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Archivo de 2013

Julio Gavito Omaña, inteligencia emocional cum laude

13 mayo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Acabo de enterarme de que Julio Gavito Omaña, compañero en la ingeniería de minas y en varias vivencias, ha fallecido ayer, 12 de mayo de 2013. Creo que no tengo forma mejor de expresar mis sentimientos, que trasladar aquí la entrevista completa que le hice hace cuatro años, en junio de 2009, y que fue publicada, con el mismo título que este Comentario, en la revista ENTIBA.

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Quedo con Julio Gavito para cenar en el restaurante la Misión, en Madrid, y llega algo tarde. Nos aposentamos en la terraza, entre ejecutivos y señoras de buen ver, que disfrutan del alivio de la temperatura en un día cálido de mediados de junio.
No nos lleva mucho tiempo elegir de la carta. Canelones con rabo de toro y Solomillo de ibérico; como entrada, compartiremos croquetas de calamares y alcachofas. Lo acompañamos con un vino cosechero riojano, servido frío.

La vida de Julio Gavito es intensa y daría para varias entrevistas como ésta. Tengo que acallar la posible tentación de caer en el detalle, de pormenorizar. Es obligado contentarse con hacer un cuadro a pinceladas, saltar de un tema a otro. Conozco bastante bien la historia de Julio y tenemos varios puntos de coincidencia, personal y profesional.

Nuestras biografías se han cruzado varias veces. Al tiempo en que Gavito fue nombrado Consejero de Industria, yo acepté asumir la Dirección de Proyectos en la Sociedad Regional de Promoción de Asturias. Ambos hemos vivido nuestra infancia en Oviedo, fuimos vecinos en la calle Matemático Pedrayes. Tenemos más o menos la misma edad, estudiamos el primer curso de ingeniería en las mismas aulas. Nos mantuvimos expatriados durante años, retornamos a Asturias, y volvimos a marchar. Hemos cambiado varias veces de empresa…

Julio tiene también experiencia como restaurador. “Invertí todo el dinero de la emigración, que ahorré cuando estuve en Arabia Saudí y Kuwait con Schlumberger, en Valentino, un restaurante que monté con unos viejos amigos en Oviedo, en la calle de Marqués de Pidal “. Perdió toda la inversión. “Se cometieron todos los errores posibles”.

Entre las simpatías comunes, se encuentra nuestro interés por Bolivia, país en el que Julio vivió casi dos años y en donde le hicieron protagonista de una historia rocambolesca.
Le recuerdo que debe entregarme algunas fotografías para ilustrar este reportaje, mientras una camarera atiende mi solicitud –que repetiré a lo largo de la cena- de que nos fotografíe. “En internet se pueden encontrar muchas fotos mías. Incluso hay alguna que estoy detrás de los barrotes, en Bolivia”.

Pero de eso hablaremos luego.

La experiencia asturiana: entre la técnica y la política

Julio niega que sea un ingeniero metido a político. “Me parece demasiado simplificador. Siempre tuve, y la mantengo, preocupación por la política. Casi al mes de la muerte de Franco, dimití de mi trabajo en Arabia Saudita y quise venirme a España. No quería perderme lo que entendía que iba a pasar aquí. El 20 de noviembre de 1975 me encontraba en Londres, de vacaciones. Varios españoles lo festejamos juntos: Laura García Lorca, José Martín Artajo, Lucy Durán, -su mujer, hija del coronel republicano Gustavo Durán-,…La limpiadora nos hizo una foto”.

Gavito fue invitado por Pedro de Silva, en 1984, a participar en el Gobierno regional de Asturias, en la primera legislatura socialista. Ocupó la Consejería de Industria y Comercio hasta 1987. Mantiene desde entonces una amistad estrecha con Pedro de Silva, que le permite juzgar sus virtudes con ironía. “Pedro era el Príncipe del Colegio, y ya se sabe los jesuítas no hacen Príncipe a cualquiera. Fue posiblemente el mejor presidente de Asturias y no creo que sea ya posible que haya otro igual. Sintetiza muy bien, es trabajador, tiene alto coeficiente intelectual”.

Julio estudió bachillerato en el Instituto Alfonso II, de Oviedo, influencia que “cree determinante” en su vida. Aprovecha el recuerdo de aquellos años para lanzar un dardo azucarado: “Los que no tenemos tan alto coeficiente intelectual como otros, debemos suplirlo con inteligencia emocional, que suele faltarles a los príncipes”.

Los tiempos en la Consejería fueron intensos. “El problema mayor era la falta de competencias, lo que te convertía en un mero catalizador con escasa capacidad para resolver. Dedicabas mucho tiempo a mediar en los conflictos”. Fue época de alta conflictividad: Talleres Moreda, Confecciones Gijón, Naval Gijón, son algunos ejemplos. La industria regional ardía en dificultades económicas y tensiones laborales, generadas en torno a la reconversión drástica de los sectores siderúrgico, naval y carbón, que arrastraron a las empresas de montaje y a las industrias transformadoras y de equipos.

“Me hubiera gustado tener más participación en algunos temas. Por ejemplo, en la reestructuración de la Fábrica de Armas. En otros, traté de impulsar las ideas que se me presentaban. Así, presté mi apoyo a la agrupación de fundidores asturianos, que deseaban mejorar su capacidad para exportar a todo el mundo; incluso a Italia. También traté de potenciar Exportastur”.

No tenía la Consejería competencias respecto a Hunosa y Ensidesa. “A poco de llegar, se presentó un problema con la máquina de extracción de la Camocha. Allí fui con toda ilusión, y me puse a hablar en inglés con el técnico que estaba al cargo del equipo. Me dejaron claro mi sitio de inmediato: Yo tenía que ser ahora un político, no un técnico”.

Las relaciones con Madrid y con los sindicatos

Por entonces era ministro del área Carlos Solchaga, con el que dice haber tenido una relación fluida. Con su estilo gráfico, cuenta: “En Madrid nos creíamos que éramos catalanes. La gente de la Administración central nos hacía mucho caso, a pesar de que en población Asturias tenía más o menos el tamaño de Vallecas”.

Gavito es modesto al juzgar su papel. “La importancia regional de la época se debía a la delicada coyuntura y, especialmente, a una persona: Pedro de Silva. Imponía respeto, porque daba la sensación de superioridad moral y descolocaba a los interlocutores. Cuando ibamos a pedirle algo a Solchaga, me sacaba recurrentemente el tema de Hunosa. Era un problema estatal, pero nos veía como observadores de confianza.”
De la relación con los poderosos sindicatos de la época, recuerda que “tenía mejor sintonía con las secciones del metal, tanto de UGT como de Comisiones. Me encontraba mejor con ellas que con el SOMA.”

