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Cuento de verano: La lámpara maravillosa y las cosas de andar por casa

1 septiembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Entre los muchos cachivaches que había heredado de sus padres, que eran buhoneros de dignísima profesión, y que había resuelto entregar, pagando incluso unos dineros, con el fin de que se los quitasen de encima, a los recolectores de una asociación de exdrogadictos, aquel distinguido joven descubrió una lámpara que se le antojó, a primera vista, especial.

En realidad, le pareció especial porque, aunque estaba sucia de mugre y porquería, brillaba con luz propia.

Pero como no entendía una papa de lámparas ni, en realidad, del valor de cualesquiera objetos de segunda mano, pues, gracias a la dedicación y esfuerzo de sus queridos padres, había podido estudiar en la más famosa Universidad del Reino el prestigioso oficio de técnico superior en calzadas reales, principescos subterráneos huecos y mágicos voladores ingenios -abreviadamente, Maestro de Todolosé-, acudió a un especialista en lámparas antiguas.

-Esta lámpara es realmente la más antigua que jamás tuven en mi mno Por su forma y aspecto tan especiales, y, en particular, por esta marca que figura troquelada en uno de sus brazos, diría que esta lámpara pertenece a la misma especie que la famosa lámpara de Aladino, -le indicó el experto, después de mirarla por todas partes, y, en particular, por el lugar en donde debería estar la conexión eléctrica, de la que carecía por completo, faltándole, además, cualquier soporte para candela, vela cerúlea o mecha ignífuga.

El joven heredero no cabía en sí de gozo.

-Con mucho gusto se la compraría, pero, dado el estado ruinoso del negocio de lamparero, no tengo dinero ni para pipas -confesó el entendido.

-No pretendo venderla, sino, ahora que se de sus potencialidades, utilizarla en mi provecho. Pero ¿qué debo hacer, pues, para disfrutar de sus beneficios? Porque, por mala suerte, y a pesar de mi exceso de capacidad formativa, me encuentro actalmente en paro, y desearía que la lámpara me proporcionase un trabajo digno, y a ser posible, sin tener que emigrar de mi país.

El lamparista le aclaró, como pudo, el problema que atisbaba en el aparato.

-Sucede que esta lámpara parece tener desactivado el poder de conceder deseos. Seguramente, por el paso del tiempo, que le ha dejado encima esta capa de roña muy notable, que impide que la fuerza mágica alcance la superficie. Para que recupere su milagrosa actividad, entiendo, hasta donde alcanza mi ciencia, qe será preciso limpiarla de esa mierda ocultativa, por lo que debe Vd. acudir a un especialista en eliminación de suciedades de lámparas maravillosas, del que le daré de inmediato la dirección.

Así fue. El anciano erudito en lámparas antiguas escribió la dirección del limpiador de las mismas, en su facción o categoría de maravillosas, y con aquel papel en la mano, el Maestro de Todolosé se encaminó, presuroso, a la calle cuyo nombre figuraba en él.

Grande fue su sorpresa cuando, llegado a ese punto, se encontró con que, en aquél preciso lugar, en donde debería hallarse un servicio de limpieza de lampistería (o algo parecido), se había instalado un rascacielos de varias decenas de pisos.

Desde la acera, puesto que el servicio de seguridad no le había permitido la entrada, pudo distinguir en lo más alto del edificio, un letrero, posiblemente luminoso desde el ataredecer, en el que se leía, en grandes caracteres: Ministerio de Control Absoluto de la Sociedad Líquida.

¿Para qué servía una lámpara maravillosa de la que no podía extraerse su poder? Para nada, desde luego. Así que, apesadumbrado, volvió con ella al montón de chatarra y desperdicios que había heredado de sus padres, al que la arrojó y se dedicó a buscar con mayor atención más cosas de las que pudieran servirle para andar por casa, mientras esperaba, vanamente, que alguien le llamase para ofrecerle un empleo.

