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Frases ausentes

3 diciembre, 2018 By amarias Deja un comentario

En otro Comentario me referí a Frases capitales que probablemente nunca oiremos y que, sin embargo, corresponden a momentos sustanciales de nuestra existencia.

Dedico este Comentario (¡a petición de una lectora, que me sugirió la temática!) a aquellas frases positivas que nos hubieran significado un chute de alegría, una necesaria explicación, o una grata satisfacción y que tampoco oiremos.

Pongo ejemplos. Hemos pronunciado una conferencia que nos llevó, por supuesto, tiempo y esfuerzo preparar.  Esperábamos una asistencia numerosa, pero, en verdad, solo unas pocas personas, incluidos cónyuge y algunos amigos cogidos a lazo, ocuparon las primeras filas.

Al final de la charla, los amigos nos felicitan con frases de cortesía y se lamentan de la poca afluencia de público. Apenas oímos lo que nos dicen, siguiendo con la mirada a los desconocidos que se van en silencio.

¿Les habrá divertido, ilustrado, aburrido, a ésos, que no guardan relación de amistad o familiar con nosotros?

¡Cómo nos hubiera gustado saber que uno de ellos ha dicho: “Me pareció una conferencia entretenida; se ve que el autor se lo curró. Lástima que no me haya atrevido a hacerle un par de preguntas”.

Nos prodigamos poco en frases amables: a la pareja, a los padres, a los hijos, a la familia propia y a la política, a los amigos, a los desconocidos. Por lo que hacen bien, por lo que los apreciamos, porque sí. Sin esperar nada a cambio.

Primera moraleja: Procuremos manifestar lo que nos agrada al responsable principal de esa alegría, incluso aunque se trate de un desconocido.

Otro ejemplo. Llueve a cántaros y no llevamos paraguas. Nos hemos refugiado en un portal, esperando a que escampe, aunque la lluvia arrecia y tenemos una cita importante a la que llegaremos tarde. Estamos nerviosos y preocupados.

Pasa una persona que lleva la dirección que deberíamos tomar, protegida con un gran paraguas. ¿Nos atreveremos a pedirle que nos permita cobijarnos bajo su magnífico quitalluvias?

Y ella, ¿pronunciará las palabras que hubiéramos deseado oír?: “¿Le puedo ayudar? Creo que usted trabaja en la oficina de enfrente a mi local. Mi paraguas es grande y permitirá cubrirnos a ambos.”

El del paraguas es un ejemplo trivial. Pero…¿cuántas veces despilfarramos lo que ya no nos hace falta? ¿Qué pensamiento hay detrás de tanto actuar bajo el motto “Quien venga detrás, que arree”?

Segunda moraleja: Hagamos participe de lo que nos sobra a quien lo necesita. Nos producirá una satisfacción adicional a nuestro propio disfrute.

Tercer ejemplo. Nos ha llamado el jefe de personal para comunicarnos -dice- algo importante. Llegados a su despacho, nos alarga un papel en el que se expresa nuestro despido por haber incumplido instrucciones superiores, reconociendo simultáneamente que el despido es improcedente y nos ofrece firmar el finiquito.

Desagradable sorpresa, para la que no tenemos ni justificación  ni antecedentes. Nos negamos a firmar el Recibí y el cumplidor lacayo llama a dos compañeros que firman como testigos.

¿Asomará el careto nuestro jefe directo para explicarnos que ha propuesto nuestro despido, no porque seamos ineficientes ni díscolos, sino, justamente al contrario, porque de esa forma trapacera cuenta con librarse de un serio competidor en sus aspiraciones personales de ascenso?

Y esos compañeros, los testigos circunstanciales que prestan su apoyo a una injusticia, y los otros que miran a otro lado mientras recogemos la foto de nuestra pareja y los niños, y una carpeta con tiras de goma, ¿serán capaces de negarse al atropello, indicando que la empresa perderá un buen empleado que no será posible sustituir sin deterioros?

Trascendamos también aquí, del concreto ejemplo. ¿Seguiremos mirando hacia otro lado ante las injusticias, los atropellos, los escarnios? ¿Nos servirá de disculpa que los afectados están lejos, que no se puede hacer nada, que otros están mejor situados o son más responsables para intervenir?

Tercera moraleja: El silencio ante las injusticias nos hace sentirnos, no solo incómodos; nos convierte en cómplices.


