Al socaire

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Que entre la poesía

13 febrero, 2019 By amarias Deja un comentario

Si los países tuvieran temperatura, España estaría en situación de calentura. Los síntomas, varios: Gobierno en minoría popular y sin suficientes apoyos parlamentarios para sacar adelante unos presupuestos que se han presentado como más progresistas; Cataluña, la región que debería actuar como motor de mejora a nuestro desarrollo, secuestrada por secesionistas y camino de una recesión económica que nos afectará a todos; nuestro estado de derecho (así, con minúsculas), cuestionado por una mezcla de intereses en los que se alían revoltosos, letrados en el ejercicio de la defensa de sus clientes y aficionados a sacarle los tres (¿o eran cinco?) pies al gato.

He pensado, harto de escuchar análisis que tratan de explicar lo que nos pasa pero no superan la fase de diagnóstico, y tratando de liberarme yo mismo del contagio por la obsesión de detenerse en las causas y no profundizar en las medidas para atajar los males o mejorar los remedios, que el lector pudiera agradecer algo de poesía.

No es, sin duda, uno de mis mejores poemas, pero, al menos, es el último de los que tengo escritos. Lo escribí ayer, 12 de febrero de 2019, mientras viajaba en el metro de Madrid, muy congestionado últimamente (consecuencia de la sanción ciudadana que están recibiendo los huelguistas del taxi).

Con la edad disminuye lo que entiendo
y alimento con dolor la paradoja
de que, en vez de crecer cuanto comprendo,
voy rellenando de tachas cada hoja.

Mi vía a la ignorancia no está siendo
fruto del relator que en mi se aloja,
y de olvidar sin parar yo no me ofendo
ni dispongo ocasión para que escoja.

De pasar a ignorar no encuentro cura
si por cada verdad que yo recoja
es solo confusión lo que perdura,

y si pongo al saber alfombra roja
surge de sinrazón la fuerza oscura
que lo obliga a avanzar a pata coja.

12.02.19 («Opus 33 del libro «Sea por instinto»)


Este águila se encontraba posada en la llanura de Villafáfila, seguramente atenta a los movimientos de algún topillo, conejo o ave menor descuidados. Al detectar mi auto, en el que avanzaba lentamente, levantó el vuelo, con un par de lentos y fuertes aletazos.

Creo poder identificarla como un ratonero (buteo buteo buteo). Los ratoneros, aunque son las rapaces más comunes por nuestros predios, presentan una gran variación de plumajes, desde casi blanco a castaño muy oscuro. Se le puede confundir con el halcón abejero, ocasional en emigración en la zona, pero este ejemplar, cuyas definitorias franjas negras en la parte posterior de la cola no son visibles en la toma, tiene un área clara en las primarias, por lo que avanzo en la identificación.

Cono puede verse en la foto, además, la rapaz, que está remontándose, tiene las alas elevadas y echadas hacia delante (la mano más alta que el brazo) y la cola abierta, entre otras característica distintivas.

Publicado en: Actualidad, Poesía Etiquetado como: Cataluña, crisis, poesía, soluciones, soneto elecciones anticipadas

Sonetos 78 y 79

8 marzo, 2018 By amarias 4 comentarios

 

79

Como humano me tengo en alta estima/y en soledad mi ego se estimula/mas si llego a la  luz, pronto se anula/mi presunción cuando al rigor se arrima./Aunque imaginación pronto fabula/nuevas maneras de alcanzar la cima,/es la fiel realidad, quien puesta encima/señala precipicios a mi mula./A veces me parece tener bula/con que salir indemne de la sima/en que caigo si la razón me adula./No es fácil descubrir con quien intima/la verdad, cuando cegada por gula/del saber, hasta a la mentira prima.

