Al socaire

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Una propuesta de transición energética arriesgada

16 julio, 2019 By amarias Deja un comentario

La revista ENTIBA, que publica el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste de España, y de la que tengo el honor de escribir los Editoriales desde hace ya más de veinte años, ha recogido en su último número mis reflexiones -compartidas por la mayoría de nuestro colectivo, por los comentarios que estoy recibiendo- sobre el Borrador del Ministerio para la Transición Ecológica sobre la transición energética.

Reproduzco a continuación el contenido completo del Editorial.

El intenso clima electoral del primer semestre de 2019 ha puesto de manifiesto la dificultad de ofrecer propuestas concretas para abordar el principal problema de la sociedad postindustrial: la generación de actividad y empleo suficientes para sostener el estado de bienestar en el que estamos instalados. El núcleo de los debates, se centró en descalificar las posiciones contrarias, sin entrar a contrastar la viabilidad de promesas con incuestionables ventajas sociales, pero cuyo cumplimiento dependerá de la disponibilidad económica y su correcta ejecución técnica.

Implementar fórmulas que permitan mantener -y ya no digamos, mejorar- la situación económica, social y laboral de la que partimos en 2019, supone, en esencia, potenciar y reordenar los sectores productivos, -en especial, el industrial y, por supuesto, el energético- y clarificar el modelo educativo, eliminando ineficiencias, redundancias y pérdidas de calidad docente y discente.

A la hora de abordar cualquier política industrial o energética se debería tener en cuenta que España no está, lamentablemente, a la cabeza del mundo. Incluso su pertenencia a una Unión Europea en estado de revisión de postulados obligaría a extremar la prudencia en adopción de medidas drásticas de cambio del modelo, conteniendo la tentación de convertirse en el primero de la clase. Las notas las pone el mercado y su carácter inflexible hace que los excesos se castiguen con severidad.

A pesar de contar con un período de legislatura muy corta, el Gobierno anterior a las últimas elecciones, a través del Ministerio para la Transición Ecológica -nombre desacertado para designar las responsabilidades de quien tiene competencias sobre Energía, Agua, Medio Ambiente y Minería- presentó a debate público en el último momento un documento sustancial que recoge, según sus propias palabras, las “piezas clave” para “la transformación del modelo económico y la generación de un nuevo contrato social de prosperidad.” Ni más ni menos.

España no es un actor principal en ese proceso de transformación global, ni siquiera dentro de la Unión Europea. El momento se presenta como delicado incluso para el futuro del modelo europeo, cuestionado por una economía mucho más importante que la nuestra -el Reino Unido- y exprimido hasta los límites de la tolerancia por los países de la Europa del este. Alemania y Francia, con la atención puesta en sus propios intereses económicos y sociales, monopolizan las decisiones más importantes de nuestro entorno, con mayores recursos económicos y tecnológicos.

Intentar transformar el actual modelo económico, en un entorno indefinido y cambiante, es un proyecto que, por su simple enunciación, más que ambicioso cabe calificar de temerario. Estamos en un momento de profundos cambios en las estrategias por el liderazgo mundial, que afectan a la tecnología, las estructuras sociales y económicas, incluso las políticas de armamento y defensa.

Llevado el Gobierno por un impulso creativo, alimentado sin duda por la experiencia personal y el compromiso político de la ministra Teresa Ribera, ha dado nacimiento provisional a los elementos que compondrían las llaves de acceso a una prometedora Arcadia, basándose en tres ejes documentales: el anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, y la Estrategia de Transición Justa.

El Borrador del PNIEC ofrecido finalmente a exposición pública, tiene 286 páginas y ofrece gran cantidad de datos y cuadros, tanto para presentar la situación de partida, como para fundamentar los escenarios previstos si se aplican las medidas y actuaciones propuestas.

El documento impresiona y obliga a un cierto distanciamiento, tanto por su contundencia argumental como por el carácter cerrado de sus propuestas. El argumento impulsor que se ofrece es, ni más ni menos, que la completa modernización de la economía española, a la que se liga la creación de empleo, haciendo descansar el modelo energético en el posicionamiento de liderazgo de España en las energías y tecnologías renovables, apostando por la total descarbonización a muy corto plazo.

En el concreto aspecto de las emisiones de CO2 y equivalentes, que es el eje director del Borrador del Plan, al admitirse como objetivo principal su reducción a corto plazo, no podemos obviar que la Unión Europea es un contribuyente menor -en la actualidad-, al ser responsable de solo el 10% y con una tendencia decreciente. España, debido a su menor capacidad industrial en relación con los líderes europeos, aporta menos del 8% del CO2 comunitario, es decir, su efecto termo contaminante está por debajo del 0,8% de las emisiones mundiales.

A nivel institucional, me consta que los ingenieros de minas no hemos sido consultados en los previsibles intensos debates habidos para confeccionar la Propuesta. Es una carencia que lamentamos, ya que hubiéramos podido aportar una visión global, que abarcase desde el ámbito de los recursos minerales hasta las industrias de transformación y energía, dentro del respeto al medio ambiente, cuantificando el alcance técnico y social de medidas que se hubiera decidido adoptar.

Esta colaboración no solicitada por quienes elaboraron el Plan hubiera ayudado, y lo decimos con humildad y voluntad de servicio, a la correcta evaluación, fundamentada en la experiencia y el conocimiento tecnológico de los notables expertos que integran el colectivo, del “propósito de transformación de la economía española”, y matizar las rotundas afirmaciones de que “el país ganará en prosperidad, seguridad energética, generación de empleo industrial, innovación, salud, desarrollo tecnológico y justicia social”, que recoge en el documento.

La descarbonización progresiva de la sociedad humana es indiscutible y no se puede discutir la voluntaria decisión de la Unión Europea de limitar el uso de los combustibles fósiles. Pero la energía es un medio para mantener el estado de bienestar, no un fin en sí mismo, y la sostenibilidad exige el equilibrio entre sus cuatro pilares: lo social, lo ambiental, lo económico, y lo técnico. Un exceso o déficit de aportación en uno de ellos, conduce al desmoronamiento de la estabilidad del modelo.

Sorprende por ello que los redactores del Plan dejen que su entusiasmo los lleve a la ingenuidad de pretender orientar el tejido empresarial español hacia un espacio en el que suponen aparecerán las ventajas competitivas del futuro, mezclando lo obvio (la necesidad de innovación y la capacidad de producir con mayor eficiencia) con lo especulativo (la ventaja de hacerlo con una huella ambiental baja o nula). Porque la competitividad internacional de las empresas españolas, en un mercado cuyas reglas no son fijadas por el Ministerio para la Transición Ecológica ni por el gobierno de España, depende de muchos parámetros, de los que solo se puede aspirar a controlar una minoría poco significativa.

Para los principales países contaminantes, desde Estados Unidos a China o India, las decisiones no atienden a indicaciones imprecisas o no asumidas que recomiendan reducir la producción de gases a los que se atribuye el calentamiento del planeta, ni, en el caso de los países menos desarrollados, a la promesa de compensaciones económicas cuantiosas (y aún discutidas) si contienen la necesidad de quemar hidrocarburos.

Esos países se mueven por parámetros propios, dando prioridad a la intención de acercar rápidamente a sus ciudadanos a los estándares de bienestar occidentales, sirviéndose para ello de una disponibilidad de recursos fósiles fáciles de explotar y en cantidades elevadas. Para China, en concreto, una realidad de doble naturaleza, le permite acreditar una inversión en infraestructuras energéticas en 2018 de 400.000 Mill de dólares (casi el doble de la europea y por encima de la de Estados Unidos) y capitanear simultáneamente la inversión mundial tanto en instalaciones para quemar carbón como en aerogeneradores y aprovechamiento de energía solar.

El Anteproyecto o Borrador del Plan del anterior gobierno español circula entre dos posiciones difícilmente conciliables, decantándose por la segunda. Por una parte, se encuentran aquellos profesionales y sectores que reclaman prudencia y plazos largos para adoptar medidas drásticas que eliminen componentes de nuestro mix energético, ejemplo hasta ahora de versatilidad y eficacia; esas mismas fuentes enfatizan sobre la necesidad de atender a la evolución del escenario mundial, desechando la tentación de ejemplaridad para no convertir a España en víctima de ese deseo o en banco de pruebas de tecnologías o medidas de rentabilidad cuestionable.

