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Soneto: Caerán tiernas verdades a la tierra

16 mayo, 2019 By amarias 2 comentarios

A Quevedo

”Fue sueño ayer, mañana será tierra “, con las mismas rimas que el soneto que así empieza

Caerán tiernas verdades a la tierra/y tercas objeciones se harán humo,/en tiempos de olvidar como presumo/ viejos anhelos que el pasado  encierra/y, a base de restar, al cabo  asumo /que reservas de amor pronto consumo.//El presente cualquier vestigio entierra/de restos de placer con que has llegado/arriesgando a que un falso movimiento/te haga pasar de osado a despeñado.//Disfruta sin reparos del momento/descartando el andarte con cuidado,/pues no falta al valiente un monumento.

(Soneto 44 de “Sea por instinto”, @angelmanuelarias, 2019)

PS. Con el deseo más cálido que mi querido hermano Juan Carlos, hospitalizado desde ayer por causa de un repentino infarto, se recupere rápido y completamente.

(Foto: En la ruta del Lobo, Belmonte de Miranda, Asturias)

Publicado en: Actualidad, Personal, Poesía Etiquetado como: angel arias, Quevedo, Sea por instinto, soneto, tierra, verdades

Mi Diccionario desvergonzado: cesta, culo, pintura, cáncer, terrorista, papelera, perro, patera, saliva, sobrio, sobrino,

2 septiembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Cesta. 1. Cada uno de los dos conjuntos formados por una tabla colocada a gran altura sobre el suelo, un aro metálico y una red troncocónica abierta, utilizados en un curioso juego de pelota en el que, en su versión oficial, participan dos equipos formados por gigantes, y en el que el vencedor se decide en el último minuto; en la versión reducida, se utilizan solo una tabla y su aro, y los jugadores deben tratar de introducir la pelota en este último, atacando o defendiendo según quien tenga el control de la bola. 2. Ingenioso producto artesanal, hecho de mimbre o esparto, que fabricaban gitanos trashumantes con cañizos de ribera, utilizado por las aldeanas para transportar legumbres al mercado comarcal y que en la actualidad sirve para decorar las paredes de la segunda vivienda. 3. Recipiente imaginario que se lleva a cuestas, también llamado coleto, en el que se va acumulando lo que se tercia. Véase, segunda vivienda.

Culo. 1. Parte exclusiva del cuerpo de la mujer, dividida de forma natural en dos porciones redondas con eje de simetría, cuya observación, tanto si está vestido como desnudo, permite a muchos varones hacerse una idea de la razón por la que merece la pena vivir, lo que no impide ser causa de desazones al consolidarse como inalcanzable. 2. Parte del cuerpo del hombre que yacía ignorado bajo los pantalones y que ha alcanzado cierto prestigio gracias al cambio de costumbres, siendo cuestión de gustos, no en todos los ambientes tolerados,  referirse a él con admiración.

Pintura. 1. Manifestación de creatividad  muy del gusto de las hembras casaderas y casadas, que consiste en embadurnarse la cara y, sobre todo, los labios, con los más variados potingues destinados a detener el deterioro del rostro y resaltar ojos y labios, y cuyo único efecto comprobado es  la eventual excitación de la líbido de su pareja ocasional, lo que conduce a repartir entre ambos el producto. 2. Lienzo o tabla en los que se ha depositado algún material colorante, frecuente en los museos, y que normalmente es una copia de un original que se ha perdido o se mantiene en una caja fuerte; en las viviendas particulares, se acostumbra a nombrar así a una lámina decorativa, que convenientemente enmarcada, da un toque hortera a las paredes. 3. Especialidad profesional que, sola o combinada con otras, consiste en mejorar el estado de las paredes de la casa, dejando en situación deplorable el resto de la misma.

Cáncer. 1. Signo del Zodíaco bajo cuya influencia nacieron los concebidos al iniciar los fríos del otoño en el hemisferio norte, y que, en sus tiempos, se creía que los portadores eran imaginativos y creativos, hasta que se puso en evidencia que los demás tampoco lo eran. 2.  Enfermedad causada por la intrínseca debilidad individual de los seres vivos, y que, cuando se detecta a tiempo, se ha descubierto que es el principal causante de la muerte de los seres humanos.

Terrorista. 1. Enajenado mental que sufre el espejismo de creer que su convicción le da algún derecho para matar a otros, cuando solo le capacita para inmolarse en solitario. 2. De manera figurada, dícese de quien irrumpe en una conversación pacífica y la convierte en discusión acalorada; la política, la religión y   la crítica a la familia de la pareja, son las armas que utilizan.

