Al socaire

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Catatonia. Octubre de 2017

3 octubre, 2017 By amarias 11 comentarios

Nada más lejos de mi intención que ridiculizar la situación por la que atravesamos España y Catalunya. Pero con el título de este Comentario quiero referirme al estado de postración ineficaz, estéril, al que se ha conducido a estas dos entidades abstractas, inventos de la naturaleza humana para organizar la convivencia, y que, por incompetencia de quienes las dirigen, no solo incumplen su objetivo sino que lo han emponzoñado hasta límites que, a mí como a millones de españoles (esto es, también millones de catalanes) me resultan insoportables.

Me refiero, por supuesto, a las actitudes que han propiciado el desencuentro, y aún lo siguen alimentando y profundizando, entre los Gobiernos del Estado español y de la autonomía catalana. La ausencia de diálogo institucional ha sido clamorosa. Tampoco se ha actuado con honestidad con la población, tanto para advertir de la magnitud de la disidencia como de las consecuencias de aplicar, no contra el gobierno secesionario, sino contra la población civil, los instrumentos de acción policial. Y, en fin, se ha obviado un debate serio, completo, objetivo, neutral, sobre la realidad económica y social del conjunto del Estado, y de todas las regiones, y no solo Catalunya.

El pasado 1 de octubre, día ominoso para la Historia de España y Cataluña, se celebró, contra vientos y mareas, una consulta ilegal, animada por un gobierno autonómico, descalificado por las instituciones judiciales del Estado. Cientos de miles de residentes en Cataluña fueron animados a participar como comparsas en un simulacro de referéndum sin capacidad decisoria real alguna sobre una cuestión sustancial para la convivencia, como es la secesión, vinculada al cambio de régimen en la forma de gestión del Estado.

Decenas de miles de guardias civiles y miembros de la policía nacional, fueron enviados a la región catalana para desarbolar la convocatoria, cerrar los centros donde se previera realizar las votaciones ilegales y confiscar las urnas -con o sin papeletas- allí donde se encontraran.  Deberían reforzar la actuación de las fuerzas de orden locales -los mossos d´esquadra-. No tuvieron aquellos la deseada, y ordenada, colaboración de éstos, que asumieron una posición de clara dejación, cuando no de connivencia con aquellos ciudadanos que se prestaron a incumplir las órdenes del Gobierno central, apoyando por el contrario, persistente voluntad de seguir adelante con la convocatoria ilegal, que el Gobierno catalán y su órgano mediático secesionista, la TV3, presentaron como un acto de democracia y de compromiso cívico.

Separarse de España, constituir una república independiente, con una sociedad civil dividida en dos mitades a las que se convirtió, contra su naturaleza e Historia, en irreconciliables, y a despecho de las advertencias de inconstitucionalidad, de soledad internacional, y navegando en desarrollo de una actuación contra lo pactado, calificable sin tapujos de delictiva, y muy grave, por parte de sus instigadores, no parecieron argumentos de peso para que esos cientos de miles de ciudadanos residentes en Cataluña desistieran de convertirse, ofreciendo como pantalla exhibicionista incluso sus cuerpos (¡y los de algunos niños!), en paladines de una nueva libertad inexplicable. Se postulaba así como migrantes hacia la tierra ignota que una variopinta colección de personajes -unos, anacrónicos y esperpénticos, pero otros, serios y carismáticos- proclamaban como prometedora de felicidad y riqueza. Sin fundamento cabal y, desde luego, bajo un marchamo insolidario con los catalanes no secesionistas y con la inmensa mayoría de españoles.

En estos días, he seguido la evolución del desgraciado acontecimiento -que no ha hecho más que iniciarse en sus consecuencias- por varios media: televisivos (Antena 3, la Sexta, TV3, 24 horas, la SER, Radio Nacional, El País, La Razón, El Mundo, …). Escuché a mucha gente y procuré no polemizar. Mi opinión, en realidad, es incontrovertible: no a la secesión, sí al diálogo (aunque no solamente con catalanes ni, desde luego, para afrontar voluntades secesionistas), sí a mantener una democracia que costó construir -que nos costó construir- y, por más que opino que la monarquía es una forma obsoleta de jefatura de Estado, apoyo a Felipe VI. No creo en la fuerza de las revoluciones y sí en la vía del orden, que proporciona el Derecho.

Vamos a vivir un octubre 2017 muy desgraciado. Afrontémoslo. Pero no con la cabeza bajo el ala del miedo.

