Al socaire

Blog personal de Angel Arias. La mayor parte de los contenidos son copy@left, aunque los dibujos, poemas y relatos tienen el copy@right del autor

  • Inicio
  • Sobre mí

Copyright © 2026

Usted está aquí: Inicio / Archivo de Actualidad

Tipos de la calle (III)

27 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

Si hay una posición que ha caído en descrédito en nuestra sociedad, es la intermedia. No es una buena noticia. Los extremos (los extremismos) no se tocan más que para darse mamporros, y la ausencia de posiciones contemporizadoras, que deberían estar cubiertas por gentes capaces de ver matices positivos en parte y parte, favorece la crispación general.

Me cuento entre quienes perciben que, al igual que sucede en el ámbito económico (mayor concentración de la riqueza en menos manos, a pesar de que haya constatación de un incremento de la misma), la mayoría de los sectores de actividad humana han derivado en la concentración de los elementos más positivos -y, por compensación, de los negativos- en un porcentaje reducido.

Como en la economía, la mejora de los datos medios que señalan los indicadores habituales, no conduce a la sensación colectiva de mejor bienestar, sino a alimentar la sospecha de que algo importante está siendo omitido del análisis.

Varios tipos de la calle reflejan bien esta deriva social hacia la segregación de destilados en los extremos:

A falta de recomendación en las alturas, siempre ha sido importante tener mano con el bedel, conserje, celador de la cosa. Antes de que una propuesta de multa o sanción entre en el aparato triturador de cualquier Administración,  aquel que pueda, le servirá mejor controlar su trámite con un pequeño toque -afectivo o económico- ante el funcionario de medio pelo que está encargado de darle trámite o al que le tocó custodiar, de momento, para que extravíe definitivamente el Expediente con la papela, que molestar a alguien más alto.

Por eso, con esto de la democratización que iguala por abajo, ha cobrado aún más importancia, la figura del tipo del gorro de plato, ya sea guardián de discoteca, encargado provisional del triaje en urgencias, mantenedor del orden en la cola de un supermercado. Estamos en una sociedad oficialmente más democrática, en la que todos tenemos nominalmente el mismo derecho al acceso a los servicios públicos. Pero no nos engañemos: lo que han cambiado son las élites que controlan el reparto de ese derecho a un trato igualitario, del que, naturalmente, los que pueden pagarse la opción de un servicio privado (pienso en la sanidad, pero no solo), ocupan un estadio especial, al que dedicaré también un comentario más adelante.

Si no tienes padrino (que puede ser el conserje del establecimiento, si es que no eres familia del presidente de la compañía), verás cómo te sobrepasan los nuevos recomendados. Si los parámetros de asignación fueran transparentes y objetivos, no habría nada que comentar; pero los mecanismos que establecen las prioridades son tanto o más arbitrarios que los de hace décadas.

Me parece que un «nuevo orden social» es principal causante de que los lugares de responsabilidad en buena parte de las entidades públicas estén ocupados por gente bastante incompetente, y que, al descender en la pirámide de autoridad, se encuentren con mayor frecuencia gentes desmotivadas, centradas en cubrir su expediente sin problemas, para llegar, en el camino hacia abajo, a la constatación de una nueva pirámide de autoridades extraoficiales, que son las que, por dejación o ignorancia de los que tienen cargos y obligaciones más altas, controlan parte del cotarro en beneficio de sus allegados y amigos, que cobran prioridad para el paso por el servicio público.

Otros tipos de la calle son la consecuencia de la pérdida de interés general por lo público, consciencia social para defender al más débil, y, por supuesto, de la falta de educación y ausencia de respeto a los mayores. Pruebe el lector a llamar la atención al jovenzuelo que, bote de spray en mano, encuentra placer en decorar con la muestra de su estulticia la pared de una casa, el pilar de un puente, una señal urbana o el portal de un escaparate. ¿Conseguirá la mínima muestra de arrepentimiento, despertará la vergüenza del delincuente menor? Quiá. La mayor posibilidad a la que se enfrenta es a ser insultado y, por supuesto, contará con la omisión, la pretensión de invisibilidad culposa de los testigos de la escena.

Un representante más de esta categoría genérica de tipos a los que importa un pito lo ajeno (material o inmaterial) son los conductores, al parecer terriblemente apresurados, que trasladan la posibilidad de no verse arrollado a la agilidad del peatón que cruza en paso cebra o se atreve a cruzar con luz verde para su trayectoria, pero intermitente para el vehículo. No tengo opción de realizar un análisis sicológico de estos homicidas potenciales y puede que hasta tengan apariencia y comportamiento normales cuando descienden del auto que les enajena, por lo que no descarto que estos tipos necesiten, para actuar con tal desprecio al otro, el complemento material de verse con un volante en las manos.

No crea nadie que esta falta de atención al otro, salvo para avasallarlo, es patrimonio de los más jóvenes. En absoluto. Las peleas (no siempre solo verbales) en las colas del supermercado o de la taquilla donde se venden entradas para cualquier espectáculo, no son infrecuentes. He sido testigo de rifirrafes incluso en la atención primaria, por un quince minutos más o menos, entre señoras y señores para los que, dada su edad, el tiempo no debiera parecer ya tan importante.

Tipos son estos, habitantes de las calles tortuosas de los barrios del Nomeimportas, a los que podría calificarse de subproducto sociológico del modelo que lleva a no conceder aprecio más que al propio yo y a tener por dogma sus mezquinas circunstancias.

(continuará)

Publicado en: Actualidad

Tipos de la calle (II)

17 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

En mi barrio hay  condensación de hospitales para enfermos mentales. Los fines de semana, en los que supongo habrá menos personal para atenderlos o, simplemente, a los internos les corresponde tener un tiempo libre a su disposición, me cruzo con algunos.

Son hombres y mujeres que van a lo suyo, y en eso no se distinguirían de cualquiera, solo que, a poco que se les observe, se deducirá que su ocupación, reflejada en movimientos repetidos de forma obsesiva, conduce normalmente a resultados inútiles y, si no los son, se puede calificar de singulares.

Hay una señora que se detiene ante los árboles, como escudriñándolos, y así es capaz de pasarse varios minutos. Otra pide cincuenta céntimos a todo paseante, explicando que lo quiere para un autobús que, por supuesto, no tiene intención de tomar ni falta que le hace. Un joven demasiado obeso se ha convertido en pacífico cliente sedentario de una cafetería, en donde se atiborra de cruasanes y magdalenas, sin decir palabra hasta que, mirando su reloj, entiende que ha llegado la hora.

Otros son los que, como zombis, circulan de cabo a cabo de la acera, siguiendo líneas imaginarias que no dejan de pisar aunque se crucen con corredores en sudadera, mamás con gemelos de probeta o jubilados a los que se les encargó comprar el pan y la leche de diario.

De todos ellos, me impresionó un hombre en su cincuentena, que hacía frecuentes paseos cargado con bolsas de libros, a los que iba abandonando en las papeleras que encontraba a su paso, con un empeño exquisito en llenarlas hasta el borde.

