Al socaire

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César Pérez de Tudela habla de montaña y metafísica.

31 marzo, 2017 By amarias 1 comentario

La vida de César Pérez de Tudela parece una película. Nacido en 1940, los que éramos aún adolescentes cuando el escalaba montañas, y nos las explicaba, y las transformaba en espectáculo, le hemos convertido en un ídolo sin esfuerzo alguno. Era imposible no admirar a aquel atleta de relativamente corta estatura, que rivalizaba con éxito con gigantes austríacos, franceses o norteamericanos, dominando cumbres de aspecto terrorífico sin aparentar esfuerzo.

Pérez de Tudela es polifacético. Muy polifacético. Doctor en Derecho, periodista, notable dibujante, funcionario por oposición. Conferenciante, comunicador de excepción. Alpinista…

Hace unos dos años, cuando acompañaba a mi amigo Santos Castro a su enésima sesión de tratamiento de un cáncer que le llevaría -lamentablemente- a ser temprano habitante del país de los recuerdos, saludamos a César, que nos informó, con el tono de quien se va de excursión, que él también estaba combatiendo el tumor. «Hay que tomarse las cosas con poesía», nos dijo. Desapareció casi instantáneamente, por un recodo de un pasillo del hospital, con velocidad de una extra-humana.

El 30 de marzo de 2017, invitado por el Club Español de Medio Ambiente, y presentado por su director, mi colega Guillermo Koerting, César Pérez de Tudela impartió una de las mejores conferencias -interesantes, divertidas- que escuché en mi ya larga vida de asistente a actos de muy diversa factura. No se cuál era su título, aunque creo que eso era lo de menos. Nos expuso, con base en transparencias de escalada, algo de especial valor: los fundamentos de su actitud ante la vida.

Nos obsequió con decenas de frases que glosaban lo que significó y significa para él «ir a la montaña» que: «no era un hecho deportivo, sino más bien…descubrir su trasfondo poético, místico. Entender la soledad. La montaña es lo más simbólico del medio ambiente, y en ella veo la necesidad de afrontar la dificultad con optimismo, admirar la belleza, que está allí, sin duda, pero también, el drama, la tragedia de la vida» (trato de citar textualmente algunos de los párrafos introductorios de su charla)

Me gustaría hacer una completa reseña de lo que dijo y, sobre todo, recoger, cómo lo dijo. El conferenciante tiene 30 libros publicados y multitud de artículos, entrevistas y reseñas de sus actuaciones como alpinista y como polemista, de los que internet da cuenta suficiente para enterarse con detalle de muchas cosas de su vida y de cómo se la toma.

Yo me leí algunos de esos libros, y estaba preparado para no dejarme impresionar por su facilidad de palabra, su memoria para recordar hechos y anécdotas, e, incluso, para disfrutar con su lenguaje irónico, a veces mordaz, siempre inteligente.

Comenzó César citando a LeónFelipe, y a su libro «El ciervo». «Tengo una gran admiración por los poetas», se justificó (y citaría luego a varios, entre ellos, a Miguel Hernández y a Antonio Machado, cuyos libros le acompañaron, según confesó, en más de alguna escalada en solitario).

 

El conferenciante nos confesó que estaba escribiendo una «Teoría general del fracaso», porque es «más amigo de los que fracasan que de los triunfadores», a los que César eleva a la categoría de campeones: «La campeona es -en una carrera en la que el ganador oficial es el chaval de diecisiete años al que la naturaleza dotó de poder físico- la chica gordita que quedó la última, porque ella es la que tiene más mérito».

Entre fotografía y fotografía, con impresionantes momentos de escaladas – «no de los ocho mil, que son objetivos para jubilados dirigidos por sherpas- ; más difíciles sob muchos cuatro mil, con torres de 500 verticales, a los que se sube con cuerdas cortas y en cabeza de cordada»- fue desgranando una colección de frases memorables.

He aquí algunas:

«No arrastréis los pies, sino ponedlos en el sitio adecuado»

«No soy racionalista, soy alpinista; y como religioso que soy, soy metafísico»

«Se sube con la mayor elegancia que se pueda»

«En algunos casos, fui valiente. En aquellos tiempos, en la montaña había muerto mucha gente. Se decía que la muerte escala frente a los alpinistas»

«Siempre fui un estudioso de Ortega…» y «La hipocresía es fundamental para salir adelante en la vida»

«Sigo haciendo alpinismo, pero en declive…aunque el otro día subía con dos jóvenes, y el que llevaba las cuerdas era yo»

«Este soy yo» (se refería a una foto en la que la silueta era lejana y algo borrosa, contra una pared vertical), «porque me reconozco»

«Otros quizá hayan conseguido ma´s logros deportivos, pero a mí me gustan los logros humanos»

Después de contar la anécdota en la que ayudó a varias monjitas y a un sacerdote a subir al Angliru, y, en particular, a atravesar, una a una, atada a la cuerda, el llamado «paso de Mahoma». «Me di cuenta que todas llevaban zapatillas. Les dije: «Hay Dios, hermanas, pero no tanto».

«En la vida, cuando estás muy cansado, se come menos»

«Hace falta en la sociedad que la gente tenga narices » (Después de referirse a cómo se escapó de la clínica en la que le habían diagnosticado la amputación de las dos piernas, por gangrena gaseosa, y acudir al Dr. Martorell, «que sabía de congelación lo que no está escrito. Me dijo: «Las piernas se salvan, pero la nariz se pierde…Se equivocó, por suerte».

«Tengo la misma nariz que cuando era joven, pero hay que tener en cuenta que, con la edad, la nariz y las orejas crecen»

«El rey actual (del que fue monitor) aprendió que en la vida no hay que tener miedo y sí equilibrio·

Y, en fin, «La montaña es un peregrinaje»

Qué personaje, César Pérez de Tudela.

 

 


La foto es la de un verderón (chloris chloris) macho, con su vistoso plumaje de verano. Lleva en el pico algunos restos de lana con los que está completando su nido.

La caricatura de César la hice mientras atendía al conferenciante.

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Estado social en deterioro (2)

28 marzo, 2017 By amarias Deja un comentario

Parece un momento adecuado presentar la continuación a mi Comentario anterior, en el Día en que se conmemora la fundación de la Comunidad Económica Europea. Fue hace 60 años, el 25 de marzo de 1957.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces, tanto para aquella Europa reducida que tanteaba sus opciones de generar un mercado proteccionista como recurso para no volver a entrar en guerra, y esta Europa de hoy, que mastica el fracaso parcial del proyecto, justamente pocos años después de haber acariciado las mieles de un triunfo espectacular, como lo hubiera sido la unificación de (casi) toda la vieja Europa cristiana bajo el paraguas de una Constitución supranacional, progresista y ejemplar.

Que nos encontramos, desde una perspectiva global, en una situación compleja y cuya solución no es aparente, no lo duda nadie. Ideas que aparecían, a priori, no solo como interesantes, sino como realizables e impecablemente efectivas, han revelado, sobre todo, su lado problemático, como si el dios Jano hubiera tomado los mandos de la Humanidad.