@angelmanuelarias 28 enero 2018

79

Cuando amanezco triste porque llueve/y por librarme del frío que perdura/al ver que desazón mi paz remueve,/busco la medicina que procura/acercarse al brocal en donde bebe/quien pretenda librarse de locura:/el agua procedente de la nieve/que cubrió la soledad en noche oscura./ De ahí extraigo la fuerza que se atreve/a romper del pesar la pared dura,/pues no siendo mi pasado menos leve,/al futuro infeliz nadie me apura/y si vienen mal dadas, que sea breve,/y si pena de amor, que tenga cura./

@angelmanuelarias 6 de marzo de 2018

Del libro “Vuelvo a empezar”, marzo 2018

Publicado en: Personal, Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, poesía, soneto

Algunos sonetos más

21 mayo, 2017 By amarias Deja un comentario

21

Cambiamos a evidencias las sospechas
y estamos dando ejemplo por el mundo
que, no importando izquierdas o derechas,
no dejes de vigilar ni un segundo

sus manejos, pues es cuestión de fechas
que alguno se haga amigo muy profundo
del dinero, abriendo grandes brechas
al erario, que expoliará, rotundo.

La gran tardanza en desvelar lo opaco
siendo tan pingües y amplias las cosechas
parecerá extraña, aunque el atraco

no fue en campo abierto, sino en estrechas
callejas del Estado, donde un saco
no sorprenderá a gentes satisfechas.

-23-

Hubo gran conmoción en la oficina
cuando nos faltó en el water el papel
porque no hay que olvidar que la letrina
es la zona transitada del cuartel.

Faltará norma escrita, no hay doctrina
pero tanto yendo solos o en tropel,
preciado colofón de la cocina
es que el baño o servicio esté a nivel.

En el trabajo viene a ser rutina
descansar una hora o dos en tal vergel,
y si el salario afecta a disciplina,

reducir ese tiempo sería, no ya cruel,
la empresa ha de saber que es la propina
y el rollo higiénico sirve de pincel.

20 de mayo de 2017

(De Sonetos desde el Hospital, @angelmanuelarias


Los patitos se protegen entre los nenúfares, según pude comprobar, tanto de las palomas como del pato azulón macho que, seguramente, es su padre. La imagen, con todo, tiene un contenido poético en sí misma, que no me resisto a guardar para mí.

Publicado en: Actualidad, Poesía Etiquetado como: angel arias, corrupción, hospital, poesía, sonetos, water

Opus 62 a 64 de No nos engaña a nosotros

19 marzo, 2017 By amarias Deja un comentario

Incorporo tres sonetos de mi libro «No nos engaña a nosotros», que corresponden a esa numeración en la relación de poemas. Están compuestos los días 17 y 18 de marzo de 2017.

62

Cuando me dices amando dime algo
se me ocurren tonterías sin sentido
que, poniendo en evidencia lo que valgo,
las guardo para mí que, aún sorprendido

en la acción de querer, de lo que he sido
tengo pudor en mostrar, si queda algo:
los restos de cuanto hemos compartido
y la gran confusión de la que salgo.

Deja que mi silencio me sostenga
en la peana de creatividad preso,
y, rendido, evite que tu arenga

me haga caer, confuso, en el exceso
de creer que sea más lo que se obtenga
con palabras de amor, que con un beso.

63

Arbol caído no soy, que tengo espinas
con las que herir a quien serrar confíe
mi tronco en tablas al uso de escofinas,
pues duro habré de ser a quien se guíe

por la intuición, si notara se deslíe
mi fuerza entre sopores y rutinas.
Pertenezco a esa estirpe que sonríe
mientras otros se atiborran a doctrinas.

Como creo en la verdad que llevo dentro,
el campo cedo solo a quien razona
con claros postulados, y aún, si encuentro

que, apartando las dudas en su zona,
llega a la misma conclusión por la que entro
a diferenciar yo bestias de personas.

64

No pretendo encontrar en un desierto
ocasiones de mejora de fortuna;
puede que halle paz y por concierto
nocturnos de cigarras a la luna.

Lugar hay más tranquilo en el que, muerto,
descansaré de ajetrear desde la cuna.
y amarraré mi cuerpo en ese puerto
sin importar que arribe a hora importuna.

De la certeza de morir estoy repuest0
y me jacto de estar listo para el viaje;
no por llevar bagaje, mas lo opuesto:

por sospechar que, llegados a un paraje
en que hayamos de morar por el resto
del tiempo por pasar, nos sobra el traje.


La foto no es de una golondrina saliendo de su nido. El ave es un avión común (delichon urbica), que es bastante más pequeña y, sobre todo, se la distingue porque no tiene la garganta de color castaño rojizo, sino que todas las partes inferiores son blancas. Hacen sus nidos en pequeñas colonias y, aunque suelen descartar los lugares habitados, a veces, estas aves migratorias se animan a construir sus nidales bajo los salientes de una pared.

