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«Adiós, Angel»

9 mayo, 2021 By amarias 4 comentarios

Desde hace casi quince años vengo escribiendo con regularidad en este blog (antes hospedado en «blogia«) y expresando mis ideas, con la libertad que es consecuencia de mi independencia ideológica, intereses y aficiones y con las limitaciones propias de mi información y conocimientos.

No escribo esto como si exhibición orgullosa, sino que pretendo sea reflejo de mi sinceridad a la hora de comentar temas de actualidad y, cuando escribo sobre otras materias, apelo a la comprensión del lector más informado o inteligente sobre la naturaleza de mis fuentes y capacidad.

A lo largo de mi vida, he hecho buenos amigos y he disfrutado de su apoyo, enseñanza y afecto. Como todo ser humano, he crecido con ello y me enorgullezco de haber contado con la ilustración o la benevolencia de la mayoría. Si otros se jactan de haber sido transportados a hombros de gigantes, yo reconozco con satisfacción que gran parte de lo que soy, de mi imagen como profesional y personal, se debe al alimento de los afectos y estímulos -también de las críticas- que me han dispensado los que me quieren.

He perdido, también, buenos amigos. He cambiado varias veces de residencia, y algunos se han ido alejando por razón de la distancia física («quien más separa y mata/vida sola», escribí hace tiempo). Otros me han sido arrebatados por las garras de la muerte.

Pero hoy quiero traer a este comentario la tristeza de reconocer que hay amigos que se han separado por discrepancia con la expresión de una opinión que contrariaba, al parecer, sus íntimas convicciones. Puede el lector pensar que he sido abandonado en lo afectivo por quienes tienen creencias religiosas diferentes a mi respetuoso agnosticismo. No. La causante principal de las deserciones que han provocado la pérdida o el distanciamiento prácticamente total de algunos amigos es la política.

Cuando la cuestión del independentismo catalán volvía a manifestarse con fuerza, algún amigo al que creía librepensador (en sentido real) e inteligente para ver más allá del fondo mediático y la deformación social e histórica que embarraba las ideas, me abandonó. «No entiendes la profundidad de las raíces catalanes, no comprendes que somos un país que no tiene que ver con Castilla» -fue, en esencia, la expresión del portazo que me dieron en las narices. Y dejaron de hablarme, de escribirme, de ser conmigo. No sé dónde están ahora, no contestan a mis mensajes. Han desaparecido. Su «Adiós, amigo» resuena, aún, en mis oídos.

Mi interpretación de la deriva socialista, capitaneada en mi sincera opinión, por un desquiciado liderazgo de quien se ha apropiado de siglas respetables y ha buscado apoyo en quienes tienen en su adn político (¿se dirá así?) la destrucción de nuestro actual estado de derecho, me ha granjeado el castigo de nuevas deserciones en mi círculo de amigos.

«Adiós, amigo», me vuelven a decir. Abandonan la silla siempre dispuesta en la mesa para comentar con cordialidad, abierta disposición e independencia de toda servidumbre, los problemas de la convivencia social, con el diálogo que enriquece la visión de cada uno.  Temo que no nos volvamos a ver o me miren de otra manera. Porque yo no puedo cambiar. No puedo traicionar mi carácter independiente, crítico, irónico.

No voy a convertirme en otra persona. Soy comprensivo, pero no me pidan que me transforme en estúpido.

 

Publicado en: Personal Etiquetado como: adiós, amigos, amistad, catalanismo, convicciones, discrepancias ideológicas, personal, religión, socialismo

Mi Diccionario desvergonzado: plaza, cenizas, opción, arroz, cocido, misa, voto, socialismo, liberal, eminencia

14 agosto, 2014 By amarias Deja un comentario

Plaza.-1. Lugar en donde se hacían en España y en otros países de su mismo entorno, espectáculos culturales de maltrato a hombres y animales, que incluían la incineración y la perforación del cuerpo con hierros, y que aún gozan de cierta aceptación. 2. Sitio típico en el que se pueden comprar hortalizas, huevos y frutas, a precios ligeramente superiores al de los supermercados, con la ventaja de no tener fecha de caducidad. 3. Zona céntrica de una ciudad en la que se concentran las manifestaciones de protesta; son famosas las de la Puerta del Sol y la Grand Place de Bruselas.

Cenizas. 1. Lo que se cae del puro encendido sobre la pechera del fumador, haciendo agujeros característicos. 2. Restos de un difunto cuyo titular ha ordenado ser incinerado, con el deseo, no siempre cumplido, de que sean dispersos en el mar o bajo un árbol concreto. 3. Mujeres a las que en su círculo de enemistades se atribuye, sin fundamento alguno, que traen mala suerte porque pronostican lo que debe ocurrir indefectiblemente.

Opción.1. Cada una de las maneras de presentar un mismo resultado, para que alguien elija lo que le parezca más adecuado a su ignorancia del tema. 2. Forma de pagar una hipoteca que se está seguro de poder cumplir cuando se escucha al vendedor del bien, mueble o inmueble, y que, cuando se demuestra inviable con el tiempo, nunca falta quien nos explique nuestro error.

