Al socaire

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Archivo de 2018

Soneto del hombre sensato

9 marzo, 2018 By amarias 1 comentario

A la propia mujer, dale cariño/y a la ajena guárdale respeto/fue norma aprendida desde niño/ que guardo devoto en mi coleto.//Tuve por muy normal el poner veto/al impulso de meter mano al corpiño/y viendo la cocina como un reto/solo a la ensalada ponía aliño.//Ocupé mi lugar siendo discreto/y no fue preciso un escarmiento/para estar avisado del secreto://Es la mujer mejor, con fundamento,/y por tanto lo afirmo así de escueto:/sin importar su edad, cedo el asiento.

@angelmanuelarias 8 de marzo 2018

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Sonetos 78 y 79

8 marzo, 2018 By amarias 4 comentarios

 

79

Como humano me tengo en alta estima/y en soledad mi ego se estimula/mas si llego a la  luz, pronto se anula/mi presunción cuando al rigor se arrima./Aunque imaginación pronto fabula/nuevas maneras de alcanzar la cima,/es la fiel realidad, quien puesta encima/señala precipicios a mi mula./A veces me parece tener bula/con que salir indemne de la sima/en que caigo si la razón me adula./No es fácil descubrir con quien intima/la verdad, cuando cegada por gula/del saber, hasta a la mentira prima.

@angelmanuelarias 28 enero 2018

79

Cuando amanezco triste porque llueve/y por librarme del frío que perdura/al ver que desazón mi paz remueve,/busco la medicina que procura/acercarse al brocal en donde bebe/quien pretenda librarse de locura:/el agua procedente de la nieve/que cubrió la soledad en noche oscura./ De ahí extraigo la fuerza que se atreve/a romper del pesar la pared dura,/pues no siendo mi pasado menos leve,/al futuro infeliz nadie me apura/y si vienen mal dadas, que sea breve,/y si pena de amor, que tenga cura./

@angelmanuelarias 6 de marzo de 2018

Del libro “Vuelvo a empezar”, marzo 2018

Publicado en: Personal, Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, poesía, soneto

Ejército y sociedad civil (17)

20 febrero, 2018 By amarias Deja un comentario

Si se considera la complejidad y variedad de los agentes que pueden provocar amenazas (a los Estados, a bienes públicos privados, a grupos ciudadanos y a individuos), se comprenderá que es imposible realizar un cuadro completo de las defensas que serían razonablemente eficaces para contra-restarlas.

La costumbre -conducida de la mano, en este caso, por la ignorancia- tiende a asociar a las Fuerzas Armadas con el material bélico y el deseo de concretar los peligros puede que conduzca al ciudadano mal informado a que el mayor riesgo actual es el de una guerra nuclear. Puede incluso que encuentre cómodo en definir el perfil de los potenciales enemigos.

En el reparto de papeles, a pesar de su reiterada posición no agresiva, China suele aparecer como un fijo de los conflictos, ya sea contra Estados Unidos (asociada aquella con Corea del Norte y con Rusia), contra Japón o contra la India.

La guerra nuclear no puede descartarse, desde luego, y el creciente potencial en esta dirección, en una escalada sin límites aparentes, parece conducir a ella irremediablemente, pero en el corto plazo, los peligros y amenazas son otros.

En el terreno económico, la globalización ha favorecido a China de manera seguramente previsible, y el potencial de exportación de este país, aunque el coste de la mano de obra suba imparable (asociado al mayor nivel de bienestar) lo convertirá en breve en el actor principal de la economía mundial.

En este sentido, se me ocurre comparar su hegemonía con la conseguida por la Roma clásica en tiempos del Imperio. No se trata de sojuzgar, sino conseguir que los países amigos se conviertan en colaboradores interesados del poder económico chino: no conseguirán los mismos beneficios de la metrópoli, pero disfrutarán de indudables ventajas.

La pasividad con la que las economías occidentales han admitido la suplantación del clásico comercio de cercanías por establecimientos chinos, bien surtidos y homogéneamente gestionados, sorprende. Al volumen de transacciones generadas por esta vía (a la que se añaden también las de tiendas de ropa, peluquerías, jugueterías, etc.) se añade la generación de un empleo para nacionales chinos y una opacidad notable en la concreta realidad de los negocios.

En el tema medioambiental, se produce aquí una amenaza cuya contención (en mi opinión, ya perdida) exigiría la reducción drástica, e inmediata, de la producción de gas invernadero per cápita. Como es sabido, la contribución de Estados Unidos a la generación de CO2 equivalente es aproximadamente igual a la de China.

Permítaseme que deje, de momento, la concreción de estas amenazas reconocidamente no militares (invasiones pacíficas, podrían llamarse), para poner el énfasis sobre otras dos que, aunque se les refiera normalmente como «armas», no tienen que ver con el soporte bélico tradicional. Me refiero a las armas bacteriológicas y químicas a las actuaciones en el ciberespacio.

