Al socaire

Blog personal de Angel Arias. La mayor parte de los contenidos son copy@left, aunque los dibujos, poemas y relatos tienen el copy@right del autor

  • Inicio
  • Sobre mí

Copyright © 2026

Usted está aquí: Inicio / Archivo de Actualidad

Educar, ¿para qué?

3 enero, 2013 By miguelarias Deja un comentario

Nunca he sentido, en ninguna de las múltiples reuniones y discusiones de trabajo que mantuve con profesionales de variados países (1) que mi formación fuera insuficiente. He tenido ocasión de comentar con otros colegas españoles, no solamente de los que poseen la misma cualificación universitaria que yo, sino de otras carreras, y la constatación se repite: a nivel personal no tenemos nada que envidiar.

El éxito contrastado de miles de universitarios trabajando en el extranjero, plenamente integrados en equipos en muchos casos de alta cualificación, confirma que no existe un problema de formación: no existía para los que nos hábíamos educado hace treinta o cuarenta años, y que, por razones en su mayoría coyunturales, teníamos que trabajar con extranjeros, ni existe ahora, momento en el que, por la crisis estructural, se está produciendo la selección de jóvenes egresados con mejores currícula para integrarlos en las estructuras productivas o de investigación en aquellos países extranjeros que son conscientes de necesitar mayor cantidad de gente bien preparada que la que pueden producir por sí mismos.

Si la introducción del comentario resulta demasiado larga, lo lamento. Si aparece focalizado hacia la situación de la formación universitaria, lo siento también, pero soy de los que están convencidos de que una buena educación universitaria es la base no prescindible de un país próspero.

Y no la tenemos, al menos desde que el desmadre autonómico con obsesión de copiarse unas a otras, hasta la caricatura, los modelos de las competencias trasferidas o arrancadas, convirtió a España en un mosaico de desorden administrativo, económico y práctico.

Hay demasiadas universidades, demasiadas carreras, demasiados catedráticos, demasiados profesores muy malos, demasiados alumnos, demasiados alumnos muy malos, demasiada dejación de exigencia y rigor en la mayoría de los centros universitarios.

¿Por qué hemos llegado a esto?. Porque la Universidad española, salvo excepciones escasísimas, no tiene como horizonte educativo, formar para saber, exigir para comprobar que se sabe, educar para conocer cómo llegar a aprender lo que no se conoce desde la formación que se adquiere en la Universidad.

Y con esta descalificación frontal hacia el actual sistema universitario, no estoy, contra lo que pudiera parecer, alabando sin reservas lo que había antes. No. Los profesores no eran entonces muy buenos, pero eran, en general, mejores y, sobre todo, estaban más involucrados. Los alumnos no eran, en media, mejores, pero eran muchos menos y, salvo deshonrosas excepciones, estaban convencidos de que tener un título universitario -en especial, en las carreras técnicas- mejoraría sus opciones de alcanzar un estándar de vida más alto. Las enseñanzas que se recibían no eran ni menos prolijas, o arbitrarias o, en muchos casos, inútiles, de lo que son ahora (en el que la técnica y la ciencia puntera han avanzado brutalmente), pero los alumnos tenían que estudiar mucho, -¡mucho más!-, para sacar las asignaturas adelante -¡y todos, no solo los mejores de cada curso!-, y hacerlo por su cuenta, solos o en grupos, sin tutores ni zarandajas.

Educar, ¿para qué? Háganse esta pregunta los que tienen que tomar las decisiones. Y piensen que no necesita el país miríadas de universitarios desorientados y con cuatro conocimientos adquiridos al bies, posiblemente inútiles para su vida profesional (si llegan a tenerla), sino unos pocos miles de universitarios bien formados (especialmente, en las disciplinas troncales), concienciados de su papel especial en la sociedad, involucrados con el deseo de progreso colectivo…y muy humildes, conscientes de que son unos privilegiados en cuyo desarrollo hemos invertido todos.

No necesitarán que se les estimule a estudiar tres días antes de los exámenes tipo-test para que alcancen un mínimo de conocimientos vergonzante con el que justificar un aprobado, en general, arbitrario. Y sus maestros, evaluados por la sociedad (¿qué ha sido de los Consejos Sociales y del cumplimiento de sus teóricas funciones?) y no por los propios alumnos, no temerán que un alto número de suspensos sea estimado como consecuencia perversa de su fracaso como docentes.