Arroz. 1. Gramínea que fue muy apreciada en China y que actualmente es venerada en Occidente como base para unos canapés cubiertos con algas, cuya comestibilidad depende en gran medida de la salsa que se acompaña. 2. Junto al azafrán, el principal constituyente de la paella valenciana, plato que tiene tantas maneras de elaborarse como cocineros. 3. De forma figurada, dícese que se pasa cuando se ha perdido una oportunidad que nunca se ha tenido.

Cocido. 1. Asunto de interés que se trata entre pocas personas, con el propósito de beneficiarse de lo que amañan o cuecen. 2. Cualquier plato que lleve garbanzos,  siendo muy popular en Madrid, el que se hace con bacalao y espinacas -que se llama desarme, en memoria de no se sabe bien qué- y, en el resto del España, el madrileño, que lleva siempre lo que haya más a mano.

Misa. 1. Ejercicio gimnástico destinado a la tercera edad con un programa muy rígido, dirigido por un monitor experimentado. 2. En la expresión «no saber de la misa la media», se indica que alguien no tiene ni puta idea de algo, de forma más elegante.

Voto. 1. Expresión individual por la que una parte de la población manifiesta periódicamente su ingenuidad en que lo que nos sucede tenga algún remedio. 2. Papel doblado en blanco, o con nombres reales o imaginarios,  que se recoge en una urna o un sombrero, y que se destina típicamente para elegir a quien ocupará un cargo honorífico, previo a su recuento; es también característico que todo candidato escriba su propio nombre.

Socialismo. 1. Invento genial para contentar provisionalmente a la población descontenta, haciéndola creer que participa en la modificación de un panorama inmutable. 2. Doctrina en constante mutación, muy dependiente de los intereses y capacidad de su grupo dirigente para captar la situación de la mayoría, a la que siempre se acaba decepcionando.

Liberal. 1. En los Estados Unidos, tipo que cree que hay que dejar que cada cual desarrolle su iniciativa, porque eso beneficiará al conjunto. 2. En Europa, y especialmente en España, persona reputada de reaccionaria por socialistas, comunistas y ácratas, a la que se atribuye la creencia en que la libertad de mercado es la única manera de sacar de la pobreza a los que no tienen otra iniciativa que trabajar por cuenta ajena.

Eminencia. 1. Obispo, catedrático, o persona que alardea de poseer una cultura superior, y que está convencido de que no se equivoca nunca, habiendo convencido a otros de esa cualidad fantasiosa, por lo que le hacen la pelota. 2. Autoridad provisional en un tema, hasta que se descubre que lo que argumentaba era falso, pero que ha permitido avanzar a la ciencia hasta el siguiente error.

(continuará)

 

Publicado en: Diccionario desvergonzado Etiquetado como: arroz, cenizas, cocido, diccionario desvergonzado, eminencia, liberal, misa, opción, plaza, socialismo, voto

Regeneración o trasplante

15 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Empiezo este Comentario felicitando a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, aunque me apresuro a puntualizar que él sabrá porqué, porque yo no estoy tan seguro de que su nueva andadura política le vaya a deparar satisfacciones.

El aún considerado partido mayoritario de la oposición al Gobierno del aún tenido por partido representante de la mayoría del pueblo español, lo tiene crudo. En la deslucida «campaña» para hacerse con el puesto de Secretario General del PSOE, luego de la renuncia del profesor Alfredo Pérez Rubalcaba, tanto Pedro Sánchez -la eliminación del apellido materno dota a su nombre de una connotación más popular, casi anónima-, tanto él como los otros candidatos han puesto el énfasis en la «regeneración» del partido.

Con casi 200.000 afiliados, de los que aproximadamente un 30% manifestaron su apoyo al nuevo responsable de fijar la estrategia electoral del partido que fundó Pablo Iglesias («¡el bueno, el nuestro!», en la desafortunada, pero espontánea innecesaria matización de Sánchez en declaraciones surgidas cuando defendía su postulación), el PSOE está necesitado, como nunca de un cambio de rumbo.

Lo demandan sus actuales miembros con carné, lo exigen los que aún se consideran simpatizantes y lo proclaman a gritos, desde su hipotética mayoría silenciosa, quienes están convencidos de que hay que encontrar una nueva vía para la social democracia, porque el paquebote en el que se refugiaban los ideales de cambiar, «moderadamente», la sociedad española, hace agua por tantos sitios que ha sido abandonado masivamente por quienes en algún momento confiaron en que su ideario, cada vez más imaginario que plasmado en hechos, pudiera servir para mejorar la situación del país.

Si estuviera en la piel de Sánchez -lo que hago como simple ejercicio de no buscada complicidad- me preocuparían, ante todo, dos cosas: robustecer el partido poniendo en primera línea a los miembros más activos en sostener una recuperación de principios ideológicos y, aún más importante, lanzar un mensaje muy claro de comprensión y complicidad hacia quienes no militan, pero son imprescindibles para que su voto otorgue la mayoría con la que gobernar el país.

