Al socaire

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Transformado en un hombre sin principios

4 enero, 2015 By amarias Deja un comentario

Transformado en un hombre sin principios,
entendió que la imaginación debía dejarse guiar
por un instinto eterno:
apetecer lo prohibido, esconderse en las sombras,
no hacerse mucho daño.

Los necios que se dieron cuenta de su incapacidad
para doblegar la menor voluntad, le despreciaban con sorna,
pero él pretendía en otra dirección,
que le dejaran en paz,
y con el firme propósito de no dar explicaciones
se declaró oficialmente incompetente
para convertir a nadie a su religión.

Siendo un caso perdido, una impureza
que no tenía remedio,
se limitaba a querer como podía,
a vivir de través,
a evitar los escollos de aspirantes
que tenían curiosidad por explicar ciertos destellos
que surgían de su noble cabeza;
suponía el rico infeliz que alguna vez
le perdonarían los estragos
de su fingida falta de destreza.

Esta ausencia de ardor no le impedía
que, después de hacer su número de condenado a probar,
agotado hasta el pan, mirando al cielo,
se pusiera a reir, imaginando
que alguien más fuerte le mandaba señales
y que él conseguía descifrarles el sentido.

(Del libro Con algo suave, Poema 7, Angel Manuel Arias)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, Con algo suave, poesía

Mi encanto mayor es que no soy muy delicado

3 enero, 2015 By amarias Deja un comentario

Mi encanto mayor es que no soy muy delicado
con las cosas importantes. Sin ser devoto,
destruyo los altares. Inmolo aunque sensato,
con perversa intención, seguridades.

Me gusta andar rompiendo el engarce soez de las cadenas
pero, a solas los dos, pierdo las ganas
de perseguir las razones de los otros,
y me entrego a las mías;
cuando bebo vino peleón en tu regazo
me pongo ciego chupándote los pechos,
busco pistas entre tus piernas abiertas,
hago novillos con tus risas y las sábanas.

Así paso las horas, reposando, y me meto en mi nube,
que se eleva por encima de las cosas que percibo,
tan cercanas como el placer de tenerte controlando
el olor a comida quemada que llega desde la cocina,
el repiqueteo del mozo que nos trae las hamburguesas,
el final de la película de Pierot que encargamos al teléfono,
o la mirada abierta de unos hombres en la casa de al lado.

Cuando vuelves de resolver esos mínimos destrozos,
como me he estado alimentando en tu ausencia
con miel y recuerdos y revistas pornográficas,
no te dejo escapar, te desnudo completa,
hago de oso perezoso, me dejo sorprender con tu belleza,
me entretengo, mientras me cuentas pequeñeces,
en besar tu culo, tus piernas, la espalda de tu cara
que es estampa laica cargada de indulgencias.

Echados en la cama, me importa tres canciones
si el revuelto de sábanas
es producto de nuestro juego anterior o soy el loco
que cierra tu último capítulo de amor de este verano.

Me declaro, sin interrogatorios ni luces,
culpable capital de estar contigo, de ser tu saltimbanqui,
emperador de papel a cambio de sonrisas,
cómplice de todos tus hallazgos,
émulo de mi anterior excitación, y aplaudo con ganas tus jadeos,
me vuelco en tus desmayos, me creo que me quieres,
que soy el único que te consigue así,
entremezclando nuestros gritos con los ruidos de la calle,
subiendo sumiso, con tu favor, el próximo peldaño.

(Del libro Con algo suave, poema 3, Angel Manuel Arias, 1996)

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Conservo mi oficio juvenil, hacer del riesgo un placer de helados y limones

1 enero, 2015 By amarias Deja un comentario

I

Conservo mi oficio juvenil, hacer del riesgo un placer de helados y limones,
te explico mientras vamos cogidos de la mano,
levanto susurros de voces que dicen pero no se qué dicen,
quiero enseñarte qué bien, que lo domino,
oigo jaleo de movimientos confusos muy torpes
muy polutos pero que muy aparentes;
voy pisando pasado no pienso no perdono,
evoco un exorcismo de pasados comunes,
ordeno el alma donde en trampas soy más rico,
te advierto no detengas el paso, no hagas caso no persistas,
hasta que, cayendo a los hechizos, aprovechas un descuido,
y, entre besos, colocas en mis sábanas la inquieta pregunta,
qué es lo que deja el pasado entre las manos.

