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Mi Diccionario desvergonzado: confidencial, pretexto, clítoris, tintero, rostro, polla, cuento, caníbal, experto, estrategia, dinero

8 septiembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Confidencial. 1. Calificación que se otorga a una información, para llamar la atención de aquellas personas para las que podría tener interés y que, cuando finalmente se desenmascara, se revela como archiconocida. 2. Equivocada fórmula de protección con la que se intenta salvaguardar de la infalible curiosidad de la propia pareja, las cartas de la persona con la que se mantiene una relación, así como la copia de los ridículos versos y expresiones de amor que se le están dedicando para alimentar su fantasía. 3. Término utilizado por los gobiernos legítimos con el objeto de impedir por algún tiempo el conocimiento de las razones por las que  se realizaron actuaciones subordinadas a los poderes económicos ilegítimos.

Pretexto. 1. Excusa mal urdida, a la que le falta mayor solidez para resultar creíble. 2. Cualesquiera de las expresiones que se utilizan para hacer lo que apetece sin dar verdaderas explicaciones a quien las merece.

Tintero. 1. Lugar del cerebro en el que se suponen generadas las ideas que se expresan en papel, y en el que es piadosa concesión admitir que el autor ha dejado en él aquello que hubiera resultado más interesante. 2. Recipiente de porcelana, con forma de diminuto sombrero invertido, que se encajaba en un agujero del pupitre escolar, y que servía para contener un líquido negruzco fabricado con agua y polvos, en el que se mojaba el plumín,  antecesor de la pluma fuente como generador infalible de borrones.

Rostro. 1. Parte frontal de una cabeza humana, ocupada por los ojos, la nariz y la boca, y en cuyo margen se sitúan las orejas, apéndices que sirven para identificar inequívocamente a un individuo, conformando un conjunto de facciones cuya total inexpresividad se va madurando con la edad y la práctica. 2. Retrato robot utilizado por la policía para la identificación de delincuentes y terroristas en busca y captura, realizado de tal manera que su parecido con la persona a la que se busca, por su escasa fidelidad, resulta asombroso.

Polla. 1. Gallina en la que aún no se ha manifestado su paranoica naturaleza. 2. Forma, tenida por vulgar, con la que se pretende desviar la atención del órgano propio del varón hacia su función accesoria, ya que la principal es servir de tubería de descarga a los riñones.

Cuento. 1. Relato con personajes irreales, incoherente y descabellada, de la que se pretende que los niños extraigan alguna moraleja. 2. Argumento elaborado, que se califica de chino cuando, servido como explicación, resulta tan espeso y oscuro que no cuela.

Caníbal. 1. Calificación que merece quien, habiendo agotado los epítetos con los que expresa su deseo de posesión sobre la persona con la que mantiene una relación, se manifiesta dispuesto a comérsela. 2. Perteneciente a una tribu que vivía solo en los libros de aventuras juveniles, y cuyo alimento era una mezcla de carne humana y fantasía.

Experto. 1. Mérito que se otorga a sí mismo el universitario que ha perdido su anterior empleo, en cualquier materia de la que tiene conocimiento de su existencia. 2. En los currícula utilizados para adornar la trayectoria laboral de un cargo público, forma eufemística de expresar que está dispuesto a adquirir experiencia suficiente en el desempeño de la función que se le ha encomendado para ejercerla en la empresa privada  que posteriormente le contrate.

Estrategia. 1. Conjunto de normas sin utilidad práctica que se ofrecen a los alumnos de las escuelas de negocio, agrupadas en casos prácticos, para tratar de convencerles de que el mundo real tiene algunas reglas. 2. Referencia confusa al despliegue de una actividad a la que se atribuye la consecución de un éxito fortuito, igualmente válida para justificar el fracaso de las mismas actuaciones si son realizadas por un competidor.

Clítoris. Protuberancia interna del aparato genital femenino, en la mayor parte de los casos, prácticamente indetectable, de la que se fantaseó durante bastante tiempo que su masaje produciría fenómenos paranormales que, convertidas en cómplices, algunas mujeres expresaban con gritos y jadeos, que dieron en llamarse orgasmos, por analogía, actualmente detectada como errónea, con lo que le sucede al varón afectado por la explosiva irrupción de un herpes congénito y natural en él, llamado líbido.

