Al socaire

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La sabiduría de la rana

20 febrero, 2016 By amarias 2 comentarios

Mis amigos coreanos Sebastián Kim y Maria Lee me regalaron, hace años, un libro de Ko Un: «Ananda, 108 poemas Zen». Editado por la Editorial Casariego y con prólogo de Jesús Ferrero, está firmado por el autor -una referencia indiscutible de las letras en Corea del Sur, nominado reiteradamente para el Premio Nobel de Literatura.

No es la literatura minimalista precisamente la que más me emociona: Mi forma de escribir -amante de la retórica y los adjetivos calificativos- está distante de la apariencia desnuda con la que los maestros budistas presentan ideas y pensamientos del tao.

Sin embargo, a partir de mis precarios conocimientos del idioma chino (y me persigue como un mantra lo que Sebastián me aconsejó cuando le comuniqué mi propósito de estudiar esa lengua, que temerariamente desatendí: «Aprende solo los grafismos y vocablos principales, porque nunca conseguirás dominarla») y una convicción apriorística de que todas las lenguas orientales se parecen conceptualmente, estoy seguro de que el problema está en la traducción. Los escritos chinos, como supongo sucede con los coreanos, admiten muchas interpretaciones a partir de los grafismos, y el lector cumple una misión de recreación a la que no estamos acostumbrados los lectores de escritos en lenguas occidentales.

Estoy ordenando, por implacable instrucción de mi mujer, los libros de mi desmañada biblioteca, y he ahí que apareció, camuflado en un lugar que no le correspondía, el libro de Ko Un. Navegué por sus páginas, renovando la curiosidad que me suscitaba la dedicatoria sensible de mis amigos: «en recuerdo de los muchos momentos que compartimos con vosotros durante el viaje por el sendero de la vida», y, a pesar de que deseaba encontrar algo que me inspirara o conmoviera fuertemente, volví a experimentar la sensación de que no estaban escritos para mí.

Pero en la página 85 leí esto: «El ermitaño Jang Ku-Song estaba cagando/ oyó croar a las ranas y recitó:/…/ El canto de las ranas en la noche de luna/al inicio de la primavera/ atraviesa todo el mundo de fin a fin/ convirtiéndonos en una sola familia./…/Hiciste tus necesidades, vete ya»

Un escalofrío me recorrió. Se entiende bien, desde luego, el mensaje. Al leerlo con más detenimiento, me detuve en la expresión «de fin a fin». ¿Por qué no «de principio a fin», como parecería correcto en el lenguaje habitual? Caí entonces en la cuenta de que Ko Un hace hablar a dos personajes: el ermitaño, lo hace desde su pretendida superioridad que le conduce a la creencia de que el mundo gira sobre si mismo, repitiéndose. La rana, lo hace como parte de la armonía cósmica, simplemente, existiendo.

Perdone el lector que no guste de las metáforas: resulta que encontré aplicación del poema a la situación política que estamos viviendo en España. Y si lo relee con atención, seguro que también halla sugerencias para otras aplicaciones.

 

Publicado en: Poesía, Sociedad Etiquetado como: budismo, Corea, Editorial casariago, ermitaño, Ko Un, Maria Lee, Sebastián Kim, zen

Qué voz de seductor, qué cánticos rasgados

21 junio, 2015 By amarias Deja un comentario

Apunte a lápiz y acuarela
Representando a Baco con aficionados (Apunte, 1994)

Qué voz de seductor, qué cánticos rasgados,
qué arias de agudos subidos que producen
emociones en fuerzas encontradas,
qué barullo la caza, van timbales y tiras de colores,
qué jaleo, jaurías.

Qué cauto cazador, qué astuto carnicero
capaz de apostarse días y noches al acecho
sin mover paz ni mano hasta el momento propicio,
y con disparo acertado y a la corta carrera
justificarse, templando de emoción, la larga espera,
herido el bicho, colmar el rito cobrando pieza.