La explosión me rompe el cerebro en mil mitades,
trocea la ilusión, me mancha el traje blanco;
para cuando quieres rectificar, está todo perdido,
asomados al mar, entrelazados nuestros gritos y sus voces,
contemplamos cómo las respuestas
se hacen en tu cuerpo más preguntas,
naufragan las palabras en corchetes abiertos,
cáscaras de nueces con muñecos que agitan sus banderas,
galeones con flores que encallan en barrancos muy profundos,
rocas donde se astillan las balsas que parecen papel entre las olas
y en cada trozo forman nuevas respuestas imperfectas,
así que brotan ríos de ansias en tus manos,
se te hacen inciertas las piernas, tu vientre amado es un pozo de amargura,
mis labios son el lápiz rojo sangre de tu lengua callada.

(Del libro Sin herencia precisa, poema 2, 1992, Angel Manuel Arias)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, Conservo mi oficio juvenil, Sin herencia precisa

Dame esa noche mía, nuestra, que cada noche ronda por tu cuarto

31 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

abrazado a una ilusion

Dame esa noche mía, nuestra, que cada noche ronda por tu cuarto,
se sienta sobre la cama donde tú no puedes dormir,
te toca, te sacude con violenta emoción, te urge
y te susurra al oído palabras que te inquietan, dulces  presagios
de cosas que tardan en llegar, gestos nunca aprendidos
con que tus brazos y piernas amagan arañando el vacío…

Dame esa noche mía, antes de que el tiempo la haga inútil para  siempre,
la marchite como tú sabes qué, la enredadera
donde hundo mis manos como un lago nocturno iluminado.

Ofrécemela ya. Ni tú ni yo podemos esperar a que otras noches
se vayan malogrando, porque esta noche mía, nuestra, que cada día se forja
y tiende sus soledades en tu cama, alisa con suavidad tus  sábanas,
rebulle, emboza la riqueza que celosamente guardas, esa noche,
se rompe conmigo cada vez que me la recuerdas mañana.

(De Absueltos de todo don, KRK, 1989, Poema 23, Angel Manuel Arias)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: Absueltos de todo don, angel manuel arias, dame esa noche mia, KRK

Pueblan mi mundo desconocidos

30 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Pueblan mi mundo desconocidos,
concentrados en ignorar sin vivir.

Confabulados para acreditar que no existen,
sus rostros adustos fingen desprecio,
a pesar de mis síntomas,
porque yo sí los veo.

Cavo puntos de encuentro
entre nuestras calidades efímeras.

Pongo ejemplos: en este mismo vagón de metro
dos mujeres venidas de otra existencia están hablando de algo
que las hace reír. Sus miradas se hielan
al cruzarse la mía. No me importa lo vuestro,
explico, solo querría intercambiar unas sonrisas.

De pie, unos jóvenes negros escudriñan vacíos
con su carga de baratijas a la espalda:
soy como vosotros, musito,
también vendo falsificaciones y huyo de la policía.
Sin palabras, cambian de estación, aunque les entiendo:
temen que yo, cómplice, vaya a delatarles.

Hay más. Bellezas prematuramente asesinadas,
escapistas que lengüetean helados de absenta,
infantes ajenos disfrazados de piratas por sus tías,
fantasmas que piden limosna invocando estribillos.

Soporto  colgado del hombro a un impasible humano
que no quita ojo a lo que escribo
mientras me palpa buscando la cartera,
que llevo escondida a buen recaudo entre cuchillos,
consciente, como cada vez que salgo por ahí,
de que hay necesidades más urgentes que las mías.