Las armas bacteriológicas son una amenaza real y de muy difícil control, ya que son relativamente fáciles de producir (y aunque no lo sean en grandes cantidades, pueden alcanzar una difusión exponencial) y no conocen fronteras. El 20 de marzo de 1995 se produjo el primer ataque químico de envergadura contra la población civil, en las tres principales líneas del metro de Tokio. Aunque hubo más de 5.000 afectados (algunos con secuelas de por vida), solo se contabilizaron doce muertos. El atentado fue perpetrado por la senda «Verdad Suprema» (Aum Shinri Kyo») y supuso una advertencia muy grave sobre los métodos que pueden emplear los terroristas para amedrentar a la sociedad civil y la dificultad de detectar de manera fiable los agentes biológicos patógenos y su trazabilidad posterior.

La Convención de 1972 sobre Prohibición de Armas Biológicas se preocupó de definir los agentes biológicos «militarizables»; de entre los agentes naturales vivos, el bacillus anthracis está reconocido, desde 1994, como de máximo riesgo; también militan en este grupo el Yersinia pestis (productor de la peste), el agente de la turalemia (Francisella tularensis) y la Rickettsia burnettii (agente de la fiebre Q), entre otros.

Los agentes naturales moleculares pueden producirse con facilidad por ingeniería genética y provocan alteraciones de las funciones biológicas o de los elementos de autodefensa.

Desde 1989 se vienen celebrando Conferencias de examen sobre la prohibición de armas biológicas, que a partir de 1996 incluyen los productos susceptibles de provocar modificaciones genéticas. Lamentablemente, las denuncias de incumplimiento de los protocolos de no utilización se suceden en los conflictos más recientes, poniendo de manifiesto que los Estados .grandes o pequeños- no renuncian a su uso potencial en caso de conflicto. Para unos, la justificación es que deben desarrollar métodos de defensa frente a eventuales ataques, que implican el conocimiento exacto del riesgo. Para otros, es un recurso militar o estratégico, cuyas consecuencias no se valoran con rectitud.

(continuará)

 

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Ejército y sociedad civil (16)

12 febrero, 2018 By amarias Deja un comentario

La cuestión nuclear del objetivo (u objetivos) a cubrir por las Fuerzas Armadas, en tiempos de paz como de guerra y, sobre todo, su incardinación con la sociedad civil a la que, indiscutiblemente, pertenecen sus miembros, ha tenido varias respuestas a lo largo de la Historia reciente de España. En una medida que no me atrevería a calificar de forma contundente, esta indefinición sigue presente hoy.

La «falta de densidad política» -expresión que copio del análisis de Mariano Aguilar Olivencia («El ejército español durante la segunda República», Econorte, 1986)- se ha visto como razón por la que el Ejército había tomado preponderancia con anterioridad al advenimiento del segundo intento de instaurar un cambio de régimen en nuestro país. Azaña vio, según destacaba ya Nazario Cebreiros («Las reformas militares», 1931) que la «principal necesidad no era atender a la guerra exterior probable, sino a los conflictos interiores, que constituyen el verdadero fondo de nuestra historia».

No pretendo encontrar – ¡en absoluto!- coincidencias destacables entre la situación desgraciada que condujo a la guerra civil en 1936, pero quisiera poner de manifiesto dos puntos de delicada imbricación entre lo civil y lo militar, que ponen de relieve que es imposible una separación dicotómica, como algunos ingenuos pretenden.

  1. La falta de solución, hasta el momento (12 de febrero de 2018) al movimiento secesionista catalán, que afecta directamente al cumplimiento de los pactos de convivencia y a la unidad de España, definidos en la Constitución vigente,  pone énfasis acerca de las limitaciones del Estado de Derecho contra la revuelta civil, cuando la debilidad de la política ha permitido que líderes antidemócratas ocupen instituciones claves para la gestión pública.

La movilización de la mitad de la población catalana para generar un Estado independiente en Cataluña, es un intento enquistado, muy grave, de rebelión  que el débil gobierno actual (un Partido Popular con minoría parlamentaria y acosado por la corrupción y con un líder falto de carisma) ha intentado conducir, sin éxito hasta ahora, por la vía del empleo del código penal y con la apelación continuada al Tribunal Constitucional. Que la policía local catalana, los Mossos de Esquadra, hayan apoyado la revuelta (en proporción que aún está por dilucidar y que, seguramente, nunca se podrá aclarar), aumenta el tono de gravedad hasta límites no alcanzados nunca en democracia.

Estamos, cierto, en un contexto de paz, pero dentro del cual se plantean situaciones de alto riesgo para la seguridad ciudadana, para la economía y para el bienestar social,que no pueden ser resueltas simplemente por la vía del derecho. Tampoco sirve para el caso la policía, porque no está preparada para atender una revuelta social (pacífica o no) de tanto alcance, y ya que el uso de la fuerza está limitado. La policía no tiene el deber de defensa de la colectividad: los policías son empleados de la Administración pública correspondiente.