Por otra parte, se encontrarían aquellos que, con la voluntad de cambiar paradigmas de producción y consumo, guiados por la alegría y tal vez la inconsciencia propias de quien dispara con pólvora ajena y ve solo el final de la travesía del desierto pero no los riesgos intermedios, formulan y espolean la adopción de medidas drásticas en el sector energético, aplaudiendo cuanto suponen es lo mejor para el medio ambiente y la naturaleza, pretendiendo que el ser humano ubicado en España se beneficiará de ello simultáneamente, ignorando o queriendo ignorar que la energía es solo una pieza de un entramado muy delicado, que afecta, y no solo económicamente, a prácticamente todos los sectores, tanto de producción como de servicios.

Hacer descansar el cambio en el modelo energético en el propósito de ser ejemplar en la adopción de medidas y ganar al mismo tiempo en competitividad es una ilusión. El cumplimiento de los objetivos en relación con el clima está condicionado, desde luego, por la evolución de las temperaturas del planeta (y no está de más recordar que las previsiones del Panel del Cambio Climático han sido revisadas varias veces). Pero la concreta fijación de plazos de adaptación de cada país, y el trazado del propio camino a seguir son imprescindibles para la toma de decisiones empresariales. Un clima de incertidumbre reduce las inversiones al acortarse los plazos de recuperación, buscando la rentabilidad a corto.

Los organismos públicos, por su parte, han de tener en cuenta que los presupuestos deben ser anteriores a la adopción de decisiones irreversibles, ya sea -por ejemplo- imponiendo el cierre de centrales, o la renovación drástica del parque de vehículos.

Son muchos los aspectos del Plan que precisarían una revisión objetiva, y un Editorial no es lugar para un informe técnico. La dependencia del carbón internacional, del gas y del petróleo en el período de transición hasta la descarbonización crea incertidumbres económicas que no pueden resolverse apelando a líneas tendenciales basadas en el pasado.

En el caso de las centrales nucleares, el abandono de esta tecnología, más que en valoraciones relacionadas con el clima, parece debido a temores tecnológicos que rayan en lo patológico, habida cuenta que Francia nos proporcionará una parte de la energía que consumimos producida con base nuclear. También compramos energía a nuestro vecino del sur (Marruecos), beneficiado por no tener penalizaciones por emisión de CO2, que ha activado la central de carbón de Safi, con 1,4 GW de potencia instalada. Además de tales incongruencias con repercusión económica, hay que contar con el coste del desmantelamiento de instalaciones que no alcanzaron su vida útil y añadir el tratamiento de residuos para los que carecemos de instalaciones.

Los ingenieros de minas hemos estado entre los protagonistas, utilizando conocimiento, esfuerzo y prudencia, del desarrollo energético de este país. Al trabajo eficiente de compañeros se debe la confección del panorama actual de éxito tecnológico, reconocido a nivel mundial, en muy variados subsectores vinculados a la energía: la gestión y mantenimiento de centrales nucleares, la erección y funcionamiento de ciclos combinados, el desarrollo de las redes gasísticas, la gestión de un mix energético complejo, la mejora de la explotación de minas de carbón en condiciones difíciles, la investigación de mezclas de hullas y lignitos y materiales derivados, el almacenamiento subterráneo, el tratamiento de enfermedades pulmonares, el desarrollo de aplicaciones siderúrgicas y metalúrgicas de alta calidad y, por supuesto, mejorar la seguridad del personal en todo momento.

No tenemos que defendernos ni excusarnos de nada. No somos anti-ecologistas: al contrario. La explotación de los recursos mineros con respeto y atención a la naturaleza forma parte de la legislación y reglamentos mineros desde antes de la vigente Constitución. Tampoco haría falta recordar que parte del paisaje e instalaciones de disfrute ciudadano del que disponen ahora muchas poblaciones históricamente mineras, procede de la restauración de canteras y espacios donde se ubicaron las explotaciones. De la generación de actividad y riqueza en torno a la minería, aplicando medios cada vez más eficientes y seguros, da cuenta la prosperidad y bienestar conseguido en las comarcas mineras, que han actuado de punto de atracción para ciudadanos de otros lugares de España.

En mi opinión, el Anteproyecto es prematuro, no contempla todas las variantes y efectos y, además, al faltar un consenso generalizado entre los agentes, resulta extemporáneo. Falta analizar las consecuencias de las decisiones en sectores distintos de la producción energética, polariza la atención en la reducción de las emisiones de CO2, acelerando plazos de eliminación de centros de producción energética, confundiendo capacidad instalada con necesidades energéticas puntuales, y todo ello sin estudiar los efectos de modificar los centros de producción y distribución, atender a la obligación de mantener la calidad de la red con grandes generadores síncronos que actúen de estabilizadores, y no precisa la aportación relativa de las energías eólica o solar en el mix resultante.

La generación de empleo que se presenta como vinculada al Plan (entre 250.000 y 370.000 empleos estables en el período) es ambiciosa, pero parece irreal y desvinculada del territorio en donde se sufrirán los efectos negativos del cambio en el modelo energético. Se relaciona con una inversión total 200.000 millones de euros, movilizada a partir de una inversión pública de 47.000 millones, con recursos de todas las administraciones públicas. El Anteproyecto ofrece también previsiones de crecimiento del PIB, ahorro por las importaciones de combustibles fósiles y otras cifras optimistas de sus consecuencias que, a falta de profundizar en el análisis, encajarían dentro del pensamiento voluntarista que parece imbuir todo el Plan y sus Anexos.

Omite el Anteproyecto la valoración, económica y estratégica, de la dependencia exterior -española y comunitaria- vinculada a la necesidad de emplear los minerales comúnmente denominados “tierras raras” en multitud de elementos precisos en el escenario propuesto, cuestión en la que los “ingenieros de la tierra”, tendríamos mucho que aportar.

Las regiones en donde se ubican actualmente los grandes centros de producción y distribución energética aparecen como perdedoras sin compensaciones. La memoria de las reconversiones anteriores permite expresar que los planes de reindustrialización no se cumplen o no alcanzan las previsiones optimistas con las que se llevaron a cabo las pérdidas de actividad, con anterioridad a la construcción de alternativas.
En fin, las medidas propuestas en el Anteproyecto nos situarán a la cabeza de los países que soportarán un peso excesivo por la reconversión ecológica (rectius, energética), muy por encima de nuestras posibilidades reales y con el riesgo de que se haya enfocado, por precipitación, hacia una reactivación económica y de empleo que no se va a producir como imaginada.

Los autores del Plan se enorgullecen de haber tenido en cuenta más de mil variables y haber utilizado hasta seis modelos económicos. A los que hemos venido tratando con la realidad en el curso de una experiencia profesional variada, no nos impresiona esa exhibición matemática. Cuando se fijan objetivos a medio y largo plazo, que involucran a multiplicidad de agentes, sobre muchos de los cuales no se posee control, la prudencia aconseja tener previstas vías de escape y alternativas.

Y termino con una sugerencia: una previsión completa sobre los efectos del cambio climático, que nos llegará independientemente de las medidas que, a nivel de país, nos apetezca tomar, debería atender a la necesidad de reducir sus consecuencias en nuestro territorio, identificado como el más vulnerable de la Unión Europea, y con amenazas muy heterogéneas: subida del nivel de los océanos, desbordamiento de cauces de agua, aumento de los índices de desertización, temperaturas anormalmente extremas, tormentas repentinas etc.

El futuro nos encontrará, sin duda, entretenidos. Ojalá que no sea en la discusión de lo que tenemos que hacer o no hacer, sino en la ejecución de lo que debemos tener decidido por consenso y no por inspiración iluminada.

Mayo 2019


¿Quién no conoce a las golondrinas. Son visitantes regulares de nuestras ciudades y campos y han inspirado a poetas, escritores de cuentos infantiles y a románticos de toda índole.

