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Creo en la intervención vigilante del Estado sobre el mercado

3 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Continúa de los tres comentarios precedentes, a modo de Credo particular, con raíces en mi gnosticismo práctico y en la experiencia vivida)

4. Necesidad de una revisión crítica del papel del Estado

La gestión de la economía de un país intermedio, implica la convivencia y en su caso,  alineamiento, con intereses supranacionales, la defensa de los elementos que pueden ser impulsados desde la actuación local, y la búsqueda permanente de los huecos en los que implantarse, incluso circunstancialmente, utilizando las ventajas diferenciales que se consiga generar.

España tiene una desdibujada posición internacional, producto de la debilidad en el sostenimiento de sus objetivos. Pretendíamos tener un papel preponderante en relación con la conexión entre Europa y Latinoamérica, e incluso en las relaciones intraamericanas (norte-sur) y no lo hemos sabido aprovechar, o hemos despilfarrado en gran parte el capital moral, sin haber sabido suplir en demasiadas ocasiones los déficits en seguridad jurídica o solvencia económica de un área con gran potencial en recursos, con habilidad negociadora y confianza en su futuro.

En la relación con el mundo árabe, que ingenuamente queríamos basar en una pseudo-identidad cultural e histórica harto cuestionables, hemos pedaleado más sobre la imaginación que sobre la realidad, si bien se debe reconocer que ha habido grupos empresariales que se beneficiaron -en el sector de la construcción, sobre todo-, aunque no alcanzo a ver las ventajas para la creación de empleo en nuestro territorio, a salvo de unos pocos técnicos expatriados.

En cuando al papel español dentro de la Unión Europea, entidad que por sí misma se halla a la busca de su propia personalidad, nuestro peso es marginal, y se nos ve más como problema que como parte de la solución, siendo nuestro europeísmo más próximo al de estómago agradecido o pedigüeño necesitado, en un escenario en el que parece regir el sálvese quien pueda antes que la cooperación.

En relación con las organizaciones internacionales (desde la OTAN al Banco Mundial, de la ONU a la OMS) la posición de España es más pasiva que otra cosa. Se tiene fama, posiblemente merecida, de ser incumplidores de compromisos e ignorantes o remisos a la intervención activa, y no solamente con ideas.  El papel exterior, en las relaciones exteriores, debería concretarse en aprovechar las posibilidades de erigirse en portavoz, no de filosofías, sino de concretas propuestas de resolución de las necesidades de los países y zonas más desfavorecidas, utilizando la capacidad de convicción que pueda derivarse de…nuestro camino hacia sus posiciones.

No es, sin embargo, cuestión de criticar, a lo que somos tan dados por tradición e idiosincrasia, sino de actuar con solvencia, desde la consciencia de cuáles son nuestros problemas y no los de la Humanidad (en especial, los que no podemos resolver de éstos últimos). En España, la urgencia surge del lado social, y su gradación y valoración, para definir la entidad de las medidas a adoptar solo puede hacerse desde dentro. Es imprescindible conseguir la estabilidad de las capas sociales, de manera que los niveles de satisfacción de los integrantes de la pirámide de ingresos y gastos no se muevan descontrolados. Y en esto, no vale engañarse.

Por la parte de la generación de productos y servicios, si las expectativas de los grupos socioeconómicos que forman el sustento básico de la economía no son atendidas, y las perspectivas de futuro no son razonadamente halagüeñas, las empresas se irán, y la actividad regeneradora de los sectores dañados será insuficiente o nula.

Desde la parte del consumo, que está vinculada directamente con la oferta laboral,  el descontento provocará tensiones revolucionarias. Si no hay ingresos familiares, una vez consumidos los ahorros privados, e inexistente el crédito, el número de dependientes de los servicios sociales, de la asistencia pública, o de los pobres y desarraigados, subirá hasta que la tensión explote.

