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Ideas para animar a pacientes con cáncer

17 junio, 2021 By amarias Deja un comentario

A final de mayo, publiqué en Twitter dos «hilos» cuya repercusión me emocionó. Tuve casi 30.000 impresiones y del orden de 2.000 interacciones, con centenares de reenvíos y comentarios.

Copio aquí estas ideas, para lo que pudieran servir. Por supuesto, son bienvenidas más sugerencias.

I Si quieres ANIMAR a un paciente con cáncer, prueba con alguna de estas acciones:

  1. Si el último TAC desvela que el tumor progresa (a pesar de tratamientos, operaciones y aspecto físico), NO TE ESCUDES en emoticones o me gusta (?). Ni siquiera sirve «hay que seguir luchando y saldrás de esta». HAZ POR VERLO. LLORA Y RÍE CON EL.
  2. Sugiérele que apoye con dinero, ideas, trabajo, voluntariado de cualquier tipo, alguna ASOCIACIÓN DE INVESTIGACIÓN CONTRA EL CÁNCER. A mi me gustan la AECC y SOGUG. Pero hay más.
  3. Tal vez le anime acudir a una REUNIÓN ENTRE PACIENTES Y ONCÓLOGOS para tratar de problemas y esperanzas comunes. Pregúntale.
  4. SI ES CREYENTE, cuéntale sin énfasis que rezas por su curación o que le has prometido para visitar una ermita con santo milagrero cuando se cure. SI NO ES CREYENTE, seguramente le anime que escuches con respeto sus argumentos y dudas.
  5. LLÉVALE LOS NIETOS y déjalos solos un par de horas. SI NO ES ABUELO, vete con un sobrino, alguno de tus hijos, y pídele que le enseñe algo en lo que sea experto (dibujo, manualidades, contar historias, …)
  6. Llámalo para anunciarle que le vas a VISITAR POR LA TARDE PARA LLEVARLE ALGO QUE LE GUSTARÁ (una foto de la infancia o de la Universidad, o de la empresa donde trabajó o trabaja, una tarjeta firmada por compañeros) Si se cansa, dále un abrazo y promete repetir pronto.
  7. REGÁLALE O PRÉSTALE UN LIBRO FÁCIL DE LEER, quizá de naturaleza, viajes, arte. Entiendo especialmente indicado uno de poesía, de un poeta acreditado, con preferencia (salvo que el paciente sea un forofo de la poesía, en cuyo caso la elección será más sencilla)
  8. ORGANIZA UNA COMIDA O CENA con familiares y amigos (pocos) en la que el paciente se sienta querido y protagonista.
  9. HABLA CON SU ONCÓLOGO, ESTANDO EL PACIENTE PRESENTE, POR SUPUESTO, plantándole dudas y exponiendo de forma concreta y positiva las dudas que podáis tener  y, cuando termine la reunión, con calma, transmítele un resumen positivo de la conversación, de los avances y de la esperanza de cronificación o recuperación. los pacientes no siempre estamos atentos a lo que nos dice el oncólogo que nos trata y arriesgamos confeccionar con base en lo que nos dice nuestras propias fantasías.

II Puede ser de interesante que nuestros familiares y amigos sepan lo que NO DEBERIAN decirnos si desean animarnos:

  1. Contarnos la historia de alguien que «tuvo EXACTAMENTE» tu cáncer y se curó con un tratamiento que «NO TE ESTAN DANDO»
  2. Decirnos que AHORA SI que nos ven con buen aspecto, NO COMO HACE DOS MESES
  3. Mostrar curiosidad por saber cómo nos encontramos, mientras nos hablan de sus achaques
  4. Preguntar si HEMOS HECHO LOS CHEQUEOS REGULARMENTE antes de que se manifestara el tumor
  5. Confesar a nuestra pareja que no nos llaman PORQUE TIENEN MIEDO A MOLESTAR
  6. Enviarnos recortes de periódico CON NOTICIAS DE HALLAZGOS EXPERIMENTALES de un Laboratorio chino que tiene remota relación con la investigación del tumor que padecemos y que no estará, en todo caso, disponible, hasta dentro de diez años.
  7. Recomendarnos UN REGIMEN NATURAL que cura el cáncer
  8. Decirnos una y otra vez que SOMOS FUERTES y lo superaremos. Como Fulanita que…

