Al socaire

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Sangre en la arena, toros al corral, corrida destemplada, tiempos muertos

5 marzo, 2016 By amarias Deja un comentario

El resultado era previsible, las duras e irrespetuosas formas empleadas contra el candidato a Presidente de Gobierno por algún contrario que estaba llamado a servir de apoyo expreso o tácito, menos.

Para el conjunto de los españoles, el tiempo de peroratas, en relación con el objetivo constitucional, fue tiempo perdido. Para el candidato, sus replicantes y las respectivas facciones de apoyo, ocupando ya un sitio remunerado en los escaños, no tanto. Si alguien conservaba restos de curiosidad para evaluar la capacidad de improvisación o la finura para desflorar argumentaciones del otro en caliente, vaya para él lo servido por lo comido.

Para el Partido Popular, dirigido por Mariano Rajoy o por su buena fortuna, fue tiempo de milagros. Porque pronto la escenificación dejó claro que lo que se lidiaba allí, en el respetable coso del Congreso de Diputados, no era el debate de investidura del candidato Pedro Sánchez, sino que los equipos se encontraban nuevamente en campaña, y el único programa coherente era no tenerlo o, diciéndolo mejor, seguir empuñando las riendas del gobierno.

Por eso, al advertir que se estaba pedaleando en el vacío, o soplando el viento a favor de lo que todos los demás parecían de acuerdo en combatir, los ánimos se encresparon pronto. Los insultos y las descalificaciones se tornaron frecuentes, pero no para ponerse de acuerdo contra el declarado por todos como objetivo a batir, Mariano Rajoy, sino entre los que querían protagonizar un cambio que se revelaba imposible.

El momento puso entonces a mayor prueba la capacidad de los intervinientes para contener la tendencia natural de la lengua de los que hablan en público, a desconectarse del cerebro; fracasaron muchos. Si alguno sobresalió de tanta quema, fue por aprovechar para largar lo que tenía preparado. Más que muestras de lo agudo de los ingenios, se exhibieron paquetes de vacío.

A efectos de campaña, el marco del que dispusieron los candidatos antes de empezar la campaña a la que el previsible resultado obliga, fue un regalo directo. El auditorio que siguió los juegos florales fue mucho mayor del que puede alcanzarse en la mayor plaza de Toros de España; mejor, incluso, que en un programa televisivo con dos horas por delante y tiempos tasados entre cuatro o seis jefes de partidos.

Cuando, proclamados los resultados que confirmaban que Sánchez y su mini-acuerdo con Ciudadanos no habían conseguido, desde el miércoles 2 de marzo, más que sumar el voto de Coalición Canaria, se apagaron las luces de la ilusión, el vacío se apoderó de la gran sala de experimentos permanentes, para beneficio de terceros, que es España.

Porque si la postulación de Sánchez para aceptar el mandato del Rey Felipe VI -«el ciudadano Felipe», oí decir a San Alberto Garzón, icono amable de la Genuina Izquierda Testimonial- prometía una excursión pensada para explorar afinidades, al estilo de los programas mediáticos en los que los concursantes son confrontados con un desconocido al que pueden convertir en su media naranja por una temporada, los cuatro partidos en los que los españoles han depositado mayoritariamente su voto, habrían fracasado.

Todos, pero, el que menos, el PP. Si el mensaje -como les gusta decir a todos los políticos- del pueblo votante era que se entendieran para propiciar un cambio, malas antenas captadoras tienen aquellos que no se hartan de proclamar que todo vale menos seguir igual.

Fracaso es que los exploradores enviados por el pueblo para encontrar una tierra mejor -o menos contaminada que la actual- en la que afincarse por, al menos, un par de años,  vuelvan a casa sin noticias. Ni siquiera su comportamiento verbal, ese que significa la representación oficial de sus posturas, ha sido edificante para un pueblo que quiere, y debe, verlos como ejemplo para moverse en la convivencia. ¿Han de enfrentarse a golpes los contrarios en las calles, al estilo de otros países que figuran como menos desarrollados en este equilibrio que llamamos democracia?

Los elegidos para un noble trabajo de prospección de afinidades, han escenificado su voluntad de pelearse, de insultarse y despreciarse. Lo hicieron fieramente y sin necesidad, y, con ello han consolidado el desconcierto.

Sus manos vacías, son una invitación a contemplar la vacuidad de las nuestras.

Al mantenerse en funciones, el gobierno de Mariano Rajoy.  obtiene ventajas que  sabrá aprovechar, especialmente, si la economía mundial se recupera algo y la capacidad española para manejarse en la economía sumergida y apretarse el cinturón dejando a un lado lo superfluo, se perfecciona todavía.

Aunque no se celebren nuevas elecciones, la rotura previsible del pacto entre PSOE y Ciudadanos -el primero estando obligado a negociar con Podemos a cara de perro para no perder la credibilidad del votante de izquierdas, el segundo, por volver a andar por do solía-, permitirá replantear un nuevo acuerdo entre un PP sin Rajoy y sin corruptos al equipo de Albert Ribera, que seguirá prisionero de su programa liberal en lo económico y ponderado hasta lo melifluo en lo social.

A Pedro Sánchez no le quedará más remedio, cuando se le confronte a la propuesta, que ceder el paso y abstenerse, dejando que su partido, con él asumiendo el mismo destino que otras decenas de esforzados que fracasaron en intentos de revitalizar la socialdemocracia, se lama las heridas, se escinda o se convierta.

No fue, a pesar de todo, Sánchez un cándido candidato, ni Rajoy debería presumir de haber sido un visionario. Las cosas fueron así, porque así se conformaron. No había más opciones que mantener, por el primero, la estrategia de no agresión a los votantes de derechas, tratando al mismo tiempo de no pintar con la izquierda el inocuo convenio sellado con la formación de Ciudadanos, y resultar coherente con el objetivo propuesto de lanzar mensajes de tolerancia que condujesen a que se abstuvieran, tanto a su diestra como a siniestra.

