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Archivo de enero 2015

Segunda de las Cartas filípicas

8 enero, 2015 By amarias 2 comentarios

Majestad,

En mi primera carta puse de manifiesto la oportunidad que se le presenta hoy a la Monarquía, institución arcaica y anómala en el contexto cultural contemporáneo, para servir de plataforma al entendimiento constructivo entre los españoles.

Sería un grave error de apreciación por mi parte, que de ninguna manera desearía trasladar a Vd., creer o hacer creer que un Rey, lo mismo que cualquier otra figura, -¡incluso la de un Presidente de la República!-, pueda fungir como árbitro de los variados intereses de los ciudadanos. Aunque puedo imaginar que, en situaciones críticas, como sucede en algún otro país, el Presidente se vea compelido a proponer un jefe de Gobierno para salvar la falta de entendimiento entre los partidos, incapaces circunstancialmente para ponerse de acuerdo, por hallarse prisioneros de sus intereses peculiares, la medida no deja de ser provisional y, frecuentemente, proporciona una falsa solución, viniendo a complicar aún más el problema de la ausencia de concordia.

Tampoco imagino que a un Rey o Presidente le corresponda dar instrucciones que deban ser cumplidas por as restantes instituciones, como si tuviera alguna lógica admitir que alguien pueda mantener en su privilegiada cabeza todas las necesidades propias del Estado y dispusiera de la llave mágica para satisfacerlas. Sería ridículo caer en tal error, inadmisible en un  Estado moderno.

Si, por otra parte, creyera ese Jefe de Estado que su función era limitarse dar consejos o máximas generales, a modo de instrucciones de un ideario elemental, puede que eso sirviera de cierto alivio o contento a los más declarados monárquicos (o republicanos, para el caso), pero los problemas permanecerían, desde luego, sin resolver. Manifestar que se está preocupado por el paro, la corrupción o la falta de unidad, es  poner en evidencia una carencia colectiva, no aportar una salida constructiva para solventarla.

Se pueden seguramente, indicar múltiples causas por las que el país está en la actual situación de crisis. Lo diagnósticos son mucho más sencillos de hacer que encontrar propuestas de solución viables y, aunque éstas se pudieran detectar y aportar, ponerlas en práctica es otra cuestión aún más compleja. La causa de que los españoles anden, otra vez, desorientados respecto a lo que hay que hacer, defendiendo unos que hay que volver atrás y otros que lo que procede es olvidarse de lo recorrido y empezar de nuevo con todo, está, sin duda, en la ausencia de liderazgos surgidos desde la autoridad moral y técnica, por ello,  caracterizan la escasa credibilidad que tienen los que se presentan como líderes.

Para avanzar, es imprescindible admitir que los problemas a resolver son muy heterogéneos, (desde luego) y que no valen fórmulas académicas, ni copias de lo que a otros les va aparentemente bien, ni es momento para acudir a estereotipos, pues es la cuestión capital es generar un tejido socioeconómico dinámico, sólido, vital, y no recurrir a parches reclamados por quienes ven que su negocio se cae o atender a la demanda urgente de propuestas de  intervención particulares, amparadas en confusas ideologías que no tienen refrendo práctico sólido. Crear todo nuevo, sería imposible: hay que aprovechar lo que se tiene, robustecer lo que es principal,  y generar nuevas ramas fértiles.

Los españoles actualmente vivos, no han sabido de la guerra civil, apenas guardan memoria de la dictadura franquista y carecen de perspectiva para valorar la evolución experimentada durante el reinado de su señor padre, D. Juan Carlos. Muchos no admiten que el camino recorrido tenía fallas estructurales y que el modelo social que se creía consolidado presenta grietas que es imprescindible cubrir o revisar.

La gran mayoría de los que tienen menos de cuarenta años solo saben de las dificultades para encontrar empleo, de la pérdida de poder adquisitivo respecto al que tenían sus padres y, además, carecen de orientación social, religiosa o política a la que puedan acudir como referente ideológico.

