Al socaire

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La Escuela de Minas de Oviedo tiene que ser de Oviedo

3 febrero, 2022 By amarias 3 comentarios

Hace apenas unos meses, en octubre de 2021, celebraba con una mayoría de componentes de mi promoción el cincuenta aniversario de haber terminado la carrera de ingeniero de minas en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Oviedo (ETSIMO). En la obligada visita a las instalaciones donde nos habíamos formado como técnicos en esa institución, guiados amablemente por el actual director, Francisco Javier Iglesias Rodríguez, y el inmediatamente anterior, Francisco Blanco Alvarez, pudimos comprobar la excelencia de las instalaciones y la entrega vocacional de profesores y alumnos en el interés por mantener el prestigio de la Escuela, reconocida como la mejor de España en 2018 en el ranking de Shangai y, por tanto, una de las más prestigiadas en el mundo de la ingeniería.

Javier Iglesias. en el Aula de Grados de la Escuela, pronunció unas palabras de bienvenida, que fueron también un repaso a los sesenta años de vida de la Escuela de Oviedo, en la que obtuvieron el título más de 2.300 ingenieros, cuyo trabajo en empresas, administraciones públicas y como empresarios autónomos, dentro y fuera de España, fundamenó el actual renombre de la Escuela. Sigue siendo conocida como Escuela de Minas de Oviedo, aunque con el plan de Bolonia ha cambiado su antigua denominación de ETSIMO por la de Escuela de Ingeniería de Minas, Energía y Materiales de Oviedo (EIMEM). Anteriormente, en 1971, fue adscrita a la Universidad de Oviedo.

En una operación realizada a la chita callando -según denuncia Javier Iglesias-, el actual rector de la Universidad, Angel Ignacio Villaverde, licenciado en derecho por la Universidad de Oviedo, gijonés especialista en derecho constitucional, presentó una modificación de los campus de la Universidad, por la que pretende llevar los títulos de Minas a Mieres (en especial, el habilitante de master, que prolonga la línea académica que significó el título superior de ingeniería de minas), y ocupando el edificio de la actual Escuela Técnica con un nuevo grado de Deportes.

Entiendo muy bien que, ya no el director de la Escuela ovetense, la mayoría de profesores de la misma, el decano del Colegio de Ingenieros Superiores de Minas del Noroeste de España y su Junta directiva, y todos los egresados de la Escuela de Oviedo encuentren que el propósito de mover a Mieres los títulos ovetenses es un despropósito. El alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, ha prometido impedir con todas las opciones a su alcance ese traslado contra natura y llama a la movilización ciudadana.

Hay, por supuesto, voces a favor del traslado. El alcalde de Mieres, de Izquierda Unida, el ex picador de Hunosa Aníbal Vázquez, apunta con el rifle de la diferencia de clases hacia los contrarios al traslado, identificando con las élites económicas a los opositores a ese cambio de ubicación.

Es imposible poner orden en esta España llena de malentendidos, rencillas, egoísmos de pandereta y tambor e ignorancia casi supina de cómo se deben hacer las cosas en aspectos fundamentales. En el pequeño terreno de la Escuela de Minas de Oviedo, ha de contar como fuerza inamovible, que el prestigio de la Institución académica está vinculado a la ciudad. Igual que la Escuela de Madrid, ubicada en Ríos Rosas (y, desgraciadamente, en proceso de descomposiciómn académica por culpa de Bolonia y de los desgarros egoístas e interesados que se vienen produciendo entre las Escuelas de Ingenierías), ha de mantenerse con ese prestigioso nombre y ubicación y no tendría sentido trasladar sus aulas a, pongo, por caso, Carabanchel, en donde existen importantes instalaciones que pertenecieron al Ejército.

En multitud de escritos, conferencias y actos académicos y de difusión, he expresado sobre mis ideas sobre la forma de reforzar la región asturiana, apoyando que las Escuelas de Ingenieros de Minas de Oviedo e Industriales de Gijón deberían unirse en una Politécnica. He reconocido, como no podía ser menos, el gran prestigio que tuvo la Escuela de Capataces de Mieres y el alto nivel de los egresados de la Escuela de Ingenieros Técnicos de Minas de esa villa. Comparten profesores ambas Escuelas, y el entendimento entre ellas, cada una en su nivel académico, ha sido siempre bueno.

Trasladar las enseñanzas de ingeniería superior a Mieres, provocaría una inmediata pérdida del prestigio, particularmente doloroso a nivel internacional para los nuevos egresados. Cuesta mucho esfuerzo, dedicación y años, vincular una Universidad a una localidad. Pero no solo eso. Seguramente, el alcalde de Mieres, el rector de la Universidad y otros palmeros que solo ven cerca de sus narices, pueden creer que, con ello, habrá más ingenieros de Minas procedentes de las cuencas mineras y que se generará actividad y riqueza complementaria.

No va a ser así, al contrario. Los jóvenes asturianos que quieran hacer ingeniería superior de Minas o Industriales lo tienen fácil ahora, porque las localidades de Mieres, Langreo, Gijón u Oviedo están distantes entre sí apenas 30 km, con excelentes comnicaciones. No habrá más alumnos, sino menos. Porque Mieres está peor comunicada y, villa en decadencia demográfica acelerada, ofrece muchos menos atractivos para vivir en ella que Oviedo o Gijón.