——

(1) Por supuesto, entre ellos, alemanes, franceses, norteamericanos, ingleses, chilenos, argelinos o marroquíes…

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alumnos, catedráticos, conocimientos vergonzantes, consejos sociales, educación, educar, examen tipo-test, formación insuficiente, horizonte educativo, involucrados, profesores, universidad española

Lo que necesitamos en 2013

1 enero, 2013 By miguelarias Deja un comentario

Está a punto de terminar 2012, un año malo. Dicen algunos que estamos ante un cambio de tendencia, pero no les creo. Dicen otros que necesitamos cambiar de paradigma, y no me convencen.

Expresan unos que tienen la solución, y no me inspiran confianza. Intervienen otros para manifestar que los que toman decisiones lo hacen en su provecho o que se equivocan en lo que otros hacen, y no tienen credibilidad, porque no acertaron cuando tuvieron la oportunidad.

Opino que a todos nos hace falta mucha humildad. Para no opinar de lo que no sabemos, no actuar sobre lo que ignoramos, no aparentar lo que no tenemos.

Si tuviéramos perfectamente detectados a los que conocen bien sobre un tema y les dejáramos opinar, sin el ruido de los que solo hablan de oídas o por intereses propios o al mandato de los que los tienen, tendríamos la oportunidad de saber cuáles son, en verdad, la magnitud de los problemas y las opciones para solucionarlos.

Y, si los que tienen el poder para actuar se dejasen guiar por los que saben y tomasen las decisiones adecuadas -solo las imprescindibles- para llegar por el camino más derecho a solventar las dificultades, todos estaríamos mejor y más tranquilos.

Pero no es así. Quizá el mundo está organizado para que nunca sea así. Hay demasiados papeles ya distriubuídos entre personas que no son suficientemente capaces, y que, desde luego, no están dispuestos a ceder su posición relevante. Hay demasiadas personas que están encumbradas en centros de poder y que, por el hecho de estar allí, creen que deben opinar y tomar decisiones acerca de lo que ignoran. Peor aún, muchos de los que toman decisiones actúan desde la extraña convicción de que deben cambiar lo que los ánteriores hicieron, por cuestiones de ideología, intuición o, simplemente, porque se pretenden con la autoridad para modificar lo que se encuentran en su feudo de acción, acercándolo a sus intereses, creencias o imaginaciones.

Y luego, estamos todos los demás. Los que somos conscientes de que sabemos poco de casi todo, aunque pretendemos dominar una pequeña esfera en la que hemos acumulado nuestra específica experiencia y conocimientos. No tenemos ocasión de manifestarnos y cuando lo hacemos, no tenemos público. Nos ignoran.

La verdad hace daño a quien desearía tener su dominio absoluto. Los que tienen el dominio hacen daño con sus decisiones, fundadas con demasiada frecuencia en sus conocimientos limitados, en su información imprecisa o, aún peor, en la confianza que les da el actuar como lo hacen solo por saberse apoyados por un pequeño grupo de instigadores, que quieren convencernos de que hay que hacer las cosas así, como ellos o los que los mandan, quieren.

Necesitamos humildad, pero también fortaleza. La fortaleza que se consigue aglutinando las opiniones de los mejores, de los que saben de verdad de los temas, de los que manejan la información cierta, de los que no tienen otra ideología que la del progreso de todos.

Pero no tenemos muchas probabilidades de que esto sea así, como la mayoría queremos, y como muchos pensamos que debería hacerse. Con honestridad, con conocimientos, con seriedad, con sentido de la solidaridad.

Nadie tiene el derecho a pensar que lo está haciendo muy bien, porque no será así. Nadie tiene el derecho a creer que es tan bueno que merece ser recompensado con un salario que no guarda ninguna relación sensata con la de los que están a sus órdenes o bajo su cuidado. Nadie puede jactarse de haber tenido suerte en su vida, porque haya heredado una fortuna, conseguido con trampas y artimañas acumular un magnífico inventario de bienes, alcanzado en solo él sabe qué condiciones un puesto de dominio en la academia, en la política, en la empresa, en la judicatura o en cualquier otro orden de la vida.

