Al socaire

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La energía en los programas políticos de los partidos que optan a gobernar España (2)

7 diciembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Cuando la directora de la sesión dio la palabra a Manuel Lozano, asignándole una pregunta genérica, éste comenzó reconociendo la dificultad de analizar técnicamente los asuntos políticos y que ninguno de los programas le convencía plenamente: en el caso del PSOE, porque «era un copia y pega» de otros documentos anteriores; en cuanto al del PP, «porque no decía nada»; el de C’s, porque «aunque incluye propuestas como impulsar y primar la i+d sobre las subvenciones» -asunto al que se confesó «muy sensible», omite otras o no las concreta; y, en fin, en lo que respecta a Podemos, porque entremezcla «propuestas muy sensatas» con otras imposibles.

Lozano recordó que  el programa nuclear español fue ideado e impulsado estando Abril Martorell en el gobierno, y resultó ser un producto de la democracia, en tanto que en la actualidad «estar en contra de las centrales nucleares» se ha convertido en una opción defendida por los partidos de la izquierda en España.  Se preguntaba por ello, si «ser antinuclear ha de asociarse a ser de izquierdas», y, aunque no explicitó su propia respuesta, en el auditorio se entendió, mayoritariamente, que, desde luego que no.

El conferenciante, que se reconoció favorable a que se descarbonice el sistema energético, lamentó que ninguno de los partidos precisara sus estrategias para conseguirlo, obviando, con ello, que «el recurso a la energía nuclear es inevitable». Una estrategia inteligente debería afrontar el desarrollo de la energía nuclear que va a experimentar el planeta: Rusia e India tienen tecnología de bastante nivel; China, capacidad de desarrollo. Pero, además, Estados Unidos «jamás dejará que la tecnología de vanguardia del Torio la señale otro país», por lo que recuperará y mantendrá la posición predominante de la IV generación de centrales nucleares.

España debiera avanzar en su programa energético confluyendo con la política europea, que no queda señalada por posiciones puntuales. Alemania no va a perder el conocimiento que posee de la energía nuclear y que le está proporcionando sustanciales beneficios en la exportación y un ámbito de control. (1). La energía nuclear seguirá siendo una tecnología propia de la UE, que no puede perderse. Y si se considera como ejemplar la decisión de Dinamarca de prohibir la energía nuclear, debería tenerse presente que parte de la energía que consume Copenhague, proviene de las centrales nucleares de Suecia, con instalaciones nucleares a menos de 20 km de la poblada capital danesa.

Respecto a la pretensión de clausurar el ATC (acróstico por Almacén Temporal Centralizado) lo calificó el catedrático sevillano de «brindis al sol». Si hubiera estado vinculado a la propuesta simultánea de «reducir a vidrio todos los residuos de alta radioactividad» -indicó, de manera coloquial, puntualizándola después-, es decir, reprocesar todo el combustible nuclear en Francia» y recoger aquí el de BT, quizá pudiera admitirse la coherencia de la propuesta, cuyo coste económico sería, desde luego, muy alto (2); pero pretender asociar «nuclear, no» con descarbonización es un error mayúsculo; significa, justamente, apoyar lo contrario de la actuación imprescindible en este momento: equivale a defender: «petróleo, gas y carbón, sí».

(continuará)

 

—–

(1) Esto no lo expresó así Lozano, pero lo interpreto con mis propias palabras.

(2) Como referencia de costes, Lozano indicó que si bien se objeta que la central de Oikiluoko (Finlandia), que no estará en funcionamiento hasta 2018, habrá costado más del doble de los 3.000 mil. de euros presupuestados (hace más de diez años), es mucho menos de lo que en un solo año (2013) las energías alternativas recibieron en España. Según información que he consultado en internet, el coste de la central se aproxima a los 9.000 Mill. de euros, y es cierto que las energías verdes fueron apoyadas en nuestro país con más de 50.000 Mill de euros entre 2005-2013, y que las subvenciones de este último año alcanzaron los 13.000 Mill. €.

Publicado en: Actualidad, Ambiente, Energía Etiquetado como: ATC, energía, IIE, Isaac Alvarez, Lozano, Moratilla, nuclear, Oikiluoko, programas políticos

La energía en los programas políticos de los partidos que optan a gobernar España (1)

5 diciembre, 2015 By amarias Deja un comentario

La infatigable Yolanda Moratilla hizo de presentadora y entrevistadora de tres expertos en temas energéticos, que analizaron, el 2 de diciembre de 2015, y en un acto público en el seno del IIE, la parte energética de los programas de los cuatro partidos con más opciones de participar en el futuro Gobierno de España, en la combinación que resulte de las elecciones del próximo día 20: PP, PSOE, C’s (Ciudadanos) y Podemos.

Quienes hicieron tanto el trabajo previo como la presentación de las conclusiones, además de la catedrática de la Universidad Pontificia, fueron Isaac Alvarez (compañero de la ingeniería minera, directivo emérito de Repsol), Manuel Lozano (catedrático de Física Nuclear en Sevilla) y Victoriano Casajús (ex Director General de REE, presidente de Lysys Real).

Moratilla dilapidó aparentemente la parte misteriosa que pudiera tener el acto, al resumir, apoyándose en un par de transparencias,  los programas energéticos de los partidos, en los que se habían señalado con puntos rojos las propuestas técnicamente  irrealizables, y de amarillo, las inconsistencias detectadas en el propio programa electoral.

«Nucleares y fracking, no; renovables a tope», era -concretó- el mensaje común de los tres partidos opositores, que, en el caso de Podemos, presentaba una curiosa singularidad: apoyaba el alcanzar el 100% de empleo de energía renovable en la Administración pública (realizable, aunque caro), y clausurar el ATC, además de cerrar de inmediato todas las centrales nucleares (elucubración patafísica, aunque el adjetivo lo pone este cronista por su cuenta) .

Pero advirtió también, que, si el menos dañado por los puntos rojos era el programa propuesto por el PP, lo era más por omisión de propuestas en temas que pudieran resultar conflictivos, quizá por la idea subyacente de que, siendo el actual partido de gobierno, lo que inferirá el elector es que habrá de mantenerse en la misma línea.

