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Analizando los resultados de unas elecciones singulares

5 mayo, 2021 By amarias Deja un comentario

Los resultados y consecuencias inmediatas de las elecciones convocadas por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel G. Ayuso, al disolver el Parlamento regional para conjurar el hipotético riesgo de una moción de censura propiciada por su socio de Gobierno, Ciudadanos (con el ex vicepresidente Ignacio Aguado como conspirador in pectore), evidencian algunas cuestiones que me resulta atractivo analizar, siquiera sea con las limitaciones de mi reducido periscopio.

La presidenta convocante ha conseguido un resultado magnífico, superando cualquier cota anterior del Partido Popular en la región de Madrid, en donde esta formación lleva gobernando (en coalición o con la abstención de otros partidos) más de un cuarto de siglo. Este hito lo consiguió sin especificar su programa (aunque se refirió en campaña, regularmente, a su deseo de obtener mayoría suficiente para «llevar a cabo su programa sin interferencias»). En la propaganda destinada a promover el voto a su formación, se incluía solo una hoja con su fotografía a color en una cara. La otra, que debería contener, al menos, un resumen de sus ideas de gobierno, estaba en blanco.

En mi opinión, el éxito de Isabel Ayuso ha de ser compartido con la cerrazón de la oposición de izquierdas en presentar como errores y fallos sus éxitos o, al menos, sus propuestas de acción, animada desde el Gobierno y exacerbada por un histriónico ex vicePresidente, de equívoco nombre Pablo Iglesias, que capitaneaba los restos de la formación UnidasPodemos, con una intención de salvación de los trastos de su naufragio que, a estas alturas, se confirma como inútil, extemporánea y…rallana en lo ridículo.

El PSOE ha demostrado, una vez más, que no es capaz de presentar un candidato con empuje mediático para Madrid. La sorpresa que significó en las anteriores elecciones un desconocido Angel Gabilondo -avalado con títulos académicos rimbombantes, hermano de un comunicador de éxito, y con un mensaje soporífico pero tranquilizador-, no pudo repetirse. El nuevo Gabilondo apareció corto de ideas, sin capacidad para la ironía, avasallado por el seudogracejo de gata y chotis que puso en valor la presidenta Ayuso, empujada al éxito por un clamor de madrileños que están hartos de la prepotencia del Gobierno de Sánchez, de sus medias verdades y de sus socios, en el Ministerio y fuera de él.

No le echo la culpa del fracaso a Gabilondo, sino a la pésima tramitación de la campaña socialista, en la que los apoyos prestados desde el aparato del partido no han servido para añadir ni credibilidad ni sintonía. Algo grave le está pasando a este PSOE, encerrado en una urna de cristal esmerilado, gozando de su propia salsa, alejado cada vez más del hálito del pueblo. Aventuro incluso que hasta el gran capital -los que detentan las cuatro perras relevantes de nuestra maltrecha economía- le están dando la espalda.

Tampoco descarto que Madrid se haya configurado, en esta situación oscura entre pandemias, falsedades y palabrería inactiva, como alternativa definitiva al descalabro de una Cataluña sin objetivos, traidora en lo fundamental, vacía de ideas y con un ansia de emancipación injustificable. Ayuso también rentabilizó ese desapego.

El éxito relativo de algunos partidos en estas elecciones, que consiguieron incrementar su número de diputados regionales, no admite muchas lecturas positivas para el electorado, que somos la mayoría. Tampoco Vox, con una candidata correosa, capaz de enfrentarse a la realidad con la misma terquedad que su oponente ideológico, magníficamente representado en su cortedad argumental por el citado Iglesias, puede alardear de éxito. Es una victoria aparente, efímera. Porque ni Rocío Monasterio, ni siquiera Abascal, su mentor, y, por supuesto, tampoco su esposo (en la derecha extrema también se hace política de parejas sentimentales),  Espinosa de los Monteros, aspiran seriamente a dedicarse a ocupar un puesto de gestión política que les consuma tiempo que restarían a sus negocios.

