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Los futuros perdidos y el futuro que espera

26 noviembre, 2021 By amarias 2 comentarios

Hace algo más de un mes (octubre de 2021), Eduardo Madina y Borja Sémper, como resultado de una larga conversación con Lourdes Pérez, han situado en el convulso mercado de opinión español un libro singular, titulado «Todos los futuros perdidos (conversaciones sobre el final de ETA)».

Vengo siguiendo con decreciente interés y en la medida en que mis ocupaciones profesionales y oncológicas me lo permiten, las intervenciones de Madina y Sémper en el espacio «La ínsula», los viernes, en la emisora Onda Cero que dirige Alsina. Me parece que aportan una visión fresca y lúcida sobre el deterioro de la política española actual, aunque su tono conciliador y sus críticas al estilo de caballero gentilhombre, resultan demasiado discordantes con el girigay falto de elegancia y altura intelectual de nuestros representantes en el hemiciclo. Por eso, me han llevado hacia la sensación de cansancio a fuerza de oírles. La situación se encamina hacia la batalla campal y el Gobierno sanchista y sus palmeros están pidiendo a gritos una oposición de rompe y rasga, que les convenza de que la inmensa mayoría de los españoles no están/estamos dispuestos a seguir aplaudiendo, ni manteniendo el silencio, ante su manejo grandilocuente y suicida.

El libro es un testimonio de alto voltaje. Su título refleja un pesimismo alarmante, viniendo de dos jóvenes -en plena madurez- que tienen la edad de mis hijos. En verdad, el ejemplar que tengo en mis manos está dedicado por Eduardo Madina a mi hijo Miguel, quien me consta que tiene una relación de amistad y bastantes dosis de recíproca complicidad con los autores.

No puedo decir que me leí el libro de un tirón, porque su estructura no se presta a ello y, además, mi curiosidad me llevó a consumir en primer lugar alguno de sus capítulos más llamativos.

Comencé a leer el libro por el Capítulo 5, «Llega el dia. La conciencia de ser un superviviente». Primero, se cuenta la amenaza de muerte comprobada que pendía sobre Borja Sémper; luego, con más detalle y tintes especialmente emotivos, el atentado contra Eduardo Madina, en el que perdió su pierna izquierda.

Me daría cuenta después, al repasarlo con método, que la factura del relato pretende trazar el testimonio de dos vidas paralelas, cada una convergiendo desde una hipotética divergencia política y con el tremendo trasfondo de una sociedad, la vasca, con una capacidad probada para la enajenación colectiva. No es fácil, en este momento, discernir quién está a la derecha y quién a la izquierda del espectro político, aunque Borja se define como liberal y Eduardo como socialdemócrata y, como ratificación de ese sesgo, el uno milita (o, por lo menos, ha militado) en el Partido Popular y el otro en el Partido Socialista, en el que llegó a postularse contra Pedro Sánchez, y perdió. En este momento, no se dedican a la política, aunque…la hacen, al juzgarla.

Es muy emocionante leer que sería mucho más interesante conocer las razones por las que, tipos maduros, -de cuarenta o cincuenta años (como los autores ahora)- organizaron  el entramado de ETA,  que pretender analizar los móviles de los que colocaban bombas y asesinaban a bocajarro, jovenzuelos descerebrados que obedecían instrucciones sin plantearse porqués.

Me gustaría admitir que ETA está derrotada, y que «los niños y niñas de España deben crecer sabiendo que» lo está (pág. 209). También quisiera creer que el fantasma de una guerra civil -pocos pueblos han decidido a lo largo de la Historia, dirimir sus diferencias matándose entre sí- ha desaparecido. Pero, cuando atiendo a lo que se expresa en la Cámara de Diputados y fuera de ella, por individuos que se dicen representantes del pueblo y que tienen la obligación de atender a intereses generales, y advierto su incapacidad para encontrar el punto de acuerdo en la negociación y el pacto, y su gozo por la descalificación y el aspaviento, removiendo ascuas de un pasado que no conocieron en primera persona o que lo protagonizaron en mala hora, no puedo menos de lamentar que muchos hombres y mujeres jóvenes, pero ya en plena madurez, como Borja y Eduardo, puedan pensar y tengan serias razones para creerlo, que «todos los futuros están perdidos».