La fotografía que acompaña a este Comentario es, claro, la de una ruina. La tomé en la zona de observatorios de aves de Isla Cristina; cerca de esta ruina hay un viejo molino, utilizado como vivienda particular, en estado de deterioro notable.  Aún peor resulta el espectáculo en Lepe, Huelva, en la zona de marisma del río Piedras. Allí también hay ruinas, parece ser, de un viejo molino. El camino de acceso a ese observatorio estaba intransitable y, una vez que llegué, a pie, al  propio observatorio, me encontré con que estaba destruido.

Incluyo el testimonio como evidencia de que el descuido y el abandono también afectan a los parajes naturales protegidos.

Podía incluir otras fotos del mismo lugar y de más áreas teóricamente destinatarias de especial protección, que mostrarían su uso por ocupas sin permiso, o como vertederos de basuras, y soportando edificaciones ilegales o ruinosas. Es una lástima, que contrasta con la excelente protección y cuidado que se dispensa a otras áreas de las marismas en la misma Huelva o en la vecina Cádiz, gozo para los aficionados a observar la avifauna en su estado natural.

Convendría que los funcionarios de la Junta de Andalucía dieran un repaso eficiente a las zonas de la reserva, anotando las imperfecciones e irregularidades que observen y actuando para eliminarlas. Lo merecen las excepcionales características de las marismas del Guadiana, Odiel, Piedras, etc., y su potenciación para el turismo ornitológico. Hay mucho avanzado, y lugares que cabe calificar como de primera línea, contrastando con otros, incursos en un abandono o una permisividad injustificables.

 

Publicado en: Actualidad, Cultura Etiquetado como: agradables, cariño, cómplices, Frases, Lepe, marismas, Odiel, Piedras, ruinas, silencio

Mi Diccionario desvergonzado: nombre, apellido, silencio, herramienta, manual, poesía, labios, comedor, mejillas

11 septiembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Disgusto. Cosecha infalible del que siembra expectativas.

Normal. 1. Comportamiento de quien no tiene imaginación ni agallas para hacer otra cosa. 2. En una situación cualquiera, resultado que se espera cuando no se dispone de información suficiente sobre las verdaderas opciones. 3. Función estadística que refleja que si se repite muchas veces un suceso, manteniendo la situación de contorno invariable, la mayor parte de los resultados son anormales.

Herramienta. 1. Objeto que sirve para manipular sobre otro, al que deforma con mayor velocidad que el deterioro que él mismo sufre. 2. En informática, programa del que se utilizan solamente un par de cosas, para las que es posible que no haya sido específicamente ideado.

Visita. 1. Persona o grupo de personas que irrumpen en casa ajena con la intención de ser invitados a merendar o cenar a cambio de un paquetito de pastas rancias. 2. Manera hipotéticamente tranquilizadora con la que un familiar anuncia que nos la va a hacer, ocultando su intención de hacernos mucho más, permaneciendo varios días con nosotros. 3. Entrada específica de un ciudadano anónimo en un museo o establecimiento abierto al público, que debe realizarse en horas concretas y previo pago,  para distinguirla de las que incursiones que realizan quienes detentan otras categorías sociales, que se acompañan, según los sitios, de cánticos, cóctel o conferencias, y son, en cualquier caso, gratuitas.

Poesía. 1. Conjunto de palabras agrupadas por un exaltado en un momento de arrebato, que ha sido provocado por un estimulante, no necesariamente sicotrópico, al que el autor concede un significado especial, no correspondido. 2. Soneto o composición de estructura parecida, rareza literaria, porque su resultado no guarda relación con el tiempo que es necesario emplear para escribirlo. 3. Sensación agradable percibida por quien tiene los ojos abiertos a los encantos de la naturaleza, y que es tenida por síntoma de debilidad, y que es aconsejable, por ello, disimular.

Comedor. 1. Lugar de asistencia social en el que se sirven platos templados de garbanzos o lentejas a quienes no disponen de medios para que se les ofrezca un lugar de trabajo remunerado. 2. Lugar de la casa en el que se ve la televisión.

Mejillas. También llamadas mofletes o carrilleras, carne muy apreciada del rostro de algunos animales –siendo más sabrosas las de cerdo que las de vaca -, que en los seres humanos conserva su sensibilidad, enrojeciendo, mientras se tenga vergüenza.