Por parte de Más Madrid, con una candidata empeñada en campaña en que conociéramos su vocación de anestesista tocapelotas y madre de familia numerosa, Mónica García es un hallazgo estratégico del refinado Iñigo Errejón, pero el invento que consiguió disminuir la fuerza que parecía arrolladora para conducirnos a una república bolivariana, ha cumplido su misión estratégica. Estamos salvados. Vuelvan las aguas de la izquierda marxista con vocación testimonial de lo que pueden dar se sí las enseñanzas demodé de Karl Marx (Hegel, Engels, Bakunin, Gramsci, etc.) al redil convincente que representó Julio Anguita, si es que su mensaje puede tener un revival.

Siento el fracaso de Edmundo Bal, porque su campaña tenía muy buen fondo. Su misión era imposible, pues venía lastrada por la espantada histórica de Albert Ribera (¡que ni siquiera pudo apoyar su campaña por estar trabajando en un «bufete privado»! -sic-), el desfondamiento argumental de Inés Arrimadas, la deserción de demasiados nombres relevantes de la que fue atractiva formación naranja y hoy fruto pasado. Cumplió para recordar a los nostálgicos lo que debe ser una correcta campaña y, sin duda, su serio trabajo alumbra la creación de un nuevo partido, que el no capitaneará, porque tiene madera, actitud y fondo para ser un magnífico segundo. El país necesita gente así en las primeras líneas del pensamiento político.

En fin, aventuro el final de la legislatura de Pedro Sánchez. Se que es mal momento, pero no le queda más fuerza que a un globo desinflándose en el aire. Los restos de Unidas Podemos en los Ministerios que ha dejado Iglesias (incluida su actual pareja, Irene Montero) no tienen calidad ni para cascarrillos de telediario. Y muchos de los ministros socialistas están pidiendo a gritos que se les sustituya.

Buena suerte, Isabel Ayuso. Te esperan dos años muy tensos, nada entretenidos. El resto de España no es Madrid y fuera de aquí, los españoles carecen de esa chulería, de ese gracejo cosmopolita y jovial, acostumbrado a soportar la carga emocional de una España a la búsqueda permanente de identidad propia sobre las espaldas. Me temo que Pablo Iglesias necesita aún varias operaciones de temple y revenido (perdón por la imagen de viejo siderúrgico). El tiempo corre.

 

 

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Partidos sin política

30 marzo, 2021 By amarias Deja un comentario

Vencido ya el mes de marzo de 2021, el año largo de confinamiento causado por un virus cuyo origen seguimos sin aclarar, las consecuencias económicas se perfilan como desastrosas para la supuesta hegemonía occidental. A medida que la desorientación, la falta de unidad en la adopción de estrategias, la disparidad e incógnitas de los resultados de unas vacunas que han debido ensayarse teniendo como población muestral a la población total, pocos dudarán que el vencedor de esa guerra biológica es China.

Podía verter negras tintas sobre el panorama estrictamente virológico (si es que se puede emplear este término para caracterizar los efectos de la pandemia exclusivamente desde la perspectiva del control del agente causante:
a) aunque se consiguiera, después de varios meses de probada ineficiencia en la distribución y aplicación de las vacunas disponibles, controlar la difusión del virus entre los países más desarrollados, la incógnita que debe resolverse es la contención de la pandemia en los países pobres; poco y mal se está haciendo en ese sentido, quizá en la confianza que exista una autoinmunidad producida por la miseria;
b) estamos todos empachados del éxito de las grandes farmacéuticas en poner en marcha en tiempo récord, correctamente envasadas, sus fórmulas secretas para inmunizarnos, y emocionados por los altos porcentajes de inmunidad frente a las cepas conocidas, pero ha pasado a ser secreto de Estados preguntarse cuál es la mejor, cuáles son las garantías de protección frente a posibles derivas de las cepas de la Covid-19 y, en fin, por qué no se han podido presionar a las productoras, ya que se trata de una emergencia mundial, a que vendan su vacuna a precio de coste, sin beneficio alguno.