Pablo Iglesias, ávido depredador, oliendo la sangre de las heridas del PSOE, como los dragones de Comodo cuando cercan a un búfalo cansado, dio una y otra vez, dentelladas a las patas del partido socialista, menospreciando las carnes del elefante popular, cuya presa le pareció, a lo peor, demasiado grande para dedicarle esfuerzos o considerarlo herbívoro falto de forraje y, por tanto, limitado a subsistir sin lanzarse a la carrera. Sus sátiras, insultos y chascarrillos, con ninguna relación con propuestas concretas de gobierno, dieron materia para risas a los que ven un juego este serio asunto colectivo de encontrar puntos de concordancia entre divergentes con los que abordar el futuro con solvencia.

Vienen tiempos muertos, sí. Pero como la vida no se detiene,  tengo la intuición de que tendremos un gobierno del PP para un rato más, con el sacrificio simbólico de Rajoy. Se abrirá, entonces, un nuevo período de reflexión para la izquierda de este país,  separada entre quienes esgrimen como programa fundamental el catecismo históricamente destrozado de la revolución de las masas, y  la de quienes, pretendiendo respetar el orden legal, no saben desprenderse -o no quieren- del sabor ideológico a vino barato de cosechero.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Ciudadanos, congreso, fallida, investidura, Podemos, PP, PSOE, Rajoy, Rivera, Sánchez

Gansadas

4 marzo, 2016 By amarias Deja un comentario

Los gansos no tienen buen cartel entre nosotros, que llamamos gansadas a toda ocurrencia surgida sin meditación y que está, para quien así la juzga, fuera de contexto y lugar. Cuando decimos de un adolescente que se encuentra en la edad del pavo, podríamos mejor decir que esta pasando por la edad del ganso.

Este menosprecio idiomático hispano al noble animal que avisaba en el Capitolio de la llegada de extraños y del que, convenientemente sobrealimentado, los vecinos franceses supieron extraer el delicioso foie-gras, no fue compartido por los economistas Kaname Akamatsu y Saburo Okita, que han visto en ellos, allá por los años 60 del siglo XX, la inspiración para explicar el modelo de desarrollo de las postguerras mundiales que convenía seguir a Japón.

El Ganko-Keitai, o «modelo de los gansos voladores» pasó a ser un referente para los teóricos del desarrollo. Como es sabido de todo ornitólogo y de cualquiera que haya visto el comportamiento en vuelo de estas aves migratorias, las bandadas de gansos avanzan en uve, con una de ellas, en cabeza, rompiendo los aires. Las que van detrás se benefician de ese esfuerzo y, cuando la que venía realizando el trabajo, se cansa o muere, otra la sustituye de inmediato, y así, hasta que llegan a su destino.

No me propongo desbrozar aquí los intríngulis del esquema que, dicho sea de paso, fue mejorado en los setenta por Raymon Vernon, llamando a su modelo «Teoría del ciclo del producto» (TCP), adaptándolo a cuestiones microeconómicas.  Sus aplicaciones prácticas dejaron huella en este mundo parcialmente globalizado, incluidos algunos cadáveres.

Todavía hoy, algunos pensamos que, apelando a los gansos, a los tigres o a los tiburones, todo desarrollo tecnológico realmente novedoso necesita de visionarios innovadores que se convierten en líderes de una bandada de seguidores, que, siguiendo una ley natural, les irán siguiendo los pasos lo más cerca que puedan, haciendo cierto el riesgo de que acaben engullidos, convertidos en víctimas de su proeza.

Sean bienvenidos los desplazamientos de gansos tecnológicos, y, entre las llamadas start-ups, no dudo que hay empresas dirigidas por genios de la creatividad y hasta me jacto de conocer algunos. Pero también advierto: los aficionados al ciclismo saben bien cómo suelen terminar las gloriosas «escapadas en solitario», que tanto prestigio dan al deporte reina del esfuerzo por equipos. Otros ganan la carrera, aprovechándose del esfuerzo de los héroes.

Llego aquí para comentar que, en este momento singular de nuestra historia, veo vuelos de gansos por todas partes, movimientos migratorios de todo pelaje e intención. Aquí y allá: en la vida política, en el tejido empresarial, en la judicatura, en la enseñanza, en la medicina. Hasta en los patios de vecindad, si se me apura, veo bandadas de seres humanos -gansos en la ficción que estoy contando- que siguen, ciegos, en pos de alguien que ocupa la cabeza.

Lamento decir que, en muchos casos, no acierto a saber hacia dónde van esos esforzados. Aún peor, por lo que deduzco del camino que siguen, especulo que tampoco lo saben bastantes de los supuestos líderes de esos grupos que, enarbolando proclamas, se animan unos a otros graznando, aplaudiendo lemas o batiendo alas, y aletean, aletean y aletean, siguiendo en las formaciones sin  rendirse.

Traspasado el horizonte de sus fuerzas, supongo que caerán, exangües, sin tiempo ya para preguntarse qué es lo que les incitó a moverse impetuosamente de los lugares donde estaban -¿fue solo la curiosidad, acaso el descontento, pudo ser la envidia, les impulsó el odio?-, sin haberse puesto de acuerdo antes de emprender su vuelo sobre el lugar al que querían ser conducidos por su líder después de un largo viaje.

Porque los gansos de veras, no los de un cuento cualquiera, los que responden a su naturaleza, sí lo saben. Al sitio donde hará menos frío en el invierno y que dejaron atrás para volver a anidar en primavera. No será ésta la conclusión aplicable a los humanos, cuya naturaleza racional les impulsa a ir hacia lo desconocido, que es su forma de entender donde se halla lo mejor.

Pero que no lo hagan ciegos, que para algo han de servir, para encauzar los primeros aleteos de todo cambio de rumbo, las referencias del pasado y su enseñanza básica, que no está toda en los libros, sino en los costurones colectivos.

