Al socaire

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¿Eso es lo que hay?

18 octubre, 2017 By amarias 1 comentario

Ayer, 17 de octubre de 2017, volví de Asturias, mi tierra natal, con los ojos irritados. Por el cisco de los incendios que, no se si alguien sabe en qué medida, de forma parcialmente provocada, se desataron simultáneamente en Galicia, Portugal y el occidente asturiano.

A llegar a casa, conecté con la TV3 y el locutor y sus entrevistados se referían  machaconamente, a la falta de democracia en España -en esa emisora dan por descontado ya que Catalunya no es España-, y a la existencia de presos políticos. Una multitud, según expresaba, de más de doscientas mil personas, se estaban manifestando por la libertad inmediata de los «dos Jordi», la independencia y la proclamación de la República.

Entonces cambié a otras televisiones regionales, y en la TVG se hablaba extensamente de los incendios que habían causado 4 muertos en Galicia, y múltiples pérdidas económicas. Con solidaridad emocionada, se extendía la crónica sobre los 40 fallecidos por causa del fuego, los aún desaparecidos, y las miles de hectáreas arrasadas en el país vecino, en actuaciones que parecen, también, causadas por terroristas incendiarios.

En la Televisión andaluza, la preocupación principal giraba en torno al paro que asola la Comunidad, en la que núcleos como Linares, con más del 50% de la población con voluntad de querer trabajar, en paro prolongado, se consolidan como paradigma de la desigualdad entres las regiones.

Me pareció entonces que entre el cisco (alboroto, bullicio) catalán, el cisco (polvo de carbón) galaico-astur y las circunstancias que hacen cisco (trizas) las perspectivas de recuperación económica de toda España (incluida la región en donde se ha afincado el vicio separatista) había un hilo conductor. Es decir, entre el «éche lo que hai» y el «si me queréis, irse», hay una línea de trazos, como si la Historia de mi país fuera un juego de la Oca, en el que, de oca a oca (de desentendimiento en desentendimiento), no faltan jamás el riesgo de una guerra civil, una asonada militar o el fracaso de los gobiernos de unidad nacional.

Viviremos, pues, mañana, a) la declaración firme de independencia de Catalunya, con proclamación de la República catalana y la convocatoria de una Asamblea constituyente, y b) la aplicación del art. 155 de la Constitución, con la intervención de la Guardia Civil (no creo que el Ejército, pues ello supondría la declaración simultánea de estado de alarma, y, además, sería un error táctico tremendo) y la detención de algunos independentistas significativos.

La posición del PSOE en esta delicada tesitura me parece innecesariamente confusa. Las declaraciones de Iceta, como líder del PSC, el silencio de Pedro Sánchez (o su ambigüedad), el verso libre incómodo de Margarita Robles (entre otros), no viene sino a complicar la situación, pues la gran mayoría que representamos los ciudadanos que deseamos vivir en paz y  creemos que la unión de todos los españoles es lo que nos da fuerza interna y externa, no está siendo ilusionada ni convocada desde posiciones de liderazgo.

Lo dicho. España es un cisco, mírese por donde se mire. Nuevamente, somos banco de pruebas de Europa. En el 36, fuimos, con una guerra incivil, preludio de una guerra europea que es convirtió en mundial. Confiemos que, esta vez, todo se resuelva con la recomposición del mapa de las regiones europeo.

Al fin y al cabo, que Catalunya sea un Estado independiente, una región con una autonomía para hacer y deshacer desde su gobierno regional lo que les pete (incluido el suicidio colectivo) o protagonista de un paso adelante para convertirse en el núcleo duro de los Paysos catalanes, incluida la Cataluña francesa, y deshacer la Unión Europea, dentro de diez años, a todos los que hayan sobrevivido hasta entonces, les importará un pito, como se dice vulgarmente.

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No hubo nada

15 octubre, 2017 By amarias 1 comentario

Resulta que, después de haber vivido con evidente zozobra lo que parecía una deriva separatista del gobierno de la Generalitat calatana, no hubo declaración de independencia.

Aunque escribo esto en la tarde del domingo, 15 de octubre, hay suficientes elementos sobre el manoseado tapete político para deducir que el plazo dado por el gobierno español para que el President Puigdemont aclare si se declaró o no la independencia, se agote manteniendo la ambigüedad de la situación.

Es decir, podemos concluir que no hubo declaración independentista. Todo fue una ilusión.

