Al socaire

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Exhibiendo mis miserias entre narcisos y tulipanes

29 abril, 2021 By amarias 11 comentarios

La naturaleza me ha obsequiado con dos cánceres metastásicos, de distinto origen y naturaleza. Un cáncer de origen prostático con metástasis ósea y un cáncer de origen desconocido aparecido en el urotelio vesical y que afecta a nódulos linfáticos del retroperitoneo y, por tanto, también metastásico.

Hace más de cinco años que son un paciente oncológico. Procuro no pensar mucho en ello, pero la realidad se muestra terca en múltiples «detalles»: necesidad de frecuentes visitas al oncólogo, al urólogo y al traumatólogo, varias operaciones, participación en más de cuatro ensayos clínicos, instalación de PICC y de reservorio, bolsas vesicales, infecciones, etc.

En estas circunstancias, no dependo solo de mi voluntad. Me ayuda la asistencia sicológica de mi esposa, familia y amigos, porque procuro mantener una vida activa, tanto en lo profesional como en el cultivo de mis aficiones.  No quiero presumir, porque no soy el mismo. Pero en estos cinco años, he asistido a muchas conferencias y pronunciado algunas,  he mantenido abierto el bufete, escrito varios poemas, (que recopilé en dos libros: «Sonetos desde la crisis» y «Sonetos desde el Hospital», -del que edité mil ejemplares, cediendo íntegramente los beneficios a la AECC-). También terminé una novela de 400 páginas («Con Vencidos»), pendiente de publicación, espero que no eternamente.

Desde luego, las visitas regulares al Hospital me han condicionado. No solo afectó a la actividad profesional, sino a  las vacaciones y desplazamientos, míos y de mi familia. La pandemia ha supuesto, también, una influencia negativa adicional.

He tenido tiempo, claro, para pensar en la muerte. La adecuación a la idea de la muerte, incluso próxima, es una consecuencia del severo diagnóstico, pero la certeza de la propia muerte viene con el ADN de la vida, sobrevive con ella.   Recomiendo el libro de la Dra. Mannix -responsable de cuidados paliativos durante muchos años en un Hospital- “Cómo afrontar la muerte con sabiduría”.

El paciente oncológico depende decisivamente de lo correcto del diagnóstico y de lo eficaz y actualizado de los tratamientos. Algunos de ellos se llevan a cabo según los protocolos de ensayos clínicos, en los que se prueba la eficacia de algún nuevo fármaco o una combinación de ellos. Aunque la cabeza visible del equipo multidisciplinar en el que se discuten las pautas es el médico que atiende a las consultas, son varios los profesionales que intervienen. La empatía, claridad y cordialidad con la que actúe ese facultativo (raras veces el jefe del servicio; quizá un residente) son decisivas para crear confianza.

No solo es cuestión de médicos. Son cientos los sanitarios con los que, a lo largo del tratamiento, tendrá que vérselas un paciente oncológico. La relación personal con algunos de ellos -por ejemplo, equipos de enfermería, cirujanos, anestesiólogos, personal subalterno- será incluso superior. Son muchas las visitas para curas, limpieza de PICC o reservorios, estancias en el Hospital de Día para tratamientos, internamientos, análisis, etc.

Para el equipo médico, mantenerse con información actualizada de los avances que se están produciendo continuamente en el terreno de la oncología, es un reto y una obligación.  Supone alimentar contactos multinacionales, extremar el análisis y la comunicación de datos, la asistencia a congresos, investigar directamente, leer, estudiar, informarse. Algo difícil, sino imposible, porque disponen de poco tiempo libre para completar su formación y mantenerse al día.  Sería necesario incrementar esa disponibilidad, dotando de más personal, con menor carga de pacientes por facultativo, incorporando equipos siempre más modernos, revisando al alza los salarios y garantizando la estabilidad de sus puestos y la evolución de sus carreras.

Tenemos excesiva dependencia de las farmacéuticas y de los ensayos clínicos promovidos por ellas, cuyos intereses económicos, en tanto que empresas mercantiles, priman por encima de los atribuibles al bien común. Hay que dedicar más dinero público a la investigación y, en especial, a la investigación oncológica.

A los demás pacientes en mi situación les aconsejaría que no decaigan, ni se depriman. Piensen con esperanza en que los avances de la ciencia oncológica son constantes. Oriéntese hacia su bienestar y el de su familia. Vean la circunstancia con valentía y como oportunidad para dar ejemplo. No por el hecho de estar enfermos, sino para todos, como interesante y necesaria actitud frente al futuro en el que estemos ausentes, hagan testamento y, también, el testamento vital. Pidan y, sobre todo, den afecto.

Participen en redes sociales y asociaciones en donde se tenga oportunidad de compartir ideas, inquietudes, actuaciones, con otros enfermos y con los equipos médicos. Tranquiliza saber que el tratamiento que se está recibiendo es el mismo que el que se ofrece en otros centros hospitalarios y ayuda conocer la situación de otros pacientes, para no sentirse solo y calmar temores y dudas.

Animo, por ello, a pacientes, familiares y a todo el público en general a que apoyen a Asociaciones que se dedican a promover la investigación oncológica y presten ayuda sicológica y de todo tipo (económica, en especial: estar enfermo cuesta dinero y no siempre es posible mantener el empleo) a pacientes con cáncer. La AECC, en España, resulta un institución ejemplar. También recomiendo SOGUG, asociación entre oncólogos y pacientes (en este caso, en el campo genitourinario). Necesitamos más inversión e investigación.

Opino también que es imprescindible unificar los criterios de gestión entre las Comunidades Autonómicas , imponiendo transparencia e igualdad. No debieran existir diferencias de tratamientos y oportunidades para los pacientes oncológicos según su lugar de residencia.

Mayo va ser propuesto como mes de atención al cáncer de vejiga, ese gran desconocido. Como el cáncer de mama, o el de próstata, (que ha conseguido que noviembre («Movember») sea el mes de visibilidad para ese tumor masculino), reclama ahora un puesto en las primeras filas de interés. Porque es uno de los más frecuentes y, sin embargo, de los menos investigados y con peor pronóstico.


He incluido dos fotografías de narcisos del Botánico de Madrid. Florecieron a finales de marzo y principios de abril, compitiendo con la fuerza expresiva de los tulipanes. Ahora, estamos en la oportunidad de ver los parterres de lirios. Todavía hay algunos rododendros. Y, sobre todo, se pueden contemplar los cientos de plantas, árboles y arbustos, correctamente identificados, que hacen de este lugar -afectado por Filomena, pero superviviente gracias a profesionales cuidados en lo sustancial- una referencia para amigos del saber con la naturaleza.

Publicado en: Actualidad, Cáncer, Linkweak, Medicina Etiquetado como: angel manuel arias, Botánico, cáncer vesical, Con Vencidos, cuidados sanitarios, enfermería, farmacéuticas, investigación, metástasis, narcisos, oncólogo, próstata, Sonetos desde el Hospital, sonetos desde la crisis, tratamiento

Ante el Día Mundial contra el Cáncer

3 febrero, 2021 By amarias Deja un comentario

Desde hace varios años, vengo dedicando varios comentarios al tema oncológico, cada 4 de febrero, con ocasión del Día Mundial contra el Cáncer- (por ejemplo, en el Mensaje del 4 de febrero de 2017 )- a los enfermos de esta enfermedad, cuya investigación recibe muy escasa atención relativa en España y en el mundo.

Mi relación con la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) es intensa. Como los lectores de este blog saben y mis amigos y conocidos me han apoyado masivamente en la idea, doné los beneficios de la publicación de mi libro de poemas «Sonetos desde el Hospital» (@angelmanuelarias, 2019) a la misma. Entre las asociaciones que se cuidan de prestar ayuda a los pacientes de tumores y facilitar relación y soluciones entre facultativos y enfermos, destaco también por proximidad y afectos, a SOGUG, a cuyos encuentros 50/50 acudo con regularidad.

La AECC ha realizado hoy, 3 de febrero de 2021, un Encuentro digital con socios, cuyo contenido resumo, por su excepcional interés. Se trataba de presentar cómo afecta a los pacientes de cáncer la epidemia de la COVID. El Presidente de la Asociación, Ramón Reyes, químico de profesión, junto a María Jesús Amador y otros de sus miembros relevantes, se encargaron de hacer la presentación de los elementos clave del tema, contestando a preguntas seleccionadas. Casi 300 personas se mantuvieron, de forma prácticamente permanente, en la conexión virtual.