Tenemos, además, en España, el problema especial de que habíamos alcanzado un nivel de bienestar que pretendíamos consolidado, y sobre él se auparon las opciones políticas tanto de la izquierda como la derecha. Apuntábamos hacia unas prestaciones del modelo económico que, evidentemente, no pueden cumplirse en una perspectiva de crisis estructural. Y si falla la credibilidad de las instituciones, no puede esperarse que la reconstrucción del tejido socioeconómico dañado se realice por apelación a elementos mágicos.

Después de llevarnos unas cuantas veces las manos a la cabeza -y depurar, por supuesto, las bolsas de corrupción, ineficacia y avaricia que se han formado-, debemos de aplicarnos a poner en pie formas concretas que nos vuelven lo más rápidamente a una zona de estabilidad. La actuación del sector público es, en esta situación, determinante, pues no se puede confiar, en absoluto, que los agentes que se guían por el mercado y la máxima rentabilidad (la responsabilidad social de los grandes grupos es, en esencia, un placebo), permitan solucionar los problemas urgentes de quienes se encuentran, por el cambio de coyuntura, desplazados, particularmente si están en la base de la pirámide.

La responsabilidad de los gestores públicos abarca desde las administraciones locales a las más altas estructuras del Estado, y exige una actuación coordinada. Las finanzas del conjunto del Estado han de ser vistas como un bloque, y la coherencia de las medidas que se adopten para su saneamiento es fundamental. No se puede abandonar a los municipios el problema de resolver su saneamiento, a base de impuestos y tasas locales, o privatización de servicios públicos. La falta de solidaridad regional tampoco puede ser alimentada, y las tendencias a la disgregación del modelo nacional ha de ser atajadas con serenidad y firmeza.  No habrá desarrollo sin la colaboración de todos los agentes regionales, y la reforma de la Administración pública, en todas sus formas, es urgente y ha de ser debatida sin miedos ni a priori, y con firmeza.

La automatización y la informatización de la prestación de los servicios públicos, la transparencia en las inversiones y gasto de las Administraciones y empresas públicas son una obligación, y especialmente si se pretende la coordinación y evitar los despilfarros.

Soy partidario de la inversión pública en empresas, al menos como referencia para contrastar información, en algunos sectores; no como ha sido utilizada en el pasado para rescatar empresas en dificultades, sino, al contrario, para acompañar a las que actúen en campos preferentes; los proyectos dimanantes de los centros de investigación que emplean dineros públicos deberían encontrar en esas empresas una continuación natural; esto es, me refiero a los sectores frontera.

La eliminación de la burocracia, el secretismo, la ineficiencia, y la desconexión entre los intereses públicos y privados no puede tolerarse en época de crisis y ante la necesidad de cambiar sustancialmente algunos enfoques que nos llevaron hasta aquí.

(continuará)

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: centros de investigación, control, creatividad, eficiencia, enseñanza, estado, gestión, impulso, inversión, vigilancia

Creo en la competencia más que en la competitividad

2 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Continúa de los dos Comentarios inmediatamente anteriores, con los que forma una unidad)

3. Urgencia de aumentar la inversión neta en investigación y mejorar el control de su eficacia

Todo el mundo parece estar de acuerdo en la importancia de la investigación, y empeñado en ponerle adjetivos y apéndices, aunque la realidad es que no se le presta atención, confiando más en la aparición del genio aislado que en el resultado de los trabajos en equipo, con orientaciones en sectores o líneas preferentes.

Se acostumbra, además, a reducir la valoración del esfuerzo en investigación a porcentajes referidos al presupuesto público anual o del producto interior bruto del país: un 1,3% del PIB parecería poco y un 2%, suficiente, por ejemplo. No hay necesidad de engañarse. Si se pretende analizar nuestras posibilidades competitivas en el marco internacional, habrá que referirse a cifras absolutas.