Necesitamos humildad para reconocer lo que no sabemos y los que sabemos poco necesitamos fortaleza para defender aquello que sabemos bien y no desfallecer en utilizar todos los medios legítimos para hacer llegar nuestra voz. A los que padecen la injusticia de las decisiones atropelladas y a los que disfrutan del placer de tomarlas, convencidos de que nadie podrá desmentirlos.

Ese es mi deseo para 2013. Y para siempre.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: 2012 año malo, angel arias, año nuevo, balance 2012, consciente, credibilidad, decisiones adecuadas, decisiones atropelladas, deseos, deseos para 2013, dominio absoluto, hacer llegar nuestra voz, hacerlo bien en 2013, humildad, imprescindibles, intereses, propósitos, solidaridad

Redes sociales, espacios virtuales y pesca incontrolada

1 enero, 2013 By miguelarias Deja un comentario

Imaginar las redes sociales que entrelazan con frenética intensidad nuestros perfiles reales en el mundo virtual como un artilugio de pesca, podrá parecer a algunos una metáfora exagerada, arcaica, tendenciosa y pendenciera.

Porque pertenecer a varias redes virtuales es visto, especialmente por los menores de cuarenta años, como una forma especial de vivir más intensamente, de generar nuevos horizontes, incluso sin límites. Estar conectado en directo permanente con conocidos y hasta desconocidos, que nos ofrecen centenares de mensajes diarios con informaciones variopintas, es una manera moderna de sentirse mejor, de estar mejor informado, de ser más global.

No voy a negar que, para un grupo selecto de participantes en este maremágnum de relaciones virtuales que se complica continuamente, la experiencia de estar en las redes es interesante, y productiva.

Pero con la misma intensidad afirmo que, para la inmensa mayoría, las redes no son un artilugio que les corresponda controlar, sino que ellos son los peces. Objetos de pesca apetecida por quienes, tiburones en el mismo mar o pescadores en el espacio virtual que han acotado a su antojo, fingiendo ser parte de las redes, son, en realidad, sus tejedores.

El entramado que las redes virtuales han tejido en el espacio cibernético no es ya controlable por autoregulación, y, desde luego, no puede serlo individualmente respecto a lo que conforma nuestra identidad telemática,  que acaba siendo incluso más potente que la real. A la información que se ofrezca personalmente en ellas, se une la, no siempre deseada, que los buscadores bombardean a quien tenga interés en saber sobre nosotros, lo que hacemos, nos gusta o abominamos.

Somos peces en estas estas redes, y apetecibles objetivos para los tiburones y pescadores del espacio cibernético, en el que nos movemos con aparente soltura. Para algunos de los usuarios, no tenemos el perfil de amigo, colega ni profesional interesante, sino, por ejemplo, el de cliente potencial, competidor, empleado a vigilar, adversario e incluso enemigo.

La autoregulación es necesaria, y hay que ser conscientes de lo que se ofrece de uno mismo en el espacio en donde podemos convertirnos en carnada para las especies mayores. Pero es imprescindible introducir algunas reglas de juego, prohibiendo la pesca incontrolada, los artefactos y artimañañas, porque este espacio empieza a estar demasiado lleno de despojos.

Es imprescindible, por ejemplo, regular y penalizar el robo de identidades virtuales, el envío de publicidad no deseada, la comercialización engañosa, las agresiones a la privacidad, el uso de falsas identidades con el objetivo de apropiarse de datos de terceros, el insulto y la descalificación amparándose en el anonimato, la difusión de informaciones falsas a sabiendas, etc…

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: angel arias, arcaica, autoregulación, cliente, en realidad, indentidad virtual, informacines falsas, información, perfiles, publicidad, redes sociales, redes virtuales, reglas del juego, robo identidad

El buen jefe

1 enero, 2013 By miguelarias Deja un comentario

Mientras merendábamos, un amigo ya jubilado recordó a uno de sus jefes con la expresión: Era un buen jefe, porque no tenía prisa porque se terminara ningún asunto y todo lo que hacíamos sus subordinados le parecía bien.