 

 

 

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: AECC, animar pacientes, cáncer, consejos, oncólogo, SOGUG

Cuidado con los ladrones

17 abril, 2016 By amarias Deja un comentario

El otro día llamaron a la puerta dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía para entregarme unas fotocopias en las que, según me explicaron, ante el incremento de estas actuaciones delictivas, se ofrecen «Consejos para evitar robos en interior de viviendas».

De momento, no tengo información sobre la posibilidad de que los órganos centrales de algún cuerpo de seguridad del Estado estén preparando un folleto, puede que también un tríptico, con indicaciones para que nos protejamos de que nos roben también en el exterior de las viviendas, puesto que allí parece igualmente detectarse un aumento de actos contra la propiedad ajena.

Bien es cierto, sin embargo, que la casa donde uno vive es un recinto acotado y los delincuentes que podrían apetecer lo que tenemos en ella se mueven con ganzúas, sprays adormecedores y sacos para esconder el producto variopinto de sus asaltos, en tanto que los amigos de lo ajeno que dedican sus afanes al exterior de las viviendas, manejan cuentas bancarias opacas, emplean testaferros, se sirven de bufetes especializados y, desde luego, no usan saquitos, sino maletines con claves de cuatro dígitos.

En fin, se trata de dos tipos de delincuentes y organizaciones delictivas muy diferentes. Unos -sin que esto sirva de prueba excluyente, sino solo orientadora-, son oriundos de países de la periferia comunitaria, y, referidos a nuestros cacos locales, guardan, en modo y artes, la misma relación que el gato montés con un minino castrado; no roban para comer, sino como negocio y disfrutan de medios muy sofisticados, incluida su falta de escrúpulos para dar un buen golpe a quien se resista a decirles la combinación de la caja fuerte o el escondite de las joyas familiares.

La eclosión de estas bandas de ladrones y peristas, que, con razón, preocupan a nuestra policía, coincide en el tiempo con el descubrimiento alarmante, de que no solo nos están robando en casa, sino que nos estaban saqueando fuera de ella, y que éstos no se habían molestado en ocultarse, sino que lo hacían a plena luz del día y, encima, había algunos que nos daban consejos sobre cómo gobernar mejor los bienes públicos.

En los papeles que el CNP está repartiendo, se dan consejos que pueden parecer triviales, junto a otros que más parecen destinados a instaurar un estado de sospecha generalizada. Al lado de «mantenga su dinero y objetos valiosos en lugar seguro» -con el recordatorio de que «existen entidades de crédito que se hacen cargo de esos objetos» por poco dinero,  o «instale una buena puerta de seguridad», que puede impulsen el negocio bancario y el de carpintería, leo mensajes de interpretación más problemática: «manténgase siempre alerta» o «si ve gente extraña merodeando en su calle, avise a la Policía».

Si el Cuerpo de Policía o algún otro de los que se encargan de tutelar el estado de derecho que tan maltrecho se nos va quedando, se deciden a buscar en el ciudadano presunta víctima el apoyo para evitar y detectar los robos de guante blanco, espero poder leer algún día consejos del tipo: «Desconfíe de cualquiera que viaje de vacaciones a un paraíso fiscal (lista adjunta) y, en general, de quien aproveche cualquier ocasión para presentarse en público como una persona intachable»; «anote la ubicación de todas las mansiones que observe en sus recorridos en bicicleta por la periferia de su ciudad y, si le es posible, el nombre de sus propietarios»; «denuncie a la inspección fiscal a quien posea varios coches de alta gama, sea propietario de un yate, una finca de caza o lleve el pelo engominado»; aún mejor: «avise de cualquier caso en que ambos miembros de una pareja tengan cargos públicos -ministro y secretari@ de estado, presidente de empresa pública y jefe de inspección de Hacienda, magistrado de lo penal y alcaldesa, por ejemplo- y colabore en descubrir familias en que muchos de sus miembros ocupen puestos de responsabilidad en empresas, cargos políticos y administraciones públicas».