Publicado en: Actualidad, Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: Akamatsu, ganso, Okita, Vernon

El hemiciclo como circuito de pruebas

2 marzo, 2016 By amarias 2 comentarios

En la tarde del 1 de marzo de 2016, el piloto Pedro Sánchez dio cientos de vueltas con el nuevo vehículo producido por la unión temporal de dos escuderías. El modelo que probó tenía instalado el clásico motor de explosión, con invisibles avances tecnológicos de la escudería PSOE, para la que Sánchez trabajaba hasta ahora, -y con la que mantiene contrato aún- y una nueva escudería, de marca C´s, que pretende haber adaptado un modelo europeo, aligerándolo de peso y alerones.

El trabajo conjunto de ambas escuderías, aún inacabado, se interpreta por los especialistas, fundamentalmente, como un intento de revitalizar la vieja escudería socialista, amenazada de escisión, e incluso con riesgo de ser absorbida por otras marcas, debido a los problemas técnicos y económicos que arrastra, que le han hecho perder identidad y credibilidad.

El circuito de pruebas no resultaría apto para probar las prestaciones de los modelos que, además, no están plenamente desarrollados, y que, verosímilmente, no se pondrán en el mercado hasta la próxima temporada, prevista para principios de junio. El hemiciclo del Congreso de Diputados, con su trazado convencional, tiene fama de frío y, aunque parece cómodo para vehículos y conductores, la tensión ambiental puede provocar salidas de pista sonoras de aquellos pilotos que se confíen y que no hubieran valorado sus fuerzas correctamente.

La exhibición venía precedida de una gran expectación, y el público, cuidadosamente elegido por un complejo procedimiento llamado Hond´t , abarrotaba las plazas disponibles para contemplar aquella en directo. Había más de 800 periodistas acreditados -unos por pasión o compasión, pocos por sueldo- y, entre los invitados se detectaban incluso más rostros conocidos que entre los de asiento fijo.

Hubo decepciones para los que esperaban más intensidad y algún número acrobático. Sánchez no es piloto que guste de la espectacularidad, y aunque el llamado circo de la Fórmula Congreso se presta a exageraciones, estuvo moderado, incluso previsible. En una primera evaluación, quienes siguieron sus evoluciones por televisión -pocos de continuo, la mayoría, a ratos- mantienen su opinión de que el vehículo tiene aceptable diseño, pero necesita incorporar más potencia, pues hace extraños a la primera de cambio.

El vehículo que pilotó Sánchez se deslizó por la pista con suavidad al principio, y su conductor procuró mantener en una marcha moderada, para no forzar el motor. Tenía sentado en el asiento del copiloto a Albert Ribera, con el que había estudiado previamente el recorrido, señalado las curvas,  marcado cambios de peralte y algunos baches que deberían obviarse.

Buena parte de la exhibición de Sánchez parecía destinada a convencer a otra escudería para que abandonase las pruebas e invitarle a incorporar algunas de sus propuestas de mejora.  En una zona bien iluminada por los focos se sentaba  el piloto Pablo Iglesias, rodeado de mecánicos de la escudería Podemos, entre los que figuraba un experto en artes cordiales: el discípulo del añorado Ernesto Laclau, Errejón, ganador de trofeos en carreras de karst.

La escenificación resultó emocionante cuando el piloto ganador del último rally, Mariano Rajoy, que, sin embargo, acabó estrellando el vehículo que se le había confiado, expresó su menosprecio, reiterando a sus admiradores que nadie podría hacerlo como él, si le dejaran pilotar otra vez. Pero Sánchez, cada vez que pasaba ante él, le hacía un corte de manga.

Por el telefonillo interior se escuchó el mantra reiterado, por el que Sánchez preguntaba a los mecánicos de la escudería Podemos y al propio Iglesias: «¿por qué no se sienta ya Pablo en el asiento del copiloto? ¡Tenemos sitio para él!, ¡Por lo menos, que se retire, y nos permita incorporar a nuestro motor ese mecanismo secreto con el que mejoraron la potencia del suyo!».

El silencio fue, con todo, la única respuesta y, al terminar la última vuelta de Sánchez, que duró más de lo esperado, los demás pilotos se recogieron para preparar sus exhibiciones de mañana. No habrá sorpresas ni sobresaltos. Sin el motor de la escudería PSOE-Ciudadanos, aunque imperfecto, la potencia de sus artefactos será aún menor, y, por mucho que arriesguen, el espectáculo será, además de aburrido, inconsistente .

Publicado en: Actualidad

¿Son Podemos y Ciudadanos start-ups políticas?

29 febrero, 2016 By amarias Deja un comentario

Las tecnologías de información y comunicaciones se ha mostrado muy capaces para desgarrar las costuras del tejido empresarial tradicional,  haciéndolo, allí donde penetran, muñones sanguinolentos. Por eso, quienes tengan la capacidad creativa para encontrar una aplicación de las mismas en algún lugar de la estructura de producción y servicios, pueden probar a arrancar un bocado de la actividad clásica y, aunque carezcan del músculo para engullirlo, tratar de poner velas a alguna gran corporación,  para que sus ejecutivos se fijen en su trabajo, y les compren la idea antes de que el excesivo éxito les queme las débiles entrañas financieras.

Es un momento, sin duda, apasionante, en el que se están cambiando las formas de resolver las cuestiones básicas de la Humanidad, que se traducen, eliminando toda hojarasca sentimental y florilegios, en vivir de la mejor manera posible. Las Empresas de Base Tecnológica (EBTs), que en España, como en todo el mundo, se llaman start-ups, se esfuerzan en presentar soluciones nuevas a los viejos problemas. Observando el crecimiento de las que tienen éxito, sin embargo, se detecta que el trabajo que realizan no es de simple sustitución: al manejar herramientas muy eficaces para el tratamiento y difusión de la información, el crecimiento de su facturación es exponencial y, combinadas con nuevos materiales, otros hallazgos, economías de escala, etc., están provocando un cambio dramático, no solo en el hacer de las cosas, sino en la distribución de las plusvalías y en la demanda de trabajo, en calidad y cantidad.

