Al socaire

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Archivo de diciembre 2014

Admirable su voz ronca, cuyas palabras

20 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

I

Admirable su voz ronca, cuyas palabras
comprometían, al sonar, el eco de la sala,
atronando.

Leía versos sociales
pero igual podía encender una guerra,
destruirnos a todos.

En las filas de atrás, modestos por la fuerza,
nos limitábamos a envidiar en silencio
su poder para captar la atención
de aquellas hembras duras
que parecían vivir pendientes de su favor;
y a nuestras señales de pollitos muy tiernos
respondían con miradas al aire.

Lo más seguro
es que sobre todos nosotros gravitaba una orden de busca
y captura permanente,
pero -teniendo en cuenta nuestros antecedentes de locura-
nos unía lo agradable que era
sabernos protagonistas del recelo
con el que, en las cuatro habitaciones de los lados,
alguien vigilaba nuestros pasos,
estudiaba mínimo los gestos,
nos sonábamos la nariz, íbamos al baño.

El ya no está. Incluso, en los momentos más bajos,
dudo que existiera.

Las mujeres que nos hacían vibrar, soñando
con noches de recreo y sinrazón, son pálidas
gemas engastadas en prótesis cuyos ojos
tienen el brillo de las cataratas de la vida;
puestas a olvidar, ni siquiera identifican bien las fechas.

II

Pero lo que más me preocupa todavía
es que no reconozco la pasión de tu éxito,
qué has hecho del imberbe revoltoso
puesto a vivir en ese hombre mayor,
iconoclasta de élite, hoy devoto del montón,
crítico demoledor ayer, que se cree respetable
controlando mal las opiniones ajenas,
actor que ha construído su razón de seguir,
(qué espantosa carrera),
en rentabilizar, lleno de ansias,
la debilidad de lo que toca.

(De Con algo suave, Angel Manuel Arias, 1996)

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Primera Precisión de la Forma Amada

19 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

 Primera Precisión de la Forma Amada

La forma que preside las cosas
es la forma que amamos, cáliz tan frágil
donde la mano justifica su empeño.

Ánfora de su alma desnuda, el único escollo
que nos separa de alcanzarla del todo.

Al recorrerla a diario, la mano la crea,
modela su carne con los trazos precisos,
la abarca, descubre los pliegues más íntimos,
y al estarla queriendo comprende
y predice con la serenidad de un profeta.

Esta forma tan suave perfecciona la mano.

(De Absueltos de todo don, Angel Manuel Arias, 1989)

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: Absueltos de todo don, angel manuel arias, Primera Precisión de la Forma Amada

Un sueño intencionado (Algunas tardes, mientras estoy más relajado)

18 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Un sueño intencionado

Algunas tardes, mientras estoy más relajado,
me dejo caer del balcón,
es un placer notar exhausto cómo me abandonan
las ganas de morir,
podía haberme preparado peor.

Abro los brazos al soñar
planeando como una cometa de cartón,
y disfruto viendo a mis viejos amigos en el patio,
mirando boquiabiertos
cómo voy a romperme la cabeza,
gozo sintiendo que una mujer tiende sus manos
desde el cuarto,
lo que tengo en común con ella pienso mientras vuelo.

Se oye por fin una sirena de bomberos
provistos de una larga escalera
de mano insuficiente
pero me queda tan poco espacio
para vivir, y además me favorece
estar atado a un sueño por los globos
que reviento, sin esperar muchos milagros,
el toldo de un comercio
y rompo, para salvarme, varias sillas de diseño
contra el suelo.

(De «No tenemos a nadie», Angel Manuel Arias, 1996)

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Cuando me encuentras a punto de desfallecer

17 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Cuando me notas a punto de desfallecer, desvelas el regalo
que me traes en esa caja de juguetes: tu sonrisa,
la manera de entretener con trozos que pueden ser pasado,
el momento en que otro como yo, con esta carga al hombro,
no tendría más remedio que estallar en semen o en sollozos.

