 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

A los veinte días de esta guerra provocada por un infiel a las leyes de convivencia internacional, quizá ya algo cansados los improvisados comentaristas que se han convertido a alta velocidad en expertos en Ucrania, en armamento y hasta en interpretar las órdenes del infractor sobre el tablero de ajedrez en que convirtió un país hace un par de semanas, fértil y pacífico, seguimos preguntándonos cuánto va a durar esta guerra, cómo va a terminar, y con qué gravedad y por cuanto tiempo afectará a nuestras economías.

El escenario bélico, para quienes tenemos acceso diario y casi continuo sobre los desastres que está provocando esta barbarie, se va cubriendo de desolación, muertos, heridos, fugitivos y miles de millones de euros en edificios destruidos, pérdidas de terreno agrario, la ruina de empresas y familias ucranianas. No sabemos, o muy poco, cómo está afectando en verdad la presión internacional (me refiero, la del mundo occidental) sobre Rusia y, en concreto, sobre los bienes del propio Putin y los oligarcas que le rodean. Parece ser que la población rusa apoya mayoritariamente al sátrapa y permanece ignorante de la tremenda desolación que la pertinaz estrategia de tierra quemada del Kremlin está produciendo en el vecino pueblo eslavo, culpable únicamente de haber manifestado (por boca de su Presidente legítimo) que desearía incorporarse a la Unión Europea y, por qué no, disponer del abrigo antiainvasió de la OTAN.

El avance de la guerra permite tomar consciencia del resultado final previsible de esta contienda descomunal entre un perverso Goliat contra un enclenque David, provisto de una honda con una china que no llega a guijarro. Un David-Zelenski, al que, con una actitud que podría juzgarse de perversa, hemos estados animando desde la grada con aplausos y vítores.  No puede decirse lo mismo ahora, después de casi tres semanas de invasión, en la que la Unión Europea, a nivel colectivo e individual de los países miembros, ha comprendido que Putin-Goliat no va a detenerse hasta conseguir el rendimiento incondicional del Gobierno de Ucrania y que, aproximándose a la frontera de Polonia, en una maniobra de matón de barrio exhibiendo su fortaleza física mientras vapulea a un inocente estudiante de primario, parece indicar que está dispuesto a continuar la pelea con todo el que se acerque para separar a los contendientes o pretenda auxiliar al que, caído en el suelo, cubierto de tamaños moratones, con pundonor, rabia y fuerzas extraídas de su impotencia, tiene arrestos para reclamar del abusón, «¡Sigue pegándome, que te vas a enterar cuando me levante del suelo!»

Los comentaristas de este hecho singular que está marcando definitivamente la Historia coetánea, porque es capaz de señalar el final a muchos paradigmas, ponen de manifiesto, con esfuerzo inventivo, lo que quiere Putin: Apropiarse de una parte sustancial de Ucrania, e irse de rositas después de haber esquilmado el resto del país invadido y obligar, en un armisticio desleal, a que ese país mutilado jamás vuelva a intentar acercarse a la Unión Europea. La realidad es que la situación parece aún descontrolada -resiste Ucrania, persiste Rusia, observa Estados Unidos, teme el contagio la Unión Europea, y China se perfila como imposible tercero para mediar ante el loco de la badalaika y sus secuaces. Porque si existe un beneficiario claro de la guerra contra Ucrania es Xi JinPing, o sea, la capacidad expansiva de China para asumir el liderazgo económico y militar del mundo.

En verdad, no me interesa lo que piensa Putin. Me interesaría, y mucho, conocer lo que piensa la Unión Europea y, desde luego, nuestro chico de ZumoSol (perdón por la frivolidad) sobre cómo parar la guerra. Mientras -supongo- los thinktank occidentales se devanan los sesos sobre las opciones, debemos dar por seguro que, aunque se consiga detener mañana mismo la masacre ucraniana, por más que sea factible llegar en un plazo muy corto a contar exactamente los muertos, heridos y forzados expatriados del país de la bandera azul y amarilla, aunque se empeñen los amigos occidentales del Estado oprimido por el garfio del terror en recuperar la mayor parte de los edificios y la actividad destruída por la inicua guerra, los daños colaterales para la Unión Europea serán brutales. Estamos en vísperas de una recesión brutal.