Desde luego, no basta ser decente, ni con parecerlo. El Estado de derecho quiere que le echemos una mano, falto de medios incluso para imprimir ejemplares de un tríptico en el que manifiesta que está desbordado por la proliferación de delincuentes.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: consejos, ladrones, paraísos fiscales, policía nacional, tríptico

Guía para enfermos de cáncer

7 abril, 2016 By amarias 9 comentarios

El 4 de febrero de 2016, con ocasión del Día Mundial del Cáncer, publiqué en este mismo blog una «Guía para acompañantes». Aquí encontrará el lector la «Guía para enfermos de cáncer», dedicada a todos aquellos, especialmente a los que empiezan su personal periplo por esta enfermedad que, siendo tan común, aún muchos no se atreven a nombrar y pretenden enmascararla con una palabra de apariencia más inocente, como es»tumor». Pero un cáncer es un tumor maligno, es decir, la manera de denominar ese crecimiento de células anómalas que, por razones en gran parte aún desconocidas, se expanden por el organismo, parasitándolo. Y, según parece, la mitad de la población mundial vivirá un episodio de este tipo a lo largo de su vida, y quizá de uno de estos dos tipos más comunes: cáncer de próstata (solo los hombres, en este caso) y cáncer de mama (fundamentalmente, las mujeres).

Este Comentario no pretende disertar sobre el cáncer, ni sus diferentes tipologías -se conocen más de doscientas-, ni sus gradaciones ni, mucho menos, sobre las modalidades de tratamiento. Es, sencillamente, una modesta Guía Básica para enfermos de cáncer.

Guía Básica para enfermos de cáncer

Recomendaciones.

Primera.- Por grave que sea el diagnóstico -y seguramente, no lo sabrá con exactitud, si no pregunta específicamente, porque los oncólogos tienden a disminuir la gravedad o a contestar con evasivas-, no caiga en la desesperanza. Por dos razones, al menos: porque los tratamientos para todos los tipos de cáncer, y especialmente los más frecuentes o comunes, han avanzado y avanzan con gran rapidez, debido a la cantidad de equipos de investigación concentrados en analizar la forma de atacar el crecimiento de las células que provocan los tumores malignos, y, en particular, probando medios para reducir su propagación; y, en segundo lugar, porque, por grave que sea su diagnóstico, se trata de su vida, y -parece una obviedad- su vida le corresponde vivirla solo a Vd., y de la mejor manera posible y dando ejemplo de comportamiento a quienes le quieren y están dispuestos a ayudarle.

Segunda. Interactúe con los médicos que le atienden. Piense en algo importante: ellos están aprendiendo con los enfermos. Cuénteles cómo se siente, las reacciones que ha tenido -de cualquier tipo que sean-. Cumpla exactamente con el tratamiento que se le esté pautando, pero no por ello deje de indicarles, con claridad, los efectos -especialmente, los negativos- que pueda estar sufriendo, aunque no hayan revestido el carácter de atención urgente, como pudiera ser una hemorragia o una retención agua de orina: cansancio, náuseas, vómitos, estreñimiento o diarreas, picores, manchas en la piel, escalofríos, etc-. Los más visibles, desde luego, en caso de quimio y otros tratamientos no necesita pregonarlos, ni siquiera a sus amigos: caída del pelo (no solo el de la cabeza), ennegrecimiento de las uñas de manos y pies. Escriba o hágase escribir las reacciones y su tiempo de aparición que el médico le ha indicado como más probables después de la ingesta de pastillas, la inyección o la quimio y compárelas con las suyas y, desde luego, no se las guarde para sí: cuénteselas a él (o a ella, porque lo más probable es que la cabeza visible con la que tendrá que entenderse en las consultas, será una oncóloga en sus primeros treinta.).

