Al socaire

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Analizando los resultados de unas elecciones singulares

5 mayo, 2021 By amarias Deja un comentario

Los resultados y consecuencias inmediatas de las elecciones convocadas por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel G. Ayuso, al disolver el Parlamento regional para conjurar el hipotético riesgo de una moción de censura propiciada por su socio de Gobierno, Ciudadanos (con el ex vicepresidente Ignacio Aguado como conspirador in pectore), evidencian algunas cuestiones que me resulta atractivo analizar, siquiera sea con las limitaciones de mi reducido periscopio.

La presidenta convocante ha conseguido un resultado magnífico, superando cualquier cota anterior del Partido Popular en la región de Madrid, en donde esta formación lleva gobernando (en coalición o con la abstención de otros partidos) más de un cuarto de siglo. Este hito lo consiguió sin especificar su programa (aunque se refirió en campaña, regularmente, a su deseo de obtener mayoría suficiente para «llevar a cabo su programa sin interferencias»). En la propaganda destinada a promover el voto a su formación, se incluía solo una hoja con su fotografía a color en una cara. La otra, que debería contener, al menos, un resumen de sus ideas de gobierno, estaba en blanco.

En mi opinión, el éxito de Isabel Ayuso ha de ser compartido con la cerrazón de la oposición de izquierdas en presentar como errores y fallos sus éxitos o, al menos, sus propuestas de acción, animada desde el Gobierno y exacerbada por un histriónico ex vicePresidente, de equívoco nombre Pablo Iglesias, que capitaneaba los restos de la formación UnidasPodemos, con una intención de salvación de los trastos de su naufragio que, a estas alturas, se confirma como inútil, extemporánea y…rallana en lo ridículo.

El PSOE ha demostrado, una vez más, que no es capaz de presentar un candidato con empuje mediático para Madrid. La sorpresa que significó en las anteriores elecciones un desconocido Angel Gabilondo -avalado con títulos académicos rimbombantes, hermano de un comunicador de éxito, y con un mensaje soporífico pero tranquilizador-, no pudo repetirse. El nuevo Gabilondo apareció corto de ideas, sin capacidad para la ironía, avasallado por el seudogracejo de gata y chotis que puso en valor la presidenta Ayuso, empujada al éxito por un clamor de madrileños que están hartos de la prepotencia del Gobierno de Sánchez, de sus medias verdades y de sus socios, en el Ministerio y fuera de él.

No le echo la culpa del fracaso a Gabilondo, sino a la pésima tramitación de la campaña socialista, en la que los apoyos prestados desde el aparato del partido no han servido para añadir ni credibilidad ni sintonía. Algo grave le está pasando a este PSOE, encerrado en una urna de cristal esmerilado, gozando de su propia salsa, alejado cada vez más del hálito del pueblo. Aventuro incluso que hasta el gran capital -los que detentan las cuatro perras relevantes de nuestra maltrecha economía- le están dando la espalda.

Tampoco descarto que Madrid se haya configurado, en esta situación oscura entre pandemias, falsedades y palabrería inactiva, como alternativa definitiva al descalabro de una Cataluña sin objetivos, traidora en lo fundamental, vacía de ideas y con un ansia de emancipación injustificable. Ayuso también rentabilizó ese desapego.

El éxito relativo de algunos partidos en estas elecciones, que consiguieron incrementar su número de diputados regionales, no admite muchas lecturas positivas para el electorado, que somos la mayoría. Tampoco Vox, con una candidata correosa, capaz de enfrentarse a la realidad con la misma terquedad que su oponente ideológico, magníficamente representado en su cortedad argumental por el citado Iglesias, puede alardear de éxito. Es una victoria aparente, efímera. Porque ni Rocío Monasterio, ni siquiera Abascal, su mentor, y, por supuesto, tampoco su esposo (en la derecha extrema también se hace política de parejas sentimentales),  Espinosa de los Monteros, aspiran seriamente a dedicarse a ocupar un puesto de gestión política que les consuma tiempo que restarían a sus negocios.

Por parte de Más Madrid, con una candidata empeñada en campaña en que conociéramos su vocación de anestesista tocapelotas y madre de familia numerosa, Mónica García es un hallazgo estratégico del refinado Iñigo Errejón, pero el invento que consiguió disminuir la fuerza que parecía arrolladora para conducirnos a una república bolivariana, ha cumplido su misión estratégica. Estamos salvados. Vuelvan las aguas de la izquierda marxista con vocación testimonial de lo que pueden dar se sí las enseñanzas demodé de Karl Marx (Hegel, Engels, Bakunin, Gramsci, etc.) al redil convincente que representó Julio Anguita, si es que su mensaje puede tener un revival.

Siento el fracaso de Edmundo Bal, porque su campaña tenía muy buen fondo. Su misión era imposible, pues venía lastrada por la espantada histórica de Albert Ribera (¡que ni siquiera pudo apoyar su campaña por estar trabajando en un «bufete privado»! -sic-), el desfondamiento argumental de Inés Arrimadas, la deserción de demasiados nombres relevantes de la que fue atractiva formación naranja y hoy fruto pasado. Cumplió para recordar a los nostálgicos lo que debe ser una correcta campaña y, sin duda, su serio trabajo alumbra la creación de un nuevo partido, que el no capitaneará, porque tiene madera, actitud y fondo para ser un magnífico segundo. El país necesita gente así en las primeras líneas del pensamiento político.