No se de dónde sacaba su carga, pero puedo dar fe que, cuando llevado por la curiosidad de precisar lo que depositaba, hurgué tras él en uno de los contenedores, encontré que eran fascículos de múltiples enciclopedias en francés, español e inglés, tomitos de varias colecciones de filosofía y política, y ejemplares de maestros diversos, desde Emilio Salgari a discípulos hoy olvidados del marxismo, el estructuralismo y la semiología. Me dio que pensar, sobre todo que, aquellos libros,  si habían sido suyos, revelaban que aquel orate había tenido una formación de base parecida a la mía.

Cuando desapareció de mi paisaje, me atenazó el fantasma de temer que ese erudito de papel impreso, habría avanzado más, traspasándola hasta el fondo, por la puerta de su locura, lo que le habría cerrado las puertas físicas del manicomio en el que le había hospedado sus deudos algún día.

Tipos curiosos, aunque habituales de Madrid, que es mi ciudad desde hace años, son también quienes forman las que caractericé como especiales parejas de hecho, a las que ya  me referí en otros escritos. No son específicas de la escena matritense, pero aquí se hacen notar, porque, por la obvia concentración demográfica, su concentración es mayor que en otras ciudades más pequeñas.

Las hay de varios grupos: la más curiosa es, en mi opinión, la del señor anciano, más o menos cuidado en el vestir, al que acompaña una joven de opulenta apariencia -condensada en sus nalgas sobre todo-, tez bastante oscura y patente origen hispanoamericano; con un anciano en silla de ruedas empujada por una persona más joven, y, en este caso, por los síntomas, compartiendo su misma base genética, se forman también múltiples parejas urbanas, cuyo número crece también, y por la misma razón que la anterior, por el envejecimiento de la población.

De todas las parejas urbanas, hay una, la formada por dos animales de distinta especie, que suele repugnarme. No es culpa de los dos por separado, sino por el efecto que la combinación propende a producir. Se trata, como el lector habrá adivinado, del propietario de un perro y el llamado por su excelencia, animal de compañía.

Su proliferación, que no tenía por qué tener efectos sobre terceros, ha llenado la ciudad de cacas y malos olores. No es raro sorprender, en la mañana temprano o una vez anochecido, a esas parejas paseando hacia el parterre más próximo a la residencia del humano, para que el otro se aligere de sus necesidades apremiantes. En el camino, por corto que sea, lo habitual es que el bicho se detenga varias veces a husmear olores de sus congéneres, orine allí donde le parezca que debe anunciar su territorio, y, en fin, defeque en cuanto el vientre le apriete.

Esa pareja urbana tiene una posible representación deplorable, si de inmortalizarla se tratara, para escarmiento general, modelando al perro en actitud de evacuar y a su propietario, sosteniéndolo por la correa, mirando hacia los lados, vigilando la ocasión de escapar dejando a otros el regalo de la deposición de su mascota.

He sido testigo incluso de la actuación canallesca de un propietario de cánido, al que, habiendo simulado primero disponerse a recoger lo que acababa de evacuar su perro -sin duda, de excelente pedigrí-, cuando le pareció que yo habría pasado de largo y creyendo que no miraría hacia atrás, sorprendí dejando la mierda para otros.

(continuará)

Publicado en: Actualidad

Tipos de la calle (I)

17 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

Hay tipos singulares -anónimos- con los que uno se tropieza casi a diario, y cuya fisonomía, atuendo y circunstancias, se convierten en habituales, llegando a ser imprescindibles para caracterizar el paisanaje peculiar de nuestra ciudad, particularmente, si es una población grande en la que las relaciones personales escasean.

Esos otros seguirán siendo desconocidos en lo sustancial, pero, a base de cruzarnos con ellos una y otra vez, acabamos incorporando inconscientemente su realidad a la nuestra, como un trofeo, convirtiéndolos en uno más de los recursos con los que nos adueñamos del espacio que, obviamente, nos pertenece solo de pasada.

Se ha puesto de moda en las ciudades introducir estatuillas que pretenden recordar a esos tipos, que encarnan o encarnaron profesiones imprescindibles, y de los que nos importa muy poco entender su individualidad: el barrendero, la estudiante, el cartero, la lechera, el sereno…

No hay ciudad que se sustraiga a esa devoción a rellenar huecos urbanos con figurillas de personajes reales o inventados, a los que uno puede encontrar, hechos bronce y piedra, en las esquinas, (ya ocupados en un eterno paseo sereno o discusión tensa), ocupando espacios fijos (en bancos de asiento,  plazas y balaustradas), o apostadas como para hacernos zancadillas en medio de una acera.

De todas las poblaciones españolas, resulta que Oviedo, según algunos que han hecho el cómputo per cápita de las estatuas diseminadas por sus suelos, es la campeona de la categoría, como si hubiera una obsesión frenética en convertirla en una peculiar Pompeya. Esa ciudad, recoleta por excelencia en las Españas, saloncito urbano del cosmos ibérico, ha consolidado, con ello, su naturaleza provinciana cum laude, pudiendo ser considerada  ejemplar superlativo en la devoción monumental a poner en un material poco perecedero a personajes de realidad o ficción que tienen o tuvieron o pudieron tener algo que ver con su paisaje urbano, aunque lo fueran traídos por los pelos.

Una notable colección inmovilizada de mitos propios y ajenas, héroes literarios, tipos inventados por otros o creación de sí mismos, incluso trozos de vísceras, culos y torsos, puebla Oviedo, disputando el espacio con los vivos. Hay estatuillas dedicadas a la Regenta, a las verduleras, a la estudiante absorta, a la cantante lírica, al viajero, a la lechera, a la madre amamante…a Rufo (un perro), compartiendo fama visual con otras representando a Woody Allen, a Manolo Avello, a la Torera, a Paulino Vicente, a Sabino Fernández Campo, al cabo Nobal, a Manolín el Gitano o a Carlos Tartiere -no quiero ser exhaustivo, por supuesto-.

Pues bien: después de este largo prolegómeno, que puede que no tenga nada que ver con lo que voy a contar, pero me apeteció escribir, paso a enumerar mi particular colección de tipos de la calle, con los que me encuentro prácticamente a diario, y de los que, cumpliendo con la tradición que he expuesto, no conozco más que un destello de su existencia, cruzándose con la mía.

De entre todos cuantos piden limosna en el metro urbano, y cuyo número crece casi exponencialmente, me detengo en primer lugar, en el tipo que, después de comprobar que los guardas de seguridad no están al acecho, atraviesa con medida velocidad los vagones, esgrimiendo un par de paquetes de toallitas de papel en su mano izquierda.

Con voz tonante pero no estridente, nos anuncia, bajo un acento con mínimo deje extranjero, que ha sufrido varias operaciones de corazón y que el carné que sostiene en su derecha justifica su incapacidad para trabajar. En un discurso breve, pero efectivo, nos convence de que carece de pensión alguna, a pesar de tener dos hijos a los que alimentar, y, con preciso énfasis, repite el mantra que le da para vivir: «Esto que cuento no es un engaño ni una mentira. En mi mano tengo una tarjeta con mi nombre. Con mi nombre. Dos toallitas, cincuenta céntimos».

