Al socaire

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Emparedados europeos

14 diciembre, 2016 By amarias Deja un comentario

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El ascenso del pintoresco empresario Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, como resultado de una campaña elaborada desde el núcleo duro del sistema para engatusar a los que tendrían razones sobradas para desconfiar de él, abre un camino de incertidumbres que, para los historiadores del porvenir, significará una fuente de novedosos materiales de análisis.

Habrá que esperar a conocer el despliegue de las acciones anunciadas, antes de autoinmolarse en el altar de las desdichas presentidas. Todo indica que las ambiciones empresariales del Sr. Trump van a experimentar un realce espléndido (para él) desde su posición privilegiada como factor del país aún más poderoso de esta Tierra, y que se iniciará un período de ayuda y comprensión recíproca con la Federación Rusa, gracias a la cálida relación personal con Vladimir Putin. Además de haberse manifestado afecto recíproco y gran sintonía, los dos presidentes parecen dispuestos a obviar los importantes conflictos y tensiones que ocupaban un prominente lugar en la agenda de preocupaciones del aún presidente Obama.

La verdad, a título exclusivamente personal, que Putin y Trump se aprecien, se quieran y estén dispuestos a evitar cualquier tensión mayor entre los intereses que representan, tendría que importarme un bledo. Sin embargo, tengo serias sospechas de que la gran perjudicada de ese nuevo cariño perjudicará gravemente a Europa. Un proyecto de agrupación de Estados en fase lamentablemente en descomposición, y que, por ubicación geográfica y dependencia comercial, se haya en medio del camino de aproximación entre ambas potencias,  con perfil tradicional de escudo ambivalente más que de puente practicable.

No es momento para enarbolar ingenuamente banderas de paz y conformismo. Se necesita una Europa unida, fuerte, económicamente solvente y con las ideas muy claras, no solamente sobre los valores éticos, ambientales o sociales que hay que preservar o potenciar, sino, sobre todo, capaz de defender esos principios y sus consecuencias.

Si las negociaciones que se creían muy avanzadas sobre el Tratado de Comercio con EEUU están rotas definitivamente (y cabe preguntarse quién rompió el enlace), si el Reino Unido entiende que va mejor solo que mal acompañado a abrazarse con Estados Unidos, si la presencia de Estados Unidos en la OTAN se cuestiona y deja de proporcionar (aunque solo sea como amenaza táctica) cobertura a las posibles amenazas exteriores a un conjunto de naciones armadas casi exclusivamente con buenas voluntades, habrá que potenciar los recursos propios, buscarse nuevos aliados estratégicos y ponerse las pilas (perdón por la vulgaridad) de una vez sobre lo que importa.

Ah, y en ese contexto especial, resulta desquiciante, que analistas reputados muy serios, entiendan que este apoyo de la nomenclatura rusa al nuevo equipo norteamericano viene de largo, y que los escándalos de filtración de documentos confidenciales (ya vengan de Assange como de Manning o de la misma CIA) ha sido muñida por intereses muy oscuros.

En la ceremonia de la confusión, mientras el equipo de Clinton se lame las heridas, sin haber asimilado aún que la derrota infligida va para largo, hay quien cree que un impeachment (procesamiento de un cargo público) del Presidente liberará al mundo de la pesadilla Trump.

Es un deseo imaginativo pero absurdo, no ya  porque el nuevo Presidente controle ambas cámaras, sino porque a la noble nación norteamericana lo que le importa, de verdad, es si un presidente, por muy capaz que sea para gestionar lo público, oculta sus relaciones íntimas con una becaria.

Eso sí que le resulta imperdonable. Por eso, el apellido Clinton estará para siempre marcado por el puritanismo arcaico de la sociedad que pretende dirigir los destinos del mundo, y que no tolera que un presidente de los Estados ose abrirse un par de veces la bragueta debajo de la mesa del despacho oval. Muy diferente, sin duda, a hacer ostentación pública de las más rijosas inclinaciones, adornadas, además, con el desprecio a las mujeres, a los inmigrantes, a los desfavorecidos, a  los homosexuales y, en fin, a lo que le apetezca mancillar según el humor del día.


La foto corresponde a un Ganso del Nilo o ganso egipcio (identificable por la mancha orbicular oscura), que vive solitario en el Parque San Francisco en Oviedo. Es frecuente encontrar a congéneres de estos caretos en los mini-zoos de las ciudades españolas, importados desde sus lugares de origen para dar exotismo a las colecciones de patos, gansos y cisnes.

Según pude observar, el animal, robusto y pendenciero, se lleva mal con los pavos reales, y con los demás anseriformes que pueblan el más bien abarrotado lago que, desde hace décadas, se ha montado allí y que se conoce como «el estanque de los patos». Si me remonto casi a mediados del siglo pasado, los  más preciados habitantes de lo que entonces era una charca no siempre muy limpia, fueron una pareja de cisnes blancos y un cisne negro, además de una decena de patos azulones.

Tengo alguna instantánea de uno de aquellos cisnes, que tomé -obviamente, en blanco y negro- con una Reflex que tenía entonces. Por una de ellas, seguramente por el complicado juego de brillos y reflejos del ave en el agua, me dieron un premio de fotografía, que, desde mi impulso adolescente, me hizo creer que había méritos de autor y que, en todo caso, me llevó horas revelar en un cuarto oscuro que el SEU ponía a disposición de los aficionados autodidactas.

Ahora, según he oído, en el estanque solo queda un cisne de aquella pareja, viudo, y se ha decidido no introducir más de esta especie en su hábitat, porque estos animales son monóganos (además de territoriales). Se espera, pues, para la repoblación con otra pareja de cisnes, al fallecimiento del supérstite, que se supone ya próximo. Los cisnes son longevos, pero no mucho más allá de cincuenta o sesenta años.

Con la aparición de mejores ópticas, cámaras de aplicación más sencilla y la capacidad de hacer cientos de fotos del objeto en soporte digital sin gastarse euros ni minutos, me convencí de que el mérito suele estar en el aparato y -exceptuando dosis de paciencia y dosis de oportunidad-no en quien lo manipula.