A preguntas concretas de la conductora del acto, los invitados fueron desarrollando sus comentarios críticos a los programas. Posteriormente, se admitieron intervenciones y comentarios desde el público, que resultaron en algún caso, polémicos, más por el tono que por el contenido. Lo que no hubo, y lo lamento, fue una propuesta técnica alternativa de lo que podría ser un programa energético óptimo. Al final de esta reseña realizo un esfuerzo petulante en esa dirección..

Casajús, que fue, quizá, el más comprometido en la rotundidad de los análisis, expresó que sería técnicamente imposible, desde el punto de vista de la seguridad de todo el sistema, introducir un porcentaje de energía renovable tal que se comprometiera la sincronicidad.

En lo esencial, se expresó así (aunque utilizo el entrecomillado, transcribo desde mis notas manuscritas).

«Por supuesto, las energías renovables son valiosas en múltiples órdenes y lo serán cada vez más. Pero su incorporación masiva en nuestro actual sistema eléctrico es inviable. Esto es así, porque el sistema de distribución de electricidad es síncrono, -de frecuencia constante-, y ante cualquier variación externa, tiende a autoregularse para mantener su sincronismo.  La incorporación de producciones asíncronas modifica el sistema, que las máquinas instaladas no son siempre capaces de compensar. La situación se convierte en especialmente grave cuando se compromete la falta de periodicidad y la predictibilidad de la generación eléctrica, al superar ese límite por la introducción masiva de energía eólica y solar, que, por su esencia, son asíncronas y, por tanto, perturbadoras de la estabilidad.

«La teoría electromagnética de Maxwell y Cía -explicó el actual presidente de Lyxys Real, para justificar su aseveración- no fue desarrollada a partir de la observación de la realidad, sino en base a experimentos de laboratorio, que sirvieron para concebir los actuales sistemas de suministro. Necesitamos en ellos, mantener la inercia y la capacidad generadora. Para conservar la inercia, son necesarias máquinas rodantes -turbinas, grupos diesel, máquinas de vapor, ciclos combinados, máquinas hidráulicas, etc.- , y si se introducen excesivos elementos que no satisfacen las condiciones de inercia, una parte del sistema, intentan corregir ese desequilibrio y si no fueran capaces de lograrlo, se provocará su desconexión automática».

Y Casajús prosiguió, extendiéndose en la idea:

«Por su parte, las centrales nucleares son sistemas que proporcionan mucha capacidad de inercia para compensación; la central hidráulica es el elemento ideal -la tubería que comunica los rodetes tiene una reserva de energía importante-. Por el contrario, las centrales solares son sistemas estáticos puros… y, no podemos ignorar que las centrales termosolares no son más que centrales de gas… que se apoyan en el sol para conseguir la fuente de energía primaria.

«Si, en nuestro mix actual, cerráramos de golpe todas las centrales nucleares, el sistema español solo podría admitir un 40 a 50% de generadores asíncronos. Ni siquiera las centrales de ciclo combinado pueden estabilizar el sistema cuando cae la tensión y, por tanto, se altera la frecuencia: el compresor de cabecera baja la velocidad y se queda parado durante un intervalo; ya ha se ha dado ya el caso de un «blackout» (apagón total) cuando el subsistema de generación solo se disponía de centrales de ciclo combinado para alternar con aerogeneradores.»

Con esta concluyente aseveración, la promesa del PSOE de alcanzar el 70% de incorporación de energías renovables, la calificó, por tanto, de irrealizable, al menos, en un horizonte de una o dos décadas.

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Energía, Política Etiquetado como: Ciudadanos, Isaac Alvarez, Manuel Lozano, Moratilla, Podemos, PP, programas electorales, PSOE, Victoriano Casajús

Tronante Bárbara

5 diciembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Cada 4 de diciembre, los mineros, los artilleros y todos cuantos se relacionan (legalmente) con explosivos, celebran la festividad de su Patrona, una joven que, según las crónicas del imaginario religioso, vivió allá en el siglo III, y de la que se sabe muy poco, ignorándose hasta su propio nombre.

Porque el nombre de esa Santa Bárbara con el que se conoce a la virgen y mártir decapitada por su propio padre, -al que un rayo habría fulminado después de cometer el parricidio-, provendría, a decir de una leyenda con densidad cruenta pocas veces igualada, de la expresión que utilizaron sus amigos al solicitar que se les entregase el cuerpo martirizado. Para que no se les identificara como cristianos, en lugar de llamarla por su nombre de bautizada, se refirieron a ella como «la jeune fille barbare».

La imaginación popular ha sido tan rica en añadir detalles al relato del martirio, que no solo se la vincula con los que trabajan con explosivos, sino también, entre otros, con los que manipulan técnicamente fuegos (metalurgistas), o los apagan (bomberos), o con quienes sacan frutos de la tierra, ya sean líquidos, sólidos o gaseosos (mineros) o perforan rocas en busca de la luz del otro lado (tuneladores). Incluso los marinos la tienen por patrona, en este caso, por confusión fonética, ya que desde hace siglos llaman santabárbara al depósito en donde se guardan los explosivos, por aliteración de la «cincta barbara», que era la empalizada con la que los romanos preservaban el acceso a los materiales peligrosos.

Con una trasfondo tan prometedor de gracias, a la Sainte Barbe francesa se la venera ampliamente en decenas de países, no solo con raíces o simpatías francófonas, y no ya por católicos, coptos o cristianos de varias tendencias, sino incluso en algunos árabes de mayoría islámica y también se la encuentra, convenientemente adaptada, superpuesta a las deidades de culto por devotos animistas afro-americanos.

Sin embargo, como en tantos cuentos ideados para movilizar devociones de crédulos e infantes, me impresiona, más que el perfil de la protagonista principal, el detalle y saña con la que se perfila la actitud del parricida, un sátrapa asesino que actuó con las agravantes de parentesco, secuestro, premeditación, alevosía, tortura, ensañamiento, abuso de autoridad, pertenencia a banda armada, entre otros delitos y circunstancias que hubieran merecido hoy reproche penal extremo en casi todos los países.