Puedo imaginarme que, a lo largo del mes, un día tras otro, habrá repetido miles de veces la misma retahíla. Su eficacia, por lo que tengo comprobado, es muy superior a la de los músicos estridentes que destrozan clavelitos, a los mozalbetes que, sin decir palabra, dejan en los regazos distraídos un papel con faltas de ortografía contando su desventura, o a la polifacética ucrania que canta y baila mientras un altavoz a pilas difunde un fondo folclórico de su país de origen.

(continuará)

 

 

 

 

Publicado en: Actualidad

Guardianes antisistema de la legalidad constitucional

25 septiembre, 2015 By amarias 4 comentarios

La mayor virtud de la democracia sirve de asiento a una gran debilidad: la tolerancia con los que se empeñan en destruirla, que crece entre sus resquicios, como un muérdago o una hiedra molestas, y que, si no se está  continuamente vigilando, la deteriora y hasta envilece, haciéndola parecer fantoche sin futuro.

Vaya por delante una obviedad, algo axiomático: Los sistemas democráticos construyen un armazón basado en el estado de derecho, en la legitimidad de las instituciones, en el respecto a la ley y a los pactos.

Sin embargo, esa concepción formal, con resonancias idílicas, puede manifestarse en la práctica, entremezclado con vulnerabilidades severas. Un grupo importante de debilidades se configura en torno a  las dificultades para detectar y, desde luego, para sancionar, a todos los ilegales, a quienes no cumplen con las normas que la sociedad se ha impuesto para garantizar una convivencia sin tensiones.

Esta fisura del estado de derecho, resultado de la limitación de medios, aunque también de voluntades, favorece, obviamente, la aparición de quienes se dedican a aprovecharse, en su propio beneficio y en el de sus secuaces, de la generación de plusvalías económicas y sociales de toda la colectividad.

Incluso, los individuos más aviesos, procurarán auparse a los puestos de control y de mayor relevancia de las administraciones públicas y de los centros de decisión importantes, para, desde ellos, obtener ventajas sustanciales, enmascarando sus actuaciones en una apariencia de legitimidad, tapando sus mentiras con mensajes de intachable deontología, poniendo, en fin, sus huevos en una cesta (la propia) y cantando en otras ramas, para distraer.

La sociedad española parece haber descontado -utilizando terminología bursátil- el efecto del conocimiento público repentino sobre múltiples casos de corrupción -identificada típicamente como haber sustraído dinero de las arcas públicas para fines particulares, desviando porcentajes menores, poco significativos en relación con el montante total, y, por lo tanto, difíciles de detectar si se considera el perjuicio a la obra o servicio de referencia-.

Quizá lo había ya descontado desde un principio, en la consciencia no confesada de que la corrupción es consustancial a la inmensa mayoría de los comportamientos humanos, y alcanza diferentes niveles solo en relación con el poder de actuación de quien está contaminado por esa ambición de retirar para sí elementos que tienen por dueño la colectividad, que es guardiana débil.

En este momento, el consenso mayoritario de quienes se mueven en el ámbito de los intereses por administrar la res publica, se ha ubicado en un «hacer borrón y cuenta nueva» de ese pasado inmediato y dejar que «la Justicia siga su curso»,  río de aguas lentas que conduce, con frecuencia, al archivo por prescripción o a la sanción ejemplar a los menos poderosos (más débiles) de entre los implicados, dejando libre el resto más robusto.

Pero no es esta cuestión la que me apetece tratar, justamente en este momento, en que están a punto de celebrarse las elecciones autonómicas en la región catalana, y cuando una coalición defiende, con posibilidades de obtener la mayoría en el Parlamento autonómico, la opción independentista.

Lo preocupante de este estado de derecho es que, capitaneados por el presidente de una Autonomía, responsable, por tanto, de garantizar el cumplimiento de la legalidad, como parte de una de las instituciones fundamentales del Estado, incumpliendo flagrantemente sus obligaciones y su compromiso de lealtad, se esté apoyando la ruptura frontal con la Constitución vigente, que es nuestra Ley fundamental, «nuestra Norma Suprema» consensuada como garante de la convivencia, como se nos ha repetido cien veces a los que estudiamos derecho y a los que creemos en él.

Me parece que esta violación de confianza en la democracia, representa un ejemplo sublime -por su carácter máximo- de la debilidad del sistema con los insumisos, tanto más inaceptable, cuanto más alto es el incumplidor de la Ley. Porque estoy dispuesto a ser más tolerante con aquellos, que estando bajos en la escala social, actúan al margen de la misma, desconociéndola, ya sea por ignorancia, necesidad, e incluso, su desprecio.

Si Vd., lector, autónomo, pequeño empresario, pensionista o trabajador por cuenta ajena, deja de pagar sus impuestos una sola vez, seguro que no tiene la menor duda de que su pecado será detectado y sancionado, aplicando sobre su cabeza el imperio eficientísimo de la Ley para seguir su rastro. Hasta en las menores cosas, percibirá la atención sobre sí: si su vehículo aparcado en zona azul supera la estancia por la que ha pagado el tique correspondiente, un eficaz e inflexible operario le habrá colocado en el parabrisas un volante con la multa…

Si hace bien las cuentas de lo que ha pagado y obtenido del Estado, es altamente probable que le apetezca declararse insumiso o independiente, al tomar consciencia de que es bastante más lo que ha aportado que lo que recibió y recibirá. No lo hará, por supuesto, porque es consciente de que es Vd. un afortunado, y su solidaridad con los más humildes y necesitados no le permite cuestionar el sistema, aunque pueda entender que le trata injustamente.

Estamos viviendo en estos momentos la situación, insólita pero ya real, de que un Presidente del gobierno de la Generalitat de Catalunya, con un grupo de insumisos, y empleando argumentos manifiestamente ilegales, promueve la manifestación de una secesión a los ciudadanos de su autonomía. Lo de menos es la falta de veracidad de sus argumentos -que, desde luego, no comparto en absoluto: «España nos roba», «Desde la independencia, los catalanes viviremos mejor» «Como no se nos puede privar de la identidad española, seguiremos siendo miembros de la Unión Europea, pero como catalanes», etc.-

Lo de más, es que esa posición rebelión, está tipificada en el Código Penal (art. 472 del C.P., apartado 5º cuando se realiza con la intención consciente de «declarar la independencia de una parte del territorio nacional»), supone una vulneración de la lealtad constitucional y, desde luego, implica una descomunal falta deontológica.

Y, allá en el fondo de los argumentos separatistas, de esas gentes de orígenes tan variados -andaluces, marroquíes, catalanes, leoneses, gallegos, etc.,- que se esfuerzan en poner de manifiesto sus coincidencias catalanistas, no importa si son dos millones o dos docenas, lo que veo es un ejercicio de insolidaridad, una manifestación pura y simple de egoísmo. No tengo información suficiente para hacer el cálculo correcto de si será o no beneficioso para los que vivan y trabajen en Cataluña actuar como estado independiente, y admito que pueda ser más ventajoso. Pero esa pretensión de sus conductores de romper, conscientemente, las reglas pactadas, no puede ser irresponsable y exige la aplicación de la legalidad.