Esta ave aún estaba construyendo su nido, junto a su pareja, hace un par de semanas, en Sepúlveda, la hermosa población castellana, lamentablemente sufriendo ya la amenaza de la despoblación de residentes, sustituidos por las huestes domingueras, a la busca del asado de cordero (hoy, ya, en general, australiano), posterior al encuentro con el río Duraton y sus imponentes moradores, amenazados de desahucio, los buitres.

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel arias, engaña, poesía, sonetos

Qué voz de seductor, qué cánticos rasgados

21 junio, 2015 By amarias Deja un comentario

Apunte a lápiz y acuarela
Representando a Baco con aficionados (Apunte, 1994)

Qué voz de seductor, qué cánticos rasgados,
qué arias de agudos subidos que producen
emociones en fuerzas encontradas,
qué barullo la caza, van timbales y tiras de colores,
qué jaleo, jaurías.

Qué cauto cazador, qué astuto carnicero
capaz de apostarse días y noches al acecho
sin mover paz ni mano hasta el momento propicio,
y con disparo acertado y a la corta carrera
justificarse, templando de emoción, la larga espera,
herido el bicho, colmar el rito cobrando pieza.

Ya en sosiego,  con las presas abatidas torna al nido
y allí las despluma montaraz, desollando pellejos a destajo,
revelándose ahora experto cocinero
-capaz de prepararse un sápido condumio
con carnes, ajo, sal,  pizcas de iodo, tomillo y albahaca,
sin que los gritos y ayes de víctimas aún vitales
promuevan su perdón, (más bien  lo excitan),
que infortunio mayor no hay sino el suyo.

Desoyendo los aires de clemencia,
apartando con ansias de matar, entre las otras,
razones de prudencia y horror,
compartimos sus gestos, complacientes admitiendo
que amamos el oficio de verdugos, que potencialmente somos matarifes,
que nos bulle la sangre, que es música grata el fuego que crepita,
que, muerto el can, no hay prisas, que la rabia se ajusta,
y revolviendo las ascuas con tenazas bajo el trípode,
dejamos hacer al fuego, echamos grasa al hierro,
dorando la piel por igual por todos lados del trofeo.

Sórdido silencio de hiel con que ahora vuelca
el chamán el caldo , siguiendo detallados movimientos ancestrales,
en escudillas de brezo y,  a riesgo de quemarnos,
conseguido el color asado que los hace apetitosos, desmembramos
los sápidos despojos de las piezas que traiciono si digo,
que cazamos furtivos, caprichosos, esta misma mañana,
en la tierra de nadie que es futuro.

Mientras saciamos así los íntimos deseos de venganza,
devorando sin hambre, los hígados, cerebro, muslo, patas
chupando entrañas manchándonos las manos, alguien preguntará,
ajeno a este bullicio, señalando la culpa que ocultamos, el refajo,
por qué matamos inocentes, qué festejamos de haber logrado una victoria
sobre alguien tan débil,
por qué no arriesgamos a medir nuestras fuerzas sin ventajas
con piezas de un tamaño superior a nuestras ansias,
que sería la opción de vernos redimidos,
convertidos en la víctima siguiente.
(«Poco que contar», Poema V, @angelmanuelarias, 2005;
El dibujo lleva por título: «Representando a Baco con aficionados», Cuaderno de apuntes, 1994, @Angel  ManuelArias)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel arias, poemas, poesía, seductor

Poniendo a prueba la capacidad de destruir las carencias (1998)

20 junio, 2015 By amarias Deja un comentario

poniendoapruebalacapacidad de destruirlascarencias

En abril de 1998, durante uno de mis viajes a Bolivia, fui invitado a merendar a su casa en Santa Cruz de la Sierra por el arquitecto Antelo, con el que había encontrado una rápida sintonía. Por la mañana, el ingeniero Egüez me había sugerido que, puesto que nuestro anfitrión era un buen pintor, y su esposa aficionada a las artes, podríamos entablar una competición artística informal que, si todo salía como esperaba, habría de ser el germen de una exposición conjunta en una de las galerías de la ciudad.