¿Qué quiere la Unión Europea? ¿Va a dejar que sea un solitario Macron, en conversaciones telefónicas muy confidenciales con el sátrapa, quien pida clemencia sobre Ucrania? ¿Se atreverán todos los líderes del mundo occidental -todos, unidos. solidarios- a decir alto y claro, a Putin y sus secuaces, que no van a consentir que ni por un minuto más se siga machacando un país libre y que, nobleza obliga, vale más morir con honra que vivir con vilipendio?

No se si el lector duerme tranquilo, puede disfrutar sin sobresaltos de su hasta hace veinte días merecida sensación de bienestar. No oigo aún el clamor que llegue, por todos los medios al alcance occidental (ya que no parece que se pueda contar con esa otra mitad del mundo percibido como oriental y proclive a juzgar las cosas con sus propias anteojeras), hacia la población rusa.

La periodista Marina Ovsiannikova, detenida el libes al irrumpir durante la emisión de los informativos en la Primera cadena rusa, exponiéndose conscientemente a perder su libertad y se juzgada por terrorismo, marca un camino. Lo presentó en un cartel improvisado, con letras desiguales y aspecto cutre, en inglés y ruso. Sobre todo en ruso: No a la guerra. Os están mintiendo» Que pare ya este despropósito. No oigo el clamor. El morbo de contar noticias sobre refugiados, muertos en las calles, destrucción y centrales nucleares que se apagan, unido a la subida de precios constante, disparada en nuestros mercados, debe quedar sepultado, cuanto antes, por una posición sólida, inmensa, única, contra la guerra. No quiero que se nos juzgue desde el vilipendio, la complacencia, el mirar hacia otro lado. No va solo por mí, viejo y enfermo. Va por todos.

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Tsunamis de desolación y olas de solidaridad en Ucrania

14 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

A los diecisiete días de la invasión rusa de Ucrania, son muchas las derivas de este conflicto iniciado por el sátrapa Vladimir Putin y su equipo del Kremlin, Desde luego, el elemento sustancial de este baldón en la Historia de la Humanidad, es la agresión criminal de un Estado con ambiciones imperialistas a un Estado soberano, libre y con una calidad democrática muy superior a la del invasor.

Esta inconcecible vuelta a la barbarie esclavista sucede cuando creíamos -al menos, desde nuestras gafas de visión limitada occidental- que estábamos avanzando velozmente en un mundo globalizado, tecnológicamente muy capaz y en el que los derechos más básicos, aunque con algunas deficiencias, resultaban respetados por todas las naciones. Hoy lamentamos que ese juguete de autocomplacencia se nos ha ido por los aires.

La guerra en Ucrania sigue, porque la invasión no solo no cede, sino que la defensa de los ucranianos de su país se ha consolidado a niveles heroicos. La ayuda internacional en armamento y apoyo logístico ha aumentado, desde unos primeros momentos de indecisión y, aunque siguen existiendo graves reticencias para proporcionar desde los países de la OTAN dispositivos bélicos que puedan permitir un mejor equilibrio de fuerzas, el desequilibrio entre los dos bandos combatientes es notorio.

Es casi inexplicable, salvo por la intención perversa de machacar sistemáticamente cualquier oposición y dejar tierra quemada en Ucrania, que Rusia no se haya hecho ya con el control. Los avances de las fuerzas armadas rusas, cuando se observan sobre el terreno como una mancha de sangre, destrucción y dolor que se propaga por Ucrania, son tan angustiosamente lentos, tan devastadores, que no me atrevo a asignárselos (aunque quisiera) solo a la capacidad de resistencia, sacrificio y valor de los ucranianos; porque no puedo ignorar que el Estado asolado carecía de un Ejército de entidad y la inmensa mayoría de los que luchan del lado del invadido, hace un mes no sabían manejar un arma.

Una consecuencia tremenda del conflicto, que nos afecta a todos, y que, en olas de solidaridad y afecto, surgidas de forma espontánea, han avanzado por la Unión Europea, es la acogida a refugiados. Son ya más de tres millones de personas, básicamente mujeres, ancianos y niños, porque los hombres se han quedado en los frentes. A España también están llegando algunas de estas familias, que han perdido absolutamente todo. Polonia es, con distancia, el país que más refugiados ucranianos ha acogido, por proximidad al conflicto. Un conflicto que, por ese calculado incremento de presión sobre la OTAN del megalómano director de la invasión, está ya muy cerca de activar el  compromiso de defensa de la OTAN si se amenaza a un Estado de la Alianza.