Papelera. 1. Parte del mobiliario urbano, situada en cualquier sitio donde se tenga la casi completa seguridad de que no será utilizada, y que, en caso de que su ubicación no haya sido elegida con ese criterio, servirá para arrojar en ella todo tipo de basura, excepto papeles, sirviendo también su posición como indicador de que en el suelo de sus alrededores se podrán arrojar cualquier tipo de desechos, excepto muebles desvencijados, ruedas de coche y televisores inservibles, cuyo sitio designado son los solares abandonados. 2. En los despachos profesionales, recipiente metálico que se ubica bajo la mesa, en donde las limpiadoras descubren los secretos de alcoba del titular.

Perro. Animal con inteligencia superior a la humana que, en el transcurso de la evolución de las especies, tomó la decisión de vivir toda su vida como pensionista, adaptando su tamaño y aspecto al humano del que se convertirá en parásito afectivo; de entre los animales conocidos, solo el gato y la araña le superan en inteligencia.

Saliva. Secreción con cierto poder bactericida que, sobre todo, se utiliza como vehículo para intercambiar enfermedades con la pareja, los animales domésticos y los niños del vecino.

Sobrio. 1. Expresión usada por el borracho para caracterizarse a sí mismo, ante el policía que le insta a soplar en el alcoholímetro, antes de argumentar que la bebida no le causa efecto alguno. 2. Todo aquel que, por educación, solo muestra el alcance de su verdadero apetito a solas.

Sobrina. 1. Antes, barragana o mujer que atendía la casa y necesidades personales de un principal, incluso eclesiástico. 2. Forma de denominar al ligue ocasional cuando nos encontramos con un vecino en la escalera.

Sobrino. En solteros y casados sin hijos, familiar, hijo de hermanos o primos, con el que se tiene relación especial cuando envía la tarjeta de invitación a su boda, y, ya póstumamente, en la sucesión hereditaria del tío que la causó.

Toalla. 1. Cada uno de los trapos que se encuentran en hoteles y pensiones en un colgador del cuarto de baño y cuya calidad es indicativa de la del establecimiento. 2. En el ámbito familiar, dependiendo de su tamaño, elemento de paño de colorines que se utiliza para cubrir las desnudeces, llamando así la atención, cuando se cambia la ropa interior por el traje de baño –y viceversa- en la playa, o bien, cualquiera de las múltiples piezas de tela bastante absorbente, variando de tamaño normal al de quasi-microscópico, que se compran en cada viaje a Portugal y que ocupan demasiado lugar en los armarios. 3. En sentido figurado, lo que se tira cuando ya no hay razón para seguir haciendo el ridículo.

Tierra. Planeta minúsculo que se consideraba el centro del mundo hasta que se descubrió que este se encuentra muy desplazado de donde nos encontramos.

Patera. 1. Vehículo con precaria aptitud para la navegación e incluso la flotabilidad, de formas y tipos de tracción muy variados, utilizado en trayectos cortos y siempre con sobrecarga para facilitar la localización y rescate de náufragos y ahogados; es el método de transporte marítimo preferido por los jóvenes indígenas de los pueblos paupérrimos del centro de África, emigrantes vocacionales.

(continuará)

Publicado en: Diccionario desvergonzado Etiquetado como: cáncer, cesta, culo, diccionario desvergonzado, patera, perro, pintura, saliva, sobrino, sobrio, terrorista, tierra, toalla

Cuento de invierno: Carta de los Reyes Magos

4 enero, 2014 By amarias2013 Deja un comentario

Aquel 6 de enero del año nosecuántos, todos los niños de la Tierra recibieron, escrita en un idioma que comprendieran, la siguiente carta:

«Nosotros, los Reyes Magos de la Tierra, los de las coronas de papel y manto de alfombra vieja como los subidos en carrozas aparatosas con el logotipo de una Galería Comercial, los de las pelucas pelirrojas como los de las barbas blancas, los tiznados de betún como los encarnados en emigrantes del Sahel a cambio de solo un bocadillo, los varones como las hembras, los de los barrios más humildes como los de las casas de postín, os decimos a todos los niños de la Tierra:

«No os dejéis engañar nunca más. Los Reyes Magos no existieron, ni existen ni existirán. Son un invento de ricos para señalar las diferencias con los que menos tienen, y, en especial, con los que nada tienen. En el mantenimiento de esa mentira, han colaborado, como cómplices, muchos padres, abuelos, tíos y amigos de los anteriores. Pero no creáis que el resultado es haceros felices a vosotros y a los niños que os han precedido en la infancia. Los beneficiarios principales han sido siempre los comerciantes, en especial, los propietarios de los grandes establecimientos, que han conseguido con el pretexto de vuestra felicidad vender a precios carísimos millones de hipotéticos juguetes que, como acabáis sabiendo por vuestra cuenta, no sirven para nada, ni siquiera para jugar.