No tengo ninguna capacidad de influencia, pero quiero dejar constancia, para mí mismo, mi familia y amigos, de mi propuesta:

  1. Convocatoria inmediata de elecciones generales. Disolución de las Cortes, fijación de fecha para las votaciones en todo el Estado. Crucemos los dedos para que los partidos constitucionales ganen por amplia mayoría. También deseo que esos partidos se pongan de acuerdo en reformar la Constitución, pero en el sentido de dar  más poder al Estado central y revisar el reparto de dineros y competencias a las Autonomías. Y si se decidiera avanzar hacia un estado federal, que no sea asimétrico, ni considere a los ciudadanos de distinta categoría según su lugar de residencia.
  2. Aplicación del art. 155 de la Constitución vigente. No veo remedio alternativo. Disolución del Parlamento catalán y convocatoria de elecciones autonómicas. El Senado, que ha sido tan inoperante, tiene aquí una especial responsabilidad, aunque al encontrarse en él el Partido Popular en mayoría, debiera contar con apoyo de otras fuerzas políticas. No comprendo la actitud de los actuales líderes del PSOE, con una meliflua actuación y oscuras propuestas respecto al mantenimiento del Estado de Derecho. Ya no se trata de reconstruir la socialdemocracia -si es que algo así puede reclamar su persistencia-.  Corregir la situación no tiene que ver con la izquierda, pues el movimiento secesionista combina malévolamente posiciones del más oscuro capitalismo con las de la izquierda anarquista.
  3. No se trata de apoyar a quienes quieren romper la baraja. Hay que atajar, y de inmediato, las manifestaciones populacheras a favor de la independencia en Cataluña. Se alimentan con represión inexplicable sobre la población: si algunos quieren ser independientes de España, que lo manifiesten libremente. Pero se debe apoyar a las mayorías. Y reformar la Constitución o cualquiera de las leyes fundamentales de la convivencia pacífica exige mayorías cualificadas. Se ha propiciado una funesta confusión, Las mayorías simples no sirven para tomar decisiones fundamentales: atentan contra la convivencia, favorecen las posiciones dictatoriales, animan a la rebelión.
  4. Exigencia por parte de los representantes de los partidos constitucionalistas de que se retracten los representantes de aquellos partidos o instituciones que han actuado o han hecho declaraciones vulnerando la ley: Entre otros: Puigdemont, Junqueras, Tardá, Mas, Iglesias, Rufián…  En caso de que no lo hagan públicamente (y temo que no lo harán), que se abra un proceso penal por los delitos de sedición, instar a cometer actos vandálicos o terroristas, etc. Es una decisión muy delicada, pero inevitable. La ley ha de ser igual para todos. Un sistema judicial que ha sentado en el banquillo a miembros de la Familia real, que ha enviado a cualificados empresarios a prisión, no puede flaquear.
  5. Abrir un procedimiento de investigación sobre la actuación de los Mossos d´esquadra el día 1 de octubre de 2017. Aplicación, si se confirma que no acataron las órdenes superiores, del reglamento disciplinario y de las disposiciones legales pertinentes. El estado de derecho no se defiende solo con buenas palabras. No se puede ser indulgente con la sedición de miembros de las fuerzas del orden.
  6. En fin, debemos exigir calma, sensibilidad y diálogo. También firmeza. Hay que sacar el foco de atención de la calle, y ponerlo en los Parlamentos. También deben hablar los empresarios, los intelectuales, además de los expertos en sociología y en derecho. Me gustaría que se eliminaran las falsedades y las vehemencias del marco de diálogo  . La responsabilidad de  los medios de difusión, actuando algunos de ellos (tal vez todos, incluso por inercia) como medios de confusión, en este litigio social, es tremenda.
  7. Párese ya este despropósito. Porque en Catalunya hay una situación revolucionaria, de confrontación civil, preludio de una explosión de consecuencias muy graves, si no se actúa con rapidez y determinación.
  8. Octubre de 2017. La Historia se repite. Como caricatura de sí misma.

    (Nota: Incorporo la fotografía de un zorro, que tomé junto al río Jándula, en el Parque Natural Sierra de Andújar. Tiene el ojo derecho casi perdido, seguramente perdido en una disputa con otro animal más fuerte por el territorio. )

Publicado en: Actualidad, Cataluña Etiquetado como: Catalunya, Catatonia, Iglesias, Mas, Puigdemont, secesión, Tardá

Un desaguisado

30 septiembre, 2017 By amarias Deja un comentario

Mañana, España no se despertará de la pesadilla. La realidad alumbrará una tensión entre españoles que no se ha conocido desde la última  guerra incivil. El intento de golpe de Estado de Tejero fue una minucia comparada con el golpe al Estado y a la democracia de Puigdemont y compañía.

Para aquel golpe, el Estado estaba preparado. Para éste, la debilidad mostrada por el Estado está siendo de una naturaleza asombrosa, inconcebible, injustificada.