Ya en sosiego,  con las presas abatidas torna al nido
y allí las despluma montaraz, desollando pellejos a destajo,
revelándose ahora experto cocinero
-capaz de prepararse un sápido condumio
con carnes, ajo, sal,  pizcas de iodo, tomillo y albahaca,
sin que los gritos y ayes de víctimas aún vitales
promuevan su perdón, (más bien  lo excitan),
que infortunio mayor no hay sino el suyo.

Desoyendo los aires de clemencia,
apartando con ansias de matar, entre las otras,
razones de prudencia y horror,
compartimos sus gestos, complacientes admitiendo
que amamos el oficio de verdugos, que potencialmente somos matarifes,
que nos bulle la sangre, que es música grata el fuego que crepita,
que, muerto el can, no hay prisas, que la rabia se ajusta,
y revolviendo las ascuas con tenazas bajo el trípode,
dejamos hacer al fuego, echamos grasa al hierro,
dorando la piel por igual por todos lados del trofeo.

Sórdido silencio de hiel con que ahora vuelca
el chamán el caldo , siguiendo detallados movimientos ancestrales,
en escudillas de brezo y,  a riesgo de quemarnos,
conseguido el color asado que los hace apetitosos, desmembramos
los sápidos despojos de las piezas que traiciono si digo,
que cazamos furtivos, caprichosos, esta misma mañana,
en la tierra de nadie que es futuro.

Mientras saciamos así los íntimos deseos de venganza,
devorando sin hambre, los hígados, cerebro, muslo, patas
chupando entrañas manchándonos las manos, alguien preguntará,
ajeno a este bullicio, señalando la culpa que ocultamos, el refajo,
por qué matamos inocentes, qué festejamos de haber logrado una victoria
sobre alguien tan débil,
por qué no arriesgamos a medir nuestras fuerzas sin ventajas
con piezas de un tamaño superior a nuestras ansias,
que sería la opción de vernos redimidos,
convertidos en la víctima siguiente.
(«Poco que contar», Poema V, @angelmanuelarias, 2005;
El dibujo lleva por título: «Representando a Baco con aficionados», Cuaderno de apuntes, 1994, @Angel  ManuelArias)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel arias, poemas, poesía, seductor

Hubo varios big bang

28 mayo, 2015 By amarias Deja un comentario

Con el argumento de que «no hay reloj sin relojero» y su adaptación más comercial de que «la prueba de la existencia de Dios la llevo en el bolsillo», Blaise Pascal (1623-1662) se ganó un sitio junto a Tomás de Aquino y otros ilustres especuladores cristianos, en los libros de Religión que estudiábamos en la asignatura de Religión, allá por la Edad de Piedra del agnosticismo, que sería la posición intelectual dominante en el siglo XXI.

Desde que comprendí que el análisis tensorial no estaba hecho para mis entendederas de filósofo aficionado, sigo con atención las conclusiones de los físicos teóricos respecto al origen del Universo, admirando su capacidad imaginativa para traducir al papel, con ininteligibles fórmulas y ecuaciones, los misterios que encierra tanto el complejo escenario que está al alcance -«con la puntita de los dedos»- de nuestros aparatos más sofisticados, como el que ni siquiera seríamos capaces de intuir.

Como nada me impide sacar mis propias elucubraciones de lo que ignoro, a base de mirar al cielo estrellado varias noches, cargado con decenas de cartas estelares y un telescopio para aficionados, he hecho a mi medida un traje empírico sobre la percepción del Cosmos, suponiendo que existieron varios big bang, en diferentes momentos, y que sus efectos han interferido y lo siguen haciendo, sobre lo que tenemos en nuestro marco de observación.

Me resulta duro admitir, sin esta hipótesis, que un solo desarrollo de energía hacia la materia, por muchos miles de millones de años que le pongamos por delante, desemboque en la complejidad de formas -constelaciones, nebulosas, agujeros negros- que abren millones de interrogantes por cada puerta de comprensión que intentamos cerrar.