Así que entiendo que el cambio de ubicación no resolverá ningún problema. Con siete u ocho Escuelas de Minas en España -un despropósito, producto lateral del desconcierto autonómico- en donde se pretende impartir la enseñanza superior de Ingeniería de Minas en España -con el mismo martillo destructor que afecta al nivel de otras carreras de ingeniería, ciencias y letras, antaño prestigiosas y hoy hundidas o camino de hundirse en el marasmo de titulaciones sin sentido- hacer un movimiento que cambie el nombre de la mejor Escuela de Minas de España en este momento de la localidad donde se ubica, es debilitar los cimientos del único edificio académico que queda en pie, en esa vieja profesión de la ingeniería de Minas, uniendo el descabezamiento a las decenas de deplorables caídos por el placer de poner un nombre propio a una ruina.

Dejemos las cosas como están. Y si Mieres quiere poner el nombre de su campus como localidad anexa a la Escuela de Oviedo, habrá fórmulas políticas y académicas para no causar un desastre. No hablamos de edificios, sino de prestigio a mantener.

 

 

Publicado en: Actualidad, Asturias, Educación, Ingeniería, mineria Etiquetado como: alcalde de Mieres, alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, Aníbal Vázquez, Escuela de Minas de Madrid, Escuela de Minas de Oviedo, Francisco Blanco, Ignacio Villaverde, ingeniero de minas, Javier Iglesias, Oviedo, ranking de Shangái, rector de la Universidad de Oviedo, Ríos Rosas

Alocución al recibir la insignia del Colegio de Ingenieros por cumplir 70 años

5 diciembre, 2018 By amarias Deja un comentario

El 4 de diciembre de 2018, como cada año, celebran los mineros y artilleros la festividad de Santa Bárbara, una santa cristiana singular y controvertida. Este año cumplí mis setenta, y el Colegio de Ingenieros ha establecido la norma de obsequiar a quienes ya franqueamos esa frontera, con una insignia conmemorativa. A mi se me dio la oportunidad de pronunciar una alocución, que transcribo a continuación.

Queridos compañeros y amigos; familiares y amigos de compañeros:

El decano del Colegio de Centro, Rafael Monsalve, me ha pedido que pronuncie unas palabras en este acto-me ha orientado que debían ser unos quince minutos- en representación del colectivo de quienes cumplimos setenta años en 2018. Es decir, de aquellos ingenieros de minas que nacimos en 1948 y estamos colegiados en el Colegio de Centro en este momento de nuestra vida.

Es un honor, desde luego, pero también una responsabilidad. Cuando repaso la relación de quienes vamos a recibir la insignia de la profesión, advierto que los nacidos en el 48 son una representación fiel de la versatilidad de la ingeniería de minas, y de la capacidad evidenciada por estos hoy ya setentones, para buscar el camino del éxito en la vida.

Tener setenta años parecería, en principio, una frontera. Solo que es una franja artificial, simbólica, que se puede saltar: no significa verse ni que nos vean viejos, ni dejar de haber sido más o menos capaz, física o intelectualmente, por más que es evidente que el paso dela edad va produciendo, inexorable, su función de deterioro.

Una vida ya amplia implica, sobre todo, haber acumulado experiencias, es decir, satisfacciones y reveses, gozos y sinsabores. La vida nos ha enseñado, con su proceder natural, a ver las cosas de forma más reposada, a desconfiar de los extremismos, a mirar con lupa los adornos y plumas de quienes pretenden engañarse y engañar con virtudes y méritos de los que carecen.

Nacimos en un momento en que España había superado hacia menos de una década la guerra incivil, no sus consecuencias. El 2 de septiembre de 1945 terminaba la segunda guerra mundial, con la firma de la rendición por Japón, pero, aunque España se había mantenido al margen, ello no nos libró de sufrir los efectos de la crisis, acumulada a las heridas por cerrar de la guerra propia y de la marginación internacional al gobierno de Franco. Por eso, a los bebés que éramos entonces, se nos había dotado de una cartilla de suministro, para proveernos de Pelargón y leche.

Nacimos en un año bisiesto, en el que asesinaron a Mahatma Gandhi, en el que entró en vigor el llamado Plan Marshall -que a España no tocó-, y se inventaron el videojuego y los transistores. Somos coetáneos de Marisol y Lluis Llach, de los actores Jeremy Irons y Gerard Depardieu, del eterno príncipe heredero Carlos de Gales. En el 48 nacieron Al Gore y el científico catalán Jorge Wagensberg (recientemente fallecido) y la premio nobel de medicina Elisabeth Blackburn.

Y tal como os veo ahora y aquí, creo que nos conservamos bastante mejor que la mayoría de ellos vivos; y si miro a vuestros currículos, manifiesto el orgullo de ser contemporáneo estricto de un grupo de ingenieros de minas tan prestigioso como vosotros.