El entusiasmo por ayudar, de dar salida al deseo de ofrecer cooperación desde el burladero de la guerra a los ucranianos, mezclada con la indignación y la rabia, no debería hacer olvidar que esa colaboración tiene que realizarse de forma ordenada. Muchos españoles han llevado víveres, ropa, material de primera necesidad y farmacos, a centros de recogida para Ucrania y no son pocos los ucranianos residentes aquí que, acompañados con frecuencia de españoles, han hecho o están haciendo los más de dos mil kilómetros (casi tres mil desde los puntos más distantes de la frontera polaca), para llevar esa ayuda a centros próximos a la zona de guerra para que se los hagan llegar directamente a los desplazados a la frontera de Polonia o a puntos del conflicto.

Han empezado a llegar familias rotas ucranias que lo han dejado todo atrás, salvo el dolor de haber sufrido el arranque brusco de la tranquilidad y tal vez de forma definitiva. Hay mucho frío en este invierno en la zona. Los desplazados han tenido que soportar, con las prendas de abrigo recogidas de manera veloz y el impulso desgarrado de su dolor, condiciones durísimas, inimaginables desde nuestros asientos de confort.

Las ONGs especializadas en ayuda humanitaria y, también, portavoces del Ministerio responsable de Migración y ayuda a refugiados, advierten de la necesidad de poner orden a estas entradas, de momento realizadas de manera no reglada, espontánea y con riesgo de entrar en caos. Los trabajadores sociales están tratando de dar cobertura afectiva, pero también orientación válidad a esos recién llegados.

Toman sus datos básicos, les dan el primer apoyo, se interesan sobre si cuentan con redes aquí en España y tratan de concretar sus necesidades. Tienen autorización para estar tres meses sin permiso de residencia, pero precisarán al cabo de ese tiempo, saber si cuentan con un trabajo con garantías de estabilidad, si los niños que les acompañan pueden ser escolarizados y, por supuesto, dónde residir. Si valoramos además que la gran mayoría no conocen el idioma, podemos darnos alguna cuenta de la dimensión del problema.

No son refugiados, tienen el Estatuto de protección temporal, porque oficialmente se cree que la guera terminará pronto. Lo que no terminará en años, aunque la demencial agresión finalice, es el dolor y la desolación causados. Ni la necesidad de reflexionar con absoluta seriedad y profundidad por qué nos ha explotado esta bomba en nuestras manos.

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Estamos en un punto de no retorno

7 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Cuando miro, una y otra vez, la fotografía de esa familia ucraniana masacrada en el momento en que se disponía a huir de la zona de mayor peligro, utilizando el señuelo del corredor humanitario, -un término equívoco en sí mismo que se transformó en mortal para ellos-, mis ojos se fijan obsesivamente en la maleta que quedó en pie, junto a los cuerpos inertes de la pareja y sus hijos. ¿Qué podían haber amontonado, sin duda apresuradamente, en ella? ¿Qué esperanzas de salvación se les quebraron cuando el misil de un soldado sanguinario los eligió a ellos como símbolo del aumento de la barabarie?

Hay muchos testimonios desgarradores, imposibles de entender desde la calma que aún vivimos, de personas que nos cuentan sobre sus miedos, sus esperanzas, sus ilusiones, desde la frialdad de una pantalla de plasma a través de lo cual podemos correr el riesgo de pensar que no son reales, de que nada es real,ni verdadero ni cierto.

Putin es un canalla de película, pero cierto; sus secuaces del Kremlin son un hatajo de asesinos cobardes, letales por acción y omisión; los soldados rusos que han invadido una tierra de paz respondiendo a designios criminales que nadie les habrá explicado, pero que ahora seguro que lo entienden muy bien, son una pandilla de asalteadores dotados de armas preparadas para matar inocentes. Nada les salvará de su ignominia.

Una niña ucraniana, Amelia, que parece tener la edad de mis nietas, canta en un refugio, con una voz bien timbrada, melódica, cautivadora, la canción Let it go de la película Frozen que habla de libertad y que parece escrita para proclamar la gran verdad, que nadie podrá vencer jamás la decisión de ser uno mismo, de romper las amarras con la tiranía y la mentira. Me uno a los aplausos que cierran la interpretación genial, desde el silencio del búnker, roto por esa manfestación de entusiasmo espontáneo.