Son dos operaciones muy difíciles aunque, por fortuna, encajables la una en la otra, como un par de matriescas rusas. Son difíciles porque surgen de la necesidad de revisar un esquema agotado, estéril para la actual socio-economía. Los viejos postulados socialistas -ya tantas veces revisados desde la cúpula- no son atractivos para la inmensa mayoría, al menos, no para que movilicen un voto favorable.

El sostenimiento de un estado de bienestar, como el que sirvió para encandilar a quienes no hicieron bien lo números ni supieron apretar las clavijas a los más beneficiados por una economía de mercado desbocada, resulta ahora imposible, por lo que hay que detectar muy bien los ajustes que tienen que ser, circunstancialmente, asumidos desde la izquierda, y plantear, aún mejor, los sacrificios que deben ser soportados, no por los que menos poseen, sino por los que siguen acumulando plusvalías.

Regeneración no puede significar, por ello, confiar en que baste plantar un esqueje extraído del tronco vegetal, y regarlo con nuevos rostros y el ardor que se supone en la juventud no mancillada ni por la corrupción ni por el desánimo. Hay que trasplantar lo que parezca más consistente y sano, y fertilizarlo con ideas que solo pueden surgir de un debate amplio, en el que participen -¡ay!- no solo los militantes, sino los simpatizantes, e incluso (tal vez, sobre todo) los que han dado la espalda al partido que aún confía en su fuerza para ganar la mayoría.

Es un momento interesante, desde luego, aunque no me parece todavía apasionante. Encuentro que la edulcorada campaña no ha conseguido despertar emociones y que al elegido por esa minoría de militantes -insuficiente para evidenciar el arrebato de satisfacción ante una nueva etapa- le falta concreción en lo que está decidido a proponer como programa.

Lo tiene difícil. El trasplante es imprescindible. Si no consigue que el Partido Socialista Obrero Español encaje con los Partidos Socialistas europeos más eficientes -desprendiéndose de obrerismos sin razón de ser y trascendiendo de españolismos para universalizarse-, seremos testigos de una hecatombe de lo que Pablo Iglesias (¡ni el bueno, ni el nuestro!) pergeñó para otro momento de la Historia de España, arrumbado, confiemos, para siempre.

 

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: elecciones, europeo, Pablo Inglesias, Pedro Sánchez. PSOE, Rubalcaba, Secretario General, socialismo

Las ideologías adaptadas

9 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Creo que es un buen momento para reflexionar sobre el fracaso de las ideologías rígidas, sean de izquierda como de derechas -y no digamos, de centro, que es como decir que se está dispuesto a chiflar con el que más mande-.

Afirmar con rotundidad que no existe -ni podrá existir, siendo maximalista- ninguna ideología que pretenda su implantación práctica por la aplicación inflexible de sus principios dogmáticos, tiene el aval de una amplia experiencia histórica de casi un millón de años y, por supuesto, cuenta con la referencia próxima de lo que estamos conociendo ahora.

En las democracias parlamentarias, los partidos políticos basan sus programas en presentar una serie de aspiraciones ideológicas junto con unas cuantas concreciones, destinadas a captar la atención de los votantes, sobre todo, de los que no se encuentran «ideológicamente comprometidos».

Es una banalidad, por no decir, una tontería que se ha venido admitiendo como verdad en los países más avanzados en esa entelequia que se ha convenido en llamar democracia, que existen dos corrientes generales de actuación política.

Desde una, se supone que la manera de mejorar la situación de los más débiles y desfavorecidos, es presionando sobre los que más tienen, distribuyendo mejor los excedentes desde el Estado.

Desde la otra, se acepta que todos pueden mejorar en una sociedad si se deja el campo libre a la iniciativa privada, verdadero motor del desarrollo.

Jamás se ha conseguido hacerlo así (al menos, de forma permanente), porque los intereses personales de quienes se han constituído como dirigentes, consiguen de forma inevitable corromper cualquier sistema. Solo funcionarían las ideologías adaptativas, pragmáticas, aquellas que, conociendo la realidad presente, se enfoquen a mejorarlo en el corto plazo.

No creo en los largos plazos en política, y no creo en ellos porque los Estados -en especial, los Estados intermedios y pequeños- no tienen capacidad de actuación en el mundo global, que es movido por los intereses, egoístas, pragmáticos, de los más poderosos.

Por eso, si un partido quiere convencer de su capacidad, más que presentar un programa con una panoplia de deseos irrealizables, debería decirnos cómo entiende que podrá resolver, de forma lo más inmediata posible, los problemas acuciantes de esta sociedad. Y si no sabe cuáles son (y, por tanto, cómo resolverlos) o si lo que se le ocurre son, simplemente, credos ideológicos, que se retire.

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: adaptación, aspiraciones, atención, banalidad., centra, compromiso, corto plazo, derecha, fracaso., ideología, ìmplantación práctica, partido, PP, programa, PSOE, socialismo, UPyD, votante, votantes

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