Teníamos 18 años en 1966, pero aún no habíamos alcanzado la mayoría de edad, que en España se otorgaba a los 21, es decir, la alcanzaríamos en 1969. Para poder ver películas hoy reputadas de inocentes, aptas para todos los públicos, incluidos niños de siete años, necesitábamos acreditar la edad con un carné que celosos vigilantes de nuestra formación moral exigían a la entrada de los cines.

En fin, cayeron cuatro bombas atómicas en Palomares, cerca de Almería; se inauguró El Calderón, y se cerró la frontera con Gibraltar para no peatones.

Ah, y sí, estudiamos Historia Sagrada, Formación del Espíritu Nacional y la mayoría, después de aprobar un sicotécnico, realizar unas acrobacias gimnásticas y superar una revisión médica, hicimos la milicia universitaria, bien como IMEC o como IPS, a en los Campamentos de MontelaReina o en la Granja, en Robledo, por la que obtuvimos despachos militares como alféreces o sargentos provisionales.

Estamos aquí, obviamente, por ser ingenieros de minas. Como quizás sabéis, aunque llevo ya muchos años en Madrid, estoy colegiado en el Colegio de Centro, mis hijos estudiaron aquí y mis nietas son madrileñas, no estudié en la Escuela de Madrid, sino en la de Oviedo, en donde terminé la carrera en 1971.

Podía referirme concretamente a los años de la Escuela, y seguro que, a pesar de la distancia entre las dos únicas Escuelas de Minas que había entonces en España, encontraríamos muchas coincidencias. Durante el primer año que pasé en la Escuela, los exámenes de algunas asignaturas se hacían simultáneamente en Madrid y Oviedo, y los profesores abrían ceremoniosamente sobres lacrados que llegaban de la capital, como manera de garantizar que la formación era la misma.

En los años de Escuela, coexistían quienes seguían el Plan de 1957 y el de 1964, o Plan yeyé. Tuvimos que bregar con dos cursos selectivos en donde todas las asignaturas eran importantes, especialmente el Cálculo, la ampliación de Cálculo, la Física, la ampliación de Física, la Mecánica racional, el Dibujo Técnico, la Química Física. Algunas de esas disciplinas, como el Algebra lineal o la Mecánica Racional, las estudiábamos con libros en francés.

Estudiamos mucho, de todo, para superar exámenes difíciles que nos obligaban a estar concentrados meses enteros sin salir de casa, como si fueran unas oposiciones. Pocos teníamos novia entonces, porque cualquier distracción nos quitaba tiempo para cumplir con el único objetivo importante de los años de Escuela: aprobar para obtener el título, de una carrera con pasado prestigioso que, aún sin ser conscientes de ello, estaba ya amenazada de pérdida de imagen.

El estudiar tanto no nos privó, una vez superados los años selectivos, de relajar algo la intensidad, y poder asistir de vez en cuando a alguna fiesta del SEU, aceptar la invitación a algún guateque en la casa particular de padres con hijas casaderas y, en mi promoción, ir de viaje de fin de carrera a Polonia y Hungría, a visitar las minas de carbón de aquellos predios y desempolvarnos un poco el pelo de la dehesa.

Las asignaturas que cursamos en Madrid o en Oviedo eran las mismas, los libros y los apuntes, idénticos. Tuvimos incluso profesores comunes, pues entonces la vis atractiva de la capital era intensa, y cuando se convocaba una cátedra en Madrid, y el titular de la asignatura en Asturias conseguía la plaza, hubo cambios a medio curso. Tal fue el caso, por ejemplo, de José Luis Díez Fernández, Agustín Suárez, Antonio Lucena y algún otro.

Buena parte de lo que estudiamos no nos sirvió nunca para nada. Es parte del juego de la selección, de la necesidad de separar pruebas difíciles para prepararse para lo desconocido. Aprendimos cuestiones muy curiosas, entre las que suelo citar el análisis detallado de la emigración del ano en los equínidos, fundamental para saber si un fósil pertenecía al período ordovícico, al Cámbrico o al Silúrico.

Con veinte años, y aun estudiando, vivimos con pasión los movimientos estudiantiles de mayo del 68, las asambleas de largas peroratas y discusiones de procedimiento no siempre inteligibles, las votaciones a mano alzada, la persecución detrás o delante de los grises. Faltos de personal femenino en las aulas, se nos iban los ojos y los pies tras las chicas de filosofía, químicas o derecho. Nos afiliamos, para poder disfrutar de un lugar de encuentro y laboratorios de fotografía y futbolín, a la Acción Católica, al Sindicato Español Universitario y a lo que hiciera falta.

La entrada del marxismo leninismo en las Universidades no nos cogió con el paso cambiado, y leímos mucho a Marx, a Bakunin, a Gramsci, para poder discutir de tú a ti con las bellezas de otras Universidades, seducidas al parecer por los vientos de extremismos de salón.