Reyes subrayó que el cáncer es la pandemia silenciosa. La Covid ha significado momentos muy difíciles para los enfermos oncológicos, porque ha puesto «patas arriba nuestras vidas, pero ha sido mucho más duro para los pacientes con cáncer». Ha afectado a todas las vertientes de sus vidas: la «propia de los pacientes, la asistencial, la sicológica, aumentando la vulnerabilidad de un colectivo al que la enfermedad ya lo había hecho muy vulnerable».

En el plano sanitario, la pandemia, ha causado la paralización de los programas de cribado, con lo que no se han detectado en fase temprana algunos cánceres que hubieran tenido mejor pronóstico (el 80% del cáncer de colon es curable si se detecta a tiempo). Aumentó la ansiedad y la depresión de los pacientes con tumores: ya en la primera fase de la pandemia  el 34% de los enfermos oncológicos reconocieron tener problemas depresivos. Presumiblemente, ha subido con cada ola de de contagios.

La pandemia ha creado «un enorme miedo a enfermar de Covid», por encima de 20 puntos porcentuales en relación con el resto de la colectividad. A ello se une el miedo a perder un ser querido que esté actuando como cuidador, o a no poder recuperar la vida anterior. Ha agravado la situación económica de muchos: entre 25.000 y 30.000 pacientes han entrado en situación de pobreza absoluta.

La investigación se paralizó por completo en la primera hora y se ralentizó a partir de entonces. Casi la cuarta parte de los proyectos de investigación oncológica (400 en total), aún no se han recuperado.

La AECC aprovechó la ocasión para sacar pecho. El presidente de la AECC subrayó que la asociación ha seguido atendiendo durante el confinamiento, manteniendo prácticamente el nivel de actividad, a pesar de las necesidades de trabajo virtual; 45.000 personas fueron atendidas por vía digital y se respondió a 33.000 llamadas telefónicas.  Desde luego, no se ha podido seguir con la actividad presencial. Se ha levantado un fondo de tres millones de euros para ayudar a familias que entraron en problemas económicos.

Reyes fue claro: El cáncer se quedó en segundo plano y «no nos podemos permitirlo. Va a ser una bomba de relojería a medio y largo plazo». En consonancia con esa preocupación justa, el día 4 (mañana, cuando esto escribo) se va a anunciar un Acuerdo contra el cáncer que unirá a todas las instituciones relacionados con el cáncer, para que esto no vuelva a ocurrir. Un acuerdo que pretende que nadie se quede sin diagnosticar (activando los programas de cribado), y apoyar a los pacientes para superar la depresión y la ansiedad. Porque casi el 96% de las CCAA no mantienen esa actividad de apoyo sicológico entre sus servicios.

Es imprescindible minimizar el impacto económico de este colectivo, doblemente vulnerable. Es urgente romper ese vínculo, y reconocer que la batalla contra el cáncer no se puede abordar individualmente. Por ello, unirse al Acuerdo contra el cáncer y difundir su necesidad, abogando porque todos tengamos las mismas opciones de sobrevivir, fue el consejo reiterado por el Presidente de la AECC.

Entre las cuestiones suscitadas en el encuentro, selecciono las siguientes:

La investigación del cáncer sufrió menoscabo, pero no porque se utilizaran fondos previstos para ella para la Covid. Los dineros dedicados al cáncer son ridículos. En diez años han sido de solo 1.500 millones, es decir «el coste de construir seis kilómetros de ave». La cuestión es lamentable porque, como es sabido, la investigación es «la única forma de aumentar la supervivencia de los pacientes oncológicos». El día 8 de febrero -anunció Reyes- el Ministerio de Ciencia e Investigación presentará u pacto por la Ciencia y la Innovación, en el que el Gobierno se compromete a aumentar el nivel actual de 1,29% dedicado a investigación, acercándolo a los niveles de la UE que, como se sabe, son del 2,1 % en media (muy lejos, con todo, de Alemania, que es del 3%.

¿Son más vulnerables a la Covid los pacientes oncológicos? La respuesta fue clara: en algunos casos, sí, pero el riesgo no es igual para todos. Aquellos que tienen tumores avanzados, hematológicos, linfomas o cáncer de pulmón, tienen -al parece- más riesgos.  Los que tienen tumores sólidos, aumentarían el riesgo al primer año de infección, que disminuiría progresivamente en los cinco años de su aparición, para asemejarse al general.

«El efecto de la pandemia tendrá efectos sobre la desigualdad de las autonomías para afrontar el tratamiento de los pacientes de cáncer. «Todos somos iguales para el cáncer, pero no frente al cáncer». Habrá regiones donde la economía será más golpeada. Por ejemplo, las que dependen fundamentalmente del turismo, donde las familias padecerán condiciones económicas peores, que afectarán a la atención primaria, a los retrasos en los diagnósticos de los pacientes.  Los retrasos en los diagnósticos por la pandemia tendrán  otro efecto: cuando el paciente llegue a los departamentos de oncología, se encontrará en situación más grave que de haber sido diagnosticado antes.

Sobre los efectos de la vacuna sobre los pacientes oncológicos, no hay aún datos, ya que no participaron hasta ahora como colectivos más vulnerables. Están siendo vacunados los sanitarios que los atienden.

La AECC ha estado siguiendo muy de cerca, se expuso en la vídeo conferencia, los efectos de la Covid sobre la atención hospitalaria a los pacientes diagnosticados. Los que se encontraban en revisión, pasaron a recibir atención telemática. El descenso en tratamientos no fue muy importante, a costa, eso sí, de los pacientes que hubieran ingresado nuevos. Se individualizaron las decisiones, y se retrasó la cirugía, prefiriendo empezar con la radioterapia, o hacer el tratamiento más concentrado, porque se valoró que el riesgo de contagio en la intervención quirúrgica era muy importante.

Finalmente, se solicitó el apoyo de los socios, el aumento del voluntariado (hay actualmente del orden de 30.000 voluntarios y medio millón de socios en la AECC). Reyes encontró una referencia química: «En una solución saturada, hace falta un cristal que desencadene la reacción de cristalización.» Hacen falta más cristales.

Nota,- Aunque si el lector, interesado en obtener más información sobre el cáncer por los Comentarios publicados en este mismo blog, puede optar por introducir la palabra «cáncer» en el cajetín de búsqueda previsto a la izquierda y recibirá de inmediato las decenas de entradas en las que utilicé ese término, he creído que puede ser útil recoger aquí algunos de los enlaces más relevantes:

Entendiendo mejor el Cáncer de vejiga – Al socaire (angelmanuelarias.com)

Cáncer: Sesiones clínicas fuera del hospital – Al socaire (angelmanuelarias.com)

Convivir con el cáncer: Instrucciones de uso – Al socaire (angelmanuelarias.com)

Guía para enfermos de cáncer – Al socaire (angelmanuelarias.com)

Transición patológica – Al socaire (angelmanuelarias.com)

Publicado en: Medicina, Sanidad Etiquetado como: AECC, afectación pacientes, cáncer, efecto Covid, oncología, retraso, Reyes, SOGUG, Sontos desde el Hospital, tratamiento, vacuna

Consejos para pacientes oncológicos en relación con el coronavirus

18 abril, 2020 By amarias Deja un comentario

Las notas que siguen a continuación han sido tomadas a vuela pluma en el transcurso de una sesión informativa por videoconferencia celebrada el 17 de abril de 2020 entre oncólogos y pacientes con cáncer, organizada por SOGUG (Sociedad de Oncólogos Genito Urinarios), en la que tuve ocasión de participar.  Las incorporo aquí solo por si sirven de información a lectores interesados en el tema, advirtiendo que no han tenido la supervisión de los oncólogos intervinientes, por lo que, aunque he procurado ser fiel en las transcripciones, la responsabilidad de los errores, si existen es mía, por lo que pido disculpas.

