Al socaire

Blog personal de Angel Arias. La mayor parte de los contenidos son copy@left, aunque los dibujos, poemas y relatos tienen el copy@right del autor

  • Inicio
  • Sobre mí

Copyright © 2026

Usted está aquí: Inicio / Archivo de ETA

Los futuros perdidos y el futuro que espera

26 noviembre, 2021 By amarias 2 comentarios

Hace algo más de un mes (octubre de 2021), Eduardo Madina y Borja Sémper, como resultado de una larga conversación con Lourdes Pérez, han situado en el convulso mercado de opinión español un libro singular, titulado «Todos los futuros perdidos (conversaciones sobre el final de ETA)».

Vengo siguiendo con decreciente interés y en la medida en que mis ocupaciones profesionales y oncológicas me lo permiten, las intervenciones de Madina y Sémper en el espacio «La ínsula», los viernes, en la emisora Onda Cero que dirige Alsina. Me parece que aportan una visión fresca y lúcida sobre el deterioro de la política española actual, aunque su tono conciliador y sus críticas al estilo de caballero gentilhombre, resultan demasiado discordantes con el girigay falto de elegancia y altura intelectual de nuestros representantes en el hemiciclo. Por eso, me han llevado hacia la sensación de cansancio a fuerza de oírles. La situación se encamina hacia la batalla campal y el Gobierno sanchista y sus palmeros están pidiendo a gritos una oposición de rompe y rasga, que les convenza de que la inmensa mayoría de los españoles no están/estamos dispuestos a seguir aplaudiendo, ni manteniendo el silencio, ante su manejo grandilocuente y suicida.

El libro es un testimonio de alto voltaje. Su título refleja un pesimismo alarmante, viniendo de dos jóvenes -en plena madurez- que tienen la edad de mis hijos. En verdad, el ejemplar que tengo en mis manos está dedicado por Eduardo Madina a mi hijo Miguel, quien me consta que tiene una relación de amistad y bastantes dosis de recíproca complicidad con los autores.

No puedo decir que me leí el libro de un tirón, porque su estructura no se presta a ello y, además, mi curiosidad me llevó a consumir en primer lugar alguno de sus capítulos más llamativos.

Comencé a leer el libro por el Capítulo 5, «Llega el dia. La conciencia de ser un superviviente». Primero, se cuenta la amenaza de muerte comprobada que pendía sobre Borja Sémper; luego, con más detalle y tintes especialmente emotivos, el atentado contra Eduardo Madina, en el que perdió su pierna izquierda.

Me daría cuenta después, al repasarlo con método, que la factura del relato pretende trazar el testimonio de dos vidas paralelas, cada una convergiendo desde una hipotética divergencia política y con el tremendo trasfondo de una sociedad, la vasca, con una capacidad probada para la enajenación colectiva. No es fácil, en este momento, discernir quién está a la derecha y quién a la izquierda del espectro político, aunque Borja se define como liberal y Eduardo como socialdemócrata y, como ratificación de ese sesgo, el uno milita (o, por lo menos, ha militado) en el Partido Popular y el otro en el Partido Socialista, en el que llegó a postularse contra Pedro Sánchez, y perdió. En este momento, no se dedican a la política, aunque…la hacen, al juzgarla.

Es muy emocionante leer que sería mucho más interesante conocer las razones por las que, tipos maduros, -de cuarenta o cincuenta años (como los autores ahora)- organizaron  el entramado de ETA,  que pretender analizar los móviles de los que colocaban bombas y asesinaban a bocajarro, jovenzuelos descerebrados que obedecían instrucciones sin plantearse porqués.

Me gustaría admitir que ETA está derrotada, y que «los niños y niñas de España deben crecer sabiendo que» lo está (pág. 209). También quisiera creer que el fantasma de una guerra civil -pocos pueblos han decidido a lo largo de la Historia, dirimir sus diferencias matándose entre sí- ha desaparecido. Pero, cuando atiendo a lo que se expresa en la Cámara de Diputados y fuera de ella, por individuos que se dicen representantes del pueblo y que tienen la obligación de atender a intereses generales, y advierto su incapacidad para encontrar el punto de acuerdo en la negociación y el pacto, y su gozo por la descalificación y el aspaviento, removiendo ascuas de un pasado que no conocieron en primera persona o que lo protagonizaron en mala hora, no puedo menos de lamentar que muchos hombres y mujeres jóvenes, pero ya en plena madurez, como Borja y Eduardo, puedan pensar y tengan serias razones para creerlo, que «todos los futuros están perdidos».

Coño, no. Vuestro presente, la experiencia acumulada, la sensatez manifiesta, ha de conducirnos a un futuro mejor. Tenéis, junto a los mejores de vuestra generación, la capacidad, el empuje y el discurso para ser los timoneles. No nos dejéis en la estacada. Los mayores, hemos podido llegar hasta aquí (la paz, la democracia, una España unida con vibrantes realizaciones, con un lugar de privilegio en el mundo) superando muchos obstáculos para dejarnos abrazar por el pesimismo o la tristeza. Debemos empujar fuera del estrado a los que solo saben hablar desde el odio, la ignorancia, la falsedad y el menosprecio a la inteligencia.  Son un estorbo, una lacra remanente.

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: Borja Sémper, Eduardo Madina, ETA, Lourdes Pérez, Partido Popular, partido socialista, terrorista, Todos los futuros perdidos

Presunciones, sospechas y revelaciones malolientes

5 octubre, 2021 By amarias Deja un comentario

El periódico ABC, en su edición del 4 de octubre de 2021, publica detalles de una conversación mantenida en 1990 entre el entonces ministro de Interior, Antoni Asunción, y el responsable de la lucha antiterrorista, el general Emilio Alonso Manglano. Se trata de un episodio al que se refiere Juan Fernández Miranda, en su libro de inmediata publicación: «El jefe de los espías» (Ediciones Roca), utilizando, según cuenta, papeles y notas del difunto Manglano, que habrán llegado a sus manos solo sabe él cómo.