Coño, no. Vuestro presente, la experiencia acumulada, la sensatez manifiesta, ha de conducirnos a un futuro mejor. Tenéis, junto a los mejores de vuestra generación, la capacidad, el empuje y el discurso para ser los timoneles. No nos dejéis en la estacada. Los mayores, hemos podido llegar hasta aquí (la paz, la democracia, una España unida con vibrantes realizaciones, con un lugar de privilegio en el mundo) superando muchos obstáculos para dejarnos abrazar por el pesimismo o la tristeza. Debemos empujar fuera del estrado a los que solo saben hablar desde el odio, la ignorancia, la falsedad y el menosprecio a la inteligencia.  Son un estorbo, una lacra remanente.

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: Borja Sémper, Eduardo Madina, ETA, Lourdes Pérez, Partido Popular, partido socialista, terrorista, Todos los futuros perdidos

Amenaza concreta, estrategia improvisada, terrorismo endémico

15 julio, 2016 By amarias Deja un comentario

Cuando terminaba el día 14 de julio de 2016, un francés «de origen tunecino», se lanzó, conduciendo un camión que había alquilado dos días antes, haciendo zig-zags, contra la multitud que veía los fuegos artificiales con los que se conmemoraba la toma de la fortaleza de la Bastilla, declarada el día nacional francés. Hasta el momento se han contabilizado 84 personas asesinadas, y hay varios heridos muy graves.

Mi solidaridad sin resquicios, con las familias de las víctimas, con el pueblo francés y mi repulsa con corazón compungido contra esta nueva barbarie. Je suis très touché, me trouve proche et tout à fait solidaire.

Con ocasión de tan dramático suceso, dirigentes, autoridades y comentaristas noticieros de todas partes, han emitido manifestaciones en las que, con monótona regularidad, combinan las palabras: amenaza global, terrorismo islámico, estrategia global. En orden: Ante la amenaza global del terrorismo islámico, es necesario ofrecer una estrategia global.

Son varios los elementos que concurren en el perfil de este atentado, en coincidencia con otros, que no se puede decir sean pocos (desgraciadamente) que se han producido tanto en zonas de cristiandad como de devoción musulmana.

Las organizaciones de persuasión, extremadamente crueles, de quienes son animados a cometer estas acciones, se confiesan empeñadas en una guerra santa (yihad), siguiendo designios de Alá, para lograr que los seguidores musulmanes se reconviertan a lo que consideran doctrina ortodoxa y el mundo entero acabe sometido, por las buenas o por las malas, a sus arcaicas normas sociales.

Para hacer efectivos tan elucubrantes propósitos, han elegido realizar llamadas de atención brutales. Atentados, incluso con autoinmolación de sus autores, con los que buscan conseguir el mayor número de víctimas: mercados, fiestas populares, medios de transporte, son los espacios preferidos. La difusión mediática de sus actos, en especial si se realizan en territorio occidental y han conseguido algunas decenas de muertos, está así garantizada.

De los ejecutores de los atentados que se producen en ciudades de mayoría musulmana, no sabemos mucho: que pertenecen a una etnia o rama doctrinal diferente de la dominante en el país, o que han actuado contra una asamblea de fieles judíos o cristianos, o contra embajadas o centros en donde se concentran mayoritariamente extranjeros. También, en algún caso, pretendiendo conseguir altos rescates, han apresado miembros de ONGs o periodistas, a los que no dudaron en ejecutar, difundiendo imágenes impactantes en las redes sociales.

Cuando los atentados se producen en territorios occidentales, las investigaciones posteriores -mucho más activas- acaban poniendo de manifiesto, ya de forma recurrente, muy parecidos elementos, que no dejan de producirme perplejidad porque, en su fondo, reflejan la descoordinación o la falta de profundidad con la que se ejecutan los protocolos de «máximo riesgo terrorista» : tipos jóvenes, mayoritariamente varones, de la llamada segunda generación, habitantes en zonas específicas de la ciudad en donde se concentran musulmanes, radicalizados personalmente al Islam en fecha reciente, fichados por la Policía por algún incidente anterior, y cuyas familias y entorno eran ignorantes de sus últimas andanzas, que involucraban entradas y salidas del país o asistencia a centros de adoctrinamiento (léase, «lavado de cerebros»). (1)

Como todos los creyentes/devotos en el ser humano y en el máximo valor de la libertad y el respeto al otro que actúa sin voluntad de herir, como cualquiera respetuoso con la vida humana, abomino de estos guerrilleros, de sus ideales y de su estrategia. Son miserables.

Pero no considero que respondan a una amenaza global, porque su objetivo es irrealizable, sino que forman parte de amenazas concretas, detectables y, por tanto, que se pueden abortar con la adecuada investigación, control, seguimiento; sin ridículas ni ingenuas confianzas.