La excepcional mejora de la productividad que aportó la automatización y la incorporación de materiales más resistentes y duraderos a la fabricación, ha generado inmensas bolsas de paro en sectores tradicionales que fueron claves para el desarrollo industrial y social. No nos engañemos: la disminución cuantitativa del factor trabajo en la producción, en detrimento del aumento de la importancia del capital (del gran capital), impulsado por decisiones que poco tienen que ver con la idea del desarrollo local, ha deslocalizado hacia países con mano de obra barata, recursos por explotar, potencialidad de crecimiento del consumo y reglamentación permisiva,  la parte del león de la producción de los bienes que vinculábamos al bienestar.

Las pérdidas de actividad que aún siguen generando -la resistencia a sucumbir apenas si mantiene rescoldos testimoniales- no se ha podido recuperar con nuevos sectores sustitutos, que exigen, además, un nivel de calidad, y de educación muy alto. La competencia por cualquier puesto de trabajo ha provocado, además, que el tiempo de formación individual no se corresponda con los niveles de remuneración conseguidos, incluso para la mayoría de los altamente cualificados.

Ni la siderurgia, ni la construcción naval, ni la fabricación metalmecánica, ni, por supuesto, la minería, han sido sustituidas por sectores equivalentes, ni en la generación de riqueza ni en la creación de empleo. Muchas comarcas y regiones que fueron boyantes han pasado a ser zonas en declive, con sus cadáveres industriales y sus tensiones sociales a la vista y empleos de baja calidad y alto riesgo de permanencia, pues derivan de decisiones de inversión oportunistas o concentradas en sectores de servicios de baja productividad (mercerías, bares, peluquerías, fruterías, tiendas de ocasión, etc.).

Las cifras no cuadran y, en efecto, parece que alguien se está comiendo el queso. El PIB mundial ha superado los 80 billones de dólares (con Estados Unidos, la Unión Europea pre-Brexit y China acaparando más de la mitad de esa cantidad), pero ese «vivimos mejor que antes» no tiene una cómoda lectura. Los hogares tienen televisiones más grandes, cualquiera dispone de uno o varios aparatos de intercambio de datos, y el endeudamiento de las familias ha crecido brutalmente, pero la globalización de los mercados no funciona como se creía.

Cierto que la globalización nunca alcanzó una forma madura, abierta -demasiados acuerdos bilaterales fallidos, muchas rémoras a la liberalización de los mercados, etc.-, aunque aparecía como una solución para superar las desigualdades nacionales y locales-. Por el contrario,  ha causado mayores desigualdades entre países, y ha sesgado, a nivel interior, en los países más desarrollados, la brecha entre empresas exportadoras y las enfocadas al mercado local. Sin contar, por otra parte, que la «exportación» deriva, en muchos casos, en la generación de trabajo y actividad en los países receptores

¿Estamos mejor informados a nivel individual para decidir cómo afrontar la crisis estructural? No. La potenciación de las comunicaciones y la eclosión de la difusión de la información, ha provocado, junto a indudables ventajas a algunos sectores, tensiones adicionales dentro de la sociedad líquida: intoxicación informativa, obsesiones ludópatas, generación de expectativas irrealizadbles o divulgación de noticias y hechos falsarios.

Naturalmente, un análisis neutral debiera poner de manifiesto que la nueva situación económica, la mejora del saber hacer y el incremento de información relevante, ha abierto magníficas perspectivas para la Humanidad, nunca imaginadas antes. Es, por tanto, lamentable y motivo de decepción grave el que no se estén aprovechando para mejorar la situación de los más débiles ni se sean consciente de que nos encontramos en un momento de gran inestabilidad.

Par quienes confían a ciegas en que la solución vendrá por sí sola, derivada del simple paso del tiempo, existe un ejemplo muy preocupante de la ausencia de un liderazgo mundial y de una voluntad de coordinar actuaciones colectivas que puedan redundar en beneficios o en soluciones globales.

El cambio climático es una realidad -amenazadora- que no se ha sabido abordar, a pesar de miles de reuniones, análisis y propuestas. Para muestra, como se suele decir, vale un botón. Es un ejemplo, que arrastrará consecuencias dramáticas, de la veleidad y desinterés con los que se tratan las cuestiones generales. Los buenos propósitos de la COOP de Paris 2016 no solo no se van a cumplir, sino que los dos grandes países -Estados Unidos y China- que estaban obligados a liderar el cumplimiento de los compromisos de reducción de la producción de gases con efecto invernadero, han dado prioridad oficial a intereses egoístas y al oscurantismo en la comunicación de sus verdaderas cifras de contaminación.

En relación con los mercados, siguen vigentes -aunque se podrían agudizar aún más las aristas- las objeciones que George Soros exponía en «La crisis del capitalismo global (1998): «Los fracasos del mecanismo de mercado son insignificantes frente al fracaso (…) de los intereses colectivos de la sociedad, los valores sociales que no se expresan a través de los mercados».

Los análisis teóricos (con base en ejemplos prácticos) de lo que nos está sucediendo, son muy convincentes para quienes no se dejen obnubilar por cantos de sirena adormecedores. Joseph E. Stiglitz, en «La gran brecha» (2015), en donde recopila una serie de artículos y reflexiones -algunos ya relativamente antiguos- glosa un mensaje sencillo, quizá aún más válido en una sociedad como la norteamericana, en donde los parámetros de lo que en Europa consideramos progresismo están más edulcorados: «Para crecer, gire a la izquierda».

Los países de la Unión Europea han hecho y siguen haciendo, lo contrario. Con una confusa, pero fiel, apoyatura en las ideas de Hayek, el economista que puso el mercado en el pedestal del dios más venerable, triunfa la tendencia a considerar que la competencia es la clave para conseguir el bienestar en una sociedad: la mejora del bien común sería el efecto misterioso de la integración de intereses particulares.

Cuando, volviendo la mirada a nuestro país, me detengo en la presentación del sinuoso debate para encontrar un líder para el maltrecho -y, en mi opinión, irrecuperable a la dimensión anterior- PSOE y, también, en la apropiación de las propuestas de la izquierda más agresiva y de las expectativas de la población más castigada por una élite académica que está realizando Podemos, no puedo por menos que preguntarme si no tenemos aquí a gentes capaces de analizar lo que deberíamos hacer para impulsar, de verdad, la creatividad, la generación de empleos estables, el impulso a actividades rentables pero, sobre todo, necesarias.

Porque no me interesa el espectáculo de ver cómo quienes pretenden conducirnos a las soluciones, nos desvían del camino para llevarnos a un lugar apartado en el que se empeñan que les contemplemos liándose a bofetadas, mientras el pulso económico, la motivación de la sociedad civil, las perspectivas de la sanidad, la realidad de la educación, el mantenimiento de las prestaciones sociales, la utilización de la fuerza y la ilusión de los jóvenes, la incorporación efectiva de la experiencia de los mayores aún fértiles,…van, aunque la inercia nos haga pensar momentáneamente otra cosa,  a la deriva.

(continuará)

 

 

 

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Estado social en deterioro (1)

22 marzo, 2017 By amarias 4 comentarios

La plataforma «Salvemos el Hospital Ramón y Cajal» ha convocado un encierro para el día de hoy, 22 de marzo de 2017, en el que están participando sanitarios, pacientes, vecinos y políticos de las formaciones que conforman la oposición al partido que gobierna en la Comunidad de Madrid, y que preside Cristina Cifuentes.

