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Elegir entre sonámbulos

18 febrero, 2019 By amarias 2 comentarios

Finalmente, reconociendo la incapacidad de su gobierno para sacar adelante la legislatura, -presupuestos y proyectos- el ya ex Presidente de gobierno Pedro Sánchez ha anunciado la convocatoria de elecciones para el 28 de abril de 2019.

Se reabre así un período  de afirmación y toma de posiciones cosmológicas por parte de los candidatos a ocupar el sillón presidencial, previa la consecución de una escueta mayoría de votos y la adopción de un pacto parcialmente contra su natura que le permita una mínima estabilidad parlamentaria.

Muy difícil todo y oscuro en sus resultados finales para el votante, que verá que su intención se adultera en el camino de las negociaciones para sacar tajada de gobierno.

¿Cómo puede ser? La deriva de la incompetencia para dirigir sin estridencias y con serena fortaleza y pragmatismo, los temas sustanciales de nuestro país nos ha conducido a una polarización inaceptable en las posturas, a una tensión verbal y a una ausencia  de sintonía entre muchos líderes políticos que, cuanto menos, cabe calificar de lamentable.

Y se agudizará. Aunque la crispación mitinera, las soflamas dedicadas a partidarios, no tienen nada que ver con las propuestas de gobierno factibles y, aún menos, con las que se adoptarán, caso de resultar encajados en la coalición de Gobierno.

Resultado de las elecciones: traición para el votante singular, que no sabrá las consecuencias que se derivarán de su voto.

Los media, siempre en su obsesión de hacer política por su cuenta, exageran la existencia de tres barreras para el futuro entendimiento, cuando se deban pactar alianzas luego de de las votaciones de abril: la existente entre los bloques denunciados por las respectivas oposiciones como “derecha” (Ciudadanos, PP y Vox) e “izquierda” (PSOE y Unidos Podemos); la de constitucionalistas (los citados, menos Vox) y los secesionistas catalanes (PdeCat y CUP) -los secesionistas vascos, se salvan, de momento, pertrechados tras un insolidario Estatuto-; menos justificable me parece la barrera derivada de la ausencia de sintonía personal entre algunos de los llamados a protagonizar las negociaciones para el futuro entendimiento.

Hice referencia en el título de este Comentario a Sonámbulos. Despierten, ya, nuestros políticos y extiendan la serenidad sobre la cancha donde nos veremos los votantes. Recupérese el centro y el centro izquierda. Todo lo demás, no tiene ahora su tiempo ni nos merecerá  la pena.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Ciudadanos, elecciones, Partido Popular, partidos, política, PSOE, Unidos Podemos, Vox

Las bazas de Mariano Rajoy

9 julio, 2016 By amarias Deja un comentario

Mariano Rajoy, todavía Presidente en funciones del Gobierno de España, es, sin duda, la persona más cualificada para dirigir el país en este momento. Nadie como él atesora experiencia acerca de cómo funcionan las cosas por aquí.

Es cierto que no «ganó las elecciones», ni las de diciembre de 2015 ni las de junio de 2016, porque, aunque el Partido Popular fue la opción más votada, lo fue por una minoría del total de votantes. No cabe decir, pues, que «el pueblo ha expresado su voluntad de que gobierne el PP», ni otras retóricas, y falsarias, expresiones con las que los representantes más conspicuos de la derecha española defienden su presunto derecho a seguir gobernando.

Pero la capacitación de Mariano Rajoy que defiendo en este Comentario proviene de su abrumador currículum. Registrador de la Propiedad al año siguiente de terminar la licenciatura de Derecho, concejal del Ayuntamiento de Pontevedra, Presidente de la Diputación de la Provincia homónima, diputado durante décadas, ministro de Educación y Cultura, de Administraciones Públicas, de Interior, de la Presidencia, vicepresidente Primero y Presidente de Gobierno él mismo…¿Quién podrá alardear de una experiencia similar? Nadie.

