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Ecologistas, a la calle

20 enero, 2019 By amarias Deja un comentario

¿Queda alguien por ahí que aún no se haya enterado que los minerales y rocas forman parte esencial de nuestro bienestar desde que el hombre tomó consciencia de que mejorar su existencia como ser inteligente dependía de cómo aprovechara los recursos de la naturaleza?

Puede. Incluso es seguro que sí, que haya muchos coetáneos que crean que la minería -en especial, la que se practica a cielo abierto, o quizá solo ésa- es una operación perniciosa para el medio ambiente. Estos protectores oficiosos de la naturaleza impoluta, abominan de cualquier operación por la que (según su peculiar sistema de valoración) se afecte por los seres humanos al “paisaje natural”.

De nada servirá argumentar, por especialistas, historiadores y sensatos en general, que la minería es imprescindible para la vida y, sobre todo, para el mejor bienestar; que la tecnología minera ha alcanzado -por supuesto, no sin parciales derrotas: así es el íter humano hacia lo óptimo- niveles de gran excelencia, que permiten garantizar con probabilidad cercana a la certeza, la seguridad de los trabajos, la máxima eficiencia en la extracción de los recursos, la mínima afectación posible del entorno, la mayor proporción de empleo cualificado y…cuando se acaben los trabajos mineros, se encargará de asegurar, en tiempos predecibles y bajo cumplimiento de las ordenanzas y restricciones legales,  la restitución del paisaje a niveles de disfrute incluso, con frecuencia, superiores a los de origen.

¿Hay dudas del valor de la minería? Las hay. Cuando se anuncia que una empresa está en disposición de iniciar trabajos de exploración de un recurso minero, y solicita los permisos necesarios, no faltan grupos que echan mano del argumentario, aplicándolo sin compasión ni rigor sobre la pretensión.

Todo vale: los niveles freáticos se contaminarán, habrá desprendimientos de tierras, el hermoso paisaje se verá irremediablemente afectado, el transporte de los materiales deteriorará caminos y levantará polvaredas nocivas, los explosivos empleados causarán destrozos en las viviendas, la fauna salvaje y la cabaña doméstica adquirirá enfermedades desconocidas e incurables, los humanos, aunque algunos pocos consigan empleo en la deplorada explotación, padecerán desgracias sin cuento, en tanto una multinacional ávida del verdadero recurso, el dinero, se enriquecerá a costa del empobrecimiento ajeno.

Sería de agradecer que la minería tuviese sensatos y serios defensores, y no solo lo sea por los ingenieros de minas, los geólogos y los responsables de empresas mineras. Sería lógico que, conscientes de su valor, los políticos, los comentaristas, los científicos en general, los sociólogos y los sensatos, defendieran que la explotación de recursos minerales es una necesidad, una oportunidad, un logro de los avances técnicos. Y que todos se concienciaran que disponer de un recurso explotable, técnica y económicamente, en cantidades importantes y con un mercado apropiado, es un regalo de la naturaleza.

Los seres humanos tenemos a nuestra disposición, para utilizarlos sabiamente, multitud de recursos, a los que debemos poner en valor con nuestros conocimientos crecientes. No se trata, desde luego, de destruir lo que tenemos de forma irreversible, sino aprovecharlo para mejorar nuestro disfrute. Y, por supuesto, hacerlo cumpliendo las leyes, con la mejor tecnología disponible. La crítica e, incluso, la oposición, a las pretensiones egoístas, excesivas o erróneas, es imprescindible. Pero no se deben hacer trampas en la argumentación, ni engañar en las consecuencias, ni destruir sin alternativas.


En Madrid, como en algunas otras capitales europeas, se ha mejorado la implantación de la recogida separativa de residuos con un nuevo contenedor: la basura exclusivamente orgánica. Tenemos, por tanto, los ciudadanos de algunos barrios madrileños, que realizar la selección de los siguientes tipos de desechos: papeles y cartón; vidrio; basura orgánica; resto de residuos domésticos. La ropa y el calzado usados y ya no deseados por sus primeros dueños, también pueden encontrar un segundo destino en contenedores adecuados. Además, hay que separar para llevarlos a un punto limpio, los aceites consumidos, los enseres inútiles según su naturaleza y composición (madera, metal, electrodomésticos, pilas, etc.).

