Al socaire

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Archivo de 2020

Nos preparamos contra un enemigo (Soneto)

22 marzo, 2020 By amarias 1 comentario

Nos preparamos contra un enemigo
y centramos en armas nuestro esfuerzo
la clave siendo contra ti o contigo.
Pero un virus precisa otro refuerzo.

Qué equivocados estamos, amigo.
Y en la vía emprendida me retuerzo
que, sin asegurar lo que consigo,
de portavoz con este verso ejerzo.

Nuestra desgracia como tú maldigo
preguntándonos por la resistencia
del mal que junto a ti vencer persigo.

Cuido de provocar interferencia
en la confusión: me importa un higo
cuanto no valoremos en conciencia.

(22 de marzo de 2020 @angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis)

Publicado en: Actualidad, Sanidad, Sociedad Etiquetado como: armamento, coronavirus, crisis, sonetos, vencer

En el día de la Poesía

21 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

El 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía. En estos momentos de tensión, de incertidumbre, de dolor, la poesía ofrece distensión y esperanza. Porque el ser humano tiene necesidad de introspección, de sentir y que se le estimulen emociones, de compartir los deseos, aunque no sepamos expresarlos con exactitud, y precisamente por eso.

La poesía es un vehículo, no un final. No sirve para solucionar las preocupaciones, conseguir la paz, despertar el amor, doblegar el miedo, vencer una crisis, pero nos abre vías, reconforta, estimula o consuela, despertando sensaciones que nos vuelcan la realidad contra el misterio y nos tiende la mano, envuelta en un manto de sugerencias, para conducirnos a la calma, en nuestra búsqueda constante por respuestas, algunas imposibles, lejanas, inútiles.

Bienvenida, poesía, a nuestras vidas. No te vayas nunca, vive con nosotros.

Mientras se prolonga la lucha general contra la pandemia vírica en España, con decenas de miles de afectados y habiendo superado el millar de fallecidos, recluidos en nuestras casas por miedo al contagio y, desde luego, por cumplimiento obediente de las instrucciones oficiales, es forzoso reconocer la valentía, el esfuerzo y la profesionalidad de centenares de miles de ciudadanos -sanitarios, inmunólogos, proveedores de servicios básicos, policías, militares, dependientes, conductores de vehículos de reparto, agricultores, ganaderos, …Es imposible citarlos a todos los que mantienen en marcha la máquina de la producción y distribución, pero tienen que saber, que estamos junto a ellos, que los tenemos aquí, presentes. Que los admiramos y queremos.

No nos ha de vencer, espero, el miedo.
Superaremos cualquier adversidad
siempre juntos, porque contigo puedo
ahuyentar de aquí cualquier calamidad.

Avanzo sin dudar, no retrocedo
sin que nos importe el peso de la edad.
Me crezco como el toro en este ruedo
al derramar  en la arena, caridad.

Prosigo sin parar y si trasgredo
fronteras, busco solo tu vecindad,
que, apoyado en tu hombro, amor, concedo

que la crisis nos dará la oportunidad
de aprender a ver lunas donde el dedo
y hallar entre falsedades, la verdad.

20.03.2020

(Sonetos desde la crisis, @angelmanuelarias)

 

Publicado en: Actualidad, Personal, Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, dia de la poesía, poesía, soneto

Seamos serios, por favor. No juguéis con la vida.

20 marzo, 2020 By amarias 2 comentarios

Resumo lo sustancial de este mensaje, al margen de cualquier floritura: La única fuente plenamente fiable en relación con la información general sobre el coronavirus que nos afecta a los españoles, es el Comité de Crisis y sus portavoces específicos. Lo están haciendo, por cierto, con claridad, de una forma forzosamente repetitiva en cuanto a las medidas a adoptar, y conscientes como nadie de que la crisis de la pandemia no ha alcanzado aún su máxima virulencia.

Cierto que la necesidad de información, y presionados por la incertidumbre y la angustia, todos buscamos que las más diversas fuentes nos proporcionen alguna luz. A niveles regionales y locales, los medios de difusión -sobre todo las emisoras radiofónicas, ejemplo de inmediatez- están continuamente bombardeando al oyente con noticias de carencias en centros hospitalarios y residencias de ancianos, entrevistas, a menudo con tonos angustiosos y dramáticos, a alcaldes, representantes de las comunidades autonómicas y a personal facultativo.