Lo que no es ilusión, sino dura realidad es el cinturón de graves incendios -¡parece que provocados!- que rodea Vigo, y está devastando zonas muy queridas por mi, que fui gerente de Aguas de la ciudad pontevedresa y su comarca metropolitana.

Por tanto, mañana, estaré pendiente de lo que es importante: conocer si se han controlado esos fuegos, y confirmar que está por fin lloviendo en Galicia y en el Cantábrico.

Me he cansado de oír tonterías procedentes de personas -surgidas del magma catalanista-, algunas de las cuales creía sensatas, afectadas según parece por un síndrome que les hace suponer que nos importa lo que hagan con sus vidas. Si quieren suicidarse, que lo hagan, pero no nos fuercen a los demás a que entendamos su monólogo autodestructivo, plagado de insultos a los que nos acercamos para persuadirles que se retiren del precipicio.

Lo que merece la pena es conseguir que se apague cuanto antes el fuego que destruye paisaje y propiedades gallegas. Eso es lo que costará reparar.

Descúbrase al autor o autores del atentado ecológico. Caiga el peso de la Ley sobre los infractores. Sobre todos los pirómanos.

Por cierto, los catalanes son aquellos que cuando están en una escalera no se puede saber si suben o bajan.

 

 

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Alerta roja

13 octubre, 2017 By amarias Deja un comentario

El vocabulario bursátil ha consagrado -expresión, por si misma, ambigua- el término «descontar» para expresar que el dios Capital, manejado de forma bastante misteriosa por sus fieles servidores, ha asumido los efectos de un riesgo, y ha corregido las cotizaciones, aplicando, mutans mutando, la probabilidad de que el evento perjudicial suceda realmente.

Como no soy devoto de deidad alguna (lo que solicito no se interprete como que descarto que existan, pues también asumo que, para dormir mejor, puede ser conveniente atribuir responsabilidades mágicas que cubran las desnudeces de nuestra ignorancia), trato estos días de esforzar la imaginación para entender quién podría salir beneficiado de los tres o cuatro asuntos que tienen preocupados, y, por tanto, entretenidos, al subconjunto de la población mundial que cree tener información sobre lo más grave que puede pasarle, y, claro, le apetecería tener en su mano o la de quienes controlan la cuestión desde sus intereses comunes, la manera de protegerse.

Empiezo por lo más fácil: el cambio climático. Independientemente de síntomas, estudios y criterios científicos, lo más barato a corto plazo es negarlo, y actuar, además, como si no fuera el tema con nosotros. En algunos foros -publicos o privados- si el asunto se pone feo, se saldrá del embrollo prometiendo medidas que no se pretende cumplir, o ampliando el campo de responsabilidades a quienes, si cumplieran lo pactado, comprometían gravemente su desarrollo o su supervivencia. En consecuencia, estamos en Alerta roja. Los afectados  y por huracanes, inundaciones, sequías, serán tratados como víctimas inevitables. En términos de mantenimiento, se aplican las medidas paliativas (más intensas allí donde hay votantes del cacique) y se postponen las preventivas.

En conflictos internacionales, el principio de la dejación e infravaloración de los efectos por cualquier crisis, rige igualmente. Tomemos el ejemplo del aumento de tensión en la crisis norteamericana- norcoreana. Los máximos gobernantes de ambos Estados comparten la cualidad de ser poseedores de una megalomanía imparable.

Como parte de los cretinos, su insolencia y comportamiento abusón, arruga o disuade a quienes deberían llevarles la contraria. Desde niños, Trump y Kim, habrán alimentado, estoy seguro, su carácter de matón de barrio, y la ausencia de oposición (un bofetón paterno, una enseñanza reprendedora, jefes, colegas o amigos críticos, y, entre otros entornos virtuosos, una justicia insobornable) ha hecho crecer las sinapsis entre las neuronas que desconectan el yo interno del yo colectivo. Resultado: alerta roja, preparativo para una confrontación de paranoicos que nos llevará a una hecatombe nuclear.

Desciendo a nivel local, a esta España mía, a esta España nuestra. Doy por seguro que, presionado por sus amigos de la CUP y de un imaginado compromiso con la calle (que ya son ganas de atribuir inteligencia a las masas incultas, manipulables y estentoreas a las que el Procès ha conducido como una recua de ganado), el Molt Honorable Puigdemont dejará de serlo el lunes.