Lo que no tengo idea es quien incorporó al careto a la avifauna ovetense, ni tampoco quien toma decisiones sobre la vida de las anátidas. Si se hiciera una encuesta, entre si fue por causa de Apolo o por virtud de a pelo, no sería de extrañar que, en vez de abstenerse o entender que es patochada, ganaran los partidarios de montarse sobre los temas en pelota.

Publicado en: Actualidad, Europa, Política Etiquetado como: americanos, belicoso, cámara, cisne, estados unidos, Europa, Federación rusa, ganso, parque, Putin, rusos, San Francisco, Trump, víctima

Íntimos reductos reducidos

9 diciembre, 2016 By amarias Deja un comentario

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Juan Luis de Diego Arias, abogado del Ilustre Colegio de Madrid y primo carnal del que esto escribe, ha visto publicada su tesis sobre «El derecho a la intimidad de las personas reclusas», (Ministerio del Interior, Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, 2016) premiada con el Primer Accésit del Premio Victoria Kent de 2015. Es un magnífico trabajo, desarrollando con la precisión de un cirujano el análisis de un tema que reúne las características de delicado, apasionante y controvertido (al menos, en los ámbitos involucrados con la plasmación o expresión práctica de su ejercicio).

Las tesis doctorales, cuando responden adecuadamente al propósito académico y disciplinar, no pueden resumirse ni glosarse por un tercero sin entrometerse en el terreno pedregoso que linda con la petulancia, por un lado, y por otro, con la pedantería. Construye Juan Luis un edificio sistemático, apoyado, como no podía ser de otro modo, en las Sentencias del Tribunal Constitucional (TC) que abordan la cuestión, valorándolas y englobándolas en un contexto amplio, que implica desde la sociología a la psicología y hasta el ámbito de la apreciación individual de los límites de la personalidad, la intimidad y el pudor.

Todo ello, por supuesto, sin perder de vista que se trata de objetivar en lo posible la cuestión central de la intimidad de los que se encuentran cumpliendo condena. «Idoneidad, necesidad y proporcionalidad en sentido estricto son los parámetros para comprobar  si una medida restrictiva de un derecho fundamental supera el juicio de proporcionalidad». Son las palabras clave con las que el TC ha venido perfilando el asunto de la controversia entre dos parámetros de expresión variable, pero no por ello susceptibles de sometimiento discrecional al juicio y voluntad de terceros, ya sean los directores de las prisiones o el propio reglamento de prisiones: derecho a la intimidad personal del recluso y la necesidad de velar por el buen orden y seguridad del establecimiento penitenciario.

No voy a resumir, ni siquiera a intentarlo, un trabajo de 350 páginas y que ha demandado, sin duda, muchos meses de estudio. Es una obra de la madurez del autor, que recoge -incluso sin que él mismo lo haya advertido, quizá- residuos adecuados de las vivencias propias. Yo la he leído con la fruición de quien presupone, con plena consciencia, que va a encontrarse con la exposición ordenada de ideas y conocimiento. Durante la elaboración de la tesis, incluso tuvimos ocasión de comentar algunos aspectos y pude, por tanto, verla crecer y robustecerse. Felicidades, pues, también, a Fernando Reviriego, el director de la misma.

Disculpará el lector, y mi primo en especial, el que incorpore a este tema otro que viene a mi recuerdo este día. Santos Castro, fallecido el 24 de agosto de este año, cumpliría hoy 67 años. He comprobado que su perfil en Facebook se mantiene abierto, y sigue siendo, por tanto, uno de mis amigos en esa red social, con una vivencia pública prolongada, aunque inerte.

La intimidad de los muertos, la prolongación post morten de su personalidad, el respeto a su memoria, y a las creencias y planteamientos manifiestos en vida, la fidelidad en la plasmación de sus hechos y en el reflejo de sus actitudes, así como  el estricto cumplimiento de sus disposiciones testamentarias -si las hubo- son, sin duda, un tema de tesis que no ha sido aún suficientemente tratado y sobre el que el TC se ha manifestado parcamente. Parece haberse impuesto el criterio de que la muerte autoriza per se la sección irrespetuosa de los que no están para defenderse o para obligar a que se les tenga en cuenta en lo que ordenaron y creyeron.


La foto que acompaño al Comentario de hoy, refleja a un ave en un entorno doméstico, al que ella misma se condujo por curiosidad o en busca de cálido cobijo y alimento.

Cuando volví a casa aquel día, descubrí con sorpresa que un petirrojo había entrado en la cocina y estaba encaramado en el tanque para el agua, que se hallaba templado gracias al buen tiro de la cocina económica, a la que yo había estado alimentando con troncos de leña desde primeras horas.

Tuvo que haber entrado por la puerta principal, supuse, ya que las ventanas de aquella habitación estaban cerradas. Habría ido avanzado hasta allí, volando por los pasillos, apoyándose en sillas, piano o cuadros en su aletear despreocupado. Un itinerario singular. Como los pájaros no parecen capaces de distinguir entre la naturaleza y los accesorios generados por la actividad humana, el pequeño animal no se mostraba afectado por la inspección de dependencias tan extravagantes para su hábitat.

Mi repentina presencia en el lugar debió amedrentarla, y el ave extremó su quietud, paralizada ahora por el miedo. Temiendo que se hiciera daño en una huída atolondrada, abrí con calma todas las ventanas y esperé con paciencia a que el animal encontrase por sí mismo la vía de escape a su ámbito natural.

Al cabo de unos instantes que ambos vivimos con tensión, respiré aliviado cuando vi que el petirrojo tomaba el camino que le había abierto hacia la cabal libertad.

Si esta historia fuera un cuento, o hubiera deseado incorporar en ella alguna elucubración imaginativa, podría terminar escribiendo que el petirrojo, agradecido por mi sensato proceder, volvía cada atardecer al porche para obsequiarme con lo mejor de sus trinos y gorgoritos. No se si fue así, pero nunca han faltado a ese lugar cantos de mirlos y petirrojos. El problema lo tengo que yo, que no soy capaz de distinguir a un petirrojo de otro.