De esa lectura incómoda parece deducirse con poco margen de error que, bajo el mandato del ministro Corcuera, se autorizó el envío de, al menos, una carta bomba a un miembro de ETA, como advertencia de que se estaba dispuesto a entablar una guerra de contra-atentados desde el propio Estado. Una actuación descabellada, ilegal, insólita, que parecería responder al extraño silogismo de «Tú matas a bocajarro o colocando siniestros artefactos a servidores del Estado, a políticos e incluso a civiles. Pues yo, que soy responsable de la Administración de la Paz y Seguridad  Interiores de ese Estado, cuando localice a uno de los tuyos, lo trataré de enviar al otro barrio con similares medios a los tuyos. Así estaremos a pré».

La bomba provocó la muerte del infortunado cartero José Antonio Cardosa, que hacía la distribución del correo y que, al advertir que la carta no entraba en el buzón del destinatario, la dobló, explotándole en las manos.

El destinatario de la supuesta misiva mortífera hubiera sido Ildefonso Salazar Uriarte, asesino del guardia Jiménez Gómez, acto que perpetró en su misma comisaría en 1978, en la que se introdujo con el engaño de haberse olvidado el carné de identidad.

Diversas circunstancias están ayudando a ventilar sobre la población española -creando una gran inquietud interior y con efectos destructivos de nuestra imagen internacional- variopintos elementos, algunos pocos, ya probados, otros en fase especulativa o itinerario probatorio que pretenden como objetivo principal -porque tengo pocas dudas de que se trata de actos intencionados, programados para causar inestabilidad- dejar en maltrecho lugar nuestras instituciones fundamentales. Porque son actuaciones dirigidas, no se trata de una revisión al completo de lo que funciona mal (y ahí el camino sería inabordable), sino dar picotazos aquí y allá, con fines más que ejemplarizantes, desestabilizadores.

No tengo bolas de cristal y desconozco cuáles son las fuentes y los reales propósitos de sacar a la luz tanta porquería, coincidiendo con un gobierno de coalición que prometió volver al país del revés y lo está consiguiendo, aunque no sea asunto para cantar victoria, pues, cuanto más dicen desde Moncloa que estamos mejor, tanto peor nos ven.

Ahí tenemos al rey de antes, Juan Carlos, de vacaciones largas en un emirato (Abi Dabhi), sin atreverse a volver a España, por no perjudicar -así cupo interpretar en un Comunicado- la jefatura de Estado de su hijo -«el mejor formado de las casas reales actuales» (su padre dixit, cuando El estaba en mejores momentos), aunque los esfuerzos de la Casa Real por mantenerse en pie en un entorno republicano tienen aspecto de realizarse en solitario. El monarca que libró a España de un golpe de Estado (nadie lo ha desmentido, al menos hasta ahora) es el destinatario de buena parte de la mierda que difunde el ventilador mediático, exagerando convenientemente, hasta hacerlo parecer historia de vodevíl, sus amoríos y desvíos con féminas que alimentan su imagen de gañan incontrolable y, para colmo imperdonable, su presunta tendencia a intervenir como comisionista de los negocios en los que ayudó a las grandes constructoras. La fiscalía parece ahora dispuesta a solicitar el sobreseimiento (¿archivo provisional o definitivo?) del caso del fraude fiscal del «Emérito». Ya veremos si se atreve a retornar a España y para qué.

No sólo es asunto de cuestiones regias. La difusión de que un buen número de ciudadanos, obligados a la ejemplaridad, han evadido cuantiosas cantidades en impuestos, amparándose en la ocultación que proporcionan los paraísos fiscales y la facilidad para montar empresas, interpuestas entre el Fisco y el dinero, que les sirvieron para mandar fuera del país en que se produjeron la parte de las plusvalías que nos pertenecen a todos.

Me parece que no basta únicamente a estos personajes de la España profunda (y, en general, salvo actuaciones que parecen debidas al azar, desconocidos en sus tejemanejes), con expresar aquellos de que «Lo siento mucho, no volverá a ocurrir». Tampoco me apetece dar credibilidad sin matices a ese juego de infamias, hasta que -ahí tenemos la valla que no se debe saltar- la investigación fiscal propia y la lenta justicia .limitada por las posibles prescripciones de los hipotéticos delitos- no pruebe culpabilidades y calcule daños y multas. Todo es ahora mera presunción y hay que respetar la inocencia y abominar del juicio mediático, pero…¿qué nos queda por hacer, pues, a los ciudadanos del montón?.

Porque, a pesar de las dilaciones, las incertidumbres, los apaños, sin embargo, estamos libres de sospechar que vivimos entre delincuentes de manga ancha y calzón prieto -no robagallinas-, que han hecho carrera para ocupar puestos muy altos y, aupados en ellos, se afanan, en puro ejercicio de desfachatez y autodefensa non petita en convencernos de que debemos ser honestos, mientras ellos ponen los huevos (léase, nuestros dineros) en su propia cesta.

Me siento mal, muy mal.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: ABC, Antoni Asunción, Asunción, atentados, Corcuera, ETA, José Antonio Cardosa, Juan Fernandez Miranda, Manglano, Monarquía, oropéndola, rey juan carlos, terrorismo, terrorismo de Estado

Lo que perdimos

21 noviembre, 2020 By amarias 1 comentario

Hace veinte años que ETA asesinó a Ernest Lluch. Fue en el año 2000, el 21 de noviembre. Imposible olvidar la tensión de aquella época, en la que la capacidad de España para resistir estaba amenazada desde tantos ángulos. De esos momentos, (en los que yo, con once años menos que Lluch, estaba viviendo como observador privilegiado -en realidad, siempre lo fui- la descomposición de nuestro país), recuerdo la desorientación, el dolor y la rabia. No tenía sentido lo que estaba pasando.