Pero no es el universo físico, sea cual fuera su dimensión, lo que más me obsesiona (sin llegar, de momento, a la paranoia): es el universo metafísico, de una complejidad perceptible muy superior, a pesar de tener un campo de observación mucho más limitado que el otro. Me refiero al mundo de las ideas, de los pensamientos y especulaciones de que somos capaces los seres humanos, y que conforman, tanto en lo que expresamos como en lo que ocultamos en nuestra intimidad, y no digamos ya en lo que apenas si es esbozado por la mente en etapas subconscientes, un cosmos metafísico del que los filósofos más eminentes y los sicólogos más capaces no han conseguido siquiera localizar el equivalente a la estrella polar o a la cruz del sur.

En esos momentos de tranquilidad personal, sorbiendo a ratos de la taza de café que mantengo al alcance de la mano, y mientras escucho las cadencias creadas por alguno de los compositores que admiro, me pregunto si no han existido varios big bang metafísicos y nosotros, los seres humanos, en esa evolución que nos ha permitido manipular una parte ínfima de la materia y la energía y de la que formamos parte, somos también consecuencia de ello.

Así que la Humanidad, y cada uno de nosotros en particular, estamos sometidos a una doble dependencia. Como portadores de una entidad metafísica, formaríamos una pequeña constelación de inquietudes, en efímero dinamismo y cortísima existencia, a modo de mínima porción de estrellas en el espacio de las ideas, -brillando, apagándose, o ya muertas para la flecha del tiempo, que solo la conocemos yendo hacia lo desconocido.

Aún más, esa aparente exuberancia metafísica, de la que, desde nuestra nadería, podemos sentirnos a veces orgullosos, carece de observadores externos conocidos -que también puede que no existan, y que si existen, carezcan del menor interés hacia nosotros-. No tengo pascalina  que enseñar, ni argumentos que yo mismo pueda creerme para convencerme de que nuestra posición en el maremagnum de big bangs tenga otro sentido que vernos sometidos a cumplir una ecuación que nunca conseguiremos formular, ya que no podremos salir del campo de experimentación que nos proporciona el único material de análisis que escudriñamos con ansiedad, con instrumentos cada vez más complejos y que aderezamos, para digerirlo, con ecuaciones más y más ininteligibles.

 

 

Publicado en: Actualidad, Poesía, Religión Etiquetado como: big bang, cosmos, estrellas, maremagnum, Pascal, Tomás de Aquino

Tú y yo que apenas necesitamos las palabras

23 mayo, 2015 By amarias Deja un comentario

Tú y yo que apenas necesitamos las palabras
muchas veces,
porque son insuficientes, lentas, frágiles,
se escurren, introducen nuevos elementos escondidos,
tú y yo que ya tenemos tradición de querer para leernos el silencio,
interpretamos sueños, mezclamos realidad con mentiras,
y al llegar a ese punto en que la conversación prescinde de todo intermediario,
tenemos un acopio
de frases más sencillas, tiernas mensajeras de efectos  retardados,
aves cuyo sentido no se nos oculta, pero duerme.

Esas voces tuyas, mías, ciertas
como nosotros, que exigen existir, quieren vivencia
y no pueden crecer al margen nuestro,
se quedan retenidas no sé donde, ocultas,
y aparecen después llenando los resquicios,
atrasando los trabajos importantes,
los imprescindibles informes donde quemo mi vida,
y al destruir cosas tan inútiles, gatita,
testigos de tiempos más urgentes, me buscan,
me precipitan de nuevo hacia nosotros,
dejando al descubierto mi verdadera desgana antes oculta,
haciéndome perder una energía
que no puedo recuperar más que en tu boca.

@angelmanuelarias, del Libro «Absueltos de todo don», KRK, 1990 (Poema nº 25)

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: Absueltos de todo don, angel manuel arias, poemas

No faltará al saber mentar a perspicacia

10 abril, 2015 By amarias Deja un comentario

No faltará al saber mentar a perspicacia
para que cuantos pretendan un trabajo
un padrino  para pasar de desde a hacia,
busquen para salir del paro o del destajo.

Se sabe, en fin, que  la cúpula es reacia,
a facilitar el tránsito viniendo por abajo
pues por cruel tradición, antes  se sacia
vacante con un fiel, que del hatajo.

