Al socaire

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Sonetos a las cuatro estaciones

4 marzo, 2019 By amarias 1 comentario

A la primavera

Rota la reclusión tras tensa espera
surge al fin, orgullosa de su alarde,
alargando la luz, la primavera.
Despierto del letargo, el campo arde

convirtiendo en verdor la sementera.
Por ganas de vivir, será la tarde
triunfo del placer y, aunque se esmera
invierno en que respeto se le guarde,

florecerán cerezos, será la era
de nuevo el vergel que amamos tanto
y en la rama del naranjo más somera

harán mirlos su nido, y con su canto
contagiarán de alegría zalamera
el ánimo triunfal que me levanto.

10.01.19

Al verano

Sopor bendice que el calor te aporta,
-viajero del tiempo-, trayéndote el verano
la fiel reparación con que te acorta
páginas que se nos fueron en vano.

Responde con sudor en la retorta
para aliviar tensión, el cuerpo sano:
de alegría explota que al amor exhorta,
y un corazón, volando, el gran milano,

traza sobre el paisaje. El campo yermo
se rinde a la tormenta, cortesano.
Yo me siento feliz mientras me duermo,

protegido al soñar del mal villano,
y ya curado al despertar si voy enfermo,
vuelvo con paz y frutos en la mano.

15.01.19

Al otoño

Surgiendo del calor, será el otoño
quien llenará cestas y cántaras
de vino y frutos; fiestas y chácharas
vencerán la resistencia del gazmoño.

Caerán para placer, pieles y cáscaras;
rendido a tentación galán bisoño
ofrecerá a su amor, como el madroño,
junto a pulpas, flores, y en las cámaras

acortándose noches, crecen tretas;
y al caer de las hojas, cubren máscaras
la desnudez de opciones obsoletas;

mandan ventarrones a hacer gárgaras
delirios de amantes, locos y poetas.
¡Enciéndanse pábilos de lámparas!

20.01.19

Al invierno

Ni dolor ni placer son nunca eternos,
y al fin de otoño, ¡ay del que se atreve
a afrontar sin abrigo los inviernos
que lluvia del estío trocan en nieve!.

Marchitas ya las hojas en cuadernos
que triunfante Cronos al suelo mueve,
mutan los purgatorios en avernos
y no hay pasión que a su expiación no lleve.

Cuando a todo cerdo san martín llega,
desea a cubierto que tu mal sea leve
y si la gloria alguna vez te ciega,

prudencia y compasión en calma bebe,
pues con calzón quitado no se juega
y no hay necio que su rigor no pruebe.

31.01.19

(Del libro «Sea por instinto, vocación o influjo», @angelmanuelarias, 2019)

—

Una gaviota y un cormorán común disputan por los restos de un pez. Seguramente el cormorán lo atrapó de las profundidades marinas, utilizando su habilidad buceadora, pero, incapaz para engullirlo sin salir a la superficie, mientras trataba de voltearlo para tragárselo entero, se encontró con la habilidad torticera de la gaviota, que le arrebató un trozo de su presa.

Magnífico espectáculo de supervivencia animal que el ojo atento del observador de la naturaleza puede captar, en no pocas ocasiones, cuando pasea a la orilla del mar, en el dominio de los puertos pesqueros o desde una barca de paseo. A veces, incluso, puede ser el mismo, el protagonista inductor de la dramática historia del combate diario por la supervivencia (en este caso, aves marinas), ofreciendo a su voracidad un alimento más fácil que el que proporciona la naturaleza abierta.

Pequeño dios de ese mundo limitado, por unos momentos, el amigo de la naturaleza se recrea en una escena de rivalidades que, con su voluntad, ha pretendido crear.

Publicado en: Personal, Poesía Etiquetado como: angel arias, cormorán, estaciones, gaviota, instinto, invierno, otoño, primavera, sonetos, verano

Mi Diccionario desvergonzado: árabe, calendario, Europa, evolución, fuerzas armadas, milicia, evolución, ponente, intervención

16 octubre, 2014 By amarias Deja un comentario

Árabe. 1. Dícese de quien está obsesionado por saber cómo se divierte su mujer. 2. Indio asiático. 3. Perteneciente a amplias zonas de Asia y África, comprendidos los habitantes de los Emiratos con esa apelación. 4. Hablante de una macrolengua semítica, con ramas o dialectos tan dispares, generados de un tronco común, que no se entienden entre sí; por cierto, esta última característica se presenta también entre españoles, si bien este caso, la falta de entendimiento se produce compartiendo una sola lengua.