Aunque no especifica si se refería al entonces poderoso líder del Sindicato Minero, José Angel F. Villa –en la entrevista pasaríamos revista a muchos conocidos comunes, empresarios, políticos, compañeros, periodistas, amigos, etc. – apunta una frase que pone en boca de Manuel Fernández López «Lito”, de UGT-Metal. “Las personas pasan, pero los sindicatos duran toda la vida”

La buena sintonía con los sindicatos la rememora Julio, en particular, en relación con los conflictos en el naval. “Pasé muchas horas con los gestores de Cantábrico y Riera, como mediador cualificado”. Además de con Amalio Muñoz, recuerda los contactos con Félix Mazón, las peculiaridades de Leonardo A. de Diego, las entrevistas con los Sitges, con los M. Carrillo, …, en una catarata de personajes y circunstancias. No destaca a nadie en particular, si yo no se lo pido, aunque parece tener siempre a punto un comentario en su memoria: “Al frente de Mefasa se encontraba Alperi, muy listo, que encajaba dentro del esquema modernizador; la empresa fabricó algunos grandes barcos competitivos, a cuya botadura, realizada con gran despliegue, fui invitado”.

Dimisión: “No sin haberlo meditado largamente”

Recordamos el proyecto de la Factoría Cultural, del que Ingeniería y Diseño (y su centro de Cad-Cam) sería, a la postre, la única realización visible. “Cuando llegué a la Consejería ya existía ese proyecto, que era fruto de la capacidad de seducción de Juanjo Cueto y de Chus Quirós, reforzados por Víctor Manuel, Ana Belén y Rodrigo Uría…Porque Pedro de Silva era seducible. “

El proyecto “fracasó por razones que no se controlaban desde Asturias. Pero no hay de qué arrepentirse. Se debe intentar siempre lo que se crea que merece la pena. Otra cosa sería dejar triunfar la filosofía pancista. Hay que arriesgar. En España, por ejemplo, hay tantos restaurantes que no parecería que montar un restaurante sea buena idea. Muchos lo hacen, sin embargo, y algunos funcionan bien. El proyecto de la Factoría Cultural pudo haber salido adelante, y no lo hizo, no por ser bueno o malo, sino porque la coyuntura y los apoyos no fueron los adecuados.“

Julio dimitió de la función de Consejero de Industria por escrito. Le sustituiría Paz Felgueroso, hoy alcaldesa de Gijón. “Tomé algunas decisiones probablemente precipitadas, que fueron desautorizadas, con buen criterio, por Pedro de Silva. Pedro tardó un año en aceptar mi dimisión. Cuando se acabó la legislatura sacó mi carta del cajón.”

En un acto de Tribuna Ciudadana, en el que fue presentado por el ex-Presidente como conferenciante, contó “que esa carta estaba redactada exactamente en los mismos términos que la de mi dimisión de Shlumberger. La había copiado de un libro de cartas de inglés comercial y empezaba así: No sin haberlo meditado largamente, he llegado a la conclusión final…” Gavito se ríe, como si fuera una travesura.

La experiencia boliviana: los idus de marzo

A Julio Gavito le gusta escribir y leer. Tuvo ocasión excepcional de desarrollar esa habilidad para contar una parte de su propia vivencia, al final de su estancia en Bolivia, como Presidente de Andina, la empresa mixta de Repsol-YPF y el gobierno boliviano.

Andina daba empleo a unas 100 personas y a otras 300 indirectamente. Estaba capitalizada al 51% por Repsol-YPF; el resto pertenecía al gobierno boliviano. La responsabilidad de Gavito incluía también varios campos de gas en los que Repsol era operador o socio.

“Cuando Repsol compró YPF, incorporó todos los activos de esta compañía, de los que fue desinvirtiendo con diversos criterios. Antes de irme a Santa Cruz estuve en Boston, como consejero delegado de Global Companies LLC, de la que YPF había adquirido el paquete de control, porque se deseaba participar en alguna empresa de downstream.”

Julio recogió la experiencia de sus últimos días en Bolivia, en varios artículos periodísticos, alguna conferencia, y un relato inédito titulado “Los idus de marzo”. Su imagen y peripecias judiciales ocuparon titulares en la prensa de varios días de 2006.

La cosa fue así: La fiscalía cruceña, movida al parecer por el ex-Presidente Mesa, pretendía que Andina había cometido irregularidades fiscales, de las que imputó a Julio Gavito y a Pedro Sánchez, los máximos responsables del momento en la empresa, aunque no habían sido empleados de la compañía en los años investigados.

La situación puso nuevamente a prueba la capacidad de Julio para contemplar desde alguna distancia sus propias vicisitudes. Por cierto, el comportamiento de algunos de los altos directivos de Repsol en aquella época no le despierta buenas emociones. “Hasta el final, cuando el juzgado boliviano dió por sobreseído el caso, Repsol no realizó ni una sola nota de prensa defendiendo a sus directivos imputados. La que apareció, la redacté yo mismo. El interés del responsable de comunicaciones estaba más enfocado en cuidar la imagen del presidente del grupo que la de la compañía”.

Orden de desarraigo, paletadas y nombres propios

El momento más delicado de la aventura de Bolivia fue la salida subrepticia del país, en marzo de 2006, porque la fiscalía había dictado una orden de arraigo (prohibición de abandonar Bolivia). Lo hicieron en un viaje rocambolesco, por una frontera apenas transitada, en un peligroso itinerario, ocultándose en Argentina durante un par de días.

Con el paso del tiempo, la cuestión ha adquirido para Gavito una visión aún más nítida, incorporándose nuevos datos. “Carlos Mesa, que fue presidente en Bolivia cuando Sánchez Losada huyó por las grandes revueltas del final de la época liberal, sostiene en uno de sus libros que un tal Manuel Suárez (boliviano, que había estudiado en la complutense) y yo conspirábamos para derrocarlo. En aquella noche larga de la fiscalía, todos me repetían que si yo hubiera sido norteamericano no estaría allí. “

La política española se involucró para negociar. El embajador Juan Francisco Montalbán y el secretario de Estado Bernardino León, e incluso el ministro de Exteriores Moratinos, mediaron en la cuestión. Pero Julio tenía tan claro entonces como lo tiene ahora que el camino de negociar a los altos niveles resultaría equivocado: “Se mantuvieron conversaciones con el nuevo presidente Evo Morales, lo que era un error. Porque no había que negociar con el poder político, ya que el gobierno no iba a intervenir corrigiendo decisiones de la fiscalía. Cualquier orden desde el ejecutivo hubiera apoyado la convicción de quienes pensaban que Bolivia no era una democracia formal, sino un cachondeo, en donde los políticos controlan a los jueces…lo que era, por supuesto, cierto”.