Pero, aunque dedicó mucho tiempo a hurgar entre los restos heredados, no encontró nada que volviera a llamarle la atención, por lo que llamó a la asociación de ex-drogadictos para que le limpiasen gratuitamente de tanta porquería, y pronto aparecieron con una furgoneta para hacerse cargo de los desechos.

-Se lo llevamos todo, menos esa lámpara, -dijo uno de ellos, que parecía el jefe.

-¿Qué le pasa a la lámpara? Es una lámpara maravillosa, aunque, según me informaron, ha perdido su poder.

Con una sonrisa, el otro le aclaró bastante: -Tenemos el local abarrotado de lámparas maravillosas que no funcionan, y nadie las quiere porque lo que la gente busca son lámparas que sirvan para soportar bombillas y den luz, no que hagan milagros.

El joven se quedó, pues, con la lámpara, y, como industrioso que era, trató de encontrar un procedimiento para restaurar lámparas maravillosas, estudiando con ahinco cuantos libros de quiromancia, magia y artes espirituosas pudo consultar en la red de bibliotecas públicas.

Por ahí debe estar, todavía, buscando la solución entre las estanterías.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias

Cuento de verano: La crisis siria y la oportunidad perdida

31 agosto, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Los grandes capitostes del orbe llevaban reunidos varias semanas para decidir un castigo ejemplar a uno de los reyezuelos intermedios, que había sido descubierto poniendo veneno en la mermelada de la alacena.

-En mi fundada opinión, -expresó uno de los más encapirotados mandamases, echando hacia atrás con un gesto leve, el manto de armiño que cubría, entre otras, sus partes pudendas- deberíamos estar seguros, antes de castigar a nadie, de si la mermelada ha sido o no contaminada con material perjudicial para la salud humana. Porque el supuesto veneno puede no haber sido tal, sino alguna especie o colorante.

-Me resulta increíble -argumentó otro de los que ocupaban los sitiales centrales de aquella reunión- que debemos por supuesto que quedaba mermelada en la alacena. ¿No nos la habíamos comido toda en la temporada pasada? Y aún más, inquiero que reflexionemos sobre esto: ¿Para qué nos sirve la mermelada a la mayor parte de nosotros, que tenemos diabetes?

-No nos precipitemos -decía un tercero, sorbiendo té a poquitos de un termo que portaba-. Dejemos que los expertos en mermeladas realicen los análisis de las muestras que tomaron, y podamos así determinar con exactitud si nuestro amigo y colega ha puesto alguna sustancia en los tarros que, después de todo, estaban destinados a sus propios vasallos, así que nada nos pete, en lo esencial, a nosotros.

Con un manotazo sobre la mesa presidencial, el más importante y temido de los confederados, dejó clara su postura:

-No tendré tolerancia alguna con el infractor, haya o no infringido norma alguna y tanto si la mermelada está envenenada por sus seguidores o por sus contrarios. Hace días he trazado una línea roja infranqueable en este aspecto, porque, por desordenados y ácratas que seamos, debemos dejar claro a los reyezuelos quienes mandamos aquí.

-P…pero -expresó, sin ánimo de interrumpir, en realidad, un rubicundo y algo orondo personaje- Este asunto de la mermelada, ¿no es un tema menor?. ¿No deberíamos preocuparnos más, en realidad, por todas esas muertes verdaderas que se están produciendo en Siriápolis, en donde se masacran a decenas de miles los defensores de que las mujeres no deben tocar con sus manos impuras los tarros de mermelada y los que opinan, por el contrario, de que la mermelada más sabrosa es la que se fabrica en sábado y con canela en rama?

Esta observación, tan pertinente, fue juzgada de inmediato como impertinente por el responsable del país autocalificado como el más democrático y avanzado del orbe, que prosiguió:

-No entra en discusión que debemos tener alguna norma. Porque lo importante es mantener la sartén de las excusas por el mango, porque es necesario garantizar en todo momento la seguridad de nuestros verdaderos amigos, siempre amenazada por los que hoy querrían tener la fórmula para envenenar la mermelada y mañana podrían pretender fabricarla ellos mismos. La sola sospecha de que este reyezuelo petulante haya podido envenenar la mermelada, es suficiente para derrocarlo con las armas, sustituyéndolo de inmediato por una comisión fiel, que siga nuestras directrices, es decir, las mías, sin rechistar.