Sin embargo, no siempre son bien identificadas, confundiéndolas con los aviones o los vencejos y, lo que sería más disculpable, creyendo ver una golondrina común (hirundo rustica) cuando el ave que revolotea incansable cazando al vuelo efímeras, mosquitos y todo tipo de insectos, alzados de las praderas recién segadas que tenemos ante nosotros, es una golondrina dáurica (hirundo daurica).

Ambas especies de golondrinas tienen largas rectrices en la cola, siendo algo más cortas en la dáurica. Lo definitivamente distintivo es que, vistas por debajo, la común tiene el collar negro y manchas blancas en la cola, características de las que carece la dáurica. Vistas desde arriba, la dáurica presenta el obispillo de color ante pálido, en tanto la común tiene el dorso de color azul oscuro, relativamente homogéneo.

 

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Semana de crispación

15 abril, 2019 By amarias Deja un comentario

Esta Semana Santa de 2019, antevíspera de las elecciones generales del 28 de abril, se presenta con la peculiar escenografía de la confrontación entre los espacios religiosos y los políticos.

Puesto a elucubrar sobre la forzada coincidencia, me pregunto si forma parte de la estrategia urdida por el equipo del presidente de Gobierno Sánchez, para contaminar el debate electoral con las procesiones de la Semana Santa, el vaivén turístico-vacacional de los presuntos votantes y, en suma, combinar en el cóctel de los sentimientos, la devoción de algunos a la rememoración de la Pasión del Cristo Redentor con el desencanto que produce el bajo nivel de nuestra clase política a la hora de encontrar soluciones a los males que nos afligen.

Por el lado del laicismo, hay motivos para encontrarnos inmersos en una sensación de desamparo, compatible con el recogimiento, la invitación a la meditación sobre la levedad de la vida humana y la invitación, bien aprovechada por todas las religiones (y glosada magníficamente por Karen Amstrong), para apuntar a un ser superior como elemento salvífico de nuestras debilidades y respuesta contundente a cualquier interrogante racional. Los candidatos que pretenden nuestro voto están más preocupados en salvar su pellejo frente a los otros adversarios que en decirnos a los que contemplamos sus peleas (con creciente escepticismo) que están pensado en los problemas que nos afectan, proponiendo soluciones factibles y no cantos de sirena y cuentos de la lechera.

Por el lado de la religión (incluida la parte de folklore que es consustancial al gran espectáculo de las procesiones), factor dominante en esta Semana preelectoral,  la Iglesia católica entra en campaña con sus postulados sobre la eutanasia, el derecho a nacer una vez concebido, la familia como elemento rector del buen orden ciudadano, la homosexualidad y otras supuestas desviaciones de la débil naturaleza, contaminado todo ello con la idea de un dios redentor y la necesidad de expiar por los pecados propios y, de paso, de toda la Humanidad.

No soy seguidor de mensajes desde el púlpito, pero no tengo duda de que el camino a la salvación de la fe cristiana pasa por votar las propuestas de los partidos de la derecha, con preferencia a cualquier desvío ideológico por los cerros de la izquierda, si es que aún el lector puede entenderse y entenderme al utilizar estos términos desorientadores.

En fin, la desafortunada desenvoltura con la que los líderes de los partidos políticos en liza electoralista se esfuerzan en desacreditar a trompazos a todos los demás, incluso a los que deberían formar parte de su tendencia ideológica, definiendo diferencias donde debería haber líneas programáticas, a base de descalificaciones personales y trazos gruesos de lenguaje populachero, hace daño a la democracia. Aumenta la crispación, crea más desencuentros.

Debería tener confianza en que los debates televisivos, en los que los candidatos se encuentran cara a casa con sus oponentes ante la audiencia y no frente a sus seguidores en mítines de campaña, servirá para aclarar las cosas.

Como perro viejo de estas y otras circunstancias, no tengo mucha esperanza en que se consiga ese efecto.  No me parece que el populismo de los profesores universitarios que, pertrechados tras sus plazas académicas de por vida, lanzando soflamas y promesas inviables, tenga otro valor que calentar los ánimos. Y menos tengo en que los defensores de bajar los impuestos y confiar la recuperación y el progreso al milagro de la eficiencia de los mercados, consigan poner freno al deterioro avistable de la pérdida de empleo masivo que provocará la generalización de las nuevas tecnologías en países, como el nuestro, que menosprecian la investigación y la enseñanza de calidad.

Entre tanto barullo, los detentadores de los grandes capitales -no me confundo, no son los Ortega, ni los Koplowitz, ni los Botín, …, no tienen nombre conocido y no residen en España-. son como las anguilas y se escapan ágilmente a otros ríos con mejores aguas si se les asusta lo más mínimo.

Tenemos serias dificultades para mantener el estado de bienestar -que es nuestro país alcanzó cotas excelentes, en realidad, impropias de nuestro Producto Interior Bruto- y aquí el debate no puede contentarse entre los partidarios de sostener lo actual y mejorarlo aún más. Hay que definir qué recursos necesitamos a la vista de la evolución de prestatarios y demandantes, y cómo se van a conseguir. A largo plazo. Y ello se relaciona con todo el sistema productivo, no con deseos ni promesas de adalides mitineros.

Se ha de reconocer que el Partido Socialista de Sánchez (lo que queda del viejo PSOE) ha demostrado imaginación para gobernar con ideas de poco calado pero gran efecto mediático, aunque percibo en el fondo una arriesgada propensión a la huída hacia adelante. Los números no salen, porque no se han hecho. No estamos necesitados de titulares, sino de letra pequeña.

He escrito ya muchas veces que a España le vendría bien una coalición de gobierno entre el PSOE y Ciudadanos. La forma en que se está llevando a cabo la campaña por ambos partidos es lamentable. Hay empujones obsesivos desde el socialismo de manual para agrupar a los simpatizantes de Ribera y Arrimadas (como cabezas más visibles) con la derecha retrógada, que son perfecta y erróneamente confirmados por el equipo de Ciudadanos, perdida la esencia del centro, con la insensata, e irreal, promesa de no apoyar un gobierno de Pedro Sánchez, por haberse aliado con los independentistas.

Muchos preferiríamos conocer qué va a hacer el Gobierno que salga de las urnas. No con quién se va a aliar para formar una coalición relativamente estable.  No es eso. Desearíamos saber cuáles son las medidas que son capaces de consensuar, a la vista de las posiciones de los restantes partidos, si, como es seguro, no van a conseguir la mayoría suficiente para gobernar en solitario.


Este ave, fotografiada lamentablemente con escasa definición (no preparé bien los parámetros del equipo de Canon con el que me dedico a captar imágenes de todo tipo de volanderos), es una canastera (glaveola pratincola). Parecida a la perdiz, por tamaño y algún comportamiento, se la distingue sin confusión, al menos en verano, por el pico rojo muy visible y el conspicuo dibujo cefálico, definible como una línea negra que va desde el ojo hasta la garganta.

Esta canastera se encontraba en Fuerteventura, a principios de abril de 2019, cerca de Morro Jable. Estaba ocupada cazando insectos del suelo, y tardó en advertir mi presencia. Cuando miré las fotos, mi decepción fue notable. Las retoqué como pude, sin mucho éxito.

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Conjeturas (y 3)

18 marzo, 2019 By amarias Deja un comentario

No espero que mis conjeturas alcancen la fama ni la relevancia de la Conjetura de Goldbach que, como es sabido (por matemáticos y aficionados al arte de discurrir entre números) supuso que cualquier número par distinto de dos puede ser descompuesto en la suma de dos  números primos. Aunque de cuando en cuando surge un estudioso que pretende haber descubierto la llave para transformar la Conjetura goldbachiana en un teorema demostrado, el reto, si no estoy mal informado, subsiste.

Con mayor relevancia práctica que la Conjetura matemática, e igualmente no resuelta, se encuentra la necesidad de crear empleo suficiente, en el escenario de una masiva aplicación de las tecnologías que integren informática, comunicaciones y robótica. Cuando a esta previsible generalización del uso de las Tics y sus derivadas, se una la eliminación de aquellos tipos de fabricación que se consideren contaminantes, peligrosos o simplemente estéticamente desagradables, nos encontraremos en nuestro país (que es el que más me interesa, y perdón por el censurable chovinismo) con la incapacidad de cubrir de manera dramática las expectativas de empleabilidad de las que dependen los ingresos para asistencia social, y, por supuesto, la renta de las familias.