Su aprehensión y el paso fugaz por la cárcel, en fin, la ve Gavito como “una gran paletada, propia de gentes poco viajadas. Yo tenía las claves básicas, sabía cómo habría que actuar, pero nadie me preguntó nada. Las instrucciones venían desde Madrid. Genéricamente decidí denominar a estar fuentes de instrucciones, Moscú . “¿Qué dice Moscú?” nos preguntábamos en broma.”

“Siguiendo órdenes de Madrid, que entendía que estaba todo resuelto, me presenté voluntariamente en el Juzgado de Santa Cruz, por la tarde, para sorpresa de los funcionarios, pues no podían hacer otra cosa que encarcelarme, dado que tenía sobre mí una orden de busca y captura. Así pasé una noche entre rejas, porque el único que podía ordenar mi inmediata puesta en libertad era el juez, que no trabajaba por las tardes. En consecuencia, -cuenta- la prensa gráfica obtuvo la imagen que los fiscales deseaban: Los ejecutivos de Andina tras las rejas”.

No guarda Julio, en absoluto, mal recuerdo de Bolivia, ni de sus gentes. Al contrario. “A mi despedida de Bolivia acudió mucha gente. Entre ellos, mi buen amigo Salvador Rich Riera, ministro de Obras Públicas con Morales, hoy embajador en Uruguay”.

Tiene el entrevistado clara opinión sobre un buen número de políticos bolivianos, a los que conoció personalmente. Por ejemplo: “Evo es un listo de la calle que ha sabido ignorar a todos los partidos, presentándose como un indígena, a pesar de que su apellido delata su origen mestizo. El presidente Paz Zamora supo que era imprescindible incorporar a la población mestiza al gobierno, pero el Movimiento de izquierda revolucionaria (MIR) se fue al traste por la corrupción, ligada a la coca. Tuto Quiroga es un gran funcionario, que tiene el estado en la cabeza, como Fraga Iribarne…”

El futuro de Bolivia y las trampas para osos de Muniellos. However

Las perspectivas de futuro de Bolivia, no las hace descansar Julio solamente en el petróleo. “Las riquezas mayores están en el gas, la soja, la plata, el estaño, la madera y el litio (muy abundante en el salar de Oyuni). Pero hay que estructurar el país, que tiene doble superficie que España y solo 8 millones de habitantes.”

“Tiene Bolivia que olvidar el racismo y apoyarse en la realidad del mestizaje, alejándose de las posiciones de Chavez y Castro y acercándose a las de Lula y Bachelet. Porque yo sigo siendo marxista en cuanto que estoy convencido de que la economía precede a la cultura. Las trampas para osos son iguales en China que en Muniellos. Hay que superar la filosofía del oenegero. Ayudemos a que los países pobres aumenten su pib y a que lo repartan mejor.”

Julio recuerda con especial afecto a Dionisio Sierra, que estaba de director general en Eniepsa-Hispanoil, con el que había coincidido en Schlumberger y que fue Director de Repsol Exploración. “Dionisio fue importante para mi entrada en el mundo petrolífero; quería que aportara modernidad, y fue quien me asignó al proyecto Gaviota de Bermeo. “

También tiene palabras encomiásticas para Miguel Ángel Remón. “Miguel Ángel tuvo el papel del funcionario diligente que escuchaba pacientemente las ideas de cada recién nombrado presidente de Repsol, para acabar indicándoles, como en aquella serie de la televisión inglesa de los 80, “Yes minister”, hacía Bernard Woolley, el respetuoso e irónico Secretario Personal: “Yes, minister, however…”

La experiencia árabe. Irán y su revolución pendiente

En Oriente Medio trabajó Gavito en Kuwait, Dubai, Iraq, Irán y Arabia Saudita. En Irán estuvo año y medio. “Intentamos incluso comprar un campo petrolífero en el golfo Pérsico, pero acabó yendo a parar a manos de Shell”. Fue su primer trabajo, y coincidió con el final de la época del Shah Reza Pahlevi.

“Me enerva la actual situación en Irán, -dice-, lo que no me sucede cuando pienso en Arabia Saudí o en Kuwait. Siempre tuve la esperanza de que la contrarevolución la hicieran las mujeres, y que un millón o más salieran de pronto a las calles, quitándose los velos. Muchas mujeres iraníes son universitarias, y la mujer acude allí la Universidad desde los cincuenta. “

Opina que la solución para Irán depende de la liberación de la mujer iraní. “No son raras las mujeres iraníes que han leído a Shakespeare y a Proust. Se las trata como ciudadanas de tercera. pero muchas son muy cultas. Un reformador debe apoyarse en ellas. La segunda mujer del Shah, Soraya, era estudiante de arquitectura. Mientras no se libere esa fuerza, habrá una revolución latente en Irán, que se encuentra bajo un régimen teocrático inventado sin contar con la mitad de la población. Recuerdo que cuando salíamos del país en el avión con la British Petroleum, ya en la escalerilla del avión, las mujeres se quitaban la pañoleta. Era espectacular, una sensación muy erotizante. Se despedían del chador, de la pañoleta de Hermés, en un gesto de libertad”.

“Por eso, Musavi pretende cambiar el sistema desde dentro, siguiendo el modelo Adolfo Suárez. Y como Irán es fundamental para el equilibrio de la zona, Obama pactará con quien gobierne allí”, concluye.

La planificación energética y la gasificadora de El Musel

Julio se confiesa partidario probablemente de la energía nuclear. “No haría nunca una central, pero si Garoña puede durar diez años más, no tendría duda en mantenerla. Porque, además, la polémica que se está viviendo es falsa: el juego de alternativas a las nucleares no son las energías renovables, sino el carbón, el gas y el petróleo.”

“Cuando fui Consejero, la opción que defendimos como mejor era acercar a Asturias el gasoducto de Enagás, a pesar de que la demanda aparecía como insuficiente para los criterios de entonces. Fui a ver a Oscar Fanjul con el consejero de Cantabria para que el gasoducto llegara a Cantabria y a Asturias, y lo convencimos, enumerando las empresas que se beneficiarían.”

La cuestión, como otras, está clara en la mente de Julio Gavito. “En realidad, la idea de la gasificadora en el Musel no es nueva. Creo recordar que ya fue propuesta, en mi época, por los consignatarios del puerto. Actualmente no se necesitan son más gasificadoras en España. Estados Unidos tiene solo cuatro instalaciones, mientras aquí tenemos 8. Ningún país tiene tantas. No hay ningún argumento serio para defender una gasificadora como imprescindible. Por la ley de Boyle Mariotte, todos sabemos que si se necesita más volumen de gas, bastaría aumentar la presión de suministro, y si fuera imprescindible, sustituir la conexión por otra de mayor diámetro. Es falaz apoyar la necesidad de la gasificadora en los proyectos de ciclo combinado, porque no hace falta producir kilowatios para exportar sino se negocian contraprestaciones”.

