Al socaire

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Agnósticos

29 junio, 2014 By amarias 2 comentarios

Dice la copla que  «quien no sabe lo que es ver  no tiene tanta penita como el que ha visto y no ve» y esta referencia me sirve para glosar que hay dos tipos de agnósticos: quien han llegado a su escepticismo después de haber analizado las alternativas y quienes se apuntan a él sin tener conocimiento de ninguna.

Respeto, por ello, y con comprensión y afecto intelectual, a quienes se reconocen agnósticos en relación con las diferentes teorías, dogmas y elucubraciones filosófico-recreativas que pretenden encontrar alguna respuesta a la molesta pregunta de porqué tenemos conciencia de nuestra limitada existencia y no se nos alcanza entender el objetivo de un fenomenal despliegue cósmico que, por lo que nos parece haber ido percibiendo, no nos tiene, desde luego, como centro, pero seguramente ni si siquiera inventariados.

No quisiera que el lector viera en el párrafo anterior una aplicación exclusiva hacia esa parte de la filosofía aplicada que es la religión, sino que le atribuyera un sentido tan amplio como le sea posible. Porque eso le permitirá entender lo que quiero decir con los dos tipos de agnósticos: quienes desprecian cualquier análisis o conocimiento y se apuntan a las conclusiones, y quienes llegan a ellas o a otras parecidas, después de absorber, situándolas en su contexto y encontrándoles el sentido de su evolución, cuantas teorías, formulaciones y especulaciones -muchas de ellas, con excelentes conclusiones prácticas- les sea factible.

Estamos en un momento de agnósticos. Por una parte, se encuentran, y desgraciadamente los percibo como inmensa mayoría, quienes no creen en ninguna religión, en ninguna técnica, en ninguna solidaridad e, incluso (o por ello) en otro futuro que no sea el de ellos mismos o, tal vez, el de su familia inmediata. No saben porqué han llegado ahí, porque no les ha preocupado el camino, sino el final: Dios no existe, la sociedad es corrupta por naturaleza, la técnica es falsa y los hallazgos científicos producto de la casualidad, los políticos y los que dirigen han llegado a sus puestos gracias al poder de sus mafias y nos mienten sistemáticamente, la justicia es injusticia encubierta, el futuro es incierto y no depende de lo que hagamos, etc.

Me acerco con timidez a ese grupúsculo de quienes son agnósticos, pero tratan de entender los porqués: desde el respeto a las religiones, sabiendo que cumplen y han cumplido una función de terapéutica social, y también de control y canalización de intereses, a lo largo de lo siglos; desde el respeto a las formas de gobierno y a sus instituciones, como solución transitoria más adecuada (o más oportuna) para controlar los avances de los que exigen frente a la resistencia de los que poseen; desde la admiración a quienes, a despecho de penurias, escepticismos y dificultades, han descubierto los principios que sirven al funcionamiento de las máquinas, los aparatos y los artilugios que conforman lo que ahora entendemos como fundamento de nuestra calidad de vida y nuestro bienestar.

Necesitamos en España muchos más agnósticos de este segundo tipo. Hombres y mujeres que no se preocupen de las conclusiones que han sacado otros sino que busquen las razones para las suyas propias. Que conozcan, porque los han estudiado y valorado, los métodos y argumentos de quienes nos han conducido hasta aquí, hasta nuestro actual nivel de respuestas, y sigan preguntándose cómo avanzar, con la antorcha de su trabajo y de su capacidad, en las tinieblas del desconocimiento.

Publicado en: Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: agnósticos, ciencia, conocimiento, crédulos, investigación, sociedad, tecnología

Cuento de invierno: Encuentro entre el joven innovador y un empresario retirado

2 enero, 2014 By amarias2013 Deja un comentario

Todo empezó con un sueño de los que se recuerdan al despertar, como si hubiera quedado adherido para siempre a la realidad del día anterior o se esforzara en formar parte de la del día siguiente.

El caso es que el joven innovador no había podido dormirse hasta avanzada la noche. La oportunidad que se le presentaba ante sí, era merecedora de tal vigilia. Por fin, tendría la ocasión de presentar su original invento a alguien con posibilidades económicas para financiarle su desarrollo y posterior comercialización.

A quien iba a ver, era un empresario retirado, de apellido Arnau, que había hecho una considerable fortuna en el campo de la construcción y que, inesperadamente, -hacía apenas un par de meses-, había decidido liquidar su boyante complejo.