Las voces que periódicamente amenazan con separar a Santa Bárbara del mundo de los que poblaron este valle de lágrimas, para dejarla convertida en solo una invención para poblar el orbe celestial, no impidieron ni impedirán, desde luego, que sea la patrona del culto cuerpo de ingenieros de minas y que su celebración sirva de pretexto para apoyar la celebración de misas, comidas de hermandad, y múltiples actos festivos, incluida la entrega de insignias a los colegiados que hayan cumplido los setenta años (no por supuesto de profesión, sino de vida a secas).

El 4 de diciembre de 2015, en el Salón de Actos de la Escuela de Minas de Madrid (hoy de Minas y Energía), la festividad contó con el apoyo de Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, quien ofició una misa concelebrada, que resultó magnífica, en pompa y contenidos.

La homilía, en particular, sirvió para que el prelado animara a cumplir el mandato divino de la procreación (obviando la edad media, más bien provecta, del público asistente), y recordara, por si hacía falta, que la existencia de Dios está prácticamente probada (citó a Stephen D. Unwin y sus cálculos imbatibles, superiores en poder de convicción, supongo, a las oscuras tesis tomistas, y que realizó aplicando el teorema de Bayes, sabio que jamás hubiera soñado aplicación tan excelsa para su análisis de sucesos condicionales). En fin, en arrebato indefinible, Monseñor expresó su sospecha de que Madrid cuente con más santos que la propia Roma, gracias al empujón que las hordas marxistas dieron al martirologio local, con 402 sacrificados en la santa Cruzada hispana, como recoge el Libro-guía «Memoriae martyrum. Los santos mártires del siglo XX en Madrid» del que, siendo co-editor, hizo modesta publicidad.

Antes del cóctel, que contó la incorporación de más colegas -reforzada con decenas de vecinos que acuden al condumio, animados por la jornada de puertas abiertas-, se cantó el himno de Santa Bárbara, a los acordes de una tuna.  La letra de esta canción de culto, rallana en el esperpento (es un canto mortuorio, una pavana estrambótica), vino a subrayar aún más las características corporativas, sentimentales, irracionales y atávicas, de la reunión.

Y para que no se interprete este comentario con equivocación, quiero indicar que yo estuve presente, en todos los momentos a los que me estoy refiriendo, y que lo vengo haciendo año tras año, con máximo respeto, porque entiendo que no es necesario coincidir con formas y ritos, cuando hay identidad con los fondos, que descansan en el compañerismo y los afectos: a los que estaban allí y a los que no pudieron o no quisieron estar presentes, pero no pueden considerarse ausentes de esa concordancia fundamental.

 

 

 

 

 

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Sobre la independencia judicial y la instrucción de la infanta

30 noviembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Reconozco que no estoy capacitado sicológicamente para precisar los límites del concepto de independencia en lo que se refiera a las actuaciones humanas, que se me diluye en cualquier horizonte, puesto que en todas partes veo interdependencias.

Por eso, y aunque entiendo el atractivo teórico con el que Montesquieu y sus fervientes seguidores han ensalzado el valor de conseguir que las tres funciones básicas de un Estado  -legislativo, ejecutivo y judicial, delegadas teóricamente por el dócil pueblo soberano en esos estamentos-, sean independientes, lo he considerado más como un tranquilizador de conciencias que como algo realmente implementable en la sociedad.

No hay misterio. El ser humano vive inmerso en relaciones -positivas como negativas, de amistad, como de odio e incluso indiferencia-, que empañan sus actuaciones en todas las circunstancias de su vida.

En relación con la función/poder judicial, no es preciso siquiera destacar unos cuantos casos particulares para tener por demostrado que la justicia impartida no siempre ha sido, ni será, completamente independiente, sencillamente, porque no puede serlo: algún juez o magistrado, en quién sabe qué lugar, se estará guiando por la posibilidad de ayudar a un familiar o amigo con su inatacable Sentencia, habrá dictado una resolución sin haber leído, ni siquiera de través, los alegatos del letrado que defiende lo contrario de lo que a su ilustrísima le apetece que así sea, o ignorará, a sabiendas, -excelsa incongruencia- la aplicación de una ley o reglamento que hubiera cambiado de raíz el tenor de su fallo.

Que esos casos particulares existan, aunque no sea sencillo verlos detectados, no empaña, sino que permite destacar, el trabajo colectivo de la mayoría de los funcionarios de la Justicia que se esfuerzan, con toga y puñetas, en poner orden jurídico, con la espada no siempre acerada de la parafernalia legal, en las vidas de sus semejantes.

Hecha esta presentación, el lector entenderá que me haya extrañado la facilidad con la que se ha aceptado que el juez instructor del caso Nóos, culpable (es un decir) de haber imputado a la infanta Cristina -entre otros presuntos inocentes, aunque ya algo mancillados, de los que nada indico- es republicano convicto, enemigo de castas, antisistema ejerciente.

Porque resulta que el juez, ahora en jubilación activa, José Castro, titular que fue del Juzgado de Instrucción número 3 de Palma, dictador del Auto del 25 de junio de 2014 que apuntó a las co-responsabilidades de la hermana del Rey Felipe VI, ignorando propuestas fundadas del fiscal Torres y ruido mediático de varios insignes juristas, ha declarado que hubiera aceptado ser cabeza de lista por Podemos si la oferta le hubiera llegado a tiempo, es decir, un par de años antes.

Y es que el dirigente máximo de Podemos, Pablo Iglesias, aunque hoy timonel de un proyecto político en deriva hacia el calor del centro, fue el responsable de haber movido, con su verbo florido, el árbol de la tranquilidad institucional, acusando de incompetencia, corrupción, latrocinio, complacencia y caspas, a todo el orden antiguo, desde el Rey hasta el nivel en donde se quiera hacer terminar ad libitum la casta que domina, hasta ahora al menos, el cotarro hispano.

Si la sorpresa con las motivaciones afectivas de Castro fue grande, la incorporación fehaciente a las listas de Podemos, del magistrado Juan Pedro Yllanes, de la AP de Baleares, que iba a presidir el tribunal que habría de juzgar a la infanta, confirma que hay un núcleo presuntamente antimonárquico en la judicatura insular.