Por tanto, si se toma la decisión de enviar a las Fuerzas Armadas o la Guardia Civil a una zona de posible conflicto, y especialmente, si este afecta al régimen interior, ha de cuidarse en extremo las condiciones de presencia, los medios previstos para la actuación y las consecuencias de ésta.

Las Fuerzas Armadas representan, por arcaica que suene la expresión, «el honor del Estado». Su actuación en problemas de orden interior está prevista, como ya indiqué en otro momento, como estado de excepción y el bien jurídico que defiende el Ejército en esos casos, sometido a la disciplina militar, si bien bajo la máxima autoridad prevista en la Constitución, es la unidad del Estado.

2. En relación con el papel de las Fuerzas Armadas y la disciplina de ese cuerpo excepcional del orden constitucional, se plantea la igualmente delicada cuestión de la jurisdicción militar. Cierto que el debate tiene bastante de maniqueo y las opiniones al respecto se deben considerar dentro de un proceso continuo de transformación, que no debiera estar influido (al contrario de lo que los españoles solemos hacer en casi todas las cuestiones importantes) por ideas de oportunidad.

La ley Orgánica 4/1987, de 15 de julio, de la Competencia y Organización de la Jurisdicción Militar (vigente, con algunas modificaciones ligeras recientes), establece la vis atractiva del Código penal militar en tiempo de paz (art. 12), circunscrita al ámbito estrictamente castrense (incluida la potestad disciplinaria), extendiendo su competencia a aquellos lugares ocupados por Unidades militares españoles, siempre que el inculpado sea español.

No hay doctrina inmutable al respecto, aunque los especialistas recuerdan que un Ejército de paz es un oxímoron, un absurdo. No es posible pasar de modo paz a modo guerra sin más que apretar un botón electrónico, y la preparación de las Fuerzas Armadas para lo que es, no su fin, pero su forma de trabajo en situación de máxima solicitud, exige una formación, una disciplina y un régimen de conducta especiales.


Una pareja de cogujada común (galerida crista), se ve interrumpida en sus juegos por el caminante. Muy parecida a la alondra común (alauda arvensis) se distingue apenas por su tamaño algo mayor, color aún más terroso y con el pico un poco más largo. De cerca, y en buenas condiciones de luz, el borde inferior de las alas aparece teñido de tonos de herrumbre, siendo su cresta más sobresaliente y aplanada.

Publicado en: Actualidad, Ejército Etiquetado como: Cataluña, disciplina militsr, ejército, ley, sociedad civil

El bosque imaginado de Mariano Arias

9 febrero, 2018 By amarias Deja un comentario

El 6 de febrero de 2018, en la librería Cervantes de Oviedo, mi primo Mariano Arias presentó su obra póstuma, Imagina Bosque Imagina.

Por supuesto, Mariano no se encontraba físicamente en el espacio lateral que Conchita Quirós tiene habilitado en su librería como ocasional foro literario, pero su hermano Lorenzo, que hizo una emotiva semblanza de su hermano gemelo y de las circunstancias convividas con el, lo convocó. Y allí estuvimos con el, las casi cincuenta personas que nos reunimos en lo que se concibió, también, como homenaje.

Pero queda el libro. Doce años de elaboración, revisión, añadidos, correcciones de un material que se concibió como la documentación gráfica y literaria de un peregrinaje por lo sustancial, de dos personas: un ciego ya anciano y un joven que sabe ver.

Tengo el libro abierto por una de sus historias. Son relatos breves, cargados de fría emotividad, impecables, algunos de difícil lectura, sin ser crípticos. Van acompañados de fotografías espléndidas-la mayoría de árboles, de retazos de bosque-. Mariano fue el autor decasi todas.

El bosque y la muerte. No es la única reflexión sobre esa aporía en el libro, que no se puede leer (quizá, se debería) como un relato continuado. Está tan bien editado, tiene subtítulos así de sugerentes, que al hojearlo, engancha entre las ramas.

Lorenzo recordó que a Mariano, el gemelo amado, no le gustaba mucho la poesía. Para el laureado autor de “el Escriba sagrado”, y finalista del premio Nadal en 1991 “cuando la competencia era mucho más dura” y premio Juan Rulfo en 1992) , la poesía era un género literario con menos posibilidades expresivas, quizá. Y eso que Mariano era, como lo demuestra su obra literaria y filosófica, un meticuloso artesano de la palabra, un maestro con el cincel, el martillo y la garlopa, tallando obras propias con el lenguaje de todos.

Para mi, el Imagina Bosque Imagina es un libro de poesía. Ese soplo enigmático que proviene de la comunicación de sentimientos entre un autor y un lector que, sin más bagaje que su propia rendida curiosidad a la voz del otro, se deja sugerir, para descubrir lo que nunca supuso tendría dentro de si.

—

La fotografía de ese castaño la tomé yo, en un bosque de Miranda, Asturias. Sirva como homenaje personal a Mariano y, por tanto, a Lorenzo y a Mari (Carmen).