Pero todo esto carecería de importancia;
de cuanto pasa a mi lado, eres tú quien me preocupa:
saber qué obtienes de ese juego que te absorbe la cabeza
mientras malgastas el tiempo que viajo contigo.

(De Poemas de encargo, nº 53, Angel Manuel Arias, junio 2009)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, poemas de encargo, Pueblan mi mundo desconocidos

Dadme un papel y un lápiz

29 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Dadme un papel y un lápiz
y dibujaré una estructura.

Tendrá forma de asa
y puertas, contenedores y ventanas.
Por los huecos abiertos
entrarán planes y alegrías
y saldrán, cestas bien colmadas.
como Pedro por su casa.

Los plazos se llenarán de calma
y del sosiego, crecerán más señas.

Señas de identidad, de cómplices,
de risas, gestos de amor,
por doquier, por las fisuras,
señales a favor, signos de gozo
y hasta en las ramas altas, tiendas.

Pondré luces de neón en el desván,
observatorio astrofísico en los sótanos.

Cada mañana, con gomas de borrar,
eliminaré huellas. Haré nuevos acopios
en direcciones prohibidas.

(De Poemas de Encargo, nº 54, Angel Manuel Arias, sept. 2009)

 

 

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Para empezar, aconsejo un caldo calentito

28 diciembre, 2014 By amarias 2 comentarios

Para empezar, aconsejo un caldo calentito
y por tropiezos, curruscos de pan y colas de marisco.
Si hubo mercado hoy, venga la sopa
con vegetales al huerto y en la crema de puerros,
encurtidos de almendras en sartén puestas al fuego.

De beber, se escusa un vino joven
para atemperar el estómago, a la espera
de las delicias que atesora la bodega
que domina para nosotros la guardesa.

Los calamares en su tinta ordenados con la nuestra
traigan por  compañía un arroz blanco
y hagan de preámbulo a carnes gobernadas
con buen saber, patatas cuadradillo.

Piénsolo mejor y estando a tiempo, me corrijo,
que la fabada sustituya, así haga frío o calor,
a cualquier otro entrante con ventaja, y sean morcillas,
los chorizos, el lacón, todo el compango,
de puercos criados en Belmonte, las Cangas o Tineo.

¿Las alubias? Para fabas de la vega,
tierras mejores son que otras, del Narcea.

Como segundos, depende. Si en el principio fue la carne,
sea ahora el verbo caldereta; y si merluza, la del pincho.
De quedar resquicio, hágase sitio a la chopa, al sargo,
al san pedro, y como éstos van solos a la sidra,
en concierto, a la estaca, plancha de sardinas.

Ya que faltó al comenzar, momento es de capones,
paletas de cordero, solomillos de culón y pitos tiernos de verbena,
pero si época fuera la de caza, no falten ni el jabalí ni las arceas,
como la perdiz a la poca penitencia, ni escápesenos vivo
del corzo un chuletón a los higos, confitados.

Antes de todo el pernil, -capto la alarma-, se habrá cambiado
el vino tinto nuevo por otro de cuerpo añoso: Somontano,
Rioja, Ribera de Duero, valen para el caso,
sin desdeñar un Toro con la capa reservada por Zamora
ni frascos con las espadas del Coster en su tesela.

Y si en la mesa quedaran hembras por seducir, entren en juego
la ruleta del clarete,  sírvanse cavas y espumosos,
giren los Rueda, tiéntese de blancos wurztraminer los paquetes,
pues, por respecto a Albariños, Sacros y celestiales Valmasías,
será mejor degustar en propia tierra, emparejados en sus plazas,
si se quiere a éstos gozar con gran provecho.