«Nosotros, los Reyes Magos de la Tierra, reunidos de urgencia ante la situación que está viviendo el mundo, con tensiones sin resolver que parecen desgraciadamente enfocadas a una nueva guerra mundial, hemos tomado la decisión de no colaborar más con ese engaño. No participaremos en cabalgatas, no pondremos nuestro rostro para mantener una ficción que, en nuestra opinión, no causa más que falsas expectativas, disgustos, despilfarros de medios y, aumenta la basura mundial en miles de toneladas, porque los juguetes que se regalan cada año a los niños, acaban siempre, y al cabo de muy poco tiempo, rotos, inservibles e inútiles.

«Animamos a todos los niños ricos a que se fabriquen ellos mismos los juguetes, como hacen los niños pobres. A que encuentren en cada trozo de madera, en un alambre, en una piedra, en las hojas de los árboles, en las madejas viejas, un motivo para desarrollar su creatividad. Os animamos, niños, de familias pobres como de familias ricas, a que juguéis juntos.

«Sabemos que habrá fabricantes de juguetes que pongan el grito en el cielo si leen esto, afirmando que con eso se les esfumará el negocio que sostiene a muchas familias. En todo caso, creemos qué lo harán en el idioma chino, pues de allí vienen la inmensa mayoría de los juguetes, gracias a la mano de obra barata de las fábricas orientales.

«No estamos en contra de que se regalen juguetes a los niños, sino de que se nos invoque a nosotros para sostener la ficción de que hay unos seres celestiales que premian a unos y castigan a otros, en una fecha concreta, lo que ha permitido durante siglos alimentar la hipótesis de que los niños cuyos padres tienen más medios son los que resultan más queridos por los dioses, lo que ni nos consta ni nos parece, en cualquier caso, ético.

«No seremos tampoco nosotros quienes os digamos cómo hacer juguetes, de esos que ahora llaman educativos. Para contar hasta diez, meter piezas geométricas en agujeros o poder decir árbol en inglés, no hace falta llenar de plásticos y cartones de colorines una caja muy aparente con cuatro pilas de cadmio. Para aprender a andar en bicicleta no hace falta, desde luego, disponer de una máquina con cambio de marchas que acabará en el desván. Para jugar a las muñecas no necesitáis un clon de un bebé satisfecho que diga cuatro frases grabadas y eche agua por un agujerito cuando se le apriete la barriga.

«Vosotros sabéis, niños del mundo, sin que os lo hayan impuesto, lo divertido que resulta llenar con pinturas y colores sencillos hojas y hojas de papel reciclado, recortar con tijeras vuestras propias marionetas, participar en carreras, incluso a la pata coja, hacer competiciones de pelota con porterías marcadas en el suelo, organizar lecturas de poesía, representaciones de teatrillo, salir de excursión, que se os explique cómo funcionan las cosas, que se os enseñe el nombre y las costumbres de los animales, que se os presenten más y más amigos con los que descubráis intereses comunes. Todo depende de vuestra edad y está limitado solo por vuestra imaginación.

«Os animamos, queridos niños ricos de cualquier lugar del mundo, a que digáis a vuestros padres que no queréis que os entretengan con ningún juguete comprado, que no gasten el dinero en generaros una ilusión efímera. Decidles que lo que deseáis es que se esfuercen, y rápidamente, en hacer un mundo mejor, sin guerras, sin disputas sin sentido, sin emigraciones forzadas, sin diferencias provocadas por la ambición, el odio y la explotación de los más débiles.

«Nosotros, los Reyes Magos de la Tierra, nunca hemos sido quienes os traeremos los regalos, porque solo somos un grupo de hombres y mujeres que se disfrazan para participar en una cabalgata. Por ello, probablemente, vuestros padres, tíos, abuelos y sus amigos, puede que incluso algunas empresas y asociaciones benéficas, os sigan regalando juguetes en esta fecha y en los años siguientes. Es más, creemos que no leerán esta carta.

«Pero vosotros, sí. Vosotros, sí que conoceréis el mensaje. Más tarde o más temprano, lo entenderéis.

«Es por eso que a vosotros va dirigida, en la confianza de que no caeréis en la trampa de comprar juguetes en una fecha como ésta a vuestros hijos y, puesto que para entonces ya seréis adultos y responsables, no lo haréis porque no necesitaréis de ningún día en el calendario para demostrar a vuestros hijos lo mucho que los queréis, y, sobre todo, de lo orgullosos que os sentís al saber que disfrutan de las mismas oportunidades de ser felices que los niños del vecino, aunque ese vecino esté situado en el lugar más alejado de la Tierra.