Mi primera reacción fue la de la ironía: En efecto, si el destino final de lo que estábais haciendo era un desastre, no había porqué correr, y, teniendo en cuenta que lo que perseguíais era la máxima ineficiencia, cualquier actuación es buena para contribuir al caos.

Pero, cuando me escuchaba a mí mismo, se me presentó la imagen vívida de que no podía defender que la posición contraria, acelerar la terminación de los temas, hostigando a los subordinados y criticando sus propuestas, supusiera la definición de un buen líder.

El asentamiento despiadado de la crisis en España durante 2012 ha puesto en bandeja a los críticos la posibilidad de juzgar los resultados del tipo de liderazgo que hemos tenido en el país, no solamente en el gobierno de la nación, sino en las grandes empresas.

La panorámica de la gestión pública como privada se nos ha poblado de buenos jefes. Gentes que, hagan lo que hagan, son juzgados como mentes brillantes por sus subordinados.

Da lo mismo que se trate de Mariano que de Rubalcaba, de Mas como de Menos, de Botín como de Florentino, de Rato como de Villalonga, de Esperanza como de Solchaga, … no conozco personaje público ni privado que no sea alabado como un figura de la previsión estratégica por sus más directos allegados al poder.

Por supuesto, tampoco conozco ningún líder vivo que no haya obtenido feroces críticas por parte de quienes están sufriendo las consecuencias de las decisiones restrictivas que estén tomando ellos mismos o -nunca se suele saber bien de dónde parte la corriente- la estén tomando sus subordinados o, más seguramente, se las estén dictando desde arriba.

Así que, si me viera en la tesitura de analizar, en una tertulia de café, que es en realidad un buen jefe, debería matizar que todo depende de la coyuntura en la que le haya tocado lidiar: si se encuentra situado en una fase recesiva del sector o de la economía en general, lo mejor que puede hacer, si, como supongo que le sucederá, pues ha llegado hasta allí, no tiene mayor idea de lo que hay que hacer, es no hacer nada, y dejar que sus subordinados hagan lo que le plazca.

Si, por suerte, se encuentra con una fase expansiva de la economía, lo mejor que puede hacer, bajo los mismos supuestos, es hacer cualquier cosa que se le ocurra, con la seguridad de que eso serán también lo que hagan sus subordinados, por lo que entre todos conseguirán llegar de la manera más rápida posible y más caótica al final de la fase expansiva, por lo que no tendrán problemas en aplicar el resto del manual, tal como figura en el párrafo anterior.

Soy consciente de que estas ideas no van a figurar en ningún libro de gestión empresarial (salvo, eventualmente, el que yo mismo me publique), pero eso no les resta validez. Al contrario. Las fuerzas del mal están en todas partes para impedir que lo razonable destruya, ya en su fase prodómica, la recuperación de la amnesia colectiva.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: angel arias, buen jefe, coyuntura, crisis, economía, fase recesiva, gestión empresarial, jefe, liderazgo

Adjetivos y objetivos

30 diciembre, 2012 By miguelarias Deja un comentario

Es una trivialidad afirmar que los adjetivos calificativos se dividen, atendiendo a su relación con el sujeto que los expresa, en subjetivos y objetivos.

La vida diaria está repleta de los primeros, y algunos, por la entidad de quien los emite, alcanzan extraordinaria difusión ocasional, aunque no hay que abandonar la capacidad de análisis para valorar su alcance. Llamar a un juez «pijo ácrata», por ejemplo, revela más de quien utiliza esa combinación de sustantivo-adjetivo (enmarcada en el ámbito del variado elenco de justicieros) que de la persona a quien va destinada, a poco que se conozca su trayectoria particular, y los amigos y enemigos que la misma le ha granjeado.

Una «sentencia inicua» es, con toda probabilidad, la valoración que merece cualquier decisión judicial por parte de quien le es desfavorable, pero, aunque lo fuera, no habrá beneficiario de la misma que la considere como tal, aunque vulnere el derecho vigente, que, por cierto, si no fuera interpretable, no necesitaría de ningún exégeta.

La «situación insostenible» de la que se expresan como soportadores casi todos los colectivos que defienden sus presuntos derechos vulnerados será calificada como «medida inevitable» por quienes la defienden, esforzados en imponer su criterio como si fueran portadores del gen de la verdad absoluta. Y los «perjuicios irreparables» que pudiera causar una «decisión inaplazable»  son las «lógicas consecuencias» de la necesidad de corregir «excesos insoportables».