Soy uno de los pacientes en lista de espera para ser operados (somos más de 7.000) y tengo, además, información de primera mano -personal y directa- desde hace por lo menos dos años, sobre el deterioro de la gestión hospitalaria de Madrid. Una deriva acelerada hacia el caos y la amenaza de catástrofe que, como también he expresado en otras ocasiones públicamente, no tiene relación -al contrario- con el esfuerzo y dedicación del personal facultativo, sobre-solicitado por el déficit de plantillas, la reducción de medios, el deterioro del equipamiento y la deficiencia organizativa.

Las prestaciones sanitarias públicas son, sin duda, uno de los ejes principales del estado social que tenemos en España. Aunque impulsado desde «aquel» PSOE , fue asumido en continuidad por el PP, convertido así, también, en apoyo decidido del bienestar que es el verdadero logro de nuestra democracia.

Era. Porque todo se está resquebrajando, hasta límites insoportables.

Por supuesto, el ejemplo del Ramón y Cajal no es más que un síntoma del estado general de confusión y deterioro de la sanidad en España. Se achaca en las comunidades en las que gobierna el PP, a la cesión de privilegios y apoyo por subvenciones y componendas a las clínicas privadas. Puede. Lamentablemente, en las comunidades en las que no gobierna el PP, el deterioro es también real e importante.

Si nos referimos al sistema educativo, tanto a nivel universitario como en la formación profesional y a todos los otros niveles, la caída de calidad es también estrepitosa, y solo hace falta consultar para confirmar el panorama a los docentes más sinceros. Pero si se quiere contrastar la opinión con empresarios, profesionales antiguos y otros analistas y sufridores de la situación, están los lectores invitados a hacer pesquisas por su cuenta, sino tienen ya la información concreta.

El panorama político no permite mejorar las expectativas. Los representantes de los partidos están enzarzados en discutir cuestiones de detalle y no de concepto. Por ejemplo, comprendo bien que la cuestión de la corrupción y sus secuelas es un elemento de alcance mediático excepcional, y es lamentable lo que ha salido a la luz, y muy asqueroso lo que no saldrá nunca, pero tanto celo en poner la mierda sobre el tapete común no crea empleo ni actividad económica. Al contrario.

Tampoco la tremenda judicialización de la sociedad, en la que un poder de naturaleza excepcional, como son los jueces, ha tenido que asumir la primera línea de la revisión de los pecados y desviaciones de los demás poderes, debe ser visto con tranquilidad.

Puede que nuestro sistema judicial esté hecho para perseguir a ladrones de gallinas y no a tipos de cuello blanco que manejan las grandes cuentas de la economía, pero puedo asegurar que tener a algunos empresarios en la cárcel y amenazar a muchos otros con pasar por el banquillo no aumenta las perspectivas de inversión ni crea seguridad jurídica de la que importa al capital.

Si se me preguntara adónde vamos, tengo la respuesta preparada. No sabría decir hacia qué punto concreto, pero estoy convencido de que vamos a peor. Nuestra tremenda convulsión social y económica, faltos de ilusión y directrices compartidas, nos conduce a un deterioro mayor de nuestro estado social y de derecho.

Lamento ser tan pesimista, pero cada vez que oigo las opiniones expresadas por quienes estarían destinados a salvarnos del pozo en el que estamos sumidos, me pregunto de qué información disponen y qué ideas tienen para corregir el deterioro. Yo, que me muevo por el mundo real, veo que nuestra sociedad tiene, por momentos, cada vez más pepenadores.

Esta es la denominación que reciben quienes se dedican a rebuscar entre los desechos y la basura en muchos países de Latinoamérica. Y, en efecto,  también observo que ha crecido la exhibición de quienes se encuentran en la posición de despilfarrar. Son menos, pero ostentosos.

(continuará)

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Cómico o ridículo (22)

8 marzo, 2017 By amarias Deja un comentario

La siñaléctica, concebida, por supuesto, como elemento de apoyo a quien no conoce bien cómo conducirse por paisajes desconocidos, puede convertirse también en un tormento. Hay ciudades en las que las señales parecen dispuestas con la intención principal de despistar y conducen a lugares distintos de los que ostentan los carteles. Otras veces, los nombres de las poblaciones están tachados por alguna mano gamberra, o corregida su ortografía haciéndola ininteligible.

Yo presumo -con la boca pequeña- de orientarme bien por las poblaciones, lo cual es contradicho por múltiples ejemplos en los que me perdí, o me encontré dando vueltas sin rumbo con el coche, apareciendo, una y otra vez, en el mismo sitio.

Cuando nos encontrábamos de viaje fin de carrera de Minas en Polonia, algunos compañeros alquilaron un coche, con la intención de seguir viaje, independizándose del grupo, para conocer mejor el país y acercarse hasta Checoslovaquia. El precio del alquiler era muy bajo y dimos algunas vueltas por las cercanías de Cracovia, que celebraba un primero de mayo socialista.

Como no resultaba sencillo aparcar cerca del hotel, después de dejarnos en él a los expedicionarios, el conductor se fue, buscando una plaza libre por las cercanías. Volvió, algo cansado, comentando que, por fin, después de dar muchas vueltas, había conseguido encontrar un hueco donde dejar el coche, y que había anotado el nombre de la calle, en una hoja de papel que nos enseñó.

Fuimos varios los que leímos en voz alta la cuidadosa grafía: «ślepy zaułek». Significa «callejón sin salida» en polaco. Tardamos un par de horas en encontrar el vehículo, utilizando el método de barrer la zona por cuadrículas.

Algunos años más tarde, mi secretaria argentino-alemana, Melita, tomó la decisión de aprovechar las vacaciones de semana santa para visitar con su novio España, que no conocían. Como también los Arias nos desplazábamos a Asturias para visitar a la familia, y no había GPS por entonces, el joven enamorado, que era quien tenía carnet de conducir de la pareja, me preguntó si tendría inconveniente en que me siguiera con su auto, para no perderse.

Por supuesto, accedí de inmediato, acordando que pararíamos a tomar un café en una de las estaciones de servicio, pasado Lieja, que le señalé con una cruz en un mapa de carretera. El buen hombre debía haber sido prevenido de las posibilidades de perderse en el intrincado mundo de las autopistas centroeuropeas, porque, desde que salimos de Dusseldorf, se pegó a mi auto como una lapa.

Lieja era, por los años 80, una ciudad que merecía estar muy alto, junto a Lugo y otras poblaciones de ilustre memoria vial, en el catálogo de viejas glorias con indicadores de direcciones al buen tuntún. Me perdí, dí varias vueltas inútiles, volviendo prácticamente al mismo sitio, hasta, que por fin, logré salir del atolladero. El joven conductor me seguía, manteniendo con vocación de no separarse pasase lo que pasase, un metro de distancia escaso con el parachoques de mi vehículo.

Cuando nos detuvimos en la gasolinera acordada, salió del coche, sonriente: «Menos mal, Sr. Arias, que le seguíamos. Porque no hubiéramos podido salir de Lieja sin sus indicaciones…»

Me callé, porque en ciertos momentos, huelga abundar en explicaciones.