No quiero actuar de agorero, porque lo que sucederá mañana es fácil predecir. Los mossos recordarán, a las seis de la madrugada, a las familias que se encontrarán todavía ocupando las escuelas designadas como colegios para la seudo-elección por el gobierno secesionario de la Generalitat, que deben abandonarlas.

Los mossos se marcharán, como si ya hubieran cumplido. Entonces, la guardia civil y la policía nacional, sacarán de allí a las familias, entre aplausos y abucheos , y precintarán los locales.

¿Solo eso? Si.

El desaguisado ya comenzó. España está rota, derrotada. Y no se podrá recomponer en esta generación. Esta batalla la hemos perdido todos. No podré perdonar jamás a quienes propiciaron este desastre, está vergüenza.

Publicado en: Sin categoría

Demasiada Cataluña

24 septiembre, 2017 By amarias 2 comentarios

Ayer escuché por la TV3 a Tardá y a Nart hablar sobre el simulacro de referéndum al que el gobierno de la Generalitat Cataluña ha empujado a los residentes en esa región española. El debate fue muy aplaudido en las redes sociales como ejemplo de diálogo entre dos posiciones contrapuestas, realizado por dos contertulios inteligentes y serenos.

Nart habló en español y sus comentarios, en un medio televisivo que apoya el referéndum ilegal y el separatismo, estaban destinados, sobre todo, a quienes, no están de acuerdo con la sedición, tanto catalanes como españoles. No era tanto una cuestión de hacerse entender por quienes no dominan la lengua catalana, como poner de manifiesto la contraposición entre lo constitucional y la rebeldía. Por eso, me sorprendió que se prestara el avezado jurista a ser parte principal de un mensaje subliminal, aunque tan transparente.

Hubiera yo preferido que todo el debate se hubiera desarrollado en catalán. No es la lengua la que marca la diferencia, sino la diferencia de posición ante los conceptos de: democracia, historia de España, marginación, explotación por una clase dominante, izquierdismo, apoyo al régimen constitucional, memoria del pasado, etc.

Me ha hecho daño ver a unos cientos de universitarios tomando el paraninfo de la universidad de Barcelona y reclamar democracia, al tiempo de anunciar que la region catalana es ya una Republica.

Me ha hecho daño ver que al gobierno de España -que lo es también de Cataluña- no se le haya ocurrido nada mejor, completando las actuaciones judiciales, que enviar tres buques de recreo cargados de guardias civiles para dejar claro su propósito de sofocar la realización del simulacro de referéndum con la fuerza.

Me hace daño la falta de entendimiento entre las gentes de este país, en una demostración tumultuaria de incomprensión recíproca, animadversión soterrada, ilusionismos sin fundamento y odios, envidias, falsedades o cerrazones mentales aflorando como setas en el ejercicio intelectual.

No me esconderé, pero sabed, unos y otros -independentistas y nacionalistas- que lo que percibo os iguala es vuestra cerrazón para ver en el otro, no un enemigo, sino sólo un diferente.

Publicado en: Actualidad, Cataluña, España Etiquetado como: Cataluña, Catalunya, debate, independiente, Nart, secesión, Tardá, TV3

Contando los cuarenta

22 septiembre, 2017 By amarias 1 comentario

En ese magnífico relato de enseñanzas prácticas, asuntos  de alcoba, metáforas oscuras y aventuras guerreras que es el Antiguo Testamento, se nos cuenta (los Libros del Exodo y el Deutoronomio son la fuente máxima de inspiración poética) que el pueblo elegido, a la búsqueda de la tierra prometida, estuvo cuarenta años vagando por el desierto, portando el arca de la alianza.

A lo largo de mi vida, al releer esa obra maestra de la literatura mundial, muchas veces encontré alguna aplicación a los sucesos coetáneos. Ese pueblo temeroso, reivindicativo al tiempo que ignorante y sumiso, que se deja guiar por la promesa de un lugar idílico, transmitida por un Dios que hicieron suyo a un iluminado, tiene su trasunto permanente en cualesquiera de esas razas, etnias o nacionalidades, que, obsesionadas por la necesidad de una redención que no había sentido hasta entonces, se entregan a una marcha por lo desconocido, dirigidos por un visionario que dice recibir instrucciones periódicas provenientes de una fuerza superior que se manifiesta en su cabeza con truenos y fuego.

Cuarenta años es, como han puesto de manifiesto exégetas de lo obvio, el tiempo que tardan las generaciones en olvidar o destruir lo que sirvió de enseñanza a sus mayores. En ese tiempo, han muerto o han perdido credibilidad los que sufrieron la devastación de una guerra, un maremoto o un seísmo; cuatro décadas bastan para que los jóvenes encuentren trasnochado o ridículo lo que sirvió de norma, moda o paradigma a los abuelos. Las huellas de lo pasado se borraron entre zarzas, mentiras y medias verdades, y surgen leyendas, mitos, dudas y se aprecia la necesidad de un nuevo comienzo.