Digo esto y aquí para reclamar que es falso si se cree que los estudiantes de minas de entonces hacíamos una vida aislada de la sociedad. De nuestra preocupación al margen de la técnica, pero relacionado con la formación integral del ser humano, dejo constancia de que muchos de nosotros tenemos dos carreras, y, desde luego, intensar aficiones al margen de la ingeniería. Cuando desde la revista Entiba nos preocupamos de presentar a compañeros que tienen dedicaciones al margen de la ingeniería, nos encontramos con músicos, excelentes billaristas, abogados, coleccionistas de arte, inversores, restauradores, escritores, enólogos…

Pero… ¡cómo ha cambiado casi todo! No, no nos creímos jamás la frase que circulaba entre malintencionados por la que creíamos ser superiores, y que, después de Dios, estaba el ingeniero. Vencimos muchas inercias, algunas solo por el paso del tiempo. Hicimos muchos ejercicios con reglas de cálculo de casi un metro, con precisiones de centésimas, porque había algún catedrático que opinaba que la regla de cálculo era el pañuelo del ingeniero. Nos levantábamos cuando entraba el profesor, que pasaba lista y si tenías más de tres o cuatro faltas sin justificación arriesgabas no poder presentarte al examen.

Nos suspendían y, a veces, la razón argumentada era la adquisición de madurez, un arcano que aún tengo sin resolver. Por ello, era normal repetir alguno de los primeros cursos y sacar un notable en una asignatura, resultaba cercano a un milagro.

Cuando terminé la carrera, el mundo comenzaba otra crisis. El presidente norteamericano Nixon decretó el abandono del patrón oro. La economía avanzaba hacia una recesión y, por supuesto, España también estaba en crisis. Un informe alertaba de que sobraban ingenieros en España, porque no había necesidad de tanta técnica. Varios compañeros de mi promoción y las siguientes tardaron meses en colocarse y muchos tuvieron que buscar empleo fuera de Asturias, y salirse de los sectores tradicionales para la ingeniería de minas; el carbón y la siderurgia.

En el 72, empezó a construirse Lemóniz y la industria nuclear española cobraba auge, lo que abrió excelentes perspectivas para quienes habían elegido la especialidad de energía y para bastantes otros, ya que el título que adquiríamos era común a todas las especialidades. Éramos, simple y orgullosamente, ingenieros de minas.

Los ingenieros de minas nos sentimos entonces, ingenieros industriales con el plus de la minería.

Esta versatilidad, ese buen fondo de preparación queda puesto de manifiesto en los currícula de los colegas que hoy se sientan aquí conmigo para recibir esta insignia. Hay, junto a especialistas en minería, y no solo del carbón, catedráticos de Universidad, gasistas responsables de obras subterráneas, directores de ingeniería y proyectos, técnicos en petróleo, en perforación, en organización de empresas, en biomedicina, en ambiente, en aguas. Algunos, se distinguieron y distinguen en el ejercicio libre de la profesión, otros, como empleados de élite, también hay entre nosotros, empresarios propiamente dichos.

A lo largo de los más de cuarenta años de ejercicio profesional, hemos sido supervivientes de varias crisis. Hemos visto en primera persona la superación de una dictadura y disfrutado de una democracia, al principio, ilusionada y esplendorosa y hoy, algo perjudicada y con aspecto más bien ajado.

Hemos votado en relación con la entrada en la OTAN, y, sobre todo, por una Constitución que ya dura 40 años y, en mi opinión, ha funcionado muy bien salvo en haber favorecido, en contra de sus principios de solidaridad y coherencia, como una trampa interna, las desigualdades autonómicas.

En contra de lo que puedan creer los jóvenes, incluso nuestros hijos, que parecen convencidos de que lo tienen más difícil, el camino no estuvo nunca fácil. Pero estábamos preparados sicológica y técnicamente para afrontar un mundo cambiante.
Y vaya si cambió.

Cuando entré a trabajar en Ensidesa, como ingeniero de investigación de operaciones, el director de Metalurgia, el ingeniero de Minas Luis Suárez Pazos, que era amigo de la familia, me dijo: “Angelín, no te voy a decir cómo tienes que trabajar, porque te conozco y se que lo harás bien. Pero te daré dos consejos: Ven a trabajar siempre con corbata y trata a los facultativos y peritos de Usted”.

No cumplí ninguno de esos dos consejos y, con el paso de los años, he llegado a comprender que tenían un serio fundamento. Las distancias, cuando no se reconocen de forma natural, hay que construirlas de manera forzada. El Papa lleva tiara. La corbata era un símbolo no de superioridad, sino que evidenciaba el tipo de trabajo que hacíamos o deberíamos hacer los ingenieros: tareas de planificación, de cálculo, de investigación, de gestión, para la que no necesitábamos llevar más que circunstancialmente el mono de trabajo.

Los peritos y facultativos, especie laboral desgraciadamente en extinción, eran el enlace eficiente, imprescindible, entre el ingeniero y los capataces y resto del personal. Tratarnos recíprocamente de usted era una forma de respeto mutuo, y una demostración del comportamiento que sería exigible al resto del personal. Era, también, una barrera de contención ante reivindicaciones sin fundamento y, debo reconocer en mi caso, en agradecimiento a magníficos facultativos con los que tuve el honor de trabajar, una manera discreta y eficiente de contar con un apoyo leal, experimentado y sabio, para corregir, desde el respeto, nuestros posibles errores de falta de práctica, admitiendo en nuestra formación básica más sólida, la manera de incrementar la eficiencia del grupo, en el objetivo común de ayudarnos a mejorar todos.