No es eso solo, no, son muchas más las veces
en que alternando anécdotas con historias inventadas
-así eras tú, ese árbol plantaste, la huella del jardín
pertenece sin duda a tu zapato- me descubres algo de futuro
rebañando en los bordes de mi plato, avanzando
segura entre precipicios de ambos lados.

Bendito seas, lazarillo lleno de voluntad que me salva paso a paso
del riesgo de caer, ciego como voy, renco y ya feo,
en la zanja de tanta profundidad que cruza de lado a lado,
sin señales ni advertencias, destrozándola por la mitad,
mi propia calle.

(De Poemas de encargo, Angel Manuel Arias, abril 2005)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, Cuando me notas a punto de desfallecer, poemas de encargo

Círculo de Bellas Artes

15 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Escribo sensaciones, la mujer que escribe notas
concentrada en hacer llamadas de teléfono, y más allá
dos hembras jóvenes (una algo más fea) que se enseñan los compases
sin parar de hablar, cuando en la mesa de al lado
una anciana circunspecta con el aire de cliente habitual
mira alrededor con curiosidad hecha de hurtadillas.

Luego está el grupo de intelectuales de sartén, tomando su cerveza
mientras el patriarca dogmatiza. Un francés sorbe, delicado,
su cafe au lait, el pelo blanco a juego con un rostro rubicundo.
Está allí la pareja de amantes que van a ser, él, desplegándose,
ella atendiendo a sus razones. Entra un trío formado por un padre
y sus hijas, que al sentarse en la realidad se descompone,
pues una de las jóvenes ocupa otra mesa y lanza un mensaje
desde el móvil, mucho más allá. La anciana, en fin, se va;
lleva muleta y cruza -corriendo en contraste, duelo y risa-
una niña con una bolsa de plástico que suena a cristal.

El camarero, elegante y cordial, me trae lo que he pedido.
Un poco de tranquilidad, la marca de la casa. No finjo más,
junto al ventanal que da a la calle transitada se han dispuesto
los más afortunados: dos inglesas con trazas de llevar así el verano,
un joven lector en chándal deportivo, dos poetas, alguien pensativo,
y mi imagen reflejada entre tanta soledad, hecho testigo

(escrito en el Café del Círculo de Bellas Artes, el 7 de noviembre de 2005,
Angel Manuel Arias, Poemas de encargo)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel arias, Círculo de Bellas Artes

De uniforme

13 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

En las fotografías de ambiente callejero que se conservan de los primeros decenios de la posguerra civil española, se ve a muchas personas de uniforme. Hay militares de graduación y sin ella, curas de sotana, monjas tocadas en variadas composturas, policías municipales con porra o con casco de explorador, guardias civiles con montera o a carreras, niños de colegio de pago con chaquetilla y escudo bordado, y otros, de inclusa, con mandilones a cuadros y  pelo rapado, domésticas de casa de postín con la servidumbre de una cofia, señoras con abrigos de visón en verano y señores embigotados con cintillo en el sobrero y brazalete de luto en la manga del terno o gabardina, tal vez, nos encontramos incluso a serenos con chuzo de vuelta a casa tras su ronda nocturna, …

Los albores de la democracia y su promulgación efectiva, trajeron, camufladas entre tantas cosas buenas, el miedo a las manifestaciones tanto las ideológicas como las de pertenencia a una profesión, ya fuera de fe o de trabajo, y más en especial, a las particulares de orden militar o religioso. Desaparecieron de la vista los uniformes que nos resultaban propios de oficios que eran antes muy comunes, que acabaron restringidos a mostrarse con todo su esplendor solo en los actos conmemorativos por la Patria y en las iglesias y claustros por la gloria de Dios.

Había miedos nuevos: de atentados, de que le encasillaran a uno, de que hicieran mofa de las creencias más profundas. También era justo pensar, como descargo de la discreción de nuevo cuño, que nadie estaba obligado a llevar expuesta su tonsura o acarrear visibles los signos de sus devociones y apetencias. Los hábitos se guardaban, a la espera de la concreta ocasión, con bolas contra la polilla, en los armarios.