Gane o pierda en las elecciones por el Parlamento catalán el 27 de septiembre de 2015 la opción de Junts pel sí, y tengan o no mayoría de votos o de escaños. ¿Van a quedar sin sanción por más tiempo los guardianes antisistema de la legalidad, a cuya protección y defensa están obligados, adicionalmente, por promesa o juramento personal?

Se ha dejado crecer por demasiado tiempo el árbol torcido, aunque sigue siendo cierto que el terreno en el que está asentado no le está destinado y, por tanto, en vez de cambiar el resto del bosquete para acomodarlo a sus apetencias exageradas de sol y sustancia, no hay más remedio, leñadores, que cortarlo.

Publicado en: Actualidad

La vulnerabilidad de Europa

23 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

El recoleto Paraninfo del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) tenía algo más de media entrada, circunstancia que no se correspondía, en absoluto, ni con la calidad de los conferenciantes previstos, ni con el tema de debate: «Presente y futuro de la Política Común de Seguridad y Defensa». El acto tuvo lugar en Madrid, el 22 de septiembre de 2015.

La intervención estrella fue, sin duda, la de Javier Solana, que, en un tono distendido, pero con plena solidez argumental, desgranó su visión respecto al asunto que nos traía allí.

Para el ex-Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) existen tres líneas de «potencial fractura o división» en el panorama geopolítico: a) la frontera norte-sur, de naturaleza económica -con la que creí entender se refería, tanto a la divergencia de planteamientos entre la Europa rica y el arco mediterráneo, pero, también, a la presión desde los países del norte de África por acercarse a la idea de bienestar europeo; b) la nueva frontera este-oeste, de importancia sustancial para los países del llamado grupo Visegard (la vieja unión V4, que tiene sus hondas raíces ni más ni menos que en 1335, entre Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia), siempre pendientes de la problemática rusa; c) la relación con Estados Unidos, que ha pasado a ser menos fluida.

Javier Solana expuso, en relación con la problemática migratoria y el tratamiento que están dando a los grupos de exiliados forzosos en algunos países, puesto de actualidad dramática por la cuestión siria, que no se debe olvidar que Polonia y Hungría carecen de experiencia en la asimilación de emigrantes. Ve déficits, también, respecto a la asimilación de lo que significan los acuerdos Schengen, que calificó de esenciales para la reconstrucción europea. «Hungría no cumple los criterios de Copenhague, y, si se estuviera decidiendo hoy su entrada en la UE, no sería aceptada» -matizó.

«Quienes nos llegan como refugiados tienen su origen en un conflicto armado en su país, y la UE no ha hecho nada para evitarlo. El problema es diferente al que España tuvo con quienes llegaban en pateras, porque había contactos previos con Marruecos y otros Estados, y se podía pactar con ellos. En la situación siria, no existe Estado con el que pactar». Por ello, concluía -en una expresión que volvería a utilizar en la conferencia- «El tema de los refugiados está aquí para quedarse».

Para solucionar el conflicto («esta guerra hay que pararla»), hay que tratar con Rusia, que «nos ha ganado la partida a los europeos». El formato que propone es el mismo que se siguió con Irán, que implica un acuerdo con contraprestaciones; en este caso, analizar con Rusia el tratamiento a la frontera este. Ve como positivo para avanzar en esta dirección, la referencia al acuerdo de alto al fuego en Minsk (febrero de 2015), que se está cumpliendo., razona

Respecto al futuro de Al-Ashad, el razonamiento de Solana, tal como quedó expuesto, tiene varios elementos: ante todo, es imprescindible evitar un vacío de poder total en Siria: la experiencia de Irak ha de servir para evitar esta situación, por lo que habría que contar con algunas de las fuerzas alauitas que estuvieron en el bando de Al-Ashad y, si se llega a un acuerdo, ofrecer la garantía de algún tipo de presencia militar sobre el terreno.

La urgencia de empezar a trabajar (políticamente) por la seguridad de Europa fue puesta de manifiesto en varias ocasiones por el conferenciante («el momento es ahora»), si bien no se mostró partidario de modificar los Tratados vigentes: «El artículo 44 regula que el Consejo puede llamar a una coalición de Estados miembros, y se debe tomar en consideración el concepto de «cooperación estructurada» -quien puede, tiene que querer- en distinción al de «cooperación reforzada». En definitiva, apoyó que, al igual que se han trazado objetivos para una unión monetaria, energética, agraria, etc., se debe ir hacia una «unión de defensa», lo que exigirá cambios en el comportamiento, revisión de capacidades, y mejora de gestión de éstas.

Javier Solana recordó que los 28 países sostienen ejércitos individuales que, en conjunto, cuestan a sus erarios unos 200.000 millones de euros, con un beneficio real difícil de evaluar: es imprescindible «gastar mejor», y la solución está en gastar mejor ese presupuesto. «La Alianza Atlántica solicita aumentar el gasto en defensa en un 2%, incremento al que no se va a llegar…pero se alcanzaría mayor rentabilidad con un menor incremento, si se actuara unidos».

Las dificultades de llegar a un acuerdo en el corto plazo, también fueron puestas de manifiesto por Solana, que recordó que en 2015 habrá elecciones generales en Portugal, Dinamarca y España; en 2016, tendrá lugar el «capital referéndum» británica, y elecciones en Francia, Alemania, Países Bajos, Irlanda y Eslovaquia.

Tal vez para tratar de abrir el coloquio con un mensaje positivo, el comerciante recordó «la carta de los cinco Presidentes de la Unión», (1) divulgada el 22 de junio de 2015, en la que presentaron un plan para profundizar en la Unión Económica y Monetaria (UEM), que debería completarse en 2025.

Abierto el coloquio, Javier Solana respondió con agilidad a preguntas sobre Libia («Libia tiene petróleo, y si hubiera estado, podría sobrevivir con sus recursos; en Tobruk existe un gobierno alternativo dominado por Egipto»), Turquía («en noviembre habrá elecciones, y se abre una indeterminación sobre la posición del gobierno, ya que existe solapada intención de reducir el número de refugiados, y se pretenderá rentabilizar que desde la base fronteriza con Siria se pueda bombardear al Daesh»), China («empieza a tener interés por la estabilidad fuera de su geografía. Para solucionar la problemática de toda la zona, habría que sentar a la mesa, además de a Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea, a China, Irán, Arabia Saudí y Turquía»)

La Jornada proseguiría con intervenciones igualmente interesantes. La mesa redonda, dirigida por el ex-Ministro de Defensa. Julián García Vargas, aportó nuevos elementos para entender aspectos del tema, que he recogido, con mi voluntad de aprendiz permanente, en mi cuaderno. Pero no voy a transcribirlas aquí y ahora, pues me reclaman otros temas.