De ahí el interés de las empresas establecidas para controlar su futuro, de las dos maneras posibles: ahogándolas o, si no fuera posible, adquiriéndolas antes de que les hagan más daño. Las start-ups que sobrevivan a esta ley de la selva, serán, posiblemente, los factores principales de la nueva economía.

Disculpe el lector tan largo prolegómeno, porque lo que deseo proponer es acercar el concepto de start-up a las dos formaciones políticas que, en este momento sensible para España, están protagonizando lo que se presenta como una nueva forma de tratar los problemas socioeconómicos de siempre. Ciudadanos y Podemos representan, en este sentido figurado, una versión actualizada, tecnológicamente más agresiva, del clásico dualismo entre izquierda y derecha que, mientras el campo político estuvo en orden, quedaba suficientemente representado por el Partido Popular y el PSOE.

No será tan fácil, quizá, descubrir cuál es la nueva tecnología que enarbolan orgullosos, como base de su funcionamiento, los equipos de Ciudadanos y Podemos: mezcla elementos muy variados, que van desde la presunción de honradez y credibilidad frente a corrupción y engaño; eficacia frente a acomodación o molicie;generación de más actividad frente a estancamiento, falta de iniciativas o declive; etc. Puede que los creadores de estas empresas políticas de hipotética base tecnológica vean elementos nuevos -juventud, formas de comunicación, frescura de ideas, movimiento ciudadano, trasparencia, democracia renovada, …- pero no lo son tanto, en mi opinión. Defendidos con mayor o menor perspicacia y fortuna, esos «elementos positivos» de la comunicación política, existen, existirán y existieron en toda sociedad, y el que en un momento dado de la Historia tengan mayor relevancia no deja de ser coyuntural.

Las nuevas tecnologías que Ciudadanos y Podemos, cada uno desde su lado de la parcela ideológica, pretenden implementar para sustituir a los dos partidos que antes centralizaban la disputa (lamento, personalmente, dar por finiquitada sin pena ni gloria a Izquierda Unida, que representaba algo así como la industria del carbón y del acero de la política), son menos aparentes.

Para Podemos, su programa tecnológico virtuoso incluye expertos en energías alternativas, ya sean la solar, la eólica, y la investigación de laboratorio de la fusión y la pila de hidrógeno. Es hermoso oírles trasmitir la «buena nueva» a sus capitanes, con bellos himnos al sol, al viento, a la madre Tierra, a las riquezas naturales recónditas, y al futuro deseado pero aún lamentablemente imposible, que nos hará mejores, aunque a la mayoría de los que estamos cubiertos de barro, empujando del carro, nos provoca recelos.

En el caso de Ciudadanos, la nueva tecnología es menos sofisticada, más de gabinete. Supone repasar los cálculos del Partido Popular,  poniendo de manifiesto algunos errores detectados por los que no les cuadran las cuentas. Resulta significativo que el comité científico de la derecha liberal copernicana, la Academia del mercado y la filosofía de le monde va de soit meme, los eruditos laureados de la ortodoxia oficial -llámense Rajoy, Cospedal, Aznar o el lucero del alba- les afeen sus pretensiones de corregir errores, llamándolos pichoncitos, torpes, ingenuos y otras lindezas estilísticas del tenor.

La verdad es que el empuje de las start-ups ha llegado al parqué político, y lo ha hecho con todas las de la ley electoral. Y, como ha intentado hacer, bien aconsejado, Pedro Sánchez, se trata de atajar rápido su impulso que huele a demoledor. Lo ha hecho con un acuerdo de mínimos con Ciudadanos que puede calificarse, sin problema, como una declaración de no agresión. Supongo que nadie se creerá, en su sano criterio, que se pretende incorporar a ese pacto edulcorado a Podemos.

No, la start-up verdadera en política es Podemos. El invitado a incorporarse, con su mera abstención, es el PP. Porque ya habrá tiempo para tomar una decisión sobre el otro partido, si es que tiene fuerza social y económica para mantenerse en el mercado.

 

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Desnudos ante el mundo

27 febrero, 2016 By amarias 1 comentario

Que estamos viviendo en España una situación excepcional, no deberían caber dudas. Son tantos los frentes abiertos, que solo enumerarlos produce sensación gélida en los cogotes de quienes, aunque no nos encontremos en ninguna de las trincheras bélicas, nos preguntamos si sus resultados, sean cuáles fueran, nos afectarán o forman parte de un espejismo colectivo.

Tenemos las instituciones convertidas en un batiburrillo de tensiones y, cuando podríamos mostrar satisfacción por lo alcanzado, hemos puesto los focos sobre el cuarto de las escobas, aireando los trapos sucios y el cubo de la basura.

Cuestionamos la Constitución y la forma del Estado, sin reparar en si las alternativas mejoran lo presente o lo descalabran. Donde algunos parecen ver más libertades, otros vemos más servidumbres y cadenas, y al revés, según nos cuadre. Se defiende aquí el Estado federal y otros expertos constitucionalistas, se empeñan en demostrar que ya lo tenemos. Se dan vivas a la república en las plazas y enarbolan banderas de todo tipo, cuando cabe reconocer que Felipe VI es un profesional serio y hasta elegante, con bastante mejor formación que sus alternativas, y que, además, hemos pagado entre todos.

Mostrando una capacidad disociativa casi sobrehumana, el Rey aparenta no estar afectado porque una de sus hermanas está siendo enjuiciada por evasión fiscal, y que su cuñado tiene todas las papeletas de pasar una temporada larga en la cárcel; con la cabeza empleada en temas acuciantes, tampoco parece importarle que sus padres, pareja real emérita, anden sueltos por el mundo lamiendo sus heridas, y que la imagen de su augusto padre  sea desplazada a golpes de semanario del corazón desde salvador de la democracia a rijoso impenitente.