Generalmente, se prefieren, para no entrar en polémicas, los adjetivos subjetivos inocuos: si calificamos como «belleza exuberante» la presencia corporal de una periodista emparejada con un futbolista famoso, no estamos haciendo daño a nadie ni restando objetividad a la contemplación de los atributos físicos de su detinataria, por más que también podamos calificar de exuberante un paisaje tropical o la exhibición de delicias gastronómicas en un banquete nupcial.

Hay quien concede «carácter sagrado» al menor despilfarro de los «caudales públicos», aunque la intromisión ajena en lo que el afectado considera su «vida privada y religiosa» revele actuaciones merecedoras de «reproche generalizado».

Son pocos, en fin, los adjetivos objetivos. Ni siquiera estamos de acuerdo todos en que estemos en una «crisis endémica» ni en que vivamos bajo los efectos de una «burbuja inmobiliaria». Más bien me inclino a pensar que lo que estamos viviendo es una «fase convulsa» de pérdida de los «valores tradicionales», lo que no es mucho decir, puesto que lo que para la mayoría es una «dura situación», para algunos se convierte en una «oportunidad extraordinaria».

La experiencia que concede la edad me hace manifestar, sin embargo, queson muy pocos los cambios que conducen a «mejoras sustanciales» y que, en realidad, reproducen «viejos escenarios» con las mismas «clases dominantes». Porque, como debería ser cosa sabida, la «confianza ciega» en que quienes condujeron a la «histórica encrucijada», sean los mismos que nos sepan sacar de ella, es de una «ingenuidad tan aplastante», que dan ganas de ponerse a llorar ante esa «entrañable ingenuidad».

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: adjectivo, angel arias, corporal, decisión inaplazable, la verdad, los amigos, los enemigos, perjuicios irreparables, pijo acrata, reproche generalizado, subjetivos, sustantivo

Indignados sin fronteras, comprometidos sin reservas

30 diciembre, 2012 By miguelarias Deja un comentario

No soy de los que conceden a las fechas de fin de año un privilegio especial. No soy amigo de las fiestas, (quizá porque soy un negado para el baile) y no aprecio comer ni beber más de lo que necesito.

Este comienzo no tiene que ver con el deseo irrefrenable de confesarme en un blog público, sino que pretende servir de entrada para un reconocimiento. El de que, siendo imprescindible apartarse de tanto en cuanto de las ocupaciones acuciantes para hacer revisiones de lo hecho y previsiones de lo que queda por hacer, la fecha de fin de año es tan buena como cualquier otra, y si la mayoría coincide en utilizarla como hito para hacer Balance, podemos comparar los resultados.

Termina 2012 como un año en el que, no solo en España, ha crecido el número de indignados. La indignación es un estado de ánimo peculiar, que presiona sobre el lado de la incapacidad para corregir directamente lo que nos molesta. El indignado detecta que algo le inquieta, enfada, le hiere o perjudica (no necesariamente a él, tal vez a otros), pero no se ve con autoridad o poder para actuar, corrigiéndolo.

La indignación va siempre dirigida contra otros. No es posible indignarse contra uno mismo.

Una característica no tan fácilmente detectable de todo indignado, pero que la globalización ha puesto en evidencia, es que nos indignamos en grado de intensidad decreciente en relación con la distancia de la situación injusta respecto a nuestras propias narices.

Podemos indignarnos, desde luego, por cualquier hecho o circunstancias muy alejado físicamente, incluso aunque no nos afecte personalmente, pero nuestro enojo será pasajero, condicionado a sabernos agrupados en nuestra indignación junto a otros, y su protagonisto eventual se verá pronto sepultado por lo que nos incomode o duela en el zapato, que es lo que más nos importa.

Nos indignamos más, desde luego, si lo percibimos con nuestros propios sentidos y mucho más si los sentidos nos lanzan señales de dolor propio: es indignante, decimos, la prevista reforma de las pensiones (si estamos próximos a la jubilación o ya en ella), pero será aun más indignante para nosotros (si acabamos de terminar los estudios univiersitarios y no encontramos empleo) la incapacidad del sistema económico para generar puestos de trabajo.