Pero el animal humano gusta de exhibirse, y aparecieron otras indicaciones, que fueron dócilmente asimiladas por la mayoría del rebaño, sobre que cómo había que mostrarse. Al principio, los líderes de la rebelión al uniforme, idearon variaciones en el pelaje y en el atuendo que pretendían mostrarse diferentes: pelos largos, barbas y greñas, piernas y senos al aire, ropas sueltas, pantalones de pata de elefante o en canutillo. Pronto, todos imitaron, y, pretendiendo vestirse al gusto de cada uno, se consiguió ser indiscernible del grupo y, por tanto, pasar a ser desapercibido.

Hoy, en que todos vamos vestidos iguales a la moda, el uniforme ha calado más adentro, llegando a los cerebros. Se que afirmar esta uniformidad concreta no es de recibo, y que no gusta a algunos que haya quienes digamos que la sociedad ha absorbido, como Lacoonte, a sus hijos, devorándolos por fuera y por dentro. Lo individual sucumbe ante la fuerza de lo mismo. La igualdad se manifiesta ahora, incluso, en la escasez de ideas originales, en la forma ovejuna en la que se alinean los espíritus con los patrones colectivos que ya no somos capaces ni de discernir quién los inculca.

Los espacios para mostrar nuestra empatía con la masa se han hecho, por tanto, más extensos. Los estadios, más grandes; los lugares de reunión de la manada, más concretos. La expresión de pareceres, la discusión de la que surge el conocimiento ventajoso, muy escasa.

Y ay de quien no lleve puesto el uniforme, porque será identificado de inmediato como ajeno a la tribu, sospechoso. Aunque, como la historia no termina aquí, solo habrá que esperar a que baje de nuevo la marea y, como sucedió en otras ocasiones, alguna generación venidera advertirá que hemos estado idolatrando a tipos que, habiéndonos hecho creer que llevaban uniforme, lo que nos estaban dejando es, en su propio beneficio, en pelotillas.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: desnudo, Lacoonte, pelotas, sociedad, uniforme

Vamos a ordenar el territorio

9 diciembre, 2014 By amarias 2 comentarios

Vamos a ordenar el territorio,
fuera tópicos,
revelaciones, verdades admitidas.

Sin discusión, alcémosles el velo
a los que las defienden,
inmovilicémosles el genio,
hagamos burla
de las amenazas que profieren.

No admitamos grandezas,
sus títulos
no se los hemos conferido.

Presentadas sus caras al desnudo,
veámoslos así, perplejos,
timoratos,
notando nuestra fuerza.

¿Qué les vamos a pedir?
Que nos devuelvan sin tardar cuanto quitaron,
y sobre todo, el tiempo que era nuestro,
los días que nos faltan
por haberlos empleado
en destapar lo que ocultaban.

¿Que no hay modo de recuperar
tiempos ya idos?

Pues que se queden ellos aquí.

Con su pan se lo coman,
que no hieran a más.

Los que nos vamos
a ir somos nosotros.

(De El animal que hay en nosotros, Angel Manuel Arias. 2008)

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, El aninal quehay en nosotros, poemas, Vamos a ordenar el territorio

Catarsis sin tragedia

7 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

A medida que se van concretando los signos por los que podríamos deducir que nos encontramos en la etapa más interesante de la evolución de la Humanidad, -es decir, de la última-, supongo que no seré el único preocupado porque sea lo más dilatada posible.

No merece la pena detenerse en detallar cuáles son esas señales que me hacen sospechar que la cuerda cósmica que nos compete se nos está acabando. Los ritmos de los cambios se han acelerado exponencialmente, la presión consumista sobre la naturaleza es ya insostenible, el desacuerdo sobre lo que convendría hacer se consolida como insalvable (desigualdades sociales, desprecio a principios éticos, fanatismos contagiosos, contaminación galopante, desequilibrios climáticos asumidos con estulta resignación, modelos económicos en crisis de solvencia, individualismos exacerbados, ausencia de liderazgos solventes, etc.).