Explicaciones abundantes hubiera merecido la que fue, sin duda, la peor de las experiencias que vivimos en la antigua Yugoslavia. Habían pasado ya un par de años de estancia en Alemania y tenía una nueva secretaria, Biba, una mujer de excepcional inteligencia y profesionalidad (q.e.p.d.). Se empeñó en que pasáramos unos días en Croacia, su tierra natal, y concertó el viaje con los hoteles que mejor le pareció.

La única condición que le impuse era que, puesto que mi hermano Juan (aficionado al tennis) se incorporaría con su esposa a la excursión, debía cuidar que los establecimientos hoteleros dispusieran de pista al efecto.

Llegamos a Dubrovnik y el hotel no parecía mal. Era un edificio con aspecto de viejo castillo y, como llegamos al comienzo de la tarde, con la intención de disfrutar de un partidillo, mi hermano y yo dejamos a las esposas con la labor de vaciar las maletas y tomar posesión de los encantos del lugar, nos vestimos de corto, y bajamos a la cancha.

Qué decepción. La pista no era tal, sino una reproducción de un cráter lunar. La red estaba rota por todas partes y más parecía una red de pesca abandonada. Los bordes de la cancha estaban señalados con una cinta de carrocero, despegada cada medio metro y rota en cien lugares.

Volvimos a recepción, indignados, en donde ya nos esperaban nuestras esposas. La habitación estaba llena de cucarachas y en un estado de suciedad lamentable.

Ahorro los detalles. Llamé a mi descolocada secretaria que, inmediatamente, se puso en contacto con la agencia que, haciéndose de nuevas, se ofreció a compensarnos por el desaguisado. Saqué fotografías de las cucarachas, de tamaño descomunal, para reforzar la reclamación…pero pasamos la noche en vela, en la recepción del cochambroso hotelucho, porque todas las plazas de hoteles en Dubrovnic estaban ocupadas hasta el día siguiente.

No se al día de hoy si los dueños de la agencia yugoslava eran serbios o albano-kosovares, y el que la reserva hubiera sido realizada por una croata movilizó suspicacias, pero la experiencia nos puso en personales antecedentes de las tensiones que estaban a punto de explotar.

Al día siguiente, hicimos un paseo compensador por la vieja ciudad, que muy poco tiempo después vería muchos de sus históricos edificios destruidos por el impulso de barbarie y odio que parece ser, por desgracia, consustancial a los humanos.


La fotografía de pájaros en vuelo tiene especial intríngulis. Es preciso utilizar velocidades y aperturas de diafragma altas, por lo que la intensidad de luz ha de ser la conveniente: preferiblemente, la iluminación lateral de un atardecer luminoso.

Este gorrión macho acababa de saciar su apetito momentáneo con los brotes tiernos del níspero y lo capté justamente cuando se lanzaba al aire, tomando impulso con la pata izquierda en una de las hojas del árbol.

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Adela Cortina, Antonio Garrigues y la dinámica Knowsquare

3 febrero, 2017 By amarias Deja un comentario

 

El 31 de enero de 2017 tuvo lugar la entrega de los premios que concede la plataforma KnowSquare desde hace seis años. Esta invención de Juan Fernández-Aceytuno acumula ya diez años de existencia, con una trayectoria saludable y abierta. Se recuperó para el concreto acto, la Fundación Museo Lázaro Galdiano que, aunque de aforo claramente insuficiente para el número de miembros, amigos y simpatizantes -además de los responsables editoriales y galardonados- es un marco excelente para cualquier celebración, al que contagia de su encanto y trayectoria propias, que su directora, Elena Hernando, sabe potenciar con su elegancia discreta.

Se concedió el premio a la «Trayectoria divulgativa divulgativa ejemplar 2016» a la catedrática de Etica, Adela Cortina, que entusiasmó a los asistentes con una alocución, expuesta de memoria, simpática y, al tiempo, personal y profunda. «El cerebro humano -precisó- es un narrador de historias, no solo un procesador», y la autora de La ética mínima, apoyó que «la ética es rentable para las empresas a medio y largo plazo», para terminar recordando a Ortega: «El tigre no puede destigrarse, pero el hombre sí deshumanizarse».

Fue seleccionado como Libro del año de Empresa (Gestión empresarial), publicado en español, «Negociar lo imposible». de Deepak Malhotra. Malhotra es conocido por otros best sellers, entre los que destaca «Yo me he comido tu queso» (en inglés; I moved your cheese (2003), publicado en España también por Ed. Empresa Activa/Urano, 2011). Con un título elegido como respuesta a una obra ajena, «¿Quién se ha llevado mi queso?» (1998). de Spenser Johnson, el premiado ya abordaba la cuestión de salirse de los caminos trillados, potenciar la imaginación y las soluciones propias, distintas, no exploradas, en lugar de moverse por los laberintos mentales ajenos.

Se premió también a un colaborador de KS, el ingeniero industrial José Enebral, por un artículo publicado el 4 de abril de 2016, «Del liderazgo y conversación», en la que defiende la «importancia de comunicar sin incurrir en sobreactuaciones». Leído hasta el momento ya 2194 veces es una prueba de la amplia difusión que alcanzan las ideas expresadas en la web de esa atractiva forma de compartir ideas, soluciones, formación, ilusión y proyectos. (Enebral tiene 39 trabajos publicados, de los que varios superan las 15.000 lecturas).

El acto contó también con una participación ya consagrada como habitual, la de Antonio Garrigues que, con la fluidez con la que hace atractivos mensajes de apariencia sencilla, pero intensos, nos advirtió de que «lo de Trump no es, como muchos creen, el principio de una era, sino el final». Una reacción a la apertura en apoyo de la globalización, al compromiso social, a la preocupación por la mejora de las condiciones de los desfavorecidos, que representan Obama, el papa Francisco y otros líderes mundiales. Hay que estar preparados para resistir, porque vienen malos tiempos.


Un invierno con períodos cálidos ha propiciado que se estén formando ya algunas parejas de aves. Estos petirrojos, casi ocultos entre el follaje, preparan su nido, entre arrullos de mutua complacencia. A ratos, aunque especialmente al amanecer y ya en la oscurecida, con obstinada actitud, el macho advierte de su propósito de defender el territorio contra propios y extraños con cantos que resultan melodiosos e intensos.

La capacidad de camuflaje del petirrojo es sorprendente. Podemos escuchar sus trinos, sonando muy cerca de nuestra posición, y no conseguir verlo hasta que, de pronto, levanta un  corto vuelo hasta el murete, poste, valladar o espesura en donde se sentirá momentáneamente confortable para proseguir con su cantata.

 

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Cómico o ridículo (10)

1 febrero, 2017 By amarias 2 comentarios

Si dedicamos un tiempo a hacer repaso a nuestra existencia, surgirán multitud de episodios (algunos de los cuales creeríamos tener sepultados en el olvido) en los que fuimos protagonistas. No me refiero a momentos en los que asistimos a un espectáculo musical, político o deportivo junto a otros miles de individuos -siempre que no nos encontráramos en el escenario o en el terreno de juego y en tanto no hubiéramos tenido un papel destacable-. Descartemos, en fin, todos los momentos en que no tuvimos el foco de la atención de los demás puesto sobre nuestra acción, para bien o para mal.

No habiendo tenido relevancia pública en ninguna de las ocupaciones a las que entregué mi vida hasta hora, mis anécdotas son mínimas, Solo espero que estos relatos atraigan la atención, al menos, de los amigos, y sirvan de algún divertimento a quienes no me conocen.