La mayor longevidad actual de la especie humana permite hoy desplegar en toda su magnitud la incongruencia: la mayor parte de los mayores se alarman ante cualquier movimiento social que les haga recordar lo que derivó en catástrofe. Hay una minoría que calienta motores, sin embargo, desde el despecho por lo que no han conseguido en su vida que ya se acaba o por el ánimo de venganza aún latente. En todo caso, la fuerza creativa no proviene ya de los ancianos de la tribu. Hoy como ayer, los jóvenes se rigen por las promesas de tierras de leche y miel por nuevos visionarios.

 

Publicado en: Actualidad

El siguiente paso: calmar los nervios

20 septiembre, 2017 By amarias 2 comentarios

La situación de desafección entre los gobiernos de la Generalitat catalana y el Central alcanza, en estos momentos, un nivel muy preocupante.

Los partidarios del independentismo (que coinciden básicamente con los que se declaran favorables a que se lleve a cabo el referéndum ilegal del 1 de octubre) se están manifestando en clara rebeldía.

La tensión entre la población, trasladada incluso a Madrid, en donde grupos de apoyo a los insurrectos se están concentrando también en la plaza Mayor, toma el aspecto inquietante de parecer incontrolable. Otros grupúsculos pretenden defender la unidad de España con banderas y propuestas de desgraciado recuerdo.

No es una fiesta, amigos catalanes que os estáis reuniendo simulando encontraros en un momento festivo. Es un drama, o la antesala de el.

Se está confundiendo democracia con la posibilidad de que una facción, incluso habiéndose encaramado a las instituciones, actúe unilateralmente contra la Constitución y la legitimidad de lo que rige la convivencia. La responsabilidad ante la  Historia del gobierno de Puigdemont es máxima, aunque no precisamente como «salvadores  de la Patria amenazada» . El apoyo que prestan a los insurrectos y revoltosos los representantes de algunos partidos de la populista izquierda falsaria me resulta, sencillamente, incomprensible.

El falso referéndum busca el apoyo a dos propuestas anti-constitucionales: la independencia autoproclamada de una región y el cambio de forma de Estado (de Monarquía a República). Su absoluta ilegalidad implica que el resultado de la consulta amañada (previsible), su ausencia de garantías (total), esté sesgado obviamente por la negativa  a participar  en el simulacro  de aquellos ciudadanos  respetuosos con la ley y el orden. Que son, sin duda, la inmensa mayoría.

En suma, tanto dramatismo en el escenario, sin causa legítima, ni dirección apropiada, ni sentido práctico.

Análisis políticos, jurídicos o sentimentales  aparte, hay excesiva tensión en la calle. Puede saltar una chispa en cualquier momento.

Cálmense los ánimos. Quiero dejar constancia de mi admiración por el sereno cumplimiento de su deber, ante las provocaciones, de las fuerzas del orden – de la Guardia Civil y de la Policía Nacional en especial-.

Oigo decir a algunos, como si se encontraran representando una farsa en un teatrillo de títeres para infantes perversos, que «desean dejar de ser españoles» y «liberar Catalunya del yugo de España».

No hay nada de trascendente, ni la propuesta es seria, ni la realidad es un juego. Podría parecer cómico, aunque se me hiela la sonrisa pensando en las consecuencias. No solo en el corto plazo. Las heridas abiertas tardarán en curarse.

Todo resulta dramático. Incoherente. Doloroso para todo español, y, en especial, para todos los catalanes que no tengan nada que ocultar. La mayoría con voluntad silenciosa, los que creen en una democracia pactada, pacífica, sólida. Imagino que los Pujol, Mas, Ferrusola, estarán satisfechos. Sus graves infracciones y delitos están sepultados en la algarabía.

El gobierno central acaba de suspender -de facto, es cierto- el gobierno de la Generalitat. Oigo, por la TB3, la declaración del presidente  Rajoy. Serio, firme. Resulta que la situación es tan irreal que mis afectos políticos revolotean  sin encontrar asentamiento seguro.  Suspense.

Publicado en: Actualidad, Cataluña Etiquetado como: Cataluña, referéndum, suspensión, tensión

Soneto a un independentista catalán

13 septiembre, 2017 By amarias 1 comentario

Coincido en la ocasión, ponme en la lista.
Estoy harto de mentiras y patrañas
y me duelen hasta el fondo las entrañas.
Quiero pasar a ser, como tú, protagonista.