Los contenedores de papel y los designados para recoger ropa y calzado, se han convertido en lugar preferido de su prospección callejera para grupos organizados que, con camionetas destartaladas y la celeridad de quienes trabajan a destajo, vacían los unos y hurgan en los otros, dejando a su paso los restos de su actuación apresurada.

No son estas gentes -supongo que necesitadas para actuar de ese modo y por tales sitios- las que llaman mi atención de citadino escéptico. Son los de esos otras gentes con mayores medios, educadas para el respeto ambiental, concienciadas, por vocación y origen en la defensa ecológica, que mantienen perritos que llenan las aceras y alcorques de cacas abandonadas, que tiran cigarrillos, latas y papeles en cualquier sitio distinto de las papeleras, que surcan las ciudades a toda la velocidad y con máxima potencia acústica de sus cacharros.

Y, sobre todo, como lo demuestra esta foto obtenida de una calle cualquiera de Madrid, me decepciona saber que, a diario, hay miles de conciudadanos a los que importa un pito que existan contenedores concretos para residuos específicos y puntos limpios para acoger a materiales desechados. Convierten, a su antojo, en vertederos irregulares justamente los sitios destinados a conseguir que nuestras ciudades sean más limpias, pasándose por su arco triunfal los desvelos de quienes cumplen con las normas y están serenamente concienciados de que la basura tiene su lugar, y no es la calle.

 

 

 

Publicado en: Ambiente Etiquetado como: ambiente, basura, contenedores, desperdicio, ecologistas, explotación, minería, recursos

La gente del fracking

18 marzo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

¿Habremus fracking?. Las señales del Consejo de Ministros del 15 de marzo de 2013, parecen indicar que sí, y en corto plazo. El gobierno ha autorizado con plausible celeridad la tramitación de un proyecto de Ley en el que se contempla un apartado relativo al control ambiental de las técnicas de extracción de gas no convencional mediante fracturación hidráulica.

Han sido tantos los comentarios dedicados en los últimos meses en todos los medios de confusión a este procedimiento para aprovechar un recurso energético que era, hasta entonces,  absolutamente desconocido salvo para contados investigadores y especialistas , que seguramente habrá pocos españoles que carezcan hoy de opinión al respecto. Por supuesto, negativa; y añado: obviamente, nacida sin preocuparse por su fundamentación técnica.

Como en tantas otras cuestiones, en lugar de un debate técnico-económico, ponderado, del que resultase una conclusión que se basara en atención a necesidades, costes de oportunidad o estrategias, se ha formado un guirigay, en el que, como suele decirse, «el que más chifle, capador».

Por ello, estamos sometidos a ráfagas de versiones viscerales, emocionales, intuitivas, nacidas del principio de más sencillo sostenimiento: todo lo que no se entiende, es malo, contamina, es seguramente peligroso y, además, previsiblemente, oculta intereses de unos pocos aprovechados.

Y, como un tema que ocupa la atención de la calle es, por definición, cuestión política, el pronunciamiento al respecto supone asignar banderas a diestra y siniestra.

Si el Partido Popular apoya el fracking, el Partido Socialista tiene que negarlo, o, al menos, dejar avisos de sospecha. El País del 17 de marzo de 2013, confronta, al menos visualmente, dos artículos de «Análisis», uno de ellos titulado «¿Una nueva burbuja?» firmado por Teresa Ribera, ex-secretaria de estado de Cambio Climático en el último Gobierno de Zapatero, y ahora, directora de desarrollo estratégico de Isofotón, empresa de energía solar.

La cuestión del fracking es un reducto adecuado para ejercer la afición generalizada por pontificar acerca de lo ignoto, convirtiendo la ignorancia propia en amplificador consciente de los argumentos esgrimidos por otros.

Y, gracias a internet, no hay problema alguno en alimentar cualquier opción con citas abundantes, porque, sabido es que en toda ceremonia se puede expresar alguna discrepancia, ya que nada de lo humano deja de tener el color con que se mire, y el anonimato de la red permite inventarse un nombre, una opinión, expresar tanto una verdad como una tontería, y lanzarla a recorrer el mundo de la estulticia colectiva.

Hay ya, en efecto, en torno al fracking, una amplia referencia literaria muy conveniente para alarmar, sobre todo al que no sabe, sobre las consecuencias ambientales de la implantación del fracking en España, abordando la cuestión desde la vertiente más populachera, que es también la genuinamente ecologista, aquella que a todos nos gustaría abordar si viviéramos solos en el mundo y el coste de disfrutarlo fuera nulo.

