Al socaire

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¿Revisar la Constitución para perder solidaridad?

19 noviembre, 2014 By amarias 1 comentario

Entre las reglas de aplicación universal, creo debería anotarse que, si se las deja que desarrollen su vitalidad sin control, crisis y solidaridad crecen en direcciones yuxtapuestas. Precisamente, a los que más tienen -y a sus voceros- se les suele llenar la boca expresando con rotundidad el falso aforismo de que crisis significa oportunidad.

A los que tienen poco o nada, la crisis solo viene a hundirlos aún más en la miseria.

Esta segunda década del siglo XXI se va a caracterizar en España porque nos toca desbrozar una tremenda desorientación, con tantos recovecos que no conozco a nadie que se aventure a vaticinar cómo saldremos de ella. No estoy escribiendo acerca de cómo salir de la crisis, sino de la desorientación.

No tengo la solución, pero si creo disponer del método. Cuando no se sabe cómo resolver un problema, hay que tratar de complicarlo aún más, para que, al eliminar las pejigueras nuevas, se obtenga la calma que es imprescindible para resolver los temas viejos. Es la fórmula, a la que otras veces me he referido, de la cabra, deducida de un cuento judío que debería ser incorporado como conocimiento obligatorio en las escuelas de negocios y de politología.

Algunos catalanes y, de entre ellos, una mayoría de los líderes que en este momento tienen su representación institucional, desean separarse de España, con el argumento -más o menos edulcorado- de que «España nos roba» (y que adopta otras modalidades no tan impertinentes, pero que desembocan en lo mismo: «Desde la independencia, gestionaríamos mejor», «Tomando las decisiones en Cataluña para los catalanes, se generaría más actividad y riqueza para todos», etc.).

No tengo información suficiente para desentrañar la verdad -o falsedad- de los Balances fiscales según los cuales, Cataluña podría ser deficitaria o excedentaria, según el cristal con que se miren, y ni siquiera me parece hábil, por parte de los que defienden mantener la actual unidad de España, expresar que «la eventual secesión de Cataluña ha de ser votada por todos los españoles, y no solo los catalanes» o que «una Cataluña independiente no es viable».

Desde luego, tampoco estoy por la invasión militar de Cataluña, o apresar a sus díscolos dirigentes o disolver las Cortes catalanas con algún espadón o a golpe de sentencias del Tribunal Constitucional o de Supremo. No alimento la política ficción más que cuando me pongo a escribir novelas.

Pero no me parece descabellado plantear, aprovechando la ocasión, la reforma constitucional del Estado de las autonomías, revisando la aplicación de un principio que considero irrenunciable: la solidaridad. Analicemos una nueva asignación territorial, reduciendo el número de autonomías, y hagamos bien y publiquémoslas de forma transparente, las cifras de ingresos y gastos por Autonomías, reduciendo despilfarros y redundancias y tratando de que las prestaciones que emanen de gastos de las Administraciones converjan para todas ellas, con un calendario pactado.

Lo que estimo que es de una cortedad estratégica indisculpable es pensar que, en el escenario de la dura competencia internacional, se tienen más posibilidades de sobrevivir en soledad que en compañía, y se pueda ignorar que romper un país de casi cincuenta millones de habitantes en trozos depara ventajas para algunos de éstos.

¿Que no se quiere avanzar por este camino? Pues tengo una alternativa aún mejor: apoyemos, en el seno de la Unión Europea, la Europa de las regiones. Esta era una aspiración que se manejó por un tiempo y que se aparcó, erróneamente, incorporando, por el contrario, a minipaíses que han desequilibrado profundamente la toma de decisiones en la institución que estaba llamada a transformarse, de unión de comerciantes, en unión de solidaridad y libertades.

¿Qué tampoco se quiere pensar en la Europa de las regiones?. No hay problema; es decir, tampoco va a acabarse el mundo por ello. Sentémonos a la puerta de nuestras cortedades nacionalistas y veremos pasar, en este caso, no el cadáver de nuestro enemigo, sino los restos de las últimas ilusiones de que Europa pudiera cumplir un papel relevante en el orden mundial.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: autonomías, balance fiscal, Cataluña, Constitución, pacto, revisar, secesión, solidaridad

Ónde vais?

14 noviembre, 2014 By amarias 2 comentarios

Hace pocos días fue, según me enteré después, «el día del abuelo». No lo sabía cuando, encontrándome a la espera del autobús, un grupito de niños de entre cinco o seis años, dirigido por uno algo más atrevido, me increpó: «¡Abuelo, abuelo!» y el que llevaba la voz campante, incluso se interesaba por un detalle que me dejó perplejo: «¿Cuántos años tienes? ¿Ochenta? ¿Cien?»

Miré al monitor que, cual gos d´atura homínido, trataba de ordenar aquella troupe de descarados para repartirles unos bocadillos que acarreaba en una caja de cartón de fondo desvencijado, esperando de él alguna reconvención al más vociferante, pero desvió la vista, dándome a entender que el asunto no iba con él.

Aunque no pude menos que recordar al pasaje bíblico donde se nos cuenta que los profetas Elías y Eliseo se toparon con unos mozalbetes que insultaban al primero -que sería poco después elevado al cielo en carro flamígero-, gritándole :»¡Sube, viejo calvo!», y que, según el relato, fueron castigados con el envío de dos osos que despedazaron en un momento a varios de aquellos deslenguados, debo reconocer que lo que en realidad me preocupó era sospechar que mi estado físico había sufrido un deterioro repentino y que, de resultas, aparentaba unos cuantos años más de los que ya soporto.