Contenido de las recomendaciones y sugerencias sustanciales realizadas durante la reunión

REUNION POR VIDEOCONFERENCIA CON ONCOLOGOS Y PACIENTES DE SOGUG

Los pacientes oncológicos tienen mayor riesgo de contagio por el Covid 19, porque la mayoría de los tratamientos actúan provocando un mayor grado de inmunodepresión. Existe, por mayor riesgo de sobreinfección y complicaciones. Sin embargo, si son afectados por el coronavirus, no son los que evolucionan, comparativamente, peor, salvo en el caso de los que padezcan broncopatías. Especialmente difícil es el diagnóstico, si existe necesidad de ingreso en la uci y de entubación, en el caso de carcinoma de pulmón.

Los pacientes con cáncer cronificado o que ya han sido de alta, salvo en caso de recaída propiamente oncológica, tienen -en teoría, al menos- menor riesgo que otro paciente con el cáncer activo.

Dentro del grupo de pacientes oncológicos, aquellos con mayor riesgo de contraer el coronavirus son quienes tienen metástasis, están afectados por combinación de diferentes tumores y son mayores de 60 años.

No existe suficiente información aún sobre la evolución de los que, teniendo cáncer o habiéndolo tenido, han sido víctimas de la infección. Faltan protocolos de actuación aún. En todo caso, nunca los protocolos han de sustituir el juicio clínico del personal sanitario, ya que las situaciones y preferencias de cada paciencia concreto deben ser atendidas.

Una revista oncológica -que no se citó en la reunión-, en un análisis efectuado con base en pacientes chinos, ha publicado una serie por la que parece mostrarse que los pacientes con tumor localizado tienen el mismo riesgo que cualquier otro paciente sin tumor, confirmando que el mayor riesgo existe en aquellos con tumor activo o metastásico.

La posibilidad de contagio ha generado mucha preocupación entre los pacientes oncológicos. Hay que extremar las medidas de higiene que son las mismas que para el resto de la población (lavarse las manos frecuentemente con jabón, usar mascarillas, evitar las distancias cortas). Respecto a las mascarillas, aunque hay controversia, la posición de los oncólogos es que son recomendables.

Se trata de proteger a la población inmunodeprimida. Los circuitos de oncología se han blindado, separados del resto de los circuitos hospitalarios. Al menos, se ha tratado de hacerlo así en la medida de lo posible.

En cuanto a las vías de entrada del virus, se especula sobre otras posibles entradas en el organismo. La mayoría de los contagios se producen por vía respiratoria, tanto por contagio directo (gotitas expelidas por estornudos de infectados) como por contacto con superficies done se hayan depositado. También se ha detectado presencia de virus en la orina, en las heces, en residuos, por lo que se han de extremar las medidas de higiene.

Respecto a los enfermos con cáncer renal, a una pregunta específica, se contesta que no existe evidencia de mayor riesgo que en otros tipos de cáncer. No se ha descrito que el virus afecte especialmente a los riñones, solo que provoca hiper reacción inflamatoria a nivel pulmonar.

En la convivencia familiar de los pacientes oncológicos, se recomienda evitar los contactos y ser más cuidadosos en las medidas de profilaxis. Se reconoce la dificultad de mantener algunas recomendaciones de los protocolos, como por ejemplo, no llevarse la mano a la cara. Hay que ser más exhaustivos y más precavidos que las personas sanas.

En cuanto al uso de las mascarillas, se ha puesto de manifiesto la imposibilidad de encontrarlas en muchas farmacias. Se indica que actualmente ya no estamos en un período tan crítico de carga viral y que, al menos, hay disponibles mascarillas quirúrgicas. En cualquier caso, mejor llevar una de confección casera que no llevar nada.

Se sigue sin conocer con claridad por qué algunos pacientes pasan el período de infección como una gripe viral y otros tienen hiper reacción. Se desconoce el mecanismo concreto.

En cuanto a la alta incidencia de contagios en el personal sanitario, se comenta que el personal sanitario, cuando llegó la primera ola de pacientes sintomáticos, con carga viral muy alta y fuerte potencial de contagio, no estaban preparados y la protección era insuficiente. No se sabía que estábamos ya conviviendo con el coronavirus, y se pensaba que iba a ser pocos los casos e importados. Muchos de los síntomas se podían confundir con una gripe estacional.

Sobre la alimentación, no se recomienda el consumo de ningún alimento en especial. La comida debe ser sana, saludable, no hay recomendación específica. No existe un alimento que aumente las defensas del organismo, en cambio, la desnutrición puede afectar negativamente.

No existe una vacuna contra el coronavirus y también desconocemos si la inmunidad será efectiva de manera definitiva.
Se ha decidido que es preferible demorar los tratamientos durante algún tiempo, en aquellos casos en que podrían retrasarse sin especial incidencia. Este asunto está protocolizado por SOGUG, incidiendo en la necesidad de realizar la estimación del mejor balance posible entre e beneficio de seguir el tratamiento y el riesgo de acudir al centro hospitalario y contagiarse. Algunos tratamientos pueden suspenderse durante algún tiempo En todo caso, es imprescindible la individualización, y la decisión no será tampoco la misma si el tratamiento es hormonal en lugar de químico.

La relación entre los tratamientos por inmunoterapia y las reacciones ante el tratamiento por coronavirus dispone aún de pocas series analizadas. Los que aparecen como más debilitados son los pacientes con cáncer de pulmón y para ellos en especial, se deben evitar los desplazamientos, por lo que los tratamientos con inmunoterapia se hacen con los intervalos más largos.

No es tampoco lo mismo el caso de quien necesita un tratamiento inmediato de quien está sometiéndose a un tratamiento más prolongado, está estable o en respuesta. Hay que tener en cuenta también, a la hora de estimar las reacciones, que pacientes con la infección vírica pueden presentar efectos muy parecidos a los efectos secundarios de un tratamiento.

En el tratamiento de los infectados, en caso de exceso de inflamación, se está tratando de bajar las defensas, pues se ha comprobado que los pacientes con Coronavirus pueden verse afectados por una hiperreacción. Un paciente con las defensas bien reguladas tiene mejor opción de resultar autoinmune. Se están tratando, sin suficiente experiencia aún a pacientes con doluina, citromicina, baricitinib hidroxicloroquina, remdisivir o cloroquina. La mayoría son inmunodepresores potentes y en otros casos se ha comprobado que dosis altas de corticoides favorecen el pronóstico.

En resumen, aún no hay datos acerca del mejor tratamiento, pareciendo que en algunos casos ha funcionado bien la citromicina seguida de corticoides, y en la uci se ha utilizado el tocilizumab, que es un potente inmunodepresor.

En cuanto a los pacientes que estén pendientes de operación, se aconseja alargar los tiempos y evitar tratamientos que produzcan disminución de la inmunidad (cita especial a una pregunta en el caso de cáncer de vejiga infiltrante).
Se ha estado manteniendo un aislamiento esencial. La vuelta a la normalidad hospitalaria se está produciendo poco a poco. En las últimas tres semanas se ha reducido a la mitad el número de pacientes ingresados, aunque se desconoce cuándo se normalizará la situación, ue circunstancia que no se prevé hasta después del verano.

El escenario postcovid tiene como elemento a considerar que hay que aprender a convivir con este virus, que llegó para quedarse. Hay que evitar aglomeraciones en las consultas y reducir las presenciales, utilizando las nuevas tecnologías (videollamada, por ejemplo). Es un momento ideal ara escuchar las preferencias de los pacientes.

Es cierto que en algunos casos se han tenido que tomar decisiones de supervivencia con algunos pacientes graves, pues las ucis estaban colapsadas y no había suficientes respiradores. No es, sin embargo, un problema específico de esta crisis pues en situación “normal” en las ucis se tiene un protocolo de actuación en relación con las posibilidades de supervivencia. No todas las provincias se han visto afectadas de la misma manera.

Los problemas de saturación se centraron en Madrid y Barcelona; tampoco se puede hablar de colapso del sistema sanitario. El Ministerio se vio obligado a publicar una guía de actuación, que se basó en el Documento de la Comisión de Bioética de la UCI, realizado por un paciente, el Dr. Carlos Romero, presidente de Honor de Alcer, aunque llegó tarde y no solucionó nada.
Será necesario la revisión de algunos aspectos del funcionamiento sanitario, pero cabe decir que la respuesta ha sido excelente, y ha dejado manifiesta la calidad asistencial de la Sanidad española y la entrega del personal sanitario, a todos los niveles.