Se armará la marimorena, y se resolverá de la manera adecuada -a golpes, porrazos, detenciones, gritos, ostias, tiros, guantazos, etc.- el conflicto generado en un pueblo pacifico, industrioso, pasota.

Lo mejor de todo, es que, al parecer, las Bolsas europeas, ¡y españolas!, ya han descontado los efectos. Y, según anuncia está mañana el Gobierno, se corrige solo un par de décimas el crecimiento del PIB.

Creo que la fotografía con la que ilustro hoy mi Comentario encaja como anillo al dedo. Hay rebajas, pero el precio nuevo es igual al antiguo.

Y yo, que me creo un demócrata y un socialista educado y contemporizar, soy tachado por algunos amigos y bastantes desconocidos independentistas catalanes de «facha», «carca» e «ignorante». Alerta roja.

 

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: Alerta, Cataluña, Corea, españa, guerra nuclear, independencia, Kim, medio ambiente, Puigdemont, Trump

Graciès, President; gracias, Presidente

5 octubre, 2017 By amarias 2 comentarios

Nada me permitía prever que mis últimos años en mi país, fueran a resultar tan interesantes.

Dejando aparte las felices circunstancias de encontrarme junto a la mujer con la que compartí más de cuarenta años, disfrutar de cuatro preciosas nietas y una familia bien avenida, resulta que dos políticos de los que podríamos considerar «de medio pelo», se están esforzando lo indecible para animar nuevamente el cuadrilátero de las discrepancias que conducen, entre humanos, a la confrontación destructiva.

El espectáculo que ofrecen Rajoy y Puigdemont y sus palmeros es, genuinamente, deplorable. Visto desde dentro, en los confines de nuestro pesar, (especialmente de los que  somos pacíficos, fieles a lo pactado, cumplidores  y con las leyes, amigos del orden)) conducen a alturas de desazón insoportables.

Pero me imagino (y compruebo) que fuera de España, el asunto resulta ejemplar y hasta tiene su punto de divertido.

En primer lugar, el pulso de los independentistas y de la nebulosa izquierda revolucionaria, contra el Estado de Derecho, la actual Constitución y las normas y tratados internacionales que afectan a España, no tiene viabilidad pacífica y, por tanto, quedará abortado por su propia esencia. Depende solo del manejo sensato de los instrumentos legales y de la manifestación ordenada y firme de la discrepancia masiva contra la independencia de un Estado Catalán, el que la agonía dure más o menos tiempo y se produzcan más o menos víctimas propiciatorias, en el altar de la desmesura.

Como en todo río revuelto, ganarán los que controlan las cúspides de los dineros, porque en las graves crisis el sistema se aproxima como nunca a la teoría del suma cero. Allí se encuentran, seguro, los más agradecidos, frotándose las manos entre la inmundicia global.

Pero mi amarga situación de agradecido tiene orígenes muy modestos. Deploro como todo buen español y cualquier catalán que no tenga unas anteojeras por visera, la situación.

Pero me ha recordado un olvidado proyecto, muy querido en su momento: La Europa de las regiones. Para el caso, una Europa federal que sirva, a un tiempo, para recuperar simetrías y equilibrios en la Unión Europea y facilitar el entendimiento entre gentes convencidas de un pasado propio, mostrándoles un camino de futuro, con ese pasado por delante, pero como acicate para mejorar lo común y no como rémora para la convivencia.

Por eso, gracias, Puigdemont, Rajoy y demás políticos de diestra y siniestra que habéis demostrado vuestra incompetencia para ver el futuro común. Doy por seguro que se aplicará el artículo 155 de la CE y que habrá algunos procesos penales y -confío- pocos golpes más entre exaltados, fuerzas del orden, fanáticos del desorden y enfermos mentales. Pero habéis mostrado, con vuestra intransigencia, con vuestra cerril cerrazón, el camino a seguir.

No el vuestro, el que señaláis obcecadamente, el que presentáis como medida inmediata. Son pamplinas. Dolorosas, pero fatuas, efímeras soluciones falsas de problemas mayores.Debemos recuperar la Europa de las regiones, la Unión federal de Europa. Y trabajarla con calma.

 

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Un desaguisado

30 septiembre, 2017 By amarias Deja un comentario

Mañana, España no se despertará de la pesadilla. La realidad alumbrará una tensión entre españoles que no se ha conocido desde la última  guerra incivil. El intento de golpe de Estado de Tejero fue una minucia comparada con el golpe al Estado y a la democracia de Puigdemont y compañía.