Tampoco creo que sus actuaciones forman parte de una estrategia global, sino que está, en su misma esencia, improvisada. Esta característica, justamente, le dota de su peculiar fortaleza aparente: cualquiera con un instrumento de matar (un vehículo cualquiera, lo es) y la voluntad de sacrificarse él mismo, puede provocar un atentado.

Esta cuestión tiene, para mí, su importancia, pues desliga los atentados de la necesidad de ayudar a los países menos desarrollados a que salgan de su pobreza (también la intelectual), con ayudas en destino. Ese asunto no tiene ya nada que ver con el yihadismo: ahí los países occidentales han perdido, sí, la batalla. Los fanáticos que han encontrado en una sinrazón de imaginaria base islámica su punto de apoyo,  no piensan ni actúan en términos de desarrollo, cultura, bienestar. En su caso, esos términos solo son de interés para sus dirigentes, para los que se ocultan detrás de las negras bambalinas del terror.

Finalmente, no me parce que se trate de un terrorismo islámico, en el sentido de exterior a las naciones occidentales. No lo es, desde luego, porque, como se encargan de poner de manifiesto los dirigentes de las comunidades musulmanas, ellas también sufren los efectos de los atentados y, por supuesto, su doctrina defiende la paz  y el respeto al otro como corresponde a una religión evolucionada.

Los terroristas que actúan en nuestro territorio son nuestro problema, son nuestros fanáticos, son producto de la podredumbre que se ha incrustado en nuestra manera de segregar a los otros, a los que piensan distinto, a los que no disfrutan de las mismas opciones de bienestar, conocimiento y búsqueda de placeres que nosotros.

No son terroristas islámicos, aunque les demos ese nombre, para tranquilizarnos. Son terroristas producto de nuestra sociedad, de nuestro credo. Y los tenemos, por tanto, que combatir en nuestro territorio. Sin ir más lejos.


(1) Quiero destacar un cierto parecido con el perfil de esos jóvenes enajenados que, armas en ristre, se lanzan a disparar contra sus antiguos compañeros de escuela, maestros o quienes paseen por delante de sus ventanas, en la muy civilizada nación norteamericana.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: apoyo, atentado, Bastilla, declaraciones, musulmán, Niza, occidental, París, terrorista, yihadismo

Destrozando el mensaje terrorista

14 noviembre, 2015 By amarias 2 comentarios

En la noche del viernes, 14 de noviembre de 2015, en el corazón de París, varios individuos armados asesinaron, al parecer en nombre de Alá, a más de cien ciudadanos que estaban disfrutando del comienzo del fin de semana. Las informaciones, aún confusas, hablan de seis a ocho puntos de ataque (el principal, la discoteca Bataclán, lugar de culto para rockeros) y de que los causantes de la masacre, ocho terroristas, están muertos: todos autoinmolados, salvo uno que fue abatido por la policía.

Como sucede cada vez que un acto de terror azota nuestra tranquila civilización de ocio, despreocupación y consumo, son miles los comentaristas que pretenden extraer consecuencias del mismo, acomodándolas a ideas a priori, que responden a ideologías y a sentimientos que se movilizan de inmediato. ¿Qué decir ante opiniones tan diversas como que el terrorismo, y en particular, el de trasfondo islámico, es debido a la falta de interés por integrar a quienes provienen de otras razas y practican otras religiones? ¿Cómo contra-argumentar a quienes aseguran que algunas sociedades viven en la Edad Media y que su cultura no es comparable a la nuestra? ¿Existen razones para explicar que haya seres humanos que puedan estar convencidos de que han recibido un mandato divino para exterminar a quienes no piensen como ellos o no acaten una normativa que niega elementales libertades?

No iré por ese camino. A lo largo de la Historia, se han prodigado ejemplos de grupos, sectas, nacionalismos y hasta individuos con pretendido carisma, que han provocado guerras, exterminios, latrocinios y toda clase de desmanes, alegando que son superiores, o tienen mejores derechos, o que han sido vejados o injuriados, o cualquier excusa que les parezca conveniente, para justificarse. Y no han sido pocos, sino muchos, quienes les han seguido y beneficiado de esas actitudes miserables.

El mensaje de los terroristas de cualquier signo es, sin duda, que son capaces de despertar el terror, la angustia, la sensación de indefensión, ante sus actos. Es decir, que nos poseen, que nos tienen dominados. Que ninguna de nuestras actitudes defensivas prevalecerá contra su voluntad de hacernos daño. Pero ¿con qué objetivo? ¿Qué consiguen con esas muertes, esas ejecuciones de rehenes, que, aunque ocupen mucho espacio mediático, son numéricamente escasas? ¿Qué consiguen los propios terroristas que se sacrifican a sí mismos, como máquinas de matar, accionando las bombas que llevan atadas a la cintura o, simplemente, asegurándose que la policía los acribillará en el mismo lugar en donde atentaron antes?