Transcurrida una hora y media del comienzo de la Sesión, se levantó ésta, con la felicitación unánime de todos los pacientes a los oncólogos participantes y a la organización.

 

Publicado en: Actualidad, Medicina, Personal Etiquetado como: bioética, cáncer génitourinario, coronavirus, inmunodepresor, mascarillas, nutrición, oncología, pacientes, sesión informativa, SOGUG, tocilizumab, tratamiento, trombosis

Cáncer: Sesiones clínicas fuera del hospital

5 julio, 2019 By amarias 2 comentarios

El 4 de julio de 2019, mientras el Presidente Donald Trump sacaba los tanques a las calles de Washington para mostrar a sus compatriotas que está preparado para una guerra de invasión, un grupo de personas nos reuníamos en el salón de Actos de la Fundación ONCE en Madrid (calle Sebastián Herrera, 15) en un acto muy distinto, pero mucho más interesante.

Se trataba de una «Sesión informativa y de debate sobre el tratamiento de los tumores genitourinarios (próstata, vejiga y riñón)», convocada por la Fundación SOGUG, que se anunciaba como destinada a pacientes y sus familiares.

Sus ponentes fueron los doctores Aránzazu González del Alba,  Juan Francisco Rodríguez Moreno y Teresa Alonso Gordoa, quienes se encargaron, por este orden, de presentar y explicar -con rigor, pero también con un lenguaje próximo, divulgador- la realidad, los avances y las perspectivas de los tratamientos en los cánceres de vejiga, próstata y riñón.

En realidad, las explicaciones me parecieron altamente interesantes para el público en general. Por varias razones, que quedaron expuestas en la presentación y en el debate subsiguiente: el alto porcentaje de afectación de esos tipos de tumor y su relación con factores de riesgo que conviene conocer; el desarrollo acelerado de nuevos tratamientos, que confieren esperanzas concretas de supervivencia y mejora de calidad de vida a los ya afectados por estas enfermedades y, por tanto, abren un escenario más apacible para quienes puedan enfermar en el futuro; y no en último lugar, la necesidad de dotar de más medios a los centros de investigación y a los facultativos de los centros de tratamiento oncológico y a las Facultades de formación médica, impulsando sus interrelaciones.

Tomé notas de las tres intervenciones y mi primera intención fue, sentado ante el ordenador, actuar de elemento difusor de las magníficas ponencias. Supongo, sin embargo, que la Fundación SOGUG, en su página web, las recogerá in extenso, pues habrán sido grabadas. Por ello, me voy a limitar a glosar, con mis palabras, algunas de las ideas expuestas -la responsabilidad de los posibles errores es solo mía- y, al hilo de ellas, incluir algunos comentarios.

Aconsejo, ante todo, visitar el enlace de la Fundación promotora de la Sesión (http://sogug.es/). Se trata de una organización sin ánimo de lucro, que agrupa actualmente a 280 investigadores oncológicos, con objetivos centrados en la formación, difusión e intercambio de conocimientos relacionados con las patologías ya citadas.

La Dra. González del Alba subrayó que el carcinoma del epitelio transicional se desarrolla en el urotelio, y que el agente fundamental es el tabaco; después de 4 años sin fumar, la incidencia disminuye un 40%. El cáncer de vejiga solo es hereditario en un 5/6 %. Exposición a aminas aromáticas, por ejemplo, es un factor de riesgo con mayor responsabilidad que los factores hereditarios.

En no todos los cánceres de vejiga, desgraciadamente, se puede hacer la preservación vesical, y hay que llegar a la cistectomía radical. Los tumores metastásicos son candidatos a la quimioterapia con platino y la inmunoterapia. La base de la inmunoterapia es estimular a las células inmunes (sanas) para que ataquen el tumor. La quimioterapia con cisplatino es la gran esperanza futura, que ha permitido cambiar las expectativas de estos pacientes.

El Dr. Rodríguez Moreno se encargó de presentar las opciones de los enfermos con cáncer de próstata, cuya incidencia va en aumento. Parece que en este caso, conocer la historia familiar es importante, pues parece existir un componente hereditario. Como es sabido (o debiera serlo) en la próstata se produce parte del esperma, y en esa glándula -y solo en ella- se origina una proteína, el PSA. El cáncer de próstata eleva el PSA y sirve de orientador, por tanto, para detectar pacientes con esa dolencia. Se ha comprobado la gran relación del cáncer de próstata con la testosterona, y que el tumor es sensible a su producción por el organismo, por lo que los pacientes se tratan para disminuir o eliminar su génesis.

El Dr. Rodríguez dio la charla enfundado en una camiseta con el eslogan: «This fight has no gender» («esta batalla no tiene género»), que expresa claramente que, aunque los afectados son del sexo masculino, vencer esta enfermedad nos involucra a todos. El lazo azul es el símbolo universalmente aceptado de este reto.

Se discute la opción de realizar un screening (tamizado) poblacional, con resultados discordantes, aunque para un grupo determinado (aquellos con pacientes con familiares que han padecido el tumor) tendría sentido. La investigación avanza velozmente. Hasta hace poco tiempo, la ecografía y la resonancia multiparamétrica eran los elementos que se utilizaban como elementos de detección: hoy la biopsia, que antes (y en algunos centros) se realiza al azar, pinchando sobre la próstata para localizar las áreas afectadas, ahora se concentra en la zona sospechosa.

Un gran avance para la localización es el PET-PSMA, aparato de los que, en la actualidad solo existe una unidad en España. Se trata de un radio-trazador. El galio es el elemento usado para este fin, lo que hace el diagnóstico muy caro, Cuando se pueda realizar la detección de las zonas afectadas con flúor, la técnica se abaratará brutalmente y se generalizará su empleo.

Los avances en el tratamiento están relacionados con la localización más perfecta del área afectada, la vigilancia activa (existen tumores indolentes) y la reducción o eliminación de las secuelas de los tratamientos. Con terapia focal (crioterapia, por ejemplo) podríamos tratar solo el tumor y no afectar a zonas sanas.

La diseminación de la enfermedad (metástasis) más frecuente es a través de los ganglios o de los huesos. En la etapa final, afecta al hígado. En cuanto a la eliminación de la producción de testosterona (idea por la que Charles Huggings recibió el Premio Nobel en 1966), el problema subsiguiente es que los tumores permanecen vivos y se adaptan, por lo que, al cabo de algún tiempo -no muy largo- el avance del cáncer prosigue.

En esos casos, frente a la opción de la quimioterapia, han aparecido fármacos hormonales de segunda y tercera generación.  En fin, ante el maremágnum de tratamientos posibles, el foco de la investigación aplicada actual, indica el Dr. Rodríguez se concentra en el orden correcto de los mismos, para incrementar la esperanza de vida y mejorar el estado del paciente.

Queda apuntado que las farmacéuticas dedican 10 veces más recursos a la investigación de estos cánceres que el conjunto del Estado español, situación inexplicable que exigiría un inmediato cambio de tendencia, y que los responsables políticos asuman la responsabilidad de incrementar la dotación para estudiar y tratar estas patologías que causan tanta mortandad y suponen un tremendo gasto directo – en diagnósticos, tratamientos, hospitalización, cirugía y paliativos- al Servicio sanitario público.

La Dra. Alonso (la plurifacética médico que dirige la atención clínica de mi propio tumor) habló sobre el cáncer de riñón, al que se ha dedicado el día 20 de junio y la imagen de los labios pintados de verde. En España, este tumor ocupa el séptimo lugar de las incidencias en varones y el décimo tercero en mujeres (mayor frecuencia que la que reflejan las estadísticas a nivel mundial). Es un tumor reincidente: aproximadamente en el 30% de los pacientes tratados con enfermedad localizada, vuelven a ser víctimas de la enfermedad. De los diagnosticados con tumor de riñón, el 20 % lo presentan en fase metastásica.

No es el tabaco en este caso el factor de riesgo principal, aunque se detecta alguna reducción del mismo tras diez años de abstención. Parece, en cambio, relacionado con la obesidad y se calcula que  solo el 5% de los cánceres renales son hereditarios. La triada clásica de diagnosis es: hematuria, dolor en fosa renal y masa abdominal palpable, aunque solo entre el 6 al 10% de los pacientes presentan ese cuadro. El 30% de los pacientes presentan síndrome paraneoplástico. También puede asociarse a caquexia, HTA (hipertensión arterial) y otras sintomatologías, poniendo con ello en evidencia el amplio espectro de su sintomatología.