Para aquel golpe, el Estado estaba preparado. Para éste, la debilidad mostrada por el Estado está siendo de una naturaleza asombrosa, inconcebible, injustificada.

No quiero actuar de agorero, porque lo que sucederá mañana es fácil predecir. Los mossos recordarán, a las seis de la madrugada, a las familias que se encontrarán todavía ocupando las escuelas designadas como colegios para la seudo-elección por el gobierno secesionario de la Generalitat, que deben abandonarlas.

Los mossos se marcharán, como si ya hubieran cumplido. Entonces, la guardia civil y la policía nacional, sacarán de allí a las familias, entre aplausos y abucheos , y precintarán los locales.

¿Solo eso? Si.

El desaguisado ya comenzó. España está rota, derrotada. Y no se podrá recomponer en esta generación. Esta batalla la hemos perdido todos. No podré perdonar jamás a quienes propiciaron este desastre, está vergüenza.

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Otras gentes: (9) De paso

6 septiembre, 2017 By amarias Deja un comentario

 

La formación cristiana supone admitir que «estamos de paso» en este mundo, en el que deberíamos acumular méritos para disfrutar de una eternidad colmada de felicidad, aunque los escépticos (y no pocos creyentes) reconozcan la dificultad en precisar en qué pueda consistir el goce sin límites espaciales ni temporales.

Cuando España no era aún país destinatario apetecido como residencia definitiva por nacionales de otros países -utilizo la palabra «nacional» con las reservas que la amenaza de segregación de Cataluña puso sobre el tapete dialéctico-, los pocos extranjeros que se encontraban por aquí, alegaban encontrarse «de paso» hacia objetivos más interesantes y económicamente prometedores, como Alemania -entonces, República Federal-, o Francia.

En la actualidad, el mosaico de emigrantes dispuestos a quedarse para siempre abarca desde los iberoamericanos a los chinos, pasando por los apátridas del Sahel, rumanos y ucranios, lo que podría significar que nos hemos situado, como país, a la cabeza de los apetecibles destinos permanentes para asentar los reales familiares y ganarse la vida. Los casos de los británicos y centroeuropeos jubilados y de los capos de las mafias rusa o colombiana deberían analizarse desde otra perspectiva, que, por falta de espacio, no pretendo abordar aquí.

La expresión «de paso», se utiliza, en el lenguaje habitual, para introducir en el discurso cuestiones que no tienen nada que ver con el tema principal. El recurso es muy utilizado en política y en las conversaciones sobre temas familiares, para criticar, sin venir a cuento, a posturas de otras partidos o par lanzar una pulla a la parentela de la pareja.

En los años largos de la última postguerra española, en que, hasta los sesenta del pasado siglo, pesaba la excesiva pobreza,  había mucho migrante -familiares y amigos que buscaban pasar unos días con los parientes mejor situados en la capital, con la excusa de encontrar trabajo o de cerrar un negocio inexistente. «Estoy de paso», acostumbraba a decir el afectado, si se le preguntaba por razones.

La delicada situación económica y política en la que se encuentra España -falta de guión y con exceso de actores secundarios-  nos convierte a todos los españoles, sin que importe el calificativo regional, en «gentes de paso». Me gustaría , como a todo sensato lector de estas líneas, saber a dónde nos dirigen. Me temo, por el guirigay que se ha formado entre pastores, que ni siquiera los que nos dirigen saben a dónde vamos.


Las tres garcetas comunes (Egretta garzetta) de la fotografía, que tomé en el Parque nacional de Monfragüe, seguramente forman parte de una colonia residente allí. Se las distingue, en vuelo, de otros ardeidos blancos, por los dedos amarillo brillante. Son aves silenciosas salvo cuando se encuentran en los lugares de anidamiento. En los períodos nupciales y de cría, los adultos desarrollan en la nuca dos plumas muy alargadas.

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Otras gentes: (3) Gentes falsas

8 agosto, 2017 By amarias Deja un comentario

Es «más falsa que la falsa moneda», se escucha para descalificar a aquella persona que es propensa a mentir en lo que nos atañe de cerca. Esas personas, que no son de fiar, por su naturaleza retorcida, han hecho del hábito de engañar, su principal característica, y quien se acerca a ellas, pretendiendo que le den información veraz, se encontrará de hoz y coz con el embuste, que le acabará doliendo, generalmente en el bolsillo.