Sin embargo, adormecidos como estamos por el largo confinamiento y sin capacidad de respuesta ante los cantos de sirena de virólogos, inmunólogos y políticos (formando una escalofriante amalgama de opiniones e intereses, en la que es imposible distinguir quién dice verdad y quién tiene el conocimiento), lo que ahora se nos ha impuesto en el duro existir de la Comunidad madrileña (ha dejado de interesarme la cuestión catalana: que la resuelvan los catalanes como les peta), la encomienda de tener que elegir los diputados de la Cámara regional para los próximos dos años (que es lo que queda de legislatura).

Me he tragado sin problemas el argumento de la Presidenta Ayuso (ahora en funciones) de que había que disolver la Cámara y convocar elecciones porque el PSOE y Ciudadanos estaban a punto de hacerle la cama. Supongo que a estas alturas ya es consciente la sastrecilla valiente -perdóneseme, que sé que es licenciada en periodismo y la tengo por muy lista- de que va  tener difícil la reelección. Y no por su culpa, pues va a aumentar el número de diputados conseguidos por el Partido Popular (el suyo) en los anteriores comicios, sino porque Ciudadanos (incluso aunque se manifieste el nuevo candidato, Bal, dispuesto a restañar las heridas) está en vertiginosa caída libre de credibilidad y liderazgo y los diputados de Vox no le va a ser, por sí solos suficientes para alcanzar la mayoría si, en una terrible ceremonia consecuencia de morir de éxito, el empuje, encanto y carisma de Doña Isabel dejan a sus posibles aliados con menos votos válidos y, por tanto, con menos diputados si las fuerzas de la derecha estuvieran más igualadas.

He oído al candidato del PSOE, el catedrático Don Angel Gabilondo, maestro en soserías y artes de Perogrullo, que, si saliera elegido (no con este Iglesias, con otro, mutación en la que el camaleónico ex vicepresidente del Gobierno no tendrá el menor problema en incurrir), no cambiaría  nada, porque no merece la pena cambiar las cosas por solo dos años, que se reserva para poner todo patas arriba, a las próximas elecciones. Es decir, pretende que le dejemos poner su rostro en lugar de la cara de Ayuso, para seguir haciendo lo mismo. Pues, Sr. Futuro Defensor del Pueblo, si así va la cosa, tenemos claro cuál es el perfil más agradable.

Estas elecciones regionales parecen enfocadas a una abstención escalofriante. El auto-cesado Iglesias se postula como candidato a Presidente regional para capitanear los restos de la coalición Unidas-Podemos, confiado en su tirón mediático y su labia, para superar el fatídico cinco por ciento que dejaría a su grupo fuera del hemiciclo pequeño. Como lo verá de mal que apela al voto de los top manteros y irregulares (no se cómo arreglará que los que están como residentes ilegales puedan ser votantes), incorporando a su lista al portavoz del sindicato de manteros y miembro de la Asociación de los Sin Papeles, llamado Serigne Mbayé.

Con este panorama, me parece que el asunto se va a decidir entre los que voten a la agrupación de Errejón o Monasterio, del partido de Abascal. Por lo menos, son los únicos que dicen las cosas claras y no necesitan ni precisar objetivos locales ni cambiar programa electoral. Ya los conocemos. No van de comparsas, aunque son conscientes de que solo se cuenta con ellos para hacer el caldo más gordo al amigo de Zumosol.

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¿Más España o menos crispación?

30 septiembre, 2019 By amarias Deja un comentario

El desmembramiento de Unidas Podemos se va consumando, como una de las posibles formas de consunción de un partido político que, con seguridad, son estudiadas en las Facultades de Ciencias Políticas. A saber, por la voladura descontrolada de sus propios fundadores. El experimento ha durado algunos meses, ha servido para rellenar mucha tinta y movilizar intereses de todo tipo en torno al proyecto y ahora, mientras los fuegos fatuos se apagan, ha surgido, como un ave Fénix, de las cenizas y derrumbes, un nuevo partido: Más España.