Los diarios económicos se habían hecho amplio eco de la noticia, y el mundo de los negocios estaba muy alterado, puesto que eran varios los grupos internacionales que pretendían hacerse con el apetitoso bocado. Todo hubiera hecho pronosticar una drástica disminución de la facturación, mientras se concretaban los términos de la operación. La decisión había sido tan precipitada que los directivos de la firma desconocían con anterioridad el propósito del capitalista y la improvisación había sido tal que ni siquiera se había redactado el cuaderno de ventas.

La conmoción mayor, sin embargo, llegó cuando el magnate indicó, en una entrevista corta concedida a una televisión autonómica, que su hija se haría cargo del emporio de inmediato.

La cosa resultaba realmente sorprendente, puesto que la designada como sucesora carecía de la menor experiencia en el mundo de los negocios. Verdaderamente, no tenía ninguna en ningún campo conocido, salvo, eventualmente, en el de la adoración a los espíritus y en los ejercicios de contemplación mística. Había estado recluida en un convento de madres clarisas, en donde habían transcurrido, como monja de clausura, sus últimos diez años, desde que cumpliera los diecisiete.

Por especial dispensa, se le había autorizado a renunciar a sus votos y dejar los hábitos, hasta que la operación financiera de liquidación de los negocios paternos se ultimara, ya que la mitad de lo que se obtuviera se destinaría a engrosar los maltrechos fondos conventuales. La otra mitad se habría de destinar a obras pías, sostenimiento del progenitor, que pensaba retirarse al monasterio de Yuste (en memoria de Carlos Primero, de quien se declaraba admirador) y, en lo que resultara remanente, a misas por su alma, cuando el óbito sucediera, lo que no había razón alguna para imaginar como evento próximo.

Nadie conocía el rostro de la joven exclaustrada, que pasaba la mayor parte del tiempo junto a su padre, curándole de las molestas jaquecas y revisando cifras y más cifras de los informes de evaluación de los expertos. Cuando era imprescindible que se presentara en público, bien ante los empleados o los asesores financieros, aparecía cubierta con un antifaz, más bien, una careta, pues le ocultaba hasta casi el labio superior.

Se podría deducir algo de su belleza por su voz cálida y el cuerpo esbelto, que se entreveía (el segundo) por los ropajes, a modo de sotana de hilo finísimo, que ocultaba sus formas. Lo que verdaderamente resultaba sorprendente era advertir su poderoso carácter y fuerte temperamento, pues ponía gran énfasis en sus opiniones, que, a los que las escuchaban, aparecían, por lo general, ponderadas y atinadísimas.

El joven innovador había soñado que la hija del empresario al que iría a ver a la mañana siguiente era, en realidad, una artista circense. Su número consistía, en realizar operaciones de telequinesia, combinadas con cambios vertiginosos de vestuario. En su sueño y como colofón de la visión fantasmagórica, la monja clarisa se le aparecía en lo alto de la carpa, suspendida de unas a modo de jarcias, portando unas unas alas angélicas y un mantón de color celeste que le tapaba hasta los pies; pero, en otro periquete, la descubrió a lomos de un elefante, luciendo unas mallas muy apretadas, que encubrían someramente unas piernas tan hermosas como las de una corista.

A punto de despertar había visto que la joven, Bárbara Arnau, anunciaba su número como La monja transformista.

El joven innovador, Mariano Calandre, había estado investigando profusamente sobre la manera de hacer proyecciones fundamentadas sobre el destino de las almas. Estaba convencido de que su invento, si contaba con la comercialización adecuada, podría cambiar el fin del mundo. Aportando a la máquina la fecha del nacimiento, una huella digital completa de la mano izquierda y una foto de alta resolución del iris, permitía, siguiendo complejos algoritmos, adivinar la fecha de fallecimiento de cada persona.

Lo había probado ya con algunas personas, y había funcionado a la perfección. El mismo había sido sujeto de su propio invento; podía estar tranquilo: aún le quedaban cincuenta y tres años de vida, dos meses y veintiún días. Para completar el cuadro, llevaba en el bolsillo una carta de recomendación de su mentor, admirador de Juan Benet, y, entre otras coincidencias notables, se decía conciudadano de Región.

El empresario retirado lo recibió fumando un puro, en el último piso del rascacielos en donde tenía instalado su despacho, y que daba acceso directo al helipuerto instalado en la terraza del edificio.