No veo otra respuesta posible que afirmar, con rotundidad, que nada pretenden y que nada deben conseguir. No obedecen, por supuesto, a ningún Dios, porque la crueldad es solamente humana. El terror que pretenden causar a los que rodean a sus víctimas o a toda la sociedad pacífica, es un espejismo de sus mentes enfermas. ¡Ay también de quienes, desde el lado de los amenazados, pretendan argumentar que la mejor defensa contra estos fanáticos es alejar al desigual, marginar aún más al que necesita, encerrarse indolentemente en la propia idiosincrasia, ignorando a quien sea diferente!

Porque de llegarse a esa conclusión, si los atentados terroristas que se atribuyen los extremistas islámicos (y pido disculpas a quienes se sientan molestos por utilizar el nombre de Islam para referirme a esos enajenados) consiguieran que cerráramos más las fronteras y nos distanciáramos aún más de las poblaciones que sufren hambrunas y penurias -físicas e intelectuales- habríamos perdido la batalla de la igualdad y la globalización. No porque hubieran vencido los terroristas o lo que les mueve, sea lo que fuere (aunque estoy seguro de que son móviles estrictamente económicos, y muy localizados), sino porque nos habríamos rendido ante un vacío moral, inmolando en el altar de la incomprensión, valores que jamás podrán ser cuestionados, porque no están en la batalla.

Son los que nos hacen especie principal entre las especies animales de este planeta, los que nos permiten avanzar como Humanidad en un destino que forjaremos mientras avanzamos, bajo la bandera de la ética universal y el respeto, -ya que no el amor-, a lo que vive y sublimado en lo que nos es más semejante. Aunque tengamos que admitir que nos acompañen algunos tipos armados que custodian, desde su enajenación y engañados por aviesos muñidores de fantasías cósmicas, incomprensibles valores y miserables ansias de venganza por lo que no les hemos hecho.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: análisis, atentado, Bataclán, París, terrorista

Mi Diccionario desvergonzado: cesta, culo, pintura, cáncer, terrorista, papelera, perro, patera, saliva, sobrio, sobrino,

2 septiembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Cesta. 1. Cada uno de los dos conjuntos formados por una tabla colocada a gran altura sobre el suelo, un aro metálico y una red troncocónica abierta, utilizados en un curioso juego de pelota en el que, en su versión oficial, participan dos equipos formados por gigantes, y en el que el vencedor se decide en el último minuto; en la versión reducida, se utilizan solo una tabla y su aro, y los jugadores deben tratar de introducir la pelota en este último, atacando o defendiendo según quien tenga el control de la bola. 2. Ingenioso producto artesanal, hecho de mimbre o esparto, que fabricaban gitanos trashumantes con cañizos de ribera, utilizado por las aldeanas para transportar legumbres al mercado comarcal y que en la actualidad sirve para decorar las paredes de la segunda vivienda. 3. Recipiente imaginario que se lleva a cuestas, también llamado coleto, en el que se va acumulando lo que se tercia. Véase, segunda vivienda.

Culo. 1. Parte exclusiva del cuerpo de la mujer, dividida de forma natural en dos porciones redondas con eje de simetría, cuya observación, tanto si está vestido como desnudo, permite a muchos varones hacerse una idea de la razón por la que merece la pena vivir, lo que no impide ser causa de desazones al consolidarse como inalcanzable. 2. Parte del cuerpo del hombre que yacía ignorado bajo los pantalones y que ha alcanzado cierto prestigio gracias al cambio de costumbres, siendo cuestión de gustos, no en todos los ambientes tolerados,  referirse a él con admiración.

Pintura. 1. Manifestación de creatividad  muy del gusto de las hembras casaderas y casadas, que consiste en embadurnarse la cara y, sobre todo, los labios, con los más variados potingues destinados a detener el deterioro del rostro y resaltar ojos y labios, y cuyo único efecto comprobado es  la eventual excitación de la líbido de su pareja ocasional, lo que conduce a repartir entre ambos el producto. 2. Lienzo o tabla en los que se ha depositado algún material colorante, frecuente en los museos, y que normalmente es una copia de un original que se ha perdido o se mantiene en una caja fuerte; en las viviendas particulares, se acostumbra a nombrar así a una lámina decorativa, que convenientemente enmarcada, da un toque hortera a las paredes. 3. Especialidad profesional que, sola o combinada con otras, consiste en mejorar el estado de las paredes de la casa, dejando en situación deplorable el resto de la misma.