Mis aficiones literarias me han proporcionado algunas satisfacciones -escasos premios y cariñosas palmadas en la espalda-, aunque también me atrajeron decepciones y, en estricto sentido, tampoco faltaron las que me pusieron en ridículo. Una de las más tempranas ocasiones de dejarme en cueros el orgullo tuvo como colaborador a Carlos Bousoño, poeta consagrado cuando yo andaba coronando mi adolescencia.

Como su hermano había sido compañero de estudios de mi padre y todos tres, amigos en su época, se me brindó la oportunidad de enviarle un librito de poemas que yo tenía terminado y que había titulado «Diversas intimaciones a las formas».  Dirigía por entonces, en dura competencia, una tertulia poética en Casa Noriega (Oviedo) en la que poetas, musas y sufridores oyentes leíamos/escuchaban versos propios y ajenos y nos calentábamos la imaginación con vino peleón y cacahuetes.

Sintiéndome espléndido para compartir tamaña ocasión de prestigiarnos, invité a Tomás Recio, Elías Escobar y José Antonio García Mallol, que también eran vates, a que incorporaran, a la mía, una selección de sus mejores poemas y, con una carta de acompañamiento y el conducto del otro Bousoño, le pedimos a D. Carlos que nos prologase aquella cosecha. Por supuesto, el escoger los versos que configurarían el libro nos llevó varias reuniones y discusiones acaloradas, hasta que el producto nos satisfizo, teniéndolo, sencillamente, por genial.

Al cabo de un mes, más o menos, me llegó una carta del vate mayor que, si bien venía dirigida a mi nombre, abrí en presencia de todos en Casa Noriega, y lei en alta voz,  con emoción contenida. El tono era amable, pero el contenido era inequívoco: no le habían gustado nada nuestras elucubraciones.

Y lo que más dolió a los frustrados letrados- y a mí, más por reflejo del resquemor ajeno – es que me dedicaba más líneas que a ningún otro para desmenuzar mis formas de poetizar, para concluir con un: «Si tú, Arias, tuvieras varios versos como los mejores de este librito, te diría Publica ya»… De los demás colegas, ni mayor mención.

Recuerdo haber contestado a vuela pluma con algunas insolencias, que no merecieron contestación y, aunque seguí escribiendo poesía -debo tener más de mil poemas escritos y once libros en barbecho-, solo publiqué uno: «Absueltos de todo don, diversas intimaciones a las formas». Aunque el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste adquirió toda la edición -más de mil ejemplares, para distribuirla entre sus colegiados, consiguiendo así mi permanente calificación como «el poeta»-, rescaté unos diez para dejárselos en depósito a María jesús Polledo, regente ilustrada de la librería que lleva su nombre, para que los pusiera en el escaparate a modo de tenderete captador de atención ajena y preparar una segunda edición que me lanzara al estrellato literario.

Nada más supe de  los diez libros. supongo que sepultados bajo los miles que se publican cada año. Sin embargo, la editorial KRK indica que el librillo está agotado, pero hay un ejemplar, «dedicado por el autor», que se vende en e-bay por ¡23 euros!. Si no tuviera cosas mejores en las que emplear mi dinero, lo compraría, solo para saber quién es el/la destinatario de la dedicatoria que puso tan alto precio a mi pluma.

En 2009, animado por la sencilla opción de publicar lo propio que concede Bubok, el invento empresarial de Angel María, publiqué en esa plataforma los 350 comentarios que habían formado parte de mi blog Al socaire, que tenían todos ellos como principio de su título la preposición «Sobre,,,», así que lo titulé: «Ensobrados». Si pensaba en un éxito literario abrumador, la realidad me hizo volver a la razón: se vendieron dos ejemplares. Uno, a mi hijo Miguel y otro, a mi amigo Pedro Pablo Iglesias.


Todo el mundo distingue a las cigüeñas y los niños de generaciones anteriores a la mía -ésta incluida- estábamos convencidos de que traían a los niños desde París, que era una ciudad alejada y, por tanto, misteriosa, en la que imaginábamos había un ejército de bebés y aves voladoras. Ahora resulta que las cigüeñas han abandonado ese trabajo que, aunque no estaba remunerado, les daba prestigio, para asentarse entre nosotros, ocupando a miles agujas de catedrales e iglesias, torres de castillos y palomares en ruinas, postes eléctricos y hasta árboles de envergadura.

Se alimentan de ranas, reptiles, moluscos, y residuos arrojados a los vertederos, en competencia, en este caso, con gaviotas y otras aves de regular tamaño. En el caso de los estercoleros denominados «controlados», las máquinas que recubren continuamente los desperdicios orgánicos con tierra solo les conceden unos minutos el acceso a la porquería que les sirve de alimento; pero, por fortuna para todos estos animales a quienes la civilización humana les ha dado categoría de «oportunistas», son muchos los estercoleros salvajes desparramados por la geografía, en los que pueden nutrirse y, en casos desgraciados, encontrar su fin atragantados con una bolsa de plástico o cortado su vuelo por un tendido eléctrico sin balizar.

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Cómico o ridículo (9)

26 enero, 2017 By amarias 2 comentarios

Algunas de las anécdotas que recuerdo en estos singulares Comentarios, tienen continuación, incluso estrambote. No pretendo con ello satisfacer curiosidad ajena, ni tampoco dar detalles que permitan (a quienes no fueron testigos) identificar a aquellos, salvo yo mismo, que pudieran ser sujeto de la comicidad o ridiculez que atribuyo a estos episodios.

La reclamación de la bobina caliente de acero de alta resistencia que efectuó Maraldi, no quedó, por supuesto, en la historieta del Hotel Crillon. Cuando estuvimos en la factoría de Ravena se nos ofreció el penoso espectáculo de una bobina despanzurrada sobre la cinta transportadora que alimentaba la soldadora automática. Los italianos, con la aparatosidad verbal que les caracteriza cuando les apetece el teatro, afirmaban que las inclusiones de los bordes de la banda laminada generaban grietas que debilitaban el cordón soldado, y que impedían que se estabilizara.

-Chorradas, dije, muy seguro de mí. Como no sabía cómo expresarlo en italiano, precisé: «Ma che cosa? Tuto questo mi sembra impossibile, escogitato, »

Me sacaron un aparato del año la pera que parecía haber sido un detector de ultrasonidos, de marca para mi desconocida, y un fulano con cara de estar haciendo una comedia, me invitó a escuchar un retorno que, por la altura del tono y la variedad de interferencias, podría pasar por un ensayo frustrado de Stravinsky.

Como Cristo entre los apóstoles, anuncié que no le daba ninguna credibilidad al aparato, y que, en una semana, volvería con nuestro equipo y el análisis de las muestras de la bobina que había solicitado que me preparasen, pidiendo al responsable del laboratorio (un quimico que parecía el único realmente técnino del grupo italiano) que se quedara con la suya, para contraste. Pedimos registrar en un acta los acuerdos, y los amigos de Maraldi nos dijeron que no era posible, porque, dada la hora, todas las secretarias se habìan marchado.

-Sin problema, enuncie con mis insolentes veintiocho años. -Yo escribo a máquina muy bien.

-Ma, tieni presente que il certificato de questo appuntamento devra esere compilato in italiano.