Hoy día todos quieren ser ingenieros, sin distinción. La administración, y hasta la Universidad, desconociendo la necesidad de las cualificaciones, regala denominaciones que crean desconcierto a la sociedad y a la empresa y generan falsas expectativas laborales y riesgos de seguridad.

Habría que recuperar, donde se halle perdido, la necesidad de ingenieros con estudios superiores y, al tiempo, confirmar la dignidad y la necesidad de ingenieros de grado medio, así como de buenos especialistas en formación profesional, sin regalar títulos ni falsificar las trayectorias curriculares.

Hemos vivido cambios sustanciales en el rol de la mujer, en la familia y en la sociedad. Desde los tiempos en la Escuela de Ingeniería en los que las mujeres eran vistas como rara avis, y en las que se argumentaba sin fundamento alguno, que su cerebro no estaba preparado para carreras técnicas, hemos recibido sin recelo la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, y podemos reconocer, con orgullo, que tenemos colegas femeninos de más que probada eficiencia, por no decir que, en la actualidad, se admite como natural que los mejores expedientes de las promociones de carreras técnicas sean copados por mujeres.

Esta insignia se nos concede también por estar colegiados. Los Colegios profesionales, y en concreto, los de ingeniería, están hoy en crisis, porque los visados, que era tradicionalmente la mayor partida de ingresos, han dejado de ser vistos como obligatorios. Pero la razón de ser de los Colegios profesionales y la del nuestro, en particular, no ha cambiado. Los Colegios sirven para defender la profesión y a los profesionales, para generar interrelación entre nosotros, para garantizar la honestidad y el buen hacer, que es lo que nos prestigia ante la sociedad.

Los mayores de setenta años, por decisión del Consejo Superior hace algunos años, no pagaremos la cuota colegial. Creo que es un error, si es visto como que quedamos desvinculados del Colegio y que éste no nos necesita. He propuesto, como Tesorero del Consejo, que se mejore la oferta de los Colegios, que se potencie la actividad colegial y que este impulso se consiga y fundamente al margen de los visados, es decir, con las cuotas colegiales.

Os invito a participar o a seguir participando activamente en la vida del Colegio, a contribuir a su dinamización y, si estáis jubilados, a dedicar parte de vuestro tiempo a ayudar a los más jóvenes, con vuestra experiencia, consejos, orientación y, tal vez, invirtiendo con ellos en proyectos de futuro.

En fin, estamos aquí recibiendo esta insignia, porque tenemos otro privilegio, que es el de seguir vivos. Quiero convocar aquí a aquellos compañeros que están fallecidos y que no pueden estar hoy con nosotros para compartir este momento de felicidad. Quiero dar las gracias por su comprensión, apoyo e inteligencia, a nuestras esposas, y quiero, en nombre de todos, agradecer a nuestros hijos el que sean dignos herederos de nuestra ilusión por hacer bien las cosas y pedirles que inculquen a nuestros nietos el deseo de mejorar, con el propio esfuerzo, el mundo en que vivirán.

Esta insignia es un reconocimiento, pero no es el final. Estamos orgullosos de haber aportado nuestro trabajo para contribuir a que nuestro entorno, la sociedad en que vivimos, sea un poco mejor, por haber conseguido crear actividad, riqueza y empleo y haber contribuido a ofrecer a la sociedad una imagen del ingeniero más próxima, más comprometida.

Quiero reivindicar, para terminar, a los ingenieros, Son necesarios, en este mundo ferozmente cambiante, interconectado, disfuncional, diverso, más que nunca. La distancia entre los peldaños más altos del conocimiento y las necesidades básicas del ser humano ha de ser cubierta con inteligencia, creatividad, esfuerzo personal.

Como ingenieros de minas, colegiados, vivos, y con setenta años, recogemos esta insignia como la manifestación de que tenemos, ojalá, mucha vida aún por delante para lucirla con orgullo, y como un reto para seguir aportando al Colegio y a la sociedad, lo que sabemos hacer bien, porque lo hemos venido haciendo desde los orígenes de nuestra existencia: trabajar con seriedad, con intensidad, con conocimiento.

En el día de nuestra Patrona, que Santa Bárbara sirva de testigo excepcional a este compromiso.

Muchas gracias por vuestra atención.

(4 de diciembre de 2018, día de Santa Bárbara
En el Acto de imposición de insignias a los colegas que han cumplido 70 años en 2018)

…..

El ave fotografiada es un andarríos chico (Actitis hipoleucus), habitante bastante común, según la estación, de los marjales, zonas inundadas y ciénagas. Se le distingue de otros andarríos por el tamaño, la entrada del pecho blanco hacia las alas (en forma de media luna) y el dorso moteado, más conspicuo en invierno. Se alimenta en pequeños grupos y es muy asustadizo, emprendiendo el vuelo a la menor aproximación con aleteos rápidos, trinando todos ellos con agudos chillidos.

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Ibamos otra vez, nuevo verano (Soneto)

11 julio, 2018 By amarias 1 comentario

A Santiago González del Valle Cienfuegos Jovellanos, «Tatajo», in memoriam.

Íbamos otra vez, nuevo verano,
a cumplir con el rito del reencuentro,
conscientes ambos de que algún gusano
nos estaba comiendo ya por dentro.