En fin, aventuro el final de la legislatura de Pedro Sánchez. Se que es mal momento, pero no le queda más fuerza que a un globo desinflándose en el aire. Los restos de Unidas Podemos en los Ministerios que ha dejado Iglesias (incluida su actual pareja, Irene Montero) no tienen calidad ni para cascarrillos de telediario. Y muchos de los ministros socialistas están pidiendo a gritos que se les sustituya.

Buena suerte, Isabel Ayuso. Te esperan dos años muy tensos, nada entretenidos. El resto de España no es Madrid y fuera de aquí, los españoles carecen de esa chulería, de ese gracejo cosmopolita y jovial, acostumbrado a soportar la carga emocional de una España a la búsqueda permanente de identidad propia sobre las espaldas. Me temo que Pablo Iglesias necesita aún varias operaciones de temple y revenido (perdón por la imagen de viejo siderúrgico). El tiempo corre.

 

 

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Propuestas para reactivar la economía desde la experiencia y el conocimiento

8 febrero, 2021 By amarias 2 comentarios

El 10 de febrero, miércoles, a las seis de la tarde, tendremos oportunidad de escuchar algunas ideas sobre «Innovación y Nuevas Tecnologías: Impacto sobre el medio ambiente, la generación de actividad y el empleo».

El conferenciante será Miguel Arias Bermúdez, director Global de Emprendimiento de Telefónica. El Club Español de Medio Ambiente (el CEMA) organiza el evento.

Se me ocurren dos razones para que el lector se anime a inscribirse para seguir en directo la exposición de Miguel Arias: 1) Lo atractivo del tema; 2) La singular experiencia personal como creador e impulsor de empresas del conferenciante que, además, lleva ya tres años como responsable de la constelación de start-ups de Telefónica.

Yo tengo, además, razones muy especiales: seré, por gentileza de los colegas de la Junta del prestigioso Club, al que pertenezco, el presentador del acto y el moderador del debate posterior y…soy el padre de Miguel.

Para inscribirse como asistente:

https://forms.gle/rkwM1y8VTwNpkMF19

http:/bit.ly/InnovaciónyNuevasTecnologías

Recibirá la confirmación y el enlace para seguir la conferencia.

—-

Nota: Ayer, dando un corto paseo por las orillas del Manzanares, desconocido en su actual abundancia de aguas, divisé, entre los juncos, este mimético avetorillo macho.

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El efecto perverso de legislar sin consenso

24 noviembre, 2020 By amarias 2 comentarios

En el país de las leyes inaplicadas, ininteligibles, contradictorias o estériles, legislar se ha convertido -desde hace años- en una manifestación de poder por parte de cualquier gobierno. Legislan, decretan, ordenan, el Gobierno central y los autonómicos. Reglamentan y ordenan desde las tasas por servicios esenciales hasta las horas de cierre de los locales de alterne, las diputaciones, los ayuntamientos y los alcaldes de barrio. Ordenan, recomiendan, prohíben y castigan o amenazan con penas de toda catadura, las asociaciones de vecinos, colegios profesionales, corporaciones deportivas, el usuario de un portón que utiliza como garaje o el propietario de un terreno perdido en un monte. «Se prohibe aparcar, fijar carteles, la entrada de persona ajena, llamo grúa, se sancionará a los infractores, aviso policía, cuidado con el perro».

Como no se considera de valor lo que los demás han escrito, legislado o decretado, cada cambio en la orientación política en el Gobierno, arrastra como consecuencia irremediable la modificación de varias leyes y disposiciones precedentes. Es una manifestación de poder, no de inteligencia.

Los que tenemos que lidiar con el derecho sabemos bien que la inmensa diversidad de leyes, la continua referencia al latiguillo por el que «se mantienen en vigor las disposiciones que no afecten o la contradigan», la disparidad de criterios y centros legislativos, las leyes en blanco y las más oscuras, generan un entramado farragoso que beneficia, no al derecho, sino al barullo, a la discrecionalidad judicial, a la supremacía falsa del más ducho en derecho procesal o al perteneciente a un bufete poderoso.

Tenemos en curso una nueva Ley de Educación, que se ha dado en llamar Ley Celáa, por el nombre de la Ministra que la ha propuesto para su tramitación en el Congreso. Me he leído en trasversal sus más de ochenta páginas, he tratado de desentrañar el sentido de las continuas remisiones a la anterior Ley (la LOGSE) e incluso a la legislación anterior. Confirmo, desde luego, que se trata de una demostración más, desde el punto de vista jurídico del mal hace legislativo.

Pero lo más importante, en mi opinión, es que es más lo que complica que lo que soluciona. Los representantes políticos se detienen en criticar algunos aspectos vistosos de ese nuevo monumento a la falta de entendimiento en nuestro país, en temas sustanciales, vitales. Es importante, según sectores de opinión, la eliminación de la religión como asignatura evaluable, la posibilidad de terminar el bachillerato siendo un perfecto ignorante, la marginación del castellano (o español) en beneficio de las otras lenguas del Estado y del inglés, el oscuro itinerario que se deduce de la voluntad legislativa de contentar a ciertas minorías, el golpe vital prometido a la enseñanza concertada,  la idea arriesgada de integración de los estudiantes con minusvalías síquicas en un entorno académico que les será forzosamente hostil,  etc.