Manual. 1. Librito que se vende junto a un aparato de complicado manejo, que puede resultar imprescindible leer después de haber intentado hacerlo funcionar en vano, que se haya escrito en decenas de idiomas, traducidos del chino por un estudiante políglota, y que, si bien rara vezo sirve para resolver las dudas planteadas, dispone de una relación de establecimientos previstos para dar asistencia técnica, de los que no cabe descartar que las señas de alguno sean correctas. 2. Procedimiento alternativo para accionar un equipo automático, que ha de ser preferido por tener menores opciones de estropearse.

Pendiente. 1. Adorno, típicamente circular, que se introducía en sendos agujeros realizados en las orejas de las niñas al nacer, para distinguirlas sexualmente sin necesidad de desnudarlas. 2. Adorno de utilización asexuada, que evidencia la pertenencia a cualquier grupo o colectividad de ideario confuso, e incluso de ninguno, que se coloca en cualquier parte del cuerpo, con el objeto de llamar la atención sobre la infección cutánea que ha producido, y que suele combinarse con tatuajes realizados por la pareja o un amigo en una noche de juerga.

Casco. 1. En una ciudad con monumentos y ruinas, lugar en donde los coches aparcan sobre las aceras o en los lugares previstos para tránsito peatonal. 2. Protección utilizada por los motoristas, que, cubriendo la cabeza por completo, deja expuestos los demás órganos susceptibles de ser donados en caso de accidente mortal, y que encuentra su uso más exótico para ocultar el rostro de un presunto delincuente perfectamente identificado, cuando acude a declarar a una sede judicial. 3. Receptáculo que contuvo bebidas, y que se debe depositar entregar en el contenedor azul para su destrucción, y que, cuando no existía concienciación ambiental, se reutilizaba.

Conversación. 1. Monólogo en el que una persona cuenta sus propias desventuras a otra, que, consciente de que carecen para ella de interés, las escucha sin intervenir más que con monosílabos  que disimulan que está pensando en otra cosa. 2. Intento reiteradamente fallido en el que un padre intenta dar a su hijo consejos que estima pertinentes, y que se recuerda con nostalgia como una lástima, después de fallecido aquél.

Tos. 1. Manifestación de existencia emitida por un fumador cada mañana, al levantarse. 2. Incorporación a una obra orquestal por parte de alguien que carece de oído alguno para este arte. 3. Si es nerviosa, intento de aclarar la garganta cuando no se sabe qué decir, y convendría saberlo.

Bruja. 1. Mujer malvada, que vive en los cuentos de hadas y que se fabula tiene cierto parecido sicológico con la mamá política. 2. Persona que pretende tener facultades especiales, por lo que adivina lo que nos ha sucedido, si le damos la oportunidad de conocerlo previamente.

Labios. 1. Repliegues, a modo de bordes carnosos a la entrada de la boca, que en la mujer se encuentran, sorprendentemente, duplicados en una otra parte, que sea salva. 2. Zona erótica secundaria, en el que, poéticamente, se pretende ubicadas sensaciones sexuales de mayor interés.

Nombre. 1. Apelativo escogido por el padre o padrino para una inocente criatura, que marcará, no solo su carácter, sino el mote o diminutivo que recibirá al crecer. 2. Atribución de una expresión corta para llamar a un animal de compañía que, si se pronuncia en su presencia a la hora de su comida, fingirá que lo entiende.

Apellido. 1. Resto histórico de la designación de un clan familiar, con sorprendentes escasas variantes, sin otro valor actual que convencer a la mayoría de los ciudadanos que, por carecer de ancestros destacables, dependen solo de su capacidad y su trabajo. 2. En los libros de heráldica, registro de importantes, útil para detectar orígenes de patrimonios.

Silencio. 1. Espacio entre dos ruidos, que se antoja prolongado e incluso intenso si nos paramos a pensar en él. 2. Como toque de corneta, aviso nocturno utilizado en los cuarteles, para indicar que los oficiales y los soldados autorizados pueden salir de parranda al pueblo cercano. 3. Voz inútil con la que los padres desesperados intentan expresar a sus infantes que a ellos les ha llegado la hora de dormir.

 

Publicado en: Diccionario desvergonzado Etiquetado como: apellido, comedor, diccionario desvergonzado, herramienta, labios, manual, mejillas, nombre, poesía, silencio

No me abstengo

13 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Me parece preocupante que crezca el número de los que se abstienen. En las votaciones para decidir sobre cuestiones políticas o económicas, incluso muy relevantes, me he preguntado siempre qué significado exacto reside detrás de la abstención ante un tema de importancia.

Entiendo que no puede ser interpretado como «no me interesa en absoluto lo que se debate» y sería pernicioso igualmente identificarlo con «me da lo mismo que se haga lo que se haga, todo me parece bien». Particularmente demoledor sería atribuir al que se abstiene la opinión de que «como el sistema está corrupto y dominado por intereses que no comparto, ni siquiera con los que están en contra de la propuesta, me declaro al margen».

Sospecho que una buena parte de los que se abstienen, al menos en las votaciones normales de nuestra vida corriente y moliente, lo hacen para no enseñar su posición, esto es, para no comprometerse. Si la votación es a cara descubierta, y puede identificarse al autor de la opinión o juicio, el número de los que se abstienen, crece.

Me ha intrigado, desde que era niño, el silencio de los que callan su opinión sobre lo que se debate. ¿Por qué están allí, si aparentemente, no les interesa lo que se dice? ¿Para aprender, para vigilar a otros? ¿Tal vez para informar a alguien que no quiere aparecer visible, actuando como sus confidentes o espías, dispuestos a proporcionar munición a un poderoso ausente contra el que se ha expuesto, al decir lo que piensa?

En las reuniones, cuando me tocó y toca dirigirlas, procuro animar, especialmente a los que parecen más retraídos, a que se manifiesten. Generalmente, me encuentro con un regalo producto de ese empeño: los que guardaban silencio, son quienes tienen las opiniones más interesantes, las ideas más novedosas.

En cambio, los que hablan mucho, acaparando los espacios, raras veces tienen algo nuevo que aportar o decir.

No te abstengas. Habla. Y, después y en todo momento, escucha. Sobre todo, a los que callan. Y desentraña las causas de su silencio.

Publicado en: Cultura, Sociedad Etiquetado como: abstención, debate, discusión, reunión, silencio

La luz del túnel

5 marzo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

La imagen es sugerente, y por eso, se emplea con frecuencia. «Ya vemos la luz del final del túnel», hemos oído decir muchas veces -es decir, sin fundamento- a los políticos que se encuentran con responsabilidades de gobierno, para tranquilizar los ánimos.

La existencia de un túnel implica que alguien ha estado antes por el territorio y que, además, lo ha hecho con medios suficientes como para horadar el obstáculo, ampliarlo y robustecer los techos y paredes. La única incógnita que debe despejar quien, posteriormente, se aventura por el agujero es la de su longitud,  que determina el tiempo necesario para alcanzar la otra salida.

Para quienes marcan las directrices (1) en la Unión Europea («die europäische Troika» es decir, Europäische Kommission, EZB -Europäische Zentral Bank-, e IWF .-Internationalen Währungsfond-), y los que las implementan en nuestro pequeño país, es evidente que la idea del túnel es la admitida: los estados mayores y más ricos han pasado por lo mismo, saben por experiencia propia que después de un período de oscuridad y angustia se llega a la luz del bienestar (que se había perdido momentáneamente). Si perseveramos en el camino, tendremos como premio la misma felicidad de la que ahora disfruta el centro de Europa.

Este agujero no tiene, sin embargo, el aspecto de ser un túnel. Al menos, no de uno que esté ya fabricado y haya sido usado. Hace ya tiempo que avanzamos a pico y pala, y la difícil extracción de los escombros está bloqueando la entrada. Las únicas luces que se ven son las que proceden, y cada vez más débiles, de las linternas de algunos con cascos en los que puede leerse «capataces» y que, por cierto, no se distinguen precisamente por estar en la primera línea del tajo.

Algunos expertos consultados dicen que, analizando los detritus,  no estamos caminando por un túnel, sino fabricando un pozo, y nos aconsejan abandonar la tarea.

Se ha oído una voz desde algún lugar de la comitiva: «¡Eh, los de atrás! ¿Seguís viendo la entrada del túnel?».

El silencio resulta, de momento, sobrecogedor.

Publicado en: Sociedad Etiquetado como: banco central europeo, comisión europea, fondo monetario internacional, IWF, luz, medidas, oportunidades, pozo, recuperación económica, salida, silencio, soluciones, troika. EZB, túnel, viabilidad

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