Grapa.- 1. Licor de alta graduación, idéntico al aguardiente, del que se diferencia notablemente por su elevado precio. 2. Alambre doblado con formas muy diversas, que en su estado inicial propende a atascar el aparato que lo contiene por decenas, llamado grapadora, y que es imprescindible para unir de forma permanente hojas por un extremo, si bien se hace se hace preciso extraerlo en múltiples ocasiones para hacer fotocopias, en una delicada operación que destroza las uñas.

Dinero.- 1. Papel impreso muy difícil de reproducir si no se está especializado en hacer sus falsificaciones, y que sirve para adquirir en los mercados los llamados bienes de uso y consumo, imprescindibles para mantener animada la actividad de la sociedad de consumo. 2. Idea descabellada, cuyo origen se remonta a hace más de 25 siglos,  por la que se consiguió sustituir el intercambio recíproco entre productos, bienes y trabajos que se venía practicando sin problemas, por la entrega de objetos sin valor a cambio de éstos, atribuyéndoles equivalencias ficticias, y que se ha convertido en una práctica engañosa que, hasta el momento actual, ha resultado imposible desterrar.

Publicado en: Diccionario desvergonzado Etiquetado como: caníbal, clítoris, confidencial, cuento, diccionario desvergonzado, dinero, experto, grapa, polla, pretexto, rostro, tintero

Cuento de invierno: El especialista en entuertos

30 enero, 2014 By amarias2013 Deja un comentario

Jorgesindo Hortihuela era un joven despierto, de natural dicharachero y cuyo carácter jovial y, más especialmente, su disposición para pagar las consumiciones de los parroquianos en los bares, le hacía muy querido en toda la comarca.

A decir verdad, Jorgesindo no había conseguido superar el Bachillerato elemental, aunque todos quienes le conocían, -admirados por su florida labia y el dosificado empleo de términos jurídicos, que aderezaba con impertinentes latinajos-, le atribuían estudios de Derecho. Incluso había quien comentaba que sus versátiles conocimientos estaban afianzados por la concienzuda preparación de oposiciones a judicatura, que el susodicho había tenido que abandonar, dolorosamente, al acaecer el fallecimiento de una tía suya que, con su pensión, se los venía sufragando.

En cualquier caso, tanto entre los que estaban seguros como entre quienes se permitieran abrigar la menor duda acerca de si había terminado o no la carrera, le sobraban a Jorgesindo encargos para acometer, ejecutar y conducir a buen término, las delicadas gestiones que, por culpa del complejo entramado administrativo y jurídico que arrastra la vida moderna, sus paisanos se veían ocasionalmente impelidos a desarrollar en la capital.

Como muchos otros que emplean su natural lucidez en iluminar espacios sombríos de sus semejantes, se aprovechaba Jorgesindo de la creencia generalizada de que la Administración Pública es inabarcablemente compleja, esféricamente incompetente y desmesuradamente cara para quienes se aventuran en sus recovecos. Por tanto, el infeliz que acudiera a esa cueva laberíntica, sin la asesoría de un experto capaz de guiarlo por sus intrincados vericuetos, perdería su tiempo y muchos dineros, volviendo a su casa sin haber resuelto lo que le llevó a entrometerse en ella.

Y aunque se discrepe personalmente -lo que no contradigo, porque no deseo ahora polemizar sobre ese punto- en que la Administración Pública esté cerca o lejos de ser sencilla, competente y gratuita, admítaseme de que son muchos, en especial los que viven alejados de los citadinos ruidos y pesares, los que cuando reciben un papel timbrado, un certificado o una citación ante una autoridad de cualquier pelaje, se azoran, inquietan y apesadumbran, sin saber qué hacer.

Lo que no está en contradicción, por cierto, con que, cuando el vecino, un familiar o alguien ajeno les pretende arrebatar el menor trozo de tierra o la sombra de un alero, se empecinarán en llevar el caso a los Tribunales y estarán dispuestos a gastarse en el pleito cien veces lo que valdría la minucia.