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Debate hay que se aviva por antojo

7 febrero, 2018 By amarias 2 comentarios

Debate hay que se aviva por antojo/de intereses que ocultan su calaña/y no faltan sujetos que con saña/buscan contrario a quien sacar un ojo.//De tales belicosos tiene España/adictos e ignorantes que, a lo flojo,/suman miles dispuestos sin sonrojo/a sembrar, junto al trigo, la cizaña,/a teñirse de azul si el otro es rojo,/despreciar, cazador, al de la caña,/y a batirse a pistola por enojo/con quien dude que al héroe falta hazaña.//La confusión hace veloz al cojo/y virtud de respeto a la patraña.

(De Sonetos desde el s Hospital, opus 53, @Angel Manuel Arias)

Publicado en: Actualidad, Poesía, Sociedad Etiquetado como: angel manuel arias, desde el hospital, poema

Ejército y sociedad civil (15)

5 febrero, 2018 By amarias Deja un comentario

Si estas reflexiones tuvieran un orden, la referencia a los servicios de inteligencia debería ocupar los espacios preliminares. Porque la inteligencia -la información elaborada para la toma de decisiones relacionadas con la defensa nacional- está en el núcleo de las medidas que puedan adoptarse para la gestión y solución de las crisis que afecten o puedan afectar a la seguridad nacional.

Aunque se puede edulcorar el objetivo, el trabajo fundamental de la prevención consiste en el espionaje, esto es, en crear un sistema de sensores de captación previa de posibles amenazas.

En el Manual de Inteligencia del CESID -el antecesor del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que tengo a la vista (publicado por Ediciones Tiempo en 1995) se indica que “el espionaje (…) es la principal y originaria misión de los Servicios de inteligencia “. Algo más adelante en el mismo texto (pag. 73) se precisa que “los ejércitos de la nación (…) en tiempo de paz son objetivo prioritario del espionaje”.

Las Fuerzas Armadas y la inteligencia están íntimamente cohesionadas, aunque el cambio de nombre del Servicio (antes, Centro superior de investigaciones de defensa) quiere poner de manifiesto que no se trata de un órgano militar, sino mixto. El cambio de dependencia del mismo, desde 2011 conectado directamente con la presidencia del gobierno, estaría incidiendo en ese mensaje.

Pero, aunque concebido como órgano de conexión entre los conocimientos civiles y militares de aplicación a la defensa de la seguridad del Estado, las instituciones y la ciudadanía, la forma de actuación tiene mucho que ver, sobre todo, con la estrategia militar.

(continuará)

 

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Ejército y sociedad civil (14)

31 enero, 2018 By amarias Deja un comentario

Existe consenso en que el mundo es menos seguro desde el 11 de septiembre de 2001, en que se produjeron los atentados a las Twin Tower, cuando unos terroristas de creencia islamista radicalizada, adoctrinados para inmolarse destruyendo infieles, lanzaron aviones de transporte regular civil contra aquellas emblemáticas torres neoyorquinas.

Por supuesto, la cuestión de medir el nivel de inseguridad no es sencilla. Richard A. Clarke, por ejemplo, que fue coordinador del Consejo Nacional de Seguridad con los presidentes norteamericanos de Bill Clinton y de los dos Bush, escribió un libro en 2004 («Against all enemies. Inside America´s War in Terror») defendiendo que la fortaleza de Al Qaeda se construyó a partir de las debilidades e indecisiones de los máximos responsables del gobierno.

Sin someterme plenamente a su guión, voy a recordar, a grandes rasgos, lo fundamental de la argumentación del especialista norteamericano.

Se deduce de ella, inequívocamente, que las actuaciones de Estados Unidos en un área geográfica muy concreta acabarían contagiando de inseguridad a la práctica totalidad de los países occidentales. Se generaron nuevas relaciones de tensión en la que la pérdida aparente de protagonismo de la URSS derivó en una complejidad de actores y situaciones y, a esa escalada de inseguridad, han contribuido equivocadas decisiones de la parte de los amenazados .

El mundo no está en guerra abierta (toquemos madera: todavía), sino que se encuentra librando múltiples batallas, que abarcan desde lo económico hasta lo manifiestamente bélico.  Sin embargo, esas situaciones de conflicto y tensión se encuentran interrelacionadas, poniendo en evidencia la conexión, real y no forzada, entre los objetivos de tranquilidad y paz de la sociedad civil y la necesidad de acomodar a ellos las respuestas militares, como una parte no separable de la gestión de las crisis.

El protagonismo obcecado de Estados Unidos, con errores terribles de apreciación, tomó derivas muy peligrosas para la paz mundial. Tomando como fecha inicial la de 1979, en ese año se producía la revolución iraní y la invasión soviética de Afganistán. El presidente Reagan envió marines a Beirut, en la idea de proteger a Israel, considerado país aliado.