Nadie como él ha de conocer las triquiñuelas que se vienen realizando desde tiempo inmemorial para compensar, en los discretos despachos anexos al principal, las diferencias entre el precio declarado en las escrituras públicas y el concertado entre comprador y vendedor de inmuebles; siendo Pontevedra lugar de asentamiento clásico de los grandes traficantes de droga de España y de Europa, en donde suntuosas mansiones, barcos de recreo, lugares de placer y lenocinio, han proclamado, sin rubor, durante decenas, el origen misterioso y con seguridad, ilícito, de los dineros con las que se adquirieron tales bienes, no es ajeno, sin duda, al conocimiento de tales maniobras (de las que, por supuesto, siempre se mantuvo al margen).

Rajoy estuvo en los entresijos del derrocamiento a Sadam Husein, -cuya figura alcanza, por cierto, con el tiempo, dimensiones propias de la veneración santificada-, y estar apoyando a José María Aznar en la difícil decisión adoptada, junto a Bush jr, Barroso y Blair, tuvo que darle amplios conocimientos acerca de cómo se mueven los designios del gran capital norteamericano, que han de estar conservados en algún lugar de su prodigioso cerebro.

Como Ministro de Educación, y Ciencia, que fue, y harto brillante (como se puede comprobar en las hemerotecas, propulsor de los nuevos Planes de Formación Profesional) nadie mejor para saber cómo impulsar, de una vez, la pureza de la Universidad española, la regulación del acceso transparente a las cátedras y títulos, la elevación del decaído prestigio de las carreras y profesiones, o la orientación acerca de los puestos de trabajo que se crearán en las ya no tan nuevas, tecnologías, incluidas, claro, las ambientales.

No admito que nadie se jacte de conocer mejor las administraciones públicas -salvando, quizá, al desaparecido en la batalla Francisco (Paco) Sosa, que propugnó una reforma imposible-, porque él fue quien firmó la LOFAGE en 1997,  y, por supuesto, ningún antecesor ni subordinado ha igualado su prestigio como Ministro de Interior, con sus éxitos para doblegar a ETA al aprisco de la deposición de las armas y su Ley de Extranjería, que tanto ha significado para la cobertura de puestos laborales que los españoles despreciaban.

Como Presidente, su ilusión y empuje por impulsar nuevos proyectos empresariales, en negociación continua con los mejores empresarios de este país, además de ponerle en delicado pero efectivo conocimiento de las relaciones subterráneas entre el gran capital y los partidos políticos (si no lo había adquirido antes), ha significado la generación de millones de puestos infra-mileuristas, y el crecimiento de los negocios de algunos grupos empresariales en el extranjero, lo que ha mejorado sus resultados, por supuesto, aunque, desgraciadamente, ha significado la reducción de su capacidad de empleo en España.

No tiene, pues, necesidad de suscribirlo alguien de tanto prestigio pasado como Felipe González. Mariano Rajoy debe gobernar. Y debe hacerlo en solitario, contra todos. Quizá con apoyos puntuales de Ciudadanos, del PSOE, incluso de Unidos Podemos que, como recordamos bien, en el curso de las negociaciones para estudiar la posibilidad de coaliciones de gobierno más aventureras, negó su apoyo -cuando eran solo la mitad de la denominación, aunque más numerosos en simpatizantes.

Nos esperan, por supuesto, tiempos muy difíciles. Pero entretenidos. Mariano Rajoy, con su visión escénica del Estado español, con su conocimiento profundo de la Administración Pública y de las capacidades de iniciativa privadas, nos lo garantiza.