Por otra parte, la generación de los que tienen más de setenta años, (nacidos antes de 1945), por ley natural, pero también porque algunos han sabido aprovecharse de la coyuntura, ha ocupado la mayor parte de las posiciones, relevantes;  algunos -muy pocos, pero altamente significativos- se han enriquecido excepcionalmente con la coyuntura y controlan centros de decisión o acaparan (ellos o sus inmediatos descendientes) núcleos sustanciales de generación de actividad y riqueza. La situación contrasta con que muchos otros -los más, y, entre ellos, casi todos los mejor ilustrados y honestos- han visto ignoradas o marginadas sus capacidades.

Es un grave error colectivo ignorar la experiencia y conocimientos de los que, habiendo llegado a la jubilación, tienen aún capacidad e interés por ayudar a encontrar las soluciones. En el colectivo -hombres y mujeres- de los que tienen entre cuarenta y setenta años, se halla, obviamente, la mayor combinación de experiencia y conocimientos, y se deben encontrar las vías de poner en concordancia todo ese bagaje, para beneficio de la comunidad, y no solo para beneficio directo de unos pocos.

Tal vez habrá oído comentar que la generación de los que ahora tienen entre treinta y cuarenta años es una generación perdida. En realidad, España ha desperdiciado siempre una parte importantísima del potencial de sus generaciones, pues el control de las decisiones se ha mantenido en muy pocas manos, que lo han utilizado fundamentalmente en su provecho. La generación de los que tienen entre treinta años y veinte años ha de ser recuperada de inmediato para la colaboración activa, y mantener altas tasas de paro en ella es cortar las ilusiones colectivas (de todos) y dificultar la construcción de un futuro mejor, pues ellos son los que pueden aportar la mayor dosis de empuje para crear nuevas iniciativas estables.

No creo, como Vd., en las revoluciones, sino en los cambios. En esta hora concreta, las cambios han de ser rápidos y, aunque no desearía que fueran drásticos, tienen que ser convincentes. Se ha de generar una atmósfera de oportunidades, de transparencia y de ilusión colectiva. Y eso solo es posible generando plataformas de comunicación y toma de decisiones en la que los distintos estamentos tomen conciencia de sus respectivas necesidades y responsabilidades.

Es cierto que la Historia proporciona algunos ejemplos, más de por donde no debe irse que de caminos a seguir. No avanzará Vd. por un camino solvente si no llama a esa plataforma a personas de toda condición, pero especialmente, de solvencia intelectual y económica. Es importante que sean gentes de distintas opiniones, pero que sean capaces de argumentarlas y defenderlas, no desde la ideología, sino desde la razón, para que sus ideas puedan ser analizadas por los que opinen lo contrario, y se pueda llegar así a un consenso sobre lo que es prioritario.

Tomemos el ejemplo de si es necesario aumentar el gasto público o, por el contrario, disminuir los impuestos, para que el consumo privado aumente.

Podría decirle que estoy en el grupo de opinión de quienes están convencidos de que es imprescindible combinar ambos criterios -como en la mayor parte de las cosas-, y que lo que se debe hacer es priorizar algunos sectores y señalar aquellos productos para los que los impuestos deben bajar, haciéndolos más apetecibles para el consumo.

Podría apuntar también a la idea, en la que, desde luego, no estoy solo, en que las inversiones en infraestructuras iniciadas han de llevarse a término y que el Estado debe mantener un nivel de inversiones para sostener su industria básica, principal generadora de empleo en ese sector. Pero también ha de disminuirse los impuestos para todos los productos de primera necesidad -¿por qué grabar la leche, la carne de pollo, los huevos o el pan?, por ejemplo- y los de consumo cultural directo -libros de texto, y, en general, todas las ediciones en rústica; representaciones teatrales en ciertos espacios; producciones de interés formativo, histórico, etc.-

Pero lo importante no es quien tenga la idea, sino generar la oportunidad de que se discutan y analicen las propuestas, en los foros adecuados, y se emitan conclusiones fundamentadas que sean expuestas a la consideración pública y se conviertan en líneas de actuación asumidas por todos.