Me gustaría ser optimista, necesito serlo, aunque todo está conjurándose para que el final sea, no solo triste, sino caótico. Dicen que el presidente chino, Ji-Ping y el turco, Erdogan, pedirán o han pedido a Vladimir Putin que cesen las hostilidades. La presión internacional y, en la medida en que puede expresarse sin riesgo a terribles represalias, debiera ser insostenible para el tirano. El sátrapa insiste que solo se detendrá si Ucrania se rinde y acepta que los territorios del Dombás y Crimea se incorporen a Rusia y que el país invadido renuncie a su libertad de decisión, apartándose de la Unión Europea y de la OTAN.

No puedo entender, ni consentir por tanto como postura digna, que en el Gobierno de España se sienten individuos que no apoyen el envío de armas a Ucrania, que es lo que ha solicitado el héroe Zelenski (junto con medicinas, alimento y ayuda humanitaria). Esta disensión en el Gobierno, que por ley, debe tomar decisiones colegiadas y tener una sola voz, es la representación de la ruptura de la coalición y la mejor muestra de la incapacidad para asumir la complejidad de la situación, actuando en consecuencia. Ucrania, país libre,ha sido invadida y se está resistiendo ante la agresión con un orgullo y una unidad dignos de todo respeto y apoyo. Incluso, en mi opinión, aunque los países de la OTAN están mostrando una prudencia y un temor a la escalada que no se corresponde con los principios éticos y jurídicos que deben regir las actuaciones de los países democráticos, la aplicación del art. 2 del Acuerdo debería ser suficiente para justificar involucrarse en el conflicto en la defensa de la libertad de Ucrania,

Querámoslo o no, ya estamos metidos en la guerra. De momento, España solo lo ha hecho mediante el envío de armas en un segundo nivel. Se dice que son para incrementar la capacidad de defensa individual y se pretende que no nos involucra…demasiado. No dejo de pensar que un combatiente sin experiencia en el manejo de material militar al que se envía al frente de guerra y a combatir con un enemigo sin escrúpulos y mejor alimento, se convierte en blanco fácil.

La heroicidad de los ucranianos, sosteniendo la situación con valor, entereza y capacidad de respuesta improvisada pero efectiva (hasta ahora) es acreedora, no solo de palabras de ánimo, aplausos y oraciones, sino de apoyo sin reservas. Si las medidas que pretenden el colapso económico de Rusia (a costa de provocar acercarnos nosotros también a la pérdida sustancial de nuestro bienestar) no tienen el efecto de detener la barbarie, si los desvelos negociadores de Macron (en campaña electoral en Francia), o de los presidentes chino y turco, no sirven más que para que Putin eleve su apuesta destructora, la OTAN debe tomar una decisión difícil, honrosa y legítima: o Putin se retira de Ucrania o entraremos en guerra directa con Rusia.

Quién nos iba a decir hace apenas unas semanas que nos tendríamos que confrontar con un porvenir tan sombrío. Putin no puede vencer en esta guerra.

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Europa está en guerra junto a Ucrania

5 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Después de diez días de la ignominiosa invasión de Ucrania por el déspota ruso y sus secuaces mafiosos, las operaciones de hostigamiento contra el régimen legítimo y sobre la población del país europeo alcanzan la catergoría de paroxismo demencial. El número de ucranianos huídos de la barbarie destructora supera ya el millón y medio, de los que aproximadamente un millón han atravesado la frontera con Polonia.

En su delirante concepción de una guerra de sometimiento de las voluntades de un pueblo libre, Putin se ha encontrado con la defensa heroica de los ucranianos y con el apoyo -ya no solo sentimental- de la Unión Europea a la resistencia frente al invasor. No destaca España precisamente .en relación con los países europeos que se han involucrado más en el apoyo a los combatientes frente al asedio- pues se ha criticado que los lanzacohetes C-90 y los cetme Ameli (que forman el cuerpo básico de equipamiento militar de nuestra aportación) ni son el armamento más moderno ni corresponden con los modelos de mayor calibre disponibles…pero la ayuda humanitaria está al más alto nivel y, en casi todas las ciudades y villas españolas de entidad se están realizando manifestaciones, incluso improvisadas, contra Putin, y a favor de la inmediata instauración de la paz.