-Habla, joven. Tengo solo cinco minutos para dedicarlos a tu propuesta, pues debo irme a jugar a la petanca con varios caballeros jubilados. -expresó, ofreciéndole asiento en una de las sillas de querencia, el prócer.

El joven, sacó de la cartera que llevaba algo parecido a un estuche de colorines, al que estaban incorporados, unos a modo de escáneres y una pantalla de cristal líquido.

-Mi máquina de calcular permite saber, sin error, la fecha de nacimiento de una persona, por lo que será posible a cada cual programar lo que va a poder realizar el resto de sus días. -explicó, poniendo el estuche sobre la mesa, y, después de pedir educadamente permiso, enchufar la máquina en una de las tomas eléctricas del despacho, acoplándole un alargador.

-¿Y qué pretendes hacer para demostrar su funcionamiento? -preguntó el empresario.

-Pues no se me ocurre cosa mejor que, con el debido respeto, aplicárselo a Vd. -contestó el decidido joven.

Y dicho y hecho, sin mediar más palabras, y superando el efecto sorpresa del más anciano, le aplicó la mano sobre uno de los escáneres.

-La fecha de su nacimiento no hace falta que me la proporcione, pues la he tomado de la Wikipedia -aclaró el muchacho inventor.

Un terrible fogonazo sacudió la escena y, entre convulsiones, el empresario, fallecía, electrocutado. Algo había fallado, seguramente. El joven se inclinó sobre la pantalla, que, después de un ligero parpadeo, señaló la fecha del día de hoy.

-¿Ve? -fue lo que se le ocurrió decir al joven, arrimándole el monitor al cadáver- No ha fallado.

La monja clarisa exclaustrada sufrió un ataque de nervios cuando se enteró de lo que había pasado. Al joven inventor le acusaron de homicidio involuntario, pero pudo demostrarse que la máquina había funcionado correctamente. Y se cumplió, como era de esperar, lo dispuesto en la Declaración de Últimas voluntades

Lo que no me quedó claro es si hubo alguien dispuesto a financiar el desarrollo ulterior del invento ese que permite, tan certeramente, pronosticar la fecha de la muerte de un ser humano. Podría tener interés, aunque me pregunto para qué.

FIN

(Este cuento de apariencia estrambótica es mi homenaje particular a uno de mis autores preferidos, el insigne ingeniero Juan Benet, de quien he tomado prestadas algunas ideas, tan someras que ni siquiera llegaron por él a ser expuestas, inspirándome, entre otras, en su obra «El preparado esencial», obra teatral compuesta en 1965 para ser representada en petit comité. Juan Benet, Teatro Completo, Siglo XXI, 2010)
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Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: empresario, ideas, innovador, joven, retirado, start-up, tecnología

Feeling start-up´s Initiatives (y 8)

28 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Con esta entrada termino la primera serie de Iniciativas de Inversión, que consta de 8 comentarios.

8. Senior Business Angels (Inversores jubiletas). Me he preguntado muchas veces qué es lo que lleva a los ahorradores a invertir su dinero en empresas de cuyos gestores no sabe nada, o muy poco, o incluso, lo que sabe, resulta poco tranquilizador, solo porque cotizan en Bolsas y Bolsines sobre las que no tiene ninguna capacidad de influencia.

Me he convencido de que lo que sucede es que los seres humanos confiamos en los dioses del azar y que nos gusta jugar, imaginando que nos va a tocar el premio gordo, justamente a nosotros, porque para esas deidades somos sus hijos predilectos.

Centrándome en aquellos que han tenido la suerte de acumular algún patrimonio en su vida profesional activa, y que, sabiéndose aún son capacidad intelectual más allá de la posibilidad de resolver sudokus en el transporte urbano, se resistan a abandonar este mundo por la puerta del silencio y el abandono, ¿por qué no invertir en proyectos de nuevas tecnologías, propuestos por jóvenes recién titulados de nuestras universidades (solos o en compañía de alguno de sus profesores)?

Si se creara un pool de inversión con personas que tuvieran esa capacidad y ese deseo, podrían, legítimamente, imponer que se ejercería desde él una tutela constructiva sobre los proyectos en los que se invirtiera, incorporando, en la medida de lo factible, su experiencia, consejos y relaciones.

Los Colegios profesionales, llamados según el anteproyecto de Ley de servicios profesionales, a sufrir un cambio profundo en su reglamentación e ingresos, quizá puedan profundizar en esta idea, y lanzarla como una interesante opción para sus miembros, enlazando las generaciones de los que no quieren irse con la de los que quieren empezar con paso firme.