Todos los petirrojos son iguales en la penumbra de los matorrales donde se cobijan y no se me presentaron más que unas pocas ocasiones de observarlos en su intimidad con la atención que dispensé a esa ave que penetró en la mía.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: intimidad, Juan Luis de Diego, petirrojo, premio, reclusos, Sentencias, Trubunal Constitucional, Victoria Kent

Sociedad sobrecalentada

8 diciembre, 2016 By amarias Deja un comentario

pavo real absorto en su mismidad

En otros momentos de la Historia, sin duda, colectivos humanos concretos han sufrido situaciones dramáticas -guerras, hambrunas, esclavitud, explotación o pestes-, aunque me expongo a afirmar que en ningún otro momento como el actual la sociedad en su conjunto estuvo tan presionada por la necesidad de resolver urgentemente sus contradicciones.

Si la sociedad humana tuviera un motor, diríamos que se encuentra sobrecalentado. En estas particulares condiciones, si fuéramos los conductores de un vehículo de nuestra propiedad, y sin necesidad de consultar a especialistas en mecánica o termodinámica, detendríamos de inmediato el vehículo ante los síntomas de calentura. Levantaríamos el capó, nos encaramaríamos al espectáculo amenazador de incendio inminente que delatarían los humos del cárter, verteríamos agua sobre las partes calientes y cruzando los dedos, esperaríamos a que la máquina motriz se enfriara.

Luego, cuando la generación de  humos se calmara y la temperatura de las piezas metálicas no hiciera daño a la mano, llenaríamos de agua al radiador, aceite hasta el nivel de la muesca, rezos a los santos de devoción y llevaríamos a marcha lenta el vehículo de inmediato al taller más cercano, confiando en que la avería apareciera como subsanable y que el diagnóstico del experto local, cuyos conocimientos pueden ser invocación al premio de una lotería, resulte lo bastante certero y rápido para no tener que suspender la itinerancia.

Los efectos de la globalización económica y la amenaza de un calentamiento terrestre irreversible nos han hecho sentir que, por las buenas o por las malas, nos encontramos aupados todos en un vehículo colectivo (pocos, al volante; un par de miles de millones agarrados al pescante y a las manijas, otros mil millones recluidos en el maletero, mientras unos centenares de millones cantan incluso aquello de «si eres conductor de primera, acelera», sin importarles que otros cuantos miles de millones tengan que aguantar incomodidades, humos y la incertidumbre de no saber donde nos llevan).

El asunto tiene sus bemoles, dentro de la extraordinaria complejidad, porque los del volante se empeñan en ignorar los síntomas y los gritos de quienes claman que hay que parar, porque cada vez son más los que se quedan en la cuneta.

Que en el país que pretende ser líder mundial, se haya elegido presidente a un negacionista de la globalización y del cambio climático, es, no ya significativo, sino dramático. equivale a romper las cartas de la baraja. Desde luego, no soy de los que confían en que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hará, porque los intereses puestos en evidencia son palmarios: cerrar puertas a compartir beneficios económicos, despreciar la contaminación producida por el desarrollo ilimitado, alimentar el consumismo interno sin importar el coste, potenciar la generación de recursos bélicos y prestar oídos sordos a las necesidades ajenas.

Me uno a los que reclaman mayor protagonismo para Europa, en tanto que mantenga y perfeccione el perfil de apoyo a los principios de solidaridad, defensa ambiental, apoyo a los pueblos menos favorecidos. Obviamente, se trata de poner de relieve valores que, en el pasado no muy lejano, los europeos no tuvieron, que incluso hoy son cuestionados por algunos colectivos.

Pero si renunciamos a defenderlos, si dejamos que el vehículo social sea conducido por el egoísmo de los más fuertes, y el desprecio a los que exigen que es preciso detener la marcha para poner de manifiesto lo importante y recuperar a los que se han dejado en la estacada, la sanción será terrible. No, no vendrá por el lado del desarrollo tecnológico incontrolado; tampoco provendrá -¡ay!- de la sublevación de los oprimidos, reclamando a sangre y cuchillo que se les atienda.

La sociedad se ahorcará con la misma cuerda con la que algunos pueblos pretendían gozar de mayor libertad. Esta visión catastrofista no es improvisada, ni tiene raíces bíblicas. Puede que aún resista varias generaciones. Aunque, desde el mismo momento en que la gravedad de la situación ha sido detectada, pesa sobre nuestras conciencias, sobre la ética universal a cuyos principios nadie puede sustraerse sin negarse humano.


La foto pone de manifiesto el descanso de un ave singular, admirada por el despliegue de su belleza. El pavo real es ornato de muchos parques ciudadanos, a la espera de que abra el abanico de su plumaje. El espectador humano puede pensar que es el destinatario del arco multicolor que este animal pone a la vista, en un ejercicio de musculatura al servicio de la ostentación. No es así, claro. El macho de pavo real necesita la presencia próxima de hembras de su especie (es, además, señaladamente polígamo) para entregarse a esa ceremonia de seducción, cuyo objetivo no es otro que la cópula, por más que pocas veces sus galanteadas parecen prestarle atención.

Si la naturaleza ha respetado el principio de proporcionalidad dotando a esta galliforme de la carga de arrastrar un pesado plumaje para conseguir algo que otras especies tienen más a la mano, es un misterio, como tantos otros. Por su belleza, tanto en la India, de donde proceden estas gallináceas, de la familia de los faisanes,  como en muchos lugares, durante siglos, los machos de pavo real fueron seleccionados como manjar para distinguir a los héroes y como comida elegante para las mesas de los magnates.

Los siervos, criados y gente de los estratos sociales inferiores, cuando podían permitírselo, se contentaban con cocer o cocinar pollo, notablemente más sabroso.

Publicado en: Administraciones públicas, Ambiente, Internacional Etiquetado como: camino, estados unidos, liderazgo, sobrecalentada, sociedad, Trump, Unión europea

¡Viva la Nicolasa!

6 diciembre, 2016 By amarias 4 comentarios

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(Dada la implantación generalizada de la ignorancia histórica supina, no me duelen prendas en poner de manifiesto que el título de mi Comentario parafrasea el grito de adhesión de los liberales a la Constitución de 1812, proclamada el día de San José, Padre Putativo de Jesús, el niño que se creyó Dios, con bíblicos fundamentos. Así que, como la actualmente vigente, lo fue el día 6 de diciembre, en el que la Iglesia católica conmemora a San Nicolás de Bari, Santa Claus, mi adhesión a la misma la reflejo en ese grito entusiasta).