Ah, y que vaya enseñando a los nuevos -esos «chicos» voluntariosos, pero inexpertos aún, llamados Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón,…cómo se corta el bacalao. Sugiero que los nombre ministros por turnos, y que cuente, en esa hipotética Escuela de Otoño- con la asesoría inapreciable (en el sentido de, gigantesca) de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar; para no ampliar más la nómina de expertos en la política real. Sobre la economía real, habría otro curso, más avanzado, para los que aprobaran el primero.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: administraciones públicas, apoyo, currículum, diputado, empresa, empresario, españa, ETA, exportación, Formación Profesional, gobierno, laboral, Mariano, PP, PSOE, puesto de trabajo, Rajoy, Unidos Podemos

¿Quién manda aquí?

22 junio, 2016 By amarias Deja un comentario

Si el lector quiere provocar polémica, al mejor estilo del que se atribuye a Miguel de Unamuno cuando, al llegar a cualquier tertulia de amigos o conocidos, preguntaba: «¿De qué opináis? Yo opino lo contrario», le sugiero una frase equivalente: «¿Quién manda aquí?».

A mí me ha dado siempre un magnífico resultado. Naturalmente, es preciso acompañarla de una serie de frases que, a modo de cabestros, introduzcan el victorino o miura en la plaza dialéctica. No importa el momento.

Quienes oigan su frase, que puede repetir con énfasis, para estar seguro de que penetra en los cerebros de sus oyentes, se cebarán en ella, e interpretarán como les venga en gana lo que ha dicho. Tenga, eso sí, la seguridad de que le criticarán duramente y la polémica se centrará en Vd. y en su intolerancia.

He tratado de entender por qué resulta molesto que se pregunte a un colectivo aparentemente homogéneo quién tiene el manual de instrucciones para ejercer el liderazgo de cualquier asunto. En este momento emocionante de la situación española, en la que el conjunto plural de ciudadanos no sabe -no puede saberlo- a dónde seremos conducidos, si no teme poner en riesgo su integridad o ser maldecido por las fuerzas del orden interno y sus files seguidores, pregunte en una reunión política ¿quién manda aquí?

Me han contestado a veces, de forma tal vez airada por el peso de sentirse escandalizados, que manda el Gobierno, que tenemos una Constitución, que la separación de poderes funciona y funcionará. Que somos un pueblo pacífico, serio, sabio y prudente.

No tengo idea en qué se basan estos bienaventurados, porque el Gobierno está en funciones, la Constitución y la forma de Estado, cuestionada, la separación de poderes, contaminada, y la tranquilidad de nuestro pueblo -y de cualquiera-, es una falacia desmentida por la Historia.

Afirmo, y lo lamento, que, hoy por hoy, ante la ausencia deplorable de líderes, de convicciones, de propuestas coherentes, no manda nadie. La televisión y todos los medios nos han intoxicado, y ni los que hablan ni, claro, los que escuchamos, tenemos tiempo para pensar.

Improvisamos. Corremos, llenamos páginas a tanto la palabra. A izquierda y a derecha. Desde los púlpitos en donde se lanzan las soflamas, se va recogiendo todo lo que se encuentra, y se incorpora al discurso como si se tratara de una psico-obra moderna confeccionada con hallazgos, materiales de desecho, artículos de arribazón, etc. buscando provocar, más que causar evocación de la creatividad o la belleza. El escándalo se ha hecho verbo entre nosotros.

Leo que casi dos centenares de economistas apoyan el programa económico de Unidos Podemos y, me parece bien. Me parece bien, porque he defendido, con mis propios argumentos, sin ser ni Picketty ni el hijo de Galbraith, que hay que romper con la política de austeridad y propiciar el incremento de consumo.

Ah, pero no se me va a olvidar preguntar, tampoco en este Comentario: ¿quién manda aquí?. Por eso, junto a esa argumentación -y me jacto de ser uno de los pocos españoles que ha leído hasta el final centenares de libros de economía y política macroeconómica, de autores de todo signo y condición ideológica- me preocupa tener claro cómo se va a conseguir sostener el preciado estado de bienestar, bajo qué mando.

