48
A Lope de Vega
Con las mismas rimas que su Soneto:
«¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?»
Que si tu bienestar solo procuras
no creerás confíe que cuides de lo mío,
prefiero solventar las noches al rocío
y caminar a tientas las oscuras.
Estamos repasando horas muy duras
y siendo inocente de este desvarío
yo me encuentro agarrotado por el frío
y harto que a conjeturas pinten puras.
A animar esfuerzo ajeno, se decía:
Salgamos a aplaudir a la ventana.
Con el tiempo, la emoción, tanta porfía,
se convirtió en desgana soberana.
Ayer, en silencio, el eco respondía:
Pero aún peor lo pasaréis mañana.
49
A Lope de Vega
Con las rimas del Soneto
«Pastor que con tus silbos amorosos»
Que no ocultemos gestos amorosos
y el goce, no el temor, venciendo el sueño
nos haga caer rendidos como un leño
y soñar somos dioses poderosos.
No siendo ni creyentes ni piadosos
no tendremos recurso a ningún dueño,
pongamos todos juntos el empeño
de traer de vuelta tiempos más hermosos.
Condición humana es que si mueres
quedas libre de cuitas y pecados
pero, en tanto vivas, y eficiente eres,
podrás cambiar trabajo por cuidados.
Rebelándote, esclavo, pues no esperes
escaparte y correr, tus pies clavados.
12 de abril de 2020
(@angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis)
Los títulos de mis cuadros y dibujos son parte del relato que quiero representar. En éste, «Hijo consolando a su madre de no sabe qué», he dibujado la confusión de los dos cuerpos, y el entrelazado de ambos pretende expresar que el consuelo es reciproco. Se supone evidente que la madre, como ser adulto, sabe el motivo de su desconsuelo; el niño, por el contrario, solo percibe el desánimo de su madre y se adhiere a él con compasión infantil, con el miedo propio de quien entiende que su fuente de amparo percibe algún peligro o sufre daño, e intuye que eso también le afecta.
Algo podríamos también, como espectadores atentos, de las razones de ese riesgo que amenaza a los representados en el dibujo. El suelo, que a la derecha es suave y ondulado, a la izquierda, alcanzando las patas traseras de la silla que sustenta a ambos personajes, cambia, está formado por aristas y figuras geométricas que (en otros cuadros) es mi forma de representar a la ciudad, la civilización, el orden superior que escapa del control del ciudadano normal. En este caso, la madre autónoma, soltera, parece ver comprometida su libertad y la de su hijo ante «no se sabe qué» (He añadido el «se» a sabiendas).