Generación perdida, ilusiones frescas. Privatizaciones precipitadas

Le pido que hable de su visión de la generación de los nacidos a finales de los cuarenta, principios de los cincuenta. “Somos una generación, digamos, perdida. Nuestros mayores no nos dejaron incorporarnos fácilmente al sistema. Fuimos respetuosos, y cuando creímos llegado nuestro turno, los más jóvenes ya habían ocupado con rapidez los puestos que nos debieran haber correspondido.”

“La verdadera ocasión la tuvimos en los 80. Pocos podían decir entonces que habían estado en el extranjero, y algunos volvimos a España perdiendo dinero. Mirando hacia el presente, queda mucho por hacer. Desde la gestión de la coyuntura, cambiar el sistema financiero, potenciar la investigación, etc. No parece haber la sensación de que exista un buen plan ni por la izquierda ni por la derecha. “

Tiene Julio ideas, -cómo no-, respecto a las opciones para salir de la crisis. “No se debería desincentivar la compra de viviendas. La economía ha estado basada en la construcción, y no se puede dar un giro a la industria por decreto. Los ayuntamientos dependen para subsistir de las obras de nuevos edificios, de las recalificaciones de los terrenos. Les faltaría el medio de financiación, porque los gastos corrientes se cubren con la construcción. Hay que tener claro el modelo al que se desea ir, antes de destruir lo que se tiene.”

Y formula un reproche: “Nos hemos precipitado en las privatizaciones de las empresas públicas. Fuimos bastante ingenuos. Ni Italia ni Francia lo hicieron. Por eso, hoy, en Italia, uno de los firmes instrumentos de poder de Berlusconi es el IRI.”

Respecto al cambio en Estados Unidos, comenta que “Obama es hoy la mejor noticia en nuestro mundo global. Dábamos por perdido todo en la pendiente, y no se sabía si la estábamos subiendo o bajando. Obama trae aire fresco, y da igual lo que haga. Ni siquiera haría falta que hiciera algo, en realidad…Para un ciudadano europeo es muy importante la política económica de Estados Unidos. Zapatero podrá realizar alguna actuación aspirínica, pero la mayor capacidad de influir en nuestra cotidianidad la tiene Obama y no él. En esta crisis, nos han metido los americanos, y nos van a sacar ellos. Sin olvidar que la globalización es incuestionable, y hay que superar la visión demasiado transitiva de los hechos. Todos se influyen. Irán no puede pretender ignorar el Nimex, porque le afecta para su supervivencia lo que se decida allí “

Añoranza de Asturias

Cuando le pregunto sobre su ocupación actual, Julio me dice que trabaja en el proyecto Escal UGS, concesionaria de la explotación que convertirá un antiguo pozo petrolífero submarino, a 21 kilómetros de la costa de Vinaroz, en un gran almacén submarino de gas y que aprovecha el yacimiento explotado por Shell en los setenta. Y reconoce: “No he vuelto a Asturias, sinceramente, porque nadie me ha llamado para volver a trabajar allí”. Lo que no le impide ir frecuentemente a la tierrina, para conversar con viejos y nuevos conocidos y amigos y, tal vez, arañar algunas horas para escribir unas memorias antes de que las historias vividas se cubran de olvido o sean tergiversadas por otros intereses .

Le acompaño hasta su coche. Han sido dos horas y media de conversación intensa y entretenida. Se ha levantado algo de fresco, que se agradece en este final de primavera. Al llegar a casa, miro las fotos que nos han sacado en el restaurante. Todas mal. Con el fotoshop, consigo salvar una, para dejar al menos testimonio gráfico de esta cena.

FIN de la Entrevista. Junio 2009, ENTIBA

Descansa en paz, Julio. No quisiste que casi nadie se enterase de tu enfermedad, descubierta cuando ya estaba muy avanzada y te parecía irreversible. Eras, también para lo tuyo, perspicaz. Siempre fuiste divertido, ingenioso, con un punto iconoclasta; y atrevido para tomar decisiones cuando otros se limitaban a ver el obstáculo. Así te recordaré.

Publicado en: Ingeniería, Personal, Política Etiquetado como: Asturias, Bolivia, consejero, fallecimiento, idus, industria, Julio Gavito, obituario, Principado, reconversión, Repsol

Fanáticos de un dios menor

12 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Los apicultores saben bien que, si se quiere atraer un enjambre, hay que convencer a la abeja reina de que el aposento que se le ofrece es adecuado. Los demás miembros del grupo se acomodarán de inmediato en la nueva vivienda, afanándose en realizar aquello a lo que su naturaleza los destina: prepararse para soportar el invierno, garantizar la subsistencia de la realeza y fabricar miel para los depredadores.

Cierto es que las reinas de las colmenas no parecen disponer de una vida regalada: atrapadas en el fondo de la casa común, están bien alimentadas y cuidadas, pero su función es poner tantos huevos como les sea posible, fecundadas para siempre en un vuelo nupcial en el que cientos de pretendientes se jugaron el pellejo (y lo perdieron) por unos segundos de éxtasis del que solo uno disfrutó, aunque tampoco pudo contarlo.

Es una historia bastante triste, si bien se mira, pero las cosas de la naturaleza carecerían de sentido si no se fuera capaz de observarlas con perspectiva distinta a la de los que están cumpliendo sus designios.

Y esto me lleva, aunque parezca traída por los pelos, a expresar mi opinión sobre los fanáticos. No creo que el líder de cualquier grupo de devotos intransigentes de cualquier causa sea el más fanático o convencido de ella. Por el contrario, pienso que debe ser uno de los que menos, lo cual le permite, como los posteriores acontecimientos suelen demostrar, cambiar de creencias con relativa facilidad.

Podía referirme, porque para nuestra educación occidental, sería muy fácil, hablar, para criticarlo, del fanatismo islámico, de la razón por la que, con demasiada frecuencia, unos vociferantes individuos -siempre varones- reclaman el cumplimiento de no se qué castigos, manifiestan su odio visceral contra no se qué posturas, espoleados por servidores divinos que han estudiado tanto en libros consagrados que pueden adivinar lo que piensan los dioses a los que dicen servir.

Pero no caeré en esa trampa. Aquí, entre los nuestros, también tenemos la carga de los fanáticos; gentes que han renunciado a su capacidad de análisis, para convertirse en voceros de un dios menor, y que lo hacen, sin esperar nada a cambio, cumpliendo estúpida y cerrilmente su designio natural: sacrificar su capacidad de pensar en beneficio del sostenimiento del poder oscuro que se mueve en el fondo de sus colmenas.