Los datos disponibles -manejo las grandes cifras, importando menos al respecto de mi razonamiento, el detalle exacto- indican que el gasto absoluto en i+d en Estados Unidos es 25 veces superior al de España y el de China, por ejemplo, 10 veces más alto. Países próximos, como Alemania o Francia, lo cuadriplican.  Podemos ser escépticos respecto  a la homogeneidad con la que han sido obtenidos los datos (estoy convencido de que en España se han inflado, en tanto que en Estados Unidos se subestiman…y pongo en duda cualquier dato que provenga de China), pero no debemos dejar de captar el mensaje de que las opciones para competir en resultados investigadores con países que dedican medios muy superiores a los nuestros son comparativamente ridículas.

Debemos, en consecuencia,  concentrar los recursos en algunas áreas concretas, siendo, además, conscientes, de nuestra condición genérica de país tecnológicamente dependiente. Es decir, desde la perspectiva de la mercadotecnia de productos que precisen alta tecnología , estamos del lado de los consumidores y no de los productores, de la demanda y no de la oferta. Solo nos falta -ni más ni menos- que tener con qué pagar lo que nos gusta consumir.

Los 13.000 millones de euros anuales que se dedican, según los datos, en España, a actividades de i+d+i son escasos, y,  por si fuera poco, están distribuidos heterogéneamente entre nuestras regiones (tres regiones concentran el 80% del gasto total innovador) y presentan múltiples duplicidades y ocasión de despilfarros y muestras de descoordinación. Con un gasto privado de 150 euros por habitante (nuevamente, se repiten ratios de proporción similares a los que nos separan de los países más avanzados), tampoco cabe esperar que nuestras empresas den la campanada tecnológica. (1)

(c0ntinuará)

—-

(1) Según el Estudio de una Escuela de Negocios, al que concedo un carácter fundamentalmente académico, hay unas 40.000 empresas innovadoras, y que tenemos algo más de 200.000 empleados, en ellas y en los centros públicos, dedicados a idear, todo el tiempo o a ratos: me pregunto dónde están y lo que hacen, si bien el análisis expresa que se concentran en farmacia, electrónica, química y automóvil, espacios tan imprecisos y genéricos que se me antojan equivalentes a música celestial o a aplicaciones de la cultura general.

Si el lector quiere datos para profundizar en lo pesimista del análisis, puede recorrer las páginas del Informe de la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España).

 

Publicado en: Actualidad, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: Alemania, corporación, COSCE, creatividad, empleo, españa, estados unidos, gasto, investigación, países en desarrollo, tecnología, Universidad

Cuento de otoño: De altramuces y sabios

9 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Seguramente, algunas de las obras de quienes ahora llamamos clásicos de la literatura, no surgieron del impulso genial sino de la necesidad de combatir el aburrimiento, tanto ajeno como propio.

Las muchas horas que había que cubrir entre pendencias callejeras, desvíos amorosos, batallas en Argel y justas poéticas, tenían forzosamente que consumirse en las tabernas, apurando jarras de vino peleón, tratando de encontrar sentido a frases que hicieran, por ejemplo, rimar permiso con inciso, liza con castiza, o brío con me fío.

Todo fuera bien empleado, si acudía la inspiración al llamado del ingenio, lo que, como es sabido, se fomenta con el auxilio del alcohol, tanto si faltan como si comparecen féminas («Soy varón, y nada de lo nuestro me es ajeno», como escribió Terencio en horas bajas).

Cuando Calderón de la Barca se decidió a incluir en una décima de La vida es sueño, un plagio del cuento del Conde Don Julián sobre un muy pobre tipo que recogía las cáscaras de los altramuces que a otro habían servido de alimento, le dio, sin saberlo, un giro precursor, pues puso de protagonistas a sabios y no a pobres ni a tipos corrientes, y dejó a un lado las habichuelas para referirse, simple y llanamente, a hierbas.

Así dotó de una trascendencia insospechable a sus forzados ripios: «Cuentan de un sabio que un día/tan pobre y mísero estaba/que solo se sustentaba/ de unas hierbas que cogía/…!