Tercera. Por supuesto, tenga la seguridad de que todo el personal médico que le atiende desea su curación, y si no es posible alcanzar ésta de forma total, su vocación y su profesionalidad le conducirán a que tenga una buena calidad de vida. (1) Pero tampoco se engañe, de la misma manera que ningún cáncer es exactamente igual a otro, ni su evolución es perfectamente previsible (depende de los antecedentes del paciente, de su fortaleza física, de sus hábitos alimentarios, del cuidado que se dispense y le dispensen, del azar, de una mecánica que otros profesionales conocemos bien y que se llama «prueba y error» etc.), ningún médico ha nacido genio (en el supuesto de que, además, llegara a serlo). No debería preocuparle a Vd. (ya que, le repito, es su vida la que está en juego), completar su propio expediente oncológico con los resultados de las pruebas, la analítica, el tratamiento, hacerse un dossier con él y consultarlo con otros médicos. Se sorprenderá, tal vez, de que esa ayuda que solicita se la darán de buen grado -el análisis de su caso es información también para ellos-, y, dependiendo de cómo la retransmita a su oncólogo o equipo de oncólogos, será también bien recibida, en especial, si proviene de alguien conocido o al que respeten por su autoridad y experiencia. Al fin y al cabo, los buenos equipos profesionales están -deberían estarlo- en contacto entre ellos, para perfeccionar de ese modo sus conocimientos y agilizar la acumulación de experiencias.

Cuarta.– Cada paciente es un mundo, (2) aunque nadie le pide a Vd, que sea un sufrido seguidor, sin rechistar, de todo lo que le diga u ordene su médico. Desde luego, hay quien se coloca delante del oncólogo como quien asiste a un acto de adoración diurna, considerándolo un demiurgo, reencarnación infalible del dios de la sanidad. Pregunte el porqué, pida claridad en el diagnóstico y en las reacciones previsibles como consecuencia de los fármacos, de las inyecciones o de las dosis de quimio que se le pauten. Le dará tranquilidad -saber satisface más que la ignorancia- y, además, el conocer de antemano (más o menos) lo que se producirá -para bien o para su sufrimiento- en su organismo, le ayudará a soportarlo, pues le servirá para no asustarse más de lo necesario.

Quinta.- La experiencia es la madre de la ciencia y, si los médicos tienen experiencia -proveniente, en general, no en carne propia, sino como observación asimilada científicamente de la ajena- en el tratamiento que marcan a sus pacientes (al menos, es de desear que la tenga, y mucha, el director del equipo), también la tiene el personal auxiliar. Y, además, no solo en lo que es accesorio. En especial, ellos podrán ser de máxima utilidad para consejos prácticos, desde cómo ponerse correctamente las vendas, qué trucos son los mejores para ducharse sin problemas, limpiar el reservorio o el catéter en casa, ponerse la heparina, cuando se deben tomar las medicinas recetadas exactamente, …incluso sobre cuál es el camino más directo, en un gran Centro Hospitalario, información imprescindible, para ir desde  la sala de analítica, al Hospital de día o a la sección de instalación del picc (3).