¿Y qué decir de los trabajos de Hércules para mejorar la existencia de los que somos más humanos?. Después de unas elecciones para designar los representantes populares en las Cámaras, quedó puesto en evidencia que el país no está dispuesto a recomponer la dualidad política que había supuesto una alternancia pacífica, y positiva, de dos partidos que habían tenido la perspicacia de ir aproximando sus posturas ideológicas hacia el calor del centro izquierda.

Con cuatro formaciones prácticamente igualadas, y después de arduas negociaciones misteriosas en las que se han malgastado oportunidades de entenderse a cambio de dar martillazos sobre el pastel de las negociaciones, el maltrecho Partido Socialista y la juvenil ave Fénix surgida de las cenizas de la descomposición parcial del Partido Popular, han firmado un acuerdo de mínimos edulcorado.

Por su escueta redacción, más que a programa de Gobierno, estaría destinado a llamar la atención del electorado sobre la incapacidad de la derecha tradicional para lamerse sus heridas e incompetencia en solitario, absteniéndose de meter las narices en la gestión de lo público por un período, y, no en último lugar, acerca de las incoherencias de una agrupación de descontentos, agraviados, parados juveniles, secesionistas, ingenuos e incorruptibles no probados, en su camino iluso hacia la Tierra Prometida que les señalan como un mantra ciertos guías de catadura un tanto estrafalaria que se consideran habilitados por sus estudios académicos superiores para saber cómo redimirlos.

En momentos de crisis económica y tecnológica, y mucho paro de larga y de corta duración, tenemos a algunos profesionales muy ocupados en el corto plazo: periodistas y jueces, en particular, concentrados especialmente en la investigación de los recovecos de la corrupción, líquido apestoso que parece haber contagiado las fórmulas para las adjudicaciones públicas y que, a medida que avanzan los trabajos de los unos señalando la ruta a los otros, nos sustenta la convicción de que somos, sino el país más corrupto del mundo, sí dignos de figurar entre los más torpes en ocultarlo.

Tantos son los casos y tan extendido y común aparece el asunto de quienes sustrajeron algunos dineros de las obras y concesiones administrativas para su Partido y/o para su coleto y tan poco creíble que los directivos de empresas no estuvieran todos al tanto de esa práctica malsana, que la duda que suscita es si tanto empeño en descubrir la verdad no acabará al modo de la película «Todos a la cárcel» o con una confesión de autoculpabilidad de todos ellos, preguntando a la audiencia: «Y ahora, ¿qué?»

En fin, hénos aquí, como país, desnudos ante el mundo, una vez más. Hurgando en las miserias -que no por propias dejan de ser comunes-, y sin atender a lo que es más importante. Sin gobierno, vamos. En sentido general y figurado.

 

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Explicar el mundo para politólogos

24 febrero, 2016 By amarias 5 comentarios

Pocos de los grandes científicos y pensadores que la Humanidad ha producido fueron personalidades engreídas, poseídas de su potencia intelectual. Y, de entre los que prefirieron no revestir sus logros de modestia, que es auxiliar de la virtud de la templanza, según Tomás de Aquino, no fueron pocos los que, pasado el tiempo, vieron sus teorías superadas por las pruebas de otros sabios que iban comiendo los altramuces del conocimiento que habían despreciado.

Tengo junto a mí un libro que aconsejaría a todo politólogo, especie surgida de los recovecos del saber y que ahora nos quiere dar lecciones en materias que entienden tenemos descuidadas. Está escrito por el premio Nobel de Física, Steven Weinberg y se titula «Explicar el mundo». (Editorial Taurus, 2015), a cuya perspicacia y dotes para explicar de forma sencilla lo que sabe, se debe, entre otros, también el libro «Los tres primeros minutos del Universo», que me leí de un tirón.

Weinberg justifica su propósito de «explicar el mundo», como resultado de la decisión de «profundizar más, aprender más de una época anterior de la historia de la ciencia» y a que «como es natural en un profesor universitario, cada vez que quiero aprender algo me presento voluntario para impartir un curso sobre el tema». No es la única joya que puede encontrarse ya en el Prólogo, y, al leer sus explicaciones, no pude menos de recordar a un científico más próximo a mi naturaleza, mi tío Juan Manuel F. Carrio, que no dudaba en dar clases de cualquier disciplina técnica (sic), (1) , aprendiendo en todas ellas hasta desmenuzar sus recovecos y siendo capaz de explicar la materia con meridiana claridad a los alumnos más exigentes.

Escribe Weinberg que dio a su libro el subtítulo de «El descubrimiento de la ciencia moderna», con el que «también pretendía distanciarme de los pocos constructivistas sociales que quedan: los sociólogos, filósofos e historiadores que intentan explicar, no solo el proceso, sino incluso los resultados de la ciencia como productos de un entorno cultural específico.»

Como no quiero resumir el contenido del libro, porque sería un intento imperdonable de pretender evitar el disfrute total al posible lector, me salto dos centenares de sus páginas para tomar un par de frases del Epílogo: «A lo mejor se nos agotan los recursos intelectuales: quizá los humanos no seamos lo bastante inteligentes para comprender las leyes realmente fundamentales de la física. (…) Por ejemplo, aunque quizá lleguemos a comprender los procesos cerebrales responsables de la conciencia, resulta difícil entender cómo podremos describir alguna vez los sentimientos conscientes en términos físicos».

Amigos politólogos: cuando leo algunas de vuestras petulantes declaraciones, por las que pretendéis convencernos de que domináis campos tan diversos como la sociología, la economía, el derecho o la ingeniería, no puedo menos de hacer la propuesta de que adoptéis la templanza de los que, sino más inteligentes, su sabiduría se ha visto laureada por Comités internacionales.

