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Cuento de primavera: Leyenda del oso

12 mayo, 2014 By amarias Deja un comentario

De entre los animales salvajes, el aspecto externo del mono lo hace el más parecido al hombre, siendo, sin embargo, el cerdo con el que tenemos la mayor compatibilidad histológica.

Muchos gestos humanos tienen gran analogía con los de los macacos, de los que hemos copiado la forma de manifestar aquello que nos apetece mostrar, ocultando otras intenciones, pero, nos debería dar que pensar que con el puerco posiblemente compartamos las facultades que hacemos residir en el corazón, es decir, los sentimientos y, en concreto, los afectos y…el amor.

Será por nuestra reconocida similitud con ellos, no son ni el cerdo ni el mono animales a los que admiremos. Las leyendas más antiguas ponen en el centro de atención humana, cuando se trata de poner de relieve sus cualidades para trasladarlas a los humanos, a bestias bastante más interesantes, a las que, sin duda, nuestros ancestros envidiaban.

De entre todos ellos, el oso ocupa el lugar preferente.

Cuando le pregunté a mi amigo coreano Hongchong cómo se representaba en la cultura ancestral de los pueblos mongoles el mito del nacimiento del primer ser humano, no me habló de un hombre y una mujer, sino del oso.

-Ese oso antiguo, pidió al Dios de todos los dioses que le hiciese más humano -me contó, mientras paseábamos.

-¿Cómo más humano? -le repliqué-. No había hombres, luego no podía hacer referencia a ellos.

-Más humano, en el sentido de mejor -contestó mi amigo, imperturbable-. El oso quería ser mejor, más inteligente, más bueno, más hermoso. Y el Dios de todos los dioses le hizo mejor, es decir, hombre.

-Vale. Podríamos discutir el efecto divino sobre el oso, pero hay una cosa que me intriga. ¿No había una hembra semejante al hombre-oso, con la que pudiera emparejarse y tener crías?

-No.-me aclaró, contundente, Hongchong, arrancando un pétalo de una flor de jara melífera-. Ese oso debería haber sido hombre y mujer a la vez.

¡Así que para esos pueblos mongoles, el origen se atribuía a un ser hermafrodita! ¡Interesante! Sería, según mi teoría de la simplicidad general, la confirmación de que, en los mitos más elementales, se prescinde de todo ramaje, yendo a la esencia de las cosas, y me encajaba perfectamente con el mito de Platón. Cierre categorial, pues.

Cuando llegué a casa, queriendo saber más sobre la leyenda del oso hermafrodita, busqué en internet. Fue decepcionante. No encontré huellas de tal personaje mitológico. Había, sí, múltiples osos, hembras o machos, sobre todo, en la tradición cultural quechúa como en las tártaras y mongólica, que raptaban a un ser humano del otro sexo, para llevárselo a su cueva -nuevamente el mito de la caverna- y aparearse con él o ella; de esa relación surgían seres híbridos, que mejoraban físicamente la especie humana, y se convertían, en su madurez, en líderes, ejecutantes de proezas y ganadores de batallas heroicas.

Me quedó, pues, la duda de si mi amigo se ha inventado sobre la marcha, presionado por el calor del día y el presunto agotamiento por el largo paseo, a ese oso que, según me repitió varias veces, es venerado en toda Corea como el primer hombre.

Sería, además, el último oso que queriendo ser mejor, se dejó convencer por el Dios de todos los dioses de que eso era equivalente a ser humano.

De madrugada, dando vueltas en la cama, sin poder dormir por culpa de un molesto mosquito, se me ocurrió que las dos leyendas -el oso que quería ser humano y el raptor/raptora del adolescente del sexo opuesto- podían perfectamente encajar. Lo que el Dios de todos los dioses le habría concedido al oso pedigüeño era, ni más ni menos, que la facultad de ser fértil con los humanos, por los que tenía admiración.

Cualquiera que fuese la secuencia, lo que me sigue intrigando es si se podría juzgar como perspicacia o como error, la apreciación del oso de que ser mejor, es ser más humano.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: cerdo, Hongchong, leyenda, mito, mono, oso, oso coreano

Cuento de otoño: La granja sin matarife

10 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Hay cuentos que ponen la carne de gallina, incluso a los que presumen de ser duros y correosos como los cocodrilos. Este es uno de ellos, por lo que no es aconsejable que se lea a los niños antes de irse a dormir, pero es conveniente que lo conozcan para que estén bien despiertos ante lo que se les avecina.