Calendario. 1. Conjunto de fechas que se fijan en una reunión para programar las siguientes, cuya determinación suele ocupar buena parte de la misma, y su revisión, un tiempo similar en las posteriores. 2. Impreso en el que se anuncian una o varias señoritas en paños menores o sin ellos (excepcionalmente, pueden figurar varones o travestidos)  y que contiene,  adicionalmente,  junto a la dirección y teléfonos de un taller, concesionario o empresa de servicios, seis o doce cuadritos  con los meses del año, en los que se señalan las fiestas y vacaciones. 3. Taco de sobremesa, con 365 o 366 páginas, reliquia de los tiempos en que no había ordenadores ni relojes digitales, que se entregaba a los empleados de cuello blanco en los primeros meses del año, y en el que se anotaban los cumpleaños, los teléfonos de clientes y amigos y algunas ocurrencias .

Europa. 1. Elucubración con base histórica somera y una compleja edificación de su desarrollo comercial, en la que los países que ocupan su almendra central propenden a tomar decisiones sobre lo que corresponde hacer a los de la periferia, y éstos, a padecerlas. 2. Zona de dimensión variable dentro de la masa continental llamada Eurasia, cuya característica común es que sus habitantes han guerreado entre sí, en las más variadas alianzas, a lo largo de su Historia. 3. Sinónimo de Unión Europea, agrupación política en búsqueda permanente de identidad.

Evolución. 1. Tendencia natural de un proceso, que si es positiva, encontrará siempre un orgulloso responsable, y si ha sido negativa, será considerada coyuntural o atribuida a la falta de colaboración de la oposición. 2. En una enfermedad, condición prevista médicamente para que el paciente mejore, calificada por ello de favorable, lo que no descarta complicaciones inesperadas que puedan producir otros resultados.

Fuerzas armadas. 1. Agrupación de carácter militar, con vocación para ocuparse crecientemente de temas civiles, si escasean los conflictos bélicos. 2. Conjunto de personas de uniformes variados, que desfilan bajo banderas y estandartes el día de sus patrones, ante las autoridades y público en general, y antes de tomarse unos días de permiso. 3. Ejército, combinación de armamento sofisticado y personal, en proporciones variables, disponible permanentemente para desarrollar la próxima guerra, si recibe las órdenes adecuadas en las condiciones oportunas.

Intervención. 1. Momento de una sesión programada, en la que se proyectan en la oscuridad diapositivas o láminas en las que figuran frases que alguien lee con tono monocorde. 2. Agresión tolerada sobre el cuerpo de un enfermo, realizada por un nacional de otro país, cualificado para ello en una Facultad de Medicina, llamado por ello, residente. 3. Acción de invadir los terrenos o competencias de otro, que si es armada, se dirá pacífica y forzosa.

Máximo. 1. Grado no superable, salvo que se trate de una cualidad propia, como, utilizado por ello en expresiones como “máximo celo, máximo interés, máxima dedicación”, etc. 2. Lo que se espera como rendimiento adecuado para quien se conforma con aportar el mínimo esfuerzo.

Militar. 1. Persona con vocación de cumplir unas normas, sin necesidad de plantearse problemas acerca de la legitimidad de su origen. 2. Pertenecer a un partido político u otra organización de la que se espera obtener algún beneficio, situación que confiere la cualidad de militante, que no debe confundirse con la de cargo en la misma, que se adjudica mediante procedimientos reservados a una minoría.

Moderador. 1. En un Congreso o Seminario, calidad de quien tiene por misión, regular el cumplimiento del programa previsto y las interpelaciones planteadas por los asistentes a los ponentes,  lo que no suele satisfacerse por tres razones: su larga e innecesaria intervención, la tolerancia en la excesiva duración de la primera ponencia, lo que reduce drásticamente la de las siguientes, y el soliloquio sin relación con lo expuesto que realizan las dos personas del público a las que cede la palabra, antes de que se supere ampliamente la hora prevista para finalizar la sesión. 2. Experimentado atemperador de una discusión inútil, que atiende escrupulosamente a la satisfacción de la razón principal por la que se acude a un acto público, que es la pausa de café con pastas.

Nación. 1. Argumento histórico para invadir las razones de otros pueblos. 2. Apelación a una elucubración metafísica por políticos ambiciosos con el objetivo de ofuscar el interés de los ignorantes para realizar más cómodamente el suyo y el de sus correligionarios.