La tranquilidad con la que la sociedad, los informadores y la política, elude tratar la conjetura, me asombra. La atribuyo a una combinación de dejación e ignorancia. La trayectoria estadística de los datos de pérdida de empleos y crecimiento de dependientes resulta inequívoca.

Hay, cierto, más empleos de calidad y alta exigencia tecnológica, pero crece el número de jubilados y la distribución de puestos laborales en la gama de cualificaciones media y baja está plagada de inseguridades, en cuanto a su sostenimiento y remuneración. Apelar a la flexibilidad y formación continua de todos los individuos es una entelequia, y una falsedad si con ello se pretende garantizar que se cubrirán las necesidades familiares de remuneración.

No veo que la resolución de esa conjetura provenga del resultado de las elecciones del 28 de abril de 2019, en las que los españoles estamos llamados a decidir entre los partidos de un bloque mal amalgamado de la presunta derecha y el bloque sin argamasa de la pretendida izquierda. Sea cual sea el resultado, la indefinición persistirá.

Los lideres de todas las facciones parecen más preocupados en colocar en sus listas a gentes de la llamada sociedad civil, sin experiencia de gestión política y sin otro programa visible que ponerse a caldo unos y otros, incluso dentro de las genéricas tendencias conservadora o progresista, si es que tal diferencia teórica puede detectarse en el guirigay de intereses de partido.

Mientras subsista la validez de mi conjetura (esto es, que no exista una propuesta concreta, creíble y con proyección de futuro) de creación de empleo y riqueza en este país), me temo que voy a preferir votar en blanco el 28 de abril.

Porque la enemistad irrecuperable entre Sanchez y Ribera, las luchas intestinas entre facciones del PSOE y del PP, los embarazos en el seno de Unidas Podemos, los exabruptos de Rufián y Torra o los desvíos delictuales no resueltos de los Pujol, Mas, Villarejo, y un largo etcétera de personajes y personajillos de las cloacas del Estado, me importan, sí, pero estoy en mi derecho de que me importen un pimiento.

—-

Una curruca capirotada macho (Sylvia melanocephala) mira a la Cámara, curiosa. Se la distingue por el sombrero que cubre hasta el ojo, de conspicuo color rojo característico. Este ave vive en la isleta de Dragonera, en Mallorca, cerca de la población de Sant Elm, en donde se toma el barco hasta ella. Por cierto, el guarda de la isla, Emili Colom, es un magnífico fotógrafo de la avifauna mallorquina y, mientras esperaba la vuelta, estuvimos hablando de nuestra afición común y me enseñó, con lógico orgullo, varios cientos defotos que guardaba en su iPad.

La curruca capirotada se llama en mallorquín busqueret de cap negre

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Tierra de homenajes

21 agosto, 2018 By amarias Deja un comentario

Con ocasión de cumplirse un año de los atentados en Barcelona y Cambrils, familiares de las víctimas, autoridades de la región y del Estado y ciudadanos de distinta condición, se han reunido en un acto de recuerdo. Los media y, en general, cuantos se han referido a esta conmemoración luctuosa, lo han hecho bajo la invocación de que se trataba de un «homenaje a las víctimas».

Venimos  realizando, no solo en España, múltiples homenajes a las víctimas de atentados terroristas, de accidentes graves (principalmente, si han causado  numerosos fallecidos) y de catástrofes naturales o provocadas. También se ha consolidado la expiación de la sorpresa y el sobrecogimiento por la ocurrencia de varias muertes súbitas en una localidad, sin importar, circunstancias, edad de los fallecidos o la naturaleza del hecho, decretando oficialmente varios días de luto en homenaje a los fallecidos.

No tengo ningún problema mental en que se homenajee a la gente, al contrario. Creo que la mayor parte de los seres humanos, en especial los nacidos sin apoyos, herencias ni dádivas, han tenido que sobrevivir bajo duras situaciones, son dignos de homenaje. En vida, preferiblemente. No deberia hacer falta morirse e, incluso, sería de desear que, si se quiere homenajear a alguien, se lleve a cabo el acto en presencia del destinatario de la distinción. Podría decretarse un día al año dedicado al Homenaje Colectivo Global.

No parecen estos homenajes encajar, ya sean de un tipo o de otro, con la primera acepción del Diccionario de la Real Academia, que se aplicaría a «Acto o serie de actos que se celebran en honor de alguien o de algo”, salvo que interpretemos (como puede ser el caso) que hacer algo en honor de alguien, estando el destinatario ya difunto y no siendo conocidos sus méritos salvo haber muerto en circunstancias desgraciada sea equivalente a tener un recuerdo hacia el. Lo que es, simplemente, retorcer el lenguaje y exagerar la intención.

Hay personas que, por su especial significación -generalmente, en el mundo de las letras, de la medicina, de la ingeniería, o por su contribución excepcional al avance de la Humanidad- son dignos acreedores de ese otro tipo de homenaje, también designado en el respetable monumento a la corrección de nuestro idioma, como una segunda acepción: «Sumisión, veneración, respeto hacia alguien o de algo.» Son escasos y, sin embargo, solemos dejarlos sin reconocimiento ni gloria, vivos o muertos.

Descarto, por supuesto, la oportunidad de recuperar el añejo significado, también recogido por RAE como tercera acepción:
“En la Edad Media, juramento solemne de fidelidad hecho a un rey o señor.” Para eso no está el horno, ya se trate de seres humanos, ideas, creencias o banderas. Tal vez, ¿algún futbolista?

Mi humilde propuesta es que recuperemos el sentido al acto de recuerdo a las victimas, en especial cuando han sido el desgraciado resultado de un execrable fanatismo, como lo que es, en verdad. Una manifestación doliente, pero firme y de repulsa unánime contra los autores del acto vandálico y sus móviles. Una Exaltación de valores éticos, sociales y cívicos. Un Acto de Reafirmación de Nuestra Solidaridad con Quienes Creen como Nosotros y un Recuerdo Doliente sin Fisuras hacia Quienes han Resultado Victimas de la Barbarie.

Un acto así, con ese significado, no puede ser silencioso. Es un grito inmenso y hay que darle expresión oral, hablada y escrita.

Publicado en: Actualidad, Sin categoría, Sociedad Etiquetado como: Homenajes

Sonámbulos

23 julio, 2018 By amarias 3 comentarios

Si es verdad que en momentos de crisis es cuando el ser humano encuentra las mejores opciones, estamos bien servidos. Las guerras frías y las sopas calientes parecen haberse instalado entre nosotros y, desde luego, todo apunta que están aquí, como se suele decirse, para quedarse por una temporada.

A escala amplia, la actividad frenética de acumulador de tensiones que desarrolla el presidente del otrora país líder mundial, responde perfectamente al paradigma de generar dificultades (reales o, mejor, inventadas), para terminar disolviéndolas como azucarillos en vaso de agua. Hay que saber hacerlo y hay que contar con que se tiene -aún- la sartén por el mango. El Sr. Trump se ha revelado, para quienes no lo conocíamos tanto, como un maestro en el arte de calentar la olla para acabar sirviendo un caldito de chicha y nabo.

Claro que, mirado con más atención, las salvas del Presidente norteamericano del norte de México, tiene sentido para sus admiradores. Defender mayor autarquía e independencia -incluso energética- para los suyos, cerrando fronteras y aumentando gravámenes a las importaciones foráneas, va en contra de la filosofía económica de los que opinamos (por intuición y convicción formal) que se debe avanzar en la solidaridad internacional y en el apoyo a los que más lo necesitan, por cuestiones no solo éticas. Sin embargo, suena bien para quienes se preocupan solo del corto plazo cuando éste favorece sus intereses particulares y cierran ojos a las necesidades de los demás, creyendo que no les afectarán jamás las consecuencias.

No será por contagio, sino porque las conjunciones cósmicas están favoreciendo el crecimiento de los individualismos, de los separatismos y de las incomprensiones hacia las necesidades de los otros, pero empiezo a creerme que estamos a punto de vivir (ojalá no) un desencuentro internacional de gran envergadura. Al fin y al cabo, como se encargó de poner de manifiesto Clark cuando explicó por qué se produjo el desastre del catorce del pasado siglo, todo es cuestión de que aparezcan «sonámbulos» junto a ambiciosos sin escrúpulos en el panorama de la toma de decisiones relevantes.