La vida sigue, los elementos que captan mi atención son siempre demasiado ambiciosos para mis capacidades y el tiempo de que dispongo. Que me disculpen los demás conferenciantes. Y el lector amigo que hubiera tenido curiosidad por conocer más detalles.

———–

(1) El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; el presidente de la Cumbre del Euro, Donald Tusk; el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem; el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz.

Publicado en: Actualidad, Política

Hacia un mundo virtual

21 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Reconozcamos que nos ha tocado vivir en una época apasionante. Misteriosas mutaciones en el cerebro de algunos individuos de nuestra especie han provocado avances espectaculares en la utilización ventajosa de la materia cercana. Y lo que es más interesante, desde el punto de vista de la perversión sociológica: aunque la inmensa mayoría de los restantes miembros de esa heterogénea colectividad no tenemos la menor idea de cómo funcionan los apetecibles mecanismos que se nos ofrecen a cambio de nuestra actividad, nos afanamos por conseguirlos ,porque en su posesión se nos ha hecho creer que reside la felicidad.

Podemos añadir, si fuera necesario, más ingredientes a este cóctel cuya naturaleza explosiva no debiera pasar desapercibida, por débil que sea la combinación neuronal con la que se analice. Las claves para controlar las tecnologías más avanzadas con plena eficacia se concentran, con velocidad exponencial, en menos manos, más distantes y oscuras. Los centros de investigación independientes, realmente cualificados para conectar con las fronteras de la ciencia y obtener resultados positivos para todos con su trabajo, son ridículamente escasos y limitados -en medios, es decir, personal y dineros- en relación con los centros de entidades opacas, y no digamos con las líneas abiertas de posibles campos de análisis…aunque, en el desorden provocado por una meritocracia fantasiosa, cada vez se cuenta con mayor número de titulados y sabios oficiales, que ignoran hasta cómo cambiar una bombilla de la lámpara del comedor.

Pero la cuestión de la tecnología es relativamente menor. La sobrepoblación en ciertas regiones está provocando hambrunas, muertes por inanición, insalubridad o falta de medios, que, como no son corregidas, se traducen en millones de muertos de esa especie que consideramos brillante y destinada a dominar la Tierra, por hipotético mandato de los que nos ven, nos imaginamos, desde fuera de nuestro periplo hacia su sabiduría. Hay desplazamientos masivos -cientos de miles, millones- de quienes no tienen sitio para vivir donde antes lo hacían y buscan un lugar en donde creen que se les dispensará trabajo y, por tanto, cobijo y comida. Ni los que vienen ni los que reciben tienen claro qué va a pasar.

Uno de los representantes de la más cualificada de las divinidades acaba de expresar que nos encontramos en una tercera guerra mundial a trozos. No lo hace en el lenguaje a que nos había acostumbrado el Espíritu Santo: este lenguaje del papa Francisco es muy cercano, y quema las entrañas del alma.

No tengamos duda de que esta confrontación -que no es del hombre contra la naturaleza, ni causada por invasión de creaturas cósmicas, ni de microscópicos entes que se hubieran obstinado en colarse en nuestros organismos para destruirnos- será la última de las que han enfrentado al ser humano contra el ser humano. Hay tantas opciones de discrepancia entre colectivos de nuestra especie, capaces de generar un conflicto, que no merece la pena enumerarlas. En su base, está la incapacidad para entenderse, para cooperar, para compartir, para dejar de lado el egoísmo que empaña, surgiendo como un magma desde el fondo de nuestras mezquinas idiosincrasias, casi todas las actuaciones, tanto de individuos como de colectivos (grandes y pequeños, próximos como alejados, occidentales como orientales, instruidos como lerdos…).

Precisamente por mi apreciación del gran desnivel, y creciente, entre lo que la colectividad sabe y lo que utiliza alegremente, alarmado por el papel preponderante que vamos concediendo a las máquinas que almacenan creciente información y con las que aumentamos nuestra dependencia, aventuro una posibilidad de que todo se nos vaya al garete: un día nos levantaremos, creyendo que todo será como ha venido siendo, y encontraremos que a la máquina de la que dependemos se le ha borrado la información que nos era sustancial, …para saber quienes somos, qué tenemos hacer, qué nos es imprescindible conocer para vivir y ser .

(Tengo mi android entre granos de arroz desde hace días; se me cayó del bolsillo trasero del pantalón al wáter. No funciona. Tenía en él los teléfonos de mis contactos, información de últimos correos, varios documentos imprescindibles…Ruego se disculpe si parezco derrotista. Cada poco, me acerco al recipiente donde yace mi aparatito imprescindible, introduzco la tarjeta sim y recibo, a cambio, junto con un dibujo de una especie de robot y unas palabras en chino, esta frase en inglés: «Sim card not available». Estoy asustado; no por mi información, que recuperaré por otros medios, sino porque este sea el mensaje que algún día reciban los que tienen el control de lo que nos puede pasar.)

 

Publicado en: Actualidad

Espíritu grupal, objetivos y liderazgos

14 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

????????????????????????????????????

Tinta china y acuarela: «Expedición de buscadores de nada» (oct 1987, @angelarias)

La idea no es nueva, y no es el único dibujo con el que la expresé. Un grupo heterogéneo de gentes, con banderas, símbolos y bagajes, avanzando por un terreno desértico. No falta un vigía que parece señalar, como renovado Rodrigo de Triana, un destino invisible; hay musicantes, danzarines, avasallados por la turba, amantes, niños…Alguien mira hacia atrás, tal vez incluso añorando el desperdicio que se abandona.

En estas mismas páginas, en la serie «Cuadros comentados», glosé el significado de otro dibujo satírico, trasunto en aquel caso del famoso de Lecroix «La libertad guiando al pueblo», al que no puedo sino remitir al lector curioso.

Me han preocupado siempre los liderazgos sin razones, los seguidores sin crítica, los objetivos sin futuro, los argumentos sin matices. A lo largo de mi vida, he tenido múltiples ocasiones de observar el comportamiento de líderes y guías y, cómo no, de analizar los de sus seguidores, ya sean subordinados, colaboradores, fieles, devotos, y hasta esbirros. De una manifestación grupal, me interesa estudiar el resultado pretendido: para el que promueve el objetivo, para los que lo apoyan convencidos, para quienes esperan conseguir, a cambio de su apoyo, prebendas y dádivas.

Es muy difícil conseguir seguidores; no digamos ya, adeptos. Quienes escribimos, por ejemplo, en un blog, -sin padrinos, desde la independencia de partidos, grupos o sectas, sin nada que ofrecer a cambio más que el eventual producto de nuestro reflexión cultivado en el terreno ignoto del parecer peculiar de cada lector-, sabemos cuánto cuesta que te lean, qué riesgo supone que te malinterpreten los que te lean, que milagro se tiene que producir para que los que te hubieran leído, y te hayan interpretado sin sesgos, intervengan. Qué pocas opciones hay de que los otros se manifiesten contigo, aunque sean en tu contra, en desacuerdos fundados.