No le doy mucho recorrido a esta Ley, que pasará a la Historia, si es que se aprueba ahora, como una Ley de educación de efímera existencia. Creo que deja sin resolver el problema de la calidad de la enseñanza, de la falta de motivación y adecuación del profesorado, la disparidad de las titulaciones sin respaldo en la demanda social y económica, el desbarajuste provocado por la delegación de competencias regulatorias a las Autonomías regionales, a los centros docentes (en especial, a los Universitarios), y un sin fin de errores, fallos y reivindicaciones razonables generados, no ya a raíz de la vigente Ley, sino provocados por un camino de modificaciones legales sin atender a las reformas sustanciales.

Españolito que vienes al mundo, niño, adolescente o joven que pretendes formarte para adquirir un digno puesto de trabajo que te permita ser independiente económicamente y solvente en tus conocimientos, te guarde tu buena estrella. La Ley Celáa no te va a mejorar la existencia. No será necesario que te esfuerces, no te controlarán apenas, superarás sin darte cuenta las dificultades académicas que te pongan delante, pero saldrás a la superficie curricular con pocos conocimientos útiles. Entonces te darás cuenta que te han hecho perder mucho tiempo y que el espacio vital de interés está ocupado por individuos, educados en centros de élite de los que no habías oído ni hablar.

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De bajas y rebajas (1)

29 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

A punto de finalizar el mes de marzo de 2020, con la crisis epidémica provocada por el virus chino aún sin resolver en España, los dientes de una crisis aún mayor, la económica, asoman con crudeza. Sabemos aún muy poco de cómo se generó, desconocemos cómo combatir al SARS-Coronavirus 19 (qué coño importan los nombres, en este momento) y lo que verdaderamente nos preocupa es que las balas siguen silbando sobre nuestras cabezas, y como no sabemos bien cómo protegernos, volcamos nuestra mirada angustiada al sector sanitario y al personal facultativo, empeñados en demostrar que a su profesión le ha llegado el momento heroico.

Creo que es justo plantearse, en primer lugar, cómo y porqué se generó este virus. Es imposible no volver la vista hacia el Centro de Investigación virológica y epidemiológica de Wuhan, el más importante en la materia de China y uno de los más destacados del mundo, en donde saben muchísimo sobre SARS y coronavirus en general. Inicialmente, se propagó la estúpida noticia (típica fake new) de que el causante era un exótico animal llamado pangolín, que habría sido ingerido en una celebración familiar por razón del nuevo Año chino. Ambas ideas han sido desmentidas de manera eficiente: la primera, jurando por su honor, por la responsable del Centro; la segunda, porque aunque se han desollado más pangolines en estos meses que en toda la historia de la gastronomía china, no se encontró nada sospechoso en todos los bichos sacrificados.

Lo cierto es que, desde finales de enero, el virus se nos ha introducido en nuestro tejido social, causando alarma, pérdida de credibilidad de nuestro gobierno de falsa coalición y el hundimiento del sistema sanitario, que ha quedado demostrado descansaba sobre la precariedad y el esfuerzo contra lógica del personal empleado en la Sanidad Pública. Se están produciendo miles de muertes por el virus, en una espiral de contagios que no es posible deducir cabalmente cómo se ha producido y se está produciendo y que afecta, fundamentalmente, a centros geriátricos y sanitarios. También parece afectar a personas relevantes del gobierno y de la política, pero no me creo que sean más vulnerables por el hecho de estar dedicados al servicio público de señalarnos por donde creían que iba a ir el futuro. Creo, sencillamente que, como están más cerca de los mandos, se han hecho los análisis. Si nos los hubiéramos hecho todos, muchos más seríamos los afectados.

(seguirá)

 

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Semana de Compasión

24 marzo, 2020 By amarias 2 comentarios

Si esto es una guerra contra el coronavirus y nuestro mando civil-militar tiene las cosas claras, estamos en la semana decisiva para vencer al invasor. No es que, con el despliegue de resistencia y sumisión de toda la población (salvo algunos, pocos, insolidarios y rebeldes), de los esfuerzos titánicos para tratar de paliar los déficits de previsión y equipos con dedicaciones extraordinarias de quienes pueden ofrecerlas desde su conocimiento, y de las medidas de emergencia, consejos de última hora, regates de opinión e interpelaciones al mal común, a la mala suerte y a la desorganización consuetudinaria, vayamos a derrotar esta misma semana al repelente inquilino de nuestra nave cósmica.

No. No caerá de inmediato. Alcanzará su pico de propagación, contagiando aún a más compatriotas, habrá una ascensión en el número de muertos y luego, bajará la cadencia hasta convertirse solo en un mal recuerdo. Para que eso suceda, habrá de pasar aún dos o tres meses, quizá incluso más.

Porque nos estamos mirando en el espejo roto de quienes dicen haber conseguido recuperar la normalidad (o casi): los dirigentes y personal facultativo de la lejana China, convertidos a un tiempo en denostados causantes de la aparición del coronavirus 19 y aplaudidos vencedores locales de la pandemia que nació en Wuhan, provincia de Hebei, lugar de ignota ubicación en nuestra mapa mental hasta enero de 2020, en donde -dicen- se comen pangolines (animales mitológicos, mitad armadillo y serpiente, mitad fantasía y superstición)- y donde -se comenta, se sospecha- hacen ensayos muy avanzados con microorganismos para estudiar los efectos (Confucio, Alá y Dios no lo quieran) de una guerra vírica que haga inútil el armamento nuclear.

Querido lector, estoy tan asustado, confuso, indignado, confiado, esperanzado, roto, alarmado, asqueado, tenso, incrédulo, …como tú.