Y supongo que el hábil letrado Roca Junyent habrá tomado nota para solicitar, respetuosamente, la anulación de toda la instrucción, por no estar acreditada la imparcialidad, -más bien al contrario, haberse convertida en sospechosa de sesgo vicioso-, de quien tuvo, entre muchos más legajos, los papeles de Manos Limpias entre las suyas.

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Tambores de guerra, proclamas patrióticas, confusiones estructurales

17 noviembre, 2015 By amarias 3 comentarios

Francia está oficialmente en guerra contra el Daesh.  Lo está, porque, interpretando como una declaración de guerra práctica el múltiple atentado en París, reconocido por el grupo de terroristas que se han adueñado de una parte de Siria e Irak, como organizado por ellos, ha respondido inmediatamente atacando varias instalaciones en Raqqa, que se considera la capital del rebelde «estado islámico».

En estos días han proliferado las manifestaciones de solidaridad con el pueblo francés, realizadas a niveles oficiales como particulares. Ha sido impresionante, en todos los sentidos de la palabra. Largos minutos de silencio, mensajes de condolencia, repulsa a los asesinos, velas, flores…Incluso se ha cantado repetidas veces, tanto dentro como fuera de Francia, el himno nacional francés.

Tal vez no se ha reparado exactamente en la letra como en lo que significa todo cántico patriótico cuando es coreado por otros pueblos, como demostración de proximidad y afecto. Para expresar sentimientos colectivos inmediatos, son necesarios los símbolos, los ritos ya establecidos: la apelación a un lugar común de inmediato acceso.

Pero, analizado en su dicción concreta, la Marsellesa es  un verdadero cántico guerrero, que expresa que «ha llegado el día de gloria» y, después de enfatizar la malsana intención del enemigo con frases inequívocas, que parecerían incluso destinadas a caracterizar ataques como los sufridos («¿Oís en los campos el bramido de aquellos feroces soldados? ¡Vienen hasta vosotros a degollar a vuestros hijos y vuestras compañeras!»), repite, como estribillo: » ¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones!¡Marchemos, marchemos!¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos! La Patria está amenazada».

Esta es la situación, pues. La decisión política está tomada por parte, al menos, tanto de los dirigentes franceses como norteamericanos: esas naciones, se aprestan al combate y atacan, con medios militares efectivos por su carácter de destructivo, los cuarteles en donde entienden que está la cabeza impulsora de las agresiones. Quieren llevar el escenario de la guerra lejos de su territorio, a pesar de que el ataque terrorista por el que se sienten directamente afectados ha tenido lugar dentro de sus fronteras.

Desde mi ignorancia del uso adecuado que cabe dar a  los instrumentos bélicos, a las contraofensivas, y sin entender muy bien los intríngulis por donde discurren las estrategias militares modernas en los países llamados civilizados, atisbo, sin embargo, un doble problema.

El primer problema surge de la sencilla constatación de que «el enemigo», admitiendo incluso que su centro coordinador sea único y esté localizado en algún sitio, no emplea un ejército ni utiliza instrumentos bélicos convencionales -a pesar de la aparatosa propaganda que muestra a guerreros sacados de la guerra de las galaxias haciendo ejercicios de algo parecido a las técnicas del kung fu- sino que está utilizando comandos, cédulas guerrilleras, en número indeterminado, que se hallan dispersos por el propio territorio de quienes han aceptado asumir la declaración de guerra. Individuos sin escrúpulos para matar que, con seguridad, han venido siendo adoctrinados desde hace tiempo para hacer daño hasta su propia inmolación y a los que se ha prometido dinero a sus familias y el paraíso para su eternidad.

Existe, por lo tanto, una potencial consecuencia nefasta derivada de la obsesión por apresurarse en confirmar una guerra contra un enemigo difuso: se puede tranquilizar durante unos días a la población local asustada, pero el riesgo de sufrir más ataques terroristas en el propio territorio no disminuirá (tal vez, incluso, aumente: la locura no alcanza límites por el lado de la razón).

De esa situación de tensión, dimana un  riesgo colateral y nada despreciable para las propias ciudadanías: que quienes se sienten amenazados por el terrorismo islámico, confundan, identificándolos, a mahometanos (es decir, a los fieles de una religión pacífica y respetable) con los yijadistas.

No me encuentro, por ello, entre los que se han empeñado en ridiculizar los argumentos del «general de Podemos», Julio Rodríguez, que reclama calma y sensatez antes de abordar objetivos militares no matizados en territorios ocupados por un ejército terrorista, pero en donde hay una importante población civil. Se trata de voces que provienen del trasfondo belicoso, guerrero, intransigente y frontal que subyace en quienes no quieren entrar en análisis, sino que se mueven por intuiciones primitivas: ojo por ojo, diente por diente: mato porque matas.

Es, sin embargo, la de Julio Rodríguez, ante el silencio de los militares en activo de mayor grado, que no han exteriorizado su opinión, -supongo que porque están utilizando los canales de mando establecidos o por respeto hacia la autoridad civil, que es la que toma las decisiones políticas-, la única opinión profesional, -de un experto en estrategia, de un antiguo jefe de Estado Mayor, de un prestigioso militar-, sobre la conveniencia o no de atender a la provocación, declarándose en estado de guerra y atacando un territorio ajeno.

Porque, lo que parecería más razonable y urgente sería extremar la vigilancia de movimientos de sospechosos y comandos en el propio territorio, que teníamos, por los desgraciados resultados, bastante descuidada, y analizar con mucha serenidad quiénes serán los que padecerán los efectos de una guerra en territorio ocupado por terroristas.

 

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Destrozando el mensaje terrorista

14 noviembre, 2015 By amarias 2 comentarios

En la noche del viernes, 14 de noviembre de 2015, en el corazón de París, varios individuos armados asesinaron, al parecer en nombre de Alá, a más de cien ciudadanos que estaban disfrutando del comienzo del fin de semana. Las informaciones, aún confusas, hablan de seis a ocho puntos de ataque (el principal, la discoteca Bataclán, lugar de culto para rockeros) y de que los causantes de la masacre, ocho terroristas, están muertos: todos autoinmolados, salvo uno que fue abatido por la policía.