Por eso, cuando veo a varios cientos de miles, parece incluso que millones, siguiendo un objetivo que no alcanzo a comprender, en pos de uno o varios líderes que no comprendo lo que dicen (igual me da que se expresen en español que en inglés o en su prístina lengua vernácula), vuelvo la vista a este cuadro que cuelga de una de las paredes de mi casa, y me pregunto: «¿quo vadis?». Porque, estas huestes a las que me refiero hoy, no huyen de nada ni de nadie, -no las persiguen por sus creencias, no hay guerra en sus predios, no les amenazan de muerte por existir a su manera-.

A esas gentes, no les caracteriza ni su lengua, ni su pasado histórico común, ni la mayor eficacia presunta de sus capacidades y estructuras propias. Si tal creyeran, estarían ahondando únicamente en sus limitaciones: porque hablar un idioma particular, anclarse en la Historia pasada, pretender que se tienen inteligencias superiores, no son más que argumentos de los que no se puede comer ni con ellos disfrutar de una vida mejor.

Así que a esas gentes las guía solamente la promesa de que alguien -atribuyéndose una credibilidad mesiánica, una portavocía sideral-  les ha dicho que tendrán una existencia más feliz si se separan del grupo en el que, juntos, íbamos. Les han hecho incluso creer, trileros del lenguaje y del pasado común, que les hemos estado quitando algo que era suyo.

Dejemos a los aguirres con su cólera de dioses ultrajados, y a los que le siguen, con firmeza, cariño o despecho, según cuadre, vayámosles quitando sin tapujos las vendas que tapan sus ojos, para que, pudiendo mirar en rededor sin anteojeras, abandonen esa expedición de buscadores de nada. Persuadidos de lo que nos es a todos útil, únanse a nosotros, a todos nosotros. Les estaremos esperando allí donde se dejaron seducir por adormecedores cantos de faunos, trasgos,  mendaces sabihondos y mórbidos sirenos.

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad Etiquetado como: Arias, buscadores, Catalunya, españa, grupos, líderes, nada, sectas, separatismo, Spain

¡Migrantes del mundo, uníos!

11 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

La búsqueda de la precisión semántica para distanciarnos, al menos desde el lenguaje, con lo que nos incomoda, ha puesto en circulación el término migrante, para designar a los grupos de desplazados que vagan por tierras ajenas buscando el acomodo que se les niega en las propias.

Migrantes son, hoy, los millares de sirios, kurdos, hutus,  chechenos, serbios, macedonios, keniatas, que huyen de las guerras civiles (masacres, exterminios, venganzas tribales) que provocan continuamente quienes se fuman puros de intereses torcidos mezclados con ignorancias culpables junto a los nichos  de pólvora de los desentendimientos colectivos.

Cada vez hay más migrantes. Para los amigos de la ornitología, las aves migratorias, o migrantes, viajan entre dos lugares de acogida, en los que se asientan según la época del año, para aprovechar de cada uno las condiciones más favorables, que les permitan superar los inviernos y criar sus proles. Los migrantes humanos viajan sin rumbo, y, si lo tienen, apuntan a lugares que alguien les contó (la información es ahora global, los recursos tienen dueño) que eran más ricos.

Es un éxodo sin Moisés, en el que nadie ha prometido la tierra que se busca para asentar en ella los exigüos petates. Para vergüenza de todos, estas caminatas de desplazados a la fuerza, en nuestra sociedad en la que la información trivial es fundamental, están bien documentadas.

Hay decenas de periodistas que acompañan, con sus cámaras y sus libretas en ristre, a esas huestes inocentes de su existencia desgraciada, que se agolpan en cada frontera que encuentran, que reciben golpes y amenazas de los guardianes de todos los órdenes, que siguen ciegamente, mientras no encuentran obstáculos, los rieles y los caminos que apuntan a algún sol que tal vez les acoja.

Estamos siendo testigos, al menos los europeos de toda la vida -no me resisto al sarcasmo- de una escalada en esas corrientes migratorias que buscan nuestro bienestar como acomodo. Hubo un tiempo en que necesitamos mano de obra barata (aún la queremos cuando repunta algo la economía), y así se han tolerado turcos que hoy son casi alemanes, ecuatorianos que son casi españoles, argelinos que son casi franceses, paquistaníes que se creen ingleses, etc.

Después, nos hemos echado las manos a la cabeza y elevado poco a poco las alambradas con cuchillas para ponérselo muy difícil a las avanzadillas de atletas subsaharianos que tienen una capacidad de supervivencia propia de hércules y que solo parecen necesitar un lugar en la oscuridad de nuestra economía sumergida.

Y ahora, los líderes de nuestro mundo, reunidos en cónclave permanente, se reparten los despojos de esta última corriente migratoria, formada por un par de cientos de miles de seres humanos que huyen de su país, Siria, en un intento desesperado de salvar sus vidas. Han perdido todo lo demás.

Si no somos capaces de entender que todos somos, o seremos, migrantes, si no nos sentimos representados en cuantos huyen, escapan, se van de los lugares donde la naturaleza les puso a vivir, nos convertiremos, aunque nos pese, en cómplices de lo que pasa.

Porque tenemos que estar, sin paliativos, sin que quepan disculpas ni miradas de soslayo, del lado de los que no pueden consentir que esté pasando lo que pasa. No hay otro sitio decente.

Por eso, mientras me quedo atónito contemplando a una señora con una cámara en mano que va poniendo zancadillas y dando empujones a los migrantes sirios («para documentar mejor la noticia»?) que han soportado caídas de cascotes de sus casas, ametrallamiento de familiares y amigos, porrazos de policías de frontera, inclemencias climatológicas, marchas de cientos de kilómetros por caminos que no conducen a ninguna indulgencia plenaria ni se hacen por placer,…me sale del alma un grito de guerra santa: ¡Migrantes del mundo, uníos!

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: acogida, chechenos, cómplices, Europa, hutus, keniatas, kurdos, migrante, reparto, sensibilidad, Siria

Preparando Octubre de 2015

10 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Tengo abierto sobre la mesa, por las páginas 1158 y 1159, el libro «La segunda República española,  una crónica» (Ed. Destino, 2006), con la recopilación de artículos escritos por Josep Pla en el período 1931-1936, traducidos al español.

Las páginas corresponden a la crónica publicada en «La Veu de Catalunya» el 10 de octubre de 1934, bajo el título «El momento actual». Más de ochenta años después de los sucesos que sacudieron el árbol frágil de la República desde dos áreas del país -Asturias y Cataluña-, por diferenciables propósitos y móviles, el lector de Pla tiene una perspectiva formidable para valorar lo que estaba pasando, – y lo que aconteció luego-.

Pla escribe desde sus propias convicciones ideológicas y con la limitación de su parcial acceso a la información sobre lo que estaba sucediendo en esos precisos momentos.