No discuto que hemos llegado tarde para darnos cuenta de que se nos había colado el enemigo invisible. Me asombra que, sabiendo su peligrosidad y carácter letal, ministras de Gobierno y personas relevantes de nuestro mundo socio-político se embarquen en una manifestación para reivindicar ya no me acuerdo qué diablos, o que tipos curtidos en denunciar todo tipo de falsedades y verdades se contagien por celebrar con unos camaradas su triunfo en las urnas, en la que tampoco guardo memoria de lo que votamos.

Me enerva que en este país que ha presumido y presume de tener la mejor Sanidad de Europa y el mejor servicio asistencial del mundo, no tengamos suficiente capacidad y recursos para entender que una gran parte de ese orgullo institucional dependía y depende del esfuerzo personal del personal sanitario y de la capacidad acomodaticia de muchos pacientes.

He visto las imágenes de cuerpos de compatriotas entrando en la morgue improvisada del Palacio de Hielo, en donde tantas familias hemos ido a patinar en días de ocio y rosas. He oído que hay ancianos yertos en geriátricos, esperando que alguien levante sus cadáveres, envenenados por el coronavirus. Tengo mi atención puesta en los informes civil-militares del Comité de crisis, en donde hace días que no veo aparecer ni a Pedro Sánchez, el presidente de Gobierno (en cuarentena por el coronavirus, con su esposa infectada), ni el vicepresidente Pablo Iglesias (en cuarentena por lo mismo y por la misma razón), y no sé cuántos miembros más, incluido el incalificable Torra, desde su refugio mental en Cataluña, animando al suicidio colectivo.

Esto pasará, por supuesto. Nos dejará muchos esqueletos en los armarios. No solo, y por desgracia que pudimos evitar y eso pesará en nuestras conciencias, de los que fallecieron por el coronavirus, y a los que tendremos/tendréis que dar una despedida como debiera haber sido, multitudinaria y silente. Son los esqueletos de nuestro viejo sistema socioeconómico, nuestra economía de mercado, nuestras relaciones con las Autonomías, nuestra colaboración en el seno de la Unión Europea y demás instituciones, nuestra defensa de un mundo en paz. nuestra voluntad de atajar (y de qué manera) el cambio climático, y, en fin, la generación de un modelo de cooperación internacional que garantice trabajo y distribución del mismo para todos, porque todos debemos vivir en paz.

Mucha tarea por delante. De momento, tenemos una semana complicada.

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Seamos serios, por favor. No juguéis con la vida.

20 marzo, 2020 By amarias 2 comentarios

Resumo lo sustancial de este mensaje, al margen de cualquier floritura: La única fuente plenamente fiable en relación con la información general sobre el coronavirus que nos afecta a los españoles, es el Comité de Crisis y sus portavoces específicos. Lo están haciendo, por cierto, con claridad, de una forma forzosamente repetitiva en cuanto a las medidas a adoptar, y conscientes como nadie de que la crisis de la pandemia no ha alcanzado aún su máxima virulencia.

Cierto que la necesidad de información, y presionados por la incertidumbre y la angustia, todos buscamos que las más diversas fuentes nos proporcionen alguna luz. A niveles regionales y locales, los medios de difusión -sobre todo las emisoras radiofónicas, ejemplo de inmediatez- están continuamente bombardeando al oyente con noticias de carencias en centros hospitalarios y residencias de ancianos, entrevistas, a menudo con tonos angustiosos y dramáticos, a alcaldes, representantes de las comunidades autonómicas y a personal facultativo.

Las redes sociales, ese vehículo de comunicación rápida de todo tipo de bulos, chismes y mentiras, han encontrado en esta crisis su naturaleza más repelente y viscosa. Hay individuos, que solo cabe calificar como mensajeros del Mal, tributarios de la maldad, que aprovechan el momento para imaginar cualquier información,  dotarla de apariencia de credibilidad (la firma un médico, un periódico, un centro asistencial nacional o extranjero, una agencia china o coreana, etc.) y encontrar así la difusión que convierte a su genialidad morbosa en algo viral, repetido por inocentes receptores de la misma, con velocidad fulgurante y crecimiento exponencial.

Es el virus, no la de la estupidez, de la mala uva, del terrorismo antisocial y morboso. La red ha difundido ya cientos de veces que se ha encontrado un fármaco que cura el coronavirus, ha alarmado a placer con carencias hospitalarias y fallecimientos en las condiciones más lamentables, se ha permitido prohibir como malignos, contraproducentes o letales ciertos medicamentos.

De todas esas despreciables maniobras, hay una que me duele especialmente. Se ha difundido, alcanzando fuerza viral en las redes, que la aplicación para autoevaluar la posibilidad de estar infectado por el Coronavirus COVID-19, de la Comunidad de Madrid, https://www.coronamadrid.com/ a cuyo desarrollo contribuyó eficazmente mi hijo Miguel, en tiempo récord, dirigiendo sin tiempo para descansar ni dormir, un equipo magnífico de profesionales de la programación, el análisis de datos masivos y las telecomunicaciones, «cede sus datos a terceros y no se sabe quiénes son» (www.elconfidencial.com)

De hecho, escriben, «la aplicación está alojada en una web de la que ni aparece el propietario del dominio. No instalar.»