Como sucede cada vez que un acto de terror azota nuestra tranquila civilización de ocio, despreocupación y consumo, son miles los comentaristas que pretenden extraer consecuencias del mismo, acomodándolas a ideas a priori, que responden a ideologías y a sentimientos que se movilizan de inmediato. ¿Qué decir ante opiniones tan diversas como que el terrorismo, y en particular, el de trasfondo islámico, es debido a la falta de interés por integrar a quienes provienen de otras razas y practican otras religiones? ¿Cómo contra-argumentar a quienes aseguran que algunas sociedades viven en la Edad Media y que su cultura no es comparable a la nuestra? ¿Existen razones para explicar que haya seres humanos que puedan estar convencidos de que han recibido un mandato divino para exterminar a quienes no piensen como ellos o no acaten una normativa que niega elementales libertades?

No iré por ese camino. A lo largo de la Historia, se han prodigado ejemplos de grupos, sectas, nacionalismos y hasta individuos con pretendido carisma, que han provocado guerras, exterminios, latrocinios y toda clase de desmanes, alegando que son superiores, o tienen mejores derechos, o que han sido vejados o injuriados, o cualquier excusa que les parezca conveniente, para justificarse. Y no han sido pocos, sino muchos, quienes les han seguido y beneficiado de esas actitudes miserables.

El mensaje de los terroristas de cualquier signo es, sin duda, que son capaces de despertar el terror, la angustia, la sensación de indefensión, ante sus actos. Es decir, que nos poseen, que nos tienen dominados. Que ninguna de nuestras actitudes defensivas prevalecerá contra su voluntad de hacernos daño. Pero ¿con qué objetivo? ¿Qué consiguen con esas muertes, esas ejecuciones de rehenes, que, aunque ocupen mucho espacio mediático, son numéricamente escasas? ¿Qué consiguen los propios terroristas que se sacrifican a sí mismos, como máquinas de matar, accionando las bombas que llevan atadas a la cintura o, simplemente, asegurándose que la policía los acribillará en el mismo lugar en donde atentaron antes?

No veo otra respuesta posible que afirmar, con rotundidad, que nada pretenden y que nada deben conseguir. No obedecen, por supuesto, a ningún Dios, porque la crueldad es solamente humana. El terror que pretenden causar a los que rodean a sus víctimas o a toda la sociedad pacífica, es un espejismo de sus mentes enfermas. ¡Ay también de quienes, desde el lado de los amenazados, pretendan argumentar que la mejor defensa contra estos fanáticos es alejar al desigual, marginar aún más al que necesita, encerrarse indolentemente en la propia idiosincrasia, ignorando a quien sea diferente!

Porque de llegarse a esa conclusión, si los atentados terroristas que se atribuyen los extremistas islámicos (y pido disculpas a quienes se sientan molestos por utilizar el nombre de Islam para referirme a esos enajenados) consiguieran que cerráramos más las fronteras y nos distanciáramos aún más de las poblaciones que sufren hambrunas y penurias -físicas e intelectuales- habríamos perdido la batalla de la igualdad y la globalización. No porque hubieran vencido los terroristas o lo que les mueve, sea lo que fuere (aunque estoy seguro de que son móviles estrictamente económicos, y muy localizados), sino porque nos habríamos rendido ante un vacío moral, inmolando en el altar de la incomprensión, valores que jamás podrán ser cuestionados, porque no están en la batalla.

Son los que nos hacen especie principal entre las especies animales de este planeta, los que nos permiten avanzar como Humanidad en un destino que forjaremos mientras avanzamos, bajo la bandera de la ética universal y el respeto, -ya que no el amor-, a lo que vive y sublimado en lo que nos es más semejante. Aunque tengamos que admitir que nos acompañen algunos tipos armados que custodian, desde su enajenación y engañados por aviesos muñidores de fantasías cósmicas, incomprensibles valores y miserables ansias de venganza por lo que no les hemos hecho.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: análisis, atentado, Bataclán, París, terrorista

El general Rodríguez en el laberinto

5 noviembre, 2015 By amarias 2 comentarios

Conozco al general Julio Rodríguez Fernández desde hace poco tiempo, pero con una amistad construida desde la perspectiva de las edades maduras, en las que se descubren rápidamente, sin la contaminación de erróneas expectativas ni de fugaces destellos de falsas sintonías, las personalidades, actitudes y temperamentos, con los que uno comparte la asimilación de una vida intensa y comprometida, que concede pericia para separar pajas y semillas sin que nadie nos marque el libreto.

Cuando Julio Rodríguez fue presentado, el 4 de noviembre de 2015, por el candidato Pablo Iglesias como fichaje estrella y futuro ministro de Defensa para el caso problemático, pero no imposible, de que su corporación política obtenga condiciones para situarle como presidente de Gobierno, me conté entre quienes se sorprendieron con la decisión del general.

Me apresuro a puntualizar que no me extrañó porque descubriera de pronto su posicionamiento ideológico o social, crítico con las rigideces económicas, políticas y mentales que se han convertido en camisa de fuerza que nos impide analizar errores, construir alternativas y vencer resistencias, que me eran conocidas y que no tengo el menor reparo en reconocer que comparto.

Lo que yo no era capaz de entender en Julio afectaba a su sentido de la oportunidad y la valoración de ofrecerse a la exposición pública de forma tan aparatosa, exhibiendo un compromiso personal, completamente legítimo y plausible, que rompía el ánfora de discreción y reserva con el que había guardado hasta ahora sus afinidades con quienes se han convencido de que hay que intentar otros caminos, porque la oferta del mercado ideológico huele a caducada.

Tuve ocasión de oír, a lo largo del día de ayer, variados comentarios críticos respecto a la decisión del general Rodríguez, mezcladas con elucubraciones, la mayor parte, intencionadas hacia la descalificación de su talante, cualidades personales y hasta su trayectoria militar y méritos.