La indignación tiene, pues -y no pretendo entrar en polémicas al afirmar ésto, sino ayudar a la reflexión- un componente egoísta, que surge de la proximidad al problema y un componente colectivo, que es el que da fuerza y confianza a la manifestación pública de la indignación; por grave que sea el problema que nos afecta, no osamos mostrar indignación si creemos estar solos.

No me imagino una manifestación masiva de indignados para protestar en la Puerta del Sol madrileña contra el abismo fiscal (fiscal abys) norteamericano, aunque no faltarán analistas que vinculen la falta de acuerdo con una profundización en la recesión mundial.

Y las manifestacíones individuales de indignación, aunque sean muy cruentas y fatales para el que las organiza -quemarse a lo bonzo por no soportar ver disminuida la pensión de jubilación, por ejemplo, o tirarse por una ventana al ver llegar a los agentes del desahucio- no solamente no ayudan nada a resolver el caso particular, sino que, además, son utilizadas como símbolo de alidación de los intereses de otros, y muy apreciados, por cierto: tener una víctima mortal que esgrimir en el martirologio es una expresión del pedigree de la indignación, aunque la adscripción del inmolado a la causa haya sido traída por los pelos del oportunismo.

Es un deseo imposible de llevar a cabo, pero no una utopía. Me gustaría que 2013 fuera un año en el que hubiera más indignados sin fronteras: gentes sensibles para manifestarse, no en la defensa de sus propios problemas, sino de los de otros; y, especialmente, con capacidad para poner prioridades a esos problemas, independientemente de dónde estuvieran detectados.

Y como la indignación desvela debilidad, como expresé, mi deseo para 2013 y lo que queda de Historia de Humanidad, es que se incremente el grado de compromiso sin reservas. No es tampoco una utopía y, desde luego, me parece más eficiente que avanzar en la indignación sin fronteras.

Un comprometido sin reservas no pone condiciones para tratar de mejorar lo que está a su alcance. Un indignado sin fronteras que se siente comprometido sin reservas, actúa de vigilante de lo que no puede hacer por sí mismo, pero no por ello abandona hacer lo mejor que sabe lo que se encuentra en su ámbito de responsabilidad o en el territorio de lo que puede.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: comprometidos, indignación, indignados, martirologio, oportunismo, pedigree, polémica, reconocimiento

  • « Página anterior
  • 1
  • …
  • 79
  • 80
  • 81

Entradas recientes

  • Homilía y lecturas del funeral de Angel Arias – Viernes 14 abril
  • Cuentos para Preadolescentes (12)
  • Cuentos para preadolescentes (11)
  • Cuentos para preadolescentes (10)
  • Cuentos para Preadolescentes (9)
  • Cuentos para preadolescentes (7 y 8)
  • Por unos cuidados más justos
  • Quincuagésima Segunda (y última) Crónica desde Gaigé
  • Quincuagésima primera Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para Preadolescentes (6)
  • Cuentos para preadolescentes (5)
  • Cuentos para preadolescentes (4)
  • Cuentos para Preadolescentes (3)
  • Quincuagésima Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para preadolescentes (2)

Categorías

  • Actualidad
  • Administraciones públcias
  • Administraciones públicas
  • Ambiente
  • Arte
  • Asturias
  • Aves
  • Cáncer
  • Cartas filípicas
  • Cataluña
  • China
  • Cuentos y otras creaciones literarias
  • Cultura
  • Defensa
  • Deporte
  • Derecho
  • Dibujos y pinturas
  • Diccionario desvergonzado
  • Economía
  • Educación
  • Ejército
  • Empleo
  • Empresa
  • Energía
  • España
  • Europa
  • Filosofía
  • Fisica
  • Geología
  • Guerra en Ucrania
  • Industria
  • Ingeniería
  • Internacional
  • Investigación
  • Linkweak
  • Literatura
  • Madrid
  • Medicina
  • mineria
  • Monarquía
  • Mujer
  • País de Gaigé
  • Personal
  • Poesía
  • Política
  • Religión
  • Restauración
  • Rusia
  • Sanidad
  • Seguridad
  • Sin categoría
  • Sindicatos
  • Sociedad
  • Tecnologías
  • Transporte
  • Turismo
  • Ucrania
  • Uncategorized
  • Universidad
  • Urbanismo
  • Venezuela