En un pulso sin posibilidad de éxito, dada la desigualdad de fuerzas, el grupo libanés Hezbolá, con el apoyo de Irán, atentó contra el cuartel militar americano, con coches bomba, causando 278 muertes y, además, asedió la embajada. La respuesta, desproporcionada, e indirecta, involucró a nuevos actores y dejó a Estados Unidos sin control de la situación.

Por una parte, la alianza estratégica con Israel provocó el distanciamiento de una parte del mundo árabe. Por otra, la decisión del gobierno norteamericano de ayudar a los afganos (enfrentándose a Rusia) movilizó, sin considerar las consecuencias, como protagonistas sobre el terreno, a los servicios secretos paquistaníes. Poco después, se autorizó la formación de un ejército de árabes, que fue reclutado por los saudíes. La delicada operación se confió por éstos a un tal Osama Bin Laden.

Al retirarse los soviéticos en 1989, Afganistán quedó abandonado a su suerte y, de forma natural, estalló la guerra civil. La situación acabó de desquiciarse. Los servicios secretos paquistaníes, convertidos en árbitros delegados, fomentaron la colaboración entre Al Qaeda (los veteranos árabes de la guerra afgana) y los talibanes (nueva facción religiosa a partir de refugiados afganos).

El terrorismo de base islamista se conformó así tan cómoda como rápidamente, y el objetivo no tenía dudas. El atentado contra el World Trade Center en 1993 se sabe ahora (escribe Clark) que fue obra de Al Qaeda, pero, salvo esta acción, la serie de actos terroristas que sufrió Estados Unidos se atribuyó regularmente a «lunáticos solitarios».

Como no se tenía consciencia de la naturaleza del enemigo, las medidas de defensa no estaban claras. El gobierno de Clinton creó y empezó a financiar un programa muy ambicioso para defender el interior del país, en el que primó la dotación económica a la clarificación de las actuaciones que deberían primarse. A finales de 1999, la Casa Blanca puso en marcha la misión de seguridad de las embajadas, enviando expertos a todas ellas que las vigilasen de la misma manera que pudieran hacerlo los terroristas, y el resultado fue que algunas se convirtieron en búnker y otras se abandonaron.

Se obvió la cuestión más importante: enfrente no había un ejército organizado. La ideología islamista radical fue en aumento, en tanto que no se actuaba sobre la vulnerabilidad real, que descansaba justamente, en la pretensión de mantener la seguridad en una civilización muy globalizada, con infinitos puntos vulnerables. La guerra contra el terrorismo creó una pesada burocracia, muy poco efectiva.

Cuando traslado estas reflexiones (que he adaptado a conveniencia de mi propia forma de entender la situación) al contexto europeo y, más concretamente, español, me reafirmo en que es imprescindible aumentar el músculo defensivo civil. Es procedente, por ello, extremar el encaje entre las Fuerzas Armadas con el resto de la sociedad y generar una estructura de comunicación, de información y sintonía entre lo militar y lo civil.

No se trata de prepararse para la guerra, ni mucho menos, sino de extremar la capacidad defensiva, que no puede relegarse solo, -ni siquiera es, hoy por hoy, el último baluarte, involucrados como están en multitud de acciones de paz- a los militares, ni subordinar la actuación de éstos al respeto fiel a la Constitución y al Gobierno legítimo. Por supuesto, esto es así, y debe ser así, pero no basta.

Como en las demás instituciones clave del Estado es preciso confirmar su dinámica propia, su independencia profesional, lo que supone que disponga de una dotación económica y una preparación logística y unos medios de respuesta y ataque modernos, efectivos, adecuados al riesgo que se desea cubrir.

La transparencia de los objetivos de gobierno es clave para entender qué es lo que desea una sociedad democrática de sus Fuerzas Armadas. Para conseguir aquella, hay que propiciar la difusión del conocimiento de sus posibilidades, ordenar y apoyar sus efectivos, dotarlos de medios y estímulos, y hacer sentir lo militar, no como algo distante al resto de la población, sino como parte de su misma esencia.

A nivel europeo, esta filosofía, mejor o peor plasmada aquí, es también imprescindible.


Algunas avecillas pasan desapercibidas, por su timidez, por carecer de rasgos claramente diferenciadores, y, también, por desinterés (decimos de ellas, simplemente, que son «pájaros»). Agarrado con sus patitas a un junco, este cistícola buitrón (cisticola juncidis), fotografiado en Tapia en el verano de 2017, se identifica por su plumaje listado, con las alas cortas y redondeadas. En la fotografía no se distingue el obispillo herrumbroso, aunque sí queda marcado el dibujo caudal y el característico ojo escrutador, anómalo para un ave, por lo demás, diminuta.

 

Publicado en: Actualidad, Ejército

Ejército y sociedad civil (13)

30 enero, 2018 By amarias Deja un comentario

Nada haría prever, hace unos años, que España se encontrara en enero de 2018 confrontada nuevamente a la actitud separatista de un gobierno catalán, aupado en una movilización popular en torno al «hecho diferencial» de la región.