Los representantes de Unidos Podemos y de los partidos nacionalistas más ariscos, no van a celebrar este año la Constitución que es, todavía, nuestra Norma Suprema. No se sienten representados, no la acatan porque es reflejo de otra época y, además, la mayoría de sus adeptos no la han votado. Incluso, como manifestación superior de su voluntad de rebelión y repulsa, muchos irán a trabajar, y exhortan a sus fieles a que lo hagan. Como entre los que votaron a los partidos de la izquierda plural hay mucho desempleado, imagino que dedicarán sus labores a obras de las llamadas sociales, al fútbol o a manifestarse por ahí.

La Nicolasa no me gusta demasiado (adverbio de cantidad muy apañado), pero la voté en su momento, porque ya tenía edad y porque había una corriente de adhesión inquebrantable que suponía estar a tono con la mayoría. No nos la explicaron mucho, aunque sabíamos que unos cuantos sesudos varones habían copiado lo mejor de otras Constituciones de los alrededores y, sobre todo, estábamos ansiosos por salir a otear el aire de las libertades, que venía de fuera, como un soplo salutífero,

No nos fue nada mal, especialmente cuando, gracias a una chapuza de intento de golpe de Estado, nos convencieron de que la Monarquía servía para algo. Los españoles del bilingüismo (natural o forzado) estaban entretenidos con aumentar competencias para sus representantes autonómicos, y, poco a poco, al abrigo de un par de artículos de la Nicolasa, todas las autonomías/regiones se apuntaron al «café para todos», poniendo en solfa el Estado social y de derecho, y creando gravísimas ineficiencias en el cuerpo de las Administraciones públicas, que dejaron, insensiblemente, de formar parte de un sistema común, para convertirse en un guirigay de rivalidades políticas.

No me gusta demasiado la Nicolasa, porque soy republicano de corazón -es decir, no creo en las distinciones de clase, ni en las sangres especiales, ni en la mano de los dioses sobre algunas cabezas o tribus-. Pero si me gusta menos -esta vez, en la cualitativo- es porque ha propiciado grietas en el conjunto de España. Grietas muy profundas, aparatosas, relevantes.

La Nicolasa no tiene la culpa de que, si se me pregunta de sopetón, puede que responda que no me siento exactamente «muy español» (no  lo voy a proclamar como Fernando Trueba, si bien los que hemos viajado mucho y vivido años en el extranjero tenemos una balanza comparativa con fieles especiales). Lo soy, de forma suficiente, consciente y seria. Soy patriota por exclusión de alternativas, por convicción natural, por herencia y trayectoria. Si se me pregunta de sopetón que soy, diré que español, como no dudaré si me preguntan cuál es mi profesión: ingeniero y abogado. Lo diré sin plantearme quiénes son los demás que participan del mismo nombre, ni cuáles son sus cualidades y méritos. Seguramente es algo distinto a sentirse del Barça o del Atleti, o del Club de Admiradores de Altolaguirre (p. ej.), porque aquello forma parte de lo esencial, de lo que no podría desprenderme sin daño.

Estoy, por supuesto, plenamente convencido de que la unión es imprescindible para mostrar fuerza ante las adversidades, para avanzar más rápido, y para evitar ser presa fácil del apetito macroeconómico de los estados grandes.  Creo con convicción dogmática en una Unión Europea fuerte, y he practicado mucho el axioma de que la masa crítica es menos vulnerable cuanto más grande. Así que, también, soy un europeo cosmopolita, un especímen del género humano, del sexo masculino, que no quiere abandonar su única creencia inconmovible: si tenemos alguna opción como Humanidad de saber qué está pasando con nosotros en el cosmos, es avanzando juntos en el conocimiento, de generación en generación, sin desfallecer.

Por eso, no veo más que desventajas en el independentismo que, además, desean total, de las autonomías, con el que se llenan la boca dirigentes que quieren pasar a la pequeña historia de su diminuta zona local. No me trago que existan las nacionalidades -grupo de gentes con un pasado común y una historia satisfactoria que contar a los niños- más que en los libros  que cuentan intencionadamente mal la Historia de los pueblos, por muy bien que hablen sus habitantes una lengua que no domino y por mucho que se jacten -nativos y advenedizos- de abandonar otra, por imputarla de colonizadora, y que es la que yo hablo mejor.

¡Viva la Nicolasa!, digo, una y otra vez. Y que lo sea por muchos años.

Se seguirán, por unas cuantos años, practicando muchas labias en analizar lo que debe cambiarse, reformarse o retirarse. Pero nuestros problemas, amigos y enemigos constitucionalistas, no vienen de ella, de un Título más o menos, de unos pocos artículos deficientemente redactados. Tenemos que resolver antes de empeñarnos en un camino montuno, la necesidad de crear más empleo, dar mejor educación, equilibrar las prestaciones sociales y asistenciales entre las autonomías y, sobre todo, recuperar el trabajo de avanzar todos juntos y no tirando de las cuerdas cada uno para su petate.

——
Hay fotografías que no tienen calidad, aunque, cuando mantenemos viva la circunstancia de cómo las obtuvimos, no podemos despojarlas del cariño con que las observamos. Ya era casi de noche, cuando descubrí, cerca del camino por el que avanzaba lentamente conduciendo mi automóvil, con las luces de cruce conectadas, un grupete de garzas. Les hice varias fotografías a la trágala, y la poca luz hizo que, a pesar de que apuré al máximo la apertura del diafragma y reduje la velocidad de disparo a lo que me pareció màs conveniente, todas las instantáneas estuvieran afectadas por el ruido. Es decir, borrosas. Esta, con la blancura del plumaje contrastando con la nocturnidad, al tiempo que el ave se elevaba, me recuerda aquél día, y que, como había olvidado poner el freno de mano en la emoción del momento, estuve a punto de perder el coche en la cuneta.