Archivos

  • mayo 2023 (1)
  • marzo 2023 (1)
  • febrero 2023 (5)
  • enero 2023 (12)
  • diciembre 2022 (6)
  • noviembre 2022 (8)
  • octubre 2022 (8)
  • septiembre 2022 (6)
  • agosto 2022 (7)
  • julio 2022 (10)
  • junio 2022 (14)
  • mayo 2022 (10)
  • abril 2022 (15)
  • marzo 2022 (27)
  • febrero 2022 (15)
  • enero 2022 (7)
  • diciembre 2021 (13)
  • noviembre 2021 (12)
  • octubre 2021 (5)
  • septiembre 2021 (4)
  • agosto 2021 (6)
  • julio 2021 (7)
  • junio 2021 (6)
  • mayo 2021 (13)
  • abril 2021 (8)
  • marzo 2021 (11)
  • febrero 2021 (6)
  • enero 2021 (6)
  • diciembre 2020 (17)
  • noviembre 2020 (9)
  • octubre 2020 (5)
  • septiembre 2020 (5)
  • agosto 2020 (6)
  • julio 2020 (8)
  • junio 2020 (15)
  • mayo 2020 (26)
  • abril 2020 (35)
  • marzo 2020 (31)
  • febrero 2020 (9)
  • enero 2020 (3)
  • diciembre 2019 (11)
  • noviembre 2019 (8)
  • octubre 2019 (7)
  • septiembre 2019 (8)
  • agosto 2019 (4)
  • julio 2019 (9)
  • junio 2019 (6)
  • mayo 2019 (9)
  • abril 2019 (8)
  • marzo 2019 (11)
  • febrero 2019 (8)
  • enero 2019 (7)
  • diciembre 2018 (8)
  • noviembre 2018 (6)
  • octubre 2018 (5)
  • septiembre 2018 (2)
  • agosto 2018 (3)
  • julio 2018 (5)
  • junio 2018 (9)
  • mayo 2018 (4)
  • abril 2018 (2)
  • marzo 2018 (8)
  • febrero 2018 (5)
  • enero 2018 (10)
  • diciembre 2017 (14)
  • noviembre 2017 (4)
  • octubre 2017 (12)
  • septiembre 2017 (10)
  • agosto 2017 (5)
  • julio 2017 (7)
  • junio 2017 (8)
  • mayo 2017 (11)
  • abril 2017 (3)
  • marzo 2017 (12)
  • febrero 2017 (13)
  • enero 2017 (12)
  • diciembre 2016 (14)
  • noviembre 2016 (8)
  • octubre 2016 (11)
  • septiembre 2016 (3)
  • agosto 2016 (5)
  • julio 2016 (5)
  • junio 2016 (10)
  • mayo 2016 (7)
  • abril 2016 (13)
  • marzo 2016 (25)
  • febrero 2016 (13)
  • enero 2016 (12)
  • diciembre 2015 (15)
  • noviembre 2015 (5)
  • octubre 2015 (5)
  • septiembre 2015 (12)
  • agosto 2015 (1)
  • julio 2015 (6)
  • junio 2015 (9)
  • mayo 2015 (16)
  • abril 2015 (14)
  • marzo 2015 (16)
  • febrero 2015 (10)
  • enero 2015 (16)
  • diciembre 2014 (24)
  • noviembre 2014 (6)
  • octubre 2014 (14)
  • septiembre 2014 (15)
  • agosto 2014 (7)
  • julio 2014 (28)
  • junio 2014 (23)
  • mayo 2014 (27)
  • abril 2014 (28)
  • marzo 2014 (21)
  • febrero 2014 (20)
  • enero 2014 (22)
  • diciembre 2013 (20)
  • noviembre 2013 (24)
  • octubre 2013 (29)
  • septiembre 2013 (28)
  • agosto 2013 (3)
  • julio 2013 (36)
  • junio 2013 (35)
  • mayo 2013 (28)
  • abril 2013 (32)
  • marzo 2013 (30)
  • febrero 2013 (28)
  • enero 2013 (35)
  • diciembre 2012 (3)
julio 2026
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
« May