Como quien más corre en esa labor de echar basura encima del que se mueva fuera de su tiesto, es la derecha reaccionaria, nostálgica permanente de rediles mentales en los que confinar a propios y extraños, el intento más burdo de menosprecio a la acción del antiguo jefe de Estado Mayor provino del programa televisivo El gato al agua. Esta tertulia, especializada en ridiculizar y dejar con la palabra en la boca a representantes de las posiciones de izquierda, contó para la ocasión con su experto polemista en temas militares, almirante retirado (R), Angel Tafalla, quien, a pesar de su detectable intento de no dejarse llevar por la jauría dominante, no reconoció más que errores a las actuaciones del general Rodríguez, al que calificó como «persona de vídeo y no de audio», queriendo con ello significar, como sus comentarios adicionales aclararon, que su antiguo colega y jefe tenía más fachada que contenido.

La decisión del general Julio Rodríguez, es responsabilidad suya y no tengo la menor duda de que, como hombre reflexivo, la ha meditado con su almohada. El éxito de su fichaje para la agrupación de Podemos es incuestionable. Supone aportar mayor respetabilidad, serenidad y sentido plural, entre otros adjetivos que no me costaría nada proponer, a un movimiento que aún me sigue pareciendo desordenado y necesitado de varias cocciones, incluida la eliminación de postureos y declaraciones que son propias de penenes o agitadores asamblearios de Universidades de letras.

Para otras corporaciones políticas de la izquierda ideológica y, en especial, para el PSOE,  supongo que será motivo de profunda reflexión el que se haya escapado de su territorio natural un candidato tan valioso para reforzar una alternativa al PP o a Ciudadanos. El general Rodríguez no es un insensato, ni un extremista, y su conocimiento de las cuestiones de Defensa, su formación general, su talante y su bagaje cultural -también su edad y experiencia-(1) son un acervo de máxima calidad.

Es decir, en  mi opinión, el laberinto es el nuestro, no el del general Rodríguez. Y apuesto doble contra sencillo a que, aunque intenten presentarlo sus envidiosos y detractores de otra forma, no se le oirá decir ninguna tontería ni descalificar al contrario, menospreciándolo. Es un militar de carrera, y un hombre de firmes principios, y sabe mucho de estrategias y es experto en pilotar aviones de combate.

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(1) No me resisto a cotillear que Julio Rodríguez y yo somos rigurosamente coetáneos, nacidos en 1948 y con solo un mes de diferencia.

 

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En defensa del inconformismo

1 noviembre, 2015 By amarias Deja un comentario

El 24 de septiembre de 2015, yo no había leído aún el libro («Una vindicación de la acción política», Felipe Gómez-Pallete Rivas, Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas, 2015). El autor estaba a punto de presentarlo, a amigos y colegas de la ingeniería, en el recoleto Salón de Actos de la Fundación Gómez Pardo.  Yo tenía, justamente ese día y con hora de comienzo quince minutos antes, otra reunión en la misma sede, a la que no debía faltar, y me excusé por no poder asistir a la suya, derramando algunos elogios de cortesía. Incluso aventuré a Gómez-Pallete que estaba seguro de que tendríamos muchos puntos de coincidencia.

Felipe dejó depositado un ejemplar para que se me entregara -aunque no me lo dedicó, ni hemos tenido ocasión de hablar sobre su contenido desde entonces-. Por distintas razones, no pude recogerlo hasta hace tres días, y, con la curiosidad imaginable, cuando lo tuve en las manos, incluso desde el trayecto en metro hasta casa, empecé a hojearlo y, ya en ella, terminada la jornada laboral, lo convertí en libro de cabecera y lo leí aquella misma noche del tirón.

Tengo que reconocer, en primer lugar, que el título me resultaba equívoco, y, en efecto, guía la imaginación hacia un sitio inadecuado a lo que el autor pretende. Porque no es un manifiesto político, ni pretende transmitir carga ideológica. La vindicación -es decir, la defensa- de la «acción política» -es decir, la obligación ciudadana de intervenir, con las propias fuerzas, para mejorar la sociedad- (si asumo, bajo mi exclusiva responsabilidad, la interpretación que dada al término Hanna Ahrendt), no es el objetivo del libro.

Lo que Gómez-Pallete glosa es la importancia de introducir en la política, como fermento o catalizador de los esquemas tradicionales con los que se estructura la acción de los partidos políticos, una sistemática extraída del mundo empresarial, que les ayude a mejorar la calidad de su producto, y que entiende válida al margen de cualquier ideología. Su libro habla, por ello, de prioridades,  indicadores de calidad, selección de objetivos, cuantificación y control de avances y, sobre todo, ilustra sobre el método y manera de plantearse un trabajo en equipo,  para elegir metas de calidad (internas o externas), fijarse plazos y medio para lograrlas, y evaluar los resultados.

La exposición se aleja de la manera de presentación que nos resulta habitual en libritos de inspiración norteamericana -esos manuales de autoayuda omnipresentes en los que nos cuenta una anécdota o relato corto y de los que se extraen, haciendo del cuento un limón intelectual, decálogos de consecuencias y consejas prácticas. Por el contrario, «Una vindicación de la acción política» no se estructura con la pretensión de ofrecer un resultado acabado, redondo, sino como una propuesta de trabajo. Recuerda a unos apuntes del profesor escritos como apoyo extraescolar, destinados a servir de ampliación a un seminario sobre calidad y control que hubiera sido, en este caso,  encargado por el responsable de pre-campaña de un hipotético partido político.

Con voluntad enfocada hacia lo práctico se desarrolla en el libro, -desde lo conceptual hasta la elaboración de un prototipo-, un modelo base.  Se elige, para ello, la fórmula de exponer un ejemplo de apariencia sencilla y sin aristas ideológicas, y, combinando reflexiones y propuestas, se va avanzando con él en sesiones de trabajo simulado, en las que participan un patrocinador,  un asesor de la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas y varios militantes elegidos del partido.

Si la existencia de una propuesta de acción ha de ser justificada para cubrir una necesidad, Felipe Gómez-Pallete aventura no una, sino varias carencias en la acción actual de los partidos, enumerándolas, aunque, fiel a su idea de resultar políticamente correcto, no pretende que se las atribuya a ningún partido concreto: falta de transparencia, debilidad de los liderazgos, fallos en la comunicación, errores en la transmisión de los objetivos, problemas de credibilidad, etc.