 

Publicado en: Actualidad, Administraciones públcias

Pendientes de las pensiones

4 diciembre, 2016 By amarias 4 comentarios

Gorriones no pisar el cesped Alcazar Segovia

La Seguridad Social hace aguas, y no valen paños calientes, ni arreglos del tipo «ténte mientras cobro», ni apelaciones a subidas tímidas de impuestos, sin resolver el gran problema de fondo de la sociedad tecnológica: pérdida continua de puestos de trabajo de calidad media, en un marco general de incremento de población con disminución de las necesidades de tiempo de trabajo global.

Es duro tener que admitirlo, pero no hay trabajo para todos, ni lo habrá ya nunca, salvo cataclismo tecnológico o guerra total. Los avances tecnológicos han propiciado que se puedan hacer prácticamente todos los cacharros y chupetes tecnológicos que necesitamos para satisfacer nuestra ansia de posesión de sonajeros y juguetes, con menos fuerza de trabajo. La automatización y el saber hacer ha llegado a todas partes -quedan pocos residuos- y, de momento, es mucho más barato completar el ensamblaje de esas cosas que nos proporcionan el espejismo del bienestar en países donde la mano de obra cobra muy poco y no es nada reivindicativa.

Nos dicen ahora aquí en España que la «hucha de las pensiones» se acabará en julio de 2017, y que hay que pactar, bien la salida del sistema de la SS de determinados prestatarios (los no contributivos, fundamentalmente es decir, los que no han cotizado pero padecen estado de necesidad) para que se satisfagan las prestaciones que les corresponda, y pagar éstas directamente desde los Presupuestos del Estado (es decir, con más impuestos), bien la disminución artificial de nuevos prestatarios por haber alcanzado la edad prevista de jubilación (aumentando la edad de retiro o favoreciendo mediante incentivos imaginativos que permanezcan en el limbo de la «jubilación activa»), bien disminuyendo las pensiones, por las bravas o por las buenas.

No veo opciones de llegar a un acuerdo serio por parte de los sesudos varones y no menos sesudas hembras que están reunidos en el empeño oficial de un nuevo Pacto de Toledo, que garantice un período de paz social en este escenario de batalla. No las veo, porque haría falta revisar todo el sistema socioeconomico del país y, ya puestos en lo imposible, del mundo. La sociedad del consumo tenía esas cosas: llevados por el impulso de consumir sin saber dónde se producía, porque creíamos que podríamos pagarlo, nos ha conducido a un pozo negro: no podemos fabricar rentablemente lo que nos hace tilín, lo tenemos que importar de allende los mares, y resulta que no se nos ocurre qué nuevos artefactos podríamos construir (en todo caso, baratos, claro, porque la competencia es atroz) para que nos los compren los que aún no saben cómo hacerlos o prefieren que se los den hechos desde fuera, porque pueden  -de momento- pagarlos.

Hay un genio de las finanzas prácticas (el Libro de Petete de la economía para aquellos a los que la sociología les importa un güevo), que ha llegado a ser presidente del país, por ahora, más poderoso de la Tierra. Su programa de actuación, ya suficientemente esbozado, no solo en la teoría sino en las previsiones de aplicación, se basa en los principios de: capitalismo radical, enriquecimiento polarizado, explotación de la mano de obra menos cualificada, clasismo, autarquía en cuanto sea rentable, segregacionismo de los desfavorecidos por la economía, desprecio a las minorías, machismo como argumento de potestad, etc. No me sorprende que casi 60 millones de norteamericanos (incluídos algunos millones de los que conducirá a su Holocausto) le hayan votado: es muy gracioso, tiene mucho gancho de izquierdas ese tipo. Y, además, ha tenido éxito en los negocios: algo se les pegará a sus admiradores.

Mientras tanto, no me queda sino aconsejar, una vez más, que se revisen desde el fondo los programas de producción y consumo de este país. Para que, al menos, sepamos por dónde vamos. Se pueden subir los impuestos a las mayores empresas, a los grandes capitales y a los asalariados que se salen del marco retribucional varios pueblos. No podrá hacerse bruscamente y se corre el riesgo de que sea hambre para mañana si ese dinero se emplea en tapar agujeros.

Hasta aquí puedo leer.


Vuelvo a poner aquí una foto que publiqué hace años en este blog. Los gorriones no saben leer (eso creo), pero los carteles dirigidos a otras especies les sirven de apoyo muy adecuado. Algunos seres humanos utilizan letreros y admoniciones de advertencia para hacer lo que mejor conviene a sus intereses. Desde que el mundo es mundo. Lo más lamentable es que convencen a muchos de los que deberían jugar en su contra de que hacen lo que resulta más conveniente.

Publicado en: Actualidad

Mi intervención en el CONAMA 2016

2 diciembre, 2016 By amarias Deja un comentario

Este es el contenido de la presentación que, en la actividad de la Unión Interprofesional de la Comunidad de Madrid en el CONAMA 2016, tuve la oportunidad, y el honor, de hacer. Son mis comentarios a una selección de los 1.500 dibujos con los que otros tantos niños madrileños de menos de 12 años, pusieron a volar su imaginación para representar la ciudad en la que vivirían cuando fueran mayores. No siempre, como veréis, una ciudad ideal,

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Sinsabores en boca

29 noviembre, 2016 By amarias Deja un comentario

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Este mes de noviembre de 2016 me deja la sensación amarga de que hemos perdido algo importante, quizá sustancial. Surge en mí como algo inconcreto, difuso, y que tiene fuerza bastante como para exigirme que lo comunique, que lo traslade y comparta con otros.

No responde a un hecho determinado. Es una mezcolanza de datos y apreciaciones. Se encuentra, en ese cajón de sastre personal, la desazón por la victoria de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos,  la inexplicable dejación de responsabilidades ante la certeza científica del calentamiento global, el avance de las ideologías de la derecha menos tolerante en varios estados cercanos, la ruptura del modelo de solidaridad europeo, el iceberg de la corrupción oculta aún por descubrir, la ausencia de una estrategia compartida desde la razón ante la realidad informe yihadista, la desidia oficial para abordar la solución al hambre y la incapacidad inexplicable para ofrecer dignidad a los migrantes, a los pobres, a los marginados por el llamado desarrollo…

Noviembre de 2016 ha llevado a los titulares varios fallecimientos de ilustres, y la variedad de los sentimientos que despiertan en mis coetáneos, también me resulta inquietante.