Además de las pruebas clínicas clásicas y la observación del paciente, se emplean para el diagnóstico del cáncer renal la analítica (Hb, neutrófilos, LDH, calcemia, FA, etc.), las pruebas radiológicas, y la ecografía el TC/RM -que informa sobre la extensión del tumor-. El PET-TC no tiene, en este caso, papel relevante como prueba diagnóstica.

El diagnóstico permite diferenciar entre cuatro categorías de tumores, según su agresividad y extensión. En la actualidad, se operan tumores que incluso atraviesan la vena renal o la cava. La biopsia no es utilizada como prueba diagnóstica complementaria, salvo en el caso en que no se pueda operar por el estado físico del paciente (por ejemplo, padecer una enfermedad coronaria), porque permitiría valorar la opción de quemar la parte afectada.

El 85-90% de los carcinomas renales son de los llamados de células claras, siendo el papilar el 10 al 15% restante. La cirugía, en sus distintos estados (biopsia renal, nefrectomía -radical, parcial o citoreductora- y el tratamiento sistémico) están dando paso a tratamientos efectivos sin llegar a la cirugía citoreductora. También se ha dado paso a tratamientos de inmunoterapia (Prosper, Immotion 10, Keynote 564, Nivolumab, ortozolizumab, etc.)

Lamentablemente, el tumor de riñón no responde a la quimioterapia, aunque en 2005 se descubrió que si se bloqueara la producción de una serie de proteínas se podría modificar su avance, hallazgo que está vinculado con el estudio analítico de las diferentes formas de crecer que poseen las células cancerígenas.

El mecanismo más rentable en la actualidad para la contención del tumor renal es la inmunoterapia. La Dra. Alonso recordó que esta técnica se basa en incorporar al organismo enfermo, bien sustancias que ahogan el tumor, bien otros que estimulan las defensas. La combinación de ambas estrategias puede ser efectiva.

Los efectos adversos de la incorporación de elementos químicos al organismo son complejos. Debe tenerse en cuenta que la inmunoterapia no solo actúa contra el tumor, sino también contra nuestras propias células sanas, y puede afectar a casi todo el organismo, y más frecuentemente a la piel y al tubo digestivo, y, posteriormente a las células nefrológicas. Aunque se detenga el tratamiento, el efecto continúa, por lo que hay que mantener la vigilancia sobre estos efectos secundarios.

El facultativo, guiado por la necesidad de paralizar al tumor, tiende a emplear dosis elevadas, lo que revierte en toxicidades a corto/largo plazo, con reacciones que varían entre la eritrodermia o la hipermilasemia, aunque en ocasiones, la toxicidad se estabiliza, aunque lo habitual es que crezca con el tiempo de tratamiento. El tratamiento básico para controlar estos efectos se basa en la administración de corticoides.

La tasa de supervivencia del cáncer renal ha mejorado para el 60 % de los pacientes con los nuevos tratamientos, aunque el oncólogo se encuentra con la dificultad de que la célula de este tumor es muy metabólica.

La Dra. Alonso, antes de que se iniciara un vivo coloquio, apuntó a la necesidad de que los facultativos adquieran formación en el abordaje sicológico de los problemas de los pacientes oncológicos, una cuestión abierta que exige una reflexión seria para atender de la mejor manera posible las inquietudes, los miedos y el itinerario de deterioro y altibajos que forma parte de la evolución de la enfermedad.

La presidente de AIFER en Madrid (Asociación de Enfermos Renales) puso de manifiesto que están trabajando con éxito con pacientes con cáncer renal, para intercambiar experiencias y se es consciente de la necesidad de combinar las sesiones de comunicación entre pacientes y servicios médicos. Al hilo de esta experiencia, se propuso la creación de asociaciones de enfermos con patologías tumorales, para darles opción a que compartan sus experiencias y se animen recíprocamente, como ayuda para soportar el trance tumoral con mayor solvencia.

No puedo menos, en este punto, que poner de manifiesto mi escepticismo, pues, aún reconociendo que puede ser interesante relacionarse con otros enfermos en sesiones de simpatía y solidaridad, no se trata de algo parecido a dejar de fumar, sino de afrontar con más serenidad las incertidumbres de un proceso que, en muchos casos, tendrá un desenlace fatal. Cada paciente responde a niveles de exigencia personal distintos (en lo referente a la comunicación de cuestiones íntimas o a conocer la evolución de otros enfermos con patologías que pueden estar muy distantes de la suya propia) y, desde luego, cada tratamiento es algo individualizado.

Después del coloquio, los asistentes fuimos invitados a un refrigerio en las mismas dependencias de la Fundación Once. Así tuvimos ocasión de conocer más de cerca el estupendo talante personal de los ponentes, que forman parte de un equipo joven, motivado, inquieto, atento a los avances, comunicativo,  cordial y, por estas y otras razones, ejemplar. Una muestra de que la medicina, y en especial en España, no es solo una profesión, sino que se debe valorar como vocacional; especialmente, en los facultativos que tratan con enfermos oncológicos.

Una labor desplegada en un entorno de sanidad pública que sufre ataques desde muchos ángulos (incluida la incomprensión de algunos pacientes), con sueldos mínimos, medios insuficientes y tiempos de trabajo excesivos.

La necesidad de incrementar los recursos en investigación y en tratamientos es evidente. Se necesita, por ejemplo, clarificar por qué no todos los pacientes responden a los tratamientos de inmunoterapia, y se deben mejorar las herramientas para conocer qué tratamiento es más conveniente al perfil biológico de cada enfermo. Se necesitan biomarcadores para no infra o sobretratar un caso concreto y, en fin, es importante tomar consciencia colectiva de la importancia del tiempo en encontrar soluciones vitales. Los parámetros con los que se mide la eficacia de un fármaco o un tratamiento son, con frecuencia, otros, no relacionados con mejorar la esperanza de vida de los pacientes.

 


Una cría, ya talludita, de cernícalo (falco tinnunculus), agarrada a un saliente rocoso, espera que su madre le traiga alimento. Ya puede volar y alimentarse por sí sola, pero como muchas aves -y especialmente, las rapaces- siguen vinculadas a la aportación de comida por parte de sus padres. Se han detectado casos, incluso, en que al año siguiente, y cuando los progenitores se preparan para una nueva nidada, aparece uno de los vástagos de la anterior generación, reclamado alimento, lo que causa el enfado y la expulsión del intruso, con un griterío que podría interpretarse como «¡Fuera de aquí, vago! ¡Gánate la vida por tí mismo!»

El macho del cernícalo común se distingue del primilla por tener aquel el dorso bermejo claro, con manchas de negro, en tanto el primilla (falco naumanni) lo tiene de un color pardo rojizo vivo, sin manchas. La cola del tinnunculus tiene una banda negra en una cola más larga que el naumanni, cuya banda aparece como más estrecha y sin separación con la punta de la cola. Las hembras son más difíciles de discernir, ya que ambas tienen el dorso con bandas negras; que el primilla tenga las uñas o garras blancas y el común las lleve negras, es casi una metáfora para especialistas.

 

 

 

Publicado en: Investigación, Medicina, Sociedad Etiquetado como: Aránzazu González del Alba, cáncer, cáncer de próstata, cáncer de riñón, cáncer de vejiga, Fundación SOGUG, JUan Francisco Rodriguez Moreno, sesiones, Teresa Alonso Gordoa, tratamiento

Guía para enfermos de cáncer

7 abril, 2016 By amarias 9 comentarios

El 4 de febrero de 2016, con ocasión del Día Mundial del Cáncer, publiqué en este mismo blog una «Guía para acompañantes». Aquí encontrará el lector la «Guía para enfermos de cáncer», dedicada a todos aquellos, especialmente a los que empiezan su personal periplo por esta enfermedad que, siendo tan común, aún muchos no se atreven a nombrar y pretenden enmascararla con una palabra de apariencia más inocente, como es»tumor». Pero un cáncer es un tumor maligno, es decir, la manera de denominar ese crecimiento de células anómalas que, por razones en gran parte aún desconocidas, se expanden por el organismo, parasitándolo. Y, según parece, la mitad de la población mundial vivirá un episodio de este tipo a lo largo de su vida, y quizá de uno de estos dos tipos más comunes: cáncer de próstata (solo los hombres, en este caso) y cáncer de mama (fundamentalmente, las mujeres).