Sexta.- Será difícil que se resista a mirar en internet – a poca posibilidad de acceso que tenga a un ordenador y por torpe que sea su maña con lo informático- sobre su enfermedad y los tratamientos que expertos teóricos desde todos los lados del planeta exhibirán para su tumor. No faltan indicaciones de terapia derivada de la llamada medicina natural y tampoco echará de menos consejos apocalípticos y experiencias milagrosas. La medicina natural, siempre adornada de bellas palabras y prometedores resultados, cercanos al milagro, debe ser mirada con toda reserva y nunca como el único tratamiento. Nada puede sustituir a las dosis de sustancias químicas provenientes de Laboratorios farmaceúticos, y supongo que el lector sabe que la mayor parte de esos concentrados químicos que se nos ofrecen en forma de pastillas y nombres ininteligibles para el profano, provienen de plantas y extractos de la naturaleza; solo que, además de estar cuidadosamente seleccionados, para eliminar todo elemento nocivo o contradictorio al tratamiento, sus dosis están perfectamente calculadas en el proceso de fabricación.

Séptima.- Si se anima a profundizar en internet respecto a tratamientos y resultados para su enfermedad, en lugar de masticar los resultados de su investigación para sí mismo, pida a su médico que los interprete y le haga la valoración respecto al equipo médico que los ha publicado. Normalmente, los resultados de la investigación son publicados por los equipos que están trabajando en una línea, para su acceso público, con dos o tres años de diferencia. En el caso del cáncer, este período pudo haber tenido por consecuencia un avance tal vez espectacular por parte de algunos equipos, que se deberá traducir, bien en publicación especializada (con una prelectura por especialistas) o, más deseable, por congresos de especialistas, o por la intercomunicación -por vía correo electrónico, incluso conversaciones telefónicas- , a los que un particular fuera del gremio de oncólogos, y de un tumor específico. no suele tener fácil acceso. No renuncie, sin embargo, a informarse y, con lo que obtenga, contraste la opinión de su oncólogo; le ayudará a Vd, para contrastar cuánto sabe y en qué medida está informado y al día, como sin duda será así (hasta que no pueda demostrar lo contrario, lo que dudo), su oncólogo de cabecera.

Octava.- Prepárese para responder a la curiosidad y no solo a las manifestaciones de afecto, de familia y amigos. La pregunta es sencilla: «¿Cómo te encuentras?», pero la respuesta será siempre compleja (si se quiere ser suficientemente exhaustivo) y, repetida un par de veces al día, y durante meses, ante una colección de interesados, acabará siendo muy fatigosa. Puede optar por dos soluciones: Contesta de manera escueta, sea cual sea su estado real, con un: «Pues muy esperanzado, y sin mayores contratiempos», lo que debiera tranquilizar a quien formula la pregunta sin la intención de que Vd. explicite todo un panorama sobre su estado. La otra opción es la de tener a alguien muy próximo (su cuidador predilecto) para que conteste a las llamadas telefónicas o a los mensajes. Para los sufridos acompañantes diarios de los enfermos de cáncer, dar explicaciones sobre su estado (el suyo, el del enfermo), suele ser un ejercicio de compensación por sus desvelos. Cédaselo con elegancia; son un respiro para Vd.

Novena.- Sea indulgente con las historias que gentes bien intencionadas se empeñaran en contarle. Los enfermos de cáncer de próstata escucharán, no pocas veces, la «noticia esperanzadora » de que una amiga o una persona próxima de la familia, o una conocida de alguien, ha vencido un cáncer parecido. Los casos de supervivientes longevos de los más terribles cánceres que habían sido pronosticados como marca de desahucio de este mundo para el paciente, proliferan como típicas leyendas urbanas. Puede que esas magníficas noticias de resistencia ajena le hagan pensar en que no le apetecería ser quien estropee, con su resultado propio, las estadísticas de buenos resultados. (4). Tómeselo con filosofía, e incluso con sentido del humor. Imagine un monologuista del Club de la Comedia que empezara su alocución así: «Tengo cáncer de próstata. Por fortuna, mi vecina, que ha tenido lo mismo que yo, me ha convencido de que de esto se cura. Le han quitado un pecho hace ya diez años, y le han puesto una prótesis que incluso le mejora el aspecto. Así que estoy esperando ver a mi oncólogo para que me operen, y le diré que me ponga como a Schwarzenegger . »