Una interesante aportación,  realizada con honestidad intelectual y evitando la petulancia o caer en una complejidad innecesaria, que enmascararía el mensaje. Está destinada a los que toman decisiones en política, es decir, a los dirigentes de los partidos políticos, de las asociaciones y fundaciones relacionadas con la vida en común. Gentes que, como sabemos, provienen en su mayoría del mundo universitario del derecho, de la economía o de la sociología y que no tienen experiencia práctica de la empresa, que no se han planteado fijarse o cumplir objetivos parciales, distintos de ganar unas elecciones o mejorar resultados electorales, a partir de un ideario no pocas veces, difuso.

Lo que ya no estoy tan seguro es de que, quienes lean el libro desde esas posiciones, deseen avanzar algo más que contentarse con su sola lectura, acudiendo humildes a los miembros cualificados de la Asociación para que se conviertan en tutores y mentores de la aplicación del método a sus propias corporaciones.

No se. Eso, de momento, se mantiene como secreto profesional de Gómez-Pallete, Sampedro Blanco, González Quirós y el resto del equipo que, como instigadores, nutricionistas intelectuales, proponentes metodológicos, asesores experimentados y jubilados de élite, conforman el núcleo duro de la Asociación por la Calidad y la Cultura Democráticas.

Y, para mi propio coleto, me pregunto si, además de controles de calidad internos, los partidos españoles no están necesitados de revisar y calificar sus objetivos generales, sus principios de actuación, y hasta sus catecismos y dogmas ideológicos…para orientar, con ese bagaje, sus propuestas concretas hacia lo que nos preocupa a todos los ciudadanos -militantes o no-: construir una sociedad más justa, más eficiente, más honesta, menos crispada, más sabia.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Asociación por la Calidad y la Cultra Democráticas, control de calidad, Felipe Gómez-Pallete, González Quirós, partido político, programa, propuestas, Sampedro Blanco, sesiones de trabajo

El melón de Toledo

29 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

Toledo desde la Biblioteca

Sobre uno de los bancos de la plaza de Zocodover, alguien (un turista inglés, probablemente), había olvidado las hojas sobre Sevilla que había recortado de una guía sobre España. Cuando repasaba la exultante descripción acerca de Sevilla y sus encantos, -«Sevila doesn´t have ambience, it is ambience», me preguntaba qué le falta a Toledo.

La pregunta carece de voluntad provocadora, puesto que el bello conjunto de la ciudad enclavada en un entorno de insuperable fuerza paisajística, es permanente motivo de inspiración para pintores y fotógrafos y, a cualquier hora del día y bajo cualquier climatología, sugiere al ánimo más frío de quienes lo contemplen, evocaciones de paz y misterio. La parte antigua de la ciudad imperial posee tales y tantos monumentos, sobrados de empaque e historia, y su solar está tan lustrado por sucesos relevantes de la Historia de España y del mundo, que harían palidecer la hipotética pretensión de primacía de la que alardeara cualquier otra población turística europea.

Sin embargo, Toledo no es una ciudad cómoda, ni para el turista ni para quienes la habitan. La ciudad vieja, en donde se concentran los edificios históricos, con sus pendientes y callejas, padece de problemas propios, pero, también, en gran medida, provocados o consentidos.

Para el turista, su visita a Toledo está enfocada a pasar un par de horas en ella, desde la superficialidad de aquel que visita un museo plagado de reliquias, pero del que solo interesa poder decir «estuve allí». Hordas de visitantes, guiados normalmente por un especialista en vulgarizar historietas, recorren su calle del Comercio -estrecha calle que conecta siguiendo una línea de nivel, la plaza de Zocodover con la de la catedral-. y, cumplida la ceremonia de tocar con la mano San Juan de los Reyes y comprar unos mazapanes, se vuelven, dichosos, a los autobuses, para pernoctar en Madrid o apurar el ave hacia Sevilla.

Los turistas españoles de visita en la ciudad, en realidad, en su inmensa mayoría autodidactas en la conducción de su ignorancia por las calles de Toledo, no lo hacen muy distinto a los alóctonos, salvo quizá por su especial predilección a atiborrarse de cordero o cochinillo en algún restaurante recomendado, o, si viajan con niños, a cumplir con la ceremonia de tomarse unos menús de hamburguesa en Zocodover o una paella descongelada en cualquier bareto que encuentren en su camino de ida vuelta para pasar un festivo y «conocer Toledo».

Toledo no es eso, y, además, es mucho más de lo que puede verse en unas horas. Hay que darle la vuelta a la oferta toledana, y emprender la acción con inteligencia, buen gusto, sentido histórico y turístico, y una determinación honesta e implacable. Para empezar, se deben revisar las ofertas comerciales, orientando a los inversores respecto a lo que merece la pena, y, en un mismo sentido, coordinándolas en lo posible. No son los ridículos suvenir, las tiendas de tres al cuarto, los restaurantillos de menú del día a base de carcamusas y pollo rebozado lo que sostiene, de forma consistente, el atractivo no histórico de una ciudad.

Es imprescindible señalar itinerarios sobre la ciudad, alternativas a paseos sobre ella, unos que conduzcan al río Tajo (un excelente paseo ribereño que no está promocionado, por cierto, y que tiene propensión a mostrarse en abandono) y otros que permitan acceder a los monumentos de la ciudad desde distintas curvas de nivel, ángulos y trayectos. Me parece clave revisar qué se cuece tras las paredes de todos y cada uno de los inmensos edificios que actúan a modo de murallones defensivos imponentes, obstaculizando vistas y recubriendo las calles de misterio, silencio y sensación de abandono.

Hay que negociar con las instituciones (en su mayor parte, eclesiásticas, ya que los caserones son propiedad de órdenes monásticas) la apertura de esos espacios, y, en su caso, darles nuevos destinos, complementarios o alternativos. No me he recuperado de aquel momento en que, deseando situar un convento toledano al que pretendía rendir culta visita, abordé a dos monjas en la calle, -una, anciana; la otra, en la flor de su juventud-, preguntándoles por él. «No tenemos ni idea» -fue la desolada respuesta de la más joven. «La madre es la primera vez que sale del convento en muchos años, y lo hace porque vamos al médico. Y yo vengo de Bolivia».