Desvelaré sin piedad las artimañas
que pretenden ocultar de la vista
problemas, sin dejar que me despista,
que hay tantos españoles como Españas.

Admiro, que aún sin que tengáis prevista
manera de sortear ríos o montañas,
ni pertrechos, estéis ya en la pista…

Vagar sin apoyo en tierras extrañas
es confiar que, sin fe, Dios nos asista.
Piénsalo, amigo, tómate unas cañas.

(@angelmanuelarias, sept 2017)

Publicado en: Actualidad, Cataluña Etiquetado como: cañas, Cataluña, independencia, lista, ocasión

¿He sido yo?

8 septiembre, 2017 By amarias Deja un comentario

La serpiente se asoma por el ojo divino y encuentra que el mundo está bien hecho. Así es en una región española llamada Cataluña. Un clima excelente, una tierra próspera, una élite económica imaginativa, una población trabajadora.

Todos los españoles estamos orgullosos de Cataluña. Los catalanes -nacidos allí o incorporados a ese gentilicio por haberse afincado allí- siempre presentaron con satisfacción sus credenciales: el hecho irrelevante en apariencia de decirse catalán suponía un plus de consideración ajena. Existía consenso en que los catalanes eran un poco más industriosos, un poco más listos, un poco más creativos.

Y, además, existía una realidad cultural excepcional: en muchas áreas se hablaba un idioma que no era, como el bable o el gallego, el castuero o el andaluz, fácilmente comprensible para los demás españoles. El catalán era una lengua propia de un territorio que llegaba más allá de los Pirineos, cubría la región valenciana, incorporaba las Pitiusas. Cierto que el euskera era aún más propio y más oscuro, pero no tenía igual difusión entre los vascos por ius soli, y era de muy difícil aprendizaje.

El catalán, como todas las lenguas vernáculas que habían sido superadas por una lengua común de mayor alcance, servía para entenderse y profundizar en la diferencia, para distanciarse de los demás en lo que se compartía.

Los demás españoles estamos orgullosos de Cataluña. En realidad, estamos orgullosos de formar parte de una diversidad con miles de matices y con mucha Historia compartida. Todos tenemos el regusto en la boca de una guerra incivil, de una dictadura vergonzante, del desprecio de otros nacionales de la cercana Europa de la perfección, que nos veían como tipos bajitos, con bigotito los hombres y con mantilla y ojos negros las mujeres

Costó decenas de años convencernos de que no éramos peores que los demás europeos, sino, incluso algo más creativos, algo más espléndidos, e igual de trabajadores, abnegados, serios, por lo menos. No éramos bajitos por genética, sino por alimentación deficiente.

Pudimos construir una democracia ejemplar, desde las ascuas calientes de un régimen devastador. Somos muchos los que estudiamos y trabajamos fuera y supimos que podíamos mirar de igual a igual, e incluso por encima del hombro, si alguien se ponía farruco, a aquellos que antes creían tener el patrimonio de decirse europeos.

Puedo detallar múltiples cuestiones que permitirían profundizar más en lo que hemos conseguido en democracia, y cómo esa obra común, no es atribuible en particular a ninguno de los pueblos que componen España, ni ninguno de sus habitantes puede arrogarse el mérito en exclusiva de haber conducido a nuestro país a un lugar de cabecera entre los países del mundo.

No voy a dar aquí nombres, de las ciencias, las letras, el deporte, las artes, la filosofía, la medicina, de quienes, nacidos en cualquier lugar de España, son una referencia mundial. Hay catalanes, madrileños, extremeños, andaluces, gallegos, mallorquines, riojanos…

Ayer, 7 de septiembre de 2017, seguí con el ánimo dolorido, hasta que ya no pude más, el desencuentro en el Parlamento catalán con la cordura, la lealtad y la Ley, de quienes, desde la precaria posición de creerse representantes de una mayoría independentista, se afanan en desbrozar una selva de interrogantes, obsesionados por liberar, esgrimen, a Cataluña del yugo de España. Esto es, en correcta dicción, del resto de España.

El gobierno español que dirige en la actualidad Mariano Rajoy, apoyado por los representantes de los partidos PSOE y Ciudadanos, ha movilizado al Tribunal Constitucional y, por su vía, a las fuerzas del orden, para que paralicen un referéndum que pretende reflejar que una mayoría de residentes en Cataluña quieren separarse del resto de España.

El gobierno de la Generalitat y varios de los alcaldes favorables a la independencia, mantienen, cuando esto escribo, sus posiciones: quieren que el pueblo catalán se exprese acerca de la voluntad de separarse del resto de España, que dan por posición mayoritaria. Lo presentan como un derecho a decidir, y lo sustentan en el poder superior de las leyes emanadas por un Parlament dividido en el que han conseguido una mayoría pírrica, respecto a las Leyes del Estado, y en especial, la Constitución, que, como representantes en una democracia, han debido prometer o jurar.