-Escríbanmelo a mano, y yo lo copio a máquina, -repuse.

La sorpresa siguiente fue que todas las máquinas de escribir estaban en cuartos cerrados con llave, salvo la que encontré en una especie de despensa que tenía el carro estropeado. Así que, mordiéndome los dientes, y con la vista de todos los demás de ambas comitivas calentándome el cogote, pasé a limpio (con algunos errores mecanográficos) el acta de la reunión.Fue entonces cuando el jefe de laboratorio se me acercó, me dio un apretón de manos, y me dijo la frase que no he olvidado:

-Lei é bravo, eh?

La parte cómica de la anécdota la protagonizamos el analista de laboratorio de Ensidesa (un tipo excepcional, del que en este momento no recuerdo su nombre) y yo, a la  mañana siguiente, cargando con el pesado aparato de ultrasonidos -imagine el lector pasar las aduanas, llevarlo en brazos al avión y cargar con él en el asiento, para que no se estropeara, etc- y , finalmente, hicimos el ensayo y demostramos que la bobina era de la calidad correcta.

—

La foto es la de un picogordo bebiendo en un arroyo. Es un ave más bien robusta, que se alimenta de semillas duras, a las que abre con su pico. Aquí deja ver su trasero, que evidencia una de sus carfacterísticas diferenciales: una cola corta, con la punta blanca, y un bajo vientre pálido. Con este pájaro he llegado casi a hacer amistad, si es que puede hablarse de tal confianza entre dos especies tan diferentes

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Cómico o ridículo (8)

23 enero, 2017 By amarias 2 comentarios

El 26 de abril de 1986 nos encontrábamos en Italia, mi admirado colega Héctor García Rodríguez y un servidor, junto con nuestras esposas. El inquieto Héctor tenía en mente montar una empresa de fabricación de postes de fibra de vidrio reforzada y había preparado un viaje técnico-recreativo.

Ese día tuvo lugar el mayor desastre nuclear en tiempo de paz de la era moderna. El núcleo del reactor de la central de Chernobyl, por un error de funcionamiento aún no del todo explicado, explotó, causando decenas de muertos. Una nube tóxica y radioactiva emergió de la planta, creando alarma internacional porque se temía su propagación por toda Europa. Los periódicos del día siguiente tenían un tono apocalíptico.

Estábamos ya de vuelta de la misión prospectiva, y Héctor y yo nos paseábamos por Ventimiglia. El mercado de abastos estaba prácticamente vacío de compradores, aunque los comerciantes, presentaban sus mercancías como de costumbre. Había muy buen material.

Nos llamaron la atención unas fresas con aspecto apetitoso irresistible. Sin embargo, los periódicos advertían, en particular, del peligro de la ingesta de verduras y frutas, que los expertos consultados a la trágala estimaban como especialmente sensibles a la radioactividad.

«¿A cómo las vende?», preguntamos. «Prendere quanti volete, per favore», nos indicó el desolado vendedor.

Nos miramos. -«¿De dónde son estas fresas?» -se nos ocurrió indagar.

-¿Da dove viene gli fragoli? Sono da qui stesso. Da dove si no?»

-Pues nos las llevamos todas -dijo Héctor, le dimos unas liras y cargamos con la caja.

Nuestras mujeres no quisieron probar la fruta, pero nosotros nos pusimos morados. Reconozco que yo no había tenido la menor preocupación respecto a la radioactividad ni la nube tóxica, y solo me guiaba la gula ante una de mis frutas favoritas. Pero Héctor tenía una explicación, aparentemente rigurosa, que me prometió dar. Solo me aconsejó: «Date prisa».

Cuando acabamos la última de las fresas, me dijo:

-Seguro que hiciste el mismo cálculo que yo, La hora que los periódicos indicaban como momento de la explosión era la una y media de la madrugada. Son ahora las once de la la mañana del día siguiente: han pasado diez horas. Chernóbil está a unos 1.700 km de aquí y la previsión del tiempo en esta zona de Europa es «viento leve», según he leído también. Es decir, unos 10 km/h. máximo. Así que la nube radioactiva, si es que ha de llegar, tardará 17 horas en llegar hasta aquí.»

Le miré, de hito en hito. «¿Hablas en serio?». Dejando la caja en un contenedor, me devolvió la pregunta con otra. «¿Qué te parece?»

«Yo las hubiera lavado antes de comerlas», dijo una de las chicas. Y sería por la tensión emocional o por las bacterias, tardé un par de días en librarme de la colitis.

Una de las aventuras más apasionantes de mi vida empresarial fue cuando me decidí a comprar un restaurante. Tengo contado el núcleo de la cuestión en mi libro «Cómo no montar un restaurante», y está colocado en internet, en abierto. Pero muchos detalles no tuvieron sitio en él.

Un restaurante, como saben bien quienes tratan de sacar adelante este tipo de negocio, es la acción empresarial más dificultosa que existe. Tienes que luchar, y a diario, con proveedores, personal, variación de precios, financiación, búsqueda y fidelización de clientela, deterioro de mercancía, etc. No es fácil vencer.

En mi experiencia, lo más duro fue conseguir un equipo mínimamente estable. Mi mujer estaba diariamente al pie del cañón, pero algunas noches yo tomaba el relevo para que pudiera descansar algo. Una vez, al llegar al local, me encontré a la puerta con el maître que teníamos en aquel momento, completamente borracho, con una botella de Moet Chandon en la mano.

Estaba sirviendo copas a los clientes, tambaleándose de mesa en mesa.

-¿Me puede decir qué c… está haciendo Vd?

Me contestó con esfuerzo, con una cara de satisfacción infantiloide: «Es mi cumpleaños».

Le agarré por el brazo y lo saqué de la sala. «Lo que va a hacer Vd. de inmediato es irse para casa, y mañana hablaremos. Yo me quedo en la sala».

Trataba de zafarse, pero no lo solté, y lo conduje hasta la puerta de servicio. «Váyase tranquilo. Descanse la mona. Hasta mañana». El personal de cocina se echaba miradas de reojo, pero no dijo nada. Yo me volví a la sala, y traté de enmendar la situación como pude. A los diez minutos, reapareció el maître por la puerta principal.

-¡Se por qué lo ha hecho! ¡Vd. me quiere mandar a casa porque soy gay! ¡Eso es algo contra la ley! ¡Le denunciaré!

No se atrevió a entrar, por lo que, aunque gritaba, el ruido de la sala aisló sus palabras, que solo me llegaron a mí, que estaba cerca de la puerta. Tuve que hacer el teatro de llamar a la policía y, como esperaba, al oirme aparentar que pedía por el  móvil que enviasen a algún número, el empleado desapareció.

Al día siguiente, mi empleado estaba en el restaurante, cuando me pasé a primera hora para organizar la jornada con mi esposa. Aparentemente sobrio, y compungido. Tenía en una repisa una taza de café cuyo líquido sorbía con nerviosismo.

-Me arrepiento muchísimo. No volverá a pasar -me balbució.

María Jesús cogió la taza, la olió, y probó un poco. Era puro coñac.