Décima.- Dése de vez en cuando un homenaje. Invite a algunos de sus mejores amigos, organice alguna reunión familiar, déjese también invitar por ellos. Trate de que el tema de su enfermedad ocupe el menor espacio posible de las conversaciones. Es una ocasión estupenda de mostrarse más libremente y para que ellos disminuyan sus reservas, si las tuvieron: después de todo, le verán a Vd. con fecha de caducidad. Esta situación también le proporciona un as en la manga, para ser comprendido de inmediato cuando manifieste que está cansado, o que le duele la cabeza, o… Utilice este arma propia del enfermo de cáncer con discreción, pero siempre que se vea en una situación poco interesante. Además, es cierto que Vd. necesita descanso. También para poner en orden sus ideas, para redactar sus últimas voluntades (aunque no sean utilizadas en los próximos  años, es cierto que, más tarde o temprano, todos moriremos), tal vez para pensar en cómo desea que sea su última despedida. Pero no tiene por qué entristecerse dándole vueltas a la idea de la muerte. Haber pensado en que, en efecto, de eso nadie se escapa. le da a Vd. un aire de autoridad frente a los que pasan de puntillas por esa certeza irremediable (aunque aplazable con buena suerte y médicos solventes) y…hasta puede ser divertido.

—

(1) Una joven oncóloga le comentaba a un paciente, que se quejaba de lo mal que se sentía: «Esta semana se me han muerto cuatro pacientes, imagínese Vd. cómo me siento yo». Puede que la frase de la médico no sea, a primera lectura, fácil de entender, pero pone de manifiesto la tremenda tensión que viven los médicos con pacientes delicados o terminales.

(2) Oirá muchas veces que una parte sustancial del éxito del tratamiento depende de Vd., de su ánimo. Generalmente, provendrá de profanos, pero también se la oirá a algún médico. No sabría qué decir, por mi parte, a esta expresión que viene a desplazar buena dosis del énfasis de la terapia sobre el paciente. El enfermo de cáncer recibirá cientos de veces ese escueto desideratum, de cuantos se crucen con él: «¡Animo!» o «¡Tú sí puedes!». Si se tratara de una carrera de maratón, por ejemplo, comprenderíamos el efecto de los gritos de apoyo de los espectadores sobre los que van en  cabeza, discurren en el pelotón, están a punto de abandonar, o serán descalificados por llegar cuando ya está cerrado el control.

(3) Picc son las iniciales de Peripherally Inserted Central Catéter, una sonda larga y delgada que se introduce por una vena en el brazo hasta cerca del corazón. No tiene que ver con la dosis, como algún aficionado a la interpretación de términos médicos cree. Por cierto, si quiere saber algo de la jerga que emplean los especialistas, que le sirva para analizar detalles de su analítica o desentrañar las siglas que encubren a profanos su diagnóstico, le sugiero que se zambulla en alguno de los diccionarios médicos que recogen la mayoría de esos acrónimos.

(4) No me consta que los médicos sean expertos en analizar la diferencia entre una media, una moda, una mediana o, más en particular, la influencia de la desviación típica para detectar los individuos muestrales que han evidenciado posibilidad de supervivencia más allá de la media de una función de densidad normal (en la que los tres parámetros que cité en primer lugar, coinciden).

 

Publicado en: Actualidad, Medicina Etiquetado como: acrónimo, cáncer, consejos, enfermo, médico, médicos, oncólogo, picc, siglas, supervivencia, terapia, tratamiento

Hipertrofia intelectual

13 marzo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Hace unos días, leí en la Sección de Correos de los lectores de un periódico nacional, la carta de un ingeniero de caminos que pedía consejo (tal vez, solo consuelo) sobre lo que le correspondía hacer, al encontrarse en paro, al cabo de 15 años de ejercicio profesional y no verse con ánimos para trasladarse al extranjero con toda la familia.