Los reunidos guardaron un silencio respetuoso ante estas contundentes palabras, y se levantaron sucesivamente, reconociendo que carecían de suficiente poder para tomar una decisión por sí mismos, y que deberían consultar a sus consejos de estado y a sus parlamentos, y a sus almohadas, aunque harían lo posible por convencerles de que lo más importante no era ya la mermelada, sino castigar a quien se había atrevido a mostrarse altanero con los líderes mundiales, y, en especial, había traspasado no se sabe bien qué diablos de línea roja en no se conocía qué cuaderno o bitácora, olvidando, en fin, las precisas enseñanzas recibidas en las escuelas en donde había sido ilustrado, cuando estaba en la edad de aprender.

Cuando ya se marchaban todos, dejando al hipotético superlíder del orbe repitiendo que, por hache o por be, iría solo contra quien había envenenado presuntamente la mermelada, aunque no hubiera mermelada ni veneno, uno de los ujieres tomó el micrófono de la sala, y con voz algo temblorosa gritó:

-¿No estarán ustedes perdiendo una oportunidad de mostrarse coherentes? ¿Quiénes son los productores de veneno? ¿Por qué, en lugar de tanto mirar para la mermelada, no resuelven por qué se están vendiendo tantas cantidades de veneno sin control, solo para favorecer la industria de sus productores locales de veneno.

Pero ya se habían marchado todos cuando terminó su improvisada perorata y, además, como el conserje no sabía inglés, sino en su lengua nativa, la argumentación solo la entendieron la mayoría de los otros ujieres, que eran de su misma nacionalidad y que, desde luego, nada podían hacer por mucho que captaran su sentido.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias

Cuento de verano: Confidencias a media noche

30 agosto, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Cuenta un periodista de investigación de cuyo nombre no quiero acordarme que, en una cálida noche del último verano, mientras las cigarras, como es habitual en ellas, entonaban monótonos cloqueos amorosos, contaminando acústicamente el aire en competencia con los estridentes sones que emanaban de los timbales y tambores con los que la grey humana arrumbaba sus preocupaciones con libaciones de alcohol y la perspectiva de coyunda, encontró sumidos en animada conversación al avezado pastor Nemoroso Rubalcaba y a la intrépida zagala Lozana Chacón, recostados ambos en la tierna hierba.

Y dice esa misma fuente que, aunque las interferencias fueron muchas, alcanzó a distinguir, gracias a su agudo sentido del oído, palabra más o pensamiento menos, el intercambio de reflexiones que aquellos hicieron.

-Estoy hondamente preocupada -decía Lozana, masticando una brizna de avena campestre- por el modo light con el que estás cuidando del rebaño, al que tienes encerrado en la majada. Pasas el tiempo, según dices, reflexionando, sin que, por más que se te inquiera, trascienda el fruto de tus profundos silencios. La situación no puede ser más favorable, pues llegan constantes noticias de que existen zonas de pación abandonadas, debido a los problemas internos de otros rebaños, y en especial, del que resultó ganador en el último sorteo con los mejores pastos, al que atacaron lobos disfrazados de ovejas..

-Hemos de tener paciencia, Lozanita -le contestaba, al parecer, Nemoroso Rubalcaba-. Las leyes de la física, en la parte correspondiente a la dinámica, indican que la fruta madura acaba cayendo y, siendo la aceleración de la gravedad constante, como demostró en su tiempo el gran Newton, el tiempo que tardará la manzana en caer al suelo no depende sino de la distancia a que se encuentre respecto al mismo la drupa en el árbol, y no su propio peso.

-Perdona, Nemoroso, pero, para ser directa, no te entiendo un carajo, y supongo que lo mismo les sucede a los demás pastores, a los militantes y a los expectantes. ¿No crees más bien que, si se espera demasiado tiempo a que la fruta madure, vendrán los pájaros a comerla mientras esté en el árbol, y que, devorada en el aire, no caerá jamás al suelo?