No estoy dispuesto a dejarme intimidar por cómo me vean niñatos que no son aún capaces de distinguir edades de envejecientes con la precisión con la que yo he aprendido a discernir, por tramos de seis meses a los párvulos. Me encuentro físicamente bien, y aunque no me vean tan joven los que incluso sacan un par de años a mis nietas mayores, me creo con capacidad aún bastante para seguir trabajando por mejorar algo lo que me rodea, haciendo lo que pueda dentro de lo que me dejen (1).

Por eso, y porque la madurez me ha dado la visión directa de unas décadas ilustrativas de la historia de España y del mundo, me siento, sino con autoridad, si con la necesidad, de advertir que el momento por el que está atravesando nuestro país es muy interesante, porque es extremadamente peligroso.

Tomando como referencia el tiempo que los media dedican a los temas, sacaríamos la conclusión de que los dos temas que más animan a unos cuantos españoles y preocupan a otros muchos españoles -no quiero ahora cuantificar la dimensión de ambos grupos- son: la propuesta de escisión independentista que ha calado entre muchos residentes en Cataluña y el avance de la agrupación Podemos, con un programa político que se va construyendo, en buena medida, sobre la marcha.

Por supuesto, ambos asuntos no son sino la lengua de la morrena del glaciar que empuja al mar de la inmediatez el hielo de la indiferencia con la que se tratan los problemas de los demás. No es nuevo para la Humanidad, ni para nuestro país, y hasta ahora, la generación de unos años de caos y destrucción le ha venido bien. De las cenizas y la sangre han surgido nuevas esperanzas, entre supervivientes que se han llevado las manos a la cabeza gritando «¿Qué hemos hecho?» (o dejado hacer) y aprovechados que se han aupado sobre las ruinas, para enriquecerse con la reconstrucción más sólida de lo destruido, utilizando la capacidad, no exenta de docilidad y esperanza de la mayoría de los que también sobrevivieron.

La actualidad nos ha puesto sobre la mesa del comedor a dos excelentes charlatanes: Mas e Iglesias, que, además, venden frascos de una medicina que hace un par de años no hubiéramos creído necesitar jamás pero ahora, a no pocos, les parece imprescindible. El nombre del producto es diferente, pero el contenido del frasco es el mismo: un placebo que no soluciona el problema de base, sino que lo complica.

A ambos líderes mediáticos, con la mirada puesta en el después y no en el ahora, creo que les viene de perlas el mensaje de advertencia que recoge esa canción asturiana, convertida en dicho popular muy socorrido: «Ónde vas, Pachín del alma, de alpargates y orbayando, non te metas por los praos, que vas ponéte pingando».

—

(1) Estoy pensando, al escribir esto, en el cuento guaraní que presenta a un diminuto colibrí que, mientras el bosque ardía, y ante la pasividad de los demás animales, volaba una y otra vez de un riachuelo al corazón del fuego, llevando cada vez en su pico una gota de agua. El jaguar, -¿o fue el oso?- que estaba quieto mientras el fuego amenazaba sus pies, justificaba su propia inactividad queriendo hacer ver al pajarillo que sus esfuerzos serían inútiles ante la magnitud de lo que pretendía: «Nada conseguirás», le dijo. A lo que el colibrí replicó. «Yo hago lo que puedo».

Tengo comprometido a mi amigo Rafael Ceballos -que nos lo transmitió cuando recibía, el 14 de noviembre de 2014, la medalla del Club Español de Medio Ambiente- mejorar el previsible final de esta historia de animalario, simulando que los animales del bosque se movilizan todos, recapacitando respecto al poder de que son capaces si actúan conjuntamente, y consiguen apagar el fuego. De momento, solo algunos luchan con las llamas y otros, hasta se diría que las aventan.

Publicado en: Actualidad, Cuentos y otras creaciones literarias, Cultura, Política Etiquetado como: anciano, Artur Mas, Ceballos, CEMA, charco, colibrí, Elías, Eliseo, gos d´atura, movilización, niños, Pablo Iglesias, Podemos, soluciones

Ego non obliviscar tui (ahora que te has muerto)

2 noviembre, 2014 By amarias 1 comentario

tumba cementerio almudena 2014

Como mis santos muertos más próximos están enterrados lejos, este uno de noviembre me di una vuelta por el cementerio de la Almudena (Madrid), para airear ese sentimiento heterogéneo que tiene tendencia creciente a posarse sobre el alma a medida que cumplimos años.

Pensar con serenidad en la muerte, a pesar de su inevitabilidad, es patrimonio de pocos, por lo que voy viendo y me aplico en lo que me toca. Lo normal es ignorar conscientemente que nos vamos a ir -mas bien pronto, y a escala cósmica, ya mismo-, desde la complacencia de saber que, por el momento, estamos aquí y, si no estamos enfermos y, aún mejor, si no hemos alcanzado los cuarenta,  nos aferramos a cada momento de felicidad como posesos.

La Almudena estaba bastante vacía de vivos (no está en los tiempos visitar iglesias ni cementerios), aunque a la entrada decenas de floristos se concentraban al rececho de visitantes que pretendieran amortiguar su distancia con los que les fallecieron antes con algunos crisantemos. También había un mercadillo de ropa de esos de barato y hasta me crucé con representantes de la emergente economía sumergida que vendían al paso setas -¡menuda temporada ésta!-, chirimoyas y ajos.

No tiene este cementerio capitalino que lleva nombre árabe por culpa de una imagen aparecida en la muralla musulmana en la mitad del siglo XI, hermosos mausoleos, predominando, entre los más costosos, lo hortera: un exponente singular resulta, en  mi opinión, el recinto dedicado a acoger a los González Flores, que aún potencian en su desequilibrado esteticismo las zapatillas con el escudo del Atlétic que alguien colocó a los pies del fundido que recuerda al hijo mayor de la que fue una de las Lolas de España.