La mentira es algo despreciable, sin duda, porque a todos nos gusta contar con información fidedigna, fehaciente, coherente y, sobre todo, útil. Sin embargo, quien no haya mentido alguna vez, que tire la primera piedra, y que procure no tirarla a lo alto, porque puede quedarse, si le cae encima por mal sitio, sin un ojo o con un considerable chichón en la mollera.

Son, sin embargo, los que han hecho de la mentira el oficio, aquellas gentes a las que me refiero. Son tipos con apariencia de credibilidad, que ocupan un puesto de relevancia (al que habrán llegado, sin duda, utilizando las mismas malas artes), y que no mueven ni una pestaña cuando lanzan sus embustes. Mi tío Manuel decía que, «si te engañan una vez, la culpa es del mentiroso, pero si la misma persona te engaña dos veces, la culpa es tuya».

Pues el personal no parece darse por enterado de esa magnífica máxima, puesto que proliferan las mentiras y se encumbran los mentirosos. Internet es un foco infestado de mentiras, que se difunden impunemente por miles de crédulos: consejos estúpidos para conseguir la felicidad, citas falsas de escritores y personajes reales o de ficción que les harían sonrojar -incluso a estos últimos- si fueran enterados de la atribución, noticias seleccionadas con mala uva para difundir mensajes difamatorios contra inocentes, etc.

Quienes mejor me encajan en el apelativo de gentes falsas, son, por una parte, los comerciantes, que nos venden el género con un sobreprecio que no guarda relación alguna con la calidad, o adornan el producto con palabras rimbombantes, para que, con nuestra credulidad a flor de piel, traguemos su mercancía adulterada en calidad o en coste.

Y, por otra, están los políticos y afines, que amparados en títulos de Boston, Oxford o Tegucigalpa (para el caso), rodeados de otros tipos de parecida calaña, traje de merecer y palabras adormecedoras, nos engañan, una y otra vez, con un futuro que no llega (es decir, no llega con el color con el que nos lo pintaron), una recuperación laboral que no aparece más que en los papeles, unas ventajas de productos financieros que jamás tuvieron, en realidad, el mérito que pronosticaron, etc.

No todos los que se dedican a la política , a las finanzas o a la empresa, son «gentes falsas». Solo algunos. Aunque este tipo de enfermedades de la ética son muy contagiosas. Sospecho que incluso se contagian a distancia, por emulación, o  por instinto de supervivencia en el caldo en el que se desarrolla la actividad a la que algunos han decidido consagrarse como forma de ganar los garbanzos.

Razones estas por las cuales, veo mentirosos profesionales tanto en la izquierda como en la derecha, en la oposición como en el Gobierno. Los tipos que no son de fiar en el mundo de la empresa, merecen capítulo aparte, aunque no estará más recordar a los niños que la economía, la política y la religión son los tres jinetes que conducen la Humanidad hacia su destino.


He fotografiado a este estornino dando de comer a su cría, ya talludita. No son los estorninos las aves a las que tengo más simpatía, pues las asocio a asaltar los campos recién sembrados como si se tratara de enjambres de langosta. Sin embargo, su canto es bastante melodioso y, aunque suelen encontrarse en bandos numerosos, si se las contempla aisladamente, tiene su belleza. Su plumaje negro, brillante, y su agilidad para levantar el vuelo al ser avistados, les hace contrastar vivamente con los tordos, aves con las que los que solo se fijan en lo superficial, frecuentemente los confunden.

Por que los tordos, o mirlos, son también negros -los machos-, pero su plumaje es más opaco, son territoriales y, para levantar el vuelo, tienen que dar algunos saltitos, haciendo su peculiar carrerilla.

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Demasiados frentes

19 julio, 2017 By amarias 2 comentarios

La muerte, en extrañas circunstancias, de Miguel Blesa y Rita Barberá ha venido a conformar una pareja triste y dramática, que parece señalar, con lápiz amargo, la tremenda tensión política y económica que vivimos.

Los problemas son de tal magnitud y diversidad que su simple enumeración produce escalofríos. La falsa recuperación económica, la ausencia de una directriz formativa para los jóvenes, la presión inmigratoria y el riesgo climático, se agrupan junto a la incertidumbre del proceso secesionista catalán, la falta de credibilidad de un gobierno decadente y el descrédito autoinfligido de su no muy leal oposición, el cuestionamiento de la ética de miembros de la familia real, el menos que dudoso delictivo proceder de las huestes del antes muy honorable President de la Generalitat catalana y, ya tomando carrerilla, la puesta en solfa de todas las instituciones y autoridades.