Nuestra posición es, desde luego, diferente. Es muy posible que, como fue mi caso, quien avance en la lectura de las crónicas del gran periodista, se haya acercado a esa recopilación con el bagaje de sus propias conclusiones o se entienda alineado con las extraídas por alguno de los eficientes analistas de hechos históricos que encontraron en esa época un campo abonado para estudiar algunos de los porqués de la incapacidad de los españoles para entendernos sin llegar a las manos.

Pero la lectura de la descripción, casi en tiempo real, de lo que estaba sucediendo en España, tiene un efecto provocador, y, cuando se compara aquella situación con lo que estamos viviendo hoy, con la que, en mi opinión, no faltan similitudes, se suscitan imágenes con tintes sombríos respecto a lo que puede venir y, por tanto, aún evitarse.

Repasar el pulso de esas fechas guiado por la dicción del  «prosista más relevante de la literatura catalana» -que es como se le denomina en una de las guardas del grueso volumen- me ha puesto de manifiesto algo que supone más que una intuición, porque ha sido sellado con la realidad dramática. Entre Asturias y Cataluña, dos regiones españolas de esencial personalidad, jalonada por su historia y el sentimiento de complicidad intuitivo entre sus habitantes, el núcleo mayoritario de esa identidad corporativa se alinea con dos presupuestos ideológicos muy diferentes: lo que bulle en Asturias es un sentimiento solidario hacia lo universal; lo que moviliza el catalanismo descansa en la defensa de los intereses propios.

No quiero pontificar y rehúyo la polémica. Pero han sido tenazmente distintos los móviles sociales, económicos, políticos y hasta sentimentales que han servido de acicate para conducir su responsabilidad histórica, en momentos significados, por parte de los colectivos que asumieron el protagonismo en esas regiones. En octubre de 1934 tuvieron lugar dos movimientos simultáneos, pero que tenían poco que ver.

Los mineros que se levantaron contra la República en Asturias, estaban guiados por las ilusorias expectativas de los líderes de la UGT y la CNT de tumbar una República que entendían de derechas e implantar una República de trabajadores, bajo el ideario marxista. Lucharon bajo esa convicción, vivieron durante unos días con la emoción de la victoria, y -permítaseme esta licencia- no se rindieron, aunque los promotores de aquella revolución pactaron la entrega de las armas cuando comprendieron la desproporción de sus fuerzas y las del Ejército que se envió para sofocarlos. Porque no se rindieron, en julio de 1936 volverían a movilizarse para luchar por sus convicciones.

En Cataluña, la insurrección del 34había sido capitaneada por el propio gobierno de La Generalitat, y el mismo Companys proclamó, el 6 de octubre a las ocho de la tarde, el estado Catalán de la República Federal Española. El objetivo era exclusivamente político, provocado por la falta de entendimiento entre el gobierno central y el de Cataluña, en el que el riesgo de Companys era que «su postura comporta querer ligar sus propios errores a los intereses generales» (crónica del 28 de febrero de 1934) .

Había también algunos antecedentes de agravios inmediatos: el Tribunal de Garantías, en junio de 1934, declaró anticonstitucional la ley catalana de Contratos de Cultivo, aprobada por el parlamento catalán. A finales de mayo, Cambó, líder de Lliga Catalana, conmovía a la Cámara de diputados defendiendo los regímenes de libertad frente al presunto despilfarro de una Dictadura bajo la influencia de los socialistas.

Escribe Plá: «Los hombres de Esquerra, que gobernaban en la Generalitat de Cataluña, a pesar de la magnífica posición de privilegio de que disfrutaban dentro del régimen, privilegio que no había conocido ningún partido político catalán, han creído que tenían que ligar su suerte a la política de los hombres más destructivos, más impopulares y más odiados de la política general. Se han equivocado y lo han pagado caro».

Es bien sabido que la inmediata reacción del general Batet, negándose a acatar las órdenes de Companys y sacando las tropas a la calle, reduciendo sin problemas a los escamots del Estat Catalá, terminó al alba del día 7 de octubre con el intento secesionista y la prisión de Companys y su gobierno.

En su crónica del 20 de junio anterior, había escrito Plá (pág. 1098): «En el estado actual de las cosas, dejo a la consideración del lector la valoración de la gravedad inmensa que podría significar un reavivamiento del anticatalanismo en este país».

En septiembre de 2015, cuando escribo estas líneas, el gobierno legítimo de Cataluña está embarcando a la región en una aventura anticonstitucional, con la pretensión de obtener una mayoría secesionista en un referéndum, que podrá ser legal en su convocatoria, pero que plantea solidarizarse con una ilegalidad y, sea cual sea su resultado, cava más hondo en el infame pretexto de la separación entre las Españas, tan acomodaticio y, por tanto, utilizado con ligereza por variados intereses particulares.

Tengo pocas dudas de cómo habrá de terminar este movimiento de carácter secesionista y jurídicamente suicida; no se hará, sin embargo, sin que se haya provocado algún dolor y ciertas lágrimas.

Miro hacia Asturias, y la veo, hoy, tranquila y, a pesar de la crisis, confiada en que se saldrá adelante con el apoyo de todos. Ya no es una región minera, ni existen impulsos protagonistas que alimenten brotes revolucionarios ni mucho menos, secesionistas. Y cierro el libro de Pla y me dispongo a escribir la crónica de esta otra historia que nos corresponde vivir en directo.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Asturias, Cataluña, Companys, Pla, referéndum, separación

¿A dónde váis, lloviendo y de alpargatas?

27 agosto, 2015 By amarias 1 comentario

Este verano se fue para siempre -a ese no lugar en donde ubicamos a los muertos- mi tía Inés . Era mi tía más joven y, como en la familia somos formalmente bastante ordenados, fue la última en decir adiós, por lo que, de mis hermanos y primos carnales, el siguiente en la lista soy yo.

No tengo especial emoción por las consecuencias previsibles que corresponderían a ocupar un lugar de tan hipotético privilegio, pero tampoco me preocupa en absoluto ser el que ocupa el primer lugar de los destinados a pasar al más allá, o sea, a desaparecer para siempre. Al fin y al cabo, es el destino de todo ser vivo, aunque nos lo adornen con promesas de vida eterna, transmitidas por enviados nada creíbles de los imaginarios designios de un -no lo niego- deseable poder superior pero claramente poco conspicuo de interesarse específicamente por nosotros.

La interrogación con la que titulo este comentario veraniego la tomo de un escrito procesal de uno de mis tíos más exóticos, el abogado Mario Fernández Carrio, fallecido hace dos años, también en verano.

Ante la pretendida erudición con la que un colega adornaba de latinajos su alegato jurídico, escribía, en primer lugar, que había consultado la traducción de los mismos con un viejo sacerdote, quien, después de mucho cavilar, había concluido que bastantes de ellos eran intraducibles, o estaban mal construidos o no tenían el significado que se pretendía para ellos.

Así que mi tío, rechazando los argumentos de contrario con el descrédito, que es la forma más segura (y cruel) de avanzar en una defensa, recordaba que, en el pueblo, un día que llovía mucho, una paisana del lugar (tal vez la misma que contestaba, a quien se interesaba por cómo se encontraba, con la frase feliz de «Ay, fíu, menos la regla tengo de todo») le increpaba a un guaje que, despreciando las madreñas, se aventuraba por la caleya camino del bar:

«¿A dónde vas, rapaz, lloviendo como tá y de alpargates?».

