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Décimo novena Crónica desde el País de Gaigé

12 junio, 2022 By amarias Deja un comentario

La semana en Gaigé estuvo especialmente señalada por la crisis con el Magreb, que ha venido a poner de manifiesto que la política exterior del país descansa sobre frágiles y en parte, misteriosos, pilares.

Ni con Latinoamérica, zona de influencia tradicional abandonada ahora en manos de los viajes protocolarios de Felipe VI, acompañado del ministro sin cartera Iceta (Miguel), ni con Marruecos y Argelia, con los que nos unía una relación fraternal basada en nuestra tolerancia a los desequilibrios hormonales de sus dirigentes, ni con los países árabes, con los que la influencia del rey de antes había llevado a obtener (ignoro si mediando comisiones, aunque las presumo) pingües beneficios a nuestras empresas constructoras. Es Gaigé, eso sí, un país de la Unión Europea, con la misma capacidad de influencia que la mayoría de los Estados que la componen (Malta, Croacia, Bulgaria, Eslovenia, Lituania, Rumania, etc.)

El último juego de acción-reacción con el Magreb parece remontarse al momento en que Gaigé, acoge al líder del Frente Polisario, Gali (Brahim), prófugo de la Justicia por un presunto delito de violación, para tratarle secretamente en Valladolid de una infección vírica, nunca probada. Descubierta la torpe componenda, el poderoso vecino marroquí rompe relaciones con Gaigé y ordena a su embajadora que se vuelva para Rabat, pues infiere que Argelia está detrás de esa actuación con ribetes de medicina humanitaria.

Sucede que las relaciones de Gaigé con sus principales vecinos del sur, Argelia y Marruecos, están sometidas al principio del equilibrio inestable. Ambos países hermanos se odian oficialmente y Gaigé, dada su posición paternal, debe cuidarse de no parecer que tiene más afecto por uno u otro. En caso de que se descubriera, por cualquiera de los dos Estados -ejemplo resistente de las dictaduras del medioevo: uno, con una monarquía de base teocrática y el otro, víctima permanente de un directorio militar que niega libertades elementales- un mínimo desvío de amor hacia el vecino, el otro se cabreará oficialmente y sus infantiles berreas tendrán eco inmediato en la política interior de Gaigé y podrán afectar también a los intercambios económicos, con daños colaterales difíciles de evaluar.

El cúmulo de despropósitos que lleva a una cadena de acción-reacción resulta ininteligible. Argelia se niega a seguir enviando por un tubo que atraviesa Marruecos el precioso bien llamado gas natural que es garantía clave de nuestra independencia energética del conflicto ruso-ucraniano, aunque conviene seguir fiel a sus compromisos comerciales, bombeando más cantidad por otro tubo que obvia el terreno marroquí. Los ministros Albares y Ribera, desplazados de urgencia a Argel, comunican su satisfacción porque «Argelia es un país fiable».

Pero resulta que alguien desde el Gobierno de Gaigé escribe una carta con faltas de ortografía y estructura gramatical, que es aireada por Marruecos inoportunamente y en la que resulta expresa la voluntad de Sánchez (Pedro) de apoyar a Mohamed VI y sus adoradores en la absorción del Sáhara occidental antigua colonia española y, puestos a hilar fino, a comprender sus ilegítimas aspiraciones sobre Perejil, Ceuta, Melilla y algún otro peñón disperso por el mar de Alborán. La escenificación apresurada de esta vuelta al perfecto amor paterno-filial con Marruecos, levanta algunas ampollas por parte de los exégetas de las líneas sutiles del escarnio: la bandera de Gaigé pende al revés, en signo de sometimiento, entre las alauitas.

Seguramente no tiene nada que ver, pero encaja en el relato, que los teléfonos móviles de Sánchez (Pedro) y Robles (Margarita), ministra ésta de la Defensa de Gaigé fueron infectados por el programa Pegassus, presuntamente en un ataque auspiciado desde Marruecos, adquiriendo acceso a información sensible (¿fotos íntimas? ¿información sobre relaciones comerciales de alto voltaje e ilegales de la esposa de Sánchez?…infundios muy del gusto de la oposición en Gaigé y, sobre todo, de la generalidad de los mentideros gaigesenses, proclives a la difamación y al cotilleo).