Condono por mi parte el postre, si bien dándoles gusto
a los que tengo por mis invitados a esta cena,  mando
ponerles a las damas delante algún pestiño;
que nos traigan, portándolo una moza, el Carmen de los dulces,
y entre conversación, risas, cuentos, tentaciones,
no habrá quien se resista a requiebros, a flanes,  cremas, quesos, polvorones,
al arroz con leche, a los elogios, bizcochos y cosquillas.
Si quieren tomar de más, tomen turrones, casadiellas, tartas, pescozones,
y exacerbando juntos motivos de pena y goce a golosos por diabéticos,
digo yo, que también, con pellizcos de monja, añadan tres profiteroles.

Dispongan, pues, hartándose de todo, los señores,
que para aposentar lo ingerido yo solo me contento
con un par de cafés y por rematar por lo alto la faena,
calentaré dos dedos de un coñá con más de diez
en  la solera de mi mano, cerrando el coso por hoy hasta mañana.

No acaba el goce ahí. Superado que haya sido el primer paso
del ejercicio a placer, pasaremos diligentes al segundo,
precipitándonos al éxtasis de dormir como mejor, acompañados.

(Poemas de encargo, Angel Manuel Arias, nov. 2009)

 

 

 

 

 

 

 

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Creo que sí, que claustro es la palabra

26 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Creo que sí, que claustro es la palabra
que buscaba; de gótico flamígero
y en su patio, un pozo con brocal de piedras berroqueñas
y naranjos en flor y aljibe con aguas irisadas;
los aleros, con gárgolas; las columnas, junto a cenefas,
escenas de calvarios, sátiros y ninfas practicando
goces prohibidos.

Ese patio,
rendido al atardecer con las luces y sombras del estío precoz
conducirá a través de secretas puertecillas,
provistas de aldabas de bronce y rejillas para secretos percolados,
a austeros refectorios donde ojos de núbiles gacelas
acecharán con temblores juveniles, atisbando
entre los huecos de sus manos delicadas y hermosas,
movimientos que solo en su imaginación cobran sentidos.

En ese claustro ahora vacío, irrumpe en un antojo
un jolgorio de mirlos, -para estruendo de vencejos,
con escándalo soez de las grajillas- y, violando los rezos,
unas risas se oyen, contenidas
en aleteos de pasos que rompen cristales a su vuelo,
y una madre sin hijos les reclama silencio
mientras cierra el pórtico de gloria
donde se recogen las siervas de lo altísimo
en busca de íntimo reposo.

nov. 2005

(Angel Manuel Arias, Poema 25 de los 82 Poemas de encargo)

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El primer poema de encargo lo escribí aquella noche

25 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

IX

El primer poema de encargo lo escribí aquella noche
en que por no ceder aunque la culpa era mía
me dejaste plantado en mi orgullo.

Si supiera escribir, rezongaste llorando,
mientras recogías intenciones,
bragas y deseos debajo de la cama.

Cuando te fuiste me miré en el espejo
y vi un rostro muy desorientado.

Salí del lugar para advertir que eras tú
la que se reproducía entre los pliegues,
llenaba los recovecos de mi imaginación,
pedía similitud en toda cara,
impidiéndome otro quehacer que el pensar a tu lado.

Solo con mi desazón, tus argumentos resurgían
provistos de mazo y sólido atractivo,
arrinconándolos, sin medirse, a los míos,
y un aroma de hembra enamorada
era el único adorno respetable
de esta pensión de mala suerte.

Así que tu vacío me ocupó todo el día,
comí lo poco que había en la heladera
y al hacerse de noche, aún espero
a que vuelvas, me perdones, que reincidas.

(Poemas de encargo, Angel Manuel Arias, abril 2005)

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Vuelven, tenaces

23 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Vuelven, tenaces,
conchas abandonadas por el mar
a las orillas.

Recuerdos muertos,
de los que hemos olvidado su razón,
flotan entre restos de naufragios
y, aunque los tiremos lejos,
valvas del corazón,
se acercan dóciles a lamer nuestros pies,
pidiendo que las llevemos a casa,
que las ensartemos a tiras
con el presente más austero.

(Con algo suave, Angel Manuel Arias, versión 1998)

 

 

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