Un chirriar más alto de los élitros de los excitados insectos que poblaban los árboles, aumentado en su fragor con un aumento circunstancial de la algarabía humana, impidió oir con precisión la argumentación del anciano Nemoroso, pero el astuto oyente, provisto de un canuto que acercó a su pabellón auditivo, pudo transcribir, según su propia cuenta, lo que definió como la esencia central de la respuesta.

-Ay, Lozana, o como dice la canción, oh Carma de mi vida… ¿Cuándo te enterarás que no hay fruta, ni árbol, ni se dispone de cualesquiera zarandajas, y que todo son metáforas y pura fantasía? No hay rebaño, ni pastos, ni a dónde ir, porque todo es invención humana para pasar el rato.  ¿Cuándo, abandonando tu aspecto de sabihonda, descenderás a las cloacas para embadurnarte bien, como hemos hecho los que estamos arriba de este engendro, con la mierda de eso que llaman la política, y entenderás que todos somos uno, que si parecemos dos o trino, o pentagrama, todos formamos parte del mismo barco, escorando a derecha o a izquierda, intercambiando los papeles, según convenga? ¿Por qué, tú que presumes de listilla, no asumes que todos cuantos guiamos rebaños les hacemos comer de lo mismo, que la hierba es una, y que todos los pastores disfrutamos igual,  seguimos la misma doctrina, y solo por dotarla de aparente diversidad  la presentamos con múltiples cabezas, como las hidras?

Parece que la más joven de los dos interlocutores se levantó, en un pronto, dio una patada de disgusto al suelo, y pronunció estas palabras, enrojeciendo, lo que la hizo aparecer hermosa: -¿Sabes qué? Me marcho de aquí. Iré a un lugar que llaman Miami, en donde tendré ocasión de mejorar el inglés con una beca de postgrado de la Pompeu, y, cuando vuelva, dejando las aficiones de pastora, me incorporaré a un bufete de prestigio, ya sea el de Garzón, Garrigues, Liaño o Alzaga. Porque, con lo que tengo sabido de cómo se las gastan aquí los pastores, y lo que ellos, que vienen escaldados de lo mismo, aporten, seguro que no me faltará trabajo como defensora de la oveja en los Tribunales Internacionales.

Nemoroso Rubalcaba no contestó directamente, pero dice el cronista que, mirando cómo se marchaba Lozana, murmuró para sus adentros: «Jovenzuela, en tu ímpetu desaforado, no reparas en que estos bóvidos a los que, contra lo que pueda parecer, cuidamos, ya que de ellos vivimos y nos alimentamos, carecen, por su débil naturaleza, de memoria…»

(FIN)

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: Chacón, cuentos de verano, Física, mesnada, Miami, ovejas, partido socialista, pastores, pastos, Rubalcaba

Cuento de verano: El céfiro y el huerto ecológico

29 agosto, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Cuentan las crónicas de un reino llamado Polutonia, que la casualidad fue de visita un buen día a casa de un pobre hombre, que se ganaba el sustento para él y los suyos, sacándole partido a un par de hectáreas de monte que, a base de sudor y otros desvelos, mantenía como feraz pradera con cuyas hierbas jugosas se bastaba para alimentar a cuatro o cinco vacas autóctonas, de la variedad llamada de los valles.

Completaba el buen tipo su modesta hacienda con un huerto que tenía a la vera de casa, protegido por un murete de intrusos, en el que cultivaba variedades de hortalizas. No faltaban en su establo algunas gallinas, varios conejos de engorde, y hasta dos puercos de la raza que llaman ibérica que, todos los años, allá por san Martín, sacrificaba con ayuda de un vecino para convertirlos en chorizos, jamones y otras apetitosas excelencias.