Argelia, feudo del poderoso Tebboune (Abdelmadjid) monta en cólera ante esa manifestación amorosa y anuncia la suspensión de relaciones con Gaigé. Gran conmoción; riesgo para el gas, temor de los exportadores a perder sus envíos, protestas apelando al derecho internacional y a la obligación de cumplir acuerdos por parte del fiable país magrebí. La reacción del ministro Albares (José Manuel) -a menudo, poseedor de un petulante tono algo molesto que comparte con la ministra Ribera (Teresa)- dejó claro a quién acudir cuando la tensión con los Estados del vecino norte africano se hace insoportable: a la Unión Europea que, en una reacción fulgurante, se ha puesto del lado de Gaigé. Dicen las crónicas que «Argelia se vio obligada a recular», aunque como ese término carece de interpretación en el lenguaje diplomático, habrá que esperar al desarrollo de los acontecimientos.

En otro orden de cosas, más serio, Andalucía avanza en el proceso electoral que le llevará, el 19 de junio, a elegir nuevo Presidente de la Autonomía. Parece muy claro que ganará Moreno (Juanma) del Partido Popular, actual ocupante del puesto, ya que el candidato del PSOE (Espadas, Juan) no alcanzará, ni de lejos, diputados suficientes para optar a la Presidencia, máxime debido a la debilidad y dispersión del voto de izquierdas.

En el debate televisivo en el que los seis candidatos principales expusieron sus razones (algunas viscerales) se distinguió, de lejos, por su beligerancia a veces muy incómoda, la optante por la facción de Vox, Olona (Macarena), abogada de Estado, dotada de una lengua astifina. Como este cronista es un sentimental, me sigue gustando la opción de Ciudadanos defendida por el sanluqueño Marín (Juan Antonio ), a quien su biografía define como técnico en voleiból y comerciante de joyería. Vale.

Es relevante en este intento sesgado de reflejar semanalmante el panorama político y económico del Pais de los Despropósitos, recoger que ha tenido lugar el primer encuentro directo entre Núñez Feijóo (Alberto) y Sánchez (Pedro). Fue en el Senado, el pasado 6 de junio, cuando se produjo el primer rifirrafe dialéctico entre ambas personalidades, que no el contraste de programas.

Lo que perdurará es la salida de pie de banco del presidente de Gaigé cuando resumió la opinión de Gobierno sobre el Partido Popular: «ustedes no hacen más que estorbar, estorbar, estorbar». El tono suave de Feijóo, propenso a la hablar desde la calma, no provocó emoción, aunque queda tiempo por delante para afinar los disparos sobre el puente de mando de un gobierno de coalición que se desmorona solo sin necesidad de apelar a enemigos ni críticas externas.

La vicepresidenta Díaz (Yolanda), la modelo extravagante del gobierno, paisana del nuevo presidente popular, se propone recorrer Gaigé para escuchar al pueblo y así afilar su programa de izquierdas razonables. Sugiero que en ese viaje iniciático deje que le acompañe Núñez Feijóo, y así se ayuden recíprocamente a desprenderse del pelo de la dehesa simbólica, para enmendarse con el Gaigé real, pobre, desanimado, sumido en la inflación galopante y ayuno de ideas

Publicado en: Actualidad, País de Gaigé Etiquetado como: Albares, Andalucía, Argelia, elecciones, Espadas, Gali, Juan Marín, Juanma Moreno, Magreb, Marruecos, Mohamed VI, Ribera, Theboune

Desgobierno institucional o pasión por las crisis

1 junio, 2022 By amarias Deja un comentario

No tiene gracia. Las disensiones en el seno del gobierno multicéfalo que construyó Sánchez (Pedro) a la medida urgente creado para destronar -dicen que con la actividad muñidora conjunta de Abalos y Redondo- a un presidente cansado pero competente (Rajoy, Mariano: los hechos posteriores dixint) son clamorosas.

Se pretende incluso justificar las notables discrepancias en las apariciones públicas entre los portavoces de las facciones en que se va descomponiendo lo que ya cabe calificar como desgobierno, sobre temas que han sido debatidos en el seno del Consejo de Ministro. Se argumenta por los díscolos que «la ley no obliga a que los ministros estén de acuerdo con la decisiones de Gobierno» (declaraciones públicas de varios ministros podemitas).