Debo reconocer que el movimiento popular -demasiado rápidamente convertido en populachero- de Podemos, me atrajo inicialmente. Por su frescura, por la calidad oratoria de sus cabezas más visibles, y porque parecían dispuestos a mover el sueño de las izquierdas patrias, incluido el despertar de su sopor al viejuno partido obrero marxista que se había trasmutado en PSOE y que andaba a la búsqueda de un líder.

Iñigo Errejón, coautor de aquel invento académico que fue Podemos, junto a Monedero, Echenique e Iglesias, es ahora el artífice intelectual de un giro hacia la sensatez de esa facción de la izquierda, segregando sus muebles de lo que el presidente en funciones (por poco tiempo) Pedro Sánchez llama ahora, después del frustrado intento de que lo apoyaran por la cara, «extrema izquierda».

Me parece un error que Errejón y sus seguidores, disidentes con la posición estratégica de Iglesias (Pablo)-Montero (Irene),acompañados por un silente y empequeñecido Garzón (Alberto) y dirigidos por el brillante petulante Echenique (Pablo), hayan elegido como nombre a su invento el de Más España. Pero yo no soy ni político ni estratega. Solo que me suena muy, pero que muy raro, en un momento en que la unidad de España está amenazada por revisionistas y secesionistas, el partido haga apelación a que necesitamos «más» de esa España.

Lo que necesitamos, seguro, es menos crispación, más trabajo, mejores ideas y, sobre todo, más voluntad de entendimiento a todos los niveles. En especial, claro, entre los políticos. He visto publicada  en la prensa la fotografía de los actuales representantes de los partidos principales (a nivel de Estado) y me sugiere, junto a lo que sabemos de ellos, que todos coinciden en algunos cosas: son varones, jóvenes (aunque ya no inmaduros), engreídos, bien parecidos, petulantes, verborreicos, vacuos, vociferantes, más dados a hablar que a escuchar, ignorantes del mundo empresarial y del mercado, listos y también listillos.

Por favor, Iñigo Errejón, ya que pretende Vd. traer sensatez a este guirigay de machos alfa (así se dicen y así actúan), y puesto que ha de saber, desde su indudable perspicacia política que no va a ser presidente de gobierno, pónga a su equipo a trabajar en la confección de un buen programa. Y, como seguro que se habrá leído la propuesta última de Sánchez a su antiguo jefe Iglesias, y que, en mi opinión, tiene mucho de aceptable, trate de mejorarla y completarla.

Han abierto Vds. un portalón para que la derecha retorne al Gobierno de España y les servirá para que, desde una sensata oposición, aspiren dentro de cuatro años a desbancar a Pablo Casado de la presidencia del Gobierno.


Este mirlo de agua acaba de sacar del río en que habita como señor de sus aguas, un plecóptero.

 

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Errejón, Iglesias, Más España, nuevas elecciones, oposición, Partido Popular, Pedro Sánchez

Salvar al soldado Rodríguez

8 febrero, 2017 By amarias Deja un comentario

La indefinible guerra entre «machos alfa» por el control de Podemos que protagonizan Errejón e Iglesias, y los miembros de sus respectivas manadas conceptuales, me hace recordar (como a muchos otros universitarios de mi generación, sin duda), las interminables disputas entre estudiantes «comprometidos» con la necesidad de una revolución antifranquista que formaban parte del espectáculo regular de las Facultades de  finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX.

Aquellas reuniones, protagonizadas casi siempre por los mismos personajes, se denominaban Asambleas, y eran convocadas casi siempre con premura apelando a muy variadas causas, desde lo concreto (por ejemplo, actuaciones violentas de la Brigada social, solidaridad contra represaliados, etc, ) hasta lo ideológico (diferencias entre comunismo y marxismo, discrepancias entre el MC y la LCR, etc.).

En Oviedo, donde yo estudié ingeniería, la Facultad de Filosofía y Letras -de la que también fui alumno poco después-, se llevaba la palma de todo el distrito en convocar asambleas, y organizar manifestaciones y revueltas, en un círculo vicioso que, en gran  medida, se autoalimentaba, con la ayuda de las fuerzas del orden y de la represión política imperante. Se perdieron muchos días de clase, pero algunos aprendieron a hablar en público, e incluso a hacerlo a voces, sin  perjuicio de envolver el lanzamiento de contenidos con los tonos más acres.