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Cultura Etiquetado como: ciudad histórica, cochinillo, convento, cordero, hamburguesa, monja, monumento, San Juan de los Reyes, Sevilla, suvenir, Toledo, turismo, visita, Zocodover

Coño con la próstata

28 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

La economía de recursos -incluido el óptimo aprovechamiento de los espacios- con la que la naturaleza tiende a resolver las cuestiones que la evolución le plantea, ha llevado, sin duda, a que en los mamíferos machos la glándula llamada próstata se vea atravesada por un conducto de evacuación del trabajo depurador de los riñones, la uretra.

Así es, por supuesto, en el hombre. Cuando, por cualquier razón -envejecimiento, tensión emocional o tumoral- la hinchazón de la próstata presiona dramáticamente sobre la uretra, se dificulta primero la micción, se hace frecuente la necesidad de atender al alivio de la vejiga y, en caso extremo, la situación puede alcanzar progresivo envilecimiento, hasta llegar al colapso de la función renal, proceso al que la terminología médica ha caracterizado con los acrósticos RUA (Retención urinaria aguda), IRA (Insuficiencia renal aguda)  y RAO y FRA (Retención aguda de orina y Fracaso renal agudo).

Para evitar la complicación del proceso, que se presenta de forma natural en casi el cien por cien de los varones con el avanzar de la edad, es de todo punto aconsejable la observación regular de la glándula y el análisis de los parámetros que ayudan a detectar y delatar posibles anomalías, para atajar cualquier problema antes de que el deterioro alcance mayor gravedad, e incluso pueda provocar una situación irreversible (la muerte).

Veo grandes similitudes, por supuesto, de orden metafórico, entre este proceso biológico y la evolución político-sociológica de la llamada cuestión catalana. Para el actual lector de estas líneas, Cataluña se halla inmersa en un proceso secesionista, propiciado por una exigüa mayoría favorable a la independencia en el Parlament, surgida de unas elecciones desarrolladas en un clima extraordinario de crispación y desentendimiento entre los responsables de las instituciones del Estado.

Una situación grave, calificable de RAO (Retención aguda de opciones) y FRA (Fracaso reconductor agudo). Para quienes entienden que la cuestión debería remitirse a la consideración inequívoca de Catalunya como nación, y consideran que este es un derecho incuestionable a decretar de forma autónoma su independencia, no vendrá de más recordar la diferencia entre «pueblo» y «nación».

Todos somos, y a mucha honra, gente de pueblo, que es el lugar en donde tuvimos nuestro origen y hemos crecido en infancia y pubertad, y es el sitio a donde acudimos para refrescar los contactos con lo que nos une a nuestros mayores, a nuestros difuntos, a nuestros amigos infantiles. Nación es otra cosa, un elemento artificial, en el que se amalgaman intereses políticos, económicos y de frontera, y en el que es posible integrar a gentes que no tienen nada en común y, por supuesto, carecen de un pueblo que compartir.

Cataluña ha sido y es una región prostática, con dificultades para evacuar sus comprensibles -diría que es de bien nacidos amar y defender tradiciones, lengua y usos- impulsos individualistas. Tuvo un episodio muy grave, en época relativamente reciente, -de 1931 a 1940- que tuvo por protagonistas a Francesc Macià (fallecido en 1933, quien defendió una Cataluña integrada en una Federación de repúblicas españolas) y a Lluís Companys (quien proclamó el Estado Catalán en octubre de 1934, sueño independentista que fue sofocado sin sangre por el general Batet en pocos días, aunque resurgió con fuerza propia con ocasión del levantamiento anticonstitucional de parte del Ejército contra el Gobierno de la República).

La inflamación independentista sometió a gran sufrimiento a Cataluña, y el visionario Companys fue fusilado por el gobierno franquista en 1940, después de ser entregado desde Francia por la Gestapo. La medicina aplicada por el gobierno de Franco tras la guerra incivil no sirvió más que para poner unos paños calientes sobre la glándula catalana.

Supongo que hay una parte de la sociedad que vive en Cataluña y, posiblemente, una mayoría de españoles que viven fuera de ese territorio, desean una drástica intervención -judicial, y hasta militar- que ponga fin a la tensión de una vez.

No me parece que por la vía judicial (constitucional, administrativa o penal) haya muchas opciones de tranquilizar a la sociedad catalana más beligerante, encelada con promesas cuyo análisis nadie puede defender con absoluta credibilidad. Veo opciones a la intervención por la fuerza (no estrictamente militar, aunque con su apoyo), lo que no supone sino confirmar el fracaso de los que lideran las corrientes unidad del Estado español y secesión sin paliativos.

Pero, como pacífico y en tanto que acostumbrado a negociar en aguas densas, por el momento, yo aconsejo que se le ponga una sonda de inmediato al tema catalán, y se evacúe por ella el líquido retenido, que ahora ocupa una vejiga desmesurada y presiona cruelmente sobre los riñones.

Con tanta carga emocional no se puede pensar en soluciones. Claro que, para que se adopte la medida de introducir a Cataluña una sonda que, atravesando próstata y uréteres, llegue hasta la base de la vejiga, hace falta que el paciente se deje y que exista un equipo médico capaz de generar la confianza de que todo tendrá una solución feliz. Hablamos de credibilidad recíproca, intención serena, objetivos claros, propósito de pactar desde la negociación.

Con un Presidente de Gobierno que parece un residente de primer año y un President en funciones de la Generalitat que, como una esposa angustiada, no ve más solución que cambiar al enfermo de hospital, sin importar donde, no me parece que se esté en vías de solución, sino en grave peligro de catástrofe. ¿Quién habrá de perder? La Historia es tan clara al respecto, que solo pediría que quien tenga dudas, se atreva a poner nuevos nombres a los viejos collares.

 

Publicado en: Actualidad, Medicina, Sociedad Etiquetado como: Batet, Cataluña, Companys, ejército, FRA, Franco, Generalitat, Gestapo, IRA, Macià, negociación, President, próstata, RAO, riñón, uretra

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