La situación carece de lógica política y parece propia de un libreto trágico-cómico: cuando la circunstancia común exigiría unidad para actuar, un grupo minoritario de ciudadanos, desde la región más próspera del país, proclama su voluntad secesionista.  Desde la institución creada para la convivencia y el diálogo, asaltada la razón por quienes han prometido fidelidad a la ley, los representantes de partidos que tienen en sus programas la república y la independencia, están dispuestos a llevar hasta el límite la tensión de la cuerda que garantiza la paz. Quieren la República Independiente de Catalunya.

No tiene sentido opinar, hoy, 30 de enero de 2018, sobre la solución, pacífica o violenta, del conflicto. Este mismo día, el ex-presidente cesado por la aplicación del art. 155 de la Constitución, por grave alteración del orden institucional, y en fuga desde entonces, cuando se encuentran en prisión preventiva sin fianza algunos de los destacados dirigentes secesionistas, está propuesto por el nuevo Parlament para que presente su programa de investidura.

El pleno del Tribunal Constitucional, forzado por el Gobierno a manifestarse sobre la legalidad de ese acto de provocación y rebeldía sin precedentes, ha indicado que no puede autorizarse. La situación del fugado no admite dubitaciones legales: si cruza la frontera debe ser detenido para comparecer ante la Justicia y seguirá la suerte de sus compañeros encarcelados.

El más elemental análisis de este momento nos conduce a valorar la situación como desestabilizadora. La más grave, muy superior al intento de golpe de Estado de 1981, que España ha tenido que soportar después de la guerra incivil de 1936-39, provocada, como no sería necesario recordar, porque un grupo de militares capitaneó una rebelión civil contra el gobierno legítimo.

No interesa a los secesionistas potenciales que su actitud esté provocando la destrucción de lo poco que se ha conseguido, después de la ultima grave crisis económica padecida. Caen bajo la oportunidad presentida de aprovechar un momento singular de debilidad por parte del gobierno central y de confusión entre los partidos llamados constitucionalistas, las preocupaciones, del paro, el desequilibrio social, las tensiones migratorias, la necesidad de elaborar y coordinar un nuevo modelo educativo, asistencial, etc., y prevalece el deseo de antihistórico de segregarse del resto de España y navegar solos, siguiendo la estela de algún país de su tamaño, en el que quieren encontrar el modelo.

Como no está imperando la cordura -debo matizar, por el lado pre-secesionista-, no se puede descartar que se produzca una grave revuelta social en Cataluña. Carles Puigdemont, por mucho que se obstinen los separatistas en presentarlo como candidato, en un pulso al orden institucional gravísimo, sin camino de vigencia posible, no puede ser president de la Generalitat, y su candidatura ha de ser retirada de inmediato y todos los esfuerzos han de dirigirse a la recuperación de la tranquilidad en la sociedad catalana.

No se puede ignorar, porque sería de una ingenuidad intolerable, que la crisis generada no resulta de un enfrentamiento al Gobierno español, sino contra la Constitución y, por tanto, los partidos pro-secesionistas, con sus dirigentes empecinados en no ceder, han puesto en riesgo la estabilidad del Estado, incumpliendo las normas que son garantía para la convivencia democrática, y mintiendo insolentemente. España no es una dictadura, la Constitución vigente obtuvo en su momento un respaldo abrumador y la búsqueda de tranquilidad, construida desde la libertad y el consenso mayoritario, es la base de la convivencia.

Ojalá no se avance en la rebelión social en Cataluña, y la sensatez vuelva a escena. Pero la defensa de la Constitución no puede ser débil y, correspondiendo a la amenaza, así (y algo más) ha de ser la reacción. Si el diálogo no es posible, si la revuelta no puede deternerse con la razón, el Estado de Derecho tiene alternativas e instrumentos, incluso en su límite. Es cierto que el derecho penal es la ultima ratio, el esfuerzo máximo del Estado social para imponer, con la fuerza de la amenaza del castigo y su aplicación, la contención y la contraposición a quienes vulneren las normas…

Pero, ¿Y cuando el derecho penal no basta? ¿Qué instrumento tiene el Estado de derecho cuando una parte de la sociedad se obstina en incumplir la norma, rebelándose?

No debe tener temor el Estado de Derecho a aplicar los extremos previstos, que corresponden a la declaración, bien del Estado de alarma, o de excepción, imponiendo una limitación severa a las libertades básicas que permita la rápida vuelta a la normalidad.

Con todas las precauciones que se quieran poner para el caso, después de que hayan sido hecho las advertencias precisas, contando con la aprobación del Congreso de Diputados y a propuesta del Gobierno, con los plazos de aplicación muy concretos y las explicaciones de rigor, se deberá acudir a lo previsto en el art. 116 de la  Constitución, con seguimiento de la Ley Orgánica 4/1981 que lo desarrolla y el Reglamento 10/1982.