Las redes sociales, ese vehículo de comunicación rápida de todo tipo de bulos, chismes y mentiras, han encontrado en esta crisis su naturaleza más repelente y viscosa. Hay individuos, que solo cabe calificar como mensajeros del Mal, tributarios de la maldad, que aprovechan el momento para imaginar cualquier información,  dotarla de apariencia de credibilidad (la firma un médico, un periódico, un centro asistencial nacional o extranjero, una agencia china o coreana, etc.) y encontrar así la difusión que convierte a su genialidad morbosa en algo viral, repetido por inocentes receptores de la misma, con velocidad fulgurante y crecimiento exponencial.

Es el virus, no la de la estupidez, de la mala uva, del terrorismo antisocial y morboso. La red ha difundido ya cientos de veces que se ha encontrado un fármaco que cura el coronavirus, ha alarmado a placer con carencias hospitalarias y fallecimientos en las condiciones más lamentables, se ha permitido prohibir como malignos, contraproducentes o letales ciertos medicamentos.

De todas esas despreciables maniobras, hay una que me duele especialmente. Se ha difundido, alcanzando fuerza viral en las redes, que la aplicación para autoevaluar la posibilidad de estar infectado por el Coronavirus COVID-19, de la Comunidad de Madrid, https://www.coronamadrid.com/ a cuyo desarrollo contribuyó eficazmente mi hijo Miguel, en tiempo récord, dirigiendo sin tiempo para descansar ni dormir, un equipo magnífico de profesionales de la programación, el análisis de datos masivos y las telecomunicaciones, «cede sus datos a terceros y no se sabe quiénes son» (www.elconfidencial.com)

De hecho, escriben, «la aplicación está alojada en una web de la que ni aparece el propietario del dominio. No instalar.»

Es una canallada, una infamia, que perjudica la plena difusión de un programa estupendo cuyo objetivo es descongestionar los centros hospitalarios de personas que no tienen síntomas o los tienen sin relevancia clínica.  Han corregido el mensaje desde el confidencial, pero el mal ya está hecho. Es fácil destruir y dar el premio al mozo del martillo.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: autoevaluación, canalla, Comunidad de Madrid, coronavirus, infamia

Un virus nos fuerza a ser conjunto (Soneto)

20 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Un virus nos fuerza a ser conjunto
consciente que para éxito completo
no sirve estar en contra, ni, barrunto,
pedir seguridad donde me meto.

A la unidad de todos yo me apunto
y contra interferencias pongo el peto
que al ser caso tan grave, en este asunto,
más vale que el lego opine escueto.

Me ciño, pues, del tema a lo concreto,
porque estoy convencido solo gana
quien en vez de poner a todo el veto

abandona sin tregua porfía vana
y asume que hoy incumbe que a este reto
venzamos para que vuelva ya el mañana.

19 de marzo de 2020 (Sonetos desde la crisis, @angelmanuelarias)

Publicado en: Actualidad, Poesía, Sanidad Etiquetado como: angel manuel arias, apoyo, coronavirus, crisis, soneto, superación, unidad

Aparentando tranquilidad

19 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Recluidos forzosos en nuestras casas, ahítos de información intranquilizadora, vagamos de habitación en habitación sin rumbo. Qué hacer, qué no hacer. La necesidad de salir a la tienda de ultramarinos para adquirir algunos víveres nos incorpora nuevas angustias. ¿Cómo prepararse? ¿Bastarán los guantes de cocina? ¿Habrá que tirarlos luego, limpiarlos con lejía, eliminar las bolsas en las que transportamos la comida?

Y luego están las angustias mayores. Qué sucederá con nuestros mayores, padres, tíos, amigos y familiares de amigos que superan los setenta y que están solos en sus casas, o en residencias de mayores o atendidos por emplead@s de ahogar que se encuentran secuestrados con ellos.

Qué está pasando en los Hospitales, en los Centros de Salud, en todos los servicios asistenciales. ¿Habrá unidades de cuidados intensivos para todos, respiradores, analgésicos? ¿Tienen batas, mascarillas y guantes suficientes todo el personal sanitario?

¿Cómo irá la investigación que permitirá combatir con calidad este virus silente y letal, que se nos coló desde la lejana China, que ahora, superado por los habitantes de ese siempre misterioso y gigantesco país, nos obsequian con su experiencia y material clínico, del que tanto nos falta?