Este Comentario no pretende disertar sobre el cáncer, ni sus diferentes tipologías -se conocen más de doscientas-, ni sus gradaciones ni, mucho menos, sobre las modalidades de tratamiento. Es, sencillamente, una modesta Guía Básica para enfermos de cáncer.

Guía Básica para enfermos de cáncer

Recomendaciones.

Primera.- Por grave que sea el diagnóstico -y seguramente, no lo sabrá con exactitud, si no pregunta específicamente, porque los oncólogos tienden a disminuir la gravedad o a contestar con evasivas-, no caiga en la desesperanza. Por dos razones, al menos: porque los tratamientos para todos los tipos de cáncer, y especialmente los más frecuentes o comunes, han avanzado y avanzan con gran rapidez, debido a la cantidad de equipos de investigación concentrados en analizar la forma de atacar el crecimiento de las células que provocan los tumores malignos, y, en particular, probando medios para reducir su propagación; y, en segundo lugar, porque, por grave que sea su diagnóstico, se trata de su vida, y -parece una obviedad- su vida le corresponde vivirla solo a Vd., y de la mejor manera posible y dando ejemplo de comportamiento a quienes le quieren y están dispuestos a ayudarle.

Segunda. Interactúe con los médicos que le atienden. Piense en algo importante: ellos están aprendiendo con los enfermos. Cuénteles cómo se siente, las reacciones que ha tenido -de cualquier tipo que sean-. Cumpla exactamente con el tratamiento que se le esté pautando, pero no por ello deje de indicarles, con claridad, los efectos -especialmente, los negativos- que pueda estar sufriendo, aunque no hayan revestido el carácter de atención urgente, como pudiera ser una hemorragia o una retención agua de orina: cansancio, náuseas, vómitos, estreñimiento o diarreas, picores, manchas en la piel, escalofríos, etc-. Los más visibles, desde luego, en caso de quimio y otros tratamientos no necesita pregonarlos, ni siquiera a sus amigos: caída del pelo (no solo el de la cabeza), ennegrecimiento de las uñas de manos y pies. Escriba o hágase escribir las reacciones y su tiempo de aparición que el médico le ha indicado como más probables después de la ingesta de pastillas, la inyección o la quimio y compárelas con las suyas y, desde luego, no se las guarde para sí: cuénteselas a él (o a ella, porque lo más probable es que la cabeza visible con la que tendrá que entenderse en las consultas, será una oncóloga en sus primeros treinta.).

Tercera. Por supuesto, tenga la seguridad de que todo el personal médico que le atiende desea su curación, y si no es posible alcanzar ésta de forma total, su vocación y su profesionalidad le conducirán a que tenga una buena calidad de vida. (1) Pero tampoco se engañe, de la misma manera que ningún cáncer es exactamente igual a otro, ni su evolución es perfectamente previsible (depende de los antecedentes del paciente, de su fortaleza física, de sus hábitos alimentarios, del cuidado que se dispense y le dispensen, del azar, de una mecánica que otros profesionales conocemos bien y que se llama «prueba y error» etc.), ningún médico ha nacido genio (en el supuesto de que, además, llegara a serlo). No debería preocuparle a Vd. (ya que, le repito, es su vida la que está en juego), completar su propio expediente oncológico con los resultados de las pruebas, la analítica, el tratamiento, hacerse un dossier con él y consultarlo con otros médicos. Se sorprenderá, tal vez, de que esa ayuda que solicita se la darán de buen grado -el análisis de su caso es información también para ellos-, y, dependiendo de cómo la retransmita a su oncólogo o equipo de oncólogos, será también bien recibida, en especial, si proviene de alguien conocido o al que respeten por su autoridad y experiencia. Al fin y al cabo, los buenos equipos profesionales están -deberían estarlo- en contacto entre ellos, para perfeccionar de ese modo sus conocimientos y agilizar la acumulación de experiencias.

Cuarta.– Cada paciente es un mundo, (2) aunque nadie le pide a Vd, que sea un sufrido seguidor, sin rechistar, de todo lo que le diga u ordene su médico. Desde luego, hay quien se coloca delante del oncólogo como quien asiste a un acto de adoración diurna, considerándolo un demiurgo, reencarnación infalible del dios de la sanidad. Pregunte el porqué, pida claridad en el diagnóstico y en las reacciones previsibles como consecuencia de los fármacos, de las inyecciones o de las dosis de quimio que se le pauten. Le dará tranquilidad -saber satisface más que la ignorancia- y, además, el conocer de antemano (más o menos) lo que se producirá -para bien o para su sufrimiento- en su organismo, le ayudará a soportarlo, pues le servirá para no asustarse más de lo necesario.

Quinta.- La experiencia es la madre de la ciencia y, si los médicos tienen experiencia -proveniente, en general, no en carne propia, sino como observación asimilada científicamente de la ajena- en el tratamiento que marcan a sus pacientes (al menos, es de desear que la tenga, y mucha, el director del equipo), también la tiene el personal auxiliar. Y, además, no solo en lo que es accesorio. En especial, ellos podrán ser de máxima utilidad para consejos prácticos, desde cómo ponerse correctamente las vendas, qué trucos son los mejores para ducharse sin problemas, limpiar el reservorio o el catéter en casa, ponerse la heparina, cuando se deben tomar las medicinas recetadas exactamente, …incluso sobre cuál es el camino más directo, en un gran Centro Hospitalario, información imprescindible, para ir desde  la sala de analítica, al Hospital de día o a la sección de instalación del picc (3).

Sexta.- Será difícil que se resista a mirar en internet – a poca posibilidad de acceso que tenga a un ordenador y por torpe que sea su maña con lo informático- sobre su enfermedad y los tratamientos que expertos teóricos desde todos los lados del planeta exhibirán para su tumor. No faltan indicaciones de terapia derivada de la llamada medicina natural y tampoco echará de menos consejos apocalípticos y experiencias milagrosas. La medicina natural, siempre adornada de bellas palabras y prometedores resultados, cercanos al milagro, debe ser mirada con toda reserva y nunca como el único tratamiento. Nada puede sustituir a las dosis de sustancias químicas provenientes de Laboratorios farmaceúticos, y supongo que el lector sabe que la mayor parte de esos concentrados químicos que se nos ofrecen en forma de pastillas y nombres ininteligibles para el profano, provienen de plantas y extractos de la naturaleza; solo que, además de estar cuidadosamente seleccionados, para eliminar todo elemento nocivo o contradictorio al tratamiento, sus dosis están perfectamente calculadas en el proceso de fabricación.

Séptima.- Si se anima a profundizar en internet respecto a tratamientos y resultados para su enfermedad, en lugar de masticar los resultados de su investigación para sí mismo, pida a su médico que los interprete y le haga la valoración respecto al equipo médico que los ha publicado. Normalmente, los resultados de la investigación son publicados por los equipos que están trabajando en una línea, para su acceso público, con dos o tres años de diferencia. En el caso del cáncer, este período pudo haber tenido por consecuencia un avance tal vez espectacular por parte de algunos equipos, que se deberá traducir, bien en publicación especializada (con una prelectura por especialistas) o, más deseable, por congresos de especialistas, o por la intercomunicación -por vía correo electrónico, incluso conversaciones telefónicas- , a los que un particular fuera del gremio de oncólogos, y de un tumor específico. no suele tener fácil acceso. No renuncie, sin embargo, a informarse y, con lo que obtenga, contraste la opinión de su oncólogo; le ayudará a Vd, para contrastar cuánto sabe y en qué medida está informado y al día, como sin duda será así (hasta que no pueda demostrar lo contrario, lo que dudo), su oncólogo de cabecera.

Octava.- Prepárese para responder a la curiosidad y no solo a las manifestaciones de afecto, de familia y amigos. La pregunta es sencilla: «¿Cómo te encuentras?», pero la respuesta será siempre compleja (si se quiere ser suficientemente exhaustivo) y, repetida un par de veces al día, y durante meses, ante una colección de interesados, acabará siendo muy fatigosa. Puede optar por dos soluciones: Contesta de manera escueta, sea cual sea su estado real, con un: «Pues muy esperanzado, y sin mayores contratiempos», lo que debiera tranquilizar a quien formula la pregunta sin la intención de que Vd. explicite todo un panorama sobre su estado. La otra opción es la de tener a alguien muy próximo (su cuidador predilecto) para que conteste a las llamadas telefónicas o a los mensajes. Para los sufridos acompañantes diarios de los enfermos de cáncer, dar explicaciones sobre su estado (el suyo, el del enfermo), suele ser un ejercicio de compensación por sus desvelos. Cédaselo con elegancia; son un respiro para Vd.