Es una canallada, una infamia, que perjudica la plena difusión de un programa estupendo cuyo objetivo es descongestionar los centros hospitalarios de personas que no tienen síntomas o los tienen sin relevancia clínica.  Han corregido el mensaje desde el confidencial, pero el mal ya está hecho. Es fácil destruir y dar el premio al mozo del martillo.

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El día de la caca de perro

2 febrero, 2020 By amarias Deja un comentario

Cada 2 de febrero, desde 1971 en el que con el Convenio de Ránsar, en Irán, la Organización de Naciones Unidas estableció esta fecha como referencia para concienciar sobre la necesidad de proteger los humedales, se celebra el Día de los Humedales.

Tenemos en España 63 humedales clasificados como de especial protección por el Convenio, un buen número dentro de los casi 3.000 catalogados en todo el mundo. El más conocido es, desde luego, Doñana (en la desembocadura del río Guadalquivir), seguido por las Tablas de Daimiel. Pero hay otros muchos que sonarán incluso a los más despegados del tema de la concienciación ecológica: Delta del Ebro, Mar Menor, Lagunas de Pitilla,…

Como aficionado a la ornitología, he visitado, provisto de mis cámaras con teleobjetivo, buena parte de esos lugares tan particulares. Los he pateado, pasé largas y agradables horas parapetado detrás de uno de los pocos avistaderos de que disponen esos Parques o al acecho de cualquier irrupción imprevista de anátidas o rapaces y, con la bolsa de desperdicios en ristre, cuando volvía al coche, iba recogiendo los desperdicios que encontraba al paso, hasta que la llenaba, lo que no tardaba en suceder. Botellas de vidrio, tetrabriks, latas de cerveza y otras bebidas, se encuentran dispersas por los senderos.

Ni siquiera esa demostración de descuido por lo que nos debería gustar a todos conservar, es la más dolorosa: edificaciones abandonadas, vertidos de material de construcción, cadáveres de aparatos electrodomésticos y mucha porquería en ciertos lugares son evidencias más duras del desapego. No faltan en muchos «hides» (escondites para observar las aves sin ser visto por ellas)  los testimonios estúpidos de gentes que tachan los nombres en los paneles de orientación para la identificación de especies autóctonas o ensucian con inscripciones lamentables lugares de respeto.

Me gustaría que se respetase la naturaleza que aún se mantiene con valor ambiental, que la Administración competente revisara el estado de muchas de las marismas, que se vigilara y sancionara a quienes roban el agua con toda desfachatez, que se potenciara el valor turístico de los observatorios y de los humedales y, sobre todo, que todos nos concienciáramos de que tenemos que ser, sin excepciones, guardianes del medio ambiente.

Está claro que el 2 de febrero no es el día de la caca de perro. La mierda de perro no tiene, poro fortuna, ningún momento en que se le rinda homenaje. Solo que la proliferación de estos animales de compañía, unida a la desidia con la que muchos de sus propietarios y cuidadores tratan los residuos que producen, hace que nuestras calles -todas nuestras calles, sin excepción- se vean mancilladas con la caca de los perros que sus amos no se dignan recoger.

Una vergüenza, vamos. Tan generalizada que da asco. ¡Y aún se jactarán estos propietarios indolentes de que son muy amigos de los animales! Si fuéramos realmente estrictos, si a todo dueño de un can que sea descubierto abandonando sus deposiciones se le impusiera una multa -en lugar de mirar hacia otro lado- tendríamos, además de más limpios nuestras aceras, alcorques, jardines y pavimentos en general, un importante complemento para potenciar el cuidado y atención de nuestros humedales.


Imposible no dejarse seducir por el vuelo majestuoso de los flamencos (phonicopterus ruber) , siempre atentos para cambiarse de lugar si descubren que nos acercamos a los lugares en donde están alimentándose, típicamente en grupo. Estas aves vuelan sobre los aires de las salinas de Sanlúcar, una mañana de invierno de 2019.

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Sarna con gusto

31 enero, 2020 By amarias Deja un comentario

Desde que se formó el Gobierno de coalición entre los diputados del PSOE y las facciones de Unidas Podemos que consolidaron al ambicioso proyecto de Pedro Sánchez como Presidente de Gobierno (con la valiosa abstención de los republicanos independentistas de ERC), a los españolitos de a pie no nos faltan temas para entretener el café de media mañana.

En realidad, no diría tanto que vivimos en continuo sobresalto, sino que más bien se ha instalado en nuestro ánimo la parsimonia relajada con la que se contempla el estreno de una obra de teatro de la que no acabamos de captar el argumento. Podría incluso suponer que las primeras semanas del nuevo Gobierno son aptas para construir un relato lleno de enjundias, dimes, diretes, declaraciones pomposas y desmentidos rutilantes.

Todo se va asemejando a la versión en pantalla grande, pero cutre, de la Regenta, con la que Leopoldo Alas «Clarín» realizó un biópic con personajes de Vetusta, acertado heterónimo de mi pueblo natal, Oviedo. Esa ciudad alegre y confiada que dormía la siesta, más arcaica que heroica, bien puede traslucirse en la España actual, despreocupada de la política, que duerme plácidamente la siesta de su ignorancia respecto a lo que nos fuera a pasar.

Me apunto, claro, a la corriente de dar un voto de confianza al nuevo Gobierno, aunque necesitaría más fe y menos información para imaginar que todo saldrá tan bien como los voceros oficiales se empeñan en presentarnos, y carezco de la mala uva y el tono agrio con el que los derrotados en las últimas elecciones siguen anunciando la Apocalipsis.