Abro una Biblia al azar y en Los Salmos, leo sin prestar al principio atención: «Ansias de huir a la soledad. (…) El corazón tiembla en mi pecho, y me acometen mortales angustias. El temor y el terror me invaden, y me envuelve el espanto. Y exclamo: «¡Oh, si tuviera yo alas como la paloma, para volar en busca de reposo! Me iría bien lejos a morar en el desierto. Me escaparía al instante del torbellino y de la tempestad»

Hay palabras, escritas por otros y hace mucho tiempo, que nos hablan en tiempo presente de lo que nos preocupa, obsesiona y atormenta.  Buscamos consuelo, proximidad, afecto.  En tiempos modernos, desde este aislamiento forzoso, con el temor de que la espada del ángel exterminador no seleccione a nosotros, tratamos de protegernos siguiendo señales, admitiendo ritos y nuevos carismas, abrazados a cualquier esperanza.

Está claro que tenemos que encontrar confianza. Ante la multitud de falsas esperanzas, de consejos vanos, de palabras que atormentan sin motivo por despreciables individuos que gozan generando terror, abracémonos a lo que nos da fuerza: la solidaridad de los seres humanos para vencer cualquier dificultad, superar la desgracia.

Pero no podemos olvidar, jamás, que hoy más que nunca dependemos de dos categorías muy especiales de seres humanos: a) el personal sanitario, esos profesionales vocacionales que nos cuidan, que sufren con nuestra enfermedad y dolor, que se exponen para salvarnos y caen a veces en el verdadero campo de batalla, en su lucha en primera línea contra el enemigo vírico y la patología contagiosa; y b) los investigadores, los científicos de todo tipo que, en el silencio de sus laboratorios y centros de trabajo, están buscando afanosamente una solución que nos libere.

Es correcta, en mi opinión, la actitud del Gobierno, aunque adoptada con tardanza, de obligar a la reclusión y vigilarla incluso con las fuerzas del orden y el personal militar (que, por supuesto, también está en su profesión ayudar si alguien lo necesita); y tampoco puedo olvidarme de todo ese conjunto de personas expuestas a riesgos especiales para mantener, al menos, viva, la cadena de suministro alimentario y la producción básica, con atención particular a lo sanitario.

Necesitamos ganar tiempo para que la propagación del virus se limite espacialmente y para evitar que nuestros Hospitales no se colapsen con los terribles picos de contagiados graves, obligados a cuidados intensivos. Quiero creer que pasado bastante tiempo, con o sin vacuna, cuando todos o casi todos hayamos sido contagiados y la inmensa mayoría hayáis/hayamos sobrevivido, nos arrimaremos a las plazas de cada pueblo, al centro de cada lugar, por pequeño que sea. para lanzar un grito de victoria.  Un inmenso grito que llegue a todas las esquinas del cosmos, y anuncio de una nueva solidaridad de la que nunca deberíamos separarnos.

Publicado en: Actualidad, Sanidad, Sociedad Etiquetado como: afectados, Biblia, cadena alimentaria, coronavirus, meddas, Militares, personal sanitario, políticos, Salmos

Esta situación nos pone a prueba (Soneto)

19 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Esta situación nos pone a prueba
la solidaridad que presta aliento
a ofrecer cobijo a otros cuando llueva
y a abrir nuestra casa contra el viento.

Como viejo de edad estoy atento
a aplaudir sin reserva a quien se atreva
a dejar habitual comportamiento
y sacar del coleto virtud nueva.

Tendremos ocasiones de  contento,
si este ser humano que en natura lleva
aparentar ser el príncipe del cuento,

ante un grave problema, cuando  eleva
las culpas al gobierno en un momento
no se refugia con miedos en su cueva.

18 marzo 2020

Publicado en: Actualidad, Poesía, Sociedad Etiquetado como: angel manuel arias, coronavirus, crisis, prueba, solidaridad, soneto

No estoy enfermo pero si me toco (Soneto)

18 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

No estoy enfermo pero si me toco
estando, sin propia culpa, prisionero,
temo si contagiarme lo primero
o en caso esto durara, caerme loco.

Corona virus es el pasajero
que generó el pernicioso foco
de pandemia rampante desde enero,
que empieza con tos y con fluir del moco.

Dice el gobierno que lo relevante
para salir indemne de ese foco
es no salir de casa sin un guante

y quisiera creer que me equivoco
si esta crisis no lleva por delante
la economía y el gozo, … como poco.