En el plano local, el fallecimiento inesperado de la ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, ha puesto de manifiesto el entorno vicioso en el que se mueven algunos supuestos. Barberá no me resultaba simpática, pero no dudo de su dedicación al partido político que la encumbró y al que ella, también, benefició. Las declaraciones post morten de algunos de sus colegas de ideología me resultan espeluznantes, por su claro cinismo. Las expresiones utilizadas por algunos de sus contrarios, con intención vejatoria sin venir a cuento ni contar con fundamento probado, las encuentro igualmente miserables.

Otro fallecido ilustre fuera de nuestras fronteras, en este noviembre, ha sido Fidel Castro. No hay que dudar que representó la plasmación de un modelo revolucionario marxista en un país pequeño, con tradición de caciquismo vinculado a capitales concretos y una población poco culta, relativamente indolente y mayoritariamente pobre. La deriva de aquel régimen, surgido de la toma del poder por las armas, y que arrebató propiedades a latifundistas, empresarios, comerciantes y ciudadanos que pertenecían a la élite social, con el paso de los años, desembocó en una dictadura cínica, enriqueció a los cercanos al poder y no acertó a generar una clase media.

No estoy entre los que critican, sin más al régimen de Castro: sobrevivió al asedio internacional, a los embargos; generó orgullo patrio, soluciones ante la adversidad, educación para resolver lo concreto, cultura sanitaria y agrícola, …. Puedo entender que los que escaparon de la revolución, los expropiados de sus propiedades sin contraprestación, los familiares de los expurgados por el régimen y los marginados por él, odien a Castro y celebren íntimamente su muerte, como en España en otro tiempo nos alegramos del fallecimiento de un Caudillo que abría nuevas puertas a la libertad. Pero la impresión de que Cuba va a pasar por un período de fuerte inestabilidad social y política me duele, me alarma.

Noviembre se llevó también a Leonard Cohen, de quien todo el mundo conocía su voz ronca y, al menos, una canción espléndida, de origen triste como pocas, bailada por Al Pacino y Gabrielle Anwar («Dance me to the end of love»), y a Marcos Ana, un poeta comunista que fue el preso político al que la dictadura franquista mantuvo más tiempo en la cárcel, que fue, para cuantos lo conocieron o supieron sin reservas de su talante y trayectoria, símbolo de honradez personal, y de la capacidad de resistencia que nos garantiza la libertad .

Noviembre es también el mes elegido por un movimiento para llamar la atención sobre las enfermedades exclusivamente varoniles, al que se adscriben cada año decenas de miles de varones (jóvenes) en 21 países (hasta el momento). Los simpatizantes de Movember  (acócope por Moustache y November) se dejan crecer el bigote durante ese mes, y aportan y solicitan aportaciones para la investigación contra el cáncer de próstata, testicular, depresión varonil y otras señales de la fragilidad de los varones.


La foto es de una curruca capirotada. Pájaro poco identificado, tímido, confundido frecuentemente por los urbanitas con un gorrión. Esta se escondió detrás de uno de los pomos del cercado del jardín comunitario. Así, camuflada, confundida por la identidad de colores y tonos con la verja, estuvo sopesando durante un instante qué hacer y cuando yo me abalancé, cámara en mano, y abrí la ventana, solo pude tomar esta foto antes de que la oportunidad desapareciera, me temo que para siempre.

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Palomas

21 noviembre, 2016 By amarias

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Las palomas son animales con un poder de sugerencia multívoco. Sirven para evocar la idea de paz, de un Santo Espíritu, han sido y son aún alimento para nuestra humana voracidad, aunque también significan, como han ido tomando consciencia la mayoría de las ciudades, una plaga que debe combatirse: deterioran lugares de convivencia y monumentos, propagan enfermedades y se pueden asimilar a las ratas como indeseables compañeros del hábitat ciudadano: subproducto molesto de nuestra capacidad para generar y acumular basura.

Como es sabido, hay numerosas especies de paloma. Hasta el menos instruidos de los aficionados a la ornitología podría citar la paloma torcaz, la tórtola turca, la paloma zurita, la bravía, la doméstica…aunque casi todas se hibridan entre sí, dando lugar a una multiplicación indescifrable de subespecies de columbiformes, familia de la que se conocen casi 300 especies.

Las palomas son, tanto en su versión silvestre como en la más adaptada la civilización del homo sapiens, fácil presa para las rapaces. Tienen vuelo corto y predecible y tienen carnes esculentas.

Ya no se ven apenas palomares por las tierras de campos. La razón principal es, sin duda, el abandono de aldea en privilegio de urbe. El auge de rapaces, más merecedoras de protección ahora que las tiernas pollas, algo tiene que ver: no es tan fácil cuidarlas de depredadores, y son pasto de gavilanes, cernícalos, águilas ratoneras y otros volátiles. Si fueran ovejas, un par de mastines por rebaño servirían de guardianes frente a los voraces lobos, pero no vale el tiro sostener a una patrulla de azores para tan poco servicio.

Si no hay apenas palomares, no por ello ha menguado el número de palomas; al contrario. Se las ve por los campos, sueltas, ocupando ruinas civiles como eclesiásticas y, crecidas, se apretujan en las ciudades con las descendientes de aquellas estirpes, que hace solo un par de décadas, se creían adorno de parques y jardines.

La voracidad de las palomas no conoce fronteras ni entiende de exquisiteces. Van al grano como a cualquier desperdicio. Son otros tiempos para ellas, como para nosotros, los humanos. En los campos, las bandadas sueltas, cuando las tierras están sembradas, acuden prestas a colmar sus buches, y las esquilman de semillas importándoles un pito quién sea su dueño, dejándole a cambio, donde pretendía espiga, gallinaza.

El beneficiario del espolio es ahora don nadie. Antaño, por la querencia natural de estas aves a volver a su nidal, eran gloria bendita para el dueño del palomar, pues engordaban y criaban sin necesidad de prestarles más atención que la de entresacarlas de su libertad cuando se considerase oportuno para organizar con ellas una pitanza.