Como no hay programa para el camino a seguir, en caso de que el referéndum fuera a celebrarse y se obtuviera el resultado favorable a la segregación, hay que aceptar que los votantes del «sí, quiero irme», tienen asumido que los demás españoles -catalanes o no- somos una compañía indeseable, y les estorbamos para cumplir sus objetivos.

Hermano, sí a ti me dirijo. Tú, nacido en Barcelona, Terrassa, León, Cádiz, Melilla, Marseille, o en cualquier otro lugar del ancho mundo, llámeste Carles, Anxo, Paloma, Neus, Pera o Mohamed, y que te consideras catalán porque tienes residencia ahora en territorio que conforma Catalunya y crees que te irá mejor individualmente si ese equipo de visionarios republicanos separatistas consigue su objetivo,

¿De verdad piensas que somos un lastre? ¿Te hemos hecho algún daño los españoles que no residimos en Cataluña? En este mundo amenazado por tantos frentes por la insolidaridad, las tensiones egoístas, la falta de crítica, la ausencia de ética, ¿te ves mejor caminando solo que en nuestra compañía?

¿Te sientes agraviado por algo? ¿Te han robado, quitado aquello a lo que tenías derecho? ¿Te has sentido marginado? ¿Te menospreciaron?

¿He sido yo? ¿Has mirado bien?

Publicado en: Actualidad

Otras gentes: (y 10) Mi gente

6 septiembre, 2017 By amarias Deja un comentario

Termino este conjunto de disquisiciones acerca de algunas de las varias acepciones que en el rico idioma español adopta el vocablo gente, con uno de sus empleos más polisémicos y, por ello, curiosos.

La expresión «mi gente», en la actualidad, es más habitual en el mundo de la empresa y de la política. Cuando un jefe o jefecillo anuncia a un cliente «te envío mi gente», está manifestando, por ejemplo, tanto una relación de autoridad como una situación de confianza con el personal a su mando y un específico interés en solucionar el problema o situación. Si existiera solamente una obligación, derivada del cargo, de atender a la petición y, en particular, si se tratara de una reclamación de resultado incierto, posiblemente se limitaría a decir, desde su poyete autoritario «Le mando a alguien».

En el ámbito doméstico, por «mi gente» o «los míos», debe entenderse, inequívocamente, la familia, aquellos miembros de la misma, a los que se siente unido el dicente por vínculos muy especiales, de sangre y proximidad. Con esa gente existe, al menos en el momento en que la frase se formula, una confianza máxima, nacida de enlaces genéticos y no adulterada por zancadillas y traspiés de la vida. Si algo se tuerce, el hijo de vuelve pródigo y dilapida el negocio, el cónyuge nos pone cornamenta sentimental (y lo descubrimos) o el progenitor evidencia una demencia senil insoportable, es probable que los apelativos no sean, ni de lejos, cariñosos.

En estos tiempos en que lo gregario es signo de identidad de la especie, la sintonía máxima puede encontrarse entre desconocidos con los que se está viendo en directo un partido de fútbol, o una carrera de motos, a los que, en un ataque de fervor, se puede llegar a decir: «Vosotros sois mi gente, la gente con la que me siento bien».

Hay bastante devoción a reunirse, al cabo de muchas décadas, con los compañeros del colegio o del Instituto a los que se perdió de vista por avatares de la vida; los que hicimos la mili, tenemos una protuberancia nostálgica a convocar para un almuerzo multitudinario a los comilitones de la compañía, de cuya inmensa mayoría se ignora el nombre, y en las copas, alguien se suele levantar para apostillar algo así como «vosotros sois mis mejores amigos, mi gente».

Lamentablemente, llevados por la falsificación, también de los sentimientos, conocemos muy poco del próximo, incluso del muy próximo. El lema que parece presidir nuestras actuaciones con los demás, a salvo de un círculo restringido pero variable de acuerdo con el momento, es «ignora a los demás, como ellos te ignoran a ti».

Lo que se ha revelado como peligroso. Para la seguridad y para la libertad. Padres que ignoran que sus hijos son terroristas, vecinos que definen como «simpáticos», porque les saludaban con un «Hola» cuando se cruzaban en el portal, a violadores en serie, ejecutivos de prestigio que acumulaban réditos irregulares en paraísos fiscales, políticos honorables que recibían herencias falsas de antepasados especuladores, etc.