La idea me pareció, como casi todas las que surgen en el aturdimiento que provoca la distancia, casi tan curiosa como aceptable, y le pedí, por favor, que encargara a alguien de comprar los pinceles y pinturas al óleo, además de un lienzo de no excesivo tamaño, pues no me parecía oportuno contaminar la hospitalidad ni la merienda convirtiendo la casa del arquitecto en un estudio de arte.

Mientras dábamos cuenta del jamón, el queso y otras viandas, amén de un magnífico vino serrano que las mujeres de la casa pusieron a disposición de los contendientes y espectadores, y mientras Antelo desplegaba su caballete y la caja de tubos de colorines, le urgí a Egüez que me entregara lo que su propio me había comprado en la mañana. Grande fue mi sorpresa cuando desempaquetó dos tubos -uno negro y otro rojo bermellón, un diminuto bastidor, y un pincel más adecuado para embadurnar paredes que para finuras de artista diletante.

«El hombre al que mandé en la mañana a comprar lo tuyo, me dijo que solo encontró esto en la imprenta a la que fue. Lo siento».

Antelo se apiadó de mí, y me dejó una caja de pinturas que su hija había utilizado en alguna clase de manualidades. Y, mientras el realizaba, con maestría, una hermosa composición -que apostaría que tenía estudiada de antemano-, yo, aturdido, ensayé en el escaso margen que tenía a disposición y los colores que no estaban endurecidos por el paso del tiempo, varias ideas que no acababan de convencerme, sintiendo los ojos clavados en la nuca de las bellas mujeres de aquella casa (la esposa y las hijas de Antelo, entre otras santas mujeres).

A Egüez le gustó lo que pinté (no me acuerdo qué resultó, al final, de tanto como me esforcé en cambiar líneas y acumular colores, buscando un contenido), y se quedó con el cuadrito. Y yo, aquella misma noche, de vuelta a Los Tajibos, dibujé en mi cuaderno de viaje este apunte que, pasados unos meses, traspasé a una tabla con acrílico. Se me había olvidado que titulé el primer esbozo «Poniendo a prueba la capacidad de destruir las carencias». Con el trascurso del tiempo, pinturas, dibujos y poemas, cobran dimensiones que no estaban allí cuando las imaginó el autor, quienquiera que haya sido.

Publicado en: Arte, Dibujos y pinturas, Universidad Etiquetado como: angel arias, capacidad, carencias, cuadro comentado, dibujo, poesía

Excursión al más allá

17 marzo, 2015 By amarias Deja un comentario

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Permite que mi deseo de poseerte rompa las barreras
que impedirían que tu cauce se desborde,
vamos a desparramarnos en las rocas,
tú y yo en catálisis fatal,
sin que nos preocupe volver, así que lo demás
es lo de menos.

Sin premisas, ni miedos, condición inocente, yo te ordeno
que la ida sea infinita, sin rumbo, sin destino,
sin que nadie se atreva a sugerirnos
lo equivocados que vamos con las prisas,
lo inadecuado del atuendo, o lo mal preparados
que estamos para el viaje ni lo poco
que acertamos con la vez y con el sitio.

Mientras tomas asiento en el hueco especial de mi regazo
siéntete portavoz de la verdad amando estas cadenas
que, entre besos, te unen las manos a mis manos,
porque nos van a dar fuerza para escapar,
sigue las instrucciones de este juego.

Suelta amarras y excesos, haz del río
que en tí habita, corriente impetuosa
que salte por encima de cuanto existe y da razón,
alud de instintos sin rival, que se desborde
hasta ocupar el horizonte de mi cuerpo.

Yo transformaré los signos de confusión que nos guiaron hasta aquí
en galletas de amor, y, en dosis adecuadas, haré hartas las cosas,
pocas, inadecuadas, impropias para lides, -infelices-,
que seleccionamos para llevar con nosotros a este viaje.

Lo convertiré con mimo, lo prometo,
en sabor perdurable a risas del otoño,
a miel y hojuelas, y, para postre, en uvas contagiosas.