Publicado en: Economía, Empresa, Tecnologías Etiquetado como: business angels, colegios profesionales, gestión, influencia, inversores, jubiletas, riesgo, start-up, sudoku, tecnología

Caos silente

23 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La libertad es una cualidad muy atractiva, y satisfactoria, cuando su ejercicio se limita a los campos del intelecto individual, pero puede convertirse en una máquina eficaz para generar monstruos que se instalarán, gozosos, en parcelas del territorio común, si no se controla el manejo que hacen de ella los que se encuentran aupados a la plataforma de mandos.

Por supuesto, la única forma admisible en democracia de ejercer ese control es desde las instituciones y plataformas representativas de las mayorías e, incluso, desde las minorías cualificadas. Y lo que se necesita para poder llevar a cabo esa labor de tutela colectiva de que las decisiones que se adopten por los que mandan, es la información de que se disponga. Información sobre los propósitos, objetivos y resultados.

Sirva esta introducción general para pasar a comentar algo concreto. En la reforma de las carreras universitarias de ingeniería se ha instalado el caos. No un caos calmo, sino un caos silente, producto de la ignorancia, fuera de concretos (e interesados) círculos, de lo que se está fabricando.

La autonomía universitaria, entremezclada con la cesión de competencias educativas a las Comunidades e inspirada por los dobles principios nefandos de 1) difundir sin criterio de calidad la posibilidad de adquisión de títulos, 2) dejar que sean los propios funcionarios responsables de la educación quienes decidan sobre las enseñanzas y la forma de impartirlas, ha provocado una marea de desarraigo respecto a lo que sería preciso, sepultada por lo que se ve, a corto plazo, como conveniente.

España necesita ingenieros. Dos tipos de ingenieros. Los de grado medio, capaces de acometer, con conocimientos adecuados, las tareas generales de una sociedad tecnológica media. Y -esto es muy importante- ingenieros con conocimientos superiores, con una base amplia de formación troncal, imprescindibles para garantizar que no se está perdiendo la opción de mantener a nuestro país al nivel de los países más avanzados tecnológicamente.

La primera de las necesidades es más sencilla de satisfacer. Hay muchas opciones de conseguir una formación técnica intermedia y nada impide, al contrario, que las enseñanzas se enfoquen a dar una capacitación generalista en lo básico, tendiendo a una especialización rápida hacia lo que se precisa para resolver la mayor parte de los problemas de aplicación tecnológica: la inmensa mayoría de las actividades transversales de la ingeniería admiten ese enfoque pragmático. No hace falta prolongar los estudios del futuro ingeniero para resolver problemas de mejora energética, ambiental, gestión de recursos, control de instalaciones, etc. La realidad demuestra que una sobrecualificacón es inútil, y frustrante para el egresado de una carrera larga que no encuentra justificación al esfuerzo por el que se le ha hecho pasar.

Pero es muy distinto no acertar a ver que necesitamos mantener, y potenciar, un tipo de ingenieros de alta cualificación, formado en Escuelas o Universidades de élite, que entienda, por tener una formación académica adecuada, de la resolución de los problemas más complejos, y esté capacitado para entender, y estimular, y crear, los avances mayores de la sociedad tecnológica.

No es cuestión de analizar, en toda su complejidad, y en este Comentario, toda la problemática. Dejo solo expuesto que no se está cumpliendo con esta premisa. Tendremos muchos ingenieros de grado, con títulos muy pomposos quizá, contradictorios o confusos en sus denominaciones y en la formación adquirida, y se está corriendo el grave riesgo de prescindir de los ingenieros «superiores», sin encaje en una sociedad a la que no se le está dando la oportunidad de discutir y decidir lo que necesita para no perder, definitivamente, la opción de encontrarse entre las comunidades tecnológicas de referencia mundial.

Caos, silente. La peor combinación, vía segura para que el libertinaje se adueñe del espacio.

Publicado en: Actualidad, Ingeniería Etiquetado como: autonomía, capacitación, crisis, desarrollo, formación básica, grado, información, ingeniero, ingeniero superior, intereses, libertad, master, Politécnica, profesores, reforma. caos, tecnología, títlos, Universidad

Tecnopatanes

6 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

No me extrañaría que aún existiera algún patán ilustrado que, a pesar de lo que nos ha sucedido, siga pensando que «la tecnología siempre acude», y que lo importante es saber jugar con la maquinita esa del dinero, dándole más rápido al rabil del papel o, según el humor, reduciendo los cromos en circulación.