Miro hacia nuestro pequeño país y me parece que hemos perdido sentido de la mesura y que encontramos placer en buscar las cosquillas de los otros, contentos con mirarnos los ombligos propios. Es cada vez más cierto que vamos hacia unas elecciones anticipadas, pero porque la voluntad del jinete Sánchez y su equipo es hacer las cosas bien, aunque sea a la trágala, sin parar en consecuencias. Y no basta con tener buenas voluntades, ni siquiera con poseer la percepción de las mejores ideas. Ponerlas en práctica exige negociaciones, discusiones, consensos y…dineros.

El peligro de descomposición orgánica, sin embargo, no viene de la falta de apoyos que se irán desplegando, como un manto funesto, a este gobierno de circunstancias, sino en el sentido contrario. En los apoyos que reciba, puntualmente, que acabarán conformando un muñeco sin capacidad de supervivencia, a base de mordiscos y pegamentos. Las declaraciones de quienes dicen haber ganado también la ceremonia de censura a Rajoy, actuando desde la sombra repartiendo abrazos de oso, vienen a probar que no se lo van a poner fácil, en absoluto, al gobierno de Sánchez.

Tampoco le va a facilitar ni el agua ni la sal el Partido Popular, o lo que surja de la recomposición de la derecha española bajo el nuevo mando de Pablo Casado, exiguo elegante de unas primarias con sangre e insultos, habidas por necesidad en la coalición de intereses conservadores que perdió la censura por la corrupción evidenciada de algunos de sus significados jerifaltes.

El mini Programa que el flamante presidente del PP expuso en su campaña fraticida y repitió ante los compromisarios el 21 de julio de 2018, pone de manifiesto que vuelve la derecha de verdad, la que defiende el liberalismo de mercado y el centralismo y control de los poderes públicos sin ambages ni tapujos. Que Ciudadanos, el partido de Rivera y Arrimadas, haya perdido pie por defender posiciones de sensatez, no deja de ser una medida más de la polarización de la política española: hacia la derecha extrema y el populismo mediático del Podemos -fagocitador de la izquierda genuina-. En el medio, el PSOE en reconversión y Ciudadanos in cerca d´autore, a lo Pirandello.

Sin embargo, lo más preocupante, en mi opinión, sigue siendo el agua de Cataluña, como oí decir, con gracia pero con tristeza inocultable a la directora Isabel Coixet. Algo les están dando a los catalanes con el agua, que les hace ver las cosas de manera esperpéntica. Aunque la alcaldesa hiperactiva en los gestos en que se ha reconvertido Ada Colau está en la lucha por recuperar para la gestión pública el agua de Barcelona (operación de titanes donde las haya), no parece que sean los catalanes que viven en la capital del condado los afectados, sino los de las periferias, o sea que el agua que malbeben debe venir de otras fuentes.

El minipresident Torra no para de decir tonterías, que quedan magnificadas y convertidas en peligrosos axiomas cuando las pronuncia desde el balcón de su Generalitat o desde Alemania o Bélgica. Sus insultos al resto de los españoles (y, dentro de ellos, a la mitad de los catalanes) no tienen ninguna gracia, y aventuran el crecimiento de tensiones que no se van a resolver en diálogos de despachos. Puede que caminemos hacia una federación republicana de miniestados, en los que se traduzca la descomposición de la llamada España grande, una y libre. No me gustaría verlo por el camino de las descalificaciones, los populismos sin fondo, las historietas falseadas de profesoruelos de historia adaptada.

En fin, la acumulación de tensiones sobre el Rey Felipe VI ha subido algunos enteros en la segunda y tercera semanas de julio de 2018 al difundirse unas conversaciones de naturaleza incalificable entre la ciudadana alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein y el ex comisario Villarejo, según se cuenta, con la complacencia de un antiguo presidente de Telefónica, en la que afirma, en deficiente español y en una grabación editada a saber cómo, que el dimitido Rey Juan Carlos la utilizó como testaferro para ocultar la procedencia de las comisiones sobre los negocios en los que participó. Todos suponemos, leyendo entre líneas, que se refiere a las intervenciones del monarca «emérito» en el apoyo a empresas españolas por tierras de sus primos árabes, que, dicho sea de paso, bien les han servido a aquellas.

El ventilador mediático funciona con plena complacencia. El derrame de inmundicia en torno al Monarca al que Preston calificara de salvador de la democracia en un febrero ya muy pasado, abarca a los negocios de Nóos y a las interioridades hipotéticamente rijosas del octogenario general, educado por el mismo personaje (según la autoridad de Boris Izaguirre) que Carmen Bordiú Franco, la bailarina de Mira quién baila.

Poco interés tienen -para mí, al menos- estas historias de salón de casa de muñecas, sino fuera porque apuntan, en lo que ya se debe considerar como operación de acosos y derribo organizada, contra la forma de la Jefatura del Estado, que es, por la Constitución de 1978, la Monarquía y que es, en mi torpe criterio de observador desde la marmita, una seria garante de que los españolemos no nos desmadremos, una vez más, por el camino de decidir a garrotazos quién tiene más razón.

Sonámbulos, el mundo va de sonámbulos otra vez. La anormalidad como sustrato de riesgo.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: Casado, economía, Partido Popular, Podemos, sonámbulos, Trump. Sánchez

Soneto en el Día de la Poesía

21 marzo, 2018 By amarias Deja un comentario

Sence se slepe, zato jih svetloba pelje zu roko (Boris A. Novak)

(Las sombras son ciegas/por eso la luz las lleva de la mano)

Las sombras forman parte del paisaje/ cuando el sol ilumina de costado/y cualquier pintor sabe que un paraje/en ocaso de otoño luce el lado/ más hermoso, pues la luz es como el traje/ que ensalzando el color manda un recado/ a quien se encuentra con él. Para un viaje/pueden servir de enlaces al pasado,/y si decide estar buscando encaje/ entre la inmensidad y el ser amado,/que se siente a esperar si algún mensaje/ le llega de las sombras a su estado/y, al irse, al fin, el sol, tenga el coraje/ de admitir que es ciego y al dolor guiado.

@angelmanuelarias (Soneto 98 de”Volver a empezar”)

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Ejército y sociedad civil (18)

21 marzo, 2018 By amarias Deja un comentario

La Estrategia de Seguridad de un estado moderno -como he venido poniendo de manifiesto, incluso de manera reiterada- no puede quedar limitada a la existencia de unas Fuerzas Armadas, independientemente de su dotación y cualificación. La seguridad, entendida como valor de resguardo y garantía de la libertad en una sociedad democrática, involucra factores (riesgos y amenazas y contramedidas para corregirlos o amortiguarlos) tanto internos como externos, y muchos de ellos, son imposibles de separar claramente, por lo que hay que tratar de acotarlos en la medida de las posibilidades propias.

La tradición que vincula Fuerzas Armadas y seguridad provoca falsas apreciaciones. Del lado de quienes tienen algún poder sobre la dotación y calidad de los Ejércitos y su equipamiento, como del lado de los receptores de los mensajes en los que se emplea como vehículo la presentación del «poderío militar».

En realidad, las paradas y desfiles militares, con la exhibición de armamento sofisticado, no tienen como destinatario  principal al potencial enemigo exterior. Su objetivo es impresionar al crédulo ciudadano interior y llevarlo a la convicción tranquilizadora de que su seguridad está garantizada, de que el gobierno del Estado es fuerte (Bueno…tampoco quiero minimizar que los desfiles militares son un espectáculo en sí mismo y contribuyen a la dosis de circo que la sociedad necesita junto al pan).

He tratado de desarrollar en esta serie de artículos la idea de que la seguridad es una necesidad de satisfacción compleja y de imposible cobertura total. Los peligros son muy variados, su detección exige atención continua y su eliminación (total o parcial) demanda cada vez más una mayor cualificación, que convierte el objetivo de la seguridad en una tarea multiprofesional y de alta cualificación.