Asesinar como manifestación ideológica, elegir las víctimas al azar o por odio o su proyección mediática, reclutar asesinos entre ignorantes sin escrúpulos para los que la vida ajena carece de valor… qué sinsentido.

Nunca milité en ningún partido, ni tentado estuve de hacerlo. Qué bien que no hice. A veces me viene a la memoria lo que me dijo un amigo cuando, recién devuelto de la aventura alemana, aterricé en un país -el mío- en el que, después del intento fantoche de Tejero de revertir el proceso de la transición democrática, gobernaba el partido socialista y todas las facciones estaban a la caza de nuevos militantes: «Cualquier partido estaría encantado de contar contigo». Es cierto que me tentaron, tanto de derecha como izquierda, pero no me moví. Nunca podría dejar de ser un verso libre, un crítico, constructivo pero implacable con mis modestos medios, de lo que me parece mal. Ya fuera en la empresa privada como en la Administración pública.

Me han echado de casi todos los lugares para los que trabajé. Mi currículum es denso en experiencias, aunque también cuenta con un final intrigante en la mayor parte de los centros de trabajo a los que dediqué mi vida. Dos años después del asesinato de Lluch, a mis cincuenta y tres años, un viernes a última hora, me echaron de Fomento de Construcciones de Contratas, por ejemplo. Sin explicación alguna, aunque, por supuesto, no dejé de construir la mía.

Si traigo esto ahora a colación, es solamente para destacar que nunca hay un camino fácil para el discordante. El que discrepa, aunque crea que su teoría está bien construida, a pesar de que elementos del «sistema» le aplaudan y animen, por más que colegas, amigos o subordinados le ensalcen y digan que lo apoyan, las fuerzas de la resistencia buscan permanentemente su vía para acallarlo, marginarlo; destruirlo.

Yo he llegado a esta edad sin más rasguños que los que la enfermedad haya podido proporcionarme. No estuve jamás en primera línea de fuego o de opinión, he sido toda mi vida un segundón sin especial relieve.

Ernest Lluch sí estuvo en la avanzada del frente. Hoy, veinte años después, sus amigos y colegas de entonces, sus alumnos (algunos muy brillantes) le rinden el homenaje de unas palabras emotivas, llenas de admiración y respeto. De todas ellas, por la proximidad que tuve con él, me gustó la forma de expresarlo de Félix Lobo, colega en la Facultad de Económicas de Asturias, que trabajó codo a codo con Lluch cuando éste fue ministro de Sanidad.

Todo me suena hoy a componenda, a falso, a redención no pedida.

Cuánto hemos perdido y perdemos por la falta de diálogo, por la ausencia de verdaderos apoyos, por la envidia y el rencor. En el reportaje (magnífico, desde luego) que la TVE2 dedicó a Ernest Lluch, se pudo ver qué, en la gran manifestación organizada como protesta por su asesinato alevoso, una vez que Gemma Nierga leyó unas palabras en su recuerdo, instando a que quienes estaban en el poder -central, regional, en la oposición, en cualesquier demostración de potestad- hablasen, dialogasen, se pudo leer en los labios de la primera línea de asistentes a aquella expresión de repulsa popular, entre los políticos que «pintaban algo» entonces -Pujol, Aznar, Zapatero,…- esta dramática cuestión. «¿Quién autorizó que se dijera ésto? ¿De dónde proviene esta frase, apelar al diálogo?»

¿Quién dice hoy que hay que dialogar, que las posturas de quienes se creen en poder de la verdad, están, por eso mismo, genuinamente equivocadas? Se ofrece diálogo desde todas partes, y se niega que los otros lo quieran.

Digámoslo todos. Dialogad, dialogad. Dejad a un lado vuestras petulancias, vuestras mentiras, vuestros odios reales o ficticios. Recoged las ofertas de diálogo, no las subordinéis a la aceptación de las vuestras. No dejéis que la intolerancia asesine al que busca entendimientos.

Perdimos oportunidades, perdemos a cada momento.

Ya sé que el diálogo solo no sirve, porque en muchos temas no hay por qué llegar a acuerdos. Pero mientras se dialoga, no se chillará en el Congreso de diputados. Porque el asesinato de Lluch vino a demostrar que los que chillan, pueden invitar a matar. Y matan.

(Ah, y aún están a tiempo, queridos lectores, de leer la entrevista que publica hoy El Mundo a Andreu Jaume. Habla de nuestra asistencia silenciosa al desguace de la democracia representativa. Así que somos todos cómplices, incluso desde las filas de atrás)

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: asesinato, Diálogo, Eduard Jaume, ETA, Lluch, memoria

Ejército y sociedad civil (10)

18 enero, 2018 By amarias Deja un comentario

El papel de las Fuerzas Armadas en relación con la seguridad, esto es, con la «conciencia de seguridad» (o con la «necesidad social de seguridad»), no es discutida. Parece estar en el fundamento mismo de la existencia de un cuerpo armado, cuando se acepta que los enemigos de esa seguridad -sean quienes fueren- utilizan procedimientos expeditivos para destruirla.

Sin embargo, un análisis elemental de potenciales riesgos, revela que el término seguridad es extremadamente amplio y  ambiguo. Su enorme alcance, su dinamismo y, también, el carácter subjetivo de la valoración de lo que se entiende por riesgo o peligro, ofrecen amplio campo para el debate. La cuestión debe permanecer en permanente revisión, ya que cambian los sujetos agentes, sus métodos, y las opciones de protección. Vaya, pues, por delante, que el análisis es complejo y, si no se acota el dominio de contorno de lo que se desea proteger, y se tienen en cuenta los medios, conduce a una inacabable fase previa sin medidas efectivas.

Pero, si el concepto es polisémico, ¿cómo vincular a las Fuerzas Armadas, y, en general, a todas las Fuerzas del orden, con el mantenimiento y perfección de un objeto tan plástico?