En este momento, como Vd. no ignora, está sometido continuamente a debate la cuestión de protección del medio ambiente, lo que se ha convertido en bandera para ciertos grupos  que encuentran amplio apoyo para su difusión. Lo que no se ha discutido, en este como en otros terrenos, es el coste de la no acción. Ahí está la clave. No actuar es mucho más costoso que actuar: en pérdidas de empleo, en dedicación a subvenciones sociales, en necesidad de compras alternativas, etc.

Termino aquí mi segunda carta, Majestad, que escribo en Madrid, a ocho de enero e 2015.

Publicado en: Actualidad, Cartas filípicas Etiquetado como: angel manuel arias, cartas al Rey, cartas filípicas

Primera de las Cartas filípicas

7 enero, 2015 By amarias 2 comentarios

Majestad,

Permítame, en primer lugar, que me presente: soy, entre tantos, un ciudadano más, convencido de que la forma de Estado preferente es la República y de que la mejor organización imaginable para concretar los objetivos generales es la de una democracia participativa, en la que quienes más tengan, contribuyan en mayor medida que otros, para corregir las desigualdades de los menos favorecidos.

Esta introducción no tiene otro objetivo, sin embargo, que ayudar a delimitar la naturaleza de alguna de mis contradicciones, puesto que me apresuro a expresar que, en este momento y circunstancias, no puedo concebir  una forma más pragmática y eficaz que la de una Monarquía con Vd. como Jefe de Estado, ni tengo por menos que expresar mis dudas de que una democracia sin restricciones, en la que la opinión de todos, en absolutamente cualquier tema, tenga un valor equivalente, nos ayude a tomar las decisiones más convenientes en ciertos asuntos cruciales.

No me decido a escribir esta Carta, a la que me propongo sigan otras, para justificarme. Sí creo necesario explicar, para no ser calificado de adulador oportunista, que Vd. dispone, por edad y formación, de una excepcional posición intergeneracional y se le ha dotado de  una muy útil cualificación que sería imperdonable desaprovechar. Además, en su etapa como Príncipe de Asturias, ha podido relacionarse, de manera distendida y relativamente al margen de compromisos ideológicos, tanto con dirigentes de muy variadas instituciones españolas como con mandatarios internacionales, que, en su mayoría, continúan en activo.

Todas estas premisas le hacen un candidato preferente para ocupar la posición de Jefe de Estado español, habida cuenta, además, del limitado marco institucional que le confiere a esta figura la actual Constitución, si bien, siempre en mi particular opinión, no encuentro problema alguno, sino, por el contrario, ventajas, en que se amplíen estos cometidos, en aquellos concretos y puntuales mandatos que le fueran encomendados, en el servicio a los intereses generales.

El problema más importante del país en este momento no lo encuentro pues, en absoluto, en cuestionar su posición como Jefe de Estado, sino en ordenar la forma de participación ciudadana para que se consigan objetivos  urgentes e irrenunciables. El problema crucial que debemos resolver es organizar a la sociedad civil, es decir, a todos, en torno a un programa concreto, coherente, real, y compartido, y a él deberían dedicarse los esfuerzos principales y, en especial, de quienes tienen más autoridad o consciencia mayor de su responsabilidad histórica.

Si algo ha fallado en nuestro país en los últimos veinte años (por lo menos) es la gestión de los recursos, desde una perspectiva común, y han sido los representantes elegidos por el pueblo quienes no han sabido o querido estar a la altura de lo que resultaba imprescindible.

Los partidos políticos no han contado con una estructura democrática que introdujera sus raíces, vitalizándolas, en el resto de la sociedad, y, lo que es más grave aún, porque atañe a su credibilidad ética, han fallado en el control interno ,en cuestiones como la selección objetiva de los mejores, la eliminación instantánea de brotes de corrupción, y la propuesta y ejecución de medidas que permitieran prever los problemas que podrían afectar a las mayorías, corregirlos cuando se presentaran y eliminar las causas para que no se reprodujeran, activando los recursos positivos de la sociedad.