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Coste de oportunidad de una vida humana

11 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

Que, a pesar de lo que nos digan las Declaraciones Universales de derechos humanos, de lo que se nos dogmatice en algunos textos tenidos por sagrados y se nos recuerde y repita como mantra a cada tres por cuatro, los seres humanos no poseemos idéntico valor ni igual aprecio (ni ante la ley, el mercado, las fuerzas dominantes o la historia), es una evidencia sin resquicios.

Que una misma vida humana tenga valor muy diferente, sin embargo, en razón de circunstancias completamente ajenas a la persona en cuestión, y, más particularmente, derivadas de la atención mediática que su singular circunstancia ha despertado en quienes la habían despreciado, y sin que por ello deje de ser mientras tanto y posteriormente, perfectamente anónima, merece una reflexión.

He tenido esta revelación, que juzgo inquietante, con ocasión del colapso de un edificio que parece había sido previamente declarado ruinoso, en Daca, capital de Bangladesh, Según los últimos «datos» (o lo que sea), han muerto más de mil personas, que trabajaban allí, y se dan por desaparecidos (eufemismo perverso) no se sabe cuántos.

Es obvio imaginar que la vida de los que se afanaban en esas irregulares encomiendas textiles, surgidas para servicio de los mercados occidentales, afanosos en mantener su bienestar a costa de lo que sea, y en absoluto inocentes en su consentimiento para que se continúen, con cambios semánticos, las viejas formas de explotación colonial, no valía nada. Para los que se beneficiaban de la situación esos operarios cuya existencia se valoraba en un euro diario eran solo un número, un pescador en barcas sin pescador, recordando la obra de teatro de Alejandro Casona.

Pero he aquí que, diecisiete días después del desastre, mientras se procedía al desescombro de la mole de hormigón, hierros y restos de cuerpos ya corruptos, se oyó la débil voz de una mujer, manifestando su existencia, su derecho a vivir, de la manera más simple y emotiva que pueda imaginarse. «Estoy aquí».

En ese momento, esa vida se convierte en un símbolo, y pasa a tener un valor incalculable. No para esa persona, no; ella volverá, sin duda, a su existencia anodina, anónima. Adquiere inmenso valor para los millones de espectadores occidentales que oueden mostrarse aliviados, redimidos, pensando que ese milagro mediático es fruto de la tecnología, y se agarran a esa salvación de una vida (casual, y aún más, producto de un accidente evitable), como signo de su expiación y vía de catarsis.

He podido incluso escuchar a uno de los responsables de la demolición (antes fue rescate, porque se pudieron extraer, vivos, cientos de sepultados, en los primeros días de la movilización), que «una sola vida justifica todos los esfuerzos que estamos haciendo«.

Tiempo de meditar, ¿no? ¿En qué momento empezamos a contar el valor incalculable de una vida? ¿Después de un accidente que despertó gran atención mediática, cuando la casualidad la salva de quedar sepultada?

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad Etiquetado como: Daca. Bangladesh, justificación, rescate, salvada, valor, vida

El pacto más urgente: La Ley antiocurrencias

10 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La palabra «ocurrencia» ha cobrado fuerza descalificadora en el reducido acervo verbal de nuestros (más bien, suyos) representantes políticos. En realidad, yo no le veo su carga negativa, pues de ideas inesperadas y repentinas, convertidas unas pocas veces en geniales, se han jalonado buena parte de los avances tecnológicos de nuestra especie, especialmente en lo que atañe a la subvariedad mediterránea, propicia al improntus más que al método.

Sin embargo, opino que, siendo útiles para experimentar con gaseosa, cuando se trata de ordenar la vida colectiva, las ocurrencias deberían estar proscritas. El buen orden sociológico exigiría que los que gobiernan no pensaran tanto en poner su nombre en las paginitas de la historia tal como les gustaría que se contara. En vez de convertirse, a la primera oportunidad, en padres adoptivos de medidas que supondrán supuestamente «cambios definitivos» de cualquier asunto, sacandode leyes de su chistera como magos en fiesta infantil de cumpleaños, deberían admitir que para modificar un rumbo solo haría falta ser piloto (o que te confíen el timón un ratito), pero para poder llegar a buen puerto, hay que apoyarse en los cartógrafos.

La prudencia y el ejemplo de los que van más prósperos, debía servir de modelo para admitir que las mejores reformas -las más duraderas- son las que se han hecho a poquitos, avanzando sobre lo sustancial de lo ya andado. Así, , para que, pian pianito, se llega a tener una estructura de normas, leyes, costumbres y convenios que está asimilada por funcionarios, agentes sociales y público en general, convirtiéndose en referencia y orgullo, y ofreciendo eso que se suele llamar seguridad jurídica, que, para los legos, se traduce en que no te cambien el compás, y si el concurso de baile iba de tangos, no te digan que el premio será para los que mejor dancen estilo reguetón.

Un pacto antiocurrencias nos vendría de perillas, y hasta debería elevarse a rango constitucional. Se atajarían así los ardores renbovadores de cualquier ministruelo que pretenda, sin debate, o a despecho de la opinión expresada por los que saben más de qué va la cosa, modificar leyes de educación, de prestación de servicios, de suspensión de gestaciones, mejora de la sanidad pública, seguridad en la ejecución de obras, protección ambiental y de costas, creación de empresas, etc.

No va a ser así, expreso, desde mi pesimismo de experto. En lugar de acomodarnos nosotros a la realidad, por pequeño que sea el trozo que nos toque, queremos cambiarla, para acomodarla a nosotros. Cualquier jefecillo dedicará sus primeros esfuerzos en el cargo, no a saber lo que es urgente o lo que el anterior dejó pendiene, sino a hacerse pintar las paredes del despacho, comprar otros muebles (y tirar los que había), poner sus cuadros, y si tiene presupuesto (aunque la empresa o el servicio esté en la ruina), tirará tabiques y se pondrá un wáter con hygolet.

Las ocurrencias las pagamos muy caro, y no sirven más que para alentar las del siguiente, produciendo una cadena de despilfarros y fraudes. Dejemos, por una vez, al menos mientras dure la penuria, sin cambiar de sitio la cocina, la habitación principal donde está y resistamos a convertir la despensa en aseo de servicio. Vivamos en lo que tenemos y dediquemos todo el tiempo que se pueda a animar a los que saben y pueden, no en calentar los ánimos de los que solo hemos pedido que nos dejen trabajar en paz, sin zancadillas, trampas ni empujones.

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El bidé es inocente

9 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Estaba leyendo algo sobre las ventajas del bidé frente al papel higiénico para conseguir una limpieza más integral y económica después de ese acto natural por el que se expelen (a veces, no sin dolor) los desechos de la máquina térmica que llevamos integrada en el yo, cuando tuve una revelación de esas que podrían llamarse…escatológicas.