Paso. 1. Imaginería que se lleva a hombros en una procesión, en un acto muy vistoso que se prepara durante casi todo el año, y que se lleva a cabo en días señalados si no llueve, que es interpretado, sin fundamento, como señal de devoción a seres imaginados. 2. Manera de desfilar al unísono, que pretende demostrar que el ser humano es capaz de perder momentáneamente toda capacidad de raciocinio. 3. Cada uno de los movimientos que se realizan para avanzar o retroceder, según convenga.

Ponente. 1. Persona que ha preparado un tema por cierto tiempo, y al que se atribuye, por ello, mayor cualificación que otros para expresar públicamente sus elucubraciones sobre lo que, no pocas veces, se ignora. 2. El que más pierde en una actividad colectiva.

Verano. 1. Estación comprendida entre dos primaveras consecutivas, al que, en caso de faltar, se atribuye cortedad intelectual, siendo, por lo demás, señal de enemistad manifiesta con la persona objeto de esa apreciación. 2. Mes del año en el que los que trabajaban por cuenta ajena programaban sus vacaciones antes de la crisis. 3. En el hemisferio austral, invierno.

Regla. 1. Síntomatología compleja surgida del momento en que la mujer fértil no está en situación de quedar embarazada, que es declarada tabú para las relaciones sexuales en algunas creencias. 2. Conjunto de normas que deben seguirse, salvo que se quiera asumir la responsabilidad por las consecuencias de hacer lo contrario.

Reunión. 1. Excusa para no contestar al teléfono. 2. Fórmula de pasar el tiempo sin tomar decisiones. 3. Agrupación de personas dispuestas a asumir algún protagonismo, de la que no se acostumbra a dejar constancia en las actas de la misma.

Visión. 1. Ofuscación de la mente del que dirige una misión, suplida por la buena voluntad y entrega de los que la llevan a cabo. 2. Capacidad de algunos animales para detectar dónde hay comida u oportunidades de negocio. 3. Sentido que se aminora con la edad, teniéndose como la reacción de la naturaleza para disimular el propio deterioro físico a los seres vivos, y que las gafas de presbicia ponen en evidencia a los humanos.

Publicado en: Diccionario desvergonzado Etiquetado como: diccionario desvergonzado, Europa, fuerzas armadas, intervención, máximo, militar, moderador, nación, ponente, verano

Mi Diccionario desvergonzado: líder, cargo, ópera, reforma, verano, profesor, carácter, mito, deuda

6 agosto, 2014 By amarias 1 comentario

Líder.-1. Dirigente de una agrupación política que ha tenido una larga trayectoria personal en otros partidos, normalmente situados a gran distancia ideológica de sus actuales principios confesos, en los que aprendió vocabulario, actitudes y destreza en disimular sus propias creencias, adaptándolas a la previsible mayoría. 2. Deportista de cierta competición extremadamente aburrida como espectáculo, que lleva casi desde los primeros momentos una camiseta de color amarillo chillón, para que se le distinga durante la conexión telesiva, referencia visual infalible para facilitar la siesta. 3. Persona a la que se atribuye carisma, pretensión de propiedades mágicas que actúa como placebo colectivo.

Cargo.- 1. Cantidad que una entidad financiera hace figurar como pasivo en la cuenta corriente y de la que los expertos aconsejan analizar con atención su procedencia y cuantía, lo que demostraría la desconfianza experimentada de sus titulares 2. Persona que cobra más que las demás en un grupo, como resultado de lo cual, esto deben aplicarse con mayor intensidad para justificar su sueldo de él y el sueldo de lo suyo. 3. Buque de mercancías preferido por los polizontes en las travesías por mar.

Opera.- 1.- Culta combinación de música y canto cuyo argumento no es necesario conocer, ya que lo que lo única que cambia son los interpretes. 2. Edificio bastante antiguo en el que se representan obras teatrales y se proyectan películas, y en  la que, sin que se conozca la razón, si, por casualidad, la obra representada es justamente una ópera, se debe acudir luciendo el mismo traje que si se asistiera a una boda.

Reforma. 1. Eliminación del gotelé en un piso para sustituirlo por pintura al temple, que se realiza por inmigrantes y se paga con dinero negro. 2. Cambio o renovación, incluso con material nuevo, bien en la cocina (cimera,  grifería y frigorífico), bien en el aseo de invitados (eliminación del bidé). 3. Modificación de la cúpula directiva en un partido político, sin interés externo. .