Algunos preferiríamos que reconociérais saber mucho menos, pero que os mostrárais honrosamente dispuestos a aprender junto a nosotros. Por supuesto, con transparencia, yendo unos cuantos pasos por delante, y con el esfuerzo y dedicación que corresponde entregar a quienes dedican su tiempo `¡vocacionalmente!- a mejorar lo que tenemos.

Por cierto, si algo no sabéis o no entendéis de cómo funciona el mundo, preguntad a los que venimos de la estepa. Encontraréis a unos cuantos que estaríamos dispuestos de buen grado a exponer nuestra experiencia sobre las dificultades de «alcanzar una teoría física fundamental» (últimas palabras del «Epílogo: La gran reducción» , del libro de Steven Weinberg (2)

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(1) Desde Cursos de Náutica a futuros patrones de pesca, hasta Electrónica, Ampliación de Cálculo o Resistencia de Materiales para ingenieros, o Mecánica de Fluidos para médicos urólogos, por ejemplo.

2) El libro tiene 424 páginas, pero desde la 279 son Notas técnicas y Bibliografía y, por tanto, su lectura tal vez podría obviarse sin desdoro. Más imperdonable se me haría no llamar la atención sobre los versos del poeta metafísico John Donne, que Weinberg recoge a modo de advocación, y que retomo en su versión original (A lecture about the shadow: «These three hours that we have spent,/Walking here, two shadows went/ Along with us, which we ourselves produc’d./But, now the sun is just above our head,/ We do those shadows tread,/And to brave clearness all things are reduc’d.»).

La traducción de Damià Olau, excelente por lo demás, no me convence mucho para estos concretos versos, pero la recojo aquí para quienes no dominen el inglés poético: «En estas tres horas que hemos pasado/caminando, dos sombras nos han acompañado,/que nosotros mismos producimos;/ pero ahora que el Sol ha ascendido,/estas dos sombras pisamos/ y a la espléndida claridad todo se ha reducido. (Disertación sobre la sombra)»

 

Publicado en: Cultura, Política, Tecnologías Etiquetado como: explicar, John Donne, mundo, politólogos, Steven Weinberg

El 23 F de 1981 en la desmemoria

23 febrero, 2016 By amarias Deja un comentario

Cada 23 de febrero, desde el año 1981, en que la democracia entró en la Historia reciente de nuestro país por la puerta del miedo a una nueva dictadura militar, son muchos quienes rememoran el relato fáctico de aquellos momentos, que, a medida que el tiempo pasa, se ve adornado con nuevas plumas por quienes hubieran deseado tener un papel relevante en aquellos sucesos.

Como tengo escrito, padezco, como la inmensa mayoría de mis coetáneos, de una incapacidad insuperable para situarme, incluso como actor de reparto, entre quienes ocuparon las primeras líneas de los acontecimientos que señalaron la senda por la que ahora discurrimos.

Mi currículum como posible participante en esa historia colectiva al parecer tan relevante es nula: No corrí detrás (ni delante) de los grises en las algaradas callejeras del tardofranquismo; fui delegado en la escuela de Minas, pero como estudiante en la Facultad de Filosofía, aunque asistí a algunas Asambleas multitudinarias, lo hice en silencio, abandonando el recinto cuando los ánimos se encrespaban-; pasé por la Instrucción Premilitar Superior con el imprescindible aprovechamiento del tiempo que huía, y, como alférez, implanté un programa de aprendizaje de inglés entre los reclutas de mi sección, y escribí un libro.

Para ceñirme a lo que ahora quiero comentar, estaba en Alemania cuando el 23-F que cuenta y cuando, a la vista de lo que estaba viendo en la tele, me llamó una secretaria de Ensidesa para aconsejarme que pusiera a salvo los trastos de mi tufo a rojerío, me dio por llamar al cónsul de España, que recibió de esta manera extraordinaria la primera noticia de aquel intento de golpe de estado, del que nunca sabremos toda la verdad.

Leo estos días un articulo de Miguel Angel Aguilar, «23-F: el golpe y la falta de uniformidad» (Ahora, número 14), en el que glosa la elucubración de que el general Gutiérrez Mellado era el único cualificado, por su conocimiento del género, para descodificar la intención del grupo de gentes con variopintas uniformidades, que había entrado con las armas en la mano en el Congreso, y deducir de inmediato «el significado del desbarajuste indumentario y la debilidad que traslucía».

No le quito razón, porque el general Gutiérrez está muerto y los que aún no lo están, no van a hablar de lo que ya no importa. Aunque, si me detengo en la indolencia con la que, 35 años después, asiste el pueblo a una negociación opaca entre partidos para recomponer, haciéndolo viable, un resultado electoral endemoniado y acordar un programa de gobierno que proporcione algo de estabilidad para avanzar, me pregunto qué podría descubrir un observador sagaz de las indumentarias de los políticos que están, aparentemente, discutiendo qué hacer con nuestro futuro colectivo.

Porque ignoro si podría aplicarse eso de que el «desbarajuste indumentario trasluce la debilidad de la intentona», en este caso, de formar un gobierno estable. Y cuando miro los agujeros que provocan los disparos de salvas en la credibilidad del Congreso, echo de menos la perspicacia que Aguilar atribuye a Gutiérrez Mellado.

—

Nota: He escrito varias veces sobre el 23-F. Este enlace es uno de mis últimos Comentarios. https://angelmanuelarias.com/un-23-f-para-felipe/

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: 23-F, acuerdo, Aguilar, Ahora, congreso, estado, golpe, Gutiérrez Mellado, indumentaria, negociación

La sabiduría de la rana

20 febrero, 2016 By amarias 2 comentarios

Mis amigos coreanos Sebastián Kim y Maria Lee me regalaron, hace años, un libro de Ko Un: «Ananda, 108 poemas Zen». Editado por la Editorial Casariego y con prólogo de Jesús Ferrero, está firmado por el autor -una referencia indiscutible de las letras en Corea del Sur, nominado reiteradamente para el Premio Nobel de Literatura.