Ahorrando detalles que pueden resultar molestos a espíritus finos, y restringiéndonos a la función que he glosado en el primer párrafo de este comentario, papel higiénico y bidé ofrecen la solución al mismo problema.

Uno de ellos (el bidé) precisa de una inversión inicial (que puede llegar, incluída la conexión a la red de agua y saneamiento a los 300-400 euros, aunque se pueden encontrar de plástico portátiles, muy monos, por poco más de 10 euros), y el acceso al agua limpia, al menos de unos 20-30 litros/día, es decir, 9-10 m3/año, que cabe multplicar por 4 para una familia tipo ; calculando a 1 euro el m3, y una amortización del bidé (no gastaría más de 60 euros) a 10 años, se puede pensar en un gasto por unidad familiar del orden de los 40-50 euros/año.

La otra opción (el papel higiénico, ya que descartaremos, por encontrarnos en un análisis académico, la hoja de periódico, la de parra y el empleo estrafalario eventual de billetes de banco), no precisa inversión inicial y su uso cuantitativo específico depende de la meticulosidad (dicho sin segundas) del usario. Un precio aceptable por rollito es el de 0,25 euros, no siendo desproporcionado adivinar que la familia tipo no dejará de desembolsar anualmente los 40-50 euros.

He hecho el peinado y afinado de estos modestos cálculos a propósito para que las cantidades en unidades monetarias resultantes sean iguales. La elección, si se restringe el debate a términos económicos será simplemente cuestión de gustos.

Ah, pero si se atiende a los resultades, no hay como el bidé. Es algo que cualquiera sabe, sin necesidad de demostración. Es más, es lo que hacemos para limpiarnos las manos: usamos el agua, no el papel.

Estaba dándole vueltas a la aplicación práctica de estas aparentemente anodidas reflexiones, cuando comprendí el mensaje interior, como en una parábola: el objetivo (limpiarse el culo) es equivalente a la necesidad de desarrollar la economía; el papel higiénico es la opción neoliberal para cubrir ese objetivo (depender de un fabricante y crear antes la necesidad, adornándola de fragancias y texturas).

No, no el bidé no es la opción socialdemocráta, es, simplemente, la mejor, desde el punto de vista de comodidad, sanidad, eficacia y respeto ambiental. Es, sin duda alguna la que decidiría quien, con toda la información y dsponiendo de libertad, atendiera únicamente al objetivo sin dejarse emponzoñar por la publicidad o la costumbre.

El bidé, concluyo, es inocente; es solo una opción un instrumento, aunque, objetivamente, no tiene parangón. Muchos la desprecian, aún teniéndola enfrente, disponible: una inversión realizada inútil. Otros se sientan a su lado, y se lavan en él solo los pies, un uso ineficiente. Hay quien sigue creyendo, porque es lo que lo que dijeron de niño, que es para asuntos de mujeres y que se encuentra como mobiliario fijo en las habitaciones de alquiler por horas, un perjuicio malsano.

(Por cierto: producto de fabricación nacional, muy estimado entre los PIGS, y, por ende, despreciado en Alemania, en donde creo que incluso utilizan el papel de fumar -Frau Merkel me perdone, bitte um Entshuldigung- para cogérnoslas.)

Publicado en: Internacional, Medicina, Sociedad Etiquetado como: ahorro, bidé, instrumento, meublé, papel de fumar, papel higiénico, rentabilidad

Por las rutas de las profesiones

8 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

Hoy quiero referirme, nuevamente, al panorama de desorientación en el que está inmerso el mundo de las profesiones, al que amenaza, además, en lo que respecta a la ingeniería, una inminente Ley de Servicios Profesionales que pretende convertir en norma el capricho mental de un aprendiz de legislador, sin la menor idea de lo que es la ingeniería, que estipula como dogma de fe que los ingenieros pueden dedicarse, independientemente de su formación académica, a diseñar y construir cualquier artilugio -desde un barco de guerra a un túnel bajo el estrecho de Gibraltar-, siempre que respondan de la osadía con los polvos mágicos de su deontología ante el cliente y estén cubiertos, a su voluntad, por un segurcito de responsabilidad civil por si vienen mal dadas y un tsunami les echa a perder el involuto tecnológico.

Comprendo que un país al que le salen a borbotones las cifras de parados por los agujeros abiertos en su economía por los cuchillos de la improvisación y la insolidaridad y que los falsos fontaneros alemanes han pretendido restañar a golpes, no está de ánimo para oir de estas minucias, que parecen ayes corporativos y lamentos de tipos de corbata ansiosos por mantener sus prebendas históricas.

Aún menos, si hay temas que resultan más enjundiosos para animar una conversación con cafelito, como es el estar advertido de que los tesoreros del partido de Gobierno se ocupaban, no solo de recaudar dinero de los beneficiados por las adjudicaciones públicas, sino de repartirlo en sobresueldos entre los compas y, con el sobrante, hacer un capitalillo personal con el preparar el disfrute de una jubilación bien merecida. ¿Por qué no pensar que los ingenieros, como los políticos, son gentes que sirven para cualquier cosa, desde cambiar un plan de ordenación urbana para recalificar los terrenos de la abuela hasta decidir que un aeropuerto pueda servir como pista de prueba de coches de carreras?

Bien es cierto que, con la que están cayendo, hay mucho que hacer, aunque solo se emplee el tiempo en decidir qué hacer primero. Pero podrían sus señorías dedicar algún momento en las largas sesiones de los Congresos a analizar las razones por las que los jóvenes de nuestras flamantes camadas universitarias no encuentran aquí empleo y están dispuestos a irse a Alemania (o a donde sea) para no deprimirse aún más al ver que se van haciendo muy mayores; y todo ello, en lugar de aplaudir a los ministros del Estado del mismo signo cuando rivalizan en repetir las tonterías con esa sonrisa bufa que se les pone, de bachilleres que han calculado mal el número de copas que bebieron en la fiesta de fin de curso.

Sería igualmente de agradecer que, en el debate de ideas que permanentemente dice tener convocado la oposición (y coloco a todos en el mismo saco, a sabiendas), en vez de traslucir ocurrencias de parvulario en forma de programas alternativos que confirman la extensión homogénea de las incapacidades entre las ideologías, se analizaran las razones por las que conviene desmantelar, y de inmediato, este aparato monstruoso que come por un lado de la autonomía universitaria y por otro de la libertad de cátedra y que mantiene decenas de cabezas y cabezudos y es sustentadora de miles de rabiles hacedores de titulaciones y especialidades que en su mayoría carecen de aplicación en el mercado del trabajo.