Son, en efecto, en la actualidad que se vive en Valgamediós, los sabios quienes más riesgo corren de pasar hambre. Y para paliarla, no es cuestión de buscarse altramuces, que, con el correr de los tiempos, se han vuelto bastante caros, pues son ahora legumbre muy apreciada ya que, a decir de los dietistas que andan a la que salta, mejora mucho el colesterol bueno.

Así que los altramuces han pasado de ser el acompañante con que nos obsequiaba el tabernero cuando tomábamos aperitivo en Andalucía, a delicatesse de estómagos selectos y, a la par, hemos conducido a los investigadores (aunque no alcancen la categoría de sabios), a hacerles apreciar las hierbas, víctimas de la penuria.

Hierbas que pueden ser o ingeridas o fumadas, según naturalezas.

Por todo ello, los niños a los que hoy sean dados a leer los versos de don Pedro, ya no le sacarán la enjundia que veían en ellos aquellos maestros que anteponían su vocación a las reivindicaciones.

En lugar de ver en cuentos de altramuces y sabios un ejemplo de resignación ante los reveses de la vida, no hallarán en ellos más que galimatías sin sentido. Y estando sus entendederas muy perjudicadas por los iPod con los que nacen llevándolos ya incrustados en las orejas, no sabrán a quién preguntar significados ni, si lo encontraran, dispondrán de la intención con que escucharles.

¿Qué es mísero? ¿Quién es galimatías? ¿Son los altramuces frutos venenosos? ¿Importa a alguien saber más o mejor, si todo está en internet al alcance de un clic?

Reivindiquemos a Calderón de la Barca por su perspicacia. Aunque, ya que él remedó a Juan Manuel, hagámoslo con él nosotros, terminando su décima de esta forma parecida:

«Y cuando el rostro volvió,/ halló la respuesta viendo,»/ que nadie iba respondiendo/ las preguntas que él formuló./

Hay por ahí gentes que se molestan en poner puntuaciones a la sabiduría de los habitantes de Valgamediós, confrontándolos con test que no tienen otra intención, según su opinión oficialmente admitida, que dejarlos en ridículo.

Por supuesto, defienden, que saben interpretar correctamente una factura eléctrica (-Pero, ¿de qué nos serviría?, -se preguntan), y son capaces de entender el Quijote (-Cuando nos animemos a hacerlo, -razonan-¡Hay tanto que leer!) y que sus universitarios están a la misma altura que los de Japón (y, sin duda, es un insulto compararlos con estudiantes de bachillerato orientales, dada la diferencia cultural).

-Los habitantes de Valgamediós -difundió su portavoz oficial, en un comunicado- no sacamos buena nota en los exámenes porque venimos de vuelta de todo. En especial, de allí donde otros alimentan y estimulan las perspectivas que promete la ciencia. En Valgamediós nos hemos especializado en criticar los hallazgos de otros, cualesquiera que sean éstos. Somos, por ello, maestros en la crítica destructiva.

-En coherencia con ese objetivo, -prosigue el comunicado- damos y daremos únicamente la voz a los que más griten, sin importarnos la verdad o falsedad de sus argumentos, pues nos complace el barullo que generan.

En la redacción de esta Declaración de principios, según parece, participaron varios especialistas en vacuidades y torpezas. Un periódico local, al día siguiente, alabó la pertinencia de dar divulgación a estos principios, extrayendo la siguiente conclusión:

-Que otros se ocupen de lo que creen útil, porque nosotros sabemos muy bien lo que necesitamos para ser felices. Debemos dejarnos dominar por la ignorancia supina, que es la única forma de estar al servicio de la naturaleza.

El pasquín, junto con esta glosa o comentario, firmada por un prestigioso enmerdador cultural, fue colocado en todas las Universidades, Escuelas, Centros de Orientación Pedagógica y Lugares de Investigación, para que sirviera de guía obligatoria, por si alguien mantenía alguna duda de cómo habría que proceder en caso de duda.

Nadie se atrevió a rechistar, que se sepa.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: altramuces, Andalucía, angel arias, calderón de la barca, creatividad, cuentos de otoño, galimatías, Hambre, mísero, sabios, trascendencia

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