La respuesta –ni qué decir tiene que emanada de un experto en relaciones laborales, coaching y personal relocation– le animaba a aprovechar la hipertrofia intelectual que le había proporcionado la carrera y, desde luego, no desaprovechar las oportunidades de la demanda de técnicos con su experiencia en países latinoamérica, de los que citaba, como idóneos, Brasil, Colombia, Chile o Perú.

Reconozco que lo que me llamó la atención no fue tanto la propuesta de salvación del erudito, sino la referencia a la “hipertrofia intelectual” de los ingenieros de caminos (rectius: y «canales y puertos»). Preciso por ello, para aquellos lectores que estén pensando en recurrir al diccionario para descartar que se trate de una forma refinada de insultar a alguien, que el counseler se refería al hipotético desarrollo excepcional de las meninges y sus conexiones cerebelo-cerebrales que estaría directamente derivado de los amplios estudios de tan difícil carrera.

No tengo nada que objetar a la idea de que estudiar mucho y bien, y en especial, materias que obliguen a egercitar la abstracción y a ensanchar la base de los conocimientos teóricos, es saludable para poder afrontar posteriormente problemas reales con mayor solvencia. Lo que me parece un error indisculpable es seguir atribuyendo a concretas especialidades universitarias la virtud de ser más listos para resolver las cuestiones prácticas de la vida.

Eso era antes, mon amour. Aquellos tiempos del cuplé en que ser ingeniero de caminos, o, si se me permite, ingeniero en cualquier rama de la técnica, significaba tener directo acceso a un estatus más alto, adobado con el respeto social a mentes consideradas superiores por haber superado pruebas tan complejas como misteriosas.

Hoy, en absoluto es así. Ni los ingenieros, sean de caminos como de chispas o agujeros, se escapan al paro, ni gozan de consideración social, ni, por supuesto, se creen superiores a nadie. Incluso, saber más significa tener menos opciones de sobrevivir en esta jungla.

Y, por cierto, si se quiere hacer elogio al desarrollo de los cerebros por culpa de haberse pasado los días y las noches quemándose las cejas sobre los libros, no se quede el iluso consejero solo en alabar las ingenierías.

Incorpore también a los que hayan estudiado ciencias físicas, filosofía, exactas, química; no deje fuera a todos los que hayan aprendido bien, con intensidad cualquier carrera de las que deberían haberles capacitado para ganarse el pan haciendo un servicio útil a los demás. ¿Qué decir de los médicos, por qué olvidar los abogados? ¿Despreciamos a los biólogos, a los economistas? …No, claro que no. Vengan todos al infierno del desánimo.

Queridos colegas hipertrofiados intelectualmente, sea cual sea vuestra rama del saber. Recibid mi más sentido pésame, por el tiempo que habéis dedicado a prepararos para tener una vida normal, en vuestro país y con vuestros compatriotas. Los expertos en la globalización han diagnosticado que no tenéis sitio entre nosotros. Pero, por fortuna para vosotros, si estáis dispuestos a marchar al extranjero, a un país con futuro, podréis salvaros.

Los que no tenemos salvación somos los tipos del montón, obligados a quedarnos aquí, soportando cómo nos aprietan las clavijas del estómago unos cuantos tipos de desconocida formación intelectual, aunque, a juzgar por sus actuaciones, hiposensibilizados con la desgracia colectiva.

Publicado en: Cultura, Sociedad Etiquetado como: cartas de los lectores, coaching, consejos, crisis, emigración, hipertrofia intelectual, ingenieros de caminos, soluciones

Lecciones para un Master en Administración del Falso Conocimiento

13 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Me acabo de inventar el título: Master in Fake Knowledge Administration (M.F.K.A.). No lo imparten en ninguna Escuela de Negocios. No me han pedido que explique para auditorio alguno en qué consiste esta materia.

Vendría bien, sin embargo, que a quienes han terminado sus estudios universitarios y a los que desean obtener una formación práctica complementaria que les sirva realmente para sostenerse mejor por la vida, se les ilustrara, no sobre lo que se pretende útil, sino sobre lo que es inútil.