La actual controversia podemista, llevada a la plaza pública, se parece como una gota de agua a otra aa aquellas batallas del tardofranquismo que se convirtieron en parte -sustancial- del paisaje universitario. No se calibrar, al día de hoy, si consiguieron algo (aparte de golpes, magulladuras, algún destierro y la inmolación lamentable de mártires que acaban dando valor a la Historia de todo proceso revolucionario), aunque no habrá ninguno de sus protagonistas que no defienda que la democracia vino de aquellas manos. Para la mayoría, fueron, simplemente, parte del paisaje.

Volviendo al presente, la preparación física e intelectual de los partidarios de expresarse más en la calle que en el Congreso de Diputados (apoyando, por tanto, el cambio revolucionario) o de caminar por la vereda de los cauces previstos por la actual Constitución, dejando las manifestaciones callejeras como acción excepcional (esto es, tratar de alcanzar el poder político mediante una reforma progresista), no vaticina nada bueno para el pacífico desarrollo del Congreso de Vistalegre que está convocado para el segundo fin de semana de febrero de 2017.

En consecuencia, este rifirrafe tampoco es una buena noticia para los partidarios y simpatizantes del mensaje de cambio que aupó a Unidos Podemos por encima de la opción socialdemócrata del ya maltrecho Partido Socialista Obrero Español.  a la que debilitó aún más con un abrazo de oso en un momento crucial. Hoy, ese antiguo portador de la esencia de la izquierda civilizada, en manos de una gestora, nombre que a muchos suena parecido a la administración concursal de una empresa en liquidación, acumula problemas tanto de identidad como de liderazgo.

Qué momento más importante, pues, para la izquierda española. Restringiéndome al ámbito de Podemos, y al margen de mis concretas posiciones ideológicas (aunque ya las tengo suficientemente expresadas en estas crónicas), me caen mucho más simpáticos el tono, la actitud y el contenido de los mensajes de Iñigo Errejón y sus compis de batalla, que la prepotencia y recursos vocingleros de los Pablos (Iglesias y Echenique) y sus principales valedores.

Acababa de escribir este comentario, cuando, al revisar mi posición personal -de espectador interesado en el desenlace, si bien al margen de facciones polìticas concretas- me acordé del general Julio Rodríguez. Sí, el soldado Rodríguez, que fue nombrado in pectore Ministro de Defensa por el macho alfa Pablo Iglesias cuando fue presentado en público antes de incorporarlo a primera línea de fuego con el solo pertrecho de su prestigio personal.

Tengo expresado ya mi afecto y mi respeto por la decisión adoptada en su día por el ex jefe de Estado Mayor. Pero, ahora que el campo de batalla se ha desplazado a las propias líneas del campamento de Podemos ¿habrá llegado la hora de Salvar al soldado Rodríguez ? (*)

No me puedo imaginar al prudente y experimentado general templando gaitas entre jóvenes universitarios que se creen poder  ventilar sus diferencias con el mismo ardor que si estuvieran en una Asamblea de la Facultad de Políticas, y, en realidad, están protagonizando un docu-drama. La sociedad quiere que se ponga el énfasis sobre las soluciones  y no asistir a un concierto de dentelladas y poses de agresividad. Por lo menos, yo así lo veo.


(*) Saving private Ryan es el título original de la película épica estadounidense ambientada en la invasión de Normandía durante la Segunda Guerra Munidal, y que dirigió Steven Spielber. Narra la increíble aventura imaginaria de un tal capitán Miller que, junto a un reducido grupo de siete hombres, recibe el encargo de rescatar al soldado Ryan y devolverlo a casa, lo que hacen atravesando el cruento campo de batalla.

La fotografía que adjunto es parte de otra, de mejor calidad, representando una disputa por el alimento entre un pico picapinos y un gorrión. Me resultó increíble el ardor con el que el ave menor se lanzaba, hasta amedrentarlo, contra el picatuero que le estaba arrebatando la comida. Tengo otras instantáneas en las que aves de diferentes especies pugnan por un alimento apetecible.