-Puede que no le vuelva a pasar. Pero donde no va a pasar, seguro, es en nuestro restaurante. Hemos preparado su finiquito y, como confiamos en que se rehabilite de su alcoholemia, le daremos las referencias habituales-le dije, entregándole un sobre con el dinero y un papel en el que expresaba, «para quien estuviera interesado, que Fulano de Tal tuvo, en el corto tiempo que había estado con nosotros, el comportamiento que cabría esperar».

Firmó y se fue de nuestra vida para siempre. Espero que le vaya bien. Las dos o tres botellas de Moet Chandon que guardábamos habitualmente en la fresquera, habían desaparecido la noche anterior, junto con la memoria general de los detalles del suceso.


Estoy orgulloso de esta foto, que es producto, no de mi genialidad , sino de la oportunidad. El pito real me estuvo observando unos instantes y luego, se elevó desde el suelo, cobrando impulso con el rápido batir de sus robustas alas, hasta lo más alto del árbol que encontró cercano.

Cuántas veces la oportunidad vence a la preparación. Y cuántas más, la oportunidad nos sorprende sin estar preparados.

Publicado en: Actualidad, Sin categoría, Sociedad

Trump, la película: Se rueda en directo sin guión

21 enero, 2017 By amarias Deja un comentario

Cuando la Sra. Trump (Melania) le encasquetó un misterioso paquete plano, envuelto en papel azul clarito, en el que se adivinaba la pegatina de Tiffany&Associates, a una sorprendida Michelle Obama, justo cuando empezaba la ceremonia oficial del traspaso de poderes en la Casa Blanca, recordé que hacía algunos años, en una librería de Washington, había tenido un libro del nuevo Presidente en mis manos.

Estaba haciendo tiempo antes de dirigirme al aeropuerto, y ví que en uno de los expositores se presentaba un libro: «How to Get Rich» («Cómo hacerse rico») y estaba escrito por Donald Trump, un tipo con un tupé ridículo. Curioseé algunas páginas, y lo volví a dejar en el mismo lugar. No me pareció interesante y el pretencioso título estaba solo destinado a llamar la atención de ingenuos que no tienen la más remota idea de cómo funciona ésto. «Esto» es/era, por supuesto, el mundo de los negocios, lo que sostiene la estructura del capitalismo.

Por supuesto, nadie en su sano juicio podría pretender hacerse rico con aquellos consejos de chicha y nabo -que no tenían nada que ver, a buen seguro, con las trampas, acuerdos y tropelías que habían permitido al autor amasar su fortuna, presentados ahora en formato de autoayuda para crédulos sin suficiente dinero o ganas para pagar al psicoanalista. La cuestión, además, no estaba para mí en el cómo, sino en el para qué.

Los Trump no solamente habían pasado por alto el protocolo oficial del acto, sino que la entrega pública de un regalo de presunto alto valor (¿dos mil euros?) a la aún primera dama, implicaba la propuesta de una vulneración inexplicable de la rígida normativa sobre la aceptación de regalos por parte de funcionarios del Gobierno de los Estados.

Me sumergí, pues, en internet, aún con la imagen mental de la desconcertada Michelle no sabiendo qué hacer con el paquetito, que le acabó siendo delicadamente arrebatado por Barak, con rostro de contrariedad, para entregárselo a algún funcionario emergido de las sombras de la White House. Buscaba información sobre el libro, sobre el que habrían pasado más de diez años.

Entre muchas, me quedo ahora con una frase: «I am the creator of my own comic book, and I love living in it. If you’re going to think, think big. If you’re going to live, live large.» («Soy el creativo de mi propio libro de historietas, y me gusta vivir en él. Si tienes que pensar, piensa en grande. Si tienes que vivir, vive a lo grande») (1)

Esta confesión de Trump la detecto como sincera y sigue, por tanto, vigente para aproximarnos a su personalidad.

Como Presidente de los Estados Unidos, garantiza cuatro años de incoherencia verbal externa, pero no me dejo engañar. No tengo la menor duda de que el entramado de capital e intereses que se mueve detrás (y delante) del presidente del país más poderoso (aún) de la Tierra, se esforzarán en hacer las cosas bien… para ellos. Las sospechas se concretarán, por tanto. Se potenciarán las empresas de fabricación de armas, los beneficios a costa de proteccionismo y mejora de productividad sin que el ambiente sea un hándicap, se tratará de controlar el expansionismo chino con aranceles y limitaciones al libre comercio).

No quiero parecer acomodaticio ni, aún menos, estúpido, si afirmo que, para el mundo occidental no será malo, si deja que el juego se lo hagan otros: porque si el armamento fabricado en USA no se compra por los Europeos (por ejemplo) y se utilizan en países miserables cuyos dirigentes se empeñan en matarse, o acaban siendo destruidas en un crematorio o enterradas a kilómetros de profundidad, es cierto que las empresas del sector norteamericanas serán más ricas y los países pobres, más pobres, pero aquí podríamos seguir dedicándonos a mejorar nuestra educación y nuestra tecnología pacífica. Que también suponga poner en marcha un sistema autónomo de defensa común, más independiente de la OTAN.

Ni siquiera me preocuparía porque los chinos se ocuparan de mejorar su propio nivel de vida explotando sus recursos sin empeñarse en vendernos mercancías deterioradas o fabricadas con la técnica del tente mientras cobro, y aprovecháramos para mejorar nuestra competitividad entre europeos, defendiendo la calidad, la fiabilidad y la durabilidad, y renegociando el Brexit con solvencia y visión de futuro, no con lamentos de cocodrilo.

Y, ya puesto a ser pragmático: ¿de qué nos ha valido defender el cuidado ambiental, reduciendo el consumo de hidrocarburos y pagando más por las energías limpias, salvo para reducir nuestra capacidad de exportación y eliminar la viabilidad de empresas y provocar desempleo? ¡Seguimos necesitando un modelo propio de crecimiento para Europa!

Obama, aunque desde la perspectiva europea (bienintencionada) lo estaba haciendo bien, había reducido el desempleo norteamericano, mejorado a límites no alcanzados la imagen exterior de Estados Unidos, aumentado las prestaciones sociales, etc., en realidad, estaba siendo criticado duramente por el sistema. Había ido demasiado lejos.

Era necesario impulsar a un cómico al puesto de primer mandatario, para que el público se entretuviera, los media hablaran de él, todos especuláramos sobre sus planteamientos. Pero el Gran Cuco canta en un lado y pone sus huevos en otro sitio. Y no tiene corazón, solo devora. Apartémonos, please.

——-

(1) Hay otras muchas, igualmente reflejo del escaso poder que su autor da a la coherencia. Parece Trump estar divertido sumergido en la ironía burda y en la desfachatez insolente. Más que un libro de consejos, se diría que se trata de un libro de pasatiempos, escrito por un cómico: «If You Have Them by the Balls, Their Hearts and Minds Will Follow. Most negotiations should proceed calmly, rather than in a hostile manner. However, sometimes a negotiation works best after a few screams and some table pounding.»(«Si los tienes cogidos por los güebos, les seguirán sus corazones y mentes. La mayoría de las negociaciones se deberían desarrollar de forma tranquila, en lugar de hostil. Sin embargo, a veces, una negociación va mejor después de algunos gritos y puñetazos sobre la mesa»)

Tampoco está mal esta confesión: «Era una joya alemana, una joya alemana suertuda, que estaba de liquidación con algunos banqueros comprensivos que se empeñaban en hacer conmigo en trato justo. ¿Quién necesita saber detalles concretos si puedes explicar salirte de una deuda de 9,2 mil millones de dólares con  elocuencia? «( «I was a schmuck, but I was a lucky schmuck, and I wound up dealing with some understanding bankers who worked out a fair deal.» Who needs exact details when you can explain getting out of a $9.2 billion debt with such simple eloquence?». )

Publicado en: Actualidad, Sin categoría Etiquetado como: presidente, Trump

Jisei de la democracia representativa

19 enero, 2017 By amarias Deja un comentario

Democracia, sí,
pero esa impostora
que ya se vaya.