La «cultura de seguridad», plasmada en España con directrices del Consejo Español de Seguridad y el enfoque orientador de la OTAN, ha dado lugar a la Estrategia de Seguridad Nacional. Cuenta ya con el antecedente de la diseñada en 2013 y viene más recientemente amparada con la Ley de Seguridad Nacional 36/2015, al abrigo de la cual se ha publicado, a finales de 2017, por la Presidencia del Gobierno una revisión actualizada y una mayor concreción de los objetivos.

Me propongo referirme, ya que entiendo que se encuentra en la zona difusa de la seguridad y, por tanto, del espacio de discutible actuación de las Fuerzas Armadas, la actuación contra la amenaza a la integridad territorial. La defensa de la «integridad territorial» es, como ya he tenido ocasión de recordar en un Comentario anterior, uno de los tres capítulos de acción que el art 8 de la Constitución de 1978 recoge como «misión» de las Fuerzas Armadas.

España es uno de los países europeos que ha sufrido en su territorio la lacra del terrorismo interior. En la descabellada, y cruenta, defensa de una posición independentista, con apoyo popular que nunca se podrá desentrañar en toda su magnitud, el grupo criminal ETA actuó con extrema crueldad contra la seguridad, causando casi mil asesinatos y un número indefinido, pero de gran magnitud, de víctimas físicas y sicológicas y fuertes pérdidas económicas (si bien, no quiero obviar poner de manifiesto que la situación de terror benefició indirectamente a un corralito empresarial en el que figuraron quienes se sometieron al chantaje, al verse reducida la libre competencia en el País Vasco).

Hace unos meses (julio de 2017) se cumplieron 20 años del secuestro del funcionario de prisiones Ortega Lara (felizmente liberado por la Guardia Civil después de más de 530 días de cautiverio en un zulo) y del vil asesinato del ingeniero Miguel Angel Blanco, con el que el grupo terrorista buscaba compensar maquiavélicamente el anterior éxito del Estado de derecho.

Si me permito traer a esta exposición un asunto que parece superado por la Historia democrática posterior es para poder destacar que la amenaza del terrorismo interior no está superada en España.

Desde la misma posición ideológica de las Fuerzas Armadas, el peligro de involución está felizmente arrumbado. La práctica total renovación de los mandos superiores a raíz de la implantación plena de la democracia, ha permitido la incorporación y ascenso de nuevas generaciones de militares que acatan la subordinación de lo militar a la autoridad civil como principio básico de la vida democrática. El Ejército es hoy, a raíz de algunas encuestas peculiares, incluso de trasfondo más democrático que la sociedad civil (el porcentaje de mandos confesos de «extrema derecha» no llega al 0,1%%, inferior al sector que suscribe esa ideología en la población general, que parece alcanza el 1%).

Somos muchos en este país de ciudadanos mayoritariamente envejecidos los que hemos vivido y padecido el intento de golpe de Estado que visualizó el coronel Tejero en febrero de 1981, y que puso de manifiesto el divorcio que existía entonces entre parte de las Fuerzas Armadas y la sociedad. A principios de los años 70 del pasado siglo, la mayor parte del conjunto de jefes y oficiales del Ejército (la mayoría de los cuadros de comandante para arriba habían participado en la guerra incivil) desconfiaban de la apertura liberal a la que apuntaban los tecnócratas del gobierno tardofranquista, alimentando la obsesión por el «enemigo interior».

(continuará)


La silueta inconfundible de un alimoche (neophron percnopterus), con su cola cuneiforme, surca, con suaves aleteos, el cielo estival de Castilla. Como ave carroñera, otea desechos y, en especial, vertederos y acumulaciones de basura. No necesita asustar a ningún pajarillo, lanzando amenazadores chillidos que asustan a los inquietos y les hacen moverse de sus cobijos, exponiéndose a la voracidad de las rapaces, por lo que es, mayormente, silencioso.

El alimoche que fotografié aquél día de verano, es un adulto, como lo muestra el contraste entre las plumas de vuelo negras (las rémiges) y el resto.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Ejército Etiquetado como: asesinatos, ejército, estrategia, ETA, golpe de estado, interior, ley de seguridad nacional, sociedad, terrorismo

Patrias multinacionales

30 junio, 2017 By amarias

Me habían recomendado, desde diversos frentes, que leyera «Patria», de Fernando Aramburu, un éxito de ventas (best seller, para los anglófilos) en las Españas. Así que me apunté a la lista de proto-lectores de la bien surtida Biblioteca de Castilla la Mancha. Me llamaron al cabo de unas semanas para comunicarme que había quedado disponible un ejemplar y, aprovechando que Toledo siempre merece una visita, incluso con el sofocante calor, me acerqué a la ciudad imperial y recogí el libro.

Tenía, sobre todo, curiosidad. De Aramburu -prolífico autor, como aseveran las carátulas- solo conocía dos libros, que, desde mi petulancia crítica, juzgo desiguales: «La gran Mirivián» (infumable) y «Fuegos con límón» (más que notable).

Solo leí la cuarta parte de «Patria» (unas 160 páginas) y, a diferencia de lo que suelo hacer con la mayoría de los que alimentan mi voracidad lectora, no lo hice en transversal, sino de seguido. La novela está escrita en un estilo ágil, fresco y, por tanto, resulta entretenida para quien busque evasión, aunque el tema sea tan áspero y dramático como glosar los tiempos oscuros de ETA y de Euskadi.

No es un libro de Historia, ni de comportamiento social. Es un libro de entretenimiento, en el que se entremezclan algunos personajes históricos con los de ficción y en lo que, eso sí, el contexto pretende recrear las tensiones que se vivían y viven en las familias de esa región española como consecuencia de la convivencia de familias de asesinos y de asesinados.

Mi esposa, que posee la necesaria resistencia para enfrascarse con obras de otros, leyó «Patria» entera y me hizo el gran favor de resumirla, con la variedad de matices y colores que una empedernida e inteligente lectora como ella es capaz de dotar a su recensión.