Debo admitir que, a diferencia de la mayoría de los que nos dan consejos, no tengo el culo pelado por razón de curarme las almorranas contra el asiento de ninguna prebenda, sino que tengo el currículum apalancado por haber recorrido medio mundo, y no precisamente de vacaciones ni por el gusto de volver con un título en inglés bajo el brazo. Y aunque tampoco ando escaso de plumas académicas, no me identifico con los pájaros que las llevan como signo de ostentación, sino como servidumbre permanente dimanada de un privilegio.

Tengo máximo respeto por la tecnología y por los que saben bien lo que se cuece en ella. Esto me conduce a recelar de los generalistas que nos quieren convencer con su labia comercial de las bondades de un aparato que no saben, en realidad, cómo funciona, como de los especialistas laureados que se han quemado las pestañas desde su primer trabajo como becarios hasta ver sus barbas encanecidas analizando la histéresis de los materiales cerámicos (cuando no hablan de lo suyo).

Necesitaríamos, para revisar este país con seriedad, saber mucho más de tecnología, y escuchar, con suma atención, a los técnicos que saben hacer alguna cosa muy bien y, por ello, pueden valorar si nos encontramos en ese campo entre los mejores del mundo o solo formamos parte de un montón o pelotón de seguidores.

Porque, con un simple análisis superficial comparativo entre lo que importamos y exportamos los españoles y, por ejemplo, los alemanes, queda al descubierto la diferencia entre saber dar valor añadido a un semiproducto, incluso ya de naturaleza muy acabada, para convertirlos en un Mercedes, un Audi o un BMW, o estar concentrados en competir en precio -pongo por caso- con las naranjas marroquíes, que, al fin y al cabo, para lo que sirven, es, como las nuestras, para hacer zumillos y tienen por consecuencia perniciosa pelearse por la poca agua del desierto.

No, no hace falta que me arrollen los optimistas crónicos: el ejemplo del automóvil y el de las naranjas son solo por concretar un poco: tengo miles muy parecidos. Lo importante, en mi opinión, es situar en cada proceso el lugar de la tecnología que poseemos y, por ello, saber si estamos utilizando la punta, el medio o solamente el rabo.

Publicado en: Economía, Empresa, Ingeniería, Sociedad Etiquetado como: académica, Audi, BMW, competitividad, especialista, exportción, generalista, importación, Mercedes, naranjas, plma, recelo, semiproducto, servidumbre, tecnología, tecnopatanes

Opciones de metamorfosis o síntomas de podredumbre

5 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

El estado de bienestar, si alguna vez existió en terrenos diferentes de la metáfora, se ha volatilizado, bombardeado tanto desde la cúpula como desde la base. La idea era bonita en el papel, pero no se contaba con su incompatibilidad afectiva con la economía de libre mercado y, mucho menos, con la ausencia perniciosa de solidaridad que empaña la credibilidad de los socio-demócratas.

Todavía hay quienes se acercan a la vitrina donde se le exhibe, envuelto en gasas y algodones que pretenden ocultar el alcance de sus profundas heridas, y se dejan convencer de que el gigante deforme está, en realidad, sufriendo una metamorofosis, y que saldrá de su crisálida, convertido en un producto sostenible.

El equipo de expertos que se encarga de cambiarle los pañales y mantiene sus constantes vitales a base de continuas transfusiones de pasta, ha reconocido en declaraciones off the record, que la podredumbre de los tejidos es insoportable y que el estado de bienestar, tan pronto se le desconecten de los aparatos y subterfugios que lo conservan vivo, se convertirá en un cadáver más, un fracaso de la sociedad bienpensante.

No tengo dudas de que la culpa de esa derrota épica la tienen los socialistas, y, afinando más, los socialdemócratas, porque son los que se han tirado del carro que dejaron conducir a ecolojetas, ácratas, e izquierdosos; y, por si consigo atajar alguna mano antes de que llegue, escandalizada, a la cabeza, precisaré que no me refiero a los idearios, sino a la forma torpe, mentirosa, de ponerlos en práctica, sin valorar lo que hace falta para ir de excursiçon, además de contar con que haga buen tiempo.