Verano. 1. Tiempo comprendido entre un propósito de hacer múltiples cosas y la comprobación de que no se han hecho. 2. Se dice que falta a aquella persona que no nos resulta simpática, como indicativo de lo que le falta para ser similar a nosotros. 3. Época del año que las familias con hijos pequeños aprovechan para acercarse a una playa y untarse con cremas propias mientras huelen sudor ajeno.

 Profesor.-1. Maestro que da clases particulares, mediante remuneración adecuada, de una asignatura árida y de la que, por fortuna, suele conocer los trucos del titular de la misma en la Universidad o Institución de enseñanza, incluido, el libro de donde extrae los problemas de examen. 2. Virtuoso de un instrumento, que toca en una orquesta de renombre, y que da clases a alumnos poco dotados de cualquier otro, para ganarse la vida.

Carácter.-1- Exageración para referirse a personas que alardean de mucho remango, lo que suele provocar su aislamiento. 2. Símbolo del teclado sin mucha utilización, salvo tres o cuatro que nunca están en el sitio adecuado.

Mito.- Elucubración increíble, tenida por falsa, salvo que los responsables de interpretar los designios divinos lo declaren dogma.

Deuda. 1. Ingente cantidad de dinero que, por designio irrefutable, deben los países pobres a los que les están explotando. 2.Entre particulares, cantidad de dinero que suele olvidar el que lo ha recibo, y que permanece indeleble en la memoria del que lo ha entregado, hasta que se salde. 3. Formulismo arcaizante por el que quien ha recibido un favor o atención -típicamente, un puesto de trabajo- expresa su ferviente deseo de no tener jamás que corresponderlo.

(continúará).

 

Publicado en: Diccionario desvergonzado Etiquetado como: carácter, cargo, deuda, diccionario desvergonzado, líder, mito, ópera, profesor, reforma, verano

Cuento de invierno: El niño que cogía truchas con las manos

3 enero, 2014 By amarias2013 Deja un comentario

Por los veranos, la casa grande se llenaba de actividad. A final de cada primavera, se abrían de par en par sus puertas y ventanas, para airearla de la humedad acumulada durante el invierno. Se revisaban las filtraciones de las paredes y, si hacía falta, se pintaba alguna pared, se reponían las tejas que se habían roto para controlar las goteras y se sacaban los sillones de mimbre y sus correspondientes cojines de hierba seca a la azotea.

A través de las rejas del portillo que cerraba el alto muro de piedra coronado por hileras de cristales de botellas con peligrosos bordes, yo podía ver el ajetreo. Dos mozas de las del pueblo, contratadas como criadas de temporada, sacudían frenéticamente las alfombras, quitaban las colchas que habían cubierto los muebles y limpiaban el polvo acumulado sobre los libros de las estanterías. Finalmente, fregaban hasta dejarlos como los chorros del oro, los suelos de madera de castaño del comedor y los pasillos, haciendo que todo oliera a limpio, es decir, a jabón Lagarto y a lejía.

Era siempre domingo cuando llegaban los inquilinos de la casa grande. Venían en dos coches. En el que iba delante, viajaban los señores y algunas maletas. El era magistrado de la Audiencia, un tipo muy importante, que hablaba poco y jamás se mezclaba con nadie, pienso que para no contaminarse. Conducía. Ella, había heredado la casa de un medio hermano que había hecho las américas y al que unas fiebres reumáticas le habían dejado para siempre por allá; tampoco era precisamente alegre como unas pascuas.

En el segundo coche, que manejaba «un propio», venían los niños (un varón y una hembra), el perro pekinés, y atado a la baca, bien ajustado con cuerdas recias de calabrote, un colchón doblado.

Aquel año en concreto del que más me acuerdo, vino también una joven francesa que había sido contratada como institutriz o algo similar. También recuerdo una frase que pronunciaba frecuentemente, con su voz cantarina, aquella joven empleada. Lo hacía, supongo, no tanto por reprender a los pequeños como por justificar su sueldo como asistenta au pair: comportévú lesanfán.

Era una mujer muy simpática, que me daba caramelos y algún bocadillo con una onza de chocolate y manteca, bailaba con mucha gracia en el salón cuando hacían fiestas y no tenía problema en enseñarnos las piernas a los muchachos, haciendo ágiles volatines de su propio cuerpo, que muy bien podría estar compuesto de alambres sino fuera porque era evidente que su composición era de carne.