Quizá deba responder a la pregunta de por qué no la lei yo mismo entera. En primer lugar, porque nos habíamos propuesto devolver a la Biblioteca el libro antes de volvernos a Madrid el lunes y tuve otras tentaciones para el fin de semana; la fotografía del macho de oropéndola con la que ilustro este comentario es prueba de ellas. Y en segundo lugar, porque no me apeteció.

El «Patria» de Aramburu se me descubrió una obra oportunista, más que oportuna. Tiene un aire de «dejà vu» (perdón por la pedantería francófona) , o mejor dicho, «dejà lu», que equivale a «dejà vecu» (ya vivido). Presenta dos familias que viven y sufren en Euskadi, con un pincel austero, manteniendo cierta distancia emocional, aunque ese ardid literario no excluye que nos sintamos suficientemente enterados de por qué actúan, o han actuado los protagonistas del drama.

Un drama, el del País Vasco (las provincias vascongadas, para los escolares de los cincuenta y sesenta), que los mayores de este país hemos vivido con gran intensidad y que, para quienes habitaban en esas tierras de España, supuso tener que convivir durante décadas con la opción de estar junto a los asesinos o ser caracterizado como víctima propiciatoria.

Si tienen tiempo, léanse Patria. Los más ancianos de esta tribu no descubriremos nada nuevo, y seguramente echaremos de menos en el prolífico y ágil Aramburu, ya que se puso a ello, algo más de análisis crítico. Aunque posiblemente, no le corresponde a él, profesor de filología, hacer de historiador neutral de un período oscuro, miserable y tremendo de la postguerra civil de 1936-1939, que se convirtió en un pulso despiadado contra el Estado de derecho.

Patria, que es una novela, tiene pretensiones de no serlo. Desde esa intención de autor, podría ser caracterizada como una crónica reducida de episodios que se han sufrido con mucha más intensidad que comprensión en esta región de nuestra Patria mayor que es España.

Solo que ahí se revelaría su carácter falsario, porque el episodio real, del que toma sus principales buches literarios, es aún una crónica abierta. No habrá, espero, nunca más muertos injustos por paisanos del mismo pueblo y raíces (España), convertidos en asesinos a sueldo de intereses bastardos, enmascarados con la idea metafísica -patafísica- de que existe una Patria propia, una nación distinta a las demás, un pueblo singular, una Historia peculiar incrustada en el paisaje y el paisanaje colectivos.

Oigo hoy los gritos que se profieren desde Cataluña, por parte de algunos iluminados, en defensa de una Patria propia, una nación distinta a las demás, un pueblo singular, una Historia peculiar incrustada en el paisaje y el paisanaje colectivos, y un escalofrío me recorre la espina dorsal.

Yo quiero que seamos todos españoles, y si oigo a algún nacionalista de esas patrias pequeñas, decirme con aire condescendiente que Asturias, la región donde nací y tengo entronque familiar por muchas generaciones, también es un país, me sacudo de encima el incienso, porque yo desearía que avanzáramos hacia lo que nos une y haría solidarios, y no que nos enviciáramos en lo que nos hace pequeños, hurgando en aquello que creemos nos hace supuestamente más valiosos.


Estoy orgulloso de esta foto de oropéndola, que es fruto, como casi todas las instantáneas de aves, de la paciencia y de la suerte. Estos pájaros vistosos, espléndidos, que no tienen problema en delatar su presencia con unos gritos peculiares, son muy difíciles de descubrir. Se enmascaran en las copas altas de sus árboles preferidos y -¡no se podría creer!-, manteniéndose rígidos, se confunden con hojas iluminadas por el sol.

En bable (zona occidental) llamamos a las oropéndolas cirumbiellas, por la rapidez con la que realizan y cuelgan sus nidos, como lo harían expertas hilanderas. En la zona oriental de Asturias las llaman munchufriu, y por mucho que me estrujo el magín no entiendo las diferencias para designar un ave que es emigrante en la zona, pues llega a primeros de mayo y luego de la cría, se va a finales de agosto.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Aramburu, asesinos, banda, cirumbiellas, ETA, Euzkadi, juegos, limón, Mirivián, munchufriu, nacionalismo, oropéndola, País Vasco, Patria, persón, reinserción

Identidades al descubierto

21 octubre, 2016 By amarias 1 comentario

carbonero volando

Recibimos continuas advertencias sobre la necesidad de preservar nuestra identidad -de la policía como de amigos-, pero, como seguramente no sabemos en qué tipo de piltrafa expuesta a la observación pública se ha convertido la referencia a lo que nos identifica públicamente, no hacemos mucho caso.

Estaríamos en lo cierto si sospecháramos que en los inmensos bancos de datos que Google pone a disposición de quien quiera pagar por la información o introducirse subrepticiamente en el fangal, está prácticamente todo de lo que nos concierne, y una buena parte de lo que ignoramos de nosotros mismos.

Otros cazadores de identidad no son tan sutiles ni usan medios sofisticados. No será la primera vez que increpo a un fulano que, con pinzas manejadas hábilmente, detecto buscando documentos bancarios en los colectores de papel: es una labor más selectiva, y supongo que fructífera, que la de los que revientan sin más los contenedores: me imagino que algún capitán de mafias bien pertrechadas para sacar partido a esos datos les pagará por el trabajo.

El 20 de octubre de 2016 los media nos recordaron (por si hacía falta) que hace cinco años que ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada, y celebramos, en efecto, que desde entonces, no mata a nadie. Es un torpe alivio, que no puede borrar la memoria de los 829 asesinados en el holocausto de una causa demencial. Que la comunicación de esa descarada indulgencia fuera realizada por tres encapuchados, que pretendían darnos por enterados de que nos perdonaban la vida, la angustia y el sufrimiento, me hace recoger sus palabras con la escobilla del desprecio hacia la forma en que los asesinos y sus cómplices escogieron defender sus razones, a las que convirtieron en inaceptables, sin necesidad de entrar a considerar su fondo.