«Un beso de despedida de los Reyes Magos que, a partir de ahora, dejamos ya de serlo. Nos difundiremos en el mundo real, hasta hacernos invisibles».

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: carta, cómplices, cuento de invierno, falsedad, galería comercial, niños, reyes magos, tierra

El Informe Barquisimeto (9): Gestión de la propiedad

11 abril, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Si se atiende a la cuestión de separar los tipos de propiedad distinguiendo entre aquellos bienes que proporcionan un disfrute inmediato de los que, por tener una vida útil muy superior a la de la humana naturaleza o, aún mejor, resultar imperecederos, debemos referirnos a la importancia de la presencia (o ausencia) de la creencia respecto a la prolongación de la existencia después de la muerte, y su significado.

No entra en discusión, puesto que este es un informe realizado por científicos, que no existe prueba alguna en contra de que todos los seres provistos de vida -sea cual sea su forma de manifestación- y, entre ellos, los humanos, desaparecerán para siempre, reducidos a masas rápidamente putrescibles, cuando  sus organismos pierdan la capacidad para transformar en energía, con finalidad más o menos coordinada,  las materias que les servían de alimentación a sus máquinas térmicas.

Por eso, para quienes comprendieron, por su superior inteligencia, y desde los primeros tiempos, que era posible aprovechar pragmáticamente esas energías, la coordinación de las actividades de sus congéneres vivos pasó a ser un objetivo primordial. Ese propósito, no sin indefiniciones y altibajos, se encuentra concretado, en las sociedades más activas, desde hace casi 25 siglos, en oriente y, de forma mucho más tardía, -en general a partir del siglo XVIII e incluso posteriormente-, en occidente, en dos sistemas de acción y tratamiento sobre el acceso y la posterior gestión de la propiedad más importante: la tierra.

Aunque la actuación sobre la forma de pensar del individuo y la acumulación de deseos y propósitos inocentes o inútiles sobre su actividad cerebral es muy importante, resulta inevitable -salvo en los más estúpidos- que quienes vivan en un momento determinado tomen una decisión, que ha de serles crucial, respecto a si buscarán el máximo placer propio mientras se mantengan vivos, o se subordinarán a algún interés colectivo, reconociendo que la satisfacción de objetivos generales ha de ser más importante que atender a deseos o criterios personales.

Conforme con lo enunciado aquí, los grupos de acción que se afanan en la actualidad por conseguir el pleno control socioeconómico del mundo, independientemente del sistema elegido para alcanzar ese fin, se concentran, en la acumulación de la propiedad de la tierra. No renunciarán a ningún método para ello, aunque se han dulcificado algo las estrategias, ya que es cada vez más raro que se realice por la fuerza (invasiones, guerras, apropiaciones violentas de todo tipo).

En la economía del mercado, el precio (que no el valor) de la tierra se ha vinculado tradicionalmente a la producción agraria que, a su vez, está muy relacionado con la disponibilidad de agua.

Así fue durante siglos, hasta que los controladores del sistema movilizaron el interés por la tierra, elevando el precio a niveles terribles, convenciendo a la población de que la tierra no arable era mucho más valiosa, si en ella se pudieran edificar construcciones para vivienda. En consecuencia, los precios de tierra urbanizable multiplicaron, en las últimas décadas, el precio de la tierra agrícola, provocando una grandiosa burbuja especulativa, y, no de forma fortuita, sino consecuente, el campo sufrió un progresivo abandono.

Esta evolución en los precios ha favorecido, ligada a otras razones, que algunas fortunas pudieran adquirir a precios irrisorios grandes extensiones de tierra agrícola, para dedicarlo, transitoriamente, a cubrir sus aficiones cinegéticas o, simplemente, dejarlos como terrenos baldíos o inactivos por un tiempo. En Sudamérica y Africa, en especial, terrenos inmensos han sido adquiridos por nuevos propietarios, a menudo anónimos.

Para quienes pretenden controlar la Tierra desde la fórmula de la economía centralizada, la actuación ha sido especialmente inteligente: se han mantenido al campesinado en posesión de pequeñas parcelas que garantizan, con su trabajo, una vida miserable pero suficiente, en tanto que se ha copiado o inventado el esquema de acaparamiento de  latifundios en manos de los fieles al sistema de control.

(continúa)

Publicado en: Economía, Internacional, Política, Sociedad Etiquetado como: Africa, agua, Asia, economía centralizada, economía de mercado, latifundios, propiedad, terreno urbano, tierra, tierra agrícola, urbanizable

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