Una situación de rebelión encaja, también, en uno de los supuestos máximos previstos en el texto constitucional para la actuación de las Fuerzas Armadas, que, como he recordado en otro momento, deben garantizar la unidad del Estado, bajo las directrices del Gobierno legítimo y la máxima Jefatura -en este caso, entiendo que no meramente simbólica- del Monarca.

Es un protagonismo excepcional, no deseado, no querido, pero imprescindible para recuperar el orden, la paz social, el respeto estricto a lo pactado. Puede quedar, ojalá sea así, como amenaza para defender la posición del Estado de derecho, pero su firmeza tiene que dejar claro, a levantiscos y seguidores que no se trata de un juego. No puede expresar ni dejar trascender la menor debilidad. Los infantes díscolos han de saber, de una vez por todas, hasta dónde no pueden llegar.


La distinción entre un águila real y un buitre en vuelo, que para un profano puede parecer difícil, no presenta dudas. Este magnífico ejemplar de buitre leonado, visto desde abajo (como resulta lo habitual) muestra todas sus características diferenciadoras: dedos lagos (los extremos – coberteras- de las alas), mano más estrecha, cuerpo marrón ocráceo, distinguible de las coberteras marrones, pico amarillento y cabeza pequeña (en vuelo). El águila real tiene las coberteras más pálidas (grises) que el cuerpo, la cola más larga y el ala más estrecha en la base.
De todas formas, reconozco que hay que observar atentamente varios ejemplares para acabar estando seguro de la distinción.

Publicado en: Actualidad, Ejército Etiquetado como: articulo 116, Constitución, ejército, estado de alarma, fuerzas armadas, ley 41/1981

Ejército y sociedad civil (12)

25 enero, 2018 By amarias Deja un comentario

El Presidente francés, Emmanuel Macron, en su visita a la base naval militar de Tulón, el pasado 19 de enero de 2018, confirmó que pretende implementar «un servicio nacional universal», el primer paso hacia la vuelta del servicio militar obligatorio. Es inevitable buscar el encaje de esta decisión (anunciada ya en su programa electoral), -y que viene acompañada del incremento hasta el 2% del PIB en los gastos militares-, en el refuerzo de la posición propia ante los riesgos y amenazas a la seguridad que se perciben desde Europa.

No está solo Macron en este movimiento. El núcleo duro europeo -Francia y Alemania- quiere incorporar a la conciencia europea, -como reactivador del viejo proyecto político, amenazado por los nacionalismos, y obviando la muy cuestionada unidad económica y social-, una línea Maginot virtual, pero que deje visible que Europa no es un territorio indefenso. (1)

No es complicado detectar las causas de este movimiento de estrategia política de largo alcance que no pretende (entiendo) recuperar un pasado de tambores bélicos, sino demostrar que existe una fuerza, una voluntad popular y una capacidad armamentística disuasoria de cuanto amenace la seguridad y valores propios desde fuera de sus fronteras.

¿Se va hacia un Ejército, o mejor dicho, una Fuerza Armada comunitaria? No es sencillo es poner en marcha una Fuerza Armada unitaria, bajo un mando único, y con organización militar autónoma -contando con personal, equipamiento y medios económicos adecuados-, coordinada, desde luego, desde los Ministerios de Defensa de los Estados miembros, pero con la imprescindible independencia de actuación profesional, llegado el caso.

Las pinceladas más groseras (en el sentido, de evidentes) del nuevo cuadro de Seguridad y Defensa europeo, provienen, por una parte, como reacción a la concreción del cambio en la política norteamericana en ese área, que ha ido desvelando, en un striptís inquietante, el presidente Donald Trump en su primer año de mandato. Por otra parte, la salida del Reino Unido de la Unión Europea obliga a replanteamientos estratégicos, incluido en ellos, el sector de Defensa.

Las prioridades norteamericanas se enfocan ahora hacia el Pacífico, donde se encuentran Corea del Norte y China.

A la segunda, se la ve ya como el gran rival económico, con una tasa de crecimiento envidiable y una política comercial expansionista, al abrigo de las mágicas palabras «libre comercio».

La primera se presenta comúnmente como una amenaza de patio de colegio entre bravucones en el recreo, pero la existencia de capacidad nuclear con alto potencial destructor ha hecho sonar peculiares timbres de alarma a los expertos. La pretendida disuasión a la posibilidad de que el «líder supremo» Kim Jong- un apriete su botón nuclear como si fuera el mando de un juguete, no está en disponer al otro lado de la consola de misiles aptos para provocar un desastre nuclear, (y que se viene aceptando no serán nunca utilizados porque la réplica simultánea al ataque conduciría irremediablemente al holocausto recíproco).

La nueva estrategia de armamento nuclear se enfoca hacia el desarrollo de misiles de gran alcance pero localizado poder destructor: esa capacidad sí aparece como verdadera capacidad disuasoria y, si fuera llegado el caso, como concreta acción bélica factible.