Admitiendo que la adopción de medidas globales es imposible, ante la dispersión y heterogeneidad de los centros de decisión, preocupados por mantener a flote sus cuatro dogmas, a los que no participamos en la toma de decisiones pero mantenemos la ilusión de considerarnos capaces para realizar, aunque sea limitado, un análisis de lo que está pasando, solo nos queda escribir a los dioses.

Recuerdo la emoción que me produzco leer por primera vez a Mircea Eliade («El mito del eterno retorno») y la atención con la que me detuve en saborear la idea de que la fe supone la emancipación de la ley natural, y de que la presunción, entendida como un axioma, es decir, un a priori sin justificación, de que existe Dios, es el pilar más sólido de nuestro concepto de libertad.

La existencia de un ser superior a nosotros, que está en el otro lado de nuestro devenir, esperándonos, proporciona, según Eliade, la certeza de que las tragedias que ha soportado la Humanidad, a lo largo de su Historia, tienen un significado que las trasciende. Con palabras más llanas, debieron haber servido para algo: para corregir el rumbo, cuando estaba equivocado, en relación con ese tactismo luminoso hacia quien, deberíamos aceptar, es el autor de esta grandiosa escenografía en la que evolucionamos desde el primer mono-homínido, hasta el homo sapiens superior que creemos ser ahora.

Estoy lejos -aunque no exactamente en el polo opuesto- de la conclusión de Eliade, pero lo que me gustaría, y por ello, a mis lares y penates invoco cada noche, es que esta última catarsis, contradiciendo por una vez a Aristóteles, se realice sin tragedia. Que me pille, a mí y, al menos, a los que quiero, en un dulce sueño.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Aristóteles, catarsis, Eliade, historia, mito del eterno retorno

En el azar vivía una certeza

6 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

En el azar vivía una certeza;
en la oscuridad, hubo esperanza;
entre tus lágrimas, descubrí otra vez.

Subí dando trompazos la escalera de errores:
una voz me decía que la razón era fatua.
En un descansillo me crucé con la sorpresa,
volviendo de una visita obligada a pleitesía.

Mareado entre realidad y fantasía
vomité en el rellano; ebrio de luces,
cuando abriste la puerta,
me sumergí en tu regazo.

Hice diabluras.

(mayo 2009, Angel Manuel Arias, «Poemas de encargo»)

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: amor, angel manuel arias, diabluras, En el azar vivía una certeza, poemas, poemas de encargo, regazo

Ahora que me voy haciendo algo mayor

5 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Ahora que me voy haciendo algo mayor,
comprendo por qué tengo tantas lagunas
en mi formación: no fui un niño aplicado.

Me estuvieron repitiendo lo que no había que hacer
los mejores maestros, dioses que existían,
pero otras razones me enseñaron a detectar el mal poder
y a desdeñar su vacío. A hundir sus torrezuelas
empeñé mis desmanes naturales.

Qué hermosa fue mi juventud,
mirando hembras, criticando los errores
de cada estéril macho dominante,
riéndome de su verdad como del vicio.

Contra el fuerte y marea
defendí a los más débiles,
destruí molinos de viento
hiriéndome las manos.

Crecí entre esparadrapos y algodones.

Al principio, éramos cuantos
tantos desertaron;
yo quedaba ignorante del hecho,
y seguí poniendo en solfa
cualquier saber, cualquier poder negando,
sembrando de dudas todo campo seguro,
sin notar qué solo me quedaba,
curvado como estaba
por el leve peso insoportable
de mi mochila vacía, especialista
con la hoz, el martillo, las tijeras.

(De «Poemas de encargo», Angel Manuel Arias, 2005)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: ahora que me voy haciendo algo mayor, angel manuel arias, poemas, poemas de encargo

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