Están proliferando los portadores de identidades ocultas, que tiran piedras sobre los valores comunes y esconden sus identidades. Grafiteros , estafadores, corruptores y corruptos, ladrones de guante blanco y al descuido, vándalos que se ocultan entre la multitud aprovechando congregaciones culturales o deportivas, incluso universitarios a los que se debe exigir más formación y mejor criterio, junto con otras muchas categorías de tipos sin identificar, que nos hacen daño. Unos se divierten con ello, otros se aprovechan de nuestra confianza, los más se mueven a hurtadillas por la propiedad común y la propia, para quitarnos lo que no les pertenece.

No creo que el diagnóstico certero, ante tantas identidades falseadas o enmascaradas, sea que nuestra sociedad está enferma. Me parece más bien que, amparados por nuestra parte en la esperanza de que no nos afectarán, nos hemos convertido en débiles y apetitosos objetivos.


P.S. Es fácil distinguir entre el herrerillo común (parus caeruleus) y el carbonero común (parus major). El primero, bastante más pequeño, tiene la coronilla azul y el segundo, negra. La foto con la que decoro este Comentario es la de un carbonero garrapinos (parus ater), tan pequeño como el herrerillo, que tiene la coronilla y la pechera negras y una mancha blanca en la nuca.

Otros muchos tipos del pájaro carbonero son más propios de otras latitudes, salvo el herrerillo capuchino, que lleva una cresta que, en la mayoría de los casos, lo hace inconfundible. Identificar aves es una actividad apasionante, y si se pretende fotografiarlas en vuelo, además de un buen objetivo, son precisas mucha paciencia y la voluntad de pasar desapercibido.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: aves, capuchino, carbonero, corrupción, ETA, garrapinos, herrerillo, identidad, policía, robo

Las bazas de Mariano Rajoy

9 julio, 2016 By amarias Deja un comentario

Mariano Rajoy, todavía Presidente en funciones del Gobierno de España, es, sin duda, la persona más cualificada para dirigir el país en este momento. Nadie como él atesora experiencia acerca de cómo funcionan las cosas por aquí.

Es cierto que no «ganó las elecciones», ni las de diciembre de 2015 ni las de junio de 2016, porque, aunque el Partido Popular fue la opción más votada, lo fue por una minoría del total de votantes. No cabe decir, pues, que «el pueblo ha expresado su voluntad de que gobierne el PP», ni otras retóricas, y falsarias, expresiones con las que los representantes más conspicuos de la derecha española defienden su presunto derecho a seguir gobernando.

Pero la capacitación de Mariano Rajoy que defiendo en este Comentario proviene de su abrumador currículum. Registrador de la Propiedad al año siguiente de terminar la licenciatura de Derecho, concejal del Ayuntamiento de Pontevedra, Presidente de la Diputación de la Provincia homónima, diputado durante décadas, ministro de Educación y Cultura, de Administraciones Públicas, de Interior, de la Presidencia, vicepresidente Primero y Presidente de Gobierno él mismo…¿Quién podrá alardear de una experiencia similar? Nadie.

Nadie como él ha de conocer las triquiñuelas que se vienen realizando desde tiempo inmemorial para compensar, en los discretos despachos anexos al principal, las diferencias entre el precio declarado en las escrituras públicas y el concertado entre comprador y vendedor de inmuebles; siendo Pontevedra lugar de asentamiento clásico de los grandes traficantes de droga de España y de Europa, en donde suntuosas mansiones, barcos de recreo, lugares de placer y lenocinio, han proclamado, sin rubor, durante decenas, el origen misterioso y con seguridad, ilícito, de los dineros con las que se adquirieron tales bienes, no es ajeno, sin duda, al conocimiento de tales maniobras (de las que, por supuesto, siempre se mantuvo al margen).

Rajoy estuvo en los entresijos del derrocamiento a Sadam Husein, -cuya figura alcanza, por cierto, con el tiempo, dimensiones propias de la veneración santificada-, y estar apoyando a José María Aznar en la difícil decisión adoptada, junto a Bush jr, Barroso y Blair, tuvo que darle amplios conocimientos acerca de cómo se mueven los designios del gran capital norteamericano, que han de estar conservados en algún lugar de su prodigioso cerebro.

Como Ministro de Educación, y Ciencia, que fue, y harto brillante (como se puede comprobar en las hemerotecas, propulsor de los nuevos Planes de Formación Profesional) nadie mejor para saber cómo impulsar, de una vez, la pureza de la Universidad española, la regulación del acceso transparente a las cátedras y títulos, la elevación del decaído prestigio de las carreras y profesiones, o la orientación acerca de los puestos de trabajo que se crearán en las ya no tan nuevas, tecnologías, incluidas, claro, las ambientales.

No admito que nadie se jacte de conocer mejor las administraciones públicas -salvando, quizá, al desaparecido en la batalla Francisco (Paco) Sosa, que propugnó una reforma imposible-, porque él fue quien firmó la LOFAGE en 1997,  y, por supuesto, ningún antecesor ni subordinado ha igualado su prestigio como Ministro de Interior, con sus éxitos para doblegar a ETA al aprisco de la deposición de las armas y su Ley de Extranjería, que tanto ha significado para la cobertura de puestos laborales que los españoles despreciaban.

Como Presidente, su ilusión y empuje por impulsar nuevos proyectos empresariales, en negociación continua con los mejores empresarios de este país, además de ponerle en delicado pero efectivo conocimiento de las relaciones subterráneas entre el gran capital y los partidos políticos (si no lo había adquirido antes), ha significado la generación de millones de puestos infra-mileuristas, y el crecimiento de los negocios de algunos grupos empresariales en el extranjero, lo que ha mejorado sus resultados, por supuesto, aunque, desgraciadamente, ha significado la reducción de su capacidad de empleo en España.