Para quienes no estén impuestos en el apasionante mundo de los haiku (que, en español, está admitido que son breves poemas de tres versos, con cinco, siete y cinco silabas), les ilustraré que un jisei es el ultimo haiku, el que se ha escrito antes de que allegue la muerte. Aquí me refiero a la democracia representativa, que, como es un ente inanimado y no posee capacidad para escribir, le pongo yo la voz y lo explico.

Tengo varias razones para defender que debíamos reflexionar sobre las formas en las que tomamos decisiones relevantes en las colectividades humanas. En las Asociaciones, en los Colegios profesionales, en los sindicatos, en los Comités de empresa,…pero, y sobre todo, en los partidos políticos y, aún más grave, en las elecciones generales para designar a nuestros  representantes en los Parlamentos y, en consecuencia, en el Gobierno.

Los procedimientos ideados son diversos, según entidades y Estados. Todos pretenden conducir, en los países que se definen como regidos por la democracia, a instrumentalizar un ente oscuro, por su carácter acomodaticio a las veleidades de los que tienen la sartén por el mango, al que se llama «democracia representativa».

Sobre el papel, el procedimiento tipo es atractivo. Consiste en la voluntad de selección de los más idóneos para los cargos que deben cubrirse, aunque, admitiendo que el número de electores es excesivo, se prefiere ofrecerles una lista, abierta o cerrada (en el fondo, da casi lo mismo), para que manifiesten, sobre ella, sus preferencias. Estos elegidos se convertirán en electores de quienes representarán, concluido el proceso, a la totalidad de los que se verán afectados.

Las interferencias sobre la bondad del procedimiento aparecen en un doble o triple sentido. Ante todo, debe considerarse el factor tiempo, trascurrido desde que los electores de primer nivel han votado a sus representantes, y estos eligen, normalmente entre ellos (aunque no siempre), a quienes asumirán los cargos de responsabilidad, y, por fin, el que corresponda a la asunción por estos últimos de sus puestos de gobierno.

Las interferencias mayores se encuentran en el proceso mismo. Por una parte, no todos los electores van a votar, y la abstención cumple, por tanto, una función determinante. Un número no despreciable de votantes, harán, voluntaria o inconscientemente, que su voto sea nulo o votarán en blanco. Y una mayoría indetectable de votantes, votarán con insuficiente conocimiento de lo que votan, de a quienes votan y, para colmo, no tendrán control posterior sobre el cumplimiento de los programas y de los objetivos, en caso de que éstos se hayan puesto de manifiesto en el proceso electoral,

Pero es que, por parte de los postulantes a electores «representativos», las deformaciones del proceso son tremendas. En múltiples casos, se desconoce cómo postularse para elector; en otros, en no menor en número, los electores son nombrados por los órganos preexistentes de las asociaciones, corporaciones o partidos, (que puede hayan llegado hasta allí por fórmulas nada democráticas) de forma caprichosa, misteriosa o nepótica.

Que no hemos encontrado la fórmula ideal, es evidente, Los ejemplos llueven y nos limitamos a echarnos las manos a la cabeza. Los lindes entre una democracia orgánica -que es abominada en todos los libros de texto- y una representativa, son muy confusos. Como es sabido, la orgánica, de la que en España hemos sufrido un modelo paradigmático durante la dictadura franquista, la representación del pueblo llano se realiza por medio de órganos de decisión delegada, sin que se consulte a la población en ningún caso de forma directa.

Sin embargo, ¿qué añade de nuevo el parlamentarismo o los partidos políticos, si su formación está viciada de origen, o si ese pueblo llano se desvincula mayoritaria o significativamente del proceso? ¿Cómo detectar los vicios en la selección si los votantes carecen de información o conocimientos suficientes sobre lo que votan y sus efectos?

La designación del presidente del país con mayor poder -económico y militar- del mundo, ha conducido en el momento en que esto escribo, a la selección de una personalidad, Donald Trump, que parece surgida de una pesadilla. Fruto de una campaña mediática, pero aberrante, en favor de una personalidad bullanguera y provocadora, hecha popular, pero desligada de la defensa de los valores que el núcleo sensible de la sociedad concienciada y abierta viene defendiendo.

En España, la actual situación, tanto en el Gobierno del país, como en el interior de sus partidos más relevantes, plantea también serias dudas acerca de cómo estamos eligiendo a nuestros representantes y, por ende, a nuestros gobiernos. Las formaciones políticas, incluso las más recientemente constituidas, padecen crisis que provienen, no de la discusión de sus propuestas de mejora de la generalidad, sino, por lo visto y oído, de personalismos y tensiones de poder surgidas en su seno.

La falta de interés general por la política tiene consecuencias deplorables. Una gran mayoría vota sin atención a los programas, sin vocación ideológica, basándose en cuestiones irrelevantes, como puede ser el aspecto físico de los candidatos a presidente de gobierno, la costumbre, la improvisación. El votante medio, como han evidenciado las encuestas, está mejor enterado de los pormenores de la vida de un cantante, un futbolista o un actor distinguido por los media, que de lo que cree necesario para mejorar el empleo, el bienestar o la igualdad social.

Traslademos esta penosa apreciación a casi todos los ámbitos. La inmensa mayoría de los puestos en los sindicatos, colegios profesionales, comités, se designan porque solo se ha presentado un candidato, o por designación digital, sin programa de actuación alguno. Se eligen por aclamación, esto es, por ausencia de alternativa. Los equipos de gobierno y asesores de las Administraciones -locales, regionales o centrales- se nombran, en esa tónica de comportamientos viciosos, siguiendo misteriosos procedimientos, en los que no priman los conocimientos, sino las amistades, las relaciones con terceros, la oportunidad, la posibilidad de lucro o beneficio de grupos.

Vuelvo al principio. Hay que replantearse la democracia representativa, para que se aumente de forma clave la participación de los electores y el compromiso de los elegidos. Para que resulten elegidos, en fin, los mejores. Para que todos los que voten sepan qué votan y por qué. Y para que todos los que deban votar, lo hagan, con la consciencia de que están ejerciendo un derecho sustancial para la comunidad, no un trámite sin consecuencias para ellos.


El dibujo con el que ilustro este Comentario es una interpretación libre de una de mis nietas de lo que entiende por «democracia representativa». Tenía tres años su autora cuando plasmó el reto de su abuelo, no explicado con detalle adicional alguno (si hubiera sido necesario), de que dibujara lo que le sugerían esas, para ella, como para muchos, enigmáticas palabras.

Publicado en: Actualidad, Cuentos y otras creaciones literarias, Sin categoría Etiquetado como: democracia, Donald Trump, electores, gobierno parlamento, orgánica, partidos, presidente, representativa, votación

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