Vale, lo admito. Se nos han colocado en el Gobierno dos grupos de ministros, alineados férreamente en torno a sus respectivos jefes de fila, que, por muchos abrazos que se den en público, tienen ideas, públicos a los que contentar y deseos de protagonismo diferentes. No puedo digerir la boa de que un matrimonio acapare una vicepresidencia y un ministerio, ni tampoco que, repasando las nóminas de los que están en las primeras y segundas líneas del poder político, haya más vínculos familiares, incluso, que en las muy nepotistas Universidades españolas.

Admito también que la derecha, vencida y convencida de su homogeneidad a fuerza de tanto repetírselo desde los medios informativos y del bloque de la desigual izquierda, no sea capaz de poner en orden sus ideas, y se empeñe en criticar todo lo que hacen o no hacen los de los Ministerios, en vez de clarificar qué programa alternativo van a presentar cuando se rompa la actual coalición o le fallen los apoyos desde los independentistas.

El Gobierno se esfuerza en sacar medidas del sombrero mágico, sin valorar las consecuencias y esta precipitación debería tener su sanción económica. Se ha subido el salario mínimo y la medida debiera ser aplaudida si realmente supusiera que todos los que actualmente tienen un trabajo mal remunerado fueran a cobrar más sin que se viera amenazado el puesto del que, mal que bien, sacan para los garbanzos.

Porque si el dinero saliera de darle a los rabiles con el que el Tesoro fabrica los billetes, no habría más efecto que provocar algo más de inflación, y aquí paz y después gloria. Pero como estamos en una Unión Europea (Krugman ha vuelto a decir que o del euro fue un error), toda subida salarial no vinculada a la productividad provocará pérdidas de empleo, ya que los costes empresariales se ajustarán casi automáticamente reduciendo las cargas laborales, con el objetivo elemental de mantener beneficios, o la viabilidad de las empresas y los emprendimientos, especialmente en aquellos que tienen pocos empleados, se manejan en el sector agrario o de servicios domiciliares o en negocietes de chicha y nabo.

No se confíe el Gobierno en que los agentes sociales le estén aplaudiendo con las orejas, porque es cierto que la empresa de mayor tamaño, el capital más receloso y las fortunas de buen asiento necesitan estabilidad en el escenario. Las cosas tienen que hacerse con su ritmo y no a golpe de voluntades e inspiraciones geniales. Y tenemos demasiada prisa en los Ministerios. Me repito hasta la saciedad: somos un país intermedio, y dependemos mucho de lo que hagan otros. Sacar pecho a destiempo nos ha pasado siempre factura.

El caso Abalos ha puesto una nota exótica sobre las consecuencias de no tener una política clara en temas sensibles. Habíamos apoyado, siguiendo el acuerdo europeo que España había propiciado, al venezolano Guaidó, como presidente encargado de Venezuela (curioso nombre para lo que se creyó alternativa a Maduro) y ahora estamos haciéndole morritos al régimen chavista. La historia verdadera de la visita nocturna del Ministro de Transporte a la zona de aterrizaje de aviones privados en el aeropuerto de Barajas encaja con la cultura del vodevil.

Porque ya se puede completar el relato, sacudiéndose de las mentiras urdidas sobre la marcha por Abalos para justificar un tema menor. La vicepresidenta venezolana, Deniz Fernández, quiso venir a Fitur, aprovechando el viaje de la delegación del Ministerio de Turismo del país hermano. Pero la policía de fronteras, en el trámite de pasaportes, descubrió que la señora tenía prohibida la entrada en la Unión Europea o, si se quiere ser menos fino, estaba en busca y captura por presunto delito de tráfico de drogas y otras lindezas y los diligentes funcionarios anuncian su detencion.

Molesta tanto como asustada, la Sra. Fernández llama a sus amigos de Podemos y éstos despiertan al superministro Abalos, que acude raudo para solucionar el embrollo, al tiempo que los policías de fronteras alertan al Ministro de Interior, que es la autoridad a la que deben obedecer. Después de varias llamadas telefónicas y la evaluación de lo que debería hacerse, la vicepresidenta, cabreada pero libre, accede a marcharse a otro lugar, aunque el mal ya estaba hecho. Porque no es cierto que el aeropuerto internacional de Barajas no sea territorio español y no resulta creíble que las reuniones se mantuvieran en el avión y no en la zona de autoridades, y que a la fugada de la justicia europea, amiga de varios ministros podemitas (y, al parecer, del propio ministro de Transportes e Infraestructuras) n se le ofreciera un lugar discreto donde pasar la noche y el disgusto.

Hoy, 31 de enero de 2020, se ha sabido que Ciudadanos y Partido Popular concurrirán juntos a las elecciones de Cataluña (Torra anunció por sorpresa, incluso para sus aliados de gobierno, que su legislatura estaba agotada). País Vasco y Galicia. Otro craso error de la derecha, si así piensa sumar votos. Y el preludio del canto final de Ciudadanos, del que cabe decir aquello de «quien te vio y quien te ve y sombra de lo que eres).


Un grupo de buitres comunes (llamados también leonados por el color de su pelaje, gyps fulvus) observa desde los farallones de Olite (en Navarra) a los cuidadores que les proporcionan regularmente alimento, ya que la falta de animales muertos por causas naturales en la zona los hace dependientes de ese suplemento nutricio.