Pues bien: en lugar de ir al fondo del asunto, alguien con negro sentido del humor ha decidido que lo adecuado es juntar las ramas del árbol del caos, atándolas por arriba, haciendo un ramillete con ellas, cubriéndolo todo con celofán y adornándolo de cintitas y bolas de colores, sin escuchar a los que le gritan que no, que no es así, ni es eso, y que el árbol de las profesiones también está enfermo y hay que atender a las raíces, pero para darle fuerza, no para quitársela convirtiéndolo en un objeto muerto más en el salón de los despropósitos.

Publicado en: Ingeniería, Universidad

Planificar en retirada

7 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

La intervención del secretario de Estado de la Energía del Gobierno de España, Alfredo Nadal Belda, con ocasión de la celebración del X Aniversario de la existencia de la cátedra Rafael Mariño en la Universidad de los electro-curas (Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 7 de mayo 2013) ha sido expcepcionalmente clarificadoora.

Pocas veces un político ha expresado con tanta claridad su filosofía respecto a la Planificación energética y, coherentemente con ella, lo que pretende hacer. Y, por ello, no resisto la tentación de trasladarla en sus elementos básicos:

-El déficit de tarifa debe ser eliminado, repartiendo equitativamente el resto antes de 2015. La solución coyuntural de cubrir parte del mismo, con cargo a los Presupestos del Estado, como se hizo en 2012 (4.000 Mill de €) no se repetirá.

-No habrá planificación energética desde el Estado, sino un marco regulatorio revisable, y se debería hacer su revisión tantas veces como sea necesario. Han de ser los agentes de mercado (las empresas privadas, en particular, y sus opciones de competitividad), las que decidan las posturas a tomar. El error del pasado es haber considerado al Gobierno omnisciente y con capacidad para prever el futuro a medio-largo plazo, lo que llevó a errores sustanciales (en el apoyo a la energía nuclear, a los ciclos combinados o a las energías renovables), equivocándose, en especial, por haber tomado decisiones demasiado tempranas o demasiado tardías. No hay planificacón posible de la política energética, sino necesidad de flexibilizar las políticas, generando un marco de referencia cómodo para los agentes, sin interferencias sustanciales.

Como ingeniero de minas, y al margen del juicio que me merece la posición de Nadal, yo llamaría a esta postura técnico-económica «explotación en retirada», abandonando a su suerte los macizos del sector energético para que sostengan la estructura geológica de su competitividad, mientras le sacamos socioeconómica rendimiento, ya que no volveremos a pasar por allí.

No hubo debate posterior, y por eso el Secretario se marchó «de rositas», salvo el par de banderillas a la porta gayola que le encasquetó César Dopazo (Unizar), al que correspondía hablar, en principio, sobre «La nueva generación a partir de los combustibles fósiles». «Hay que entender de las cosas para hablar de ellas», afirmó tajante, levantando algunas risas nerviosas entre el respetable.

No creo que el no tener idea de lo que se ha cocido en el sector sea una objeción que quepa hacer a Nadal. Salvo algunos pequeños errores en las cifras -muy disculpables, pues habló de memoria- reflejó un conocimiento serio de la situación.

Tenemos un inmenso exceso en términos de centro de producción energética, hemos financiado -sin recursos- la incorporación de nuevas fuentes «verdes» que no necesitábamos, y, sobre todo, que no podíamos pagar, abonandoo precios hasta nueve veces superiores a la tarifa, impulsamos la inversión en centros de producción redundantes, que no hemos permitido rentabilizar, con base en una previsión de incremento de consumo que no habría de cumplirse (caso sangrante, el de las centrales de ciclo combinado, que solo alcanzan un 15-20% del tiempo de operación) y no nos hemos preocupado de llevar a los usarios las consecuencias de estas alegrías, enmascarando la competitivad no ya del sector, sino de bastantes sectores industriales, que se beneficiaron de esa situación.

Esto es lo que hay. Las intervenciones del resto de los ponentes me parecieron, incidir en lo que, más o menos ya sabemos los que nos tenemos que ver con el sector: cada uno defiende lo suyo. Pero alguna vez alguien tiene que colocarse por encima del guirigay de intereses y, hacer lo que corresponde a un buen administrador: decir lo que hay y exponer las decisiones que corresponde tomar. Aunque nos duela.

Lo que no implica, desde luego, hacer oídos sordos a lo que los demás propongan, pero atendiendo a algo que no se puede estirar: los recursos conocidos, los medios disponibles, y sin abandonar la defensa de los intereses mayoritarios. Sin fantasías.

Publicado en: Derecho, Economía, Empresa Etiquetado como: Alberto Nadal, cátedra Rafael Mariño, Comillas, desfase, secretario de estado energá, tarifa eléctrica

Tecnopatanes

6 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

No me extrañaría que aún existiera algún patán ilustrado que, a pesar de lo que nos ha sucedido, siga pensando que «la tecnología siempre acude», y que lo importante es saber jugar con la maquinita esa del dinero, dándole más rápido al rabil del papel o, según el humor, reduciendo los cromos en circulación.

Debo admitir que, a diferencia de la mayoría de los que nos dan consejos, no tengo el culo pelado por razón de curarme las almorranas contra el asiento de ninguna prebenda, sino que tengo el currículum apalancado por haber recorrido medio mundo, y no precisamente de vacaciones ni por el gusto de volver con un título en inglés bajo el brazo. Y aunque tampoco ando escaso de plumas académicas, no me identifico con los pájaros que las llevan como signo de ostentación, sino como servidumbre permanente dimanada de un privilegio.

Tengo máximo respeto por la tecnología y por los que saben bien lo que se cuece en ella. Esto me conduce a recelar de los generalistas que nos quieren convencer con su labia comercial de las bondades de un aparato que no saben, en realidad, cómo funciona, como de los especialistas laureados que se han quemado las pestañas desde su primer trabajo como becarios hasta ver sus barbas encanecidas analizando la histéresis de los materiales cerámicos (cuando no hablan de lo suyo).

Necesitaríamos, para revisar este país con seriedad, saber mucho más de tecnología, y escuchar, con suma atención, a los técnicos que saben hacer alguna cosa muy bien y, por ello, pueden valorar si nos encontramos en ese campo entre los mejores del mundo o solo formamos parte de un montón o pelotón de seguidores.

Porque, con un simple análisis superficial comparativo entre lo que importamos y exportamos los españoles y, por ejemplo, los alemanes, queda al descubierto la diferencia entre saber dar valor añadido a un semiproducto, incluso ya de naturaleza muy acabada, para convertirlos en un Mercedes, un Audi o un BMW, o estar concentrados en competir en precio -pongo por caso- con las naranjas marroquíes, que, al fin y al cabo, para lo que sirven, es, como las nuestras, para hacer zumillos y tienen por consecuencia perniciosa pelearse por la poca agua del desierto.