Bajo este sombrío panorama, el óbito de Blesa, acaecido en la madrugada del día en que esto escribo, si, como se está difundiendo (no sé si con temeridad) pudo ser causado por él mismo, me provoca  la especial desazón de sospechar que la impecable persecución judicial de quienes fueron segundones en actuaciones probadas o presuntamente delictivas les está provocando como daños colaterales,  graves desequilibrios anímicos. No se trata de «la pena del telediario». Es la «pena del abandono como apestado» de aquel a quien fuiste fiel durante años.

Imagino lo duro de sufrir, primero, la presión del dedo del reproche público y, luego, la cárcel, sabiendo que los principales impulsores y beneficiarios de la actuación del investigado, empicotado y penado, andan parapetados en la inmunidad que concede la inmensa hidra del sistema. Aunque algunos se jacten de hacer amigos entre los «reclusos del montón» y escriban luego libritos con la experiencia (alardeando de capacidad de resistencia). Incluso aunque se pueda relajar la mente pensando en la futura disponibilidad de los millones puestos a recaudo en paraísos fiscales y no descubiertos por la investigación de solvencias con que responder del delito.

No estoy de lado, por supuesto, del que delinque, pero sí tengo que poner de relieve que los frentes abiertos del sistema económico y social son excesivos para la munición con que contamos.

Restringiéndome solo a nuestro código penal -y a pesar de las modificaciones recientes-, entiendo, como ya puse de manifiesto otras veces, que precisa una urgente revisión de las sanciones, haciéndolas proporcionadas, modulares y coherentes con el fin que se persiga.

Preparado para castigar a delincuentes de poca monta en la mayor parte de los tipos y de las penas, bajo la ingenua idea decimonónica de que permanecer privado de libertad en un centro penitenciario varios años debe servir también a la reinserción, no solo no se cumple, en general, para aquellos, pero la reeducación es una quimera para los autores de los delitos económicos graves. Deberían sufrir la confiscación de bienes familiares para responder de su gestión delictiva, llevando la restitución hasta sus últimas consecuencias, lo que plantea el problema de investigar a fondo el origen de las fortunas.

Ni los fiscales, ni los jueces, ni las cárceles, están previstos para tratar este tipo de infractores.

Quizás la cuestión clave está en que, así como la sociedad, sin necesidad de pasar por los Juzgados, reprocha de inmediato a quien roba una gallina o acuchilla a un compinche en una reyerta, y no le importa qué tipo de sanción penal recibe, carece de criterio para valorar ciertos delitos «nuevos». A veces encubre y disculpa, otras sobreactúa, y no pocas, castiga sin esperar que los jueces se pronuncien, haciendo caer en el descrédito irrecuperable a sospechosos inocentes.


El milano real de la foto sobrevuela, majestuoso, oteando la oportunidad de algún polluelo despistado. La cola de los adultos, rojiza en la zona superior, larga y muy ahorquillada, sirve de primera identificación del Milvus milvus.

Los milanos son rapaces relativamente grandes (hasta 70 cm). Para distinguir entre las especies, si la visión del ave se realiza, por suerte, con la iluminación adecuada, la zona anal-ventral puede ser determinante. El milano real tiene esa zona de color rojizo (más pálido en los jóvenes).

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Mi conferencia en el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo

30 abril, 2017 By amarias Deja un comentario

  • El 4 de mayo próximo, a las siete y media de la tarde, pronunciaré una Conferencia sobre el tema «Modelos regionales de generación de actividad económica y empleo en la Revolución de la Inteligencia». Será en la sede del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo, calle Asturias 2. La entrada es libre y, finalizado el coloquio, se servirá un vino español.
    El título puede parecer a primera vista, complejo, teórico, o ambiguo. El contenido de mi charla, puedo adelantar, será conciso, fundamentado y… provocador.
     