No es una situación habitual, ni mucho menos: bien se trata de arrebatar la posición relevante en un comedero artificial o de defender el territorio de cría ante la proximidad de un invasor del espacio propio.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Errejón, Iglesias, Julio Rodríguez, Podemos, soldado Ryan

Momentos estelares de la misérrima política española reciente

3 noviembre, 2016 By amarias 1 comentario

pato-cuchara

Diversos acontecimientos han contribuido a que al conjunto de los españoles vivos se nos hayan abierto los ojos -como se dice coloquialmente- para contemplar la realidad con mejores perspectivas de entenderla. Ha sucedido todo tan rápido que quizá no todos hayamos tenido tiempo, voluntad o cinrcunstancias para asimilar tanta información como ha quedado expuesta sobre el tapete.

Desde luego, hay que indicar, ante todo, que la disección del cuerpo político-económico ha sido realizada al hilo de la oportunidad, por manos faltas de método e incluso inexpertas y, no guardemos dudas, con una intencionalidad, un sesgo. Con todo, ha servido para dejar tantas vísceras de los tejemanejes al descubierto que, además de llevarnos las manos a la cabeza, haríamos bien en llevárnoslas a los bolsillos.

La política aparece hoy como una parte espuria de la microeconomía, en la que la inmensa mayoría -esa a la que tanto se refieren quienes alardean de conocer cómo pensamos- somos simples votantes y pacientes. Aportados a la luz de la justicia (que también tiene sus claroscuros) decenas de casos de malversación, apropiación indebida, negociaciones fraudulentas, uso de información privilegiada, asociaciones para delinquir, etc., resulta, como efecto colateral, el que tanto los ciudadanos orientados a derecha como a izquierda hayan encontrado un punto de acuerdo, una frase recurrente en el argumentario común: «todos los políticos son corruptos».

Naturalmente, es una afirmación maximalista, errónea, equivocada, válida solo para saludarse entre posibles contrarios, y poner de manifiesto que no se desea hacer sangre en la conversación y concentrarse en lo que no hace daño -o poco- hablar de fútbol o del tiempo atmosférico.

Quién lo habrá de dudar: Hay muchos políticos muy sanos, honestos, confiables. Tenemos que admitir, por lo que se nos va en ello, que son muy pocos los que no lo son, y que se han descubierto ya prácticamente todos los que ocultaban con su palabrería los movimientos de sus manos asaltando, con diversos modos, la tesorería pública. Muchos serían, sin embargo, los que, sentados en las bancadas de parlamentos,  ayuntamientos, congresos, empresas públicas, etc., concentrados en no se sabe muy bien qué otras cosas, miraron hacia otro lado en lugar de fijarse en lo que hacían sus compañeros de asientos (aún peor lo pongo: incluso de sus contrarios teóricos), culpables in eligendo o in vigilando.

No voy a presumir de perspicaz si apunto que la desconfianza alcanzada por la política tiene un punto gordo (teorema que se estudia en las carreras de Ciencias al tratar de los límites de las sucesiones aritméticas) en el Partido Popular, con una concentración de corruptos, falsificaciones, cajas negras, facturas falsas, mentiras y corruptelas -presumibles, presuntas o confesas- espantosa. Poco demérito quita a ese baldón el decir a posteriori que se ha expulsado de la cofradía a los culpables o que no hay responsabilidad frente aquellos a los que, por faltarles carné, se objeta en defensa que no se les conoce o que iban por libres.

Sería sospecho de parcialidad el no recordar los casos que afectan o afectaron a militantes del PSOE, desde Xuan Cornide hasta Xicu Torres, desde Antonio Fernández a Juan Griñán o  a Manuel Chaves, Guerrero y su chófer, etc. ¿Pasar página por la inmensa corrupción del honorable Pujol y su esposa e hijos, y los que le rodearon, para deshonra y desprestigio de la nación catalana, que tanto les debe en tiempos modernos?  ¿Habría que olvidar para siempre el caso Filesa, con José María Sala, Aida Alvarez, Alberto Fraile, Carlos Navarro, etc. condenados y a aquellos varios empresarios de indudable postín desfilando cabizbajos por los Juzgados, antes de ser indultados por el artículo trece? ¿Retomaríamos para el acervo cultural al difunto Vilá-Reyes, paganini por defunción del llamado escándalo Matesa, que alfombró con inmundicia inocultable las glorias hipotéticas del franquismo, estando éste aún viviente y coleante?