Pero de entre tantas tumbas y nichos, me atraen, desde niño, los abandonados. En especial, siento predilección por aquellos que, como si tendieran una amenaza al implacable destino, anuncian lo que se está mostrando, por los síntomas, que fue intención frustrada: «No te olvidaremos nunca», esgrimen.

Aún son más terribles, en su descaro, los que detallan los presuntos culpables del abandono: «Tu esposo e hijos no te olvidan», si bien, de las lápidas más antiguas, se puede interpretar que los que no acuden hoy a la ceremonia profiláctica de honrar, limpiándolas de moho, las tumbas de sus ancestros,  son los bisnietos o quizá tataranietos, o lo que pasó, sencillamente, fue que la rama genealógica se perdió para siempre sin vástagos que la sustentaran.

No saco, con todo, mayores consecuencias, porque el asunto me parece que no las tiene si somos  coherentes con la corriente actual de poner las cosas en su sitio, que es el desprecio a lo ajeno, y que incluye, como parte del mismo devocionario , desinteresarse por todo aquello que no se pueda pasar por el gañote o alguno de los sentidos, excluido el común.

Lo normal es olvidarse de los demás si no hay nada que  obtener de ellos. Y como dejar de hacer es mucho más fácil que actuar para corregir, a cuantos de los que se cree ya no hay posibilidad de lograr fruto,  lo habitual es ponerles tierra por encima.

Sensu contrario, pretender que a uno se le recuerde después de muerto, no solo es petulancia, sino que demuestra la ignorancia supina respecto a cómo procede, de forma natural,  el futuro: sepultándolo todo.

Si algo queda de lo que mucho fue, como lo evidencia la Historia, incluso de los que tuvieron nombre, es ruina y, entre los menos tocados por el paso del tiempo, fantasía. Ya fueran emperadores, filósofos, científicos o santos de peana, que a todos iguala, dejándolo actuar, no la muerte, sino más que ella, el menosprecio por lo ajeno.

—-

(1) Para los que tienen olvidado su latín, traduzco la parte del título de este Comentario que no está en español: «Yo no te olvidaré»

 

 

Publicado en: Actualidad

Nuevo modelo para la faja pirítica luso-andaluza

31 octubre, 2014 By amarias 2 comentarios

La minería ibérica recibe nuevos impulsos que podrían rescatarla de su atonía, y vienen, por supuesto, del lado de la economía, pero también de la demanda social de empleo estable.

Esas dos fuerzas tradicionales tienen un opositor, de cuño reciente, en los defensores de la naturaleza impoluta, un grupo heterogéneo, pero muy vociferante, que agrupa a ecologistas bien intencionados, catastrofistas desinformados y revoltosos de profesión, además de otras categorías tecnoculturales cuya exacta precisión me llevaría demasiado espacio y, a la larga, considero de poco interés para desarrollar este Comentario.

El 30 de octubre de 2014, el Colegio de Ingenieros de Minas del Sur de España y la Ordem dos Engenheiros de Portugal, celebraron en Sevilla un Seminario de Minería bajo el título «Iniciativas para la innovación en materias primas de la faja pirítica ibérica (FPI). Tuvo lugar en el precioso marco del edificio del consulado de Portugal en la ciudad, parte  principal del pabellón que erigió este país en la Exposición Internacional de 1929, y del que constituye un residuo encantador.

La serie de conferencias, a cuyo desarrollo asistí con máximo interés, abarcó diferentes aspectos de la actual situación de la FPI, aunque, evidentemente, en lo que se presentó como un primer encuentro al que han de seguir otros, tuvo que limitarse a trazar un bosquejo de la amplia problemática.

Tengo que recoger, ante todo, que la labor del moderador del Seminario, el colega y amigo Javier Targhetta, consejero delegado de Atlantic Copper, fue magnífica, tanto en la ponencia inicial, el estricto control que sostuvo del cumplimiento del horario y de las intervenciones (rara avis por estos predios) y, como colofón, en su intento conseguido de impulsar el debate-coloquio al final de las sesiones, al que pude contribuir modestamente.

Tengo a la vista un enjundioso libro (¡mil páginas!) que rescaté hace años, salvándolo de un injusto reciclado, y que se titula «Piritas de Huelva. Su historia, minería y aprovechamiento». Fue escrito en 1963 por Isidro Pinedo Vara, ingeniero de minas, director que fue de la División Minera de «Piritas españolas S.A.» Me ha proporcionado horas de agradable lectura técnica y, en particular, lo traigo ahora aquí a colación por sus capítulos Sexto «Minas de sulfuro inactivas y Séptimo «Producciones y reservas de piritas», aunque no oculto que el que tengo más subrayado es el «Apéndice. Breve descripción de la minería no pirítica», por la relación de mi familia con la explotación de algunos de los criaderos de manganeso.

Justifico con ello, a posteriori, el sentido de mi intervención en el Congreso. ¿Por qué no se unifica el disperso banco de datos, con informaciones de diversa naturaleza, de las explotaciones habidas y actuales de la faja pirítica, volcándolo sobre un modelo tridimensional, que permita poner en máximo valor la explotación de ese fenómeno único de la geomorfología?.

No tuve respuesta, de momento. Queda, por tanto, el sabor amargo de una realidad en la que han proliferado, desde remota antigüedad, los picoteos sobre los depósitos y mineralizaciones, generando centenares de emprendimientos independientes a lo largo de la historia, y que han tenido, por su naturaleza fundamentalmente especulativa, una vida relativamente corta, condicionada por las evoluciones mundiales del precio de los metales, con intereses que poco tienen que ver con las necesidades y objetivos de las comarcas de la Faixa Piritosa Ibérica.