No tiene, pues, necesidad de suscribirlo alguien de tanto prestigio pasado como Felipe González. Mariano Rajoy debe gobernar. Y debe hacerlo en solitario, contra todos. Quizá con apoyos puntuales de Ciudadanos, del PSOE, incluso de Unidos Podemos que, como recordamos bien, en el curso de las negociaciones para estudiar la posibilidad de coaliciones de gobierno más aventureras, negó su apoyo -cuando eran solo la mitad de la denominación, aunque más numerosos en simpatizantes.

Nos esperan, por supuesto, tiempos muy difíciles. Pero entretenidos. Mariano Rajoy, con su visión escénica del Estado español, con su conocimiento profundo de la Administración Pública y de las capacidades de iniciativa privadas, nos lo garantiza.

Ah, y que vaya enseñando a los nuevos -esos «chicos» voluntariosos, pero inexpertos aún, llamados Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón,…cómo se corta el bacalao. Sugiero que los nombre ministros por turnos, y que cuente, en esa hipotética Escuela de Otoño- con la asesoría inapreciable (en el sentido de, gigantesca) de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar; para no ampliar más la nómina de expertos en la política real. Sobre la economía real, habría otro curso, más avanzado, para los que aprobaran el primero.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: administraciones públicas, apoyo, currículum, diputado, empresa, empresario, españa, ETA, exportación, Formación Profesional, gobierno, laboral, Mariano, PP, PSOE, puesto de trabajo, Rajoy, Unidos Podemos

La vida humana como instrumento

11 marzo, 2016 By amarias 1 comentario

Cada 11 de marzo, desde 2004, quienes vivíamos entonces en Madrid, debemos confrontarnos con la memoria de un suceso que llenó nuestro día de angustia, dolor, incertidumbre, estupor y lágrimas. Fue un día diferente, porque la ciudad fue elegida como mensajera del terror y sus habitantes, como víctimas forzosas de una inmolación indiscriminada. Murieron 191 compañeros, fueron heridos físicamente otros 1.857; tal vez, incluso más.

Una conspiración de varios desgraciados eligió esta ciudad para lanzar un mensaje mortal, pero no por ello menos calificable de irracional y estúpido, aquel jueves que había amanecido con vocación de ser igual que cualquier otro, asesinando a algunos de los nuestros . Cuantos más, mejor. Escribo «de los nuestros», y elijo sin dudar las palabras: porque los que se convertirían en asesinos venían del otro lado, del lugar de aquellos que, en su enajenación antinatura, creen que la vida humana puede ser instrumento para cualquier objetivo.

Me duele volver a repasar aquel día, reviviendo mis propias angustias; localizar dónde estaban mis hijos, llamar a los amigos que sabía que se desplazaban en tren a su trabajo cada mañana temprana, penetrar en la selva del desconcierto instantáneo para saber qué habría pasado con los que residían en el Pozo del tío Raimundo y en la Colmena de Santa Eugenia, reavivar la solidaridad desde los escombros de la sensibilidad acuchillada en otras barriadas también golpeadas.

Recibiendo cada poco la comunicación atropellada, intuitiva, inocentemente falaz, de algunos confidentes de la izquierda plural, convencidos sin reservas de que ETA estaba detrás del atentado y, en consecuencia de aquella lógica precipitada, las elecciones que se habían supuesto ganadas, y que estaban programadas para el siguiente domingo, 14, sin margen de campaña, estaban perdidas.

A medida de que se iban separando los muertos de los heridos, aparecían más datos, teléfonos y mochilas, se empañaron las conjeturas con otras hipótesis, afloraron otras verdades, se deshicieron sospechas a la luz de nuevas evidencias. Los supervivientes nos tornamos mayoritariamente indignados cuando se fue conociendo que el Gobierno en funciones ocultaba que el ataque había sido provocado por fanáticos que habían esgrimido el nombre de su Dios en falso, y seguía atribuyéndolo a terroristas de la casa de locos que todavía seguía pareciendo a muchos un país del norte de nuestra sociología malparada.

Descansarán los muertos, porque no tienen otra función que les competa, pero no debería descansar ninguno de los vivos, mientras queden grupos que pretendan sostener que el ser humano es instrumento, y que, para amedrentar con viciosos objetivos, maten, hieran o lo pretendan. No importa que se inmolen ellos mismos, que inciten a otros a hacerlo, o que se oculten, desde lo profundo de su miseria mental, detrás de un artefacto que accionen a distancia.

Dañan nuestra condición humana, nos perjudican frente a la naturaleza de las cosas, hieren nuestra pretensión de ser racionales, solidarios, sensatos, fieles a un Dios que está por encima de cualquier concepto, y que nos ordena, en lo íntimo de nuestro ser, querer lo humano.

(Un Dios que no conoce de religiones, sectas ni creencias, ni le importan, porque ni siquiera le hace falta existir para saberse.)

—-

Nota: El once-eme es también fecha que nos recuerda un accidente que combinó las descomunales fuerzas de la naturaleza con la limitada capacidad humana para preverlo todo: Fukushima. Sucedió lejos de nosotros en la distancia física, pero nos afectó mucho, y quizá de forma aún más persistente. Sobre este suceso también tengo escrito; hubo más de 20.000 muertos, se contabilizaron centenares de miles de heridos, provocó casi medio millón de desplazados, no pocos para siempre.