Siendo lo ecológico de car, por propia naturaleza, muy amable, no faltan, por supuesto, expertos más o menos ocasionales, que esgrimen títulos universitarios que suenan a saber de la cosa y que les permiten, aupados en ellos y en selectiva información ajena, incorporar conocimientos prestados como si fueran fruto de la experiencia propia.

Diagnóstico precoz: el fracking es peligroso, porque existe riesgo de filtraciones de metano y contaminación química de los acuíferos, puede provocar el aumento de los riesgos sísmicos, y supone el despilfarro de un recurso escaso como es el agua. Y, además, ya se puede uno imaginar, existen intereses económicos oscuros, lobbies que presionan a los que generan leyes, gentes del fracking, en suma. que andan moviéndose por los despachos para sacar tajadas y llevárselas a sus rincones apartados para comérselas.

El Consejo Superior de Ingenieros de Minas, con indiscutible sentido de la oportunidad. pero una sorprendente voluntad de constituirse en este caso en paladín de esta causa (cuando son contadas las veces que ha salido a la palestra para defender cualquier otro tema) , ha aparecido públicamente como defensor de una técnica aún no experimentada en España.

No es exactamente así, pero así suena. Lo que sucede en realidad es que este venerable sanedrín ha costeado y, por tanto, incorporado su nombre como Editor, la publicación de los artículos, resúmenes y conclusiones nacidos de la jornada sobre el fracking que tuvo lugar en el último CONAMA (2012) , y en eñ que participaron algunos de los pocos técnicos españoles que han tenido relación con esta técnica o, más propiamente, con su hermana mayor, la prospección petrolifera profunda.

El libro se presentó a la opinión pública el 11 de marzo de 2013 y se comprende que la coincidencia de fechas con el anuncio de la tramitación del proyecto de Ley haya vinculado ambas actuaciones, lo que no era, en realidad, más que casualidad.

Desde mis modestos conocimientos sobre el tema, solo puedo decir que ahí, en ese documento de 150 páginas, no se debe pretender encontrar las respuestas.

Hay -junto a una presentación general de la cuestión-, eso sí, propuestas razonadas de selección de lugares más convenientes para prospección, exposición elegante y somera de las formas de explotación del gas de esquisto, extrapolación de resultados de prospecciones singulares ya realizadas o de las posibilidades derivables de los mapas geológicos de ciertas zonas y, en fin, sugerencias sensatas y prudentes sobre lo que debería hacerse para aprovechar ese recurso en España.

Son, pues hipótesis y propuestas surgidas de estudios teóricos, experiencias de campo y similitudes con otros casos, realizadas por gente que sabe o tiene por qué saber de lo que está hablando, y a los que guía el propósito de exponer públicamente una posibilidad atractiva de  aprovechamiento de un recurso hasta ahora inutilizado.

El informe ha sido coordinado por dos catedráticos, respectivamente, de las Escuelas de Madrid (Angel Cámara) y Oviedo (Fernando Pendás) y en él han participado más de una decena de ingenieros de minas. Puede encontrarse en esta dirección de internet; http://www.ingenierosdeminas.org/documentos/130312_informe_gas.pdf.

No estamos, por tanto, al final del camino del fracking, sino al principio. Y cuanto menos emocional sea el debate y más técnico y fundamentado, mejor. Sin pretender, sin embargo, que el fracking no tenga sus puntos oscuros, ni admitir como axioma que todos los ingenieros de minas estemos de acuerdo con las bondades de esa técnica o que suscribamos de pé a pá el informe de Pendás, Cámara y compañía.

Pero lo que no deberíamos admitir es que la postura mejor sea sentarse a la puerta de la inmovilidad viendo a los demás pasar con sus oportunidades aprovechadas. Y ese es el positivo mensaje que he encontrado en ese libro virtual que se titula, modestamente: «.El gas no convencional. Una oportunidad de futuro».

Mensaje que sigo, con la total convicción de que merece la pena explorar sus posibilidades y de que quienes lo emiten, son honestos y serios al plantearlo como una opción muy válida.

Publicado en: Actualidad, Ingeniería, Política Etiquetado como: agua, angel cámara, burbuja, colegio, contaminación, energía, explotación, fernando pendás, fracking, fractura hidráulica, ingenieros de minas, oportunidad, teconología, Teresa Ribera

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