Las Fuerzas Armadas solo cubren una parte de ese conjunto poliédrico y dinámico. Confiarles, por otra parte, funciones adicionales sin tener en cuenta su preparación y medios, conduce a anomalías, fallos de resolución de objetivos, y, por supuesto, a despilfarros, malestar y, posiblemente, incluso, a aumentar los riesgos en lugar de corregirlos.

Quiero traer aquí la mención que Zygmunt Bauman en su libro «Miedo líquido» hace de la idea expuesta por Adorno ante la percepción de que las estrategias propuestas por «los intelectuales» se hayan abandonado antes de que pudieran cumplirse. A quienes entiendan que la realidad está inmersa en un camino de confusión, no queda más que «enviar el «mensaje en una botella». El náufrago que demanda ayuda, lanzando la botella al océano, no puede resolver ninguna de las incógnitas de su estado: no sabe si el mensaje llegará a algún sitio, ni en qué momento, ni si, en el caso remoto de que la botella sea recogida, si el recolector la abrirá, leerá el mensaje y actuará en algún sentido,

Como ingeniero, mi formación me lleva a tratar de encontrar las soluciones a los problemas que detecto o se me confían, y hacerlo de forma t técnicamente  más eficiente y económica a mi alcance y el de mis colaboradores. Loque se llama, en el argot, MTD (mejor tecnología disponible). Como amigo de filosofar, tiendo también, en aquello que percibo como complejo y no soluble en corto plazo, a lanzar mensajes en botellas.

Para un país intermedio, sin capacidad para desarrollar armamento nuclear, la posibilidad de un conflicto con arsenal atómico entre potencias, la convierte en objetivo potencial, blanco preferente en caso de que la guerra se plantee contra el lider de su bloque de alianzas (o propiciado por el). La necesidad de pantallas de protección antimisiles aparece así como clave ante la eventualidad de una escalada del conflicto en el que, como tanteo previo para evitar la no deseada, y temida, Mutua Destrucción Masiva Asegurada, los líderes prueben sus fuerzas atacando a un «hermano pequeño». Esa línea de investigación -incluida la detección e interceptación de objetos dinámicos- debería ser objetivo prioritario de la investigación aplicada propia.

Hablar de pantallas antimisiles, o protecciones contra posibles ataques cibernéticos o  mejor dotación en vehículos blindados o detección de minas antipersonal, son ejemplos concretos. Demasiado concretos.

Son muchos los sectores de las llamadas tecnologías de doble uso que deberían constituir objetivos de investigación de los centros públicos y, si se trata de centros de participación público privada, contar con ayudas especiales. El tratamiento masivo de datos, la comunicación encriptada y la seguridad de las comunicaciones, los materiales de gran dureza e impermeabilidad, la generación de energía en unidades transportables, la desalación portátil y tecnología de membranas, la nutrición sintética, el control de ataques informáticos (seguridad digital), el desarrollo del grafeno, la detección y corrección de plagas biológicas, etc. ¿Un país moderno debe dedicarse a profundizar en todas ellas? ¿Cómo elegir algunas? ¿Confiar en que los centros de investigación, públicos o privados, hallen su propia «piedra filosofal»? Sería ridículo confiar en que la descordinación consiga el éxito que necesita la mayoría.

No se conseguirá un efecto relevante sin centrar la cuestión de la seguridad con la participación de toda la ciudadanía y, por eso, me reafirmo en la idea de crear rápidamente una milicia civil, consciente de los riesgos básicos, preparada para asumirlos y que sirve de enlace natural entre los cuerpos estrictamente defensivos.ofensivos y el resto de la población. En ese contexto, reactivar la idea de patriotismo, trasladar a niños y adolescentes la necesidad de mantener una cultura de cooperación, libertad y co-responsabilidad, la configuro también como un elemento más de la estructura de defensa.  El «enemigo» no está necesariamente armado con artefactos bélicos.

Permíta el lector que ponga el enfoque en algo muy actual y concreto. En una corta entrevista al general Miguel Angel Ballesteros, responsable del Instituto de Estudios Estratégicos de la Defensa, que la periodista Pepa Bueno le realizó en la SER (el 18 de marzo de 2018), ésta se interesaba por conocer «para qué sirve el (nuevo) armamento» al que se destinarían, preferentemente, los 10.000 millones de euros que la ministra Dolores de Cospedal había anunciado recientemente. La cauta respuesta -como corresponde a un militar de alto rango en ejercicio profesional- se concentró en glosar, por ejemplo, la necesidad de adquirir nuevos vehículos combinados BMR (acróstico por Blindados Medios de Ruedas) de tracción 8×8 sobre ruedas, fundamentales para operaciones en el exterior,

Se trata de carros de combate de fabricación española, probados en misiones propias y en otros países (Egipto, Arabia Saudita y Perú), cuyo modelo se ha ido perfeccionando, y que, como reconoció el general, tienen una antigüedad media de 40 años, ya que su renovación se ha ido demorando, por lo reducido de los presupuestos.

Me viene también a la memoria inmediata el comentario de Donal Trump cuando visitó Japón en febrero de 2018 y apoyó el propósito de instalar sistemas de protección antimisil norteamericanos Aegis, con un alcance de 900 km, frente a la amenaza de Corea del Norte. Se habla de cifras cercanas a 40 mil millones de euros. «Esto significa muchos puestos de trabajo para nosotros y seguridad para Japón»-dijo el presidente norteamericano . La renovación del armamento del Ejército español, supondrá puestos de trabajo para nuestro país: las inversiones en Defensa suponen un retorno de 2 euros por euro invertido, según la expresión de Ballesteros, que recordó que «la disuasión es carísima.»

Pero no nos engañemos. El mantenimiento de la sociedad del bienestar será cada vez más cara, en sí misma, porque los peligros, sus efectos colaterales, y el nivel de su percepción aumentan exponencialmente.  Mientras estemos dispuestos, y nos sea posible, pagar para compensar la angustia de esa sensación de riesgo, la apariencia de protección se mantendrá.  Los agentes políticos han aprendido rápidamente que, ante la aparición en escena de un «cisne negro», una concreción de peligro no prevista o no atajada a tiempo, tienen que reaccionar indicando que «se están tomando medidas para que no vuelva a ocurrir y  las víctimas están teniendo asistencia inmediata».

Debe tenerse en cuenta, por otra parte, al plantear una estrategia contra los riesgos, que éstos no están repartidos de forma uniforme. Suiza, por ejemplo, entiende que el riesgo de un ataque nuclear o de un atentado terrorista de cariz islamista en su territorio es despreciable. Japón, como acabo de recoger, entiende que el riesgo de sufrir el primero -y de un concreto enemigo. es altísimo. En España, el riesgo de sufrir un ataque terrorista de fanáticos islamistas es muy elevado.

Prioricemos, pues. Frente a los riesgos estrictamente bélicos (aunque no hay ninguna actuación guerrera que no tenga un trasfondo económico), hay, sin embargo, otros riesgos que deberían merecer especial atención y no son militares, aunque involucran estrategias de defensa: el aumento del desequilibrio climático, real, que está provocando situaciones de estrés hídrico por estaciones y regiones, incremento del nivel del mar (es decir, amenaza de poblaciones costeras), es uno de ellos. Recurrir al Ejército para paliar los efectos a posteriori, despreciando la necesidad de actuaciones urgentes previas sobre los puntos amenazados corresponde a la estrategia del avestruz, no del ser humano sensato.

Otro riesgo detectado al que no se presta, en mi opinión, suficiente atención correctora, es el desplazamiento de personas procedentes de países o regiones pobres, en conflicto étnico o en guerra franca. La ayuda al desarrollo mantiene un nivel casi simbólico, y la persistencia de formas de Estado no democráticas y líderes manifiestamente dictatoriales en muchos países -no solo de Africa- demuestra que no existe voluntad global de solucionar el problema de raiz…porque beneficia a las grandes potencias y a los países más desarrollados. Sin embargo, la situación no es sostenible, incluso a corto-medio plazo. No podemos confiar la contención de la marea de migrantes y desplazados por la guerra a países no democráticos, a cambio de dinero (léase, Turquía y los campos de refugiados de la ya consolidada guerra siria), ni que el Mediterráneo sea el cruel compensador de los ideales de un mundo mejor para los jóvenes que huyen de la hambruna y la falta de objetivos del área subsahariana.