El último caso de malhacer que ha trascendido lo protagoniza el diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid, Ramón Espinar. Es pecata minuta, comparado con otros más sonoros. Que se aproveche de la adjudicación de un piso de protección oficial para venderlo con plusvalía, después de haber defendido que esas viviendas están destinadas a gentes necesitadas y no a especuladores, no es delito, por supuesto, pero suena a doble moral y, como se vio obligado a decir el portavoz en la Asamblea del equipo podemista, José Manuel López, «perjudica (resta credibilidad) a su proyecto».

La historia política reciente de la misérrima España se llena de momentos estelares, unos de mayor intensidad que otros, pero todos con idéntico olor a chamusquina. Desde las pequeñas irregularidades de Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón, Tania Sánchez, Ramón Espinar, etc., a los graves asuntos manejados por Luis Bárcenas, Rodrigo Rato, Alvaro Pérez Alonso, Francisco Granados, Arturo Fernández (el gran actor/seudo-empresario), Gerardo Díez Ferrán, Carlos Fabra, etc., hay mucho trecho, pero todo pertenece a la misma cuenca hídrica, ya se trate de ríos caudalosos como de pequeños afluentes.

Permítame el lector una maldad irónica. Imagino a Pedro Sánchez, quien fue paladín del PSOE en una batalla campal contra las resistencias al cambio que le surgieron a izquierda y derecha, paleando en su chalupa sobre esas aguas tenebrosas de los momentos estelares de la historia reciente española. Se ha pintado, como los guerreros indios, las marcas de la guerra, y ha retado en campo abierto, ni más ni menos, que a Juan Luis Cebrián y a César Alierta. Supongo que para presentarse ante los suyos (si es que le quedan fieles dispuestos a seguirle para reconquistar el espacio perdido) como un musculoso guerrero, capaz de vencer incluso a Susana Díez y a Josep Borrel.

Apostaría que no tardarán en imputarle que no terminó la carrera, que Santiago Carrillo junior le regaló los créditos cuando era decano de la Complutense. ¿Lo están haciendo ya? ¡No damos abasto para tanta luminosidad sobre la inmundicia!


P.S. Ilustro este Comentario con la fotografía de un pato cuchara, llamado así porque tiene el pico muy largo, lo que le permite, sobre todo, abarcar más área de líquenes y pequeños crustáceos en las lagunas donde cría o se detiene para repostar en sus trayectos emigratorios.

Estos patos reposan sobre una sola pata (aunque son, respecto al sexo, más bien promiscuos). Esto no les resta algo de movilidad a la hora de emprender el vuelo, cuando se encuentran en descanso, pues se impulsan con la que les sirve de apoyo con gran fuerza.

Por cierto, «Momentos estelares de la Humanidad» es el logrado título de uno de los libros del prolífico Stefan Zweig que, para mí, tiene el especial recuerdo de haber sido el primero de este autor que leí. El argumento es magnífico: los doce casos que presenta corresponden a héroes de la Historia a los que el futuro hizo jugar con otras cartas que ellos no hubieran imaginado. Las de Núñez de Balboa, mandado decapitar por Francisco Pizarro, que andaba a la búsqueda de su gloria, es una de las más ejemplares. La de Goethe, enamorado de una jovencita, hija de uno de sus amigos, cuando él andaba ya por los setenta, resulta especialmente estimulante para los que nos acercamos a la frontera.

Publicado en: Actualidad, Economía, Política Etiquetado como: Alierta, Cebrián, cuchara, Errejón, estelares, Filesa, Josep Borrel, matesa, momentos, Monedero, pato, Pedro Sánchez, Ramón Espinar, Susana Díez, Zweig

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