Esto es, justo lo contrario de lo que pretende oficialmente la pléyade de profesores y tutores que ocupan el espacio docente de las empresas que hacen negocio con la posibilidad de relacionar a gentes que desean mejorar su currículum, incorporando una linea con presuntos poderes mágicos: M.B.A. de lo que sea.

Ya se que lo fundamental de estos cursos en conseguir contactos que puedas utilizar después en tu vida profesional, y no niego su interés. Cuando nos enteramos de las conexiones que mantienen entre sí prácticamente todos los que ocupan puestos relevantes en nuestra sociedad, podemos entender que pertencer a un grupo de poder es muy importante, y las escuelas de negocios miman ese extremo. Reuniones de viejos alumnos, presentación de experiencias de miembros distinguidos, anuarios con fotos y direcciones actualizadas…

Como empresario que acometió en su vida varios negocios y ayudó a otros a organizaran mejor sus ideas (o no las usieran en marcha jamás), me pregunto cómo podría resumir, en un Catálogo de los que están ahora tan de moda, los Consejos fundamentales para Adminitrar el Falso Conocimiento.

Estas son mis conclusiones provisionales:

1. Lo que ha servido para que alguien tenga éxito en un momento dado, es inútil e incluso, perjudicial, en otro momento. No creas en ninguna fórmula de las que encuentres escritas en un documento.
2. Las verdaderas razones del triunfo en un negocio se mantienen ocultas por quienes las conocen, y son ignoradas por casi todos los que han triunfado, que recurren a tópicos para explicar lo etéreo: perserverancia, análisis de oportunidades, aprender de los fracasos, etc. Son, esencialmente, trivialidades. Es decir, tonterías.
3. La mayor parte del éxito está basada en la falta de ética. Nadie va a reconocer que hizo sus primeros negocios con la trampa o la mentira. Pero una parte sustancial de la economía está basada en el engaño o la ocultación de procedimientos y métodos. Incluso, o preferiblemente, al Fisco.
4. Las oportunidades de ganar dinero rápidamente no existen más que en la imaginación de los delincuentes. Es prácticamente imposible hacerse rico con el trabajo profesional, y esto debe ser motivo de orgullo, no de desánimo. La sociedad necesita ética, no oportunistas.
5. Si tus mejores colaboradores saben de dónde proviene tu éxito, ´te harán la competencia. Es muy sencillo copiar lo que otros han hecho, y, generalmente, la copia realizada por alguien inteligente supera al modelo.
6. Siempre hay un momento en que la persona de máxima confianza te traiciona. Has de elegir continuamente: tus socios de hoy serán tus enigos acérrimos mañana, a poco que descubras que no están de acuerdo con tus opiniones, especialmente si ellos no tienen ninguna. Se dedicarán, con todo empeño, aunque arriesguen el fracaso de vuestra empresa común, en torpedear tu protagonismo.
7. Si tu empresa está en su mejor momento, véndela. Debes tener la perspicacia para detectar que una empresa de éxito es más vulnerable por la envidia ajena, que es la más común de las cualidades sociales.
8. Tu trabajo en tu empresa es importante, pero no para hacer lo mismo que hacen tus subordinados. Dedícate a supervisar y controlar: el tiempo que dediques a hacer lo que hacen o deberían hacer tus subordinados, es tiempo perdido.
9. Si alguien te da un consejo para mejorar lo que va mal, no lo sigas. Nadie conoce como tú los defectos de tu empresa.
10. Si alguien te aconseja cómo mejorar lo que va bien, escúchalo con máxima entención. Si no lo has descubierto antes por tí mismo, te falta información.

(Esto no es un decálogo completo. Seguiré en otras Entradas, añadiendo mis reflexiones sobre la Administración del Falso Conocimiento.)

Publicado en: Empresa Etiquetado como: consejos, emprendedor, emrpesa, negocio, nuevo, sociedad

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