En esta primera carta, que no deseo hacer excesivamente larga, me limito a subrayar la paradoja de que, aún representando a una institución obsoleta, su posición es excepcional. La institución que Vd. encarna puede ser el activador -me atrevo a afirmar, que el único factible- de la capacidad de convergencia de todos los españoles, ya sean intelectuales, empresarios, trabajadores de los más diversos campos, inversores, universitarios, científicos, iletrados o eruditos…e incluso, ya fueran fieles como opositores al régimen monárquico.

Si asume esta responsabilidad, a la que le invito, y que desarrollaré en sus posibles concreciones en mis próximas cartas,  le puede caber la satisfacción de movilizar a los agentes sociales y económicos para acometer un cambio, imprescindible y urgente de España hacia una sociedad más justa y más equilibrada.

No estará Vd. solo en ese empeño, si se deja aconsejar por quienes no tienen nada que perder y no desean ganar nada para sí, y se propone hacer de la Monarquía, no el punto de encuentro entre españoles, que es una quimera imposible de realizar, sino la plataforma que sirva de escenario para la discusión de las diferencias y reticencias que impiden que nuestro país se desarrolle libremente, superando las contradicciones que impiden pensar más en las soluciones que en la perfección de los diagnósticos.

En Madrid, a siete de enero de 2015

Publicado en: Actualidad, Cartas filípicas Etiquetado como: angel arias, cartas al Rey, filípicas

Linkweak y los sonajeros atómicos chinos

6 enero, 2015 By amarias 2 comentarios

reyes y linkweak 001

Linkweak, especialista en física de los sistemas evolutivos, en paro casi permanente desde que fue despedido de su empresa, en la que era investigador principal, alterna la lectura del libro «Big Bang para dummies» – que sacó de la biblioteca pública-, con el cumplimiento de la orden de Linda, su esposa, de comprar algún regalo para el hijo-probeta de su única hija. Si el lector quiere saber más sobre este personaje, le invito a consultar otras historias en alguno de mis blogs o, si desea que le envíe el libro completo (con las cincuenta hojas de viñetas, cada una con cuatro tiras), me lo solicite dejándome aquí su correo, que borraré, una vez tome nota del mismo.

Publicado en: Linkweak Etiquetado como: angel manuel arias, big bang, Linkweak, Reyes, sonajeros

Transformado en un hombre sin principios

4 enero, 2015 By amarias Deja un comentario

Transformado en un hombre sin principios,
entendió que la imaginación debía dejarse guiar
por un instinto eterno:
apetecer lo prohibido, esconderse en las sombras,
no hacerse mucho daño.

Los necios que se dieron cuenta de su incapacidad
para doblegar la menor voluntad, le despreciaban con sorna,
pero él pretendía en otra dirección,
que le dejaran en paz,
y con el firme propósito de no dar explicaciones
se declaró oficialmente incompetente
para convertir a nadie a su religión.

Siendo un caso perdido, una impureza
que no tenía remedio,
se limitaba a querer como podía,
a vivir de través,
a evitar los escollos de aspirantes
que tenían curiosidad por explicar ciertos destellos
que surgían de su noble cabeza;
suponía el rico infeliz que alguna vez
le perdonarían los estragos
de su fingida falta de destreza.

Esta ausencia de ardor no le impedía
que, después de hacer su número de condenado a probar,
agotado hasta el pan, mirando al cielo,
se pusiera a reir, imaginando
que alguien más fuerte le mandaba señales
y que él conseguía descifrarles el sentido.

(Del libro Con algo suave, Poema 7, Angel Manuel Arias)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, Con algo suave, poesía

Mi encanto mayor es que no soy muy delicado

3 enero, 2015 By amarias Deja un comentario

Mi encanto mayor es que no soy muy delicado
con las cosas importantes. Sin ser devoto,
destruyo los altares. Inmolo aunque sensato,
con perversa intención, seguridades.