Había una granja en la que los animales eran cuidados con esmero. Comían cuanto les apetecía, tenían sus zonas de esparcimiento y, por las noches, se procuraba, con el auxilio de unos feroces mastines, de que ninguna alimaña merodease por los alrededores.

En consecuencia, vivían una existencia muelle, engordaban, se reproducían y disfrutaban de las ventajas de un clima y entorno muy agradables. El propietario de la granja era un hombre bueno, sensible con los animales y, en consecuencia con unos principios éticos que había asumido como inquebrantables, había tomado una decisión muy importante.

Había despedido al matarife. No soportaba que sus animales fueran convertidos en carne para ser llevados al mercado como hamburguesas, filetes o chorizos. Ni siquiera cuando las gallinas habían dejado de poner huevos, las vacas de dar leche o los caballos ya no aguantaban el peso ni del más liviano de los jinetes, les daba pasaporte forzado al otro mundo.

Los seguía alimentando y cuidando, mientras envejecían. Y cuando la muerte les llegaba de forma natural, los enterraba piadosamente en una ladera soleada.

La situación se hizo difícil. No exactamente para el dueño de la granja, que era muy rico porque su abuelo había hecho fortuna en las Américas (cuando las Américas existían como tierra prometida). Se hizo difícil para los animales más jóvenes, que veían cómo los más viejos ocupaban los mejores sitios en los comederos, en los pesebres, en las perchas y en las zonas en donde se podía rumiar bajo la mejor sombra.

Un cerdo de raza ibérica prístina convocó a los jóvenes de todas las especies para una reunión informativa. Lo hizo al amparo de la hora de la siesta, mientras los mayores dormitaban. Y eligió como sitio en donde despertar las menores sospechas, un lugar alejado de los comederos, cerca de los montones de estiércol, en donde se fabricaba abono orgánico para fortalecer los campos de remolacha y trigo.

-No debemos soportar más esta deplorable situación. Los viejos ocupan el sitio que nos corresponde en la granja. El amo los quiere más, solo porque son más antiguos en este lugar, y ellos se comen lo más sustancioso del alimento, sin producir nada a cambio. -argumentó, convincente.

-Es cierto -corroboró una de las gallinas ponederas-. El amo se come nuestros huevos, bebe la leche de las vacas nodrizas y carga pesadamente a los alazanes más jóvenes, mientras las gallinas cluecas y añosas, las vacas estériles y los caballos que no sirven ni como sementales ni para tiro, nos desplazan de los lugares de privilegio.

-Aún peor -gritó una ternera primeriza, que estaba recién parida-. Mi abuela y sus amigos decrépitos nos miran por encima del hombro, dándonos estúpidos consejos, acerca de si no debemos desperdiciar la comida que cae de los comederos, o la conveniencia de tener pocas crías para no sobrecargar la economía del patrón.

-No valen ni para solazarnos con ellos -terció una oveja que tenía restos de hierbabuena en el mentón-. Hay varios machos cabríos a los que no les importa que estemos en celo para cubrirnos, pero que se interponen entre los más potentes de nuestros compañeros, reclamando prudencia en las prácticas sexuales, porque alegan que disminuye la esperanza de vida…

El intercambio de pareceres discurrió de ese tenor durante una hora larga. Al final de la cual, uno de los cerdos más lustrosos, propuso la adopción de una medida que, en realidad, llevaba ya estudiada.

-Debemos proponer al amo que vuelva a contratar el matarife. Será la forma de eliminar a tanto vejestorio y disfrutaremos de la granja para nosotros solos, los jóvenes, como merecemos.

La propuesta fue aprobada por aclamación. Y aquella misma tarde, los animales jóvenes de aquella granja especial, que estaban dotados .como también sus mayores- de la facultad de hacerse entender de los humanos, trasladaron, como una condición irrenunciable, que el matarife debía volver a ocupar sus funciones en la granja.