Novena.- Sea indulgente con las historias que gentes bien intencionadas se empeñaran en contarle. Los enfermos de cáncer de próstata escucharán, no pocas veces, la «noticia esperanzadora » de que una amiga o una persona próxima de la familia, o una conocida de alguien, ha vencido un cáncer parecido. Los casos de supervivientes longevos de los más terribles cánceres que habían sido pronosticados como marca de desahucio de este mundo para el paciente, proliferan como típicas leyendas urbanas. Puede que esas magníficas noticias de resistencia ajena le hagan pensar en que no le apetecería ser quien estropee, con su resultado propio, las estadísticas de buenos resultados. (4). Tómeselo con filosofía, e incluso con sentido del humor. Imagine un monologuista del Club de la Comedia que empezara su alocución así: «Tengo cáncer de próstata. Por fortuna, mi vecina, que ha tenido lo mismo que yo, me ha convencido de que de esto se cura. Le han quitado un pecho hace ya diez años, y le han puesto una prótesis que incluso le mejora el aspecto. Así que estoy esperando ver a mi oncólogo para que me operen, y le diré que me ponga como a Schwarzenegger . »

Décima.- Dése de vez en cuando un homenaje. Invite a algunos de sus mejores amigos, organice alguna reunión familiar, déjese también invitar por ellos. Trate de que el tema de su enfermedad ocupe el menor espacio posible de las conversaciones. Es una ocasión estupenda de mostrarse más libremente y para que ellos disminuyan sus reservas, si las tuvieron: después de todo, le verán a Vd. con fecha de caducidad. Esta situación también le proporciona un as en la manga, para ser comprendido de inmediato cuando manifieste que está cansado, o que le duele la cabeza, o… Utilice este arma propia del enfermo de cáncer con discreción, pero siempre que se vea en una situación poco interesante. Además, es cierto que Vd. necesita descanso. También para poner en orden sus ideas, para redactar sus últimas voluntades (aunque no sean utilizadas en los próximos  años, es cierto que, más tarde o temprano, todos moriremos), tal vez para pensar en cómo desea que sea su última despedida. Pero no tiene por qué entristecerse dándole vueltas a la idea de la muerte. Haber pensado en que, en efecto, de eso nadie se escapa. le da a Vd. un aire de autoridad frente a los que pasan de puntillas por esa certeza irremediable (aunque aplazable con buena suerte y médicos solventes) y…hasta puede ser divertido.

—

(1) Una joven oncóloga le comentaba a un paciente, que se quejaba de lo mal que se sentía: «Esta semana se me han muerto cuatro pacientes, imagínese Vd. cómo me siento yo». Puede que la frase de la médico no sea, a primera lectura, fácil de entender, pero pone de manifiesto la tremenda tensión que viven los médicos con pacientes delicados o terminales.

(2) Oirá muchas veces que una parte sustancial del éxito del tratamiento depende de Vd., de su ánimo. Generalmente, provendrá de profanos, pero también se la oirá a algún médico. No sabría qué decir, por mi parte, a esta expresión que viene a desplazar buena dosis del énfasis de la terapia sobre el paciente. El enfermo de cáncer recibirá cientos de veces ese escueto desideratum, de cuantos se crucen con él: «¡Animo!» o «¡Tú sí puedes!». Si se tratara de una carrera de maratón, por ejemplo, comprenderíamos el efecto de los gritos de apoyo de los espectadores sobre los que van en  cabeza, discurren en el pelotón, están a punto de abandonar, o serán descalificados por llegar cuando ya está cerrado el control.

(3) Picc son las iniciales de Peripherally Inserted Central Catéter, una sonda larga y delgada que se introduce por una vena en el brazo hasta cerca del corazón. No tiene que ver con la dosis, como algún aficionado a la interpretación de términos médicos cree. Por cierto, si quiere saber algo de la jerga que emplean los especialistas, que le sirva para analizar detalles de su analítica o desentrañar las siglas que encubren a profanos su diagnóstico, le sugiero que se zambulla en alguno de los diccionarios médicos que recogen la mayoría de esos acrónimos.

(4) No me consta que los médicos sean expertos en analizar la diferencia entre una media, una moda, una mediana o, más en particular, la influencia de la desviación típica para detectar los individuos muestrales que han evidenciado posibilidad de supervivencia más allá de la media de una función de densidad normal (en la que los tres parámetros que cité en primer lugar, coinciden).

 

Publicado en: Actualidad, Medicina Etiquetado como: acrónimo, cáncer, consejos, enfermo, médico, médicos, oncólogo, picc, siglas, supervivencia, terapia, tratamiento

En el Día Mundial del Cáncer, Guía para acompañantes

4 febrero, 2016 By amarias 5 comentarios

Desde el año 2000, cada 4 de febrero, se celebra el Día Mundial del Cáncer, por iniciativa de la Asociación Internacional de la que AEEC es miembro. Los enfermos de cáncer no tenemos necesidad de que nadie nos recuerde esa fecha, porque, para nosotros, cada día que pasa nos sirve de permanente recordatorio de que nuestro cuerpo tiene vidas propias.

Por eso, y como lo habitual es publicar Decálogos, Consejos y Recomendaciones para quienes están padeciendo tumores de variada índole, yo quiero contribuir con algo no tan habitual en la literatura oncológica: Una guía para acompañantes de Enfermos de Cáncer. Dedicada a cónyuges, parejas de hecho, amigos -íntimos o no-, familiares, compañeros de trabajo, y, por qué no…también a facultativos, enfermeras, y personal administrativo y de toda índole de los centros de tratamiento.

Guía básica para Acompañantes de Enfermos de Cáncer

Recomendaciones:

Primera.- Mentalícese que ha adquirido Vd. la categoría inesperada de Acompañante. De acuerdo con su relación con el paciente, deberá graduar sus intervenciones. Pero, en cualquier caso, no sobreactúe. La sensibilidad de los enfermos de cáncer ha quedado, se lo manifiesten o no, tocada en los elementos de susceptibilidad, filosofía acerca de la vida, sentido de temporalidad, afectividad y contingencia.

Segunda.- Evite preguntar al enfermo cómo se encuentra. Piense que no es agradable contestar una y otra vez a la pregunta de «¿Qué tal? ¿Cómo lo llevas? ¿Te duele mucho?». Son las cuestiones habituales que los acompañantes no avisados -en especial, los que no viven su día a día- realizan, con la mejor intención, cuando se topan con el enfermo, lo llaman por teléfono o le envían un mensaje con un emoticon o varios. Es mucho mejor que lo compruebe sin preguntas, y trate de derivar la atención hacia temas distintos de la enfermedad. Está hablando con un ser humano, que puede estar sufriendo, y mucho, pero, salvo casos raros, no le gustará tener presente que se ha convertido en un foco de atención inesperado, no por sus valores, sino por su enfermedad.

Tercera.- No le cuente historias de amigos, conocidos, o del yerno de un quiosquero que conoció hace años, que sobrevivieron «al mismo cáncer». Primero, porque no es apetecible escuchar cuentos sobre desconocidos. Segundo, porque cada cáncer es distinto, y también cada paciente: imagínese el efecto que produce el decir a un enfermo de cáncer de próstata que su vecina ha superado un cáncer de mama similar. Tercero, y muy importante, porque la medicina y los tratamientos oncológicos han evolucionado de manera brutal en los últimos dos o tres años. Mejoran cada mes, cada día.