Si el problema estuviera solo en votos, el castigo está siendo aplicado. Como resultado del mensaje confuso, al tambalearse el tenderete económico, los votantes de los partidos socalistas, cuando no se refugiaron en la apatía, se han desparramado, en estampida formal, tanto hacia la izquierda como hacia la derecha, abominando de una práctica que está contagiada de los mismos errores que el capitalismo neoliberal -contemporizar con los más ricos y atosigar a las clases medias-, y, aún más grave, porque afecta a la ética y a la credibilidad, emponzoñada por las garras de la corrupción que ha contaminado la sala en donde bullen sus dirigentes.

Si hay solución al despropósito, debiera de encontrarse en recuperar los objetivos centrales de lo que hemos venido llamando progreso y en sus ejes de desarrollo: recursos (humanos, financieros, naturales), tecnología (investigación, saber hacer, educaciación, eficiencia), y leal y solidaria distribución de los resultados.

Desde mi observatorio desengañado, diagnostico que los partidos llamados de izquierda ponen demasiado énfasis en la distribución de los resultados, en tanto que los partidos que se abrigan en la derecha, se centran, sobre todo, en los recursos. Se que es una simplificación, pero no escribo para discutir entre expertos, sino para compadecerme con inocentes.

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: distribución, estado de bienestar, inviabilidad, recursos, resultados, socialdemocracia, tecnología

Escaparates de Ideas (3)

25 marzo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Una de las creaciones perversas de la economía de mercado es la elevación del emprendedor a ente con características mitológicas. Esta figura, desconocida como tal hasta hace un par de décadas, es ensalzada con pastosa veneración por las Administraciones y sus características defendidas con ardor -conscientes de las dificultades de supervivencia de la especie- por quienes están metidos en el fango por haberse creído llamados a representarla.

Las noticias que han venido de Norteamérica relativas a las excelencias de leche y miel de los terrenos de la inventiva, ha generado un impulso de imitación en estas tierras áridas que ha provocado no pocos descalabros. Se pretende estimular, como si se tratara de un reto personal de demostración de excelencia, a que el mayor número de ciudadanos asuman esa posición peligrosa, sin tener preparación y, lo que es aún peor, sin tener la idea.

Porque, en realidad, para ser emprendedor basta con tener una sola idea. Y para triunfar con ella como empresario, esa idea tiene que ser buena.

Siguiendo con el esquema de esta serie de Comentarios, enumero algunas de las ideas que, en mi opinión, y bajo mi exclusiva responsabilidad, pueden ser el vivero donde los futuros emprendedores recojan la suya.

Están agrupadas en tres líneas de acción que se pueden catalogar de evidentes, pues se refieren a los órdenes básicos de la vida. Suponen el objetivo de cubrir de forma óptima las necesidades corporales -alimentación, cobijo, sanidad, etc.-, las  que podríamos calificar de espirituales -educación y formación, diversión y empleo del tiempo de ocio, lectura y manifestaciones artísticas y creativas en general, comunicación, etc- , y las de sustitución de los recursos utilizados, potenciando alternativas  -ambiente, sustentabilidad, infraestructuras, ayuda al desarrollo, etc.

Hago una reflexión previa. Las nuevas tecnologías de comunicación (tics) han abierto un peligroso espejismo, del que podríamos haber estado curados pues hemos vivido un adelanto con la aparición de la informática. Esto es así, porque la incorporación de una nueva tecnología a los procesos de producción existentes agota muy rápidamente las posibilidades de mejora: es el efecto elefante en la cacharrería, o mejor, del niño que se enfrenta a un escaparate de apetitosos pasteles; comerá un par de ellos y estropeará una buena parte de los restantes, antes de encontrarse saciado y molesto.

Las tics, por sí mismas, están generando desempleo; también lo generaron, en su ámbito, las mejoras de tratamiento de información que supusieron los ordenadores cada vez más potentes y con programas persistentemente más cómodos de usar y más eficientes; perdieron su puesto miles de perforistas, de encargados de mantenimiento de los aparatos, de programadores, de informáticos.  Miles de personas aprendieron lenguajes y programaciones que quedaron inútiles en poco tiempo.

Por ello, y como ya he expuesto en otros trabajos, la necesidad de generar empleo a corto plazo no debe olvidarnos cumplir un objetivo a largo plazo: la cantidad de «trabajo humano» disponible disminuirá y hay que replantearse las formas de distribuir los beneficios de producción entre la población con jornadas menores y premiando la eficiencia con criterios de objetividad.

(continuará)

Publicado en: Economía, Empresa, Sociedad Etiquetado como: actividad, empleo, emprendedor, empresario, imitación, Sillicon Valley, tecnología, tics

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