Enhorabuena a los organizadores, que personifico en Felipe Lobo y Carlos Caxaria y felicito de manera especial a Fernando Tornos , investigador del CSIC, que protagonizó, desde mi peculiar criterio, la intervención más original y atractiva del Seminario, ilustrándonos con fluidez e inteligencia provocadora sobre «El futuro de la investigación geológica en la faja pirítica».

 

Publicado en: Actualidad, mineria Etiquetado como: Carlos Caxaria, Consulado de Portugal, faja pirítica, Felipe Lobo Ruano, Fernando Tornos, Javier Targhetta, seminario, Sevilla

Pacto o Ley anticorrupción?

28 octubre, 2014 By amarias 1 comentario

Por supuesto, el lector habrá adivinado que el título de este Comentario tiene su referente gramatical en el ¿Truco o Trato? que se nos ha colado por la puerta trasera de la influencia norteamericana en nuestras vidas.

La explosión simultánea de múltiples cargas de profundidad que se encontraban ocultas -ya se ve que de forma insuficiente- en las miserias de nuestra vida pública, imagino sin esfuerzo que ha despertado en los lugares adecuados, grandes dosis de miedo de que se descubra que nuestra democracia iba desnuda.

O no. Quiero decir, que esta democracia a la española no es diferente de la italiana, la francesa, la alemana o la norteamericana. Solo se la distingue por los ropajes con las que se la enmascara.

Porque también cabe imaginar que lo que se ha puesto de manifiesto con este ir y venir ante la Justicia de personajes públicos que hasta hace poco nos ilustraban sobre su honradez y hasta nos daban consejos sobre cómo apretarnos el cinturón, no es sino un ejemplo -triste muestra- de que aquí nos diferenciamos de los países más desarrollados en la ocultación de las impudicias públicas, en que nuestros corruptos son tan torpes, o tan ingenuos, que ni se molestan en tapar las heces de sus contubernios.

Puestos a aportar mi propia dosis de empatía con el cinismo dominante en las cavernas de la política pragmática (no la teoría que se estudia en las Facultades de Sociología y afines) , sospecho sin distorsión de mi capacidad de análisis, que los esfuerzos del partido que actualmente nos gobierna (mal) por acordar con el partido que nos gobernó (en los últimos años, mal) una Ley anticorrupción, responden, en realidad, únicamente al intento de pactar una Ley de borrón y cuenta nueva, que permita salvar los trastos por la puerta de atrás.

Y ahí sí que no me dejo llevar por la corriente con pretensiones catárticas. No creo necesario pactar ninguna Ley anticorrupción. Sería como recuperar para la legislación reglada los Mandamientos de la Ley de Dios o la Etica universal, que coinciden en proclamar como axioma deontológico indiscutible el «no robarás» que, para los gestores de la cosa pública, se puede traducir sin menoscabo en «no te apropiarás de los bienes ajenos que la sociedad te ha encomendado».

Me resulta también muy difícil entender las declaraciones de asombro, los gritos de acusación, contra los viejos compañeros ahora cogidos con las manos en la masa de sus cuentas en Suiza, por parte de quienes fueron hasta hoy mismo sus íntimos compañeros. Los reconozco como una combinación del cinismo prolongado y la voluntad controlada de mantenerse al margen, negándolo todo con cara de jugador de póker, esperando que el vendaval no los arrolle a ellos también, agarrados a su palo de escoba.

Por otra parte, me pregunto qué podemos esperar de este proceso a la española de levantar algunos de los escondrijos que han servido de guarida a corruptos, corruptores y cómplices, y cómo se detendrá esa vorágine, si es que alguien tiene la facultad y el poder para valorar las consecuencias y reconducir el caballo desbocado.

Porque todas estas historias que van saliendo a la luz (pero existían en la oscuridad, y seguramente muchos de los que ahora se llevan las manos a la cabeza no lo ignoraban), están favoreciendo el crecimiento de una corriente inmensa de descontento, de voluntad de cambio drástico, de condena multitudinaria, que pueden desembocar en un linchamiento general hacia quienes se dedican actualmente a la política y a la economía.

Si no se es capaz de introducir matices, de aislar el hecho de que lo sustancial está incólume, de que no somos diferentes a lo que se produce en otros lugares, porque el aprovechamiento vicioso de las situaciones es consustancial a la naturaleza humana cuando se la deja sin control externo, vamos camino acelerado de una revolución sin sentido práctico, que nos aislará de otro países con los que compartimos lo que se puede llamar «cultura occidental del desarrollo económico-político».

No veo la solución en esos partidos nuevos que aparecen como incólumes, puros, precisamente, porque no han tenido el poder y que se atribuyen, obviamente sin posible réplica, la presunción de inocencia y lealtad al servicio de la generalidad.

Me parece muy grave lo que nos está pasando, porque nos ha dejado solo con el malestar, con el desagradable sabor de boca de que muchos -si no muchos, más que suficientes- de quienes nos estaban, y están, exigiendo sacrificios, ni los hacían ellos mismos e incluso, no tenían empacho en robarnos el tres o el cinco por ciento de cada obra pública que contrataban.

Paremos este carrusel. Estoy mareado con los giros de la rueda de las mentiras, la ambición, la insolencia de creer que los demás somos tan tontos que nunca se descubriría que nos estaban engañando. Los de las cuentas en Suiza, los de las comisiones introducidas en sus bolsillos cuando seguramente pretendían alimentar la voracidad de sus partidos o sindicatos, los que pensaron que sus sueldos oficiales no eran suficientes para compensar su sacrificio, ¿cuántos son?

¿Lo sabremos algún día, o solo se descubrirán los manejos de los caídos en desgracia, de los más odiados, de los que murieron en el curso de las investigaciones judiciales? Y esos individuos a los que se les va poniendo cara de aterrados, ¿no tuvieron la inteligencia suficiente para eliminar las huellas de sus latrocinios? ¡tanta impunidad imaginaban ellos y los que les apoyaron y animaron a actuar de esa manera?¿Cuántas veces vamos a tener que escuchar en los próximos meses que las fortunas de quienes fueron referentes económicos, políticos o sociales provienen de una herencia no declarada?