La casualidad, que tomó la forma de un erudito tecnológico, abordó ese día de tal año al paisano y, con palabras convincentes y otros adornos gestuales, lo engatusó sobre la pertinencia de una forma mucho más liviana de sacar adelante la familia, que le supondría, incluso -según dijo-, una jugosa renta permanente para cuando las canas, que ya le empezaban a platear las sienes, le pintaran totalmente de nieve los pelos de la cabeza.

-Haz, ignorante, lo mismo que a otros ha hecho felices. Permite que en la cima de ese monte que heredaste de tus abuelos se instalen airosos molinillos que producirán la energía más limpia que se pueda soñar, y que hará que Polutonia, en lugar de ofrecer solo el atractivo de un paisaje natural, cosa vulgar y de escaso mérito, despierte la admiración de todas las ajenas mentes por su purísimo ambiente, conseguido merced a sus conocimientos en la más alta tecnología.

-¿Qué se echa de menos en la pureza del aire y en la belleza de mi paisaje? -inquirió el aldeano-. ¿No son un gozo para la vista y no vienen a estas tierras a recuperar sus pulmones cientos de viajeros de allende las fronteras, allí donde Polutonia pierde su nombre, porque hablan otras lenguas que no hay dios que entienda?

-No se trata de eso, oh, buen amigo. -replicó el otro- Has de saber que el progreso, que se ha instalado como fuerza dominante en todo el orbe, ha trastocado las leyes de la naturaleza, y existe el riesgo cierto de un calentamiento global, que no solo derretirá el hielo de los polos, sino que aumentará la venta de aparatos de aire acondicionado. Y es menester que Polutonia contribuya, aunque lo haga modestamente, a aplacar las iras cósmicas, renunciando a toda forma de producción de energía que no venga del viento, del sol o del calor propio de la Tierra.

-¿Y qué les pasará a mis vacas? – ¿No se asustarán con el fragor que, según tengo oído, producen esos artefactos, y dejarán de producir la leche con la que nos alimentamos? -preguntaba el hombre, por razón natural, desconfiado, aunque sin argumentos que poder contraponer a la pericia del sabio envioletado.

-Qué va -le contestó el especialista-. Al contrario. Animadas por lo que creerán música celestial, aumentarán el volumen de leche que manará de sus ubres.

Fue así como, en pocos meses, en la picorota del monte se encontraron situadas unas decenas de aerogeneradores que, contrariando la buena disposición anunciada, no aumentaron la producción de leche del ganado, sino que, aunque no era producto de mercado, sí causaron el incremento de la mala leche del confiado campesino.

Pensaba ya el hombre, angustiado porque sus hijos enflaquecían, en vender las vacas, cuando apareció una banda de céfiros que se instalaron en el monte, provocando la parada de los molinillos, ya que no tenían fuerza para mover las aspas. Pasaron así los meses, y, faltos de mantenimiento porque la inversión no resultaba productiva para la compañía que los había instalado, acabaron oxidándose los mecanismos y rompiéndose por varias partes la estructura. Las vacas volvieron a dar leche como antaño, y el hombre retornó a su vida tranquila, sintiendo, con el paso del tiempo, que aquellos mastodontes sobre la cresta de su monte formaban parte definitiva del paisaje.

Ya tenía casi olvidada la historia que a punto había estado de causarle un disgusto serio, cuando la casualidad, tomando esta vez otro aspecto diferente, abordó al paisano y se interesó por saber si tenía algunos ahorros.

-Desde luego, algunos tengo -contestó, sincero, el aldeano-. Los guardo par mi vejez, cuando ya no pueda llevar las vacas a pacer ni tenga fuerzas para cuidar del huerto y de los animales que forman mi modesta hacienda, lo que me será imprescindible, dado que no tengo derecho a pensión de jubilación, puesto que, ocupado en mirar solo hacia abajo, no tengo cotizados a la seguridad social los años que resultarían pertinentes.