El amo no quería, llevado de su sensibilidad, malestar entre los animales a los que respetaba y quería. Deseaba hacer lo mejor para ellos y, no queriendo que el alboroto se convirtiera en una revolución, llamó al matarife, para que cumpliera con el trabajo para el que estaba capacitado.

Y lo hizo, válgame Dios si lo hizo a conciencia. Explicó al amo que los animales viejos tenían la carne demasiado dura para ser llevada al mercado y no merecía la pena pagar las tasas del matadero ni los costes de conducirlos al mercado.

En cambio, sacrificó a una buena parte de los animales jóvenes, que tenían las carnes tiernas y mucho más jugosas y apetecibles para los mercados.

La calma volvió a reinar en la granja. Y los animales rebeldes, tanto los que quedaron por el momento en la casa de labranza como los que fueron conducidos al sacrificio, tuvieron algún tiempo para meditar sobre el alcance de su protesta.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: . sacrificio, amo, anciano, angel arias, animales, caballo, cerdo, cuentos de otoño, estéril, gallina, granja, joven, matarife, propietario

Un 23-F para Felipe

19 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Un fantasma recorre Europa, el fantasma del pesimismo.

Convertido en referencia estructural, aflora en cualquier momento, porque parece haberse instalado para quedarse. Empaña las relaciones multilaterales, compromete la política interior de los Estados, empequeñece las actuaciones exteriores, impide llegar a acuerdos.

Y en los países más vulnerables, deja su ancha huella en aumento veloz de las desigualdades, despidos masivos, huelgas y algaradas, manifestaciones con represiones policiales violentas, inseguridad ciudadana, quiebras empresariales y ruina de familias.

Alguien con sentido del humor perverso recogió bajo la advocación de PIGS (Portugal, Italia, Grecia y Spain) a los miembros de la falsa comunidad europea con mayores dificultades para sostener su economía, convirtiendo sus iniciales en regla nemotécnica.

Me resulta curioso que el cerdo sea, en realidad, el animal que ha salvado de la hambruna a los países de centro Europa, y especialmente los que forman Alemania, convertido en plato nacional. El cerdo es también venerado en España con ribetes míticos, y hemos distinguido sus carnes con tratamientos sofisticados y adecuadas terminologías que le dan valor en los mercados y en los paladares.

En la aplicación del principio del sálvese el que pueda, los PIGS están perfilando diversas estrategias, que van desde el Caos Calmo (1) de Italia a la Trago dia griega. En Portugal, la nostalgia de una vuelta a comenzar desde donde perdimos el rumbo, está obteniendo el apoyo de grupos juveniles que reclaman a gritos una nueva «Revolución de los claveles», aquél alzamiento militar izquierdista que el 25 de abril de 1974 acabó con una dictadura casi gemela, en tiempo y conceptos, de la coetánea española.

La situación actual me resulta tan apestosa que apenas me interesan las noticias. Ni siquiera las llamaría noticias, porque las considero puntas de icebergs que estaban en el camino de nuestra transición, esto es, de nuestra singladura. Estaban allí, y el que ahora sean señaladas con entusiasmo en las cartas de navegación construídas de urgencia para ser vendidas con alborozo en los kioscos, no las convierte en noticia. Han sucedido hace tiempo, forman parte del mar plagado de escollos por donde tenemos que transitar.

Y cuando estaba escribiendo ésto, próximo al 23 de febrero, me acordé de repente que la monarquía de SM el rey Juan Carlos adquirió ese día de 1981, según acordaron a posteori todos los vocingleros, respeto y validación democrática, por su comportamiento firme para atajar la revuelta de algunos generales que empujaron a la gloria efímera y al descrédito seguro a un coronel desquiciado por haber bebido demasiado licor de amor patrio.

Entonces, me asaltó un escalofrío. ¿Será posible que alguien esté buscando para el Príncipe Felipe su 23-F?

—

(1) Vea el lector en esta referencia un tributo subliminal a la estupenda película de Antonello Grimaldi (2008).

Publicado en: Economía, Europa Etiquetado como: 23-F, Alemania, cerdo, dio., Europa, Grecia, Italia, jamón, mercado, PIGS, Portugal, Príncipe Felipe, revolución de los claveles, trago

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