Hoy, las palomas de ciudad son malditas por doquier ya sea aquí como en la plaza de San Pietro, y se prohíbe alimentarlas, aunque la prohibición no tiene resultado, porque a la gente le encanta darles arroz para que se posen en sus manos. Las de campo, más salvajes, prietas, campan a sus anchas buscando cualquier grano, rastrojera o lombriz, hasta que una rapaz ocasionalmente corta a alguna el vuelo.

Unas y otras muestran la misma querencia: andar agrupadas en bandadas. Si quietas, allí donde se posan, engorrinan el entorno con guano que es penetrante como cuchillo de acero sobre la piedra y la pintura. Al menor ruido o signo de supuesto peligro, emprenden todas el vuelo con ruidoso aletear, dan un par de vueltas en tropel, y vuelven a posarse, en el mismo sitio que dejaron unos minutos antes.

Gregarias, tercas. Algo humanas.

 

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Política para divertir

15 noviembre, 2016 By amarias 2 comentarios

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La victoria de D. Trump en las elecciones estadounidenses de noviembre de 2016 ha atraído múltiples, brillantes, reiterados, análisis de politólogos de carrera universitaria y aficionados al montón, cuya gestación se parece mucho, en conceptos manejados y la recurrencia a rotundas explicaciones a posteriori, a las que suelen obsequiarnos los macroeconomistas y los meteorólogos (1). Las cuatro profesiones citados me merecen, por supuesto, respeto, porque, al fin y al cabo, son formas de ganarse la vida sin hace daño intencionadamente a los demás.

The Sunday Times, en el dominical del 13 de noviembre, recoge una interesante especulación acerca de la estrategia por la que el elegido presidente Trump habría ganado. La firma Luke Johnson (chairman of Risk Capital Partners) y se titula «You don´t have to be the best to win -just smart».

En lugar de analizar Johson las razones, por las que un outsider -es decir, alguien ajeno a las reglas de juego de la política- se introduce en el sistema, y gana, se detiene en comentar la estrategia, a la que concede todo el mérito.

Comparto, para empezar, la idea de que no se debe caer en el grave error de enfocar el análisis de una victoria sorprendente, utilizando las tradicionales vías política o económica, porque equivaldría a tratar de medir el fenómeno con los mismos parámetros que han provocado el cataclismo del contrario. Lo que procede es enfocar el asunto desde la perspectiva de la estrategia empresarial que debe adoptar un advenedizo para competir contra la firma que está dominando el mercado hasta entonces.

He vivido personalmente, y debo presumir de que lo hice con éxito, la superación de este reto. No ha sido el reincidir en la oferta del contrario, que puede poner a disposición del objetivo más recursos, más capacidades técnicas, y, hay que contar con ello, la simpatía inicial de una parte sustancial de quienes deben tomar la decisión, Si Vd. quiere vender galletas y llegar a batir al mejor, no las haga redondas y de harina de trigo; eso vale solo para arañar las migajas, Tiene que ofrecer una gran variedad de productos y, sobre todo, que no cumplan la misma función que el que era hasta entonces la empresa o el pul dominante.

El factor sorpresa, la capacidad de innovación, obligar a quien debe tomar la decisión a pensar bajo supuestos en los que no había pensado, poner a su disposición nuevos atractivos, introduciendo factores para la valoración que no estaban en los estándares ni en los pliegos de condiciones -asumidos, adaptados o redactados por y para los otros- es determinante.

«Trump smashed the Republican elite because he did not fight with their rules». Reconozco que tuve que leer la frase dos veces. ¿La élite republiana? ¿Es posible que no se hayan dado cuenta del error los correctores?.

No, claro. La victoria de Trump empezó venciendo la resistencia de «los suyos», que, lamentablemente, se habían adaptado a las reglas y, por tanto, tenían todas las de perder. Era el primer escollo. A partir de ahí, vencer a Hillary Clinton era un trabajo más sencillo, porque la estrategia podría concentrarse contra un solo programa y un solo candidato. Ahí tuvo ya entrada el espectáculo multitudinario, el show de Gran Hermano.

No había que convencer a nadie de méritos, ni defender títulos universitarios, ni saber de economía, política internacional o cualquier otra zarandaja. Bastaba dar al gran público, para atraer a la mayoría suficiente -ignorante, cansada, reciamente conservadora, reaccionaria, ácrata, …qué más daba, de que en esa caja primorosamente decorada, había galletas cuadradas con sabor a mermelada de escaramujos.

No era un mensaje para intelectuales, ni para gente instruida, acomodada, contenta con lo que tenían o con miedo a perderlo, quiá. Era lo necesario para llamar la atención del público adormecido con mensajes monótonos, de las mismas familias políticas, con idénticos currícula inaccesibles. Se podían perder algunos adeptos en las propias filas tradicionales, pero había mayor expectativa de beneficio en los seguidores de los cotilleos y escándalos de esos tipos serios que repetían, una y otra vez, que eran los mejores.

—-

(1) Me refiero con el título de meteorólogos, designando la parte por el todo, al esforzado subgrupo que debe predecir el tiempo que hará en las regiones al otro lado de la meseta que limita con la cordillera cantábrica.

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La cuarta dimensión

9 noviembre, 2016 By amarias Deja un comentario

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Contra todos los pronósticos que se hacían desde nuestro pequeño país, y a despecho de las buenas vibraciones que le enviaban a su opositora casi todos los responsables de las ejecutivas europeas, Donald Trump será el nuevo Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

La campaña que le llevó a encumbrarse como máximo dirigente del país aún más poderoso de la Tierra ha sido incomensurable. Defendió Trump, y no solo metafóricamente, la necesidad de establecer barreras frente al mundo exterior para conseguir reactivar la economía norteamericana con los mimbres estrambóticos de hacer que las grandes empresas paguen menos impuestos, expulsar a millones de irregulares que hacen el trabajo sucio, reducir las ayudas al desarrollo internacional a países en los que se fomentan las guerras civiles y olvidarse de majaderías reconocidas por la comunidad científica como los males de la contaminación industrial y las consecuencias catastróficas del deterioro del medio ambiente.