(Poema 17 de «No tenemos a nadie», @angelmanuelarias, 1996/1997)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, excursión al más allá, No tenemos a nadie, poesía, suelta amarras

Al borde de la huída, acariciando tu cuerpo

6 marzo, 2015 By amarias Deja un comentario

J’ai tout donné au soleil
tout sauf mon ombre (G. Apollinaire)

Al borde de la huída, acariciando tu cuerpo
hoy escribo preceptos de amor:
nosotros deberíamos ser sombras tibias
para poder explicar mejor los espacios vacíos,
escondernos en las propias palabras,
creceríamos no sólo dormidos,
aprovechando momentos para ser de otros mundos.

(Poema 19 de Absueltos de todo don, @Angel Manuel Arias, Ediciones KRK, 1990, incluído también en el libro Poesías completas, 2005)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: Absueltos de todo don, angel manuel arias, poesía

Transformado en un hombre sin principios

4 enero, 2015 By amarias Deja un comentario

Transformado en un hombre sin principios,
entendió que la imaginación debía dejarse guiar
por un instinto eterno:
apetecer lo prohibido, esconderse en las sombras,
no hacerse mucho daño.

Los necios que se dieron cuenta de su incapacidad
para doblegar la menor voluntad, le despreciaban con sorna,
pero él pretendía en otra dirección,
que le dejaran en paz,
y con el firme propósito de no dar explicaciones
se declaró oficialmente incompetente
para convertir a nadie a su religión.

Siendo un caso perdido, una impureza
que no tenía remedio,
se limitaba a querer como podía,
a vivir de través,
a evitar los escollos de aspirantes
que tenían curiosidad por explicar ciertos destellos
que surgían de su noble cabeza;
suponía el rico infeliz que alguna vez
le perdonarían los estragos
de su fingida falta de destreza.

Esta ausencia de ardor no le impedía
que, después de hacer su número de condenado a probar,
agotado hasta el pan, mirando al cielo,
se pusiera a reir, imaginando
que alguien más fuerte le mandaba señales
y que él conseguía descifrarles el sentido.

(Del libro Con algo suave, Poema 7, Angel Manuel Arias)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, Con algo suave, poesía

Mi encanto mayor es que no soy muy delicado

3 enero, 2015 By amarias Deja un comentario

Mi encanto mayor es que no soy muy delicado
con las cosas importantes. Sin ser devoto,
destruyo los altares. Inmolo aunque sensato,
con perversa intención, seguridades.

Me gusta andar rompiendo el engarce soez de las cadenas
pero, a solas los dos, pierdo las ganas
de perseguir las razones de los otros,
y me entrego a las mías;
cuando bebo vino peleón en tu regazo
me pongo ciego chupándote los pechos,
busco pistas entre tus piernas abiertas,
hago novillos con tus risas y las sábanas.

Así paso las horas, reposando, y me meto en mi nube,
que se eleva por encima de las cosas que percibo,
tan cercanas como el placer de tenerte controlando
el olor a comida quemada que llega desde la cocina,
el repiqueteo del mozo que nos trae las hamburguesas,
el final de la película de Pierot que encargamos al teléfono,
o la mirada abierta de unos hombres en la casa de al lado.

Cuando vuelves de resolver esos mínimos destrozos,
como me he estado alimentando en tu ausencia
con miel y recuerdos y revistas pornográficas,
no te dejo escapar, te desnudo completa,
hago de oso perezoso, me dejo sorprender con tu belleza,
me entretengo, mientras me cuentas pequeñeces,
en besar tu culo, tus piernas, la espalda de tu cara
que es estampa laica cargada de indulgencias.

Echados en la cama, me importa tres canciones
si el revuelto de sábanas
es producto de nuestro juego anterior o soy el loco
que cierra tu último capítulo de amor de este verano.

Me declaro, sin interrogatorios ni luces,
culpable capital de estar contigo, de ser tu saltimbanqui,
emperador de papel a cambio de sonrisas,
cómplice de todos tus hallazgos,
émulo de mi anterior excitación, y aplaudo con ganas tus jadeos,
me vuelco en tus desmayos, me creo que me quieres,
que soy el único que te consigue así,
entremezclando nuestros gritos con los ruidos de la calle,
subiendo sumiso, con tu favor, el próximo peldaño.

(Del libro Con algo suave, poema 3, Angel Manuel Arias, 1996)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: Con algo suave. Angel Manuel Arias, Mi encanto mayor es que no soy muy delicado, poesía

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