-Qué despilfarro de tu propia energía, probo ciudadano -le indicó el experto-. Has de saber que, en la propia Polutonia, hay zonas en donde el sol luce tan fuerte que los campos no producen más que trigo candeal y girasoles para pipas. Pero se han hecho estudios notabilísimos por expertos extranjeros por los que ha quedado demostrado sin ningún género de dudas que la mejor manera de poner en rentabilidad a esos terrenos estériles es convirtiéndolos en huertos ecológicos, instalando en ellos cientos de miles de placas orientables que recogerán el calor del sol y producirán una energía inmensa y, por supuesto, de lo más barata, como puede colegir cualquiera.

-¿Y qué se me va a mí en ello? -acertó a preguntar el vuelto aún más desconfiado, por escocido, lugareño- Yo soy agricultor de huerto vegetal, y no se una papa de huertos solares.

-Nada tiene que ver lo uno con lo otro, pues de cultivar no se trata, sino de rentas de capital. Lo que te propongo es una inversión segura de esos ahorros que guardas para tu vejez, ya inminente. Dámelos sin demora, para que suscriba con ellos acciones, o mejor aún, obligaciones, de una sociedad termosolar, tan avanzada tecnológicamente que hasta tiene clientes en las Américas, y que te garantizará, con sus réditos e intereses, la mejor jubilación que jamás soñaron políticos, mineros o funcionarios.

Fue así como el infeliz campesino entregó al sabio del garete que la casualidad malpuso en su camino, sus ahorros de toda la vida, confiando en que, llegada la pronta hora, tendría el fluyente caudal monetario que le habían prometido con tan convincentes palabras.

Pasaron algunos años y, puesto que, según sabía por noticias de habitantes de la zona más cálida de Polutonia, el tiempo en todos esos años había sido seco, tórrido, y muy soleado, como era lo normal por aquellos allendes, reclamó los intereses que creía acumulados y pidió se vendieran las obligaciones que había suscrito.

Entonces se enteró que no por causa de bandas de céfiros ni por nubes ni por cualesquiera zarandajas naturales, pero su inversión no valía en ese momento ni una lezna, puesto que, por una parte, lo que creía tener en acciones lo poseía en obligaciones, que era como papel mojado y, para más inri, en uso de su potestad discriminatoria, el Gobierno de Polutonia había cambiado las reglas de juego por las que las compañías eléctricas debían pagar a un cierto precio las energías pulquérrimas, eliminando las subvenciones con las que se había comprometido, al descubrir, de pronto, que las arcas del Estado se habían vaciado por culpa de la voracidad de las ratas del Reino, los montaraces buitres y la negligencia y complacencia de otros animales de bellota.

Sentado a la vera de su casita, contemplando el monte heredado con los esqueletos de los molinillos, el huerto miles de veces roturado, las gallinas ponedoras, las dos vacas de ubres generosas que aún le quedaban, y estando en silencio con su esposa a la que aquejaba la artrosis, puso el pensamiento en los hijos que andarían por alguna gran ciudad de Polutonia por quién sabe qué menesteres, y, desenchufando de un tirón el aparato de televisión que le estaba ilustrando sobre la mejora de la prima de riesgo, lo arrojó por la pendiente abajo, con el consiguiente estrépito.

Fue la última vez que se permitió un exabrupto.

(FIN)

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: aerogeneradores, ajuste, campesino, céfiro, huerto ecológico. cuento de verano, huertos, pensión, Polutonia, reglamentación, ruina

Gerundios: Transeúntes entrando por la ventana (1998)

23 julio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

transeuntesentrandoporlaventana

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Cuento de verano: El papa Francisco disuelve la Iglesia católica

22 julio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Han sido días de gran conmoción, sin duda. La reciente dimisión del papa Gregorio XVI ya había puesto a los observadores sobre la pista de que algo muy importante, y grave, estaba sucediendo en los entramados de la poderosa y secular institución. Pero nadie hubiera podido vaticinar que el acontecimiento que se estaba gestando era de una dimensión tan brutal, y cuyas consecuencias aún tardarán mucho tiempo en ser valoradas, e incluso, quizá no puedan ni siquiera ser asimiladas. Están afectados, en suma, no solo fieles de la iglesia católica, sino de otras devociones. Habrá años de trabajo para letrados, exégetas, clérigos, historiadores,…

Se deberán revisar, por supuesto, muchos fundamentos, creencias, dogmas y principios. Desde luego, el análisis del estado de salud del papa está provocando ríos de tinta y de sangre. Pero, objetivamente, nada se podría argumentar en contra. Se ha difundido un certificado, firmado por diez siquiatras de otras tantas nacionalidades, personas todas ellas de la máxima dignidad científica, que testifican que su paciente Santidad está perfectamente sano, con una inteligencia muy superior a la media.