 

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Gobierno de circunstancias

7 enero, 2020 By amarias 1 comentario

En la mañana del 7 de enero de 2020, en una votación ajustada, en segunda vuelta, el candidato Pedro Sánchez. del Partido Socialista Obrero Español, ha sido elegido Presidente de Gobierno. Los diputados que le han votado han superado en solo dos a los que se han manifestado en contra.

Se trata de un gobierno de coalición con Unidas-Podemos y ha contado con la abstención de Esquerra Republicana de Catalunya. El Partido Popular, Vox y Ciudadanos han votado en contra.

Los debates de investidura han sido broncos, con graves descalificaciones de los representantes que hoy conforman Gobierno hacia los líderes de la oposición. Por parte de Pablo Casado y Santiago Abascal, portavoces de los intereses de las derechas tradicionales, se ha llegado incluso a plantear la disidencia como una amenaza constante a la gobernabilidad del país, «utilizando todos los medios legales» para paralizar la adopción de medidas del nuevo Gobierno.

La situación es, verdaderamente, no ya esperpéntica, sino muy delicada. La escenificación de las discrepancias en el foro del Congreso de Diputados ha puesto de manifiesto la imposibilidad de acuerdo entre los dos bloques, por lo que España vuelve a estar dividida en dos facciones beligerantes (esperemos que solo en lo verbal), hecho que no se producía desde que estamos en democracia, es decir, al amparo de la Constitución de 1978.

Ha sido muy duro escuchar -sin ambages ni ocultaciones – que quienes han apoyado indirectamente, con su abstención, el gobierno de la izquierda socialista con los populistas de indefinible sesgo ideológico de Unidas Podemos, conforman un partido, la Esquerra Republicana de Catalunya que está en contra de la Constitución y de la unidad de España. No creo que nadie pueda apostar con garantías en este momento a la estabilidad de este gobierno, independientemente de que no podemos permitirnos dudar de sus buenas intenciones.

Los portavoces del Partido Socialista, evidentemente satisfechos por haber conseguido, por fin, aupar al Gobierno a su secretario general, -si bien debilitado por la incorporación a su futuro gobierno de ministros provenientes de sus hasta hace muy poco, enemigos acérrimos- se esfuerzan en presentar la votación y el acuerdo conseguido, como un triunfo de la democracia.

No debíamos confundir, sin embargo, lo que significa el Gobierno -al que habrá que juzgar por sus planteamientos y logros, de momento totalmente opacos o inexistentes- con la necesidad de encontrar apoyos para sacar los temas importantes adelante, lo que exigirá un ejercicio constante de equilibrios y acuerdos con partidos ahora manifiestamente opositores.

También es clave llegar a conocer el alcance de los acuerdos con los independentistas y republicanos; las intervenciones en el Parlamento no me parecieron, en este sentido, nada tranquilizadoras, y me confirmo en la sensación de que la democracia está secuestrada por lo que podríamos llamar el Sanchezposibilismo, cuyo propósito más aparente ha resultado ser conseguir consolidarse como presidente de Gobierno efectivo, a costa de transigir en cuestiones cruciales que se le convertirán en una pesado mochila.

Lo escribo desde una posición de izquierdas, desde el respeto a la Constitución y en el deseo de la mayor estabilidad posible para este país. Aunque, tal como están las cosas y lo desorientado que anda el personal, no me extrañaría que algún devoto del pacto de Gobierno me considere haber caído víctima de esa derecha fascista que, según el actual doctrinario, contamina todo lo que no es tenido como afecto de partidario.

Se trata, sin embargo, creencias o posiciones personales aparte, de desear que el Gobierno que se forme trabaje en dos direcciones urgentes, y nos gustaría a los demócratas independientes, a los pacíficos de corazón y a la derecha posibilista (es decir, a casi todos) que se mostrara capaz cuanto antes. Con otras palabras: deseamos que se vuelva a la calma y al orden representativo, que se eliminen tensiones verbales y corrijan nefastos personalismos y se de impulso a la declinante economía española, en un entorno internacional en el que se han exacerbado los individualismos y los proteccionismos.

Vamos, que lo tenemos difícil si, además, la situación nos pilla desunidos y desorientados.


Esta elegante pareja de cisnes negros fue fotografiada en el Parque Isabel la Católica, de Gijón, a donde me llevó, hace ya unas semanas, la difusión de mi libro Sonetos desde el Hospital.

 

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El relato sorprendente de la juez justiciera

2 octubre, 2019 By amarias 2 comentarios

Para llegar a ser juez en España hay que preparar unas duras oposiciones, luego de estudiar la carrera de Derecho, y para superarlas con éxito se precisa emplear un mínimo de dos años de estudio dedicados a aprender la forma un temario amplio sobre temas administrativos, legales y procesales, y para el que los opositores suelen adiestrarse con alguien que las haya superado en una convocatoria anterior, que recibe el nombre obvio de preparador.

Mi opción personal es que prefiero ser juzgado, y defenderme o defender a otros, que juzgar. La acción de juzgar es muy compleja, puesto que, aunque se suele pensar que el juez o magistrado solo tiene que aplicar la ley y ajustarse al Derecho (en sus variadas manifestaciones, fundamentalmente escritas, aunque también existen otras fuentes- -al menos, en el mundo del Derecho-, se debería exigir a quienes ostentan esa función social una experiencia y formación personal en las cosas y hechos de la vida.