En sus discursos,para conseguir ocupar de manera convincente las primeras páginas y los prime time de todos los media, incluidas las conversaciones en círculos privados,  insultó a rabiar a la candidata demócrata, Hillary Clinton (a la que trató de enferma mental, de incapaz, de filtrar secretos de estado), a los mexicanos -en las propias barbas de su presidente-, a los inmigrantes regulares y clandestinos (sin apreciar que su mamá era escocesa y sus abuelos, alemanes), a los musulmanes (a los que confundió con terroristas), a las mujeres (a las que presentó como proclives a sucumbir sexualmente ante los encantos del dinero)…Destruyó con un par de martillazos la imagen de cooperación internacional y no tuvo problemas en cuestionar la defensa de los valores democráticos y, sobre todo, de ayuda social, de los que Barak Obama, el presidente saliente, había hecho su estandarte. Negó el cambio climático…

59.182.321 de norteamericanos no pueden estar equivocados, sin embargo. Son, desde luego, unos cuantos votos menos de los 59.349.282 que consiguió la candidatura derrotada, que, dada la magnitud de la cifra, tampoco pueden estarlo. Así que el bipartidismo ha generado su monstruo perfecto: han aflorado nuevamente las dos caras de la bifronte nación americana.

El elefante y el burro tienen otra vez la misma fuerza, pero esta vez el candidato ganador no tuvo necesidad de aparentar que las dos opciones se acercaban a un punto medio. Trump  pudo mostrarse tal cual es, sin ambages, ahondando en el precipicio entre republicanos y demócratas. ¿Por qué iba a utilizar la politica? ¡El es un empresario de éxito en el país de las oportunidades!. Eso le permitió ser mentiroso, despótico, despreciativo de los políticos, antisistema, reaccionario, incoherente, defraudador, misógino, xenófobo, etc. Su exceso de munición dejó la pantalla de juego llena de agujeros en su caza de marcianitos.

Ni siquiera puede objetarse nada contra el sistema electoral de ese curioso super estado que, utilizando una modalidad del strip póker, permite atribuir todos los escaños que corresponden a cada uno de los 50 estados que lo componen, a la candidatura más votada en él, lo que permitió a Trump obtener 290 escaños en el Congreso frente a los 232 de Hillary Clinton. ¿Quién se atreverá ahora a criticar al país que es modelo de democracia, paladín de la defensa de los valores occidentales?

Para los que estamos convencidos, por las evidencias anteriormente acumuladas por la Historia, que hay una cuarta dimensión física desde la que actúan las poderosas fuerzas de lo ilógico, lo acaecido no  es sino una prueba más de su existencia. Suceden así las cosas porque se trata de hacer  el camino de la Humanidad hacia su autodestrucción, más entretenido. Ya se sabe que las películas con desastres, villanos pésimos, malos con doble fondo sentimental, buenos inocentes y torpes, mujeres exuberantes, tipos con tupé, lacrimales para cocodrilos, sufrimientos inesperados, muertes súbitas, caídas de resbalón, son más divertidas.

Utilizo, en fin, como ilustración de este Comentario una sección del Cuadro «La cuarta dimensión», justamente aquella en la que he representado a una joven que está haciendo el ejercicio intelectual de penetrar en ella. Es una pintura mixta (óleo y acrílico), de gran formato para lo que yo suelo hacer, y relativamente reciente (2014). Sobre la mesa, se encuentra la banda de Moebius y la botella de Klein. La representación sobre un plano de un cubo de cuatro dimensiones es sugerida desde la misma tabla en la que apoya su brazo la pensadora. (1)

No le tengo miedo, por supuesto, a Trump. Estoy lejos para respirar de su aliento y soy mayor para que me asuste un fantoche. He oído su discurso de ganador y también el de Clinton, defendiendo la necesidad de apoyarlo, en virtud de los valores democráticos, el reconocimiento del vencedor y sus argumentos sobre la defensa de los suyos, y todas esas cosas que hacen llorar a los simpatizantes y bramar de alegría a los seguidores del victorioso.

Es curioso, por cierto, que Hillary haya tenido tantos apoyos relevantes (aparentemente) que resultaron inútiles, en tanto aparecía que su contrincante se movía solo por los escenarios iluminados llenos de lentejuelas de los diferentes Estados.

Pero, en verdad, no estaba solo. Faltó ver la cuarta dimensión, aquella en la que se mueven las fuerzas de lo ilógico para todos los que solo nos obstinamos en ver desde las tres dimensiones. Allí, en la cuarta, moran los intereses económicos más poderosos, las voluntades de poner trabas en las ruedas del avance social, los que alzan muros de incomprensión ante las voluntades de acceder al bienestar por parte de los más débiles.

También están allí los que se encargan de convencer, con argumentos cuya coherencia no se sostiene intelectualmente, a los suficientes millones de votantes indecisos, perdidos en el bosque de la complejidad de los intereses, y que otorgarán, con su decisión contra natura, desafiando lo que aparecería como lógico, la presidencia del país que aún es el más poderoso de la Tierra a uno de los demiurgos que conectan la cuarta dimensión con el mundo real.

Donald Trump, congrats. You won; how much we lost with your victory?

—

(1) La idea ya la recogí en otros comentarios de mi amplia producción literaria. La banda de Möbius es un falso objeto tridimensional superficie, ya que puede recorrerse de cabo a rabo con un bolígrafo, sin necesidad de levantarlo de ella. Se consigue uniendo los extremos de una cinta, girada sobre sí misma. La botella de Klein es una botella que no es capaz de contener ningún líquido, porque, aunque aparenta estar cerrada, se vuelca sobre sí misma. Se la puede construir hundiendo, por ejemplo, el fondo de una botella de las de sidra o cava y estirándolo hasta que, una vez se haya atravesado uno de los laterales, se le haga conectar con la boca del recipiente.

En cuanto a la representación en el plano del cubo de cuatro dimensiones… lo dejamos para otro día, ¿no?

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: ambiente, Arias, Clinton, cubo, dimensión, elecciones, estados unidos, expulsión, inmigración, Klein, mexicano, Moebius, Obama, sociedad, triunfo, Trump

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