En fin, en la estructura económica de nuestro país, han aparecido grietas muy importantes cuya solución no se plantea con claridad. Se habla de los déficits de las pensiones, subrayando incluso que algunos pensionistas deben soportar el sostenimiento de hijos no emancipados porque carecen de empleo, y no se ha debatido con seriedad sobre el problema de la creciente disminución del trabajo efectivo, que obliga -máxime con la incorporación (legítima pero masiva e inmediata) de la mujer al escenario de la demanda laboral- a replantearse la forma de de distribuir las plusvalías de la sociedad hacia las familias, controlando la acumulación en los grandes grupos empresariales, en los que se concentra, por otra parte, la tecnología de máximo rendimiento.

La estrategia PESCO (Permanent Structured Cooperation) que la Unión Europea se plantea, con el objetivo de desarollar proyectos conjuntos de equipamiento militar (desarrollo de drones europeos, aviones de combate propios o estaciones de enfermería volantes,…) enfatiza la necesidad de unir fuerzas para asumir costosos proyectos y garantizar que la adquisición de los objetos resultantes de la i+d aplicada sea asumida por los Estados miembros.

Existe un riesgo moderno al que se debe dedicar especial atención: El de cyber ataques, o ataques informáticos. Es un claro ejemplo en el que las Fuerzas Armadas no pueden, ni deben, asumir la responsabilidad de conjurar esa amenaza, típicamente difusa y variable, y en la que el potencial agresor no está, presumiblemente, en el propio territorio. El objetivo de los ataques puede ser tanto las Fuerzas Armadas (y su equipamiento) como las empresas, en especial, las grandes.

Una buena parte del equipamiento militar moderno está vinculado a la tecnología digital (sistemas logísticos, misiles teledirigidos, etc.) y el «enemigo» puede estar (de hecho, así ha sido en los casos que ya se presentaron) actuando bajo una «falsa bandera». Las estructuras que están bajo presunta amenaza son muy diversas: abastecimientos de agua, redes eléctricas, transporte nacional o internacional, acerías, etc. Será difícil probar, en caso de ataque, la identidad del enemigo.

Nos encontramos, pues, en un nuevo escenario, lleno de incógnitas, en el que la Estrategia de Seguridad, por sí misma, exige una Estrategia. No es un juego de palabras. Es lo que hay.

FIN

 

 

 

 

 

 

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Ejército y sociedad civil (17)

20 febrero, 2018 By amarias Deja un comentario

Si se considera la complejidad y variedad de los agentes que pueden provocar amenazas (a los Estados, a bienes públicos privados, a grupos ciudadanos y a individuos), se comprenderá que es imposible realizar un cuadro completo de las defensas que serían razonablemente eficaces para contra-restarlas.

La costumbre -conducida de la mano, en este caso, por la ignorancia- tiende a asociar a las Fuerzas Armadas con el material bélico y el deseo de concretar los peligros puede que conduzca al ciudadano mal informado a que el mayor riesgo actual es el de una guerra nuclear. Puede incluso que encuentre cómodo en definir el perfil de los potenciales enemigos.

En el reparto de papeles, a pesar de su reiterada posición no agresiva, China suele aparecer como un fijo de los conflictos, ya sea contra Estados Unidos (asociada aquella con Corea del Norte y con Rusia), contra Japón o contra la India.

La guerra nuclear no puede descartarse, desde luego, y el creciente potencial en esta dirección, en una escalada sin límites aparentes, parece conducir a ella irremediablemente, pero en el corto plazo, los peligros y amenazas son otros.

En el terreno económico, la globalización ha favorecido a China de manera seguramente previsible, y el potencial de exportación de este país, aunque el coste de la mano de obra suba imparable (asociado al mayor nivel de bienestar) lo convertirá en breve en el actor principal de la economía mundial.

En este sentido, se me ocurre comparar su hegemonía con la conseguida por la Roma clásica en tiempos del Imperio. No se trata de sojuzgar, sino conseguir que los países amigos se conviertan en colaboradores interesados del poder económico chino: no conseguirán los mismos beneficios de la metrópoli, pero disfrutarán de indudables ventajas.

La pasividad con la que las economías occidentales han admitido la suplantación del clásico comercio de cercanías por establecimientos chinos, bien surtidos y homogéneamente gestionados, sorprende. Al volumen de transacciones generadas por esta vía (a la que se añaden también las de tiendas de ropa, peluquerías, jugueterías, etc.) se añade la generación de un empleo para nacionales chinos y una opacidad notable en la concreta realidad de los negocios.

En el tema medioambiental, se produce aquí una amenaza cuya contención (en mi opinión, ya perdida) exigiría la reducción drástica, e inmediata, de la producción de gas invernadero per cápita. Como es sabido, la contribución de Estados Unidos a la generación de CO2 equivalente es aproximadamente igual a la de China.

Permítaseme que deje, de momento, la concreción de estas amenazas reconocidamente no militares (invasiones pacíficas, podrían llamarse), para poner el énfasis sobre otras dos que, aunque se les refiera normalmente como «armas», no tienen que ver con el soporte bélico tradicional. Me refiero a las armas bacteriológicas y químicas a las actuaciones en el ciberespacio.

Las armas bacteriológicas son una amenaza real y de muy difícil control, ya que son relativamente fáciles de producir (y aunque no lo sean en grandes cantidades, pueden alcanzar una difusión exponencial) y no conocen fronteras. El 20 de marzo de 1995 se produjo el primer ataque químico de envergadura contra la población civil, en las tres principales líneas del metro de Tokio. Aunque hubo más de 5.000 afectados (algunos con secuelas de por vida), solo se contabilizaron doce muertos. El atentado fue perpetrado por la senda «Verdad Suprema» (Aum Shinri Kyo») y supuso una advertencia muy grave sobre los métodos que pueden emplear los terroristas para amedrentar a la sociedad civil y la dificultad de detectar de manera fiable los agentes biológicos patógenos y su trazabilidad posterior.

La Convención de 1972 sobre Prohibición de Armas Biológicas se preocupó de definir los agentes biológicos «militarizables»; de entre los agentes naturales vivos, el bacillus anthracis está reconocido, desde 1994, como de máximo riesgo; también militan en este grupo el Yersinia pestis (productor de la peste), el agente de la turalemia (Francisella tularensis) y la Rickettsia burnettii (agente de la fiebre Q), entre otros.

Los agentes naturales moleculares pueden producirse con facilidad por ingeniería genética y provocan alteraciones de las funciones biológicas o de los elementos de autodefensa.

Desde 1989 se vienen celebrando Conferencias de examen sobre la prohibición de armas biológicas, que a partir de 1996 incluyen los productos susceptibles de provocar modificaciones genéticas. Lamentablemente, las denuncias de incumplimiento de los protocolos de no utilización se suceden en los conflictos más recientes, poniendo de manifiesto que los Estados .grandes o pequeños- no renuncian a su uso potencial en caso de conflicto. Para unos, la justificación es que deben desarrollar métodos de defensa frente a eventuales ataques, que implican el conocimiento exacto del riesgo. Para otros, es un recurso militar o estratégico, cuyas consecuencias no se valoran con rectitud.

(continuará)

 

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Ronaldo

9 diciembre, 2017 By amarias 1 comentario

Apuesto doble contra sencillo que un tercio de la población mundial (más de 2.000 millones de personas) saben quién es Ronaldo, el número 7 del club de fútbol Real Madrid, equipo de un país intermedio a la búsqueda permanente de su identidad (como los seis personales de la obra teatral de Pirandello iban en busca de autor).

Son muchos los niños de cualquier lugar del planeta, incluso, -o tal vez, precisamente allí- en los países menos desarrollados que ven en Ronaldo, un ídolo, un personaje a imitar. Aunque las virtudes deontológicas del jugador son, sin duda, apreciables, lo que mueve a todos esos admiradores infantiles es el deseo de triunfar como futbolista, ser un genio en el manejo del balón y, por supuesto, adquirir  o mejorar la capacidad (si fuera innata) de meter ese esférico objeto entre tres palos, muchas veces, cuantas más mejor, en todo tipo de giras, faustos y torneos, pero en especial en aquellos en donde se compita a escala mundial y/o en controversia con el equipo de la población de al lado. Para el caso, Madrid contra Barcelona.