Una vez nombrados, y al conocer sus declaraciones ante los media y la esencia de sus actuaciones cara a la realidad, resultó inquietante apreciar lo poco que conocían ciertos Ministros sobre sus campos de competencia y nos llevó a preguntarnos porqué no se dejaban asesorar (o, también, por quiénes se hacían asesorar); el mal parece contagioso, pues otros miembros del Ejecutivo, tenidos por competentes, languidecen en sus puestos, convertidos en irrelevantes o desvarían sorprendentemente contradiciendo actuaciones y opiniones anteriores (cito sin ánimo de ser exhaustivo: Robles,  Ribera, Albares, Iceta, Calviño…y me sobra la supersexposición de Rodríguez García, Marlaska,…Super Yoyo Díaz)

Perdón: la Ley del Gobierno 50/1997, revisada y actualizada en 2015, define inequívocamente las funciones de un «órgano colegiado» y, como tal, en su seno se puede discutir lo que se quiera, y discrepar, pero el cumplimiento de las decisiones que se adopten obligan a todos sus miembros, que están, además, obligados a guardar el secreto del debate interno para la concreción del acuerdo.

Que los Ministros no conozcan sobre los asuntos de su competencia e improvisen sus resoluciones confundiéndolas con su «derecho a opinar «genera una gran confusión pública. Que ignoren sus obligaciones legales y aireen sus discrepancias convirtiendo en campaña electoralista la gestión del lo público, es kafkiano,-o dadaísta, como oí decir a un tertuliano-.

(Nota: Imagino que algunos de mis comentarios pueden parecer a quienes no me conocen, propios de alguien que se complace en criticar al Gobierno. Tal vez por eso, por pudor y por no enseñar la patita ideológica, pocos son los que, habiéndome leído, se atreven a compartir mis reflexiones. No pretendo publicidad alguna. Soy mayor, tengo mi vida resuelta (y para más inri, ando mal de salud). Soy independiente, lo fui toda mi vida y escribo porque me gusta. Si alguien se siente identificado o le proporciono algún elemento para pasar un rato divertido o llenar una curiosidad, le estoy agradecido, aunque no me haga llegar el menor reconocimiento.)

Este 1 de junio, en el que se cuentan ya 4 años desde que se puso punto final al Gobierno de Rajoy, han pasado muchas cosas: la crisis sanitaria, la crisis económica, la crisis energética y, ahora, la guerra en Ucrania que es una guerra en Europa. Este ejecutivo tuvo que lidiar con graves problemas y sobrevive. Herido (quizá de muerte), pero vivo. El país está inmerso en una situación financiera muy delicada, preludio de dificultades muy serias para enderezar el timón económico, falto de impulso.

La desunión en la política (no solo dentro del Gobierno) alimenta también el descrédito internacional y la crispación nacional. La grieta catalana no se cierra se emponzoña y hiede. El asedio casi continuo al Jefe de Estado -que, sin apoyo del Ejecutivo, trata de construir una agenda interna de simpatías, empezando por lo sencillo-, la falta de control del Presidente de Gobierno sobre la mitad de sus ministros; una oposición que está en la construcción de una identidad creíble como alternativa de Gobierno, …

España tiene pasión por las crisis. Sobrevivimos, pero no sabemos cómo salir bien de ellas. Es parte de nuestra identidad colectiva, ir dejando plumas en cada batalla, perdiendo mucha energía en cada envite. Lástima. porque así no hacemos más fuerte España y la competencia es feroz.

Publicado en: Actualidad, España Etiquetado como: Abalos, Albares, Calviño, crisis, Iceta, Mariano Rajoy, Marlaska, ministros, Redondo, Ribera, Robles, Sánchez

Estrategia exterior de España en revisión

23 septiembre, 2021 By amarias Deja un comentario

La posición de España en el contexto internacional como país intermedio, y la percepción consciente de esa modesta situación relativa, no permitiría arriesgarse a mantener posiciones aisladas en prácticamente ningún sector, desde el energético a, por supuesto, en el terreno siempre poliédrico de seguridad y defensa. Dependemos de alianzas internacionales y, para los asuntos de estrategia militar, de las directrices, humores y decisiones que adopte el gigante de nuestro lado ideológico y sentimental, Estados  Unidos.