    Analizaré las actuaciones que, en mi opinión, debe abordar Asturias para crear puestos de trabajo y contribuir al mantenimiento del nivel de bienestar. O, al menos, para que no se deteriore más.
    Estáis todos invitados. Y si difundís la conferencia a vuestros amigos que puedan están estar interesados, os lo agradezco aún más. Necesitamos, entre todos, abrir la manzana de la ignorancia, la rigidez conceptual y el miedo a decir la verdad, confiando en que las soluciones vendrán por sí solas.

http://www.coimne.es/cgi-vel/ctrlweb/VINCULO-W-COMUNIC.BUS?COMCOD=718

 

 

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Estado social en deterioro (y 3)

17 abril, 2017 By amarias Deja un comentario

El proceso de deterioro del estado social no es específico de España, ya que tiene sus raíces en una maraña de interacciones comunes a todos los Estados occidentales, que el observador no condicionado puede detectar. La situación se puede resumir con pocas palabras: el período de bonanza sirvió para generar posiciones de bienestar que el reajuste de las economías haría imposible mantener, al menos en una o dos décadas. En mi opinión, sin embargo, la incorporación de nuevos elementos de interferencia aumenta el riesgo de que el equilibrio no se recupere nunca, ya que para superar la crisis e impedir que se convierta en sistémica, habría que apelar a una coordinación internacional, lo que resulta pura fantasía especulativa.

Varios son los puntos de preocupación, algunos de los cuales ya he tenido ocasión de exponer en estas notas. A escala local, los modelos de desarrollo que se venían utilizando por las regiones, están provocando graves grietas sociales y económicas. Las han causado ya, pero la situación no se ha estabilizado, y sigue su caída. Como resultado, la clase media, en la que se había hecho descansar el principal logro de las democracias avanzadas, se está rompiendo en decenas de compartimentos. Esta división es dramática, porque se generan nuevos compartimentos estancos de los que no parece posible salir, al menos hacia arriba, ya que solo tienen vía de salida hacia abajo de la escala socioeconómica.

Estos «supervivientes» de la economía, faltos de capacidad de ahorro, condenados a subsistir consumiendo todo cuanto ganan con un trabajo infravalorado, en el que ambos componentes de la pareja -si es el caso- deben contribuir, son zombies de la economía del bienestar. Jamás alcanzarán el nivel de vida de sus progenitores, sus posibilidades de ascenso en la pirámide laboral son prácticamente nulas, y dependen hasta limites de explotación inconcebible, de las decisiones de sus empleadores, temiendo en todo momento perder su puesto de trabajo.

Si recordamos el esquema que las regiones habían adoptado como fórmula salvadora para generar empleo y riqueza en el último cuartil del siglo pasado, los elementos que se habían puesto en valor eran, fundamentalmente, dos:

1) por una parte, se lanzó oficialmente el mensaje de estímulo y, al menos como promesa, de apoyo parcial, a la creación de nuevas empresas, surgidas del autoempleo o de pequeños inversores. Se trataba, se dijo,  de regenerar el tejido industrial desaparecido o gravemente deteriorado por la crisis, y se animó a la generalidad de los ciudadanos, que, en su inmensa mayoría, por supuesto, jamás se hubieran planteado convertirse en empresarios, a que dedicaran su capacidad de ahorro y endeudamiento a iniciar emprendimientos. Se creó así un falso e inestable tejido de empleo y dedicación de recursos con negocios para los que se necesita poca o ninguna capacitación (bares, peluquerías, mercerías, etc.), que, por supuesto, acabaron fracasando en buena parte. Polígonos industriales vacíos, espacios comerciales que «se traspasan» o en permanente «liquidación total» pueblan buena parte de los espacios dedicados a negocios fallidos.

2) Por otra parte, se confió en que la implantación de un par de empresas nuevas, para las que no se regatearon recursos públicos, filiales o participadas de grandes grupos internacionales, sirvieran de germen a una estructura de alto valor añadido y nueva tecnología, como base de activación para el nuevo desarrollo tecnológico que sustituyera a las empresas en crisis. Esos teóricos nuevos gigantes tecnológicos tampoco han cumplido , a su nivel, las expectativas, y se llevaron consigo la parte de león de ls subvenciones y lo mejor de las ilusiones de desarrollo, significando, por otra parte, su fracaso, total o parcial, que subsistieran las necesidades de mantener estructuras obsoletas, allí donde se concentraban sectores afectados por la crisis industrial.

El mimetismo se complementaba con la incorporación de nuevas ofertas de formación técnica, preferiblemente al más alto nivel académico. Todas las regiones quisieron tener sus centros de innovación, sus Universidades tecnológicas, etc. Proliferaron en poco tiempo un maremágnum de centros universitarios que, al haber crecido en proporción inasimilable, lanzaron al mercado laboral a miles de egresados con deficiente calificación y, sobre todo, con exigencias de empleabilidad sin relación con sus capacidades reales y, aún más lamentable, con desconocimiento del papel que un universitario debiera desempeñar en la sociedad bien organizada.