El lugar elegido lo fue, seguramente, con voluntad de que el mensaje calara hondo y su destino fuera certero. Sabido es que Brasil cuenta en la actualidad con el mayor número de católicos; quizá no todos practicantes, tal vez no exactamente seguidores de todos los dogmas, incluso puede que muchos de entre ellos, compartiendo con otras devociones y ritos sus peticiones a la divinidad. Pero, estadísticamente, así son (eran) las cosas.

No es tampoco cuestión de minusvalorar el que, en su primer viaje al continente americano, donde el Sumo Pontífice argentino había desarrollado gran parte de su apostolado, el cardenal Bergoglio contara con que se estaba haciendo la máxima difusión de sus movimientos y alocuciones en su país de origen. Su sinceridad, su nobleza de espíritu, su compromiso con los pobres y con la verdad, son allí bien conocidas.

Ha sido muy impactante ver, incluso desde varios días antes de la llegada papal, a miles de fieles, ensayando en Copacabana, Río, Guaratiba, el comportamiento que deberían desarrollar en el momento cumbre en que se contara con la presencia física del representante de Dios en La Tierra. La venta de banderolas con los colores blanquigualdos (la enseña del Estado Vaticano), fotografías del Santo Padre, capelos blancos y hasta zapatos de cuero negro raídos (y otras imitaciones de la humilde indumentaria de la cabeza más visible de la Iglesia católica) había alcanzado cotas nunca hasta ahora superadas. Tal era la devoción, el afecto, la admiración que despertó el viaje.

Ni siquiera la alocución papal realizada el miércoles, 24 de julio, con ocasión de la visita al santuario de la patrona de Brasil, la virgen de Aparecida, fue utilizada para lanzar mensajes o signos que pudieran ser interpretados como anunciadores de alguna gran noticia.

Pero sucedió. Tuvo que ser con ocasión de la bendición de la bandera de los Juegos Olímpicos, al recibir las llaves de la ciudad de Río de Janeiro, teniendo a su lado, entre otras personalidades de menor rango, a los astros del fútbol brasileiro Pelé y Neymar.

Lo dijo en latín, y como la frase no figuraba en el texto que se había entregado a los periodistas, el mensaje pasó inicialmente desapercibido. «Secundum imperium Dei, credibile creatio humanae cupiditas, ego catholica ecclesia disolvo». Hasta que uno de los sacerdotes españoles presentes, experto en lenguas clásicas, perteneciente a una conocida organización, lo indicó. Primero, tímidamente, después de forma rotunda, arrebatando el micrófono a un comentarista de la BBC, mientras caía, al mismo tiempo, de rodillas.

«Creo que el papa Francisco acaba de disolver la Iglesia católica».

Es curioso cómo la gente reacciona ante lo inesperado. Cuando la Sexta dio la noticia, nos encontrábamos varios amigos cenando unas deliciosas lonchas de bonito del Cantábrico en un chiringuito de cierta playa asturiana. Vicente Casiopeo, devoto de adoración nocturna y misa diaria, soporte económico -entre muchos otros- de Radio María, se levantó, pidió silencio y, demudado, en lo que parecía iba a ser un conjuro, solo acertó a decir: «¿Qué pasará ahora con esos millones de jóvenes que esperan en Guaratiba la bendición de Su Santidad? ¿Qué se les va a decir?»

El ruido del mar meció sus palabras, mientras los demás atacábamos el lado más sabroso de la ventresca.