¿Es así? ¿Estamos realmente vinculados, como una lapa a su roca de asiento, a las decisiones que tome, en política internacional, el primo de Zumo Sol? Opino que deberíamos de revisar los términos de esa adhesión inquebrantable, a la que, desde luego, sacamos algunos beneficios pero de cuya dependencia recibimos sobresaltos e inmerecidos bofetones.

No somos autónomos ni independientes a la hora de fijar nuestra posición en lo que se llama, genéricamente, política exterior. La pertenencia a la Unión Europea nos marca las directrices básicas para las alianzas internacionales, la gestión del cambio climático y la estrategia de defensa exterior.

En unos aspectos, enarbolando la bandera, actualmente costosa y por momentos hasta ridícula, de capitanes de la protección ambiental mundial, la descarbonización forzada o la defensa del libre mercado como paradigma, este posicionamiento grupal aparente sirve para mostrar las diferencias ideológicas entre los miembros e invita a que cada Estado, en especial los que están alejados en sus posicionamientos del núcleo duro (Francia y Alemania), hagan lo que les venga en gana.

La salida desairada de Afganistán, después de casi 20 años de ocupación del territorio, ha dejado un mal sabor de boca, no solo en la población norteamericana. La mayoría la interpreta como una derrota frente a los talibanes y, a medida que se disipa el polvo de la escapada y se conocen las medidas de estricta aplicación de la sharia de los nuevos dirigentes, nuestra sensibilidad nos hace llevarnos las manos a la cabeza. A España el apoyo a la estrategia de Estados Unidos, deseoso de venganza por los ataques a las Torres Gemelas y el Capitolio, nos ha causado varios dolorosos atentados mortales en nuestro territorio, más de cinco mil millones de euros de gastos sin mucha justificación y la muerte en acto de servicio de casi un centenar de militares y personal auxiliar.

No tenemos -al menos hasta época reciente, aunque nos toca confiar en la pretendida mano izquierda del ministro José Manuel Albares- una estrategia definida frente a Marruecos, país amigo dirigido por una satrapía, que tiene permanentemente la mano tendida para recoger subvenciones e inversiones sin mucho futuro. Las decisiones que emanan del entorno de los palacios presidenciales combinan, a su antojo, parabienes y bofetadas, en las que nuestro país parece jugar el papel de destinatario del pim, pam, pum.

Nos encantó en su momento insinuar que Rusia estuvo detrás de los resultados de las falsas elecciones por la independencia de Cataluña y que apoya la descomposición de España en minúsculos estados. Si el presidente de Estados Unidos no sabe quién es Pedro Sánchez y lo ignora en un pasillo, si el embajador de Inglaterra en España, a pesar de llevar dos años en nuestro país, aún no puede hablar con soltura el español, se hace difícil imaginar que Putin tenga un mapa de intereses en el que figure el desgarro de la piel de toro.

El actual Mr. Pesc (Josep Borrel) repite una y otra vez que la Unión Europea necesita su propia y autónoma plataforma de defensa exterior (y seguridad), ya que los intereses de ese conglomerado de Estados tan diversos no coinciden plenamente con los de Estados Unidos. Es bastante evidente: ni coinciden ni tenemos fuerza disuasoria ni capacidad bélica autónoma para cualquier ataque exterior, convertidos, en caso de conflicto internacional entre las potencias, en preferible campo de pruebas antes de embarcarse en la guerra total.

Lo escrito en el título del comentario invita a muchas derivaciones. El punto común es que hace falta y es urgente la revisión de nuestra política exterior. Lo que pretenda Europa, si se decide a hacer finalmente algo, bien está. Pero, entretanto, es imprescindible fijar con claridad cuáles son nuestros intereses concretos en política internacional y cómo los defendemos: si con negociación, acuerdos de colaboración, ayudas y subvenciones y a qué productos, buenas palabras o enfados manifiestos y llamada a casa de embajadores, botas militares sobre el terreno, venta de material bélico de segundo nivel, formación a cuadros del Ejército del país potencialmente rival, etc.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: Albares, defensa, estados unidos, Marruecos, política exterior

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