Jorgesindo había consolidado la fama de hacer creer que sabía perfectamente a qué puerta tocar y a qué fulano convencer, de todos los despachos de la Corte. Fuera de su Eminencia el Arzobispo de la Diócesis, Gobernador Civil o Militar, magistrado del Supremo o Juez de la más infima instancia, todos los pasillos y cualquiera de las autoridades los tenía andados, medidos y sabidos.

Ya fueran temas laborales o civiles, el sagaz muchacho se jactaba de solucionar todas las cuestiones, porque, allí donde no pudiera llegar él con pies y manos, por razones que se podían imaginar pero que no confesaría -decía- ni en su lecho mortal, sabía quién era el experto y cuál su gracia.

Todos los que habían tenido algún problema se hacían lenguas de la habilidad de Jorgesindo para ir al meollo del asunto, de su perspicacia para seguir el tema, sin perderle la cara al embrollo, informando puntualmente del estado de la cosa aunque, como es natural, pocas se resolvían con presteza.

-A mí me está resolviendo el tema de cobrar la pensión de jubilación –reconocía Melandra Estiperdida-. Hace un año que cumplí la edad, y tengo cotizados diez años como empleada de hogar a tiempo parcial. Cuando me den la pensión, además de los mil euros que le llevo dados, tengo que entregarle los seis primeros meses por adelantado.

No era la única en estar agradecida.

-¡Qué puedo decir yo!. Jorgesindo me está tramitando el cobro de la invalidez de los últimos dos años, en los Juzgados, y llevamos ya tres juicios, porque los médicos de la Seguridad Social hicieron mal los informes, pero me dice que el tema está a punto de resolverse.

Los quinientos euros que Petronilo Gómez había entregado al muchacho gestor, los daba por bien empleados.

-En mi caso, Gracias a un abogado que me recomendó Jorgesindo, estamos en camino de resolver la herencia de mis suegros, que estaba muy envenenada. Mandó una carta a mis cuñadas que les metió el miedo en el cuerpo –exponía Roque Credulancio, mientras apuraba un vaso de vino en Casa Cartonero.

A veces, la cuestión era aún más compleja, dadas las teclas que había que tocar.

-Me consiguió, hablando con el Cardenal de la catedral, que no vendieran la sepultura de mi padre, que estaba caducada.

Todos quienes habían confiado en Jorgesindo habían vivido historias, en el fondo, parecidas, claramente demostrativas de las dificultades que el hábil gestor había tenido que resolver:

-Me llevó al Juzgado, y en el juicio, firmé unos papeles. Un ayudante del juez me pidió trescientos euros y me perdonaron no sé qué impuestos atrasados.

-Algo así nos pasó a nosotros. Ahora estamos pendientes del tercer juicio que es ya, por lo que me dice Jorgesindo, el definitivo. Si ganamos tenemos que darle otros mil euros por el papeleo, y arreglado -confesaba Melandra Pelardilla en el colmado.

-Aunque no vi al cardenal, Jorgesindo fue directo a la Catedral y habló con uno de los sacerdotes que están con él y lo resolvió por quinientos euros en un momento.

Y así siguiendo, hasta la saciedad del que quiera escuchar la relación de los casos resueltos y, sobre todo, en vías de serlo.

Sucedió que un día apareció por la comarca el nieto de uno de esos campesinos, que había estado fuera varios años y se enteró de lo que Jorgesindo había resuelto para los suyos. Montó en cólera al descubrir, tan a las claras para él, el tejemaneje que el tal experto había urdido con la ignorancia y credulidad de aquellas gentes, y, yendo casa por casa de los que consideraba afectados, les explicó cómo veía el las cosas.

-No hay cardenales en esa Catedral y, en todo caso, las sepulturas lo son a perpetuidad o, al menos, por noventa y nueve años -dijo a unos.

-Los juicios civiles necesitan de procurador y abogado y el juez no sale a los pasillos para recibir dineros -explicaba a otros.

-El cálculo de la pensión es inmediato y gratuito, y, si hay derecho, se empieza a cobrar desde que se cumplen las condiciones -argumentaba aquí o allá.

Consumió en las aclaraciones todo el tiempo que tenía de sus cortas vacaciones, resolvió dudas, leyó cientos de papeles, comprobando, en la mayor parte de los casos, que eran ociosos, inútiles, falsarios.