No podrá ser y no serás el centro
con tu humor tan sabio y campechano,
aunque la puerta abierta por la que entro
no hará que nuestra cita quede en vano.

Porque hay una forma que lo humano
hace de mayor debilidad, proeza,
capaz de doblegar lo más tirano,

transformando el dolor en fiel belleza;
y es que la amistad, vivo tertuliano,
nunca perece y olvido allí tropieza.

10.07.18, @angelmanuelarias

Escribo este soneto desde el dolor por el amigo fallecido el pasado 6 de julio, después de hablar con su esposa María Uría, compartiendo su desconsuelo.


La foto, aunque de baja calidad técnica, me resulta valiosa por las difíciles circunstancias por las que en ese momento yo atravesaba. Representa un Martín pescador (alcedo atthis), al rato de abandonar su posadera, en donde estuvo inmóvil durante horas, volando rápido sobre el agua del Tajo, llamando quizá a su pareja.

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Sobra energía, falta fuerza (6)

18 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

(Continúo en este post con mis Comentarios -a partir de su reseña- al Congreso sobre La Energía que se celebró en Sevilla los días 14 y 15 de noviembre de 2013)

En su rápido repaso hacia las distintas opciones energéticas, se refirió el ministro Soria también al autoconsumo, al que indicó merecedor de un «apoyo total, aunque quien decida engancharse a la red debe pagar la financiación de las infraestructuras, para que no se convierta en un free rider».

Con tantas opciones excedentarias de suministro de energía para la producción eléctrica, la cuestión de la gestión de la demanda eléctrica es un elemento crucial, cuyo análisis abordó en una ponencia de este Congreso, Alberto Carbajo, hasta hace un año Director de Operaciones de la REE y hoy consultor independiente.

Como algún otro ponente, no descuidó en su intervención la cuestión global, con más de 1.400 millones de personas en la actualidad, sin acceso a la electricidad en el mundo. «La energía es una fuente de incertidumbres», y el «modelo energético global está en crisis», siendo necesario en España realizar la planificación desde una perspectiva propia de un modelo de transición.

En un país que, respecto a otros de la Unión Europea, «presenta un peor comportamiento de la intensidad energética, una mayor dependencia exterior, un crecimiento en las emisiones con efecto invernadero más altas, una delicada situación económico-financiera y un empeoramiento de la competitividad industrial, afectado por el crecimiento de los precios energéticos», los «retos del sistema se concentran en ciertos requerimientos técnicos» (que Carbajo definió, sintéticamente, como «huecos de tensión, control de la tensión y corrientes de cortocircuito», asociados a la «variabilidad del recursos primario, que obligan a estudiar las interconexiones, la mejora en la gestión de la demanda y el adecuado funcionamiento del CECRE (Centro de Control del Régimen Especial)»(2)

La prioridad concedida a la integración de las renovables, que han canalizado una gran inversión (atraída por las subvenciones), ha provocado -expresó gráficamente Carbajo- «que no nos quepan en el sistema, y se tiene que tirar a veces sin consumirla, lo que en una situación de déficit tarifario es un contrasentido». Tenemos, corroboró con Soria, «un mix equilibrado, pero no voluntario, ya que es la suma de sucesivos errores; no está mal para una instantánea, pero revela sus problemas cuando se considera en perspectiva».

«Para cerrar la demanda, cuando no hay producción de renovables, es decir, para cubrir el «hueco térmico», precisamos de los ciclos combinados y el carbón», y hemos estado «cerrando los ojos ante la caída de la demanda, que empezó ya en 2008». Por eso, para Carbajo, en opinión que comparto, «debemos analizar la punta de la demanda, que es el driver. Y en 2010, para una necesidad de cubrir 300 h correspondientes a la mayor demanda, hemos tenido a disposición 4.700 Mw». Un evidente exceso, producto de la mala planificación.

Para paliar o resolver esta situación de desequilibrio, el objetivo de reducir las puntas de consumo con una mejor gestión de la demanda, apunta a analizar en profundidad estas opciones, que Carbajo enumeró sintéticamente: concienciación de los consumidores para estimular el ahorro, discriminación horaria y llenado de los valles (no solamente con el bombeo, sino estimulando el aprovechamiento de la tarifa nocturna). «Se ha perdido la cultura del ahorro, y hacen falta señales claras de precio».

La interrumpibilidad, enfocada a favorecer la reordenación de sus consumos para industrias y empresas de más de 5 Mw, (un 50% de su consumo anual en período 6, horas valle) a cambio de determinadas prestaciones (regulada actualmente por la Orden IET 2013 de 31 de octubre), admite tres tipos de interrumpibilidad: instantánea, con preaviso de 15 min o con un preaviso mínimo de 2 h.

En su intervención, Carbajo comentó que no se había producido un debate que estimaba necesario, y que, por su ausencia, había propiciado errores en el apoyo a las renovables. «Se han concedido primas sin tener en cuenta ni la evolución de los costes, ni los cupos de potencia, y se han cedido las competencias de autorización a las CCAA» (con lo que se ha renunciado a la visión global). Aún peor, «no existió correlación entre la potencia autorizada de las EERR (energías renovables) y la potencia técnica de respaldo».