(18 de marzo de 2020 @angelmanuelarias, Sonetos desde la Crisis)

 

Publicado en: Actualidad, Personal, Poesía Etiquetado como: coronavirus, crisis, sonetos

Virus economicus

17 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Llevamos solo tres días de drásticas medidas oficiales de confinamiento, y nos encontramos ante una perspectiva de enclaustramiento muy abierta. Aunque la declaración del estado de excepción apunta, como dicta el texto legal, a un período de quince días (prorrogable en condiciones especiales), la sensación transmitida desde el Gabinete de crisis gubernamental y, sobre todo, por expertos propios y ajenos -y en especial, por quienes dicen haber superado o contenido el brote epidémico en su país- es que estaremos en situación de reclusión forzosa varios meses. Se desconoce, en realidad, cuántos.

Nada me cabe decir, como lego en materias de propagación vírica y contención epidemiológica, al respecto de las medidas dimanadas desde el Gobierno español, propuestas y respaldadas, como se os repite con insistencia, por técnicos sanitarios, microbiólogos y epidemiólogos. Así que no me queda más que cumplirlas, sin tratar de interferir lo más mínimo -desde mi modesta atalaya- en los mensajes que, según se nos promete, han de sacarnos a casi todos -salvo algunos daños colaterales lamentables- de esta pesadilla.

Me preocupo, pues, exclusivamente, por los aspectos económicos de esta crisis vírica y sus medidas de contención. De los que, sin duda, está ya provocando -las noticias, que al principio obviaban este carácter sustancial, ahora se ocupan ya de las muchas personas que han perdido su empleo, quizá para siempre (varios cientos de miles), y de los casi un millón de autónomos que, al dejar de facturar por su actividad, carecerán de ingresos con los que sostener a sí mismos, a sus familias y a sus dependientes.

Entiendo bien que el gobierno se encuentre sobrepasado ante un problema de tal magnitud. Las medidas de apoyo, tanto en lo sanitario como en lo económico, debieran venir de todos los ámbitos. La mirada hacia la Unión Europea es comprensible y debemos esperar que de allí provengan fondos para coadyuvar en la defensa de lo que se adivina como un descalabro económico y financiero sin precedentes, del que la caída brutal de las Bolsas es solo un anticipo de cómo se las gasta el capital.

Supongo que algunos teóricos de un cambio socioeconómico piensen que el virus nos habrá dado la oportunidad de cambiar de paradigma, es decir, abandonar el modelo liberal capitalista y abrazar una economía centralizada, siguiendo el modelo chino que, según parece, tan eficaz ha sido para contener el avance vírico y recuperarse del daño económico.

Creo, por el contrario, que la oportunidad estará en hacer bien el análisis de los sectores que habrán quedado afectados, estudiar medidas concretas de apoyo y reactivación y ponerlas en práctica. No han de ser solamente financieras y, por supuesto, éstas no pueden ser cicateras. La movilización de recursos que vuelva a poner en el escenario laboral los varios millones de puestos de trabajo circunstancialmente perdidos, implica a factores científicos, técnicos, universitarios, sociológicos y no solamente micro o macroeconómicos relativos a la recuperación, sino, y sobre todo, estratégicos.


Una cigüeñuela vuela junto a un archibebe común, ambos molestados por el intruso: un aficionado a la ornitología que, provisto de su cámara con teleobjetivo, encontró placer en plasmar el momento.

Publicado en: Actualidad, Economía

Hay un después

16 marzo, 2020 By amarias 1 comentario

Nunca como antes, quienes no tuvimos la desgracia de padecer una guerra o una situación de alarma colectiva grave, vivimos una situación parecida. No estamos al final del período que ha desatado las alarmas públicas y nuestras preocupaciones privadas. Estamos al principio. Y lo que es aún más inquietante, no sabemos cuánto tiempo durará, ni estamos seguros de cómo protegernos.

La maldición patológica, de crisis sanitaria sin precedentes, tiene desde ayer una compañía inesperada, que se nos había ocultado a la ciudadanía por algún tiempo y que ha aflorado ahora a la luz, como si se cumpliera el maleficio de que las desgracias y los males nunca vienen solos.

Resulta que el Rey Juan Carlos Primero, artífice principal de nuestro paso de una dictadura a una democracia representativa, tenía, no ya una amante privilegiada entre las muchas que se le atribuían a su ansiedad sexual borbónica (según dicen), sino una doble vida económica: cobraba comisiones por los contratos en los que actuaba como mediador con sus amigos de la realiza árabe, sus primos imaginarios de la monarquía saudí.