Gerald Durrel, en «My family and other animals», en un inolvidable retrato autobiográfico, pasa revista a «su gente», el grupo de seres adorables con los que compartió una niñez llena de pasión. El juego burlón del título resulta certero para quienes nos adentramos, con el autor, en las anécdotas de su peculiar troupe.

Observando el cariño con el que bastantes de mis coetáneos cuidan a cánidos a los que encuentran, al parecer, merecedores de un afecto que no están dispuestos a dispensar a quienes más se les asemejan (al menos, en lo exterior), me pregunto, a quién considerarán, si fueran requeridos para ello, digno de aparecer como «su gente». ¿Excluirían a sus familias, a sus coetáneos?

(Estoy convencido de que dentro de unos meses la tensión actual que se vive por el llamado «tema catalán» se habrá disipado como azucarillo en el tazón, pero quiero traer a colación lo que leí en un periódico de la pluma de un periodista solvente: «La gente que sigue a Puigdemont no es la misma que votó a Mas, pero es «su gente», y, con él, está dispuesta a llegar hasta el final»)

Por mi parte, este es el final de mi librito que he titulado como «Otras gentes».


En un charco de agua fresca, cerca del follaje, apremiadas por la sed, resulta habitual que se concentren aves de varias especies. Aquí, junto al carbonero y los herrerillos, un pinzón abreva también sin importarle la vecindad ni la discrepancia de plumas o pelajes.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: carbonero, Cataluña, failia, gente, herrerillo, pinzón

Otras gentes: (9) De paso

6 septiembre, 2017 By amarias Deja un comentario

 

La formación cristiana supone admitir que «estamos de paso» en este mundo, en el que deberíamos acumular méritos para disfrutar de una eternidad colmada de felicidad, aunque los escépticos (y no pocos creyentes) reconozcan la dificultad en precisar en qué pueda consistir el goce sin límites espaciales ni temporales.

Cuando España no era aún país destinatario apetecido como residencia definitiva por nacionales de otros países -utilizo la palabra «nacional» con las reservas que la amenaza de segregación de Cataluña puso sobre el tapete dialéctico-, los pocos extranjeros que se encontraban por aquí, alegaban encontrarse «de paso» hacia objetivos más interesantes y económicamente prometedores, como Alemania -entonces, República Federal-, o Francia.

En la actualidad, el mosaico de emigrantes dispuestos a quedarse para siempre abarca desde los iberoamericanos a los chinos, pasando por los apátridas del Sahel, rumanos y ucranios, lo que podría significar que nos hemos situado, como país, a la cabeza de los apetecibles destinos permanentes para asentar los reales familiares y ganarse la vida. Los casos de los británicos y centroeuropeos jubilados y de los capos de las mafias rusa o colombiana deberían analizarse desde otra perspectiva, que, por falta de espacio, no pretendo abordar aquí.

La expresión «de paso», se utiliza, en el lenguaje habitual, para introducir en el discurso cuestiones que no tienen nada que ver con el tema principal. El recurso es muy utilizado en política y en las conversaciones sobre temas familiares, para criticar, sin venir a cuento, a posturas de otras partidos o par lanzar una pulla a la parentela de la pareja.

En los años largos de la última postguerra española, en que, hasta los sesenta del pasado siglo, pesaba la excesiva pobreza,  había mucho migrante -familiares y amigos que buscaban pasar unos días con los parientes mejor situados en la capital, con la excusa de encontrar trabajo o de cerrar un negocio inexistente. «Estoy de paso», acostumbraba a decir el afectado, si se le preguntaba por razones.

La delicada situación económica y política en la que se encuentra España -falta de guión y con exceso de actores secundarios-  nos convierte a todos los españoles, sin que importe el calificativo regional, en «gentes de paso». Me gustaría , como a todo sensato lector de estas líneas, saber a dónde nos dirigen. Me temo, por el guirigay que se ha formado entre pastores, que ni siquiera los que nos dirigen saben a dónde vamos.


Las tres garcetas comunes (Egretta garzetta) de la fotografía, que tomé en el Parque nacional de Monfragüe, seguramente forman parte de una colonia residente allí. Se las distingue, en vuelo, de otros ardeidos blancos, por los dedos amarillo brillante. Son aves silenciosas salvo cuando se encuentran en los lugares de anidamiento. En los períodos nupciales y de cría, los adultos desarrollan en la nuca dos plumas muy alargadas.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: acogida, Cataluña, chino, de paso, emigrante, garceta común, iberoamericano, rumano, ucranio

Otras gentes: (8) Muy preparadas

1 septiembre, 2017 By amarias 2 comentarios

Cuando el príncipe Felipe, actualmente Rey de las Españas amenazadas de descomposición, fue nombrado Jefe de Estado, fueron muchas las voces -no solamente de monárquicos- que expresaron que era «el más preparado de todos los Reyes que había tenido España».