Cáncer. 1. Signo del Zodíaco bajo cuya influencia nacieron los concebidos al iniciar los fríos del otoño en el hemisferio norte, y que, en sus tiempos, se creía que los portadores eran imaginativos y creativos, hasta que se puso en evidencia que los demás tampoco lo eran. 2.  Enfermedad causada por la intrínseca debilidad individual de los seres vivos, y que, cuando se detecta a tiempo, se ha descubierto que es el principal causante de la muerte de los seres humanos.

Terrorista. 1. Enajenado mental que sufre el espejismo de creer que su convicción le da algún derecho para matar a otros, cuando solo le capacita para inmolarse en solitario. 2. De manera figurada, dícese de quien irrumpe en una conversación pacífica y la convierte en discusión acalorada; la política, la religión y   la crítica a la familia de la pareja, son las armas que utilizan.

Papelera. 1. Parte del mobiliario urbano, situada en cualquier sitio donde se tenga la casi completa seguridad de que no será utilizada, y que, en caso de que su ubicación no haya sido elegida con ese criterio, servirá para arrojar en ella todo tipo de basura, excepto papeles, sirviendo también su posición como indicador de que en el suelo de sus alrededores se podrán arrojar cualquier tipo de desechos, excepto muebles desvencijados, ruedas de coche y televisores inservibles, cuyo sitio designado son los solares abandonados. 2. En los despachos profesionales, recipiente metálico que se ubica bajo la mesa, en donde las limpiadoras descubren los secretos de alcoba del titular.

Perro. Animal con inteligencia superior a la humana que, en el transcurso de la evolución de las especies, tomó la decisión de vivir toda su vida como pensionista, adaptando su tamaño y aspecto al humano del que se convertirá en parásito afectivo; de entre los animales conocidos, solo el gato y la araña le superan en inteligencia.

Saliva. Secreción con cierto poder bactericida que, sobre todo, se utiliza como vehículo para intercambiar enfermedades con la pareja, los animales domésticos y los niños del vecino.

Sobrio. 1. Expresión usada por el borracho para caracterizarse a sí mismo, ante el policía que le insta a soplar en el alcoholímetro, antes de argumentar que la bebida no le causa efecto alguno. 2. Todo aquel que, por educación, solo muestra el alcance de su verdadero apetito a solas.

Sobrina. 1. Antes, barragana o mujer que atendía la casa y necesidades personales de un principal, incluso eclesiástico. 2. Forma de denominar al ligue ocasional cuando nos encontramos con un vecino en la escalera.

Sobrino. En solteros y casados sin hijos, familiar, hijo de hermanos o primos, con el que se tiene relación especial cuando envía la tarjeta de invitación a su boda, y, ya póstumamente, en la sucesión hereditaria del tío que la causó.

Toalla. 1. Cada uno de los trapos que se encuentran en hoteles y pensiones en un colgador del cuarto de baño y cuya calidad es indicativa de la del establecimiento. 2. En el ámbito familiar, dependiendo de su tamaño, elemento de paño de colorines que se utiliza para cubrir las desnudeces, llamando así la atención, cuando se cambia la ropa interior por el traje de baño –y viceversa- en la playa, o bien, cualquiera de las múltiples piezas de tela bastante absorbente, variando de tamaño normal al de quasi-microscópico, que se compran en cada viaje a Portugal y que ocupan demasiado lugar en los armarios. 3. En sentido figurado, lo que se tira cuando ya no hay razón para seguir haciendo el ridículo.

Tierra. Planeta minúsculo que se consideraba el centro del mundo hasta que se descubrió que este se encuentra muy desplazado de donde nos encontramos.

Patera. 1. Vehículo con precaria aptitud para la navegación e incluso la flotabilidad, de formas y tipos de tracción muy variados, utilizado en trayectos cortos y siempre con sobrecarga para facilitar la localización y rescate de náufragos y ahogados; es el método de transporte marítimo preferido por los jóvenes indígenas de los pueblos paupérrimos del centro de África, emigrantes vocacionales.

(continuará)

Publicado en: Diccionario desvergonzado Etiquetado como: cáncer, cesta, culo, diccionario desvergonzado, patera, perro, pintura, saliva, sobrino, sobrio, terrorista, tierra, toalla

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