Son solo poros, compañera, pero qué múltiples los huecos,
y, al movernos, nacen sin cesar más huecos más hondos más sinuosos;
entre tus pezones identifico historias viejas
disfrazadas de nuevas pesadillas;
loco de ansias escribo sobre tu piel cuentos inacabados,
sinfonías completas de alumno de primero de solfeo
donde los personajes somos nosotros son los otros,
gigantes transformados en pigmeos que, alardeando de saberlo todo,
ignoran nombres, calzan guantes para proteger sus manos pegajosas,
y sonrientes nos prometen entre dientes muchos premios,
enseñan un programa de falsas variedades,
mientras nos aplastan sin piedad cada vez que nos movemos.
No les prestes atención, no pienses no preguntes.
sálvate tú al menos de sus uñas y dientes,
mientras caigo me consuelo mientras te prevengo,
escápate de aquí, no los toques no preguntes no te muevas,
porque cuando caemos en sus redes, los duendes del pasado
nos destrozan el presente, nos alzan de aquí, ya ves,
se ríen impíos de nosotros,
y nos hacen volver a vivir la mala suerte.
(Este poema está incluido en el libro «Sin herencia precisa» (@angelmanuelarias, 1992) y forma parte de una terna. El primero de éstos, lo publiqué en este blog el 1 de enero de 2015 y puede encontrarse en este enlace: Conservo mi oficio juvenil, hacer del riesgo un placer de helados y limones – Al socaire (angelmanuelarias.com)
El resto del libro, como casi toda mi producción poética, se mantiene inédita.