El modelo podría tener atractivo teórico, pero adoleció de los fuertes pilares que hubiera necesitado para sostenerse y crecer. Las empresas multinacionales que se implementaron en las regiones, rara vez consiguieron entroncarse con los centros universitarios, se llevaron, en el mejor de los casos, los mejores egresados a sus plantillas y, por supuesto, crecieron solo lo justo, o acabaron cerrando sin otra explicación que el cambio de coyuntura. Estuvieron y están siempre dispuestas a relocalizarse allí donde la mano de obra más barata, las subvenciones, o un mercado más amplio, ofrezcan ventajas. Los pequeños empresarios ocasionales han perdido, en no poca medida, sus ahorros y están fuertemente endeudados, una vez que han comprobado que su restaurante, cafetería, tienda de regalos, de ropa, etc., no da para vivir. Una gran  mayoría de jóvenes con título universitario muy aparente han debido aceptar trabajo como mileuristas o deambulan sin rumbo entre oposiciones, desánimos o el señuelo de irse al extranjero donde serán mejor valorados.

Y no en último lugar, como restos del momento de bienestar y de la nueva concepción implementada de lo que es la satisfacción, las sociedades han incorporado, como «fuerza laboral» a millones de inmigrantes, que ocupan los puestos aparentemente más bajos de la escala social -atención a ancianos y niños, servicio doméstico, celadores y porteros, dependientes de comercio, etc.-, que se unen, también, a nuevos comerciantes de cercanías igualmente extranjeros, que ofrecen productos de necesidades básicas, y que han desplazado a las antiguas «tiendas de la esquina» (tiendas de todo a cien, fruterías y abacerías, comercios de ropa de muy baja calidad, etc.).

No quiero cerrar estos comentarios sin exponer un mínimo mensaje de esperanza. Es imprescindible revisar el modelo de coordinación regional y atender de manera conjunta a la necesidad de competir en un mundo global, que no quiere decir globalizado. La necesidad de atender, ante todo, a las necesidades propias, ha vuelto la mirada pública hacia la autarquía y la protección de las barreras arancelarias o el apoyo a la industria nacional. Es peligroso, desde luego, y preocupante, advertir cómo el país más rico de la Tierra activa su industria de defensa y vuelca el interés de la ciudadanía hacia la protección de los mercados interiores.

La solución a largo plazo para España no puede venir del turismo, que es incapaz de generar estructuras sólidas a medio plazo, en un país desarrollado. Debemos aprovechar la coyuntura de que los países que pueden ser alternativa real  a las corrientes turísticas estén en guerra o sean incapaces de garantizar la seguridad a los viajeros. Es una situación efímera, que, de considerarse como solución a largo plazo, generará una nueva burbuja explosiva.

Detener el deterioro del estado de bienestar exige una eficaz coordinación de recursos, que evite su despilfarro, aunque lo más importante es promover nuevas vías estables y duraderas de actividad que sustituyan a las que se van cayendo por los avances tecnológicos. El modelo socio económico necesita, no solo disminuir el número de demandantes de prestaciones, controlar los desajustes entre solicitantes y oferentes de fuerza de trabajo para suplir las carencias de servicios (asistenciales, o no), sino, sobre todo, generar la estructura productiva que pueda sostenerlo y, por tanto, permitírselo.


Los machos de patos azulones parecen ser mayoría en relación con la población de hembras y, con frecuencia, se enzarzan en peleas que van más allá de simples demostraciones de fuerza. En los lagos, estanques y estuarios, no es raro ver a grupos de «solteros», aparentemente pacíficos. Cuando se acerca una hembra, las disensiones se convierten pronto en evidente, y tratan de seducirla con exhibiciones bélicas.

Los azulones que ya tienen pareja la defienden con ardor, no dejando que se acerquen otros machos, manteniendo la cabeza muy alta mientras ella sumerge la suya para alimentarse. Cuando el macho se anima a probar su bocado, y otros andan cerca, y supongo que la hembra aún está en celo, no dudan en probar suerte, situación que, para evitar otros momentos embarazosos, suele romperse con un cambio de aires de la pareja primigenia, volando juntos -el macho siempre a la zaga- a otro lugar más tranquilo.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: deterioro, empleo, estado social, modelo económico, multinacionales, patos azulones, servicios

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