No, no hace falta que me arrollen los optimistas crónicos: el ejemplo del automóvil y el de las naranjas son solo por concretar un poco: tengo miles muy parecidos. Lo importante, en mi opinión, es situar en cada proceso el lugar de la tecnología que poseemos y, por ello, saber si estamos utilizando la punta, el medio o solamente el rabo.

Publicado en: Economía, Empresa, Ingeniería, Sociedad Etiquetado como: académica, Audi, BMW, competitividad, especialista, exportción, generalista, importación, Mercedes, naranjas, plma, recelo, semiproducto, servidumbre, tecnología, tecnopatanes

Opciones de metamorfosis o síntomas de podredumbre

5 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

El estado de bienestar, si alguna vez existió en terrenos diferentes de la metáfora, se ha volatilizado, bombardeado tanto desde la cúpula como desde la base. La idea era bonita en el papel, pero no se contaba con su incompatibilidad afectiva con la economía de libre mercado y, mucho menos, con la ausencia perniciosa de solidaridad que empaña la credibilidad de los socio-demócratas.

Todavía hay quienes se acercan a la vitrina donde se le exhibe, envuelto en gasas y algodones que pretenden ocultar el alcance de sus profundas heridas, y se dejan convencer de que el gigante deforme está, en realidad, sufriendo una metamorofosis, y que saldrá de su crisálida, convertido en un producto sostenible.

El equipo de expertos que se encarga de cambiarle los pañales y mantiene sus constantes vitales a base de continuas transfusiones de pasta, ha reconocido en declaraciones off the record, que la podredumbre de los tejidos es insoportable y que el estado de bienestar, tan pronto se le desconecten de los aparatos y subterfugios que lo conservan vivo, se convertirá en un cadáver más, un fracaso de la sociedad bienpensante.

No tengo dudas de que la culpa de esa derrota épica la tienen los socialistas, y, afinando más, los socialdemócratas, porque son los que se han tirado del carro que dejaron conducir a ecolojetas, ácratas, e izquierdosos; y, por si consigo atajar alguna mano antes de que llegue, escandalizada, a la cabeza, precisaré que no me refiero a los idearios, sino a la forma torpe, mentirosa, de ponerlos en práctica, sin valorar lo que hace falta para ir de excursiçon, además de contar con que haga buen tiempo.

Si el problema estuviera solo en votos, el castigo está siendo aplicado. Como resultado del mensaje confuso, al tambalearse el tenderete económico, los votantes de los partidos socalistas, cuando no se refugiaron en la apatía, se han desparramado, en estampida formal, tanto hacia la izquierda como hacia la derecha, abominando de una práctica que está contagiada de los mismos errores que el capitalismo neoliberal -contemporizar con los más ricos y atosigar a las clases medias-, y, aún más grave, porque afecta a la ética y a la credibilidad, emponzoñada por las garras de la corrupción que ha contaminado la sala en donde bullen sus dirigentes.

Si hay solución al despropósito, debiera de encontrarse en recuperar los objetivos centrales de lo que hemos venido llamando progreso y en sus ejes de desarrollo: recursos (humanos, financieros, naturales), tecnología (investigación, saber hacer, educaciación, eficiencia), y leal y solidaria distribución de los resultados.

Desde mi observatorio desengañado, diagnostico que los partidos llamados de izquierda ponen demasiado énfasis en la distribución de los resultados, en tanto que los partidos que se abrigan en la derecha, se centran, sobre todo, en los recursos. Se que es una simplificación, pero no escribo para discutir entre expertos, sino para compadecerme con inocentes.

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: distribución, estado de bienestar, inviabilidad, recursos, resultados, socialdemocracia, tecnología

Recursos

4 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Aprovechar los recursos que se tienen no es un consejo, sino una obviedad. Utilizarlos bien supone no despilfarrarlos, y administrar su empleo implica situar los que no se necesiten en este momento, invirtiéndolos en proyectos de futuro.

Especialmente, si por cualquier razón el panorama está habitado por las vacas flacas, los recursos disponibles no van a servir si los enterramos en el jardín, o dejamos que se vayan a Alemania. Porque no se hizo la luz para ponerla bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre toda la casa.

Es España tierra de pocos recursos minerales, y la mayoría de los que tenemos detectados, nos aparecen de forma dispersa, o han sido sobreexplotados.

El hierro y el carbón nos han dado más quebraderos de cabeza que impulsos al desarrollo, y siguen excavando, sobre todo el segundo, en nuestras preocupaciones colectivas, aunque ambos han propiciado algunas de las fortunas más fulgurantes de este país y de algún otro. Vivimos de cuando en cuando el fulgor de la recuperación del fuego de la franja pirítica, o de los yacimientos auríferos de la zona belmontina asturiana, o del gas natural, libre o enquistado, aunque todo lo que se diga en los papeles, hay que probarlo, lo que no siempre se deja.

Tenemos, en fin, piedras con valor ornamental, que han embellecido, sobre todo, casas centroeuropeas, y dejado algunas huellas difíciles de ocultar en paisajes muy hermosos, resultado visible que me gustaría atribuir, sin asomo de duda, solo a canteras piratas, como consuelo pírrico profesional.

Hay otros recursos mucho más importantes, en mi opinión, que no solo son renovables, sino que se pueden potenciar. Son los de los cerebros nacionales, a los que no solo hay que estimular, sino saber emplear allí donde puedan rendir mejor.

Y en eso, nuestra sociedad fracasa estrepitosamente. Ni aprovechamos la formación que hemos dado a los más jóvenes, ni sabemos seleccionar a los más diestros, ni estimulamos a los más creativos, ni apoyamos a los mejores, ni utilizamos la experiencia de los mayores, ni acertamos a juzgar sin filtros machistas la capacidad de las mujeres, ni premiamos a los más rentables. Ni siquiera somos capaces de apoyar a los que son apartados por haber destacado en la defensa de lo nuestro, admitiendo que el díscolo merece su castigo, y aplaudiendo al verdugo.

En el caso de los escasos recursos naturales, hay movimientos ecologistas -supongo que siempre bien intencionados, pero pocas veces bien informados de los problemas reales que tenemos que solventar- actúan de controladores de la hipotética avidez del capital, eterno fagocitador de paisajes. Puedo entender sus razones, aunque discuta de sus oportunidades.

En el caso de los recursos humanos, atribuyo la persistente incuria de nuestra sociedad a las fuerzas del mal. Como no creo en los demonios, y he visto cómo se las gastan, teniendo que sufrir en mis propias carnes algunas dentelladas, he puesto nombres y apellidos a muchos causantes de este despilfarro. No actúan por móviles ecológicos, quiá, sino como auténtica plaga depredadora de cualquier alternativa que amenace su injustificable posición dominante.

Publicado en: Economía, Sanidad Etiquetado como: actuaciones, aprovechamiento, despilfarro, economía, recursos, rentabiilidad

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