Cuando se despidió de todos, creyó que había desenmarañado las madejas. Estaba contento de haber resultado útil, sacando a aquellos campesinos ingenuos de los atolladeros. Por su suerte, no pudo escuchar lo que, ya ido, comentaron los afectados en la cantina.

-¿Vamos a hacer algo? -preguntó Pazcuato López, el abuelo del tipo de la ciudad.-¿Qué se opina?

-Dejemos las cosas como están. Jorgesindo nos ha sido útil hasta ahora. No tenemos problemas con él. Y tu nieto parece buen chaval, pero, la verdad, aquí ha venido como engorrinador. A tocarnos las pelotas, vamos.

Todos estuvieron de acuerdo en no hacer nada. Siguieron en la cuerda de Jorgesindo, el especialista en resolver entuertos, complacidos.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: cuento, cuento de invierno, derechos, engaño, entuerto, experto, fraude, gestor, intermediario, lucidez, seguridad social

Qué pasó en el pozo Emilio del Valle

30 octubre, 2013 By amarias2013 3 comentarios

El gravísimo accidente en el que murieron seis mineros de la plantilla de la Hullera Vasco Leonesa que se encontraban trabajando a unos 700 m de profundidad en el pozo Emilio del Valle (en Santa Lucía, León), ha vuelto a desatar las especulaciones, no ya respecto a la seguridad de la minería, sino respecto a su misma necesidad.

Los primeros análisis de lo sucedido indican que se produjo una liberación de gas metano en la zona de trabajo, que no explosionó -es decir, no se produjo la «explosión de grisú» que está en la primera línea de culpables de los accidentes mineros en las minas de carbones bituminosos. Fue tan repentina que los fallecidos no tuvieron tiempo para poner en funcionamiento los equipos de auto-rescate que llevaban, y que les hubieran permitido un período de autonomía respiratoria de entre 20 y 30 minutos, suficiente, en principio, para escapar.

La mezcla de metano y aire es explosiva cuando el primero se encuentra en una proporción entre 4-5% y 14-15%. Por ello, cabe deducir que, aunque el grado de metano era superior al nivel explosivo, no había ninguna llama activa cuando se produjo la fuga (lo que se me antoja lo más probable). Los mineros estarían realizando labores de preparación, y alguna actividad en otro nivel o, simplemente, la cedencia espontánea del terreno agrietó uno de los hastiales, provocando la fatídica fuga.

Otra opción, que descarto, sería que la proporción que se alcanzó era inferior, pero de suficiente entidad y, sobre todo, aparecida con excepcional rapidez, como para que los mineros que se encontraban próximos al punto en el que se produjo la fuga la respiraran, por un corto espacio de tiempo.

Como son cuatro los mineros que se encontraban en las proximidades que ya han obtenido el alta hospitalaria (un quinto sigue en la UCI, aunque, por fortuna, se está recuperando), podrán dar una versión aquilatada de lo que sucedió.

Mientras la investigación del accidente hace su trabajo (una Comisión independiente ha sido nombrada al efecto), será bueno que los «falsos expertos» se abstengan de alimentar las especulaciones genéricas acerca de los males de la minería. En particular, me refiero a aquellos que asocian el accidente a los riesgos de la fractura hidráulica, y aprovechan la oportunidad para avivar la campaña en contra de la recuperación del gas metano subterráneo.

La minería del carbón español está sometida a un reglamento muy estricto, y las normas de seguridad de obligado cumplimiento son rígidas. Los mineros afectados por este accidente fatal eran gente experimentada, inteligente, joven -menos de 45 años- y sana. Si hay algún culpable, que sea la casualidad. Esa parte de lo natural que, a pesar de los avances técnicos, no siendo posible prever, no nos queda sino acotar en el terreno de la tutela del santoral.

Santa Bárbara, patrona de los mineros, y Maruxina de mi vida, mirai cómo vengo hoy, tengo la camisa rota y el ánimo descompuesto por la muerte de seis compañeros. No tengo ánimo para cantar, obviamente.

Publicado en: Actualidad, Ingeniería, Sociedad Etiquetado como: accidente, carbón, casualidad, emilio del valle, escape, experto, explosión, fallecidos, grisú, investigación, metano, minería, mineros, Santa Bárbara, Santa Lucía

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