Todo será presunto, nada estará aún probado, pero al anciano Rey ya no le cabe la presunción de inocencia, porque su propio hijo, el Rey Felipe Primero, actual Jefe de Estado de nuestra amenazada unidad democrática y social, le ha condenado, distanciándose de las actividades de su padre y negándole la percepción de cualquier tipo de emolumentos salidos de los presupuestos de la Casa Rea.

Pero no es eso lo alarmante. Al fin y al cabo, reducir en casi doscientos mil euros los emolumentos de Don Juan Carlos de Borbón podrá significar la posibilidad de dedicar esos dineros a obras caritativas. Lo grave es que el largo comunicado de la Casa Real, dado a conocer públicamente ayer, supone la renuncia del Rey Felipe a la herencia de su padre.

Y eso sí que me dejó perplejo y, a pesar de que estoy aislado físicamente del mundo exterior, porque no quiero infectar ni ser infectado, había creído que parte sustancial de la herencia del Rey de antes es la corona que ostenta, con calificación de Jefe de Estado, el Rey de ahora.

Lo nunca visto, y nosotros con estos pelos. Hay un después, sin duda, pero ¿con qué elementos? ¿Sabemos cuáles?

Publicado en: Actualidad

Arrenofobia vírica

15 marzo, 2020 By amarias 1 comentario

La cadena de contagios por la circulación libre -hasta ahora- del coronavirus 19 en España y el temor derivado a pensar que uno mismo o el prójimo está infectado, ha movilizado específicos comportamientos sociológicos.

Por una parte, se ha suscitado la arrenofobia vírica, expresión que me invento combinando el término que caracteriza en general el miedo irrefrenable a los otros (arrenofobia) con la presencia del microscópico pasajero que lleva ya varios meses campando por la nave cósmica de la que nos creíamos a los mandos de control.

Es una arrenofobia que, como patología psicótica, se dirigió contra cualquier próximo con rasgos orientales, cuando se comunicó a bombo y platillo que el virus había aparecido en Wuhan, una lejana población de la provincia de Hebei, en China, de la que no teníamos ni idea de su existencia.

(Ahora seguimos sin saber mucho de Wuhan pero no desconocemos que esa población alberga once millones de personas. Las medidas adoptadas por el gobierno chino, confinando un área de cerca de 40 millones de habitantes y habiendo desplegado medios sin precedentes, han conseguido, según informa el Gobierno, controlar el brote, dejando en la batalla 3.200 fallecidos y cerca de 81.000 contagiados.)

La atribución por el imaginario mediático del brote a un mercado de Wuhan y a la ingesta de un exótico animal (llamado pangolín), para celebrar » a modo» el comienzo del año chino, desató agresiones a establecimientos orientales -no solo chinos- y a transeúntes, comerciantes o vecinos por el simple hecho de haber nacido en Asia, o parecerlo, o tener los ojos oblicuos. Alarmados por la imparable corriente arrenofóbica, prácticamente todos los comercios -restaurantes, tiendas de todo a un euro y ultramarinos, sastrerías para arreglos, etc.- llevan ya semanas cerrados. En Italia, en España y en varias áreas del mundo, en donde existen China Towns.

La propagación del virus por otros países ha provocado que la arrenofobia vírica se dirigiera después contra los italianos, como culpables de haber sido el primer país europeo afectado por la detección y consecuente crecimiento exponencial de casos de contagio. Poco tiempo pasó y nos ha tocado a los españoles dentro del contexto europeo y, dentro de nuestros nacionales, la arrenofobia se concentró en los madrileños, considerados como apestados, especialmente si eran localizados fuera de Madrid.

Ahora, desatados los ánimos pero conscientes de que todos podemos estar infectados, y ordenados por el Gobierno de nuestro desmembrado Estado a mantenernos en casa durante, al menos quince días y salir de ella solo en caso de necesidad explicable -ir al Hospital, comprar vituallas y periódicos, pasear al perro, ir a la peluquería o a la tintorería, o cargar combustible, como mejor especificadas-, el silencio del pánico recorre nuestras calles.