El infeliz achacará a su mala suerte,
no superar la prueba, que es obstáculo
que convierte su impulso en causa inerte,

pero si en lugar de ir de sonámbulo,
necesitando comer, mejor que muerte,
de tener que poner de su parte, ponga el culo.

(@angelmanuelarias, abril 2015)

Publicado en: Poesía

Que algo falla, seguro: la brújula no marca fiel el rumbo

9 abril, 2015 By amarias Deja un comentario

Que algo falla, seguro: la brújula no marca fiel el rumbo,
en el carcaj no van las flechas adecuadas para el arco,
o, para talla mortal, fines inmensos son cuantos abarco.
Si por audaz me aventuro, no solo es que no venza, es que sucumbo.

Así que, del amor desnortado, inerme,  hoy dando tumbos,
en océano convertido el paraje que ayer tuve por charco,
a cada paso temo entrar en largo viaje con un petate parco
y, caído al saltar, sirvan de mofa, viéndolos mojados, mis gayumbos.

Cruel es sentir que suponga un lastre, sin motivo, la destreza;
que sometida a castigo,  ceda, inapetente y ayuna de  bocado,
presa entre locura y razón, mancillada en dudas, mi cabeza.

Sin protección de los dioses, de poco servirá poner cuidado,
por lo que, viéndome así, compañera, no juzgues con dureza
que por no causarte más daño, prudente, te haga a un lado.

(@angelmanuelarias, abril 2015)

Versión corta del mismo poema:

Que algo falla, seguro: el fiel no marca el rumbo,
en el carcaj faltan flechas para el arco,
o, mortal, fines inmensos son cuantos abarco.
Si audaz aventuro, no venzo; es que sucumbo.

Del amor desnortado, inerme, dando tumbos,
por mar el paraje que ayer tuve por charco,
temo muy largo viaje para petate tan parco
y que, caído al saltar, se mojen mis gayumbos.

Sirve de lastre, cruel motivo, la destreza;
cede, inapetente y ayuna de  bocado,
mancillada en las dudas, mi cabeza.

Sin los dioses, de poco servirá poner cuidado,
por lo que, compañera, no juzgues con dureza
que por evitarte el daño, te haga a un lado.

(@angelmanuelarias, abril 2015)

Publicado en: Poesía

Encina enana que, obligada a existir, te aplicas cauta

6 abril, 2015 By amarias 2 comentarios

Gorriones  no pisar el cesped Alcazar Segovia

Encina enana que, obligada a existir, te aplicas cauta,
incapaz de ahondar ya tus raíces por el suelo,
-chaparro abrasado por la sed-, a imitar torpe del vuelo
los ritmos que a la alondra, hacen del cielo grácil nauta.

Ignoras acaso que tu esencia es árbol, y tu tronco, pauta
que rendirá por inútiles, vanos, cuantos devaneos
propongan otros caminos a tus ramas, reos
de los ritmos que les marca de natura, flauta.

Por ese empeño y celo, en tu apariencia encuentra
mi vida espejo e igual y, a su costado, en el reflejo hallo
consuelo y paz,  alientos sanos, aires impolutos.

Pues si, por fatal confusión, la mayoría hoy se concentra
en descubrir, gozosa,  en todo afán ajeno el fallo,
donde fracasos solo ve, recojo yo, sin ser más sabio, frutos.

(Dedicado a Rafael Ceballos, abril 2015 @angelmanuelarias)

Publicado en: Poesía

Trasplante total

22 marzo, 2015 By amarias Deja un comentario

Al morir donaron sus órganos
al vaivén de la noche marinera:
su brazo inmenso resultó perfecta
para adornar una mesa, las dos piernas
fueron a soportar una desgana
y cayó su cabeza sobre un bronco
que empezaba a claudicar, hecho unas trizas.

Se puso la destreza
en manos de una torpe estampa campesina
y cuando empezó a oler mal el tocino
arriesgando con su peste contaminar el corazón,
se lo injertaron como favor especial
a un delincuente, arrepentidos.

El estómago y la vesícula biliar
fueron implantados a un bebedor habitual,
y le hicieron la puñeta a un travestido
al incrustarle, contra su voluntad,
los atributos del percal por un antojo;
siguiendo la broma, la actriz principal se puso un ojo
allí donde los de verdad no se lo miran.