¿Truco o trato?

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: corrupción, sociedad, trato, truco

Espatuxando (y 3)

26 octubre, 2014 By amarias Deja un comentario

Las disputas por el agua pocas veces surgen en relación con el agua para beber. Quienes no tienen acceso a esa cantidad mínima que necesitamos para la vida propia, o la ingieren en mal estado, sencillamente, se mueren. No hay grandes movimientos económicos en torno a ese agua para consumo vital que, como expresé, supondría disponer de la ridícula cantidad de 12.000 Millones de litros al día (12 Hm3 diarios, menos de la mitad de la que se capta anualmente para abastecimiento de una ciudad como Gijón).

Los beneficios económicos derivados del empleo del agua provienen de la agricultura. Disponer de agua para regar los campos supone alcanzar cifras muy altas de rentabilidad, si se elige el tipo de producto adecuado a cada suelo, se utilizan abonos y pesticidas y se dispone de las horas de insolación precisas. También algunas industrias consumen o necesitan mucha agua (en los sectores siderometalúrgico y en aquellos procesos en donde se trabaja a altas temperaturas con equipos refrigerados por ese líquido), en particular), o la contaminan gravemente (empresas lácteas, mataderos, granjas porcinas, químicas, etc.)

Estamos asistiendo, con una tranquilidad impropia de la gravedad del momento, a cambios intensos respecto al control del agua. Es intolerable, por supuesto, que hoy existan seres humanos que mueran de sed o por no disponer de agua potable de calidad, o carezcan de los sistemas mínimos de alcantarillado -no digamos ya de depuración- que impidan que sus recursos hídricos se deterioren irreversiblemente. Es intolerable que la tierra agraria se haya convertido en un elemento de especulación a nivel de países, y que existan compras de grandes extensiones de terreno por parte de agencias extranjeras en zonas social y económicamente deprimidas.

Es urgente un compromiso internacional respecto al agua, que solucione el abastecimiento del recurso a toda la población mundial, y debe hacerse con infraestructuras que tengan en cuenta la necesidad de vertebrar los países, deslocalizando en lo posible las grandes urbes y generando nuevos focos de asentamiento que sean viables.

Como parte de ese compromiso internacional debe figurar el análisis de los rendimientos de la tierra agraria, la regulación más rentable de la producción agrícola, atendiendo a su variedad y al abastecimiento suficiente de las poblaciones. La cuestión del precio del agua puede parecer importante, pero no lo es. Lo importante es difundir la correcta gestión global del recurso, extraer al agua del campo de la especulación interesada, y considerarla un bien esencial para la solidaridad y la cohesión internacional, regulando según normas de derecho compartido el uso y cuidado de los acuíferos transfronterizos, los cursos de agua que discurran por más de un país, los lagos y humedales de interestatales, etc.

Ya, ya sé. No se va a hacer nada. Los expertos seguirán reuniéndose para hablar de cómo ajustar los precios a los costes, debatir sobre si las concesiones hídricas son o no regulares, argumentar sobre la viabilidad o improcedencia de los cánones, y acerca de si la gestión pública es mejor que la privada, o al revés.

Pero debería hacerse mucho. Y pronto.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: agua, derecho internacional, espatuxando, normas, producción agrícola, regulación, tierra agraria

Espatuxando (2)

25 octubre, 2014 By amarias Deja un comentario

El análisis de la problemática vinculada al agua implica no perder de vista la complejidad derivada de la confluencia de factores económicos, sociales y ambientales sobre ella. Su distribución sobre la superficie terrestre es desigual, y las necesidades derivadas de la concentración de las poblaciones y, sobre todo, de los consumos agrícolas e industriales, muy diferentes según zonas.

En ese contexto, hablar de un derecho al agua genérico puede mover a graves confusiones. Los humanos necesitamos para la supervivencia apenas dos litros de agua diarios, cifra muy alejada de los 60 a 120 litros/persona y día -e incluso más- que son precisos para equilibrar el consumo de un urbanita con baño, lavadora y lavavajillas.

Pero el mayor consumidor de agua es la agricultura. Cierto que no necesita el nivel de calidad de lo que se llama «agua de boca» (esos dos litros o tres que ingerimos a diario como máximo), aunque sí es el grave causante, debido al empleo masivo de pesticidas, herbicidas y abonos, de la contaminación de acuíferos, lagos y ríos.

Aquí aparece una primera panoplia de análisis en relación con la necesidad de generar puntos no naturales de acceso al agua, captación del recurso hídrico, costes de conducción y tratamiento hasta aquellos, y las expectativas de rendimiento derivadas del uso o consumo del agua, y su canalización posterior, depuración y reutilización.

Los lugares de necesidad de agua no coinciden con los puntos de disponibilidad, ni en cantidad ni en calidad. Las poblaciones, inicialmente ubicadas donde había agua, han crecido, incluso desmesuradamente, y contaminado sus fuentes con los residuos. Algunas industrias imprescindibles para el desarrollo son grandes consumidores de agua y, además, expelen un efluente muy contaminado. Devolver el agua a un estado puro es difícil (en algunos casos, imposibles) y, caro.

El ciclo completo del agua para uso doméstico -incluida la depuración de la residual-cuesta, actualmente, entre 1,5 y 2,5 euros cada 1.000 litros. En los países desarrollados, pagar por los 30 o 40.000 litros que una persona puede necesitar al año (incluidas esas otras necesidades distintas de beber el líquido, que son las que verdaderamente hacen correr los contadores) no supone sacrificio para la gran mayoría.