No es la literatura minimalista precisamente la que más me emociona: Mi forma de escribir -amante de la retórica y los adjetivos calificativos- está distante de la apariencia desnuda con la que los maestros budistas presentan ideas y pensamientos del tao.

Sin embargo, a partir de mis precarios conocimientos del idioma chino (y me persigue como un mantra lo que Sebastián me aconsejó cuando le comuniqué mi propósito de estudiar esa lengua, que temerariamente desatendí: «Aprende solo los grafismos y vocablos principales, porque nunca conseguirás dominarla») y una convicción apriorística de que todas las lenguas orientales se parecen conceptualmente, estoy seguro de que el problema está en la traducción. Los escritos chinos, como supongo sucede con los coreanos, admiten muchas interpretaciones a partir de los grafismos, y el lector cumple una misión de recreación a la que no estamos acostumbrados los lectores de escritos en lenguas occidentales.

Estoy ordenando, por implacable instrucción de mi mujer, los libros de mi desmañada biblioteca, y he ahí que apareció, camuflado en un lugar que no le correspondía, el libro de Ko Un. Navegué por sus páginas, renovando la curiosidad que me suscitaba la dedicatoria sensible de mis amigos: «en recuerdo de los muchos momentos que compartimos con vosotros durante el viaje por el sendero de la vida», y, a pesar de que deseaba encontrar algo que me inspirara o conmoviera fuertemente, volví a experimentar la sensación de que no estaban escritos para mí.

Pero en la página 85 leí esto: «El ermitaño Jang Ku-Song estaba cagando/ oyó croar a las ranas y recitó:/…/ El canto de las ranas en la noche de luna/al inicio de la primavera/ atraviesa todo el mundo de fin a fin/ convirtiéndonos en una sola familia./…/Hiciste tus necesidades, vete ya»

Un escalofrío me recorrió. Se entiende bien, desde luego, el mensaje. Al leerlo con más detenimiento, me detuve en la expresión «de fin a fin». ¿Por qué no «de principio a fin», como parecería correcto en el lenguaje habitual? Caí entonces en la cuenta de que Ko Un hace hablar a dos personajes: el ermitaño, lo hace desde su pretendida superioridad que le conduce a la creencia de que el mundo gira sobre si mismo, repitiéndose. La rana, lo hace como parte de la armonía cósmica, simplemente, existiendo.

Perdone el lector que no guste de las metáforas: resulta que encontré aplicación del poema a la situación política que estamos viviendo en España. Y si lo relee con atención, seguro que también halla sugerencias para otras aplicaciones.

 

Publicado en: Poesía, Sociedad Etiquetado como: budismo, Corea, Editorial casariago, ermitaño, Ko Un, Maria Lee, Sebastián Kim, zen

Tecnología para la Champions

17 febrero, 2016 By amarias 1 comentario

Durante la mañana, pensé en no acudir, porque, entre tratamiento oncológico y atender a asuntos del despacho, el día se me hacía cuesta arriba. Finalmente, valorando que el evento tenía antecedentes de interés y que el lugar de reunión estaba a tiro de estación de metro, imprimí la credencial y me acerqué a esa hora tonta que es la sobremesa o la siesta de algunos.

Escribo sobre la VII edición del Salón MiEmpresa, iniciativa nacida de la cabeza de Sébastien Chartier en 2009 y otros cómplices, que se celebraba en el Palacio de Deportes de Madrid (transmutado  temporalmente Barclaycard Center por cosas del Patrocinio).

Después de superar el control general de entrada, y perderme por los pasillos  de cemento , sorteando las cutres cintas de plástico que disuadían de caminos alternativos -fui rechazado amablemente de la prometedora zona VIP que estaba destinada solo a ponentes y otras gentes con pedigrí inversor-, me encontré en la cancha. Como no llevaba el Programa, ni recordaba a qué sesiones y salas me había apuntado previamente, fui directo hacia la llamada «Sala Principal», que respondía al evocador título de «Inspiración y Tendencias».

Estaba hablando Raquel Roca («periodista y consultora de innovación digital», leo ahora en el Catálogo), sobre la era knowmad, que, como debe saber todo el mundo que haya leído a John Moravec, es el momento de los nómadas del conocimiento. También recomendó Raquel, para encajar en la sociedad hiperconectada, en la que cada uno debe «elegir el camino y el destino», disponer de «una mentalidad líquida», en el sentido de abierta, aunque me parece que la referencia a la sociedad liquida de Bauman, que realizó en defensa de tal actitud, es errónea, como podría acreditar cualquiera que hubiera leído a mi admirado Zygmunt.

Hubo cambio de ponentes, y mi sorpresa fue notable cuando me encontré con que el siguiente Debate (16:40 de la tarde) versaría sobre «Innovación y Tecnología: ¿Cómo jugar y triunfar en las grandes ligas?» y entre los intervinientes estaba el COO de CartoDB, mi hijo Miguel.

Me quedé, pues, entre el público. El Debate estuvo muy bien dirigido por Helena Díez-Fuentes, (que es «reina evangelista» -Queen evangelist en Bridge Bandit-) y en el panel figuraban Jorge Galindo (cofundador de 47 Degrees) y Philippe gelis (CEO & Co-Founder de Kantox). Ya se ve, por los títulos de los que actuaban, que se trata de gente internacional, pues o las posiciones empresariales o los nombres de las empresas parecen extraídos del más allá anglosajón).

Mi permanencia como espectador fue recompensada haciéndome disfrutar de un momento muy agradable. Quienes fueron presentados como empresarios de la gran liga, estuvieron sinceros, locuaces y también, provocadores.