Esa era también la opinión de su padre, hoy Rey emérito, Juan Carlos, que había reiterado en varias ocasiones que era «el príncipe mejor preparado para su función de Rey de toda Europa».

Bajando el listón al pueblo llano, existe amplio consenso, entre educadores y padres de educados, que la actual juventud española (ampliando benévolamente el abanico de edad hasta los cuarenta y tantos) está mejor preparada que sus antecesores en el calendario.

Mi insolente pregunta es ¿Preparados para qué?. El futuro nunca ha estado tan oscuro y, frente a la obsesión por mejorar a preparación académica, que llevó a tantos jóvenes hoy en paro, a acumular títulos para comprobar que el mundo real tenía otros sistemas de valoración, lo que hoy se va consolidando es que no es posible prever qué tipo de prestaciones demandará la sociedad incluso a corto plazo.

Por una parte, son muchas las profesiones tradicionales, con pretendido consolidado prestigio, que han pasado a ser casi testimoniales. El paso acelerado de la informática, la robótica y las comunicaciones ha dejado en la cuneta oficios que parecían imprescindibles. Y el descalabro de la pirámide académica del pasado irá a más: cálculos técnicos, diagnósticos clínicos, reservas para viajes, decisiones de gestión y compraventa, son realizados con mayor rapidez y fiabilidad, por autómatas.

Leo hoy (1 de septiembre de 2017) en The New York Times (que compro de vez en cuando para ilustrarme en directo de las reacciones a la escalada fáctico-verbal del sicópata Trump- )que «(the) Death of Diana transformed Monarchy, and Britain», y en el texto del artículo se nos explica que, 20 años después de la muerte de la princesa, la monarquía, confrontada a modernizarse o morir ante lo que parecía una amenaza de revolución contra ella, eligió la opción de supervivencia, impulsada por una generación de elementos de la realeza mejor preparados.

No soy tan optimista respecto al sostenimiento en el tiempo de las monarquías que, como ya se encargan los líderes republicanos de recordarnos a cada momento, son un residuo anacrónico del pasado. En lo que respecta a España, no me ciega ninguna pasión monárquica si afirmo que el Rey Felipe VI les da un par de vueltas en preparación , saber estar, presencia física y síquica y otras virtudes, a todos los líderes políticos -a unos más que a otros- y, en especial, a los que podrían construir la alternativa republicana.

Pero, como a todos estos jóvenes que acumulan títulos académicos y buenas voluntades, no basta.

A las decenas de miles de universitarios, muchos con expedientes magníficos, que no han conseguido aún, años después de haber sido egresados, su primer empleo o transitan por el mundo laboral con subempleos de chicha y nabo, no les ha bastado estar oficialmente mejor preparados que las generaciones anteriores. En realidad, en relación con la demanda del mundo laboral y las oportunidades que se ofrecían, están y estaban peor preparados, pues la distancia entre lo que se les enseñó y enseña y lo que se precisa en el corto plazo es mayor que hace décadas.

Supongo que el Rey Felipe tiene consejeros que actúan de educadores a medida de las circunstancias, y que le preparan, por la cuenta que les tiene, para afrontar las dificultades del día a día, en especial, las que no están en los libros de Historia. Me gusta creer que es así, en especial en estas fechas en que la unidad del Estado está siendo bombardeada por francotiradores desde el flanco este.

Pero, obviamente, me preocupa más la falta de preparación adecuada que reciben los jóvenes españoles hoy en día, por lo que tengo suficientemente comprobado. Mucha doctrina trasnochada, falta de práctica real, docentes cansados y apolillados en sus cátedras y posiciones académicas, empresas con directivos sin visión ni misión (aunque alardeen de tenerla) y una sociedad, en su conjunto, que está demostrándose anquilosada para decidir, sin dudas ni ilusionismos, a dónde quiere ir.


Este camachuelo macho (phyrrula phyrrula), encaramado a las ramas secas de una morera, residuo de tiempos en los que se había aconsejado cultivar gusanos de seda -y plantar tabaco- como negocio seguro, entona su canto (débil, casi imperceptible, salpicado con tonos más ásperos), despidiéndose del verano. En la península ibérica, es ave propia del norte, que construye sus nidos en ramas altas, difíciles de percibir.

El tono rosa fuerte del pecho lo distingue de la hembra, que lo tiene gris; y su aspecto rechoncho y cuello grueso son características de la especie que, por lo demás, no es fácil encontrar en la naturaleza, a pesar de que se le denomina oficialmente como «camachuelo común».

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: camachuelo, Donald Trump, felipe VI, New York Times, preparada, prícnipe, princesa Diana de Gales

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