Por eso, los servicios de agua en estos países pueden calcular muy bien sus ingresos: los impagados no superan el 2%, y existen, además, grandes posibilidades de combinar imaginativamente los precios que se cobran por el agua, según usuarios domésticos o industriales, o por zonas, o penalizando altos consumos, o implantando tarifas o subvenciones para determinadas situaciones familiares o económicas.

No resulta complicado, por tanto, hacer la previsión de ingresos y gastos en las empresas de gestión de agua encargadas de dar servicio a poblaciones con aceptable nivel de vida, y se puede (y debe) incluir en el precio la renovación de las infraestructuras, o las ampliaciones de canalizaciones, instalaciones de depuración, etc. que se precisen. La tentación de incluir otros elementos ajenos al coste del agua en el precio que se cobra por el servicio, es muy alta, y no son pocas las Administraciones que incorporan partidas al mismo que ayudan a compensar déficits de otros sectores.

En los países en desarrollo, los desequilibrios son notorios. El agua no llega a toda la población, no se trata adecuadamente y, en lo económico, no es extraño que solo un 40 o 60% de los usuarios domésticos paguen la factura. Es muy difícil alcanzar el equilibrio entre ingresos y gastos y la necesidad de subvencionar a amplios sectores de la población convierte la gestión en una combinación de política social y apelación a decisiones técnicas que obligan a priorizar actuaciones en relación con el coste-efectividad, que involucran la esencia misma de la colectividad y su desarrollo futuro.

Se ha puesto recientemente en evidencia que la crisis ha generado, incluso en España, «desahucios hídricos», es decir, cortes de agua a familias que no pueden pagárselo, y que han tenido que decidir entre «comer o pagar por el agua». Con más de un millón de familias con todos sus miembros en paro, no me atrevo a poner en duda esta cuestión, que exige un inmediato control y revisión de las actuaciones desde el punto de vista de la sensibilidad social.

No disponer de 10 o 20 euros/mes para pagar el agua revela un estado de necesidad dramático, que más que conducirme a elevar gritos en contra del desahucio hídrico, me lleva a pensar que estamos condenando al rechazo humanitario a mucha gente, y que el desequilibrio mundial avanza en varios frentes: quien se ve castigado cruelmente al corte de agua por no pagar una cantidad así, ha sufrido con anterioridad penalidades muy superiores que ponen de manifiesto la insolidaridad de nuestra sociedad.

Así es: en países en desarrollo hay quienes se están enriqueciendo aceleradamente -generando mayores desequilibrios entre muy ricos y muy pobres- y en los desarrollados se están generando nuevas bolsas de pobreza, con los mismos efectos: el problema de «la factura del agua» es solo un reflejo de la necesidad de replantear, y con urgencia, los supuestos cimientos de nuestra sociedad, retrayéndolos a la luz de la ética, la ayuda a los ocasionalmente marginados para que puedan vovler a reintegrarse y la cooperación internacional.

He propuesto, y en muchos foros, incluso cuando estaba trabajando como director de aguas para una empresa privada, que debería fijarse un margen máximo al beneficio por la gestión del agua. También he propuesto que, con mayor motivo al que sirvió de creación del embrión de la Unión Europea, la CECA, o a la política agraria común, debería crearse un fondo universal para solucionar el problema mundial del agua de boca.

Debería crearse, y de inmediato, una Unión Mundial por el Agua, en la que los países aportaran las cantidades necesarias para implantar las infraestructuras y gestión técnica cualificada para que ningún ser humano dejara de disponer de agua de boca suficiente. La cuantía ha sido puesta de manifiesto por varias entidades, incluido el Banco Mundial: entre 100.000 y 200.000 millones de dólares anuales durante los próximos diez años. El fondo podría constituirse con aportaciones equivalentes a la mitad de ese importe: menos de 10 dólares/año por habitante de un país desarrollado, que, desde luego, debería acomodarse al PIB de cada estado, y reflejarse en los presupuestos anuales, transfiriéndolos a la entidad gestora del fondo, que actuaría a modo de una Comisión Supranacional del Agua.

Distinto es el caso, incluso en los países desarrollados, de implementar un precio para el agua utilizada para regadío. Cerrar económicamente el ciclo del agua que se destina a usos industriales, puede implicar instalaciones complejas de depuración, con tratamientos químico-físicos de gran especificidad y, por tanto, altos costes que, si no existe una legislación e inspección severas, las empresas tendrán tendencia a evitar.

(seguirá)

Publicado en: Ambiente, Derecho Etiquetado como: espatuxando

Espatuxando (I)

24 octubre, 2014 By amarias Deja un comentario

Decimos en Asturias, cuando alguien está tratando de hacer valer su opinión sobre las de otros, sin atender a las razones que se le exponen, que está espatuxando. Es decir, chapotea en el charco del decir, embarulla, distorsiona.

Uno de los temas que, por su naturaleza, resultan más adecuados para espatuxar es el del agua. Como todos bebemos de ese líquido varias veces al día y no hay nada más acogedor y relajante que un paisaje con ella, nos sentimos animados, cuando se nos presenta ocasión, para opinar con autoridad sobre el tema.

Agua para todos, derecho al agua, muertes por insuficiencia o falta de calidad del recurso, depuración de aguas usadas, control de regantes, negocios en torno a la gestión del asunto, etc., son algunos de los tópicos que garantizan un ferviente debate cada vez que alguna entidad abre la caja de pandora.

Asistí hoy, como muchas otras veces (mi voluntad de estar atento a lo que dicen los demás espero que no se agote mientras viva), a uno de esos diálogos en torno al agua, que, en realidad, se constituyen en pluri-monólogos que vienen a demostrar que es muy difícil ponerse de acuerdo cuando los que tienen alguna información se aferran a su conocimiento parcial del tema, y no se preocupan en liberarlo de errores de información o apriorismos ideológicos.