Para ello, hace falta, en mi opinión fundada, tener realizado un análisis muy completo acerca de los sectores tecnológicos que van a propiciar la generación de nichos de trabajo en el inmediato futuro, estudiar muy bien cómo se va a realizar la distribución de las plusvalías colectivas generadas, y, no en último lugar, conocer la manera en que se van a hacer llegar a los millones de desplazados por la eficiente tecnología -no es cuestión de formación, sino de adaptabilidad- los recursos imprescindibles para su sostenimiento.

Por supuesto, en el fondo, el tema no deriva únicamente de la economía, que explica mal que bien el pasado pero es incapaz de predecir el futuro. No puede predecirlo porque los intereses capitalistas -incluidos los de los países bajo teórica dicción comunista- y siento ser tan esquemático para lectores tan inteligentes como los que me siguen, están continuamente generando elementos caóticos en su propio beneficio.

Para un país intermedio, que es como vengo caracterizando a España, la solución debe huir de maximalismos: no somos un país rico, ni tenemos recursos importantes, ni alta tecnología disponible o empresas grandes, a escala mundial. No funcionará la chispa del resentimiento: detonará sin voladura.

Hay que aumentar la presión fiscal y estimular la reinversión de los beneficios, pero con tiento de no espantar a los que sostienen la generación y distribución de la riqueza generada. La participación de las empresas públicas en ese entramado ha de ser discreta y selectiva y, por supuesto, orientada hacia el mercado.

La inteligencia práctica aconseja fervientemente que el cambio pacífico descanse también en la mejora de la formación, en la eficacia de la educación para responder ante los retos y dificultades presentes y futuras. De todos, no solo de unos cuantos. A todos los niveles. Teniendo presente que la economía mundial no regala nada; se lo cobra, en moneda contante o en víctimas a lamentar.

Para España, la solución no es sencilla. Habrá que formar a miles de estudiantes con una base muy ancha para que puedan llegar a lo más alto del conocimiento. Justamente lo contrario de lo que resulta que estamos haciendo, ya que hemos vulgarizado un tanto las enseñanzas, bajado los niveles, para aumentar el número de los que tienen formación intermedia, dejando que muchos de los mejores, a los que no sabemos a qué dedicar, se vayan al extranjero.

Con los maestros adecuados, convenientemente cualificados, continuamente reciclados, que sepan de qué van las cosas que enseñan. Qué difícil hacerlo bien desde el ruido mediático, sin que nadie mande aquí.

Pero no bastaría con tener unos cuantos miles de profesionales con muy altas cualificaciones. Hay que resituar, y hacerlo con mucha frecuencia, a millones de personas en una estructura laboral y económica extremadamente inestable.

Porque no estamos solos, no decidimos en los despachos, ni en las tertulias, ni siquiera en las asambleas universitarias, ni tampoco en las reuniones en la calle, en donde se manifiesten lícitos descontentos, legítimas aspiraciones, que acabarán dirigidas hacia una escaramuza inútil en la que los directores serán un par de decenas de alborotadores profesionales que se enfrentarán a la policía.

Si vuelvo a preguntar quién manda aquí, también en este artículo, estoy seguro, por experiencia, en que no faltará quien decida que soy partidario de que las cosas sigan igual, que me asustan los cambios, que estoy en contra del progreso social. También habrá quienes me vean como un peligroso polemista que oculta su afición izquierdófila por comunistas o socialdemócratas, y quienes, si les apetece tomarse la molestia de juzgarme por lo que pienso, concluirán que soy un tipo amorfo, acomodaticio, al que importa poco lo que pase a los demás,

Estoy sentado a la puerta de mis ideas, y veo pasar a la gente muy alborotada. Hay sillas a mi lado, disponibles para quien quiera asistir al espectáculo. Volverán.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Constitución, economistas, elecciones, falacia, Galbraith, gobierno, historia, Picketty, quién manda, tranquilidad, Unidos Podemos

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