Preguntados, por ejemplo, sobre cómo veían el «exit» -es decir, la salida- personal de sus actuales empresas, ofrecieron un ejemplo envidiable de salud emprendedora. Philippe expresó que «montaría otras empresas» con el dinero obtenido de su éxito, porque creía que «faltaban buenos proyectos» y no se veía como «business angel», sino como inversor.

Jorge apuntó hacia el deseo de compartir el conocimiento, ayudando a otros inversores con su experiencia, fiel a la idea, previamente expresada, de «devolver a la comunidad de desarrollo parte de lo que nos hemos ido nutriendo durante años», en referencia a los programas fuente de acceso libre (open source).

Miguel reconoció «no tener respuesta para saber cuál será el final del camino» y que «el límite lo pone uno mismo y no el mercado ni la oportunidad», porque en «una start-up está todo por hacer, y el tsunami de tareas potenciales es infinito». Por ello, el «formato es individual», aunque «no querría vender palas a la gente que busca oro, sino ser activo con ellos.»

Necesitamos mucha gente así en este país. No la tenemos, desde luego. Tengo la impresión desagradable que tampoco sabemos bien cómo cuidarla ni impulsarla. Cuando terminó el Debate, ya de camino hacia la salida, porque tenía una cita inaplazable, creí estarme cruzando con muchos jóvenes que buscaban su primer empleo, con sus currícula en la mano.

Alguien me tomó del brazo. Era Jaime Estévez, el cofundador de Agora-News: «¿Te importa que te hagamos una entrevista para recoger tu impresión del primer día de Miempresa?» me preguntó, después de interesarse por mi salud y darme un abrazo. Lamentablemente, no podía quedarme más tiempo. Le prometí que «Mañana, cuando vuelva al Salón, estaré a tu disposición».

Pero mañana es hoy, y no he podido sacarme de encima el trabajo que tengo acumulado.

 

 

Publicado en: Actualidad

¿Se podrá llegar a saber en qué tenía razón Albert Einstein exactamente?

15 febrero, 2016 By amarias Deja un comentario

Después de ver la película de ciencia ficción Interstellar, con mi cerebro aún aturdido por las elucubraciones inverosímiles de esa historieta de redención apocalíptica, descubrí con emoción que entre los Extras incluidos en el dvd, se ofrecía una entrevista a Eric Thorne, catedrático de Fisica Teórica del Instituto Tecnológico de California.

Thorne había sido el asesor científico del guión y con convincente tono, explicaba a los legos de la cosmogonía, entre los que figuro -por padecer el síndrome de la predominancia metafísica- como uno de los más retrasados del pelotón, que lo que se contaba en la película de Chris Nolan tenía un soporte aceptable en la teoría de la relatividad avanzada.

Llegado a este punto, debiera recomendar al lector que quisiera pasar por entendido en las ondas gravitacionales que, además de leer algo de lo mucho que se está escribiendo sobre ellas, vea la película Interstellar. No le garantizo que se convierta en un erudito después de esa inmersión en las intimidades del tiempo, pero podrá alardear de estar convencido de que a Erik Thorne y a Rai Weiss (el alter ego europeo del primero) les va a conceder el próximo premio Nobel en la materia.

Ambos científicos son los principales culpables del proyecto LIGO (Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales), que está concebido para detectar los efectos sobre el espacio tiempo de la explosión masiva de energía causada por la colisión de dos agujeros negros a velocidades superiores a los cien mil km/s y a más de mil millones de años luz de la Tierra.

Pues bien: cuando aún se encontraba en pruebas el hipersensible sistema para captación de tales microefectos (por causa de la distancia a que se produjeron los fenómenos), algunos aparatos de parte de los 80 centros destinados a detectar esa anomalía cósmica, registraron oscilaciones que no provenían de las causas conocidas, que se habían, obviamente, filtrado previamente.

«Vimos en acción que la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado, la ecuación que todo el mundo conoce» -expresó, con la habitual riqueza comunicativa de los sabios, uno de los científicos que trabajan en el proyecto.

Los titulares de prensa de estos días resaltan que ese descubrimiento prueba que existen ondas gravitacionales, capaces de retrasar localmente la flecha del tiempo, aunque sea de forma mínima, respecto al reloj cósmico absoluto y, en consecuencia, Albert Einstein tenía razón.

Gran tipo, ese Albert, capaz de desplazarse con lápiz de mina de carbono sobre un papel pautado que iba rellenando con ecuaciones de máxima complejidad y que, convenientemente simplificadas, desembocaban en una fórmula que es más fácil de recordar que la de la Sachertorte.

Por fortuna para quienes necesitamos tener pruebas de su esencia humana, nos dejó también una prueba irrefutable de su cortedad emocional. Su historia de acoso moral con la científica Mileva Maric, su primera esposa, madre de sus dos hijos, compañera de Facultad y codescubridora de la teoría de la relatividad, que renunció a aparecer como coautora de los artículos que Einstein firmaba solo, con una enamorada explicación: «Wir sind ein Stein» (1), nos ofrece la evidencia.

Porque, ya obtenido el reconocimiento por sus trabajos, pertrechado en su aislamiento gravitacional, levitando sobre su ego humano, Albert escribía a Mileva una Nota con instrucciones tajantes, hirientes, precisas, acerca de cómo debería disponer de su ropa interior y sábanas, preocuparse por mantener a los hijos fuera de su despacho y, por favor, no osar dirigirse a su eminencia más que para contestar escuetamente a lo que él, dios, le preguntara, cuando y cómo quisiera.

———–

(1) «Somos una Piedra»

Publicado en: Actualidad, Fisica, Tecnologías Etiquetado como: agujero negro, Albert Eisntein, California, Christian Nolan, curvatura, Eric Thorne, espacio-tiempo, Interstellar, LIGO, Mileva Maric, ondas gravitacionales, Rai Weiss, relatividad

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