En torno al agua no me duelen prendas ni quiero aparentar modestia impropia, si me postulo como uno de los técnicos españoles que tienen más experiencia práctica sobre el agua, habiendo ocupado responsabilidades en la empresa pública como en la privada, en la gestión nacional como en la internacional; he podido también aportar mi formación jurídica y financiera en distintos proyectos.

Pues bien: cuando oigo, especialmente en foros españoles, hablar a los entendidos sobre lo que hay que hacer con el agua, sobre la bondad o maldad de los planes hídricos (en los que no han participado, claro), sobre la conciencia ciudadana (de los demás), el precio justo que ha de darse al líquido (sin haber tenido que cobrar por él para organizar el servicio) , la reglamentación local o mundial que correspondería implementar (con mensajes hacia un ente incorpóreo), etc., etc., me he acostumbrado a callar.

Mientras se esté en la fase de espatuxar, lo mejor es mantenerse alejado para evitar las salpicaduras. Llevamos así, si no calculo mal, en esa tarea de chapotear en los charcos, más de treinta años, que yo sepa y seguro que los más viejos del lugar aún son capaces de ponerle un horizonte más lejano.

(seguirá)

Publicado en: Ambiente, Economía, Empresa Etiquetado como: agua, espatuxar

Los límites de Sobornópolis

23 octubre, 2014 By amarias Deja un comentario

¿Cuántas veces hemos oído o leído en los últimos años que en España tenemos una Tangentopolis, similar hasta en los andares lascivos al estallido de la burbuja de la corrupción que conmovió Italia en 1992? Muchas.

¿Y cuántas hemos leído u oído que lo que hay en España en este 2014 no es comparable a aquello, porque los límites de la corrupción están bien acotados, y lo que está saliendo al descubierto son los resultados puntuales de la ambición desmedida de unos cuantos -pocos-, que han actuado al margen de las instituciones, ya sean partidos políticos, empresas, representantes de la judicatura o presidentes de clubes deportivos? Muchas.

No tengo, por supuesto, la bola de cristal ni soy amigo del Diablo Cojuelo (aquel que podía ver a través de los tejados que encubrían la hipocresía), pero muevo ficha para aventurar que no son pocos los que se han dejado llevar por la vorágine de poner la mano en los dineros públicos, recoger porcentajes por la adjudicación de obras y servicios destinados al uso colectivo, asignarse comanditariamente salarios de fantasía para protegerse en masa de sus desmanes, o arrimarse al tráfico de influencias para envolver, arrollándolos, a jueces, profesores, seleccionadores, fiscales, amigos y enemigos…

Puede que esto se acabe aquí con un par de miles de encausados, algún suicidio (raro en estos lares), nuevas confesiones de arrepentidos o despechados (más de lo segundo que de lo primero), tres o cuatro jueces expedientados por salirse del guión y otros amenazados de muerte por atenerse a lo que han jurado o prometido…Si la historia se repite, los partidos actualmente mayoritarios perderán influencia, habrá unas cuantas sacudidas al árbol pétreo de la democracia, con mayor o menor ímpetu, y, entre cumplimiento de períodos de prescripción, caducidad y hastío, quedarán solo un par de docenas enjaulados, que, con el pasar del tiempo, olvidaremos hasta cómo se llamaban y, por supuesto, qué pasó con ellos.

Puede incluso que algunos vaguen convencidos de que nuestro Berlusconi -aquí sí que seríamos originales, salvando las distancias ideológicas-, apoyado como él en el dominio de los media, (aunque sin ser propietario de ninguno), sería ese líder de hastiados, míseros, marginados y descontentos en que se ha constituido el segundo Pablo Iglesias.

No lo veo así, sin embargo.

No será Pablo Iglesias el libertador de Sobornopólis, sino el profeta que sirve de revulsivo para volver a la senda. Su verbo florido, ágil en la dialéctica para repetir verdades que duelen como puños, su imagen mesiánica, reforzada con el apoyo juvenil y descarado de su grupo de sociólogos universitarios y cuidadores de imagen a lo artista de Holliwood, intuyo que solo llevará a la convicción mayoritaria de que, desde luego, es necesario pasar página, pero no de la manera que Podemos nos va revelando: rompiendo la baraja.

Mientras las televisiones más rentables lo presentan, una y otra vez, repartiendo latigazos sobre los mercaderes del templo de los dineros, tanto a diestra y siniestra, gritando algo así como «¿Qué habéis hecho con los dineros de mis padres?», siento la necesidad creciente de acotar los terrenos de Sobornopolis o Corruptopolis, y robustecer urgentemente las ramas sanas sobre las que está apoyada nuestra sociedad. Porque no es la corrupción la que nos sostiene, sino la seriedad y el trabajo honesto, continuado, leal, de la inmensa mayoría.

Esto es lo que Podemos y Debemos poner en valor. No nos obsesionemos con detectar y destruir los focos de corrupción que se han colado en nuestro país. Así consumiremos las energías en una dirección equivocada. Pongamos en primera línea lo mucho que tenemos de positivo. Los jóvenes de Podemos y quienes los siguen en su discurso, son parte de la solución, sin duda, pero no son la Solución. Cabría aplicarles el dicho gallego: Podemos tiene razón, mas la razón que tiene es poca, y la poca que tiene, no nos vale.

Al menos, no nos vale como solución definitiva, sino como elemento de la fase de catarsis.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Sin categoría Etiquetado como: Sobornopólis

Aparecen brotes verdes en las grietas del edificio del Instituto de la Ingeniería de España

22 octubre, 2014 By amarias 1 comentario

El 21 de octubre de 2014 se produjo el fenómeno. Duró apenas dos horas y media, y no hubo muchos testigos, a pesar de que la posibilidad de que se produjese esa anomalía estaba anunciada por los correos electrónicos que el coordinador de Comités de la rancia institución había enviado, para su prevista masiva distribución entre los asociados, centros universitarios y empresas.