A la falta de transparencia en los costes, se une la decisión, cuanto menos discutible, de que «el consumidor eléctrico asuma los costes totales, cuando debería ser más adecuado que los asumiera el energético» y tampoco resulta para Carbajo adecuada que «se utilice el bono del Estado como referencia para la rentabilidad, cuando debería haberse usado el WACC» (3). Tampoco el término «eficiente y bien gestionada», que figura en la nueva Ley «está acuñado», generando vías para la inseguridad jurídica y la controversia. Esta inseguridad se complica aún más, cuando se habla de «una rentabilidad media del 7,5%, lo que implica que los que han conseguido mayores rendimientos por su eficacia, verán disminuida su rentabilidad efectiva».

La reforma, pues, según fue puesto de manifiesto en los corrillos mientras tomábamos el café. «está bien intencionada, pero es incompleta y carece de visión a largo plazo». No puede olvidarse que «seguridad de suministro es un concepto superado por el de costes en la red».

(continuará)

—-
(2) El Centro de Control del Régimen Especial, CECRE, fue creado por Red Eléctrica de España (REE) en 2007 con el objetivo de integrar la mayor cantidad de energías renovables en la red, siendo su mayor éxito la incorporación el 8 de noviembre de 2009 de 251.543 MWh de producción eólica (el 44,9% de la demanda eléctrica)

(3) Weighted Average Cost of Capital, es decir, coste medio ponderado del capital invertido, que tiene en cuenta la tasa de interés a la que se aplican, tanto los recursos propios como los ajenos, incluidas las subvenciones.

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Esto no es un Cuento de Otoño: El riesgo de Castor visto por los ingenieros

16 octubre, 2013 By amarias2013 1 comentario

Mis aficiones literarias no deberían ocultar que soy, profesionalmente, ingeniero y abogado. En realidad, me ocurre que vivo de ejercer estas carreras y no de aquello que escribo sobre lo que se me ocurre.

Me interesa, por ello, conocer los posicionamientos técnicos y jurídicos acerca de las cuestiones que tienen relación con lo que estudié en las Universidades y, en particular, con lo que he tenido ocasión de aplicar y ver aplicar en los ya muchos años de práctica.

Mantengo la curiosidad por entender las razones de los demás, especialmente en aquellos temas que ocupan, y no digamos, si preocupan a la sociedad donde vivo.

Este es el caso del análisis de los seísmos que se han vinculado a los trabajos de la plataforma Castor, en Vinarós. El tema es de tanta actualidad que me excusa de presentar los detalles. Bastará, los lectores más desinformados, indicar que se pretende aprovechar el hueco del antiguo yacimiento petrolífero de Amposta, situado a unos 2 km de profundidad y más de 25 km de esa localidad (mar adentro), para almacenar gas natural, que se conducirá hasta allí por una tubería de 30 km.

En la realización de las pruebas previas de estanqueidad del futuro depósito, en las que se inyectó gas a presión, se detectaron por los sensores de control varios microseísmos de magnitud ligeramente superior a 3 en la escala de Richter, que causaron, al ser conocidos y glosados por diversos comunicadores, alarma social en la población, aconsejando la suspensión provisional de las pruebas.

Algunos científicos, que trabajan en la investigación de las causas antropogénicas de los seísmos, propusieron de inmediato, el abandono defintivo del proyecto. En esa postura, destacan los geólogos Miguel de las Doblas y Antonio Aretxabala, vinculados al Instituto de Geociencias de Madrid.

El 14 de octubre de 2013 el Instituto de Ingeniería de España (IEE) celebró una jornada sobre el proyecto Castor, en la que participaron los ingenieros de Minas Recaredo del Potro (responsable de la empresa ESCAL UGS, ejecutora del proyecto) e Isaac Alvarez (profesor asociado a la Escuela de Minas de Oviedo, y uno de los pocos técnicos españoles con experiencia real en proyectos que involucran prospecciones profundas y, en concreto, de la explotación previa en Amposta) y el ingeniero de Caminos Antonio Soriano, Catedrático del Departamento de Ingeniería y Morfología del Terreno de la Universidad Politécnica de Madrid. Dirigió el coloquio la profesora del ICAI, Yolanda Moratilla, directora de la Comisión de Energía del IIE.

El interés del tema quedó evidenciado, desde luego, por la masiva presencia de asistentes, en su inmensa mayoría, ingenieros. Había muchos rostros conocidos de quien esto escribe. La presente crónica no pretende ser una reseña de lo que se dijo, sino recoger la impresión que me produjo.

El propio IIE ha publicado en su web un resumen de la Sesión, supongo que supervisado por los ponentes (aunque encuentro algunas diferencias respecto a mis notas), al que me remito.

Este Comentario responde a lo que yo entendí y anoté.

Antonio Soriano admitió que no cabía duda -en todo caso, pocas dudas- «de que los movimientos de tierra detectados han sido causados por la actuación realizada en Castor». Aunque los ingenieros de minas que habían hablado con anterioridad habían caracterizado el incremento de presión en la línea de rotura de la falla de Amposta como menor (máximo de 8 kg) » para un geotécnico, ese aumento no era en absoluto despreciable.