No es, lamentablemente, así, y aupados desde tempranas edades a la formidable fortaleza que proporciona el poder enjuiciar y sancionar los hechos ajenos, el riesgo para muchos jueces y magistrados es caer en el endiosamiento. Se defienden grupalmente, creyéndose o sintiéndose especiales, sin reconocer que la sociedad les ha asignado un papel de mérito, sin duda, pero de enorme responsabilidad.

En nuestro país, la tendencia a la litigiosidad, manifestada especialmente en los ámbitos del derecho civil o administrativo, ha significado que los juzgados esas especialidades se encuentren colapsados por una parafernalia de reclamaciones, más o menos fundadas o infundadas, que dan de comer a muchos abogados y que sirven para despertar bastantes recelos y antipatías hacia los que se sientan con puñetas en los estrados frontales de los tribunales.

La cuestión en el campo del derecho penal merece especial atención. La aparición de delitos de los llamados económicos en el Código penal, con penas gravísimas -con una orientación revisionista de los tipos penales, que podía calificarse de revolucionaria-, ha provocado el que las cárceles sean ocupadas con ritmo creciente por gentes de cuello blanco, mangas largas y gominas en el pelo, quitando sitio y protagonismo a los viejos inquilinos de uña negra, te mato porque eres mía o robo para comer porque no tengo otro medio de subsistencia.

Que tengamos encarcelado, y por varios años, a un cuñado del Rey de España, por haber utilizado la influencia de su alcurnia en provecho propio -sacándose unos milloncejos de nada para comprarse un chalé de los llamados de lujo- es un síntoma claro de que algo está pasando en nuestra sociedad. Que se quiera investigar al rey Juan Carlos, tenido hasta ayer mismo por garante de la democracia sobrevenida, por haber aceptado comisiones en unos negocios que hizo, en provecho de la industria del país, sacando unos contratos a sus hermanos de mentirijillas de los jeques árabes, me hace sospechar que hay una corriente que pretende acabar con la Monarquía por la vía del derecho penal.

También parece que, en la corriente autónoma de pasarlo todo por el derecho penal, la mecánica demoledora de castillos (de arena, papel o hierro), atacó y ataca sin cesar, como una amenaza imposible de quitarse en encima, a políticos, empresarios, intermediarios y gentes de especial vivir. No me resulta difícil imaginar que en los despachos de quienes dirigen los destinos del país se sigue con atención y cierto temor este continuo rebuscar por los entresijos de la mierda que sostiene nuestra economía.

Pues bien, hay una jueza que «cambió la vida de Lugo» (copio el titular de La Voz de Galicia del 28 de septiembre de 2019) y que, de haberle dado más tiempo, hubiera cambiado la vida de España. Me refiero a la magistrada Pilar de Lera Cifuentes, nacida en Cartagena en 1971 y que, después de haberse hecho los dientes en otros Juzgados, recaló en Lugo desde Mieres en el 2007, con 36 años.

La crónica dice que se dedicó a abrir decenas de macrocausas que involucraban a empresarios, políticos, proxenetas, junto a guardias civiles y policías nacionales. Denunciada por decenas de imputados que se quejaban de que los procesos no se cerraban, las múltiples quejas que se recibieron contra ella en el Consejo General del Poder Judicial, fue sancionada por «retrasos y desatención del Juzgado» a siete meses   y un día de empleo y sueldo, lo que le acarrearía la pérdida de destino. Su abogado anunció que reclamaría ante el Tribunal Supremo la suspensión cautelar de la sentencia.

El caso ha despertado mis simpatías, máxime después de conocer más detalles del trabajo que esta juez se echó sobre las espaldas. (Véase, por ejemplo, El País de 29 de septiembre de este año). La juez De Lara ha estado investigando, entre otras grandes causas que abrió simultáneamente, ni más ni menos que la red de prostíbulos que ensucian el paisaje español (anunciados en las carreteras como Clubs y Hotelitos con letreros luminosos muy aparentes). Más de 1.600 casas de seudo placer pagado en el que se ofrecen, como carnes a la venta, decenas de miles de mujeres a diario. Más del 0,35% del PIB de nuestro país (o sea, del orden de 40.000 Millones de euros) genera este negocio miserable, convertido en el tercer consumidor de esa explotación vinculada al sexo de pago, de la que, como es sabido por todos, las mujeres -latinoamericanas con hijos, desterradas del Sahel o asiáticas de la URSS bien descompuesta, etc- son víctimas principales.

Reivindico a la juez De Lara. Tardó diez años en cerrar el caso La Carioca, emitió un auto de varios cientos de páginas para imputar con solvencia a decenas de individuos que traficaban con mujeres, drogas y sobornos a empresarios, autoridades civiles y militares, y nos dio un motivo irrefutable para ponernos a todos colorados. El mal de la prostitución no tiene ninguna justificación. Solo genera inmundicia (incluido el dinero que mueve), solo se sustenta en la explotación del ser humano y en el desprecio al semejante.


Hay que prestar atención para descubrir a los agateadores subiendo, mientras devoran litófagos, trepando por las laderas de los troncos, con incansable agilidad. Viven en nuestra península, dos tipos de agateadores: el común (certhia brachidactyla) y el norteño (certhia familiaris), prácticamente indistinguibles.

El de la fotografía, por la amplia ceja y el vientre de un blanco más puro (no apreciable en ella, por las sombras), corresponde al tipo norteño, identificable sobre todo por el lugar donde fue realizada la instantánea, Asturias, ya que ambas especies tienen áreas de difusión distintas.

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