Cuarta.- Internet proporciona mucha información, y es seguro que Vd., aunque sea un conocido distante del enfermo, ha mirado cuestiones relativas a tratamiento, historias de pacientes y centros prestigiados, que está deseoso de emplearlos a la primera ocasión con el paciente. Olvídese. El mejor equipo médico, el mejor tratamiento, el centro más prestigioso, es el que atiende al enfermo de cáncer que Vd. conoce. No cree la mínima distorsión sobre el mensaje que está recibiendo su amigo, familiar o conocido. ¿Le gustaría a Vd. que le dijeran, después de haber comprado un coche de cualquier marca, que se ha equivocado y que ha leído en internet que el mejor de ese tipo y prestaciones es otro que no se fabrica en España? Además, ha de saber que los planteles médicos españoles son magníficos, se hallan reputados en el extranjero entre los más prestigiosos del mundo y están, cómo no, a la última, con experiencia apreciable entre los mejores. Y los materiales y equipos de que disponen -especialmente la Seguridad Social- son de primera.

Quinta.-Si su proximidad o la atención que desea dispensar al paciente le lleva a acompañarlo a una visita al oncólogo, en la que se le vaya a pautar el tratamiento o comentar los resultados de los análisis, esté especialmente atento a lo que se les diga, y tome nota si es preciso. A pesar de la apariencia de entender lo que se le está diciendo y de que se halla asimilando lo que se le cuenta, es muy probable que no sea así, y el enfermo haya olvidado, al salir de la consulta, si las pastillas debe tomarlas antes o después de cada comida, por la mañana o a la noche, disueltas en agua o tragadas enteras. Es posible que ni siquiera recuerde la información que se le haya dado sobre la enfermedad, las citas próximas o, aún peor, que se haya imaginado algo distinto, debido al filtro o la distorsión creativa con la que, mentalmente, interioriza lo que se refiere a su tumor. Por ello, su función como recordatorio de lo que se le ha expresado por el facultativo y, en su caso, como controlador a posteriori de que el mensaje y directrices serán cumplidas, es fundamental: para tranquilidad del paciente y como garantía del exacto cumplimiento de las prescripciones.

Sexta.- Parecerá elemental, pero la intensidad de la actuación con el enfermo de cáncer y su compromiso personal con él, depende de múltiples factores: su grado de afinidad, la edad del paciente, su formación (la suya y la de él), y, por supuesto, el interés que le muestre el paciente porque le dedique atención especial. No deje, sin embargo, que la enfermedad del otro le arrastre a Vd., porque su fortaleza ha de permanecer como referencia para que el paciente no pierda la suya. Si se trata de un niño, y Vd. es el padre o la madre -o un abuelo, o alguien realmente muy próximo y con el que el menor tenga gran confianza anterior-, distráigalo, protéjalo del entorno que para él ha de resultar especialmente más duro que para un adulto, y trate de que no pierda el contacto con sus compañeros y mejores amigos. En este caso, no importa tanto que hablen de la enfermedad, porque el niño con cáncer podrá presentarse como héroe, como algo distinto, y, de todas maneras, los niños tienen una gran capacidad de superación y adaptabilidad y, por los limitados conocimientos respecto a la enfermedad y el tratamiento, la conversación derivará rápidamente hacia temas comunes. Si el paciente tiene más de diez años (o así), y aunque sea menor -ya sabe que la mayoría de edad desde el punto de vista médico y no solo civil se alcanza a los dieciocho años, aunque la clasificación clínica hace referencia a que el organismo no está plenamente formado-, deberá responder a sus preguntas y explicarle el tratamiento a que está sometido con claridad y sencillez adecuada a la edad. Debido a que el cuerpo está en transformación, la agresividad del cáncer puede ser mayor, los cambios más rápidos. Consulte al especialista a la menor duda, no improvise ni invente.

Séptima.- Esté preparado para un deterioro de la relación personal, quizá a un pasajero disentimiento con el paciente, en particular, si la enfermedad se agrava o el tratamiento se prolonga. Tenga en cuenta que la tensión emocional sobre un paciente que, quizá, intuya, imagine o reconozca que el cáncer no está siendo dominado o lo está siendo más lentamente de lo que se esperaba, es muy alta. Y Vd. será la válvula de escape idónea, por proximidad y, también, por afecto. Resulta doloroso para el familiar próximo -la pareja del enfermo, sobre todo- tener presente que los últimos meses de la vida de su ser querido han sido de desencuentro, de torpeza en el entendimiento recíproco. Para no martirizarse después ni hacer más duro el trámite final del paciente que no ha podido curarse, sea excepcionalmente indulgente. Y si, como será lo normal, el paciente se cura -nunca del todo, pues un enfermo de cáncer es típicamente crónico- dése la enhorabuena por haber superado con éxito la trampa afectiva.

Octava.- En las salas de espera (y son muchos las pruebas, análisis y procedimientos de examen y control a los que los avances técnicos someten a los pacientes oncológicos), en esos momentos destinados a perderse en la nada desde que su familiar o amigo ha sido llamado para que pase a someterse a la radiografía, la densitometría, la gammagrafía, las tomas de sangre, la implantación del catéter, las punciones, la operación, etc., en fin, para cada tratamiento en que Vd. no pueda acompañarlo hasta la sala de intervención, le sugiero que hable con otros acompañantes. Además de que siempre es agradable hablar con quien se encuentra en la misma situación -¡la de acompañante!-, le ayudará a pasar mejor el rato y se sorprenderá de la humanidad y sensibilidad que desarrolla la convivencia con el dolor, aunque sea de otro…de otro al que se quiere.

Nueve.- Todos agradecemos, en cualquier circunstancia y lugar, las manifestaciones sinceras de afecto, de interés, de admiración o cariño. No desaproveche la ocasión de decirle al enfermo de cáncer lo que piensa, en positivo, de él/ella. Les ayudará a ambos, pero, claro, mucho más al que sufre. Esta sociedad  tiene escasa o nula inclinación a reconocer méritos al otro, y, por ello, suele conceder homenajes preferentemente a los difuntos o, si a vivos, los dota de ribetes florales que parecen más propios para ensalce de panelistas que como manifestación de devoción ajena. El acto de homenaje puede ser una reunión familiar, o una pequeña fiesta de amigos, no hace falta pensar en organizar una cena de reconocimiento de servicios, o en un acto público con discursos y medallas en el que se glose la trayectoria profesional, ¡la vida no ha dado a todo el mundo las mismas oportunidades, pero seguro que la inmensa mayoría hemos pretendido aprovechar las que tuvimos y estamos orgullosos por ello!.  Por supuesto, no tiene que tener el aire de una despedida. Se trata de ayudar al enfermo con ánimos de pronta recuperación, no hacerlo caer más profundo en el temor -siempre subyacente, aunque no se reconozca o se trivialice- a una separación definitiva.

Décima.- No se sobrecargue de obligaciones ni compromisos frente al paciente. No se entregue al síndrome del rescatador de quien está a punto de ahogarse, y, sin entender su posición, tanto en ejercicio de su libertad como de su posicional superioridad, acaba siendo víctima con él. Por ello, debe tener, cuando antes, un soporte alternativo, una segunda opción que le pueda dispensar en suficientes momentos de prestar la atención que le demanda el enfermo de cáncer. Mientras dure el tratamiento, serán muchas las visitas al centro oncológico, algunas significarán períodos de estancia más o menos largos -quizá internamiento después de una operación-…muchas horas perdidas/entregadas de su trabajo y tiempo libre. Búsquese unos cuantos cómplices que, habiéndose mostrado realmente dispuestos (sin falsas cortesías de «cuenta conmigo», «llámame si me necesitas»), le ayuden a trasladar al enfermo, acompañarlo en su lugar algún día, visitarlo de vez en cuando, etc. No los sobreutilice, espacíe con discreción sus intervenciones, pero úselos.

Si esta Guía le sirve, estimado y desconocido Acompañante de Paciente Oncológico, estaré encantado de haber contribuido a clarificar algunos aspectos no siempre tratados o conocidos de la vida en el entorno del enfermo de cáncer. Una vida que deseo sea larga, exitosa, fructífera, para todos aquellos que, como yo, han sido diagnosticados de ese tumor que el sentir popular no ha desposeído aún de sus aviesas connotaciones, pero que cuentan, como es mi caso, de personas muy próximas, que lo quieren, y que quieren ayudarlo, como un tratamiento adicional al puramente médico, a superar la enfermedad. Sed fuertes, pacientes y acompañantes. Sedlo, porque, creyentes o no, en lo terrenal tenemos solo esta vida, y nos corresponde pasar sus vicisitudes con dignidad, fortaleza y, para lo que pueda servir, dando ejemplo.

 

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