Lo digo ya. Ese día, entre las 18h 30min y las 21 h tuvo lugar la Sesión «Emprendimiento en el marco de la Ingeniería y el Desarrollo Sostenible«, en la que participaron cuatro empresas creadas por ingenieros (y otros universitarios), cuyos representantes expusieron, brillantemente, la situación actual de las mismas, sus perspectivas de crecimiento e hicieron una valoración de las dificultades que habían tenido que vencer y sus expectativas de crecimiento.

La Jornada había sido anunciada con este mensaje: «El Comité de Ingeniería y Desarrollo Sostenible (CIDES) del Instituto de la Ingeniería de España (IIE) considera que la promoción del emprendimiento y el fomento de la capacidad para crear proyectos empresariales deben ser una prioridad de la formación académica y una alternativa que debe ser impulsada, como una forma eficaz de generación de empleo por los profesionales de la ingeniería. »

La invitación, continuaba de esta forma:» (…) Se plantea como un intercambio de experiencias de éxito en torno al proceso del emprendimiento innovador, desde que se concibe la idea, pasando por su planificación,  la creación de la empresa, su evolución, la búsqueda de financiación para apoyar el crecimiento, analizando los principales desafíos que se encuentran en el camino y las satisfacciones vinculadas al vencimiento de las dificultades.

«Con esta iniciativa, y una primera Jornada a la que seguirán otras, el CIDES quiere contribuir a dar a conocer actividades emprendedoras realizadas por profesionales de la ingeniería, en el marco de la innovación tecnológica y del desarrollo sostenible. Esperamos, por ello, contar con la participación activa tanto de ingenieros jóvenes como senior, profesores universitarios, representantes de empresas tecnológicas y de entidades financieras y fondos de inversión, cuya presencia en la Jornada ayude a dinamizar un debate siempre estimulante.»

 Los Ponentes fueron:  ANA MENDEZ MÁRQUEZ, Responsable de Comunicación y Ventas de la Empresa CREANDO REDES.
ALEJANDRO GOMEZ VILLARINO, Dr. Ingeniero Agrónomo. Director ejecutivo de la Empresa ECOWORKING.
JORGE BARDISA ASENSIO, Diplomado en Empresariales y Máster en Marketing Promocional y Relacional de la Empresa INGENATURE (Ingeniería al servicio de la naturaleza).
MIGUEL ARIAS BERMUDEZ .Ingeniero de Caminos, MBA. Director de Operaciones de la Empresa CartoDB. y
JAIME CAVERO GANDARIAS, Ingeniero Industrial. Socio Fundador (especialista en financiación) de la Empresa DYRECTO consultores.

Los tres primeros, glosaron un proyecto aún en su fase preliminar (la que, refiriéndose de manera genérica a la evolución general de los proyectos que se inician desde una start-up), Cavero definiría como «valle de la muerte». Lo hicieron con un elemento común, detectable en sus exposiciones llenas de frescura y sinceridad, que es la ilusión, la seriedad técnica y la voluntad de crear una perspectiva de autoempleo y, por supuesto, de negocio duradero, que está sirviendo, sin duda, como base para crear otros puestos de trabajo, actividad y riqueza. Su enfoque hacia nichos de mercado ciertos, en parte dirigidos hacia países latinoamericanos o en vías de desarrollo, estuvo claro, también, en la definición de los objetivos asumidos en sus novedosos planteamientos.

Miguel Arias presentó un proyecto ya consolidado, CartodB, con ejemplos concretos destinados a hacer valer la versatilidad que permite su producto, un software complejo, ofrecido en abierto (open source), que permite múltiples aplicaciones para integrar sobre un mapa cualesquiera los datos, propios u obtenidos de la red, que facilitan la toma de decisiones: en empresas, trabajos de investigación o universitarios, administraciones e, incluso, de índole periodística.

Jaime Cavero explicó la amplia disponibilidad de subvenciones o ayudas de que pueden disponer los proyectos novedosos, y se detuvo en la opción de financiación que pueden proporcionar, superada la fase inicial -que deben soportar los emprendedores-, tanto los business angels, el crowdfunding o el recurso a la financiación proyecto o los fondos de inversión.

El coloquio resultó también muy animado. Enrique Fagúndez, desde el público (es miembro destacado del CIDES) apuntó a una opción muy querida por este Comité, del que actualmente soy secretario: animar a que los ingenieros senior constituyan un fondo de inversión para start-ups, que sirva de cauce a impulsar proyectos promovidos por ingenieros jóvenes, destinando capitales y tutela técnica y aportación de experiencia proporcionados desde él.

No puedo menos que felicitar al CIDES, a su actual presidenta, María Jesús Rodríguez de Sancho, y al moderador de la Jornada, Domingo Gómez Orea, por la iniciativa.

Lo dicho en el título: Brotes verdes entre los resquicios de una institución añeja (más de cien años de funcionamiento) que necesita, desde luego, una renovación impulsora y que Jornadas como la que hemos vivido el 21 de octubre de 2014, ayudan a consolidar. Esta sesión es la primera de otras con igual objetivo y, como se anunció, las exposiciones estarán disponibles en la web del Instituto, pues han sido grabadas.

Publicado en: Empresa, Ingeniería Etiquetado como: Alejandro Gómez Villarino, Ana Méndez Vázquez, Arias Bermúdez, Bardisa Asensio, CartoDB, CIDES, Creando redes, Dyrecto, Ecoworking, Ingenature, Instituto de la Ingeniería, Jaime Cavero

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