Porque Ronaldo no está solo en la cúspide de la admiración. A su lado, es decir, enfrente, existe otro tan bueno como él, con prácticamente el mismo número de admiradores de su arte, aunque no necesariamente los mismos. Se llama, el lector lo ha adivinado sin la menor duda, Messi. Leo Messi.

Los dos campeones del arte de darle patadas a un balón consiguiendo hacer más dianas que cualquier otro contrincante, han conseguido similares logros. Gigantescas sumas de dinero, a base de honorarios profesionales, primas de fichaje y derechos de imagen. Cinco balones de oro. El afecto y endiosamiento de los seguidores de sus respectivos clubs. La envidia, fundamentalmente sana, de sus compañeros de equipo (anteriores, actuales y venideros). El apoyo agradecido, aunque interesado, de los presidentes de sus clubs (anteriores y actuales), que obtienen publicidad para sus propios negocios por el contagio con los sublimes atletas.

Y, aunque no sea exactamente un logro, sino una consecuencia de su pertenencia a la élite de los que han conseguido amasar grandes sumas de dinero, ambos han debido comparecer ante la Justicia, investigados (ellos y sus representantes) por supuesta comisión del delito de fraude fiscal que han intentado solventar con declaraciones complementarias, asunción de ignorancia y otras argucias procesales.

En estos momentos en que los españoles han rescatado banderas de los armarios (o las han adquirido de las tiendas del «chino» más cercano) para colgarlas en los alféizares, y el ser hincha del Barcelona CF o del Madrid CF es visto como una seña de identidad nacionalista (sean benditos los seguidores del Español CF y del Atleti, además de todos los que se contentan con aplaudir logros y lamentar fiascos de sus equipos favoritos), en estos momentos, digo, en el que los partidarios tenidos por la facción más extremista de esas entidades destinadas a hacer, teóricamente, más agradable el ocio ciudadano, se enzarzan en peleas tribales, en discusiones crespas, alimentando odios acerados y corruptos mensajes de guerra sangrienta, pido al lector, al que supongo pacífico, como yo, aficionado al fútbol sin filias ni fobias, como yo, amigo de la paz y de una España fuerte y, por tanto unida, como yo la deseo y amo, que ponga al aire de la calle de todos, la única bandera que, en mi opinión, merece la pena orear.

La bandera del desarrollo tecnológico, del conocimiento serio, de la asistencia social paritaria, de la investigación eficiente, de la colaboración entre iguales y el apoyo sin fisuras a los más necesitados.

Y pediría a Ronaldo, y a Messi, y a todos los campeones de cualquier deporte, que dediquen unas palabras a sus admiradores para ayudarles a entender que ellos sirven al ocio, al descanso y al goce, pero lo que hace avanzar a las  colectividades, perdónenme esos dioses,  se llama Ciencia, Técnica, Humanidades, … y hay miles de héroes anónimos que empujan, sin reconocimiento aparatoso ni honorarios jugosos, ese carro hacia delante.


Cuando estaba observando las evoluciones de una pareja de somormujo lavancos (que fotografié correspondientemente, y presentaré una muestra de las instantáneas, como adenda a un próximo comentario) en la Albufera des Grau, en Menorca, una bandada de cormoranes irrumpió en las cercanías de donde estaba instalado, con gran estrépito.

Durante apenas cinco minutos se dedicaron, sin descanso, a engullir los desgraciados componentes de un cardumen sobre el que llamó su atención la disputa que mantenían tres pollas de agua por un quítame allá esos carpines (carassius carassius), lisas (liza aurata), percas…

Después de haber agotado el banco de peces, retornaron, con la panza llena, tranquilos, a tomar el sol sobre el roquedo.

 

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Ciudadanos

26 noviembre, 2017 By amarias 1 comentario

La necesidad de un reajuste del espacio político español es urgente y, aunque no alcance ecos ni fanfarrias, clamorosa. Existen, como se detecta sin esfuerzo, problemas internos de liderazgo, aunque lo que resulta más grave es la escasa devoción externa que provocan dirigentes más bien grises, cuando no sospechosos de corrupción, adictos a la revolución contra constitucional, o confusos y variables en sus postulados ideológicos.

Sospecho que esta ausencia de carisma viene provocada, además de por déficits personales, por las carencias, solapamientos e incongruencias, de fondo y de forma en los programas de los partidos.

Con el partido de Gobierno sometido a la presión judicial de procesos que confirman la teoría conspiratoria de su financiación irregular y con la imborrable sospecha de que han sido muchos los representantes del pueblo que han puesto sus manos en el camino entre las arcas públicas y los contratistas de obras y servicios, es difícil sustraerse a la sensación pegajosa de que los tentáculos de la corrupción son alargados y correosos…

El mal de la gestión pública interesada parece venir de antiguo -no solo en nuestro país,  claro está- y, por  ello, resulta más consustancial con el conservadurismo, esto es, con la derecha. Pero no hay que engañarse: el riesgo de que los poderes públicos tomen decisiones con las cartas marcadas es la combinación del propio poder y de la ausencia de controles. Por tanto, puede afectar tanto a diestra como a siniestra.

La regeneración política  ha de teñirse  de honradez, aunque es más importante para todos que aporte ideas.

Por el centro/centro derecha, con Ciudadanos hay más verbo que sustancia. Albert Ribera, tiene buen decir y excelentes maneras parlamentarias, y se encuentra bien secundado por Arrimadas y otros. Intentó un golpe de mano con el PSOE de Pedro Sánchez y, pasado el tiempo, aún no soy capaz de dilucidar a quien perjudicó más pues dejó a ambos partidos con la huella del contagio con lo que no gusta del otro a sus simpatizantes.

Es hora de cambio, sin embargo, y ha de venir (no hay otra) por la izquierda.  La viabilidad de la sustitución de viejos odres por nuevas vasijas no es, sin embargo, sencilla. La resistencia coriácea de los avezados paquidermos de los partidos tradicionales es estupenda, goza de buena salud.

Aunqueno se les vea, controlan muchos reductos del PP, del PSOE, de Izquierda Unida (PC?) y, naturalmente, de los partidos regionalistas.

En el terreno de la izquierda moderada la ambigüedad es tremenda y la fuerza de voto directa, escasa. El problema de fondo es aquí que la mayoría de los impulsos juveniles de cambio se han alineado (y, aunque mutando, siguen ahí) con la simpatía y frescura que irradiaba de Podemos. La realidad ha puesto muchas dudas  en ese movimiento de cambio revolucionario,  lo que no le quita fuerza ni atractivo, porque no aparecen alternativas que maticen la diferencia entre revolución y evolución.

El acceso de la izquierda al gobierno obliga a pactar entre partidos cuyos líderes se esfuerzan hoy en marcar diferencias, muchas veces teñidas de descalificaciones personales. Con esa actitud, no se ve el camino de salida; solo el discurrir por el laberinto.

Los partidos independentistas con base regional no lo tienen mejor, aunque en este caso la cuestión proviene, no ya de la repulsa que provoca en parte de los  votantes, que sustenten ideas insolidarias con el resto de España, sino de su incapacidad para plantearse seriamente la viabilidad económica de su modelo, faltos de tamaño crítico, con servicios asistenciales que cada vez demandan mayor aporte de medios y, por tanto, resultan más caros.

Opino que la mayoría de recambio debiera configurarse en torno a un proyecto de minimos, coherente, práctico, adecuado al modelo de futuro que precisamos como Estado intermedio, y olvidar los extremismos ideológicos,las descalificaciones personales, y las fantasías irrealizables. El tropel que levanta el polvo del camino no se asemeja al ordenado grupo de eficientes representantes que precisamos, no ya para avanzar. Para que los intereses ajenos no nos aplasten.

Cuidado: acabo de leer en un diario que los noruegos llaman a  «cometer una infracción de tráfico», «hacer una españolada». Una nueva Leyenda Negra se puede estar teniendo utilizando nuestra reiterada incapacidad para ponernos de acuerdo en lo importante. Sea lo que sea.

 

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