Yo me hice desde el principio amigo del chico, que tenía más o menos mi misma edad y se llamaba Gasparín. La niña era algo más joven y no me caía nada bien; había heredado los palos de escoba de sus padres, miraba por encima del hombro a todos los del pueblo. Lo juro, no recuerdo su nombre.

Fue la nuestra una amistad singular, de íntimos amigos, aunque tengo la impresión de que mi amigo nunca supo que lo fuéramos tanto. No le dejaban salir fuera del cercado de piedra de la casa grande. El alto muro de piedra la convertía para los ajenos en una fortaleza, pero también era para él, su cárcel.

Pasábamos muchas horas juntos, porque yo acompañaba a mi padre, que era el jornalero para todo en la casa grande. Mientras mi padre se encargaba de atender el jardín y la huerta, podaba los setos, injertaba los árboles, picaba leña, alimentaba los mastines, regaba los frutales, recogía la fruta, o llevaba los desperdicios de la casa al estercolero con la carretilla, nosotros, los niños, jugábamos.

Enseñé a mi amigo a hacer trampas para pájaros, a distinguir un nido de malvís de otros de urraca, a coger avispas y abejas por las alas, a sacar grillos de sus agujeros, distinguiendo los machos de las hembras, y a predecir el tiempo del día siguiente mirando las nubes rojas de poniente.

El me enseñó, sobre todo, a entender que no era diferente.

Una noche, nos escapamos al río, y le enseñé a coger truchas con las manos, haciéndoles cosquillas mientras dormían, buscándolas bajo las piedras con una linterna que yo llevaba. Regresamos ateridos, pero muy contentos. El estaba encantado de quedarse con todo lo que habíamos pescado-una media docena de peces, y una de ellas de casi medio kilo-, porque deseaba enseñárselas a su padre, y hacerle sentirse orgulloso.

-Las dejaré sobre la mesa de la cocina, para que mamá las vea cuando se despierte; se pondrá muy contenta -fue su despedida.

Al día siguiente, mi padre me levantó de la cama a trompicones y me riñó muchísimo. Me prohibieron volver a ir a la casa grande.

-¡A quién se le ocurre llevar a un chico de ciudad al pozo Verdugo! ¡Podía haberse ahogado! -gritaba, mientras me sacudía. Pero no me hizo daño.

De todo esto hace ya bastantes años. Quizá cuarenta, puede que incluso alguno más. Mi amigo y yo no volvimos a vernos. La casa grande estuvo cerrada mucho tiempo, y a través de las rejas del portillo apenas se veía ya nada, porque la yedra cubría la entrada. Nadie la cuidaba; no había perros mastines que la guardasen, los frutales se secaron y las urracas anidaron en las ramas más altas y en la chimenea.

Yo tuve pronto que ganarme la vida, y me fui a buscar trabajo fuera, al extranjero, que era donde lo había. Tuve poco contacto con el pueblo.

Hace poco tiempo que regresé definitivamente al pueblo, a la casa que había sido de mis padres, ya fallecidos, y que también había sido abandonada. Me encontraba muy cansado, con el ánimo de quien ha sufrido una derrota definitiva. Estaba convencido de que mi vida había sido un fracaso, porque, sintiéndola ya casi en su final, no tenía hijos que me cuidaran, me encontraba divorciado pos segunda vez, sin trabajo ni ganas de buscarlo y la mayor parte del dinero que tenía ahorrado se lo habían devorado los abogados.

Con cariño y nostalgia, sabiendo que no tenía nada mejor que hacer en el resto de mi tiempo, restañé las grietas y desconchados de la fachada, reparé el tejado y vi con emoción que el naranjo que había sido mi confidente en las noches en vela, aún se mantenía en pie, apoyándose tal vez en el mar de zarzamoras que dominaba la pequeña huerta.

Esta misma tarde, una persona mayor, con profundas entradas y el rostro de aspecto cansado, se me acercó mientras estaba repasando con pintura blanca la puerta de la casa que me pertenecía.

-¿Será usted, por casualidad, el niño que cogía truchas con las manos? -me preguntó.
-¿Gasparín? -fue lo que salió de mis labios, mirando con sorpresa desbordada al desconocido.

Nos analizamos mejor, nos reconocimos sin dudas, y me fundí con aquel hombre que venía de la casa grande, hecha una ruina, en un abrazo. Sí, yo era el niño que cogía truchas con las manos. Algo quedaba de nosotros todavía.

Era solo cuestión de descubrirlo.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: amistad, casa grande, cuento de invierno, institutriz, jornalero, muro, pueblo, tejado, verano

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