Después de repartir, el muerto al cabo
quedó a merced del cirujano
y, teniendo ganas de seguir, halló que uniendo
los restos de cortar,
las asaduras, sobras y despojos,
e incrustándole entre las masas un pepino,
daba para hacer tres locuras de atar,
así que, para colmo, cuando untaron
con su caspa unas mantecas, animosos
al ver que aún conservaba
algo de sabor,
con la misma boca de besar,
inflaron globos.

(Poema 6, «Trasplante total», del libro «Que nos proteja al caer», diciembre 1997, @angelmanuelarias)

 

Publicado en: Poesía

Me gusta oirte hablar de libertad

21 marzo, 2015 By amarias Deja un comentario

comiendo el fruto de la castaña

Me gusta oirte hablar de libertad,
aunque luego vas me dices
que no ocultas por principio
nada a nadie
porque tú, diáfana, pretendes ser un ánfora
de hechura cristalina, alondra sabia
sin nada que aprender, calma marina
con toda su carga al aire, joya expuesta,
desnuda de matices, comas y corchetes.

Te da la sensación, me cuentas luego,
de que los hombres de mi generación
somos muy torpes para coger al vuelo
sentidos a las cosas, perdemos como poco los papeles
en explicaciones y cantos de oropel, almas mimosas
con turbia imaginación que presumimos
de volver  mientras buscamos.

Tu verdad y la mía son falsas. Ambos aprendemos.

Pero tu situación es mejor,
más joven tu pereza, más pureza tu mente,
aprendes de mis fallos.

Alumna aventajada,
para este maestro de pueblo eres la número uno,
acerca hermoso tu triunfo al calor de mi cuerpo,
educa tu gozo pálido en mis curtidos sentidos
y obedece la experiencia vieja de un amigo:
abandona entender, deja a otras piernas
la carga fugaz del pensamiento.

(Poema 9 de «Sin herencia precisa», @angelmanuelarias, sin fecha)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, experiencia, libertad, me gusta oirte hablar de libertad, poemas, Sin herencia precisa

No voy a discutir la obviedad

20 marzo, 2015 By amarias Deja un comentario

DSC_0019

No voy a discutir la obviedad:
comparado contigo, soy un tipo aburrido.
Hace lustros que agoté mi confianza
aunque siempre estuve a punto de inventar algo definitivo.

Sigo creyéndome el mejor,
pero no me quedan ya cosas por decir:
repasándome, lo he dicho todo, Dios.
Con estas ganas no se puede salir a la calle,
me justifico mientras alzas la persiana
y pones de tu parte mesa y mantel a un nuevo día.

Así que me dejo vestir con el disfraz de los domingos
que de cuantos poseo es el que está menos usado
y dando algunos pasos me sorprendo
buscando entre las ganas de vivir algo que comer.

Estoy muy débil para convencer incluso a un partidario,
refunfuño, sostenido en la fuerza que derrochas
haciéndome creer en el valor de lo que hago
y hasta el aire que alborota mis canas me parece
hijo del impulso que nos hizo llegar hasta aquí.

Cuando me notas a punto de caer, desvelas el regalo
que traes en esa caja de juguetes: tu sonrisa,
la manera de entretener con trozos que pueden ser pasado
el momento en que otro como yo, con esta carga al hombro,
no tendría más remedio que estallar en semen o en sollozos.

No es solo eso, no; son muchas más las veces
en que alternando anécdotas con historias inventadas
-así eras tú, este árbol plantaste, la huella del jardín
pertenece sin duda a tu zapato- me conduces al futuro,
segura entre precipicios de ambos lados.

Bendita seas,
lazarillo lleno de voluntad que me salva paso a paso,
del riesgo de caer, ciego como voy, renco y muy feo,
en la zanja de tanta profundidad
que cruza de lado a lado, sin señales ni advertencias,
destrozándola por la mitad, mi propia calle.

(Poema 2 de «Poemas de encargo», @angelmanuelarias, octubre de 1998)

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, poemas, poemas de encargo

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