Pues eso. Leyendo y escuchando muchas opiniones de las que, no solo nuestros políticos, sino muchos de los que creen saber por dónde van, me pregunto qué hacen de alpargatas por los charcos.

—-

P.S.
Mi tía Inés era la viuda de mi padrino de abogacía, Justo de Diego Martínez, fallecido hace poco más de cuatro años. Era una adolescente cuando yo nací, y me paseó muchas veces, en el carrito aparatoso en el que se lucía por entonces a los niños bien, por el Bombé y otros lugares del campo de San Francisco, y de Oviedo.  Descansa en paz.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alpargatas, Arias, De Diego, lloviendo, políticos

  • « Página anterior
  • 1
  • …
  • 64
  • 65
  • 66
  • 67
  • 68
  • …
  • 81
  • Página siguiente »

Entradas recientes

  • Homilía y lecturas del funeral de Angel Arias – Viernes 14 abril
  • Cuentos para Preadolescentes (12)
  • Cuentos para preadolescentes (11)
  • Cuentos para preadolescentes (10)
  • Cuentos para Preadolescentes (9)
  • Cuentos para preadolescentes (7 y 8)
  • Por unos cuidados más justos
  • Quincuagésima Segunda (y última) Crónica desde Gaigé
  • Quincuagésima primera Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para Preadolescentes (6)
  • Cuentos para preadolescentes (5)
  • Cuentos para preadolescentes (4)
  • Cuentos para Preadolescentes (3)
  • Quincuagésima Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para preadolescentes (2)

Categorías

  • Actualidad
  • Administraciones públcias
  • Administraciones públicas
  • Ambiente
  • Arte
  • Asturias
  • Aves
  • Cáncer
  • Cartas filípicas
  • Cataluña
  • China
  • Cuentos y otras creaciones literarias
  • Cultura
  • Defensa
  • Deporte
  • Derecho
  • Dibujos y pinturas
  • Diccionario desvergonzado
  • Economía
  • Educación
  • Ejército
  • Empleo
  • Empresa
  • Energía
  • España
  • Europa
  • Filosofía
  • Fisica
  • Geología
  • Guerra en Ucrania
  • Industria
  • Ingeniería
  • Internacional
  • Investigación
  • Linkweak
  • Literatura
  • Madrid
  • Medicina
  • mineria
  • Monarquía
  • Mujer
  • País de Gaigé
  • Personal
  • Poesía
  • Política
  • Religión
  • Restauración
  • Rusia
  • Sanidad
  • Seguridad
  • Sin categoría
  • Sindicatos
  • Sociedad
  • Tecnologías
  • Transporte
  • Turismo
  • Ucrania
  • Uncategorized
  • Universidad
  • Urbanismo
  • Venezuela

Archivos

  • mayo 2023 (1)
  • marzo 2023 (1)
  • febrero 2023 (5)
  • enero 2023 (12)
  • diciembre 2022 (6)
  • noviembre 2022 (8)
  • octubre 2022 (8)
  • septiembre 2022 (6)
  • agosto 2022 (7)
  • julio 2022 (10)
  • junio 2022 (14)
  • mayo 2022 (10)
  • abril 2022 (15)
  • marzo 2022 (27)
  • febrero 2022 (15)
  • enero 2022 (7)
  • diciembre 2021 (13)
  • noviembre 2021 (12)
  • octubre 2021 (5)
  • septiembre 2021 (4)
  • agosto 2021 (6)
  • julio 2021 (7)
  • junio 2021 (6)
  • mayo 2021 (13)
  • abril 2021 (8)
  • marzo 2021 (11)
  • febrero 2021 (6)
  • enero 2021 (6)
  • diciembre 2020 (17)
  • noviembre 2020 (9)
  • octubre 2020 (5)
  • septiembre 2020 (5)
  • agosto 2020 (6)
  • julio 2020 (8)
  • junio 2020 (15)
  • mayo 2020 (26)
  • abril 2020 (35)
  • marzo 2020 (31)
  • febrero 2020 (9)
  • enero 2020 (3)
  • diciembre 2019 (11)
  • noviembre 2019 (8)
  • octubre 2019 (7)
  • septiembre 2019 (8)
  • agosto 2019 (4)
  • julio 2019 (9)
  • junio 2019 (6)
  • mayo 2019 (9)
  • abril 2019 (8)
  • marzo 2019 (11)
  • febrero 2019 (8)
  • enero 2019 (7)
  • diciembre 2018 (8)
  • noviembre 2018 (6)
  • octubre 2018 (5)
  • septiembre 2018 (2)
  • agosto 2018 (3)
  • julio 2018 (5)
  • junio 2018 (9)
  • mayo 2018 (4)
  • abril 2018 (2)
  • marzo 2018 (8)
  • febrero 2018 (5)
  • enero 2018 (10)
  • diciembre 2017 (14)
  • noviembre 2017 (4)
  • octubre 2017 (12)
  • septiembre 2017 (10)
  • agosto 2017 (5)
  • julio 2017 (7)
  • junio 2017 (8)
  • mayo 2017 (11)
  • abril 2017 (3)
  • marzo 2017 (12)
  • febrero 2017 (13)
  • enero 2017 (12)
  • diciembre 2016 (14)
  • noviembre 2016 (8)
  • octubre 2016 (11)
  • septiembre 2016 (3)
  • agosto 2016 (5)
  • julio 2016 (5)
  • junio 2016 (10)
  • mayo 2016 (7)
  • abril 2016 (13)
  • marzo 2016 (25)
  • febrero 2016 (13)
  • enero 2016 (12)
  • diciembre 2015 (15)
  • noviembre 2015 (5)
  • octubre 2015 (5)
  • septiembre 2015 (12)
  • agosto 2015 (1)
  • julio 2015 (6)
  • junio 2015 (9)
  • mayo 2015 (16)
  • abril 2015 (14)
  • marzo 2015 (16)
  • febrero 2015 (10)
  • enero 2015 (16)
  • diciembre 2014 (24)
  • noviembre 2014 (6)
  • octubre 2014 (14)
  • septiembre 2014 (15)
  • agosto 2014 (7)
  • julio 2014 (28)
  • junio 2014 (23)
  • mayo 2014 (27)
  • abril 2014 (28)
  • marzo 2014 (21)
  • febrero 2014 (20)
  • enero 2014 (22)
  • diciembre 2013 (20)
  • noviembre 2013 (24)
  • octubre 2013 (29)
  • septiembre 2013 (28)
  • agosto 2013 (3)
  • julio 2013 (36)
  • junio 2013 (35)
  • mayo 2013 (28)
  • abril 2013 (32)
  • marzo 2013 (30)
  • febrero 2013 (28)
  • enero 2013 (35)
  • diciembre 2012 (3)
julio 2026
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
« May