Sirvió para poner en presente que dominar la Tierra tendrá siempre riesgos y la técnica, aunque los trate de reducir al mínimo, no acierta a controlarlos siempre, ni todos. Son demasiadas variables, entre las que hay que incluir, cualquier omisión, error, negligencia o fallo humanos, además de las demostraciones de fuerza del azar y los dioses de superior naturaleza.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: ETA, fallecidos, islamistas, once-eme, terrorismo

Entradas recientes

  • Homilía y lecturas del funeral de Angel Arias – Viernes 14 abril
  • Cuentos para Preadolescentes (12)
  • Cuentos para preadolescentes (11)
  • Cuentos para preadolescentes (10)
  • Cuentos para Preadolescentes (9)
  • Cuentos para preadolescentes (7 y 8)
  • Por unos cuidados más justos
  • Quincuagésima Segunda (y última) Crónica desde Gaigé
  • Quincuagésima primera Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para Preadolescentes (6)
  • Cuentos para preadolescentes (5)
  • Cuentos para preadolescentes (4)
  • Cuentos para Preadolescentes (3)
  • Quincuagésima Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para preadolescentes (2)

Categorías

  • Actualidad
  • Administraciones públcias
  • Administraciones públicas
  • Ambiente
  • Arte
  • Asturias
  • Aves
  • Cáncer
  • Cartas filípicas
  • Cataluña
  • China
  • Cuentos y otras creaciones literarias
  • Cultura
  • Defensa
  • Deporte
  • Derecho
  • Dibujos y pinturas
  • Diccionario desvergonzado
  • Economía
  • Educación
  • Ejército
  • Empleo
  • Empresa
  • Energía
  • España
  • Europa
  • Filosofía
  • Fisica
  • Geología
  • Guerra en Ucrania
  • Industria
  • Ingeniería
  • Internacional
  • Investigación
  • Linkweak
  • Literatura
  • Madrid
  • Medicina
  • mineria
  • Monarquía
  • Mujer
  • País de Gaigé
  • Personal
  • Poesía
  • Política
  • Religión
  • Restauración
  • Rusia
  • Sanidad
  • Seguridad
  • Sin categoría
  • Sindicatos
  • Sociedad
  • Tecnologías
  • Transporte
  • Turismo
  • Ucrania
  • Uncategorized
  • Universidad
  • Urbanismo
  • Venezuela

Archivos

  • mayo 2023 (1)
  • marzo 2023 (1)
  • febrero 2023 (5)
  • enero 2023 (12)
  • diciembre 2022 (6)
  • noviembre 2022 (8)
  • octubre 2022 (8)
  • septiembre 2022 (6)
  • agosto 2022 (7)
  • julio 2022 (10)
  • junio 2022 (14)
  • mayo 2022 (10)
  • abril 2022 (15)
  • marzo 2022 (27)
  • febrero 2022 (15)
  • enero 2022 (7)
  • diciembre 2021 (13)
  • noviembre 2021 (12)
  • octubre 2021 (5)
  • septiembre 2021 (4)
  • agosto 2021 (6)
  • julio 2021 (7)
  • junio 2021 (6)
  • mayo 2021 (13)
  • abril 2021 (8)
  • marzo 2021 (11)
  • febrero 2021 (6)
  • enero 2021 (6)
  • diciembre 2020 (17)
  • noviembre 2020 (9)
  • octubre 2020 (5)
  • septiembre 2020 (5)
  • agosto 2020 (6)
  • julio 2020 (8)
  • junio 2020 (15)
  • mayo 2020 (26)
  • abril 2020 (35)
  • marzo 2020 (31)
  • febrero 2020 (9)
  • enero 2020 (3)
  • diciembre 2019 (11)
  • noviembre 2019 (8)
  • octubre 2019 (7)
  • septiembre 2019 (8)
  • agosto 2019 (4)
  • julio 2019 (9)
  • junio 2019 (6)
  • mayo 2019 (9)
  • abril 2019 (8)
  • marzo 2019 (11)
  • febrero 2019 (8)
  • enero 2019 (7)
  • diciembre 2018 (8)
  • noviembre 2018 (6)
  • octubre 2018 (5)
  • septiembre 2018 (2)
  • agosto 2018 (3)
  • julio 2018 (5)
  • junio 2018 (9)
  • mayo 2018 (4)
  • abril 2018 (2)
  • marzo 2018 (8)
  • febrero 2018 (5)
  • enero 2018 (10)
  • diciembre 2017 (14)
  • noviembre 2017 (4)
  • octubre 2017 (12)
  • septiembre 2017 (10)
  • agosto 2017 (5)
  • julio 2017 (7)
  • junio 2017 (8)
  • mayo 2017 (11)
  • abril 2017 (3)
  • marzo 2017 (12)
  • febrero 2017 (13)
  • enero 2017 (12)
  • diciembre 2016 (14)
  • noviembre 2016 (8)
  • octubre 2016 (11)
  • septiembre 2016 (3)
  • agosto 2016 (5)
  • julio 2016 (5)
  • junio 2016 (10)
  • mayo 2016 (7)
  • abril 2016 (13)
  • marzo 2016 (25)
  • febrero 2016 (13)
  • enero 2016 (12)
  • diciembre 2015 (15)
  • noviembre 2015 (5)
  • octubre 2015 (5)
  • septiembre 2015 (12)
  • agosto 2015 (1)
  • julio 2015 (6)
  • junio 2015 (9)
  • mayo 2015 (16)
  • abril 2015 (14)
  • marzo 2015 (16)
  • febrero 2015 (10)
  • enero 2015 (16)
  • diciembre 2014 (24)
  • noviembre 2014 (6)
  • octubre 2014 (14)
  • septiembre 2014 (15)
  • agosto 2014 (7)
  • julio 2014 (28)
  • junio 2014 (23)
  • mayo 2014 (27)
  • abril 2014 (28)
  • marzo 2014 (21)
  • febrero 2014 (20)
  • enero 2014 (22)
  • diciembre 2013 (20)
  • noviembre 2013 (24)
  • octubre 2013 (29)
  • septiembre 2013 (28)
  • agosto 2013 (3)
  • julio 2013 (36)
  • junio 2013 (35)
  • mayo 2013 (28)
  • abril 2013 (32)
  • marzo 2013 (30)
  • febrero 2013 (28)
  • enero 2013 (35)
  • diciembre 2012 (3)
julio 2026
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
« May