Ajeno a esa voluntad de presión internacional sobre el dictador ruso, el sátrapa ha dado vía libre a la elucubrante oferta del líder Checheno, el sicóptata Ramzán Kadírov de enviar a 10.000 de sus efectivos para sembrar aún más pánico entre la población civil del país invadido y, como un comando terrorista, tratar de asesinar al valiente presidente Volodomir Zelenski, comandante en jefe del ejército resistente. Un ejército que, a pesar de estar formado mayoritariamente por efectivos no militares -Ucrania ha movilizado a todos los varones entre 18 y 65 años- está demostrando una capacidad de lucha y un ardor gerrero dignos de encomio.

He analizado con  máxima atención las declaraciones de Josep Borrel sobre la guerra y, en particular, el deseo expresado de que China debe ser la mediadora en el conflicto, reconociento la incapacidad de la Unión Europea y de Estados Unidos para actuar de mediadores. China parece estar mirando hacia otro lado, por no expresar mejor que se alinea del lado de Putin, al que considera su aliado. El presidente Xi JinPing señaló su influencia cuando consiguió que la invasión de Ucrania se retrasara para no afectar a los Juegos de Invierno que se celebraron en Beijin. El Ejercito chino es ya el mayor del mundo, con potencia superior a la de Estados Unidos y el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha estimado en noviembre de 2021 que el Gobierno amarillo pretende cuadriplicar su arsenal nuclear antes de 2030.

Las previsiones de un final de la guerra próximo siguen inciertas. Por una parte, porque la estrategia militar rusa frente a la invasión se ha revelado inconsistente, si lo que pretendía Putin es una guerra relámpago y una rendición incomdicional en un par de días del gobierno ucranio. No solo no ha sido así, sino que la encarnizada defensa de los habitantes del país invadido, su alta moral y el creciente apoyo internacional están ofreciendo tremendas dificultades al avance militar. La previsión de invasión con tanques del terriitorio retrotrae la guerra a conceptos bélicos del siglo XX, alejados de las modernas concepciones militares. Las luchas, de gran intensidad, se concentran en los territorios de la frontera este (el eje Lugansk-Donetsk, Melitópol, Jersón hasta Odesa) y el avance para doblegar Kiev, ciudad a la que se ha tratado de rodear y que ha sufrido bombardeos localizados que han destruido edificios singulares públicos y otras instalaciones estratégicos, se ha visto impedido hasta ahora por su férrea defensa.

La bisoñez de los soldados rusos, jóvenes que estaban haciendo la larga milicia, y pertenecientes a las familias más pobres de la escala social (los ricos pueden obvar el servicio militar pagando unos rublos para ser eximidos de la carga), unida a su escasa motivación, está ralentizando los avances y causando muchos muertos de los invasores en los encuentros y emboscadas con la defensa ucrania, sino mejor dotada en equipamiento, sí mucho más resuelta y concienciada.

Otro aspecto que se está revelando como sustancial es la intervención de los hackers y especialistas informáticos ucranios -convocados por su Gobierno- en, al menos, un doble sentido. Primero, para provocar interferencias en las comunicacones, destruir o falsear información del mando ruso con los soldados desplazados hacia los objetivos, provocando su vulnerabilidad.

En fin, la destrucción del país invadido prosigue a gran escala. Los daños materiales son cuantiosos. La crisis humanitaria aumenta exponencialmente. La Unión Europea se prepara para una agudización de la inflación y una disminución de las expectativas que confiaban en la recuperación de la crisis que estramos soportando desde hace años. Las medidas de presión contra Rusia -que abarcan muchos niveles, pero sobre todo, se centran en las actuaciones contra su economía, tienen el esperado y no deseado efecto boomerang.

Esto no ha acabado. Recojo las palabras de Borrel «Estamos entrando en un mundo desconocido…» «Los europeos hemos construido la Unión como un jardín a la francesa. bonito, ordenado, pero el resto del mundo es una jungla.» (El Mundo, 5 de marzo de 2022).

Bienvenidos, pues, a la jungla. Por ella, no se camina con cámara fotográfica y traje de paseo. Hay que sacar el kit de supervivencia y el machete.

 

Publicado en: Actualidad, Guerra en Ucrania Etiquetado como: Borrel, chechenos, China, Guerra en Ucrania, JInPing, Kiev, Odesa, Putin, Ramzán Kadirov, Zelenski

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