La tutela y digestión de lo que está pasando en el Mediterráneo -las tensiones de asimilación de los vaivenes hacia la democracia o el caos del Norte de Africa y las imparables oleadas migratorias de las antiguas colonias europeas-, e incluso, la contención de las ambiciones rusas en la frontera este,  pasarán, en ese contexto, a ser cuestiones que atañen fundamentalmente a  Europa. Lo son ya, en realidad, aunque la Unión Europea aún no haya tomado decisiones conjuntas de alcance.

Cambios, pues, imprescindibles y a corto plazo. El espacio regional europeo, con historia de luchas internas, odios recientes y desconfianzas a flor de piel, en la filosofía del presidente Trump y su equipo asesor, debe dejar de ser el free rider (o casi) de la OTAN y asumir un papel de co-protagonista. No servirá, como tarjeta de visita mundial, aparecer como el «amigo bueno», un conjunto de Estados de factura impecable, demócratas, respetuosos con el orden jurisdiccional, defensores del derecho penal internacional que castiga a los malos (débiles), preocupados por el medio ambiente, solidarios con los Estados más pobres y respetuosos y hasta colegas aduladores de alguno de Elos más ricos, pero sin capacidad para defenderse de manera autónoma.

Una posición inerme se rebela como un apetecible bocado, frágil y delicado en caso de conflicto, en el que no valdrán estrategias comerciales disjuntas, apologías de filosofía humanista no siempre cumplida con rigor y  la existencia de multitud de brillantes centros de invención y tecnología pero aún bastante descoordinados. Tampoco serviría para el cómputo el despilfarro de ayudas al desarrollo de las viejas colonias, cuya reducida eficacia práctica, más bien que más bien parece el reflejo de un síndrome de culpabilidad pegajoso.

La plasmación del Brexit supondrá que el país europeo con mayor capacidad y fuerzas armadas de la Unión, y con tecnología de energía nuclear aplicada al armamento, dejará de participar en el Programa de Defensa conjunto. Francia queda, por tanto, como único Estado europeo capaz de demostrar con credibilidad la capacidad disuasoria que supone poseer armas atómicas.

No hace falta concretar posibles enemigos, solo considerar, en el análisis conjunto europeo, las amenazas presuntas o probables, La posición de Rusia adquiere creciente protagonismo, por la forma brillante -política  y militar- de Vladimir Putin de aprovechar las debilidades o indecisiones ajenas. La invasión de Crimea, el acercamiento a Turquía, la intervención en Siria y la creciente presión sobre los países de la frontera con Europa, son ejemplos evidentes.

Claro está que Europa no puede hacer frente a la eventual amenaza rusa sin contar con Estados Unidos, pero se trata de abandonar progresivamente esa dependencia, desde la consciencia -crecientemente sentida- de que el territorio europeo no debiera volver a convertirse en zona de conflicto. En todo caso, se encuentra con problemas de inseguridad interna que exigen soluciones autónomas a las que hacer frente de forma solidaria: terrorismo islámico, focos de radicalización, tensiones sociales producidas por una crisis económica sistémica, etc.

La recuperación de la formación militar enfocada a la incorporación a la estrategia de defensa de la población civil es también una consecuencia de la constatación de la pérdida, por una parte importante de la juventud, no ya de la consciencia patriótica, sino de elementales principios de disciplina, solidaridad  y cooperación ciudadana, dentro de un magma en el que la proporción de ciudadanos de origen extranjero ha crecido y crece de manera imparable, sin que se haya conseguido éxito en su integración real, fuera de fantasías y voluntarismos políticos.

Se habla y se siente, también en España, una dicotomía entre la educación cívica y patriótica de la población mayor de cincuenta años y los más jóvenes, especialmente de los adultos muy jóvenes. La reintroducción de la formación militar a la población civil más joven, en grado ponderado pero real, puede ser una manera de superar el vacío y de integrar con plenitud lo militar a lo civil, desde una posición conjunta pacifista, pero pragmática.

Costará tiempo y dineros, pero la concreción de las amenazas -repito, presuntas, posibles o reales- ayudará a agilizar la toma de decisiones. Francia ya ha visto, en ojos de su Presidente y el equipo de cercanos asesores, el peligro de quedarse quieto sin hacer nada.


Un agateador europeo (certhia brachydactyla), mimético en general con el tronco en el que busca su alimento, se pone de manifiesto desde esta toma de perfil. Frecuente en nuestros bosques de robles, hayas y abedules, aunque puede verse incluso en los jardines urbanos, pasa desapercibido. El aspecto de su banda alar, con escalones que alternan zonas claras y oscuras ayuda plenamente a su confusión con la corteza del árbol por el que trepa, generalmente, de abajo hacia arriba, peinándolo de larvas e insectos.

La distinción entre las distintas especies de agateador es prácticamente imposible a no ser por la fotografía comparativa. El europeo tiene el vientre ligeramente más pardo y el pico algo más largo.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: fuerzas armadas, Macron, mili, servicio militar obligatorio, sociedad civil, Trump. ejército

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