El reconocimiento de que todo el país está sumergido en el miasma vírico no impide -al contrario- que hayan surgido brotes especiales, apestosos, de arrenofobia vírica, que afectan a supuestos líderes de las regiones vasca y catalana, que creen que les ha sido arrebatada autoridad porque el Gobierno de España, al fin, ha reclamado la unidad de actuaciones en temas sustanciales para toda la ciudadanía. El brote ha saltado fronteras para estimular la estulticia y el egoísmo de un tal Puigdemont, que ha aprovechado para largar una soflama que solo pone de manifiesto su cortedad mental y su insolidaridad, su arrenofobia culpable.

Pertenezco a la población de riesgo (tengo setenta y un años, tengo cáncer metastásico y estoy incluido en un programa experimental que me obliga, entre otras cosas, a ir al Hospital cada veintitantos días) y, para más emoción, estoy fuera de mi lugar de residencia, porque me desplacé a Asturias para cumplir mis compromisos anteriores de dar una conferencia sobre el Cáncer y seguir con la presentación de mi libro de poemas.

Esta situación de vulnerable, me da cierta autoridad para pensar en colectivos que están pasándolo mal y que no tienen la suerte de pertenecer a una clase económica solvente y disponer de una pareja y una familia protectora y, por supuesto, un lugar en donde recluirme por unas semanas, sin que me falta nada, si el virus no trastorna el equilibrio con su aparición indeseable.

Pienso en todos los desarraigados, incluidos los migrantes sin papeles, que ocupaban nuestras calles con seudo-oficios fuera de todo programa: aparcacoches, manteros, limosneros a la salida de iglesias y supermercados, ocupantes nocturnos de bancos de parques, huecos para cajeros de entidades financieras, soportales y ruinas.

Pienso en los ancianos que viven solitarios, tal vez abandonados hace tiempo por hijos, sobrinos o familiares, atenazados ahora por el miedo a salir de casa, o incluso imposibilitados para hacerlo. Pienso en cuidadores de personas inválidas, enfermos graves desviados a casa con tratamientos paliativos, en minusválidos físicos o psíquicos que esperan con inquietud la asistencia.

Pienso, por supuesto, en ese grupo de profesionales ahora intensamente solicitado: médicos de todas las especialidades (especialmente, neumólogos, anestesistas, internistas,…), enfermeras, ayudantes de enfermería, conductores de ambulancia, administrativos de hospitales, celadores, y me uno al aplauso considerado que recibieron ayer desde nuestras casas, y les pido que no decaigan, porque siempre los hemos necesitado, pero ahora parece que nos hemos dado cuenta que son insustituibles.

Pienso en todos aquellos que están comisionados para que la máquina de la actividad, aunque al ralentí, no se pare: distribuidores de mercancías, empleados de supermercados, comercios de ultramarinos y gasolineras, peluquerías, tintorerías, tiendas en donde se venden periódicos y revistas, etc. Y agricultores y ganaderos de la España vaciada y de todas las regiones en donde trabajan y deben seguir trabajando, con mísera rentabilidad, desde el inicio de la cadena alimentaria, y pienso en los que transforman y elaboran los múltiples y variados productos que retiramos de las estanterías sin haber pensado quizá hasta ahora lo que hay detrás.

Pienso en empleados de funerarias, cementerios, incineradoras, …

Pienso en fabricantes de fármacos de todo tipo, mascarillas, guantes, apósitos, intubadores, y cualquier material clínico que será más necesario que nunca en las próximas semanas, Pienso en los que se encargan de abastecer de los servicios básicos (agua, recogida de residuos, operarios de empresas energéticas, encargados del mantenmiento, etc) a cualesquiera poblaciones, grandes y pequeñas; sobre todo en las pequeñas y muy pequeñas…

Pienso en los que temen perder su trabajo, en los que ya lo han perdido, en los que no tienen claro cómo van a llegar a fin de mes…

A algunos, tal vez les baste que les manifestemos nuestro ánimo, nuestro aprecio por saber que están allí, Pero muchos necesitarán medios, proximidad, dedicación, víveres, medicinas, dinero, tiempo…

Y pienso, para aborrecer su postura, en los que acaparan, barriendo en las estanterías de tiendas y supermercados, lo que necesitan, pensando solo en sí mismos. Arrenófobos insolidarios, egoístas víricos, despreciables conciudadanos que solo ven sus narices ávidas por protegerse contra todo lo que no son ellos, sin advertir, en su patología, que nos necesitan más que nunca.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: coronavirus, medidas, tiempo

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