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Gerundios: Caballos comiendo de la basura (1998)

22 julio, 2013 By amarias2013 1 comentario

caballos comiendo de la basura

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Cuento de verano: Rajoy vuelve a ganar en la Moncloa

21 julio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

El calor era sofocante, aunque los árboles daban una sombra agradable y la sangría del botijo estaba fresca. Desde mediados de julio hasta avanzado agosto, Madrid se convierte en un horno; después, las tardes se van enfriando y septiembre tiene ya días en que hasta se puede juzgar desapacible.

El Presidente estaba relajado. Después de la tremenda tensión vivida, las apariciones públicas habían serenado los ánimos. También había contribuido, desde luego, que una parte de los madrileños se habían ido de vacaciones. Pero lo más importante es que ya no había nada por lo que protestar.

Cuando Bárcenas, el antiguo tesorero y gerente del Partido Popular había empezado a filtrar documentos con presuntos cobros de altos cargos de la organización, al parecer, producto de sobornos de empresas constructoras para conseguir contratos públicos, todos miraban hacia Mariano Rajoy, esperando que diera alguna explicación.

Excelente jugador de tute subastado, el Presidente sabía que si uno no tiene buenas cartas, hay que apoyar las del compañero y, si la pareja contraria ha cogido buena mano, lo que procede es forzar a que haga una apuesta tan alta que no podrá cumplirla.

Se había reído con Dolores de Cospedal cuando recordaba los últimos acontecimientos de julio de 2013. Después de presentada la moción de censura por Pérez Rubalcaba, todos esperaban que inmediatamente después de agosto, cuando terminara el parón parlamentario provocado por el descanso veraniego, se produjera una batalla dialéctica que acabara con el prestigio de honesto de Rajoy y permitiera a la oposición, aunque no, desde luego, conseguir la censura, ganar más partidarios que le garantizasen una amplia mayoría en la convocatoria electoral que, más temprano que tarde, acabaría obligando a adelantar la presión de la calle.

Todo había sucedido, sin embargo, de forma muy diferente.

A la vuelta del viaje del Rey a Marruecos, en donde se había hecho acompañar de todos los exministros de exteriores de la democracia (salvo Morán, enfermo) y de cinco ministros del actual gabinete, además de prácticamente todos los empresarios responsables de la Plataforma por la Competitividad, el giro de los acontecimientos había sido drástico.

Fueron días intensos, en los que apenas si se hizo caso a la delegación marroquí, sorprendida por tantos visitantes del envidiado país vecino, diciendo a todo que sí, cuando lo normal habría sido -según la tónica- quejarse por la falta de seguridad jurídica y el incumplimiento de los pagos.

La grabación de la declaración conjunta de todos, a la vuelta, a la manera de un anuncio publicitario sincopado, explicando a la opinión pública cómo funcionaba el país y la estructura de los poderes públicos, y. sobre todo, cómo había funcionado en este concreto caso, sería incorporada a la Historia de España y objeto de estudio obligatorio en las escuelas, incluso de parvularios. «Eso es lo que hay», había concluido el Rey, en frase coreada por una multitud de personajes, todos nombres muy conocidos, rostros vinculados a la seriedad, la decencia, los valores inmutables, la ética y el respeto al Derecho.

Cuando vio que Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón eran incapaces de alcanzar las siete bazas a las que se había comprometido, Rajoy respiró satisfecho. Había vuelto a ganar en la Moncloa.

Soraya Sáenz de Santamaría les trajo un botijo con sangría recién hecha, siempre tan diligente. En la mesa de al lado, completando la pequeña liguilla de verano, Rubalcaba y José Blanco estaban dando una paliza descomunal a dos representantes de la sociedad civil, elegidos por sorteo.

Pero quién era el iluso que les habría aconsejado medirse con campeones. Ni a la altura del betún llegaban los pobrecitos, que, por supuesto, tuvieron que pagar los cafelitos y las copas.

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Gerundios: Invitados a una cena haciendo abstracciones (1998)

21 julio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

invitados a una cena haciendo abstracciones

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Gerundios: Moviendo ficha (1998)

20 julio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Angel Arias
Angel Arias

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