Tampoco estuvo de acuerdo con la interpretación realizada con anterioridad por Isaac Alvarez, de que «lo que pudo haber pasado es que la extracción ha debilitado el techo del yacimiento del que se extrajo crudo en Amposta», produciendo un ligero hundimiento debido al desprendimiento de CO2, que habría formado bicarbonato de calcio, provocando cambios locales de densidad y pequeños derrumbes «a escala métrica».

Para Isaac, «cuando la tierra se pone en movimiento, la inercia que adquiere es tremenda, y, por ello, se mueve a velocidades pequeñísimas. A la derecha de la falla, el terreno es mesozoico, consolidado; a la izquierda, es terciario, menos competente.» La situación sería comparable, a escala, con el «efecto de dejar caer un peso de una esponja encima de una silla» y, además, la sede tensionaría resulta un sello estupendo para el yacimiento.

Lo importante para Soriano, sin embargo, es «conocer el límite de lo que provocan estas actuaciones, y ese límite no puede ser mucho mayor de lo que se está sintiendo: 4,2. Para precisar ese límite habría que estudiar más detalles de la falla, y definir si es 5 ó 6, pero eso es una incógnita actualmente.»

Poner una cota superior a ese límite implica precisar «cómo se sentirían en la costa los efectos, es decir, la intensidad que se siente en Vinarós». Para evaluarlos, lo determinante no es la escala de Richter, sino la escala de Mercalli, que califica la percepción por la población y los daños concretos sobre las estructuras.

«En la planta, apenas se han sentido los terremotos y no ha habido ningún daño estructural. Las aceleraciones han estado y siguen estando por debajo de IV, en números romanos. Incluso si los seísmos hubieran sido de intensidad V, que generan una energía 30 veces mayor -la intensidad local que se sintió en Pamplona, que está lejos de ocurrir en Castor- los efectos serían prácticamente imperceptibles por la población.» Habría que alcanzarse la intensidad VII para que hubiera razones de alarma real.

«Como estamos a 1.700 m de profundidad, el terreno está soportando 170 kg. Si supongo que la presión aumentara en 1.000 veces, el índice de Mercalli se situaría en VI como máximo».

No ha habido derrumbamientos en el terreno, aclaró Recaredo del Potro, pues se habría detectado un incremento de presión en los pozos de control: solo ha habido un salto de centésimas de bar en el manómetro. Existe permiso para inyectar a 50 bar -correspondiendo con los estudios previos, en los que el Instituto de Catalunya afirmó que no habría riesgo hasta los 40/50 bares- y, hasta ahora «solo se precisó inyectar a 5 bar, pero no porque limitáramos la presión, sino porque el agua fluye libremente.

Isaac Alvarez afirmó que «los angulares de los pozos están bien y no se ha notado efecto significativo en los manómetros de cabeza», por lo que la burbuja se mantiene estanca.

«Se han hecho estudios de la seguridad de la roca cobertera desde 2002. Una cosa es que se mueva la falla y algo distinto que ceda la roca cobertera. Hemos mejorado la normativa más exigente de las plataformas del Mar del Norte, superando las medidas adoptadas en las de Gaviota y Casablanca. Tenemos un certificado del Lloyd que lo acredita», dijeron, complementariamente, Recaredo e Isaac.

No es la primera vez que se utilizan yacimientos en roca kárstica en España. «Lo más frecuente es que para almacenamiento se utilicen antiguos yacimientos, salvo en el caso de acuíferos».

«La falla se está moviendo geológicamente y se ha acelerado un poquito la velocidad natural de movimiento. Los 8 kg de exceso de presión sobre los 180 kg previos están causando una sismicidad muy baja, por períodos largos.», apuntó Antonio.

«Un seísmo de magnitud VI no haría daño a los edificios de Vinarós, porque lo que se está midiendo es en la zona epicentral, y los seísmos superficiales, como los que analizamos aquí, se atenúan mucho más deprisa que los profundos. Estoy convencido de que lo que se pueda detectar en la plataforma no provocará ningún daño en la costa», explicó, igualmente respondiendo a una pregunta del público, Antonio Soriano.

A mí, como a los asistentes con los que pude conversar después de la Sesión, me convencieron los argumentos de mis colegas.

Y apunto algo más: Ese tipo de encuentros son los que ayudan a poner en valor la ingeniería española, y son determinantes para que la sociedad no se deje guiar por visiones catastrofistas. El Instituto de la Ingeniería de España se ha marcado un buen tanto, y hay que propiciar actos como éste. No faltan temas, al contrario, en que se debe dar voz a los que saben de qué hablan y, además, lo aplican a aquello que corresponde.

Porque traer argumentos, cuya validez no cuestiono, correspondientes a otras situaciones, pretendiendo aplicarlos a circunstancias muy diferentes, no hace sino generar un falso debate, que, en lugar de aclarar, contamina.

Publicado en: Ingeniería Etiquetado como: Amposta, Antonio Soriano, Aretxabala, colapso, debate, falla, geólogo, IIE, ingeniero de minas, Isaac Alvarez, Mercalli, Miguel de las Doblas, proyecto Castor, Recaredo del Potro, Richter

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