Me gusta andar rompiendo el engarce soez de las cadenas
pero, a solas los dos, pierdo las ganas
de perseguir las razones de los otros,
y me entrego a las mías;
cuando bebo vino peleón en tu regazo
me pongo ciego chupándote los pechos,
busco pistas entre tus piernas abiertas,
hago novillos con tus risas y las sábanas.

Así paso las horas, reposando, y me meto en mi nube,
que se eleva por encima de las cosas que percibo,
tan cercanas como el placer de tenerte controlando
el olor a comida quemada que llega desde la cocina,
el repiqueteo del mozo que nos trae las hamburguesas,
el final de la película de Pierot que encargamos al teléfono,
o la mirada abierta de unos hombres en la casa de al lado.

Cuando vuelves de resolver esos mínimos destrozos,
como me he estado alimentando en tu ausencia
con miel y recuerdos y revistas pornográficas,
no te dejo escapar, te desnudo completa,
hago de oso perezoso, me dejo sorprender con tu belleza,
me entretengo, mientras me cuentas pequeñeces,
en besar tu culo, tus piernas, la espalda de tu cara
que es estampa laica cargada de indulgencias.

Echados en la cama, me importa tres canciones
si el revuelto de sábanas
es producto de nuestro juego anterior o soy el loco
que cierra tu último capítulo de amor de este verano.

Me declaro, sin interrogatorios ni luces,
culpable capital de estar contigo, de ser tu saltimbanqui,
emperador de papel a cambio de sonrisas,
cómplice de todos tus hallazgos,
émulo de mi anterior excitación, y aplaudo con ganas tus jadeos,
me vuelco en tus desmayos, me creo que me quieres,
que soy el único que te consigue así,
entremezclando nuestros gritos con los ruidos de la calle,
subiendo sumiso, con tu favor, el próximo peldaño.

(Del libro Con algo suave, poema 3, Angel Manuel Arias, 1996)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: Con algo suave. Angel Manuel Arias, Mi encanto mayor es que no soy muy delicado, poesía

Conservo mi oficio juvenil, hacer del riesgo un placer de helados y limones

1 enero, 2015 By amarias Deja un comentario

I

Conservo mi oficio juvenil, hacer del riesgo un placer de helados y limones,
te explico mientras vamos cogidos de la mano,
levanto susurros de voces que dicen pero no se qué dicen,
quiero enseñarte qué bien, que lo domino,
oigo jaleo de movimientos confusos muy torpes
muy polutos pero que muy aparentes;
voy pisando pasado no pienso no perdono,
evoco un exorcismo de pasados comunes,
ordeno el alma donde en trampas soy más rico,
te advierto no detengas el paso, no hagas caso no persistas,
hasta que, cayendo a los hechizos, aprovechas un descuido,
y, entre besos, colocas en mis sábanas la inquieta pregunta,
qué es lo que deja el pasado entre las manos.

La explosión me rompe el cerebro en mil mitades,
trocea la ilusión, me mancha el traje blanco;
para cuando quieres rectificar, está todo perdido,
asomados al mar, entrelazados nuestros gritos y sus voces,
contemplamos cómo las respuestas
se hacen en tu cuerpo más preguntas,
naufragan las palabras en corchetes abiertos,
cáscaras de nueces con muñecos que agitan sus banderas,
galeones con flores que encallan en barrancos muy profundos,
rocas donde se astillan las balsas que parecen papel entre las olas
y en cada trozo forman nuevas respuestas imperfectas,
así que brotan ríos de ansias en tus manos,
se te hacen inciertas las piernas, tu vientre amado es un pozo de amargura,
mis labios son el lápiz rojo sangre de tu lengua callada.

(